¿Por qué nos volvemos adictos a otra persona?

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Toda adicción surge de una negativa inconsciente a enfrentar el dolor y salir de él. Toda adicción comienza con dolor y termina con dolor. No importa a qué sustancia sea usted adicto – alcohol, comida, drogas legales o ilegales, o una persona- usted está usando algo o a alguien para ocultar su dolor.

El amor de pareja según Eckhart Tolle

¿Por qué nos volvemos adictos a otra persona? La razón por la que la relación de amor romántico es una experiencia tan intensa y universalmente perseguida es que parece ofrecer la liberación de un estado profundamente arraigado de miedo, necesidad, carencia y falta de plenitud que es parte de la condición humana en su estado no redimido o no iluminado.

Eckhart Tolle

Eckhart Tolle

Hay una dimensión física y otra psicológica en este estado. En el nivel físico, usted obviamente no está completo, ni lo estará nunca: es un hombre o una mujer, es decir, la mitad del todo. En este nivel, la añoranza de la plenitud -el retorno a la unidad- se manifiesta como una atracción entre el macho y la hembra, la necesidad del hombre de una mujer, la necesidad de la mujer de un hombre. Es un impulso casi irresistible de unión con la polaridad de energía contraria. La raíz de este impulso es espiritual: la añoranza del fin de la dualidad, un retorno al estado de plenitud.

La unión sexual es lo más cerca que usted puede estar de este estado en el plano físico. Por eso es la experiencia más profundamente satisfactoria que puede ofrecer el reino físico. Pero la unión sexual no es más que un atisbo fugaz de la plenitud, un instante de bienaventuranza. Mientras se busque inconscientemente como un medio de salvación, usted está buscando el fin de la dualidad en el nivel de la forma, donde no puede encontrarse. Usted recibe un atisbo tantálico del cielo, pero no se le permite habitar allí y se encuentra a sí mismo de nuevo en un cuerpo separado.

En el nivel psicológico, la sensación de carencia y de falta de plenitud es, acaso, aún mayor que en el nivel físico. Mientras esté identificado con la mente, usted tiene un sentido de sí mismo derivado del exterior. Es decir, usted obtiene el sentido de quién es de cosas que, en últimas, no tienen nada que ver con quién usted es realmente: su papel social, las posesiones, la apariencia externa, los éxitos y fracasos, los sistemas de creencias, etc.

Este ser falso, elaborado por la mente, el ego, se siente vulnerable, inseguro y siempre está buscando cosas nuevas con las cuales identificarse para que le den una sensación de que existe. Pero nada es suficiente para darle una realización duradera. Su miedo y su sentido de carencia y necesidad permanecen.

Pero entonces llega esta relación especial. Parece ser la respuesta a todos los problemas del ego y llenar todas sus necesidades. Al menos así parece al principio. Todas las demás cosas de las que usted derivaba su sentido de sí mismo antes, ahora se vuelven relativamente insignificantes. Usted tiene ahora un solo punto focal que las reemplaza a todas, da sentido a su vida, y a través del cual usted define su identidad: la persona de la que está «enamorado».

Ya no es un fragmento desconectado en un universo carente de afecto, o eso parece. Su mundo ahora tiene un centro: el amado. El hecho de que el centro esté fuera de usted y que, por lo tanto, usted todavía tenga un sentido de sí mismo derivado del exterior, no parece importar al principio. Lo que importa es que los sentimientos subyacentes de no plenitud, miedo, carencia y falta de realización, tan característicos del estado egotista, ya no están ahí. ¿O sí? ¿Se han disuelto o continúan existiendo bajo la feliz realidad superficial?

Si en sus relaciones usted experimenta «amor» y su contrario -ataque, violencia emocional, etcétera- es probable que esté confundiendo el apego del ego y la dependencia adictiva con el amor. Usted no puede amar a su pareja un momento y atacarla al siguiente. El verdadero amor no tiene contrario. Si su «amor» tiene un contrario, entonces no es amor sino una fuerte necesidad del ego de un sentido más profundo y completo de sí mismo, una necesidad que la otra persona llena temporalmente. Es el sustituto del ego para la salvación y, por un corto tiempo, casi se siente como la salvación.

Pero llega un punto en el que su pareja actúa de forma que deja de llenar sus necesidades, o más bien las de su ego. Los sentimientos de temor, dolor y carencia, que son una parte intrínseca de la conciencia egotista pero que habían sido ocultados por la «relación amorosa», ahora salen a la superficie. Igual que con cualquier otra adicción, usted está en un punto alto cuando la droga está disponible, pero invariablemente llega un momento en que la droga ya no le hace efecto. Cuando vuelven a aparecer esos sentimientos dolorosos, usted los siente incluso con más fuerza que antes, más aún, ahora percibe a su pareja como la causa de esos sentimientos. Esto quiere decir que los proyecta hacia afuera y ataca al otro con toda la violencia salvaje que es parte de su dolor. Este ataque puede despertar el dolor de la pareja y ésta puede contraatacarlo. En ese punto el ego todavía espera inconscientemente que su ataque o sus intentos de manipulación sean suficiente castigo para inducir a su pareja a cambiar su conducta, de modo que pueda usarla de nuevo como protección de su dolor.

Toda adicción comienza con dolor y termina con dolor.

Toda adicción surge de una negativa inconsciente a enfrentar el dolor y salir de él. Toda adicción comienza con dolor y termina con dolor. No importa a qué sustancia sea usted adicto – alcohol, comida, drogas legales o ilegales, o una persona- usted está usando algo o a alguien para ocultar su dolor. Por eso, después de que la euforia inicial ha pasado, hay tanta infelicidad, tanto dolor en las relaciones íntimas. Ellas no producen dolor o infelicidad, simplemente sacan a la luz el dolor y la infelicidad que ya hay en usted. Toda adicción hace eso. Toda adicción llega a un punto en el que ya no funciona para usted y entonces usted siente el dolor más intensamente que nunca.

Esa es una de las razones por las que la mayoría de las personas están siempre intentando escapar del momento presente y buscando algún tipo de salvación en el futuro. Lo primero que podrían encontrar si enfocaran su atención en el Ahora es su propio dolor y eso es lo que temen. Si supieran lo fácil que es acceder en el Ahora al poder de la Presencia que disuelve el pasado y el dolor, a la Realidad que disuelve la ilusión. Si sólo supieran cuán cerca están de su realidad, cuán cerca están de Dios.

Evadir las relaciones en un intento por evitar el dolor no es la solución tampoco. El dolor está ahí de todos modos. Es más probable que tres relaciones fallidas en tres años lo obliguen a despertar, y no tres años en una isla desierta o aislado en su habitación. Pero si pudiera traer intensa presencia a su soledad, eso también funcionaría para usted.

Si en sus relaciones usted experimenta «amor» y su contrario -ataque, violencia emocional, etcétera- es probable que esté confundiendo el apego del ego y la dependencia adictiva con el amor. Usted no puede amar a su pareja un momento y atacarla al siguiente.

-Extracto de una charla de Eckhart Tolle-

***

Vivir Sin Ti Es Posible – Ricardo Arjona

EL SEPULTURERO

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-Y, ¿qué haces en estos montes escarpados? -pregunté.

-Maldigo al sol por la mañana y a la Humanidad al mediodía. Por la tarde me burlo de la Naturaleza y, al llegar la noche, me arrodillo delante de mí mismo y me adoro. Me alimento de cuerpos humanos y bebo su sangre para saciar mi sed y, con sus últimos suspiros perfumo mi aliento. Como el tiempo y el mar, jamás duermo ni descanso. Y tú, no te engañes, tú eres mi hermano y vives como yo vivo.

En el terrible silencio de la noche, luego que las estrellas y la Luna desaparecieron tras el inmenso velo de oscuras nubes, caminé, solo y atemorizado, por el Valle de las sombras de la Muerte.

Al llegar la medianoche cuando los espectros comenzaron a salir de sus escondrijos, oí pasos pesados que se aproxima­ban a mí. Volví la cabeza y vi un fantasma gigantesco que me contemplaba.

-¿Qué quieres de mí? -grité asustado.

La sombra clavó en mí sus ojos, incandescentes como antorchas; y respondió enigmáticamente: -No quiero nada y quiero todo.

-Déjame en paz y prosigue tu camino -exclamé.

-Mi camino es tu camino -respondió sonriendo-. Ando mientras andas y me detengo cuando te detienes.

-Vine aquí en busca de soledad, no la perturbes -dije.

-Yo soy la soledad. ¿Por qué me temes? -me contestó.

-No te temo -respondí.

-¿Por qué, entonces, tiemblas como avecilla con frío? -dijo.

-El viento agita mis ropas. No tengo miedo -respondí.

Soltó una carcajada estruendosa como un vendaval.

-Tu miedo es doble -dijo-, pues me temes y temes tener miedo. Y tratas de esconder tu miedo tras un velo más frágil que una telaraña. Me diviertes y me irritas al mismo tiempo.

Dicho esto, se sentó en una piedra. Me senté yo también, de mal grado, y contemplé sus trazos altivos. Después de unos instantes, que parecieron mil años, me miró con ironía y me preguntó:

-¿Cuál es tu nombre?

-Mi nombre es Abdala, que quiere decir Siervo de Dios.

-¡Cuántos se dicen siervos de Dios! -exclamó, riendo- sólo sirven de pesares para Dios. ¿Por qué no te llamas “señor de diablos” y agregas un mal a las desgracias de los demonios?

-Mi nombre es Abdala. Me gusta y me fue dado por mi padre cuando nací. No lo cambiaré por ningún otro.

-La infelicidad de los hijos está en lo que reciben de sus padres -dijo-. Quien no renuncia al legado de sus padres y abuelos, será esclavo de los muertos hasta que se vuelva a su vez un muerto.

Incliné la cabeza y medité. Y me pareció haber tenido sueños en que oí palabras similares.

-¿Cuál es tu profesión? -volvió a interrogarme.

-Soy poeta y escritor -respondí-. Tengo opiniones sobre la vida y las comunico a los hombres.

- ¡Qué profesión obsoleta y superada! -dijo-. Ni beneficia ni perjudica a los hombres.

-¿Y cómo emplearé mis días y mis noches en beneficiar a los hombres? -pregunté.

-Hazte sepulturero -respondió-, para librar a los vivos de los cadáveres que se amontonan alrededor de sus casas y templos y tribunales.

-No he visto cadáveres abandonados en esos sitios -ob­servé.

-Tú miras con ojos velados por la ilusión -contestó-. Al ver a los hombres agitarse en la tempestad, piensas que viven, cuando en realidad están muertos desde el mismo día en que nacieron. Mas no hubo quien los enterrara y quedaron sobre la tierra exhalando pudrición.

El miedo comenzaba a abandonarme.

-¿Y cómo distinguiré los vivos de los muertos si todos se agitan en la tempestad? -pregunté.

-El muerto se agita en la tempestad, mas el vivo camina con ella y sólo se detiene cuando ella se detiene -respondió. Se reclinó sobre su brazo y vi sus músculos poderosos, retorcidos como las raíces de un roble.

Después me preguntó:

-¿Eres casado?

-Sí, respondí, y mi mujer es muy hermosa y yo estoy muy enamorado de ella.

-¡Cuántos crímenes y maldades has cometido…! -obje­tó-. El casamiento es la sumisión del hombre a la fuerza del hábito. Si quieres ser libre, divórciate y vive sin lazos.

-Es que tengo tres hijos -respondí-, y el más pequeño apenas si pronuncia una palabra. ¿Qué haré con ellos?

-Enséñales a cavar tumbas y déjalos en paz consigo mismos -respondió.

-No soporto vivir solo -dije entonces-. Estoy habituado a gozar de la vida con mi mujer y con mis hijos. Si los aban­donara la felicidad me abandonaría.

-El hombre que vive con su mujer y sus hijos –dijo- ­habita una negra infelicidad pintada de blanco. Si crees indis­pensable casarte, cásate con un hada.

-Las hadas no existen -respondí, sorprendido-. ¿Por qué me engañas?

-¡Cómo eres de tonto! -dijo-. Sólo las hadas existen realmente. Y fuera del mundo de las hadas es donde existen las dudas y el equívoco.                .

-¿Y las hadas, son hermosas? -pregunté.

-Su belleza no se esfuma y su gracia es eterna -respondió.

-Muéstrame una de ellas para que pueda creerte -le dije.

-Si pudieras ver y tocar a las hadas -respondió-, no te aconsejaría que te casaras con una de ellas.

-¿Y qué utilidad tendría, para un hombre, una esposa que no puede ver ni tocar?

-La utilidad no sería para un hombre sino para todos -respondió-. Pues con tal casamiento desaparecerían, poco a poco las criaturas que se agitan en la tempestad y no andan con ella.

Y después de un momento me preguntó.,

-¿Y cuál es tu religión?

-Creo en Dios y honro a sus profetas -respondí-. Amo a la virtud y anhelo la vida eterna.

-Esas son fórmulas que las generaciones pasadas vienen repitiendo desde siempre -dijo- y la imitación depositó en tus labios. En realidad, tú sólo crees en ti mismo y sólo te honras a ti mismo y sólo anhelas tu propia inmortalidad. Desde el principio, el hombre adora su propio ego poniéndole diversos nombres, de acuerdo a sus inclinaciones y aspiracio­nes, llamándole Baal, Júpiter o Dios.-Y rompió a reír con sorna, diciendo:-Lo más extraño, es que sólo adoran sus egos, aquellos cuyos egos son cadáveres descompuestos.

Medité unos minutos sobre estas terribles palabras, más extrañas que la vida, más terribles que la muerte y más profundos que la verdad. Y sentí el deseo incontrolable de descubrir el secreto de este ser extraordinario. Y lo interrogué:

-Si crees en Dios, te conjuro en su nombre. Dime, ¿quién eres tú? ¿Tienes una religión o un Dios?

-Mi nombre es el Dios Loco -me respondió entonces­_. Nací en todo tiempo y en todo lugar. Yo soy mi propio dios. Y no soy sabio, pues la sabiduría es la debilidad de los débiles. Yo soy fuerte y la Tierra se sacude a mi paso y, cuando me detengo, la procesión de las estrellas se detiene conmigo. Me burlo de los hombres… y acompaño a los genios de la noche. De ellos y de las hadas aprendí los secretos de la existencia y la no existencia. Soy un loco.

-Y, ¿qué haces en estos montes escarpados? -pregunté. wallhaven-12758

-Maldigo al sol por la mañana y a la Humanidad al mediodía. Por la tarde me burlo de la Naturaleza y, al llegar la noche, me arrodillo delante de mí mismo y me adoro. Me alimento de cuerpos humanos y bebo su sangre para saciar mi sed y, con sus últimos suspiros perfumo mi aliento. Como el tiempo y el mar, jamás duermo ni descanso. Y tú, no te engañes, tú eres mi hermano y vives como yo vivo. ¡Vuelve de nuevo a tu tierra y continúa adorándote a ti mismo entre los muertos en vida!

Se levantó, cruzó sus brazos y, mirándome a los ojos, agregó:

-¡Hasta la vista! Ya me voy hacia donde se reúnen colo­sos y gigantes -y se perdió entre las tinieblas.

Yo, tambaleante, me desplomé, como narcotizado. Duda­ba de lo que habían escuchado mis oídos y de lo que habían visto mis ojos. Había sufrido con sus verdades. Me levanté y vagué el resto de la noche perdido en melancólicas medita­ciones.

Al día siguiente me separé de mi mujer y me casé con un hada. Después, entregué, a cada uno de mis hijos, una pala y les dije:

-Partan. Y cada vez que vean un muerto, entiérrenlo. Y busqué una pala para mí mismo y me dije:

-Cava, profundamente, ahora y siempre, cada tumba de cada muerto en vida que encuentres en tu camino.

Y, desde aquel día, he estado sepultando cadáveres, pero son muy numerosos los muertos en vida, y no tengo ayuda y estoy muy solo…

Khalil GIBRAN

Khalil GIBRAN

       Si crees en Dios, te conjuro en su nombre. Dime, ¿quién eres tú? ¿Tienes una religión o un Dios?

 

Avenged Sevenfold – Buried Alive “video oficial”

EL CONOCIMIENTO NO ES PERCEPCIÓN ALERTA

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Les ruego que escuchen esto. Háganlo mientras estoy hablando. No piensen al respecto, sino háganlo realmente ahora. O sea, estén conscientes de los árboles, de la palmera, del cielo; oigan el graznido de los cuervos, vean la luz sobre la hoja, el color del sari, los rostros; después muévanse hacia lo interno.

Verán que pueden observar, pueden estar atentos sin opción alguna a las cosas exteriores. Eso es muy fácil. Pero moverse en lo interno y estar atentos sin condenar, justificar ni comparar, es más difícil. Sólo estén conscientes de lo que ocurre dentro de ustedes; de sus creencias, sus temores, sus dogmas, sus esperanzas, frustraciones, ambiciones y todo lo demás. Entonces lo consciente y lo inconsciente comienzan a revelarse. Ustedes no tienen que hacer nada al respecto.

Sólo estén alerta, es todo cuanto tienen que hacer; háganlo sin condenar, sin forzar, sin tratar de cambiar aquello a lo que están alerta. Entonces verán que es como la marea que llega. Uno no puede impedir que la marea llegue; construyan un muro, hagan lo que quieran, ella vendrá con una energía tremenda. De igual modo, si están alerta sin optar, comienza a desplegarse todo el campo de la conciencia. Y, a medida que se despliega, ustedes deben seguir lo que se va revelando; esto se vuelve extraordinariamente difícil: seguir cada pensamiento, cada sentimiento, cada deseo secreto. Se vuelve difícil en el momento en que resisten, en que dicen: “Esto es feo”, <<esto es bueno>>, «esto es malo»,<<conservaré esto>>, <<no conservaré aquello>>.

Así es como empiezan con lo externo y se mueven hacia lo interno. Entonces encontrarán, cuando se muevan internamente, que lo interno y lo externo no son dos cosas distintas, que la percepción alerta externa no es diferente de la percepción alerta interna, que ambas son la misma cosa. Entonces verán que están viviendo en el pasado, y así jamás hay un instante de vivir verdadero; sólo lo hay cuando ni el pasado ni el futuro existen, O sea, en el instante presente. Encontraran, pues, que siempre están viviendo en el pasado: lo que sintieron, lo inteligentes, lo buenos, lo malos que fueron… siempre en los recuerdos. Eso es memoria. Tienen que comprender, entonces, la memoria, no negarla, no reprimirla, no escapar de ella.

Comiencen, pues, a observarlo todo; de ese modo se volverán muy sensibles. Por lo tanto, escuchando, viendo no sólo el mundo externo, los gestos externos, sino también la mente interna que mira y, por eso, siente, cuando están alerta de ese modo, Sin optar, no hay esfuerzo alguno. Es muy importante comprender esto.

***

EL CONOCIMIENTO NO ES PERCEPCIÓN ALERTA

La percepción alerta es ese estado en el que la mente observa algo sin condenarlo ni aceptarlo, en el que meramente se enfrenta a la cosa tal como es. Cuando usted mira una flor, cuando la mira no botánicamente, ve la totalidad de la flor; pero si su mente está por completo ocupada con el conocimiento botánico acerca de lo que esa flor es, no está mirando totalmente la flor. Aunque pueda tener conocimientos sobre esa flor, si esos conocimientos ocupan todo el campo de su mente, no está mirando la flor de una manera total.

Así pues, mirar un hecho es estar alerta al hecho. En esa percepción alerta no hay opción, ni condena, ni agrado o desagrado. Pero muy pocos de nosotros podemos hacer esto, porque ya sea tradicionalmente, o desde el punto de vista ocupacional, o en cualquier forma, somos incapaces de enfrentarnos al hecho sin que intervenga nuestro trasfondo. Tenemos que estar alerta a ese trasfondo. Debemos darnos cuenta de nuestro condicionamiento, y ese condicionamiento se revela a sí mismo cuando observamos un hecho; como uno se interesa en la observación del hecho y no en el trasfondo, el trasfondo queda descartado. Cuando el interés principal es comprender el hecho solamente, y cuando uno ve que el trasfondo le impide comprender el hecho, entonces el interés vital en el hecho acaba con el trasfondo.

KRISHNAMURTI

KRISHNAMURTI

El acto de observar y la transformación de la mente

La obra de Krishnamurti está impregnada de lo que puede llamarse la esencia del enfoque científico… considerado en su nivel más puro…”
[Extracto de artículo escrito en 1982 por el Dr. Bohm (1917-1992), físico estadounidense, que hizo importantes contribuciones en los campos de la física teórica (Teoría de Plasmas, hoy conocida como Fenómeno de Difusión de Bohm), la filosofía y la neuropsicología].

Jiddu Krishnamurti (1895-1986) dedicó su vida a enseñar a investigar por sí mismo la naturaleza de la mente, el condicionamiento psicológico, y el significado de la libertad.

Creó la Fundación Krishnamurti, sin fines de lucro, y con el propósito de dar a conocer sus enseñanzas y protegerlas de posibles alteraciones posteriores a su muerte. En sus propias palabras, “las fundaciones están para garantizar la integridad de las enseñanzas y velar por que no sean distorsionadas… no desarrollarán ninguna actividad de carácter sectario, ni crearán ningún espacio o lugar de culto alrededor de la persona o las enseñanzas.”

Actualmente, hay más de 60 libros publicados en inglés y se están preparando aún más. Hay unas 300 cintas de video y 400 de audio originales, así como un indice extenso y detallado. Una parte importante de este material se está traduciendo a más de 30 idiomas, incluidos los europeos y también el japonés, chino, ruso, koreano, árabe, hebreo, etc

Las fundaciones no son organizaciones religiosas. Tan sólo ofrecen un servicio a aquellos que estén interesados en estudiar y comprender estas enseñanzas en su propia vida.

Fundación Krishnamurti Latinoamericana: http://www.fkla.org
J.Krishnamurti online (español): http://www.jkrishnamurti.org/es/
Krishnamurti Foundation of India: http://www.kfionline.org
Krishnamurti Foundation Trust, Brockwood Park, England: http://www.kfoundation.org
Krishnamurti Foundation of America, Ojai, California, USA: http://www.kfa.org

ESCLAVITUD

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Posee varios nombres, pero una realidad. Tiene muchas apariencias, pero está hecho de un solo elemento. En verdad, es un mal eterno legado por cada generación a su sucesor.

Khalil GIBRAN

Khalil GIBRAN

    Siete mil años han pasado desde el día de mi primer na­cimiento, y desde aquel día he presenciado los esclavos de la vida, arrastrando sus pesados grilletes. He recorrido el Este y el Oeste de la Tierra, y he vagado a la luz y a la sombra de la Vida. He visto las procesiones de la civilización movién­dose de la luz hacia la oscuridad, y cada una fue arrastrada al infierno por almas humilladas, doblegadas bajo el yugo de la esclavitud. El poderoso es reprimido y sometido, y el fiel se arrodilla adorando a los ídolos. He seguido al hombre desde Babilonia hasta El Cairo, desde Ain Dour hasta Bagdad y he observado las huellas de sus cadenas sobre la arena. He escuchado los ecos tristes de los cambiantes siglos, repetidos por las praderas y los eternos valles.

He visitado templos y altares y entrado a palacios, y sentado ante los tronos. Y vi al aprendiz ser esclavo del artesano, y al artesano ser esclavo del empleador, y al emplea­dor ser esclavo del soldado, y al soldado ser esclavo del go­bernador, y al gobernador ser esclavo del rey, y al rey ser esclavo del sacerdote, y al sacerdote ser esclavo del ídolo… y el ídolo es nada más que tierra modelada por Satanás y erigida sobre una pila de cráneos.

Entré a las mansiones de los ricos, y visité las chozas de los pobres. Encontré al infante mamando del pecho de su madre la leche de la esclavitud, y a los niños aprendiendo sumisión con el alfabeto.

Acompañé a los siglos desde las riberas del Ganges hasta las costas del Eufrates; desde la desembocadura del Nilo hasta las planicies de Asiria; desde las arenas de Atenas hasta las iglesias de Roma; desde los suburbios de Constantinopla hasta los palacios de Alejandría… Sin embargo, vi a la escla­vitud moverse sobre todo, en una gloriosa y majestuosa procesión de ignorancia. Vi a la gente sacrificando jóvenes y doncellas a los pies del ídolo, llamándolo el Rey; quemando incienso delante de su imagen, y llamándolo Profeta; arro­dillándose y adorándolo, y llamándolo la Ley; peleando y muriendo por él, y llamándolo la Sombra de Dios sobre la tierra; destruyendo y demoliendo hogares e instituciones por su causa, y llamándolo Fraternidad; luchando y robando y trabajando por él y llamándolo Fortuna y Felicidad; ma­tando por él, y llamándolo igualdad.

Posee varios nombres, pero una realidad. Tiene muchas apariencias, pero está hecho de un solo elemento. En verdad, es un mal eterno legado por cada generación a su sucesor.

Encontré la esclavitud ciega, que ata el presente de las personas al pasado de sus padres, y los incita a ceder a sus tradiciones y costumbres poniendo espíritus ancianos dentro de los nuevos cuerpos.

Encontré la esclavitud muda, que liga la vida de un hom­bre, a una esposa que aborrece, y coloca el cuerpo de una mujer en el lecho de un esposo odiado, desvitalizando ambas vidas espiritualmente.

Encontré la esclavitud sorda, que sofoca el alma y el corazón, dando al hombre sólo el eco vacío de una voz, y la lastimosa sombra de un cuerpo.

Encontré la esclavitud coja que pone el cuello del hombre bajo el dominio del tirano y somete cuerpos fuertes y mentes débiles a los hijos de la Codicia para ser usados como instru­mento de su poder.

Encontré la esclavitud cruel, que desciende con el espí­ritu del infante desde el amplio firmamento hasta el hogar de la miseria; donde la Necesidad vive junto a la Ignorancia, y la Humillación reside al lado de la Desesperación. Y los niños crecen como miserables, y viven como criminales, y mueren como despreciados y rechazados seres inexistentes. Encontré la esclavitud sutil, que nombra a las cosas de otra manera… llamando inteligencia a la astucia, y vacío a la sabiduría, y debilidad a la ternura, y cobardía a un firme rechazo.

Encontré la esclavitud retorcida, que hace que la lengua de los débiles se mueva con miedo, y hable sin sentimiento, y ellos fingen estar meditando su súplica, pero son como sacos vacíos que hasta un niño puede doblar y colgar.

Encontré la esclavitud sumisa que induce a una nación a cumplir con las leyes y reglas de otra nación, y la sumisión es cada día mayor.

Encontré la esclavitud perpetua, que corona a los hijos de monarcas como reyes, sin ofrecer consideración al mérito. Encontré la esclavitud negra, que marca para siempre con vergüenza y desgracia a los hijos de los criminales.

Al contemplar la esclavitud, vemos que posee los viciosos poderes de continuación y contagio.

Cuando me cansé de seguir detrás de los disolutos siglos y me aburrí de observar procesiones de gente apedreada, caminé solitario por el “Valle de la Sombra de la Vida, donde el pasado trata de esconderse detrás de las culpa, y el alma del futuro se repliega y descansa demasiado tiempo. Allí, al borde del Río de Sangre y Lágrimas que se arrastraba como una víbora ponzoñosa y se retorcía como los sueños de un criminal, escuché el asustado susurro del fantasma de esclavos, y contemplé la nada.

Cuando llegó la medianoche y los espíritus emergieron de sus escondites, vi a un cadavérico y agonizante espectro caer de rodillas, contemplando la luna. Me acerqué diciendo:

-¿Cuál es tu nombre?

-Mi nombre es Libertad -contestó esta espantosa sombra de un cadáver.

-¿Dónde están tus hijos? -le pregunté. Y la libertad, llorosa y débil, jadeó.

-Uno murió crucificado, otro murió loco, y el tercero todavía no ha nacido.

Se fue cojeando, hablando todavía, pero las lágrimas en mis ojos y los gritos de mi corazón no me impidieron ver ni oír.

LA HISTORIA DE TU ESCLAVITUD

¿Qué es un espíritu libre?

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Carlo Suarès: Un espíritu así, por el hecho de que se ha vaciado de su contenido, que de hecho lo contenía a él, es extraordinariamente libre…

Krishnamurti: Es libre, está vivo y totalmente en silencio. Es el silencio lo que importa. Es un estado sin medida. Solamente entonces, y no como una experiencia, se puede ver aquello que no tiene nombre, que está más allá del pensamiento y que es energía sin causa. Si no hay ese silencio creador, se haga lo que se haga, no existirá en la tierra ni fraternidad ni paz, es decir, no habrá verdadera religión.

Carlo Suarès: Pasemos, pues, al sentimiento religioso. El hombre moderno, que vive conscientemente en el universo de Einstein y no en aquel de Euclides, ¿no puede entrar mejor en comunión con la realidad del universo gracias a una conciencia más experimentada y ampliada de un modo adecuado?

Krishnamurti: El que quiera ampliar su conciencia, puede elegir entre las psicodrogas que más le convengan. En cuanto a entrar mejor en comunión con el universo gracias a una acumulación de informaciones y de conocimientos científicos acerca del átomo o de las galaxias, es como decir que una inmensa erudición libresca sobre el amor, nos hará conocer el amor. Y, por otra parte, a este hombre ultramoderno, tan al corriente de los últimos descubrimientos científicos, ¿le habrá servido todo ello para iluminar su universo inconsciente? Mientras en él subsista una sola parcela inconsciente, proyectará una irrealidad de símbolos y de palabras por medio de la cual se forjará la ilusión de estar en comunión con algo superior.

Carlo Suarès: Sin embargo, ¿cree usted que es posible una religión futura basada en hechos científicos?

Krishnamurti: ¿Por qué hablar de una religión futura? Veamos, más bien, lo que es la verdadera religión. Una religión organizada sólo puede producir reformas sociales, cambios superficiales. Toda organización religiosa se sitúa necesariamente dentro de una estructura social. Yo hablo de una revolución religiosa que sólo puede producirse fuera de la estructura psicológica de una sociedad, cualquiera que ella sea. Un espíritu verdaderamente religioso está desprovisto de todo miedo, porque está libre de todas las estructuras que las civilizaciones han impuesto a lo largo de los milenios. Un espíritu semejante está vacío, en el sentido de que se ha vaciado de todas las influencias del pasado, sea colectivo o personal, así como de las presiones que ejerce la actividad del presente, la cual genera el futuro.

Carlo Suarès: Un espíritu así, por el hecho de que se ha vaciado de su contenido, que de hecho lo contenía a él, es extraordinariamente libre…

Krishnamurti: Es libre, está vivo y totalmente en silencio. Es el silencio lo que importa. Es un estado sin medida. Solamente entonces, y no como una experiencia, se puede ver aquello que no tiene nombre, que está más allá del pensamiento y que es energía sin causa. Si no hay ese silencio creador, se haga lo que se haga, no existirá en la tierra ni fraternidad ni paz, es decir, no habrá verdadera religión.

Carlo Suarès: Todas las religiones preconizan alguna forma de plegaria, algún método de contemplación a fin de entrar en comunión con una realidad superior, cuyo nombre, Dios, Atmán, Cosmos, etc., varía. ¿Qué actividades religiosas practica usted? ¿Reza usted?

Krishnamurti: La repetición de fórmulas sagradas calma la agitación de la mente y la adormece. La plegaria es un calmante que permite vivir en el interior de un recinto psicológico, sin experimentar la necesidad de destrozarlo, de destruirlo. El mecanismo de la plegaria, como todos los mecanismos, produce resultados mecánicos. No existe plegaria alguna que pueda traspasar la ignorancia de uno mismo. Toda plegaria dirigida a aquello que es ilimitado, presupone que un espíritu limitado sabe dónde y cómo alcanzar lo ilimitado. Eso quiere decir que él tiene ideas, conceptos, creencias sobre todo eso y que se halla atrapado en todo un sistema de explicaciones, en una prisión mental. Lejos de liberar, la plegaria aprisiona.

Ahora bien, la libertad es la esencia misma de la religión, en el verdadero sentido de esa palabra. Esta libertad esencial es negada por todas las organizaciones religiosas, a pesar de lo que digan. Lejos de ser un estado de plegaria, el conocimiento de sí mismo es la puerta de la meditación. No es ni una acumulación de conocimientos sobre psicología, ni un estado de sumisión llamada religiosa, en donde se espera la gracia. Es lo que derriba las disciplinas impuestas por la sociedad o la iglesia. Es un estado de atención total y no una concentración sobre algo en particular. Al estar el cerebro tranquilo y silencioso, observa el mundo exterior y ya no proyecta ninguna imaginación ni ninguna ilusión. Para observar el movimiento de la vida, el cerebro debe ser tan rápido como la misma vida, estar activo y sin dirección. Solamente entonces lo inconmensurable, lo atemporal, lo infinito, puede surgir. Eso es la verdadera religión.

Lo que queda por despertar

Carlo Suarès: ¿Cree usted que un pensamiento colectivo, que una inteligencia colectiva, habiendo acumulado y sintetizado los últimos logros de todas las ciencias, si es que ese pensamiento pudiera producirse, estaría en condiciones de guiar a la humanidad hacia una evolución sana?

Krishnamurti: La evolución que conocemos, de la carreta de bueyes al cohete espacial, se ha debido solamente a una determinada parte del cerebro. Aunque esa parte se desarrolle millones de veces más, esto no lograría el más mínimo progreso para el problema fundamental que se plantea la conciencia humana sobre sí misma. Se desarrollará. Ese proceso es irreversible y necesario. Pero existe otra parte del cerebro que todavía no está despierta y que desde ahora mismo podemos darle vida. Ese despertar no es cuestión de tiempo. Es una explosión revolucionaria que surge en el mismísimo origen de todas las cosas e impide la cristalización y solidificación – por los residuos del pasado – de una estructura psicológica. Esa lucidez aborda cada problema a medida que se presenta y, de esa manera, la importancia del problema se vuelve secundaria. Si no surge, y pervive, esa explosión de lucidez, que es energía sin causa, y que no es ni individual ni colectiva, el mundo no conocerá la libertad ni la paz.

 ARTÍCULO COMPLETO: Una Entrevista con Krishnamurti por Carlo Suarès – Planète 1964-

KRISHNAMURTI

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“El desafío del cambio” – Biografía de Krishnamurti, (Documental Completo Subtitulado en Español)

KRISHNAMURTI: Un detonante poderoso para una explosión en la consciencia humana

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Lo que sigue es una conversación sostenida en 1988 por Fabio Zerpa, con Armando Clavier sobre el tema: KRISHNAMURTI y su enseñanza, Clavier es autor de cuatro libros: “Aproximación a Krishnamurti”, “Presencia de Krishnamurti”, “Vigencia con Krishnamurti” y “Caminar con Krishnamurti”. Desde hace muchos años es el traductor exclusivo de toda obra de Krishnamurti para el mundo de habla hispana.

Ha penetrado a niveles excepcionales en la esencia viva de esta enseñanza espiritual, una de las más profundas y esclarecedoras que haya conocido la Humanidad y hoy Armando Clavier “ve” a Krishnamurti.

FZ: ¿Y cómo se llega a eso? Todos aportan métodos y sistemas y disciplinas. Krishnamurti  lo deja a uno solo…

AC: A solas con la Inmensidad Cósmica, a solas con la Inteligencia. Sin intermediarios, sin ayudadores comedidos, sin muletas para la invalidez psicológica, para la falta de una percepción libre y directa. Bendita soledad ésa si uno sabe comprenderla. Claro que Krishnamurti lo deja a uno solo, es la verdadera y singular grandeza de su enseñanza. La trampa, para esta consciencia egocéntrica, es que al encontrar que la enseñanza no requiere métodos, disciplinas ni sistemas, confunde eso con el “facilismo”. La ausencia de una sensibilidad adecuada, hace que no se perciba el inmenso, gigantesco trabajo que exige un verdadero conocimiento propio, el único cauce para la liberación, para el cambio de consciencia. Trabajo, no “esfuerzo”. Trabajo de atención, trabajo persistente, indeclinable de observación, trabajo para no caer ni en lo permisivo ni en lo coactivo; trabajo constante, intenso, pero sin la participación de la voluntad egocéntrica, sin el movimiento de los contenidos, sin el esfuerzo consciente de una meta, de un logro personal, de un “llegar a ser”.

FZ: ¡Esto es lo que hace tan difícil la enseñanza! Justamente porque no indica ningún tipo de disciplina para controlar o anular esos movimientos.

AC: Tampoco controlar; el control forma parte del proceso egocéntrico. Ni anular, no hay que anular nada. El río corre. “Uno” es ese río que corre. No puede sentarse en la orilla a observar el río, o pararlo, o desviarlo. No obstante, tiene que hacer una observación del río que corre, que es este mundo, que es uno mismo con su miedo, su dolor, sus alegrías, su vida y su muerte. En esa observación sin “el observador”, ocurren cosas. Es la única acción real, el único hacer que no aumenta el contenido en lugar de vaciarlo, que no fortalece esta consciencia egocéntrica y autoprotectora.

FZ: Para ir terminando este diálogo y también con vistas a nuestros lectores: ¿De qué modo la enseñanza de Krishnamurti , más que otras enseñanzas, ayuda a que esto ocurra? ¿Cuál diría Ud. que es la diferencia fundamental, lo que la hace tan única? Y no me refiero a los seguidores, a los fanáticos de Krishnamurti, que los hay. Se lo pregunto a Ud. Tanto en los tres libros suyos, como en la serie de artículos que hace años escribió para nuestra revista, ese carácter único y singular de la enseñanza se desprende del propio contexto sin necesidad de que Ud. lo afirme explícitamente. El lector perceptivo lo notará incluso cuando lea este diálogo-reportaje. ¿Podría Ud. definir de alguna manera, directa o indirecta, esa diferencia, esa singularidad de Krishnamurti?

AC: Usted lo dijo bien y creo que es la respuesta más adecuada. Es verdad, uno lo percibe así: es una enseñanza (vacilo un poco al llamarlo “enseñanza”) única en toda la historia humana conocida. Y si eso se desprende del contexto de mis libros, de lo que escribo o hablo con la gente, creo que es una buena respuesta. Y Ud. sabe que no hay en esto que expreso ni una pizca de fanatismo o de sometimiento a una autoridad. ¿Qué más podría agregar?

Desde que existe el “ser humano” como tal, la vida ha estado operando en este nivel de lo que hemos dado en llamar “enseñanzas”, “instructores del mundo”, “profetas”, “maestros”, “sabios”… Ha estado operando en el tiempo de la tierra, pero la fuente de esa acción, de esa inteligencia, de ese amor, no está en el tiempo de la tierra. La tierra podrá desaparecer, y todos los planetas, y el universo entero que vemos y estudiamos, pero la fuente es….bueno, lo que no pertenece al tiempo, no pertenece a las palabras. ¿Inmutable? ¿Eterna? Palabras. Y entonces hay miles de años, y aparecen ciertos seres humanos que hablan de ciertas cosas. Y su hablar no es un mero hablar, es el reflejo comunicativo de hechos vividos, de percepciones intrasmisibles que operan en el campo psíquico o espiritual. Todos esos seres, los conocidos, y los no conocidos, forman un solo hecho más allá de las limitaciones temporales del nacimiento y la muerte física. Y entonces Krishnamurti es la decantación más intensa, la explosión más luminosa y reveladora del mismo hecho único que ha recorrido nuestra historia humana. No es “mejor” que otros, es los otros en su expresión más desnuda y esclarecedora. Pero esto que se dice no tiene valor alguno si no se lo percibe como verdadero con la totalidad del propio ser. Que es, precisamente, lo que propone la enseñanza.

FZ: Lo que acaba de decir es muy intenso, y personalmente me resulta muy esclarecedor. Sin embargo me gustaría, de ser posible, una respuesta directa a esta pregunta: ¿Qué es en realidad Krishnamurti, cuál es la verdadera índole de su enseñanza? ¿Puede ser?

AC: Vea, creo que ese interrogante sólo puede contestarse “negativamente”. En el terreno desbrozado y limpiado por los “no”, puede ser que florezca un “si” no verbal – la única respuesta verdadera a esto.

FZ: ¿Se puede explicar mejor?

AC: Puede intentarse. Esto es válido para todo cuanto concierne a nuestra relación con el hecho “vida” en su aspecto, digamos, esencial, profundo, “humano” en el verdadero sentido trascendente de esta palabra. Tomar una cosa y no definirla “positivamente”, no decir “esto es así” sin haber decantado antes lúcidamente, inteligentemente, todo lo que eso no es. En nuestro caso, Krishnamurti y la enseñanza. Krishnamurti no es un moralista, no es un predicador, no es un reformador social, no es un filósofo, no es un político, no es un psicólogo…. Su enseñanza no es una serie de normas,, explícitas o sutiles, destinadas a procurarnos una supervivencia más satisfactoria en el mundo, Krishnamurti no ha estado recorriendo la tierra durante más de 60 años, hasta su muerte a los 91, para que Ud. y yo y los demás encontremos una manera mejor de vivir superficialmente nuestra mezquina vida en circuito cerrado (yo para mí, mi familia para sí, mi país, mi nación, mi grupo político, social, religioso o el que fuere primero, y después los otros, etc., etc.) Krishnamurti  y la enseñanza no han estado, no están al servicio de esta mente que nos gobierna, de este ser humano que ahora somos; violento, adquisitivo, ambicioso, codicioso, insensible, cruel, para que este mismo ser humano modifique ciertas pautas de comportamiento a fin de que no la pasemos tan mal como la estamos pasando. La enseñanza no es una especie de elixir psicológico para aliviar, mitigar o consolar nuestra actual condición.

FZ: ¿Y qué es?

AC: Un detonante poderoso para una explosión en la consciencia humana. Si llega donde tiene que llegar, si encuentra lo que tiene que encontrar y el contacto se produce. La explosión es inevitable. Todas las otras cosas que buscamos, podemos encontrarlas en la política, en las religiones organizadas, en las doctrinas esotéricas, en las meditaciones y métodos de los gurús de Oriente y occidente, en las múltiples actividades que nos absorben y gratifican desde el punto de vista material o psicológico. Sólo cuando hemos descartado todas esas cosas, pero de verdad, podemos preguntarnos seriamente qué es Krishnamurti, qué significa su enseñanza.

FZ: Si uno ha descartado todo eso. ¿Se lo pregunta?

AC: No.

ARTÍCULO COMPLETO: UN HOMBRE LLAMADO… KRISHNAMURTI

Jiddu Krishnamurti y Armando Clavier

Yanni – Riconoscimento (Tribute) 

El espíritu de venganza anda desenfrenado en el mundo ¿Sois capaces de tener alguna otra actitud hacia la violencia?

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Librando nuestro pensar‑sentir de la ira y del odio, de la codicia y de la mala voluntad, nace una ternura que es la única cura. A esta dulzura, a esta compasión, no se llega suprimiendo ni substituyendo nada, sino alcanzando el conocimiento propio y el recto pensar.

Pregunta: ¿Cuál debería ser mi actitud hacia la violencia?

Krishnamurti: ¿Cesa la violencia por medio de la violencia, el odio por medio del odio? Si me odiáis y en respuesta yo os odio, si actuáis contra mí de un modo violento y de la misma manera actúo yo contra vos, ¿cuál es el resultado?: más violencia, mayor odio, mayor amargura, ¿no es cierto? ¿Hay fuera de ésta alguna otra consecuencia? El odio engendra odio, la mala voluntad engendra mala voluntad. A menudo en nuestras relaciones individuales o sociales, ese espíritu de represalia crea solamente mayor violencia y antagonismo.

El espíritu de venganza anda desenfrenado en el mundo. ¿Sois capaces de tener alguna otra actitud hacia la violencia? Al ser violentos nos sentimos poderosos. Para emplear una frase comercial: produce dividendos mayores y más rápidos el odio. El individuo ha creado la estructura social existente por su odio recóndito, por el deseo de desquitarse y de obrar violentamente. El mundo que nos rodea está en condición febril de odio y de violencia. A causa de su astucia y su fuerza tendenciosa nos veremos fácilmente arrastrados en esa corriente brutal, a menos que nosotros mismos estemos libres del odio. Si estáis libres de él entonces no surge la cuestión de la actitud que deba asumirse hacia sus múltiples expresiones. Si fueseis profundamente conscientes del odio mismo y no meramente de sus expresiones arteras, veríais que el odio sólo engendra odio. Si lo tenéis en vuestro interior responderéis al odio de otro, y puesto que el mundo es vos mismos os veréis obligado a reaccionar a sus temores, ignorancia y codicia. Seguramente estáis prontos a odiar, a ejercer venganza, si vuestro pensamiento está confinado al yo.

La codicia y el amor posesivo tienen que incubar mala voluntad, y si el pensamiento no se liberta de ellos, tiene que haber constante acción de odio y violencia. Como he indicado, nuestras creencias y esperanzas son el resultado del anhelo, y cuando sobre ellos lanzamos la duda, brotan el resentimiento y la cólera. Al comprender la causa del odio nacen el perdón y la bondad. La comprensión y el amor surgen a través del estado de percepción lúcida.

Pregunta: ¿Cómo podré emanciparme del odio?

 

Krishnamurti: Preguntas análogas me han sido hechas con respecto a la ignorancia, la ira, los celos. Al responder a esta pregunta, espero responder también a las otras.

Ningún problema puede ser resuelto en su propio plano, en su propio nivel, tiene que ser entendido, y por lo tanto disuelto, desde un plano diferente y más profundo de abstracción. Si aspiramos tan sólo a emanciparnos del odio suprimiéndolo o tratándolo como cosa molesta y embarazosa, no lo disolveremos; volverá a presentarse una y otra vez en formas diferentes, ya que en ese caso lo habríamos enfrentado desde su propio nivel, limitado y mezquino. Pero si empezamos a entender sus causas intimas y sus efectos externos, tomando con ello nuestro pensar-sentir más amplio y profundo, más sagaz y más claro, el odio desaparecerá de un modo natural, porque estaremos interesados en niveles más importantes y profundos de pensamiento‑sentimiento.

Si sentimos ira y somos capaces de vencerla, o nos dominamos a nosotros mismos en forma tal que ella no vuelva a surgir, nuestra mente sigue siendo tan pequeña e insensible como antes. ¿Qué habremos ganado con nuestro esfuerzo para no experimentar ira, si nuestro pensar‑sentir continúa todavía lleno de envidia y de miedo, de estrechez y limitaciones? Podemos librarnos del odio y de la ira, pero si nuestra mente-corazón sigue siendo necia y mezquina suscitará otros problemas y otros antagonismos, lo que hará que el conflicto no tenga fin.

Si empezamos, en cambio, a mantener nuestra conciencia despierta y alerta, entendiendo por lo tanto las causas y efectos de la ira, ciertamente ampliaremos nuestro pensar-sentir y lo libraremos de la ignorancia y el conflicto. En ese estado de conciencia alerta empezaremos a descubrir las causas del odio y de la ira, que son el miedo y el afán de protección del “yo” en sus diferentes aspectos. A través de esa conciencia alerta, descubrimos nuestra ira, producida quizás, porque nuestras creencias particulares han sido atacadas; y llevando más a fondo el examen llegamos a preguntarnos si las creencias y los credos son realmente necesarios.

Mediante este proceso nos damos más amplia cuenta de todo lo que ello significa; percibimos cómo los dogmas y las ideologías dividen al género humano y dan origen a los antagonismos, a las diversas formas de la crueldad y del absurdo. De modo, pues, que con esta conciencia alerta y expandida, con esta comprensión de lo que la ira significa en el fondo, ella no tarda en desvanecerse; mediante este proceso de autopercepción la mente se vuelve más profunda, más serena, más sabia, y así, las causas del odio y de la ira ya no encuentran cabida. Librando nuestro pensar‑sentir de la ira y del odio, de la codicia y de la mala voluntad, nace una ternura que es la única cura. A esta dulzura, a esta compasión, no se llega suprimiendo ni substituyendo nada, sino alcanzando el conocimiento propio y el recto pensar.

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  Al comprender la causa del odio nacen el perdón y la bondad. La comprensión y el amor surgen a través del estado de percepción lúcida.

Yanni – The Rain Must Fall