¿Pueden detenerse las guerras?

Basta comprender que ni el emperador Guillermo, ni los generales, ni los ministros, ni los parlamentos, tienen significación alguna, ni hacen nada. En una gran escala, todo lo que sucede está regido desde el exterior, sea por combinaciones accidentales de influencias, sea por leyes cósmicas generales. Son incapaces de darse cuenta hasta qué punto son simples peones sobre un tablero de ajedrez. Se atribuyen importancia; se creen libres de ir y venir a su antojo; piensan que pueden decidir el hacer esto o aquello. Pero en realidad, todos sus movimientos, todas sus acciones, son el resultado de influencias planetarias.

Recuerdo mí última conversación con él. Le había agradecido su consideración para conmigo, y sus explicaciones que, como ya lo había visto, habían cambiado muchas cosas para mí.

—Sin embargo, le dije, lo más importante son los hechos. Si pudiera ver hechos reales, auténticos, de naturaleza nueva y desconocida, solo ellos me convencerían de que estoy en el buen camino.”

Seguía pensando todavía en los “milagros”.

—Habrá hechos, me dijo G. Se lo prometo. Pero no se puede comenzar por allí.”

En aquel entonces, no comprendí que quería decir, sólo lo comprendí más tarde, cuando G., manteniendo su palabra, me puso realmente delante de “hechos”. Pero esto no debía producirse sino un año y medio más tarde, en agosto de 1916.

De nuestras últimas conversaciones en Moscú, guardo todavía el recuerdo de ciertas palabras pronunciadas por G., las cuales sólo mas tarde llegaron a ser inteligibles para mí. Me habló de un hombre que una vez había conocido estando con él y de sus relaciones con ciertas personas.

—Es un hombre débil, me dijo. Las personas se sirven de él, inconscientemente por supuesto.

Y esto es así, porque él las considera. Si no las considerase, todo sería distinto, y ellas mismas serían distintas.”

Me pareció extraño que un hombre no tuviera que considerar al prójimo.

— ¿Qué quiere usted decir con esta palabra: considerar? le pregunté. A la vez, lo comprendo y no lo comprendo. Esa palabra tiene significaciones muy diferentes.

—Es lodo lo contrario, dijo G. Esa palabra no tiene sino una significación. Trate de pensar en ello.”

Algún tiempo después, comprendí lo que G llamaba consideración. Y me di cuenta del lugar enorme que ocupa en nuestra vida y de todo lo que proviene de ella. G. llamaba “consideración” a la actitud que crea una esclavitud interior, una dependencia interior. Después tuvimos muchas ocasiones de volver a hablar sobre ello.

***

Recuerdo otra conversación sobre la guerra. Estábamos sentados en el caté Philipov, en la Tverskaya. Estaba atestado de gente muy bulliciosa. La especulación y la guerra creaban una atmósfera febril y desagradable. Incluso yo había rehusado concurrir a este café. Pero G. había insistido, y como siempre ocurría con él, yo había cedido. Ya para entonces había comprendido que algunas veces, deliberadamente, él creaba situaciones que harían más difícil la conversación, como si me quisiera pedir un esfuerzo adicional y un acto de sumisión a condiciones penosas e incómodas en aras de hablar con él.

Pero esta vez el resultado no fue muy brillante; el ruido era tal que no llegué a oír las cosas más interesantes. Al comienzo comprendí sus palabras. Pero el hilo se me escapaba poco a poco. Después de haber hecho varias tentativas por seguir lo que estaba diciendo, de lo cual sólo me llegaban palabras aisladas, finalmente dejé de escuchar y simplemente me puse a observar cómo hablaba.

La conversación había comenzado con mi pregunta:

— ¿Pueden detenerse las guerras?” Y G. había contestado:

—Sí, es posible.”

Sin embargo, debido a nuestras conversaciones anteriores, yo creí estar seguro de que respondería: “No, es imposible”.

—Pero todo está en la pregunta: ¿cómo? — continuó. Hay que saber mucho para comprenderlo. ¿Qué es una guerra? La guerra es un resultado de influencias planetarias. En alguna parte, allá arriba, dos o tres planetas se han acercado demasiado, y resulta una tensión.

¿Ha notado cómo se tensa usted cuando un hombre lo roza en una vereda estrecha? Entre los planetas se produce la misma tensión. Para ellos quizá esto no dura sino uno o dos segundos. Pero aquí, sobre la tierra, la gente comienza a matarse y continúa la matanza durante años. En todo este tiempo les parece que se odian los unos a los otros; o quizá que es su deber destrozarse por algún propósito sublime; o bien que deben defender algo o a alguien y que es muy noble hacerlo: o cualquier cosa por el estilo. Son incapaces de darse cuenta hasta qué punto son simples peones sobre un tablero de ajedrez. Se atribuyen importancia; se creen libres de ir y venir a su antojo; piensan que pueden decidir el hacer esto o aquello. Pero en realidad, todos sus movimientos, todas sus acciones, son el resultado de influencias planetarias. Por sí mismos no tienen ninguna importancia. Quien tiene el papel importante es la luna. Pero hablaremos de la luna más adelante. Basta comprender que ni el emperador Guillermo, ni los generales, ni los ministros, ni los parlamentos, tienen significación alguna, ni hacen nada. En una gran escala, todo lo que sucede está regido desde el exterior, sea por combinaciones accidentales de influencias, sea por leyes cósmicas generales.”

Esto es lo que oí. Sólo mucho más tarde comprendí que en aquel entonces él había querido explicarme cómo las influencias accidentales pueden ser desviadas o transformadas en algo relativamente inofensivo. Había aquí una idea realmente interesante, que se refería a la significación esotérica de los “sacrificios”. Pero en todo caso, esta idea actualmente sólo tiene valor histórico y psicológico. Lo más importante —que había dicho de manera casual, en tal forma que yo no le presté atención en el momento mismo y no me acordé sino más tarde, tratando de reconstruir la conversación— era lo que se refería a la diferencia de los tiempos para los planetas y para el hombre.

Pero, aun cuando lo recordé, por mucho tiempo no llegué a comprender la significación plena de esta idea. Más tarde se me presentó como algo fundamental. Más o menos por esta misma época tuvimos una conversación sobre el sol, los planetas y la luna. Aunque me impresionó vivamente, he olvidado cómo comenzó. Pero me acuerdo que habiendo dibujado G. un pequeño diagrama, trataba de explicarme lo que él llamaba la “correlación de las fuerzas en los diferentes mundos”. Esto se refería a lo que había dicho anteriormente de las influencias que actúan sobre la humanidad. La idea, a grosso modo, era la siguiente: la humanidad, o más exactamente, la vida orgánica sobre la tierra, está sometida a influencias simultáneas, provenientes de fuentes variadas y de mundos diversos: influencias de los planetas, influencias de la luna, influencias del sol, influencias de las estrellas. Ellas actúan todas al mismo tiempo, pero con el predominio de una u otra según el momento. Para el hombre existe cierta posibilidad de elegir influencias; dicho de otra manera, pasar de una influencia a otra.

El explicar cómo, requeriría un desarrollo demasiado largo, dijo G. En otra ocasión hablaremos de esto. Por el momento quisiera que comprendiera lo siguiente: es imposible liberarse de una influencia sin someterse a otra. Toda la dificultad, todo el trabajo sobre sí, consiste en elegir la influencia a la que usted se quiere someter, y en caer realmente bajo esta influencia. Con este fin, es indispensable que usted sepa prever la influencia que le será más provechosa.”

Lo que me había interesado en esta conversación era que G. había hablado de los planetas y de la luna como de seres vivientes, que tienen una edad definida, un período de vida igualmente definido y posibilidades de desarrollo y de transición a otros planos de ser. De sus palabras resultaba que la luna no era un “planeta muerto”, como se admite generalmente, sino por el contrario era un “planeta en estado naciente”, un planeta en su primerísimo estado de desarrollo, que no había alcanzado aún el “grado de inteligencia que posee la tierra”, para usar sus propios términos.

—La luna crece y se desarrolla, dijo G., y quizá, algún día, llegará al mismo grado de desarrollo que la tierra. Entonces, cerca de ella aparecerá una nueva luna y la tierra devendrá para ambas su sol. Hubo un tiempo en que el sol era como es hoy la tierra, y la tierra, como la luna actual. En tiempos más lejanos aún, el sol era una luna.”

Esto atrajo inmediatamente mi atención. Nunca me había parecido nada más artificial, más sospechoso, más dogmático, que todas las teorías habituales sobre el origen de los planetas y de los sistemas solares, comenzando por la de Kant-Laplace hasta las más recientes, con todos sus cambios y añadiduras. El “gran público” considera estas teorías, o por lo menos la última que ha conocido, como científicamente comprobadas. Pero en realidad nada es menos científico, nada está menos comprobado. Por lo tanto el hecho de que el sistema de G. admitía una teoría totalmente diferente, una teoría orgánica originada en principios enteramente nuevos y revelando un orden universal diferente, me pareció sumamente interesante e importante.

¿Cuál es la relación entre la inteligencia de la tierra y la del sol? le pregunté.

—La inteligencia del sol es divina, respondió G. No obstante, la tierra puede llegar a la misma altura; pero naturalmente en esto no hay nada seguro: la tierra puede morir sin haber llegado a nada.

— ¿De qué depende esto?” La respuesta de G. fue sumamente vaga.

—Hay un periodo definido, dijo, durante el cual pueden realizarse ciertas cosas. Si al final del tiempo prescrito lo debido no ha sido hecho, entonces la tierra puede perecer sin haber llegado al grado que hubiera podido alcanzar.

— ¿Se conoce este plazo?

—Sí, se conoce, dijo G., pero la gente no ganaría nada con saberlo. Esto sería aún peor.

Algunos lo creerían, otros no, y aun otros pedirían pruebas. Luego comenzarían a romperse la cabeza. Siempre todo termina así entre la gente.”

***

P. D. OUSPENSKY

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FRAGMENTOS DE UNA ENSEÑANZA DESCONOCIDA   (parte 5ª)

We were Soldiers- Final Battle Scene

-Y, ¿Quién es el señor? -Yo soy quien derriba lo que los siglos establecieron. Soy el huracán que arranca las raíces secas. Soy quien trae al mundo la justicia y la piedad

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La imagen escogida, Nuestro Padre Jesús del Calvario, aparece representado en un primer plano como un miércoles santo más, entre los candelabros y los lirios de su paso, en un montaje fotográfico realizado por José Ignacio Aguilera. Aparece con la túnica de cola donada por un hermano de la cofradía y estrenada en la Semana Santa de 2013. El fondo nos muestra varios elementos del entorno de la Catedral, como la Puerta del Perdón, cuyo arco túmido enmarca la imagen del Señor y deja ver al fondo el remate del Triunfo de San Rafael labrado por Verdiguier y los contrafuertes de los muros de la Catedral, antigua mezquita.

EL EXTRANJERO

La Pascua llegó y, mejor que todas las señales, las alegres multitudes lo anunciaban. Solo y melancólico, me aparto de la multitud. Pienso en el Hijo del Hombre, que nació y vivió en la indigencia y después murió crucificado. Pienso en aquel Fuego Divino que el Espíritu encendió en una pequeña aldea y que sobrevivió a los siglos y puso su marca en todas las civilizaciones.

En el parque desierto, un hombre, también solo, pa­recía estar esperándome. Se sentó a mi lado y comenzó a dibujar en la arena figuras misteriosas. Sus vestimentas eran modestas, mas de su presencia emanaba una grandeza inex­presable.
-¿El señor es, tal vez, extranjero? -le pregunté con simpatía.
-Yo soy extranjero en esta ciudad y en todas las ciu­dades.

-Pero en días festivos, el extranjero olvida la amargura del exilio y se deja consolar por el afecto de los corazones abiertos.
-Yo soy más extranjero aún, en estos días, que en otro cualquiera. -Y dirigió al cielo una mirada soñadora, como si estuviera buscando en el más allá, una patria desconocida.

Lo observé nuevamente y le dije:
-Me parece que el señor necesita ayuda, ¿no aceptaría la mía?
-Sí, necesito ayuda, pero mi necesidad no es de dinero -me respondió.
-¿Y qué es lo que usted necesita?
-Necesito un abrigo. Necesito un lugar donde descansar mi cabeza.
-Pero, si acepta mi dinero, podrá alojarse en un hotel.
-Ya fui a todos los hoteles y ninguno me aceptó. Ya golpeé todas las puertas sin hallar un amigo.
-Venga entonces conmigo. Pasará la noche en mi casa.
-Mil veces llamé á tu puerta pero jamás me abriste. Y ahora, si supieras quién soy, no me invitarías.

-Y, ¿Quién es el señor?
-Yo soy quien derriba lo que los siglos establecieron. Soy el huracán que arranca las raíces secas. Soy quien trae al mundo la justicia y la piedad.
Dijo eso y se levantó. Era de gran estatura y su voz, profunda como la noche, evocaba el sonido de la tempestad. Después, su rostro se iluminó. Extendió sus brazos y vi en sus manos rastros de heridas. Me arrojé a sus pies bal­buceando:
-Jesús, el Nazareno.
Y le oí decir:
-El mundo celebra en mi nombre las tradiciones que los siglos tejieron a mi alrededor. Pero yo permanezco extran­jero, recorriendo el universo y atravesando los siglos sin encontrar, entre los pueblos, quien comprenda mi verdad. Los zorros tienen sus madrigueras y las aves del cielo tienen nidos, mas el Hijo del Hombre no tiene un lugar donde recli­nar su cabeza.
Cuando levanté mis ojos, nada vi sino una columna de incienso. Y oí el eco de una canción llegarme desde la eter­nidad.

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KHALIL GIBRAN

  SEMANA SANTA CÓRDOBA 2014

Las cofradías cordobesas hacen estación de penitencia desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección entre el fragor de las bandas de cornetas y tambores. Aromas de cera quemada fundidos con incienso, azahares, las llamadas de la campanilla de capataz, el golpe seco y del grito de «¡Arriba con ella!» que rompe los silencios al recogimiento respetuoso de los creyentes.El Rescatado

El Rescatado da inicio a la Semana Santa de Córdoba y se desarrolla el Domingo de Ramos empezando su recorrido en la plaza Cristo de la Concordia. Las Ánimas es otra de las más multitudinarias, especialmente en la plaza San Lorenzo. También destaca Las Angustias, una de las hermandades más antiguas de la ciudad. Su recorrido empieza y finaliza en Capitulares, siendo el paso por el barrio de San Agustín una de las zonas más significativas de la procesión, ya que en dicho punto estuvo establecida la cofradía durante siglos.

http://www.turismodecordoba.org/inicio.cfm

http://www.cordobaturismo.es/es

http://www.artencordoba.com/

http://www.mezquitadecordoba.org/historia-mezquita-cordoba.asp

http://www.hermandadesdecordoba.es/

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Semana Santa en Andalucía

Paso de Nuestro Padre de la Paciencia, Granada.

Es tiempo de Semana Santa en Andalucía. Es tiempo de emociones, de respirar el aroma sutil que impregna la ciudad, mezcla de incienso y azahar, de emocionarse con el canto sentido de una saeta o escuchar el silencio de una multitud respetuosa.

Con la llegada de la primavera, Andalucía se prepara cada año para convertir sus calles y plazas en un escenario donde la representación se sucede siempre igual y siempre diferente. La región se viste de nuevo el Domingo de Ramos, se estremece en el silencio del Viernes Santo y resucita otro domingo cubriendo la distancia que va desde la muerte hasta la vida.

Es una experiencia única sentir la emoción de la tradicional y multitudinaria madrugá de Sevilla; vivir la pasión con El Cautivo de Málaga; ir tras el paso del Cristo de los Gitanos en las colinas del Sacromonte de Granada; ser testigo de la solemnidad del Viernes Santo con el ‘Santo Encierro’ en Huelva; presenciar la salida de El Abuelo en Jaén desde el Camarín de Jesús; sentir la pasión y entrega de los cofrades y hermandades de Cádiz; recorrer las calles de Córdoba entre sus silencios, el canto de una saeta o el sonar de las campanillas del capataz; o ser testigos de excepción de los encuentros de las hermandades de Almería.

Málaga

Los Legionarios con el Cristo de La Buena Muerte.

En la Semana Santa de Málaga el recorrido oficial de las Cofradías malagueñas goza de una variedad, sobriedad, respeto y perfecto desfile que merece la pena contemplar. Es especialmente admirable el clamor popular y fervor de los habitantes de los barrios de Málaga, quienes se entregan a sus Cristos y Vírgenes de una manera especial en el momento de las salidas y encierros procesionales.

Cuando aún no ha terminado de despuntar el alba del Lunes Santo, miles de malagueños se agrupan dentro y alrededor de la parroquia de San Pablo para participar en el traslado de las imágenes de la Cofradía de Jesús Cautivo y María Santísima de la Trinidaddesde su capilla a sus tronos procesionales. Otro momento principal es la liberación de un preso sin delito de sangre por Nuestro Padre Jesús el Rico cada Miércoles Santo, privilegio concedido por Carlos III, cuando, atravesando una epidemia de cólera en Málaga y sin poder salir a la calle, los presos se escaparon de la cárcel y llevaron al Cristo, regresando todos al finalizar sin aprovechar la ocasión para fugarse.

También hay que destacar los acompañamientos militares en las procesiones de aquellas Cofradías con las que, por diferentes motivos, se encuentran vinculadas. Este es el caso de Los Regulares con el Cautivo, La Legión con el Cristo de la Buena Muerte o Ánimas de Ciegos con los Paracaidistas, La Marina con la Soledad o la Caballería con la Zamarrilla.

Sevilla

El Cristo de la Noche.

Es la fiesta grande de Sevilla, síntesis y esencia de la capital de Andalucía, celebración que alcanza una intensidad, tanto estética como espiritual, única en su estilo. Entre el Domingo de Ramos y el de Resurrección salen a la calle cerca de sesenta cofradías que dan vida a la pasión y muerte de Cristo. Considerada como auténtico arte y motor de un profundo sentimiento espiritual, la Semana Santa en Sevilla constituye un fenómeno complejo, auténticamente popular en el que participa el pueblo entero, sin distinción de clases, pero que es a la vez religioso y artístico, serio y jubiloso, sencillo y voluptuoso.

Resaltan por tanto de la Semana Santa sevillana la procesión de La Marcarena y La Esperanza de Triana, que, en este caso, es la única cofradía que realiza doble estación de penitencia, ante la Catedral y en la parroquia de Santa María de Triana. También es digna de destacar La Borriquita, que tiene lugar el Domingo de Ramos y donde llama la atención especialmente la salida, siendo los niños los protagonistas. Es digno de mención el Besamanos del Gran Poder, que comienza el Domingo de Ramos y que acaba el Miércoles Santo.

Lo apropiado es visitarlo el mismo Domingo para así comprender de verdad lo que significa para Sevilla la devoción al Gran Poder y de paso cerciorarse de lo profundo de todas estas creencias y de lo alejadas que están del tópico al uso. Cobran especial relevancia la Semana Santa de los municipios de Alcalá de Guadaíra, Alcalá del Río, Carmona, Morón de la Frontera, Coria del Río, Utrera, Écija, Marchena, Estepa, Osuna, Guadalcanal y las Cabezas de San Juan, declaradas Fiestas de Interés Turístico Nacional de Andalucía.

Carolina Oubernell

 

IBN AL-FARID (1181-1235 d.C.)

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Fue Al-Farid un espíritu puro como un rayo de sol inmaculado; un corazón envuelto en llamas; un Pensamiento cristalino como una fuente entre cerros. En sus versos hay lo que no lograron concebir las mentes de los que le precedieron ni alcanzaron los que le siguieron por muchos siglos después.

Umar ibn `Alī ibn al-Fārid

El Amor

Es el amor. Preserva tus entrañas,
que la pasión no es fácil,
y todo lo que elige se consume,
aunque tenga razón.
Vive libre de él,
que la calma de amor es la fatiga,
dolencia es su comienzo, y muerte su final.
Para mí, sin embargo,
el morir por amor es un vivir,
y el favor se lo debo a aquel que amo.
Te doy estos consejos
conociendo muy bien qué es el amor,
pero si tú prefieres contradecirme,
elige por ti mismo lo que te plazca.
Si deseas vivir gozosamente,
muere mártir por él; si no lo haces,
el amor tiene ya su propia gente.
Quien no muere de amor, por él no vive.
Y la miel no se puede cosechar
sin exponerse al daño de las abejas.

***

Al-Farid fue uno de los pocos poetas místicos que se han destacado por sus poemas simbólicos y religiosos. Su alma siempre sedienta, escanciaba el vino del Espíritu con que se extasiaba y se remontaba a los mundos invisibles, donde se prolongan los sueños de los poetas y de los santos, y vibran los anhelos y las esperanzas de los grandes místicos Iniciados. Y al despertar de su éxtasis, volvía para escribir lo que vio y experimentó.

Era, y lo es ahora, un sacerdote en el Templo del Pensamiento absoluto; Príncipe en el Reino de la imaginación sin horizontes; un Guía entre los ejércitos de los místicos que caminan lentamente hacia la Gran Urbe de la Verdad.

Vivió en un siglo desprovisto de creatividad y pensamientos originales. Vivió entre un pueblo que memorizaba las tradiciones, y luego las reproducía y comentaba enérgicamente, explicando la gran herencia de la sabiduría y filosofía islámicas.

Fue un genio; un genio es un milagro. Al-Farid se olvidó de su siglo y rehuyó su medio ambiente, recluyéndose para escribir y unir en su poesía universal lo desconocido con lo conocido. al farid

Al-Farid no tomó su tema de los acontecimientos de la vida diaria como Al Mutanabbi. Tampoco se ocupó del enigma de la vida como Al Maary. En cambio, Al-Farid cerró los ojos al mundo para poder ver más allá de él, y tapó los oídos al tumulto de la tierra para poder escuchar las canciones eternas.

Fue Al-Farid un espíritu puro como un rayo de sol inmaculado; un corazón envuelto en llamas; un Pensamiento cristalino como una fuente entre cerros. En sus versos hay lo que no lograron concebir las mentes de los que le precedieron ni alcanzaron los que le siguieron por muchos siglos después.

Es el alma que, desde su morada divina y celestial, es obligada a descender y tomar nuevamente su vehículo carnal y cumplir, por una Ley Superior, su nueva misión, y su ciclo evolutivo. “Dolorida y exasperada, se te descendió cual una paloma, desde el Recinto más sublime…”

Tanto Al Mutanabbi como Al Maari son dos grandes poetas árabes.

Gibrán Khalil Gibran

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Maher Zain – Ramadan (Arabic)

 

¿Cuál es la causa fundamental del miedo?

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¿Cuál es la causa fundamental del miedo? Por favor, obsérvenlo en sí mismos. Usen las palabras como un espejo para descubrir su propio miedo y, mientras observan, descubran su raíz; no las ramas, las hojas, las trivialidades del miedo, sino su causa fundamental. Porque si hay miedo psicológicamente, internamente, toda acción se distorsiona, y entonces no hay una observación clara, minuciosa.

Si un solo ser humano comprende radicalmente el problema del miedo y lo resuelve, no mañana o algún otro día sino instantáneamente, él influye sobre toda la conciencia de la humanidad. Eso es un hecho. Como hemos dicho, la conciencia de uno no es su propiedad privada; es el resultado del tiempo, de miles de incidentes, experiencias, que son producto del pensamiento. Esa conciencia Se halla en movimiento constante. Es como una corriente, un vasto río del que formamos parte. No hay, pues, particularización; si lo investigamos bien a fondo, vemos que no hay individualidad. Quizás eso no les agrade, pero mírenlo. Un individuo significa una entidad indivisa, indivisible, no fragmentada, sino que es un ser total. Pero, desafortunadamente, casi todos nosotros estamos fragmentados, divididos, igual que el resto del mundo; somos seres infelices, ansiosos, desgraciados, confusos, sufrientes, temerosos.

Vamos, pues, a explorar juntos la cuestión del miedo y a ver si es posible terminar con él. El miedo puede ser muy pequeño o puede ser una carga enorme. Está el miedo de perder un empleo, el miedo de no tener éxito, el miedo a la muerte, el miedo de no ser amados, el miedo a la soledad, el aislamiento, a la profunda inseguridad, a la dependencia, el miedo de no hacer lo correcto, o el miedo de no seguir al resto de la multitud y ser dejado atrás. Ustedes saben lo que son estos miedos. El hombre jamás ha sido psicológicamente capaz de liberarse de ellos. El miedo ha agobiado su mente, ha oscurecido su perspectiva de la vida. No sabe cómo habérselas con estos miedos; escapa de ellos hacia la violencia, la brutalidad, la arrogancia, la amargura.

¿Cuál es la causa fundamental del miedo? Por favor, obsérvenlo en sí mismos. Usen las palabras como un espejo para descubrir su propio miedo y, mientras observan, descubran su raíz; no las ramas, las hojas, las trivialidades del miedo, sino su causa fundamental. Porque si hay miedo psicológicamente, internamente, toda acción se distorsiona, y entonces no hay una observación clara, minuciosa.

¿Cuál es la raíz del miedo? ¿Es el hecho de no poder encontrar seguridad completa psicológicamente, internamente? Completa, total certidumbre, seguridad. ¿Se debe a que buscamos permanencia, algo que continúe, que perdure, que sea decisivo? ¿Hay incertidumbre de no ser? Primero veamos si psicológicamente hay seguridad; porque quizás estamos buscando seguridad psicológica y, debido a eso, generamos inseguridad en el mundo exterior. ¿Qué es psicológicamente, internamente, la seguridad? ¿Qué entendemos por estar seguros, por tener una firme, cierta, perdurable, inconmovible seguridad, de modo tal que nada pueda perturbarla, desbaratarla? ¿Es eso lo que buscamos en nuestras relaciones mutuas? ¿Tener conocimiento completo y depender de ese conocimiento para obtener estabilidad? Eso implica buscar permanencia, algo que nada pueda cambiar y, por lo tanto, la eternidad en el sentido de poner fin al tiempo.

¿Es, entonces, el tiempo uno de los factores del miedo? Está el tiempo del reloj, el tiempo como ayer, hoy y mañana. Ese tiempo cronológico es necesario, está ahí. ¿Existe el tiempo psicológico? Psicológicamente, ¿Existe para mí, para ustedes, un mañana? Si no existe, hay un miedo inmenso. Si se enfrentan con el hecho de que psicológicamente no existe un mañana, se conmueven todos sus cimientos; porque mañana van a tener un gran placer, mañana serán mejores, mañana se realizarán, mañana se librarán de su miedo. ¿Existe, pues, psicológicamente, un mañana?

El mañana significa tiempo. El mañana implica pensamiento, que en sí mismo es fragmentario; ha creado el tiempo psicológico, en el que uno se moverá desde lo que es hacia «lo que debería ser». ¿Es, entonces, el tiempo un factor de miedo? El tiempo existe, pero ¿hay tiempo alguno desde el punto de vista psicológico: esforzarse para llegar a ser alguna cosa? ¿O hay miedo de no ser? ¿Qué es esta perpetua exigencia de autoexpresión, el «yo» expresándose a sí mismo, el «yo» y el «tú», el ego? Aborden esto, porque es la vida de ustedes, y si comprenden esto y se hallan libres de miedo, abren la puerta al cielo.

¿Qué es este «yo» que dice: «Debo ser», «debo meditar», «debo llegar a Dios», «debo realizarme», «tengo que ser feliz», «me siento solo», «tengo que triunfar», «estoy asustado», «tienen que decírmelo», etc.? ¿No es, acaso, el nombre: señor fulano de tal, la forma, o sea, el cuerpo que vemos en el espejo y todos los recuerdos asociados, todos los conceptos acerca de uno mismo, la imagen propia, la imagen que dice: «Debo ser mucho mejor que tú»? ¿No es todo eso producto del pensamiento? Éste es, en sí mismo, un fragmento, y la actividad de ese fragmento no es tan sólo el «yo», sino los fragmentos que ha creado en todo cuanto a uno lo rodea: naciones separadas, clases separadas, guerras… todo eso. Y el pensamiento es un proceso material en el tiempo; es la respuesta de la memoria, de la experiencia, del conocimiento, almacenados en el cerebro.

Por lo tanto, el «yo» al que nos aferramos es ficticio. Ésa puede ser la causa fundamental del miedo: el aferrarnos a algo que no existe. Está, pues, el «yo» ficticio, imaginado, una representación mental, un símbolo, una idea, una imagen producida por el pensamiento en el tiempo, lo cual es un proceso material, es medida. Y ese «yo», que muy en el fondo, en lo más recóndito de nuestro ser, está inseguro de su existencia misma, puede ser la profunda y fundamental causa del miedo. Eso no quiere decir que si uno no tuviera «yo», no podría vivir en este mundo. Al contrario,

Ahora bien, ¿podemos considerar el movimiento del tiempo? El tiempo es movimiento. Terminar con ese movimiento es poner fin al tiempo. Ése es uno de los factores principales de la meditación: que el tiempo llegue, psicológicamente, a su fin. Así pues, el miedo profundamente arraigado es el movimiento que el pensar tiene en el tiempo, movimiento que es un proceso material, el cual ha creado una estructura artificial llamada el «yo», y habiéndola creado, se aferra a ella. El pensar se aferra a un fragmento que él ha creado, y el pensar mismo es un fragmento. Hay miedo en la relación, porque en la relación hemos creado imágenes. El hombre y la mujer tienen, cada uno, una imagen del otro, una representación, un símbolo, producto del tiempo, ya sea de muchos días, de muchos años o de una hora. Y la relación que hay entre ellos es la relación entre estas dos imágenes. Examínenlo, y verán que es un hecho. Nos apegamos a la representación mental, a la imagen, y tenemos miedo de perder esa imagen. En consecuencia, si no hay imagen, por fuerza tenemos que miramos el uno al otro de una manera por completo diferente.

Hemos descrito en palabras la naturaleza, la cualidad, la estructura de esta cosa llamada miedo. Ahora bien, sabiendo que la descripción no es lo descrito, ¿pueden ustedes mirar no la descripción sino el hecho? ¿Pueden mirarlo? Es decir, ¿pueden observarlo?

Es muy importante aprender a observar. En la observación hay un arte. «Arte» significa poner las cosas en su lugar apropiado, ponerlo todo donde pertenece. ¿Pueden ustedes observar esta cosa llamada miedo? Uno mismo, el observador, ¿es diferente de la cosa observada? Cuando uno está furioso, o siente envidia, o celos, o lo que fuere, ¿es diferente de ese sentimiento que ha nombrado, por ejemplo, como «celos»? ¿O uno es los celos? De modo que el observador es lo observado. Expresado de una manera distinta, ¿es el pensador diferente de su pensamiento? 0, ¿es el experimentador diferente de la experiencia? Si no es diferente, ¿por qué busca uno experiencias? Si no hay diferencia entre el observador y lo observado, entonces sólo existe lo observado. Entonces sólo existe el pensar, no el pensador diferente del pensamiento.

Deseamos experiencias. Estamos aburridos de las experiencias que ya hemos tenido, las experiencias cotidianas del sexo, de esto, aquello y lo otro, de manera que anhelamos otras experiencias: la experiencia de Dios, la experiencia de la iluminación, la experiencia de Jesús, experimentar la conciencia de Krishna, etc. Y nunca nos hemos preguntado quién es el experimentador, y si es diferente de lo experimentado. Queremos experimentar la conciencia de Krishna, o la conciencia de Jesús, o alguna otra cosa, pero para experimentar eso tenemos que reconocerlo, ¿no es así? Eso implica que ya lo hemos conocido. Por consiguiente, el experimentador es lo experimentado.

¿Pueden, pues, mirar el miedo, mirarlo sin el observador? Porque soy el miedo, el miedo no es diferente de mí, cuando estoy furioso, ¿es esa furia diferente de mí? Si digo que es diferente, entonces trato de controlarla, de racionalizarla, de hacer algo a su respecto. Pero si el observador es lo observado, no puedo hacer nada en relación con el miedo, soy eso. Al observar, pues, el miedo, lo observo sin el observador.

Observando, me doy cuenta de que el miedo no es diferente del observador. Cuando el observador es lo observado, hay un cambio fundamental en aquello que observamos. Cuando hay una división entre el observador y lo observado, en esa división hay conflicto. Entonces digo que debo librarme de él, que debo controlarlo, o pregunto por qué no debería tener miedo, por qué   no debería actuar neuróticamente a causa de esos miedos. Siempre hay contradicción, división y, por ende, conflicto, el cual es un desperdicio de energía. Desperdiciamos energía cuando hay conflicto y tratamos de controlarlo, de evadirlo, de acudir a alguien para que nos diga cómo podemos libramos del miedo. Todos ésos son factores que contribuyen a derrochar energía. Si no derrochamos energía —y eso sólo ocurre cuando el observador es lo observado-, entonces tenemos esa energía inmensa que se requiere para transformar lo que es. La observación misma es la energía que transforma lo que es. Hagan esto y verán que están completamente libres de miedos psicológicos.

Si han escuchado de manera total, con el corazón y la mente, cuando se pongan de pie estarán libres de miedo. Eso significa que han escuchado; quiere decir que éste es un problema de ustedes y que es absolutamente necesario que lo resuelvan, no mañana, sino instantáneamente. Es decir, cuando perciben algo, actúan instantáneamente, y esa percepción es posible sólo cuando el percibidor es lo percibido, porque en tal caso uno dispone de energía total. O sea, la observación total es posible sólo cuando no hay observador, siendo el observador el pasado. Cuando a la observación se le dedica esa atención completa, lo observado experimenta una transformación fundamental ¿Lo han captado? ¡Háganlo!

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KRISHNAMURTI

“El hombre es una maquina” ¡Mire! Toda esa gente que usted ve —señaló la calle— son simplemente máquinas, nada más

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—Científico o no científico, me da lo mismo, dijo G. Quiero que comprenda lo que digo.

Todas las personas que usted ve, que usted conoce, que usted puede llegar a conocer, son máquinas, verdaderas máquinas que solamente trabajan bajo la presión de influencias exteriores. Nacen máquinas y como máquinas mueren.

Esto era muy difícil de tragar.

— ¿No hay nada, absolutamente nada, que pueda hacerse? pregunté.

 

Un día, en Moscú, hablaba con G. acerca de Londres, adonde había estado algunos meses atrás por corto tiempo. Le hablaba de la terrible mecanización que invadía las grandes ciudades europeas y sin la cual era probablemente imposible vivir y trabajar en el torbellino de estos enormes “juguetes mecánicos”.

—La gente se está convirtiendo en máquinas, dije, y no me cabe duda que un día se convertirán en máquinas perfectas. ¿Pero son capaces todavía de pensar? No lo creo. Si trataran de pensar, no serían tan buenas máquinas.

—Sí, contestó G., es cierto, pero sólo en parte. La verdadera pregunta es ésta: ¿de qué mente se sirven en su trabajo? Si usan la mente adecuada, podrán pensar aún mejor en su vida activa en medio de las máquinas. Pero una vez más, con la condición de que usen la mente adecuada.”

No comprendí lo que G. quería decir por “mente adecuada” y sólo mucho más tarde llegué a comprenderlo.

—En segundo lugar, continuó él, la mecanización de que usted habla no es peligrosa en absoluto. Un hombre puede ser un hombre —recalcó esta palabra— aun trabajando con máquinas. Hay otra clase de mecanización muchísimo más peligrosa: ser uno mismo una máquina. ¿Nunca ha pensado usted en el hecho de que todos los hombres son ellos mismos máquinas?

—Sí, dije, desde un punto de vista estrictamente científico todos los hombres son máquinas gobernadas por influencias exteriores. Pero la cuestión está en saber si se puede aceptar totalmente el punto de vista científico.

—Científico o no científico, me da lo mismo, dijo G. Quiero que comprenda lo que digo.

¡Mire! Toda esa gente que usted ve —señaló la calle— son simplemente máquinas, nada más.

—Creo comprender lo que usted quiere decir, dije. Y a menudo he pensado cuan pocos son en el mundo los que pueden resistir a esta forma de mecanización y elegir su propio camino.

— ¡Este es justamente su más grave error! dijo G. Usted cree que algo puede escoger su propio camino o resistir a la mecanización; usted cree que todo no es igualmente mecánico.

— ¡Pero por supuesto que no! exclamé yo. El arte, la poesía, el pensamiento, son fenómenos de un orden totalmente distinto.

—Exactamente del mismo orden, Estas actividades son exactamente tan mecánicas como todas las demás. Los hombres son máquinas, y de las máquinas no puede esperarse otra cosa que acciones mecánicas.

—Muy bien, le dije, pero ¿no hay quienes no sean máquinas?

—Puede que los haya, dijo G. Pero usted no los puede ver. Usted no los conoce. Esto es lo que quiero hacerle comprender.”

No dejó de extrañarme que insistiera tanto sobre este punto. Lo que decía me parecía evidente e incontestable. Sin embargo, nunca me habían gustado las metáforas tan breves que pretenden decirlo todo. Siempre omiten las diferencias. Por mi parte, siempre había sostenido que lo más importante son las diferencias y que, para comprender las cosas, era necesario ante todo considerar los puntos en que difieren. De modo que me pareció extraño que G. insistiera tanto sobre una verdad que me parecía innegable, siempre y cuando no se hiciera de ella algo absoluto y se le reconocieran algunas excepciones.

—Las personas se asemejan muy poco entre sí, dije. Considero imposible meterlos a todos en el mismo saco. Hay salvajes, hay personas mecanizadas, hay intelectuales, hay genios.

—Nada más exacto, dijo G. Las personas son muy diferentes, pero usted ni conoce, ni puede ver la diferencia real entre ellas. Usted habla de diferencias que sencillamente no existen. Esto debe ser comprendido. Todas las personas que usted ve, que usted conoce, que usted puede llegar a conocer, son máquinas, verdaderas máquinas que solamente trabajan bajo la presión de influencias exteriores, como usted mismo lo ha dicho. Nacen máquinas y como máquinas mueren. ¿Qué tienen que ver con esto los salvajes y los intelectuales? Ahora mismo, en este preciso momento, mientras hablamos, varios millones de máquinas se esfuerzan en aniquilarse unas a otras. ¿En qué difieren, entonces? ¿Dónde están los salvajes, y dónde los intelectuales? Todos son iguales…

“Pero es posible dejar de ser máquina. Es en esto en lo que usted debería pensar y no en las distintas clases de máquinas. Por supuesto que las máquinas difieren; un automóvil es una máquina, un gramófono es una máquina y un fusil es una máquina. ¿Y esto qué cambia? Es lo mismo, siempre son máquinas.”

Esta conversación me recuerda otra.

— ¿Qué piensa usted de la psicología moderna? le pregunté un día a G., con la intención de llegar al tema del psicoanálisis, del cual yo había desconfiado desde el primer día.

Pero G. no me permitió llegar tan lejos.

-Antes de hablar de psicología, dijo él, debemos comprender claramente de qué trata esta ciencia y de qué no trata. El verdadero objeto de la psicología es la gente, los hombres, los seres humanos. ¿Qué psicología —recalcó la palabra— puede haber cuando no se trata sino de máquinas? Para el estudio de las máquinas lo que se necesita es la mecánica y no la psicología. Por eso comenzamos por el estudio de la mecánica. El camino que lleva a la psicología es aún muy largo.

¿Puede un hombre dejar de ser una máquina? pregunté.

— ¡Ah! Esa es la pregunta, dijo G. Si usted hubiera planteado tales preguntas más a menudo, quizá nuestras conversaciones nos hubieran podido llevar a alguna parte. Sí, es posible dejar de ser una máquina, pero para esto es necesario, ante todo, conocer la máquina. Una máquina, una verdadera máquina, no se conoce a sí misma, y no puede conocerse. Cuando una máquina se conoce, desde ese instante ha dejado de ser una máquina; por lo menos, ya no es la misma máquina que antes. Ya comienza a ser responsable de sus acciones.

— ¿Según usted, esto significa que un hombre no es responsable de sus acciones? pregunté.

—Un hombre —recalcó esta palabra— es responsable. Una máquina no es responsable.”

En otra oportunidad, le pregunté a G.:

—En su opinión, ¿cuál es la mejor preparación para estudiar su método? Por ejemplo, ¿es útil estudiar lo que se llama literatura «oculta» o «mística»?”

Al decirle esto, tenía en mente en forma particular el “Tarot” y toda la literatura referente al “Tarot”.

—Sí, dijo G. Se puede encontrar mucho por medio de la lectura. Por ejemplo, considere su caso: ya podría usted conocer bien las cosas, si supiese leer. Quiero decir: si usted hubiese comprendido todo lo que ha leído en su vida, ya tendría el conocimiento de lo que ahora busca. Si hubiese usted comprendido todo lo que está escrito en su propio libro, ¿cuál es su título?

—chapurreó en una forma completamente imposible las palabras: *”Tertium Organum”

— yo vendría a inclinarme ante usted y a suplicarle que me enseñara. Pero usted no comprende, ni lo que lee, ni lo que escribe. Ni siquiera comprende lo que significa la palabra comprender. Sin embargo, la comprensión es lo esencial, y la lectura no puede ser útil sino a condición de comprender, lo que se lee. Pero desde luego que ningún libro puede dar una preparación verdadera. Por lo tanto es imposible decir cuáles libros son los mejores. Lo que un hombre conoce bien —acentuó la palabra “bien”— eso es una preparación para él. Si un hombre sabe bien cómo hacer café o cómo hacer bien un par de botas, entonces ya se puede hablar con él. El problema estriba en que nadie sabe nada bien. Todo se conoce no importa cómo, de una manera completamente superficial.”

Este era otro de los giros inesperados que G. daba a sus explicaciones. Además de su sentido ordinario, sus palabras siempre contenían otro sentido totalmente diferente. Pero yo entreveía ya que para descifrar este sentido oculto, era necesario comenzar por captar el sentido usual y sencillo. Las palabras de G., tomadas en la forma más simple del mundo, estaban siempre llenas de sentido, pero tenían también otras significaciones. La significación más amplia y más profunda permanecía velada durante mucho tiempo.

Ha quedado grabada en mi memoria otra conversación. Le preguntaba a G. lo que debería hacer un hombre para asimilar su enseñanza.

— ¿Lo que debe hacer? exclamó como si esta pregunta lo sorprendiera. Es incapaz de hacer nada. Ante todo, él debe comprender ciertas cosas. Tiene miles de ideas falsas y de concepciones falsas, sobre todo acerca de si mismo, y si algún día quiere adquirir algo nuevo, debe comenzar por liberarse por lo menos de algunas de ellas. De otra manera lo nuevo sería construido sobre una base falsa y el resultado sería aun peor.

¿Cómo puede un hombre liberarse de las ideas falsas? pregunté. Dependemos de las formas de nuestra percepción. Las ideas falsas se producen debido a las formas de nuestra percepción.”

G. negó con la cabeza, y dijo:

—Nuevamente habla usted de otra cosa. Usted habla de errores que provienen de las percepciones, pero no se trata de esto. Dentro de los límites de las percepciones dadas, se puede errar en mayor o menor grado. Como ya lo he dicho, la suprema ilusión del hombre es su convicción de que puede hacer. Toda la gente piensa que puede hacer, toda la gente quiere hacer, y su primera pregunta se refiere siempre a qué es lo que tiene que hacer. Pero a decir verdad, nadie hace nada y nadie puede hacer nada. Es lo primero que hay que comprender.

Todo sucede. Todo lo que sobreviene en la vida de un hombre, todo lo que se hace a través de él, todo lo que viene de él —todo esto sucede. Y sucede exactamente como la lluvia cae porque la temperatura se ha modificado en las regiones superiores de la atmósfera, sucede como la nieve se derrite bajo los rayos del sol, como el polvo se levanta con el viento.

“El hombre es una máquina. Todo lo que hace, todas sus acciones, todas sus palabras, sus pensamientos, sentimientos, convicciones, opiniones y hábitos son el resultado de influencias exteriores, de impresiones exteriores. Por sí mismo un hombre no puede producir un solo pensamiento, una sola acción. Todo lo que dice, hace, piensa, siente, todo esto sucede. El hombre no puede descubrir nada, no puede inventar nada. Todo sucede.

“Para establecer este hecho, para comprenderlo, para convencerse de su verdad, es necesario liberarse de miles de ilusiones sobre el hombre, sobre su ser creador, sobre su capacidad de organizar conscientemente su propia vida, etc., etc. Nada de esto existe. Todo sucede: los movimientos populares, las guerras, las revoluciones, los cambios de gobierno, todo esto sucede. Y sucede exactamente de la misma manera que todo sucede en la vida del hombre como individuo. El hombre nace, vive, muere, construye casas, escribe libros, no como él lo quiere, sino como esto sucede. Todo sucede, el hombre no ama, no odia, no desea — todo esto sucede.

Pero ningún hombre le creerá jamás si usted le dice que él no puede hacer nada. Nada se le puede decir a la gente que le sea más desagradable ni más ofensivo. Es particularmente desagradable y ofensivo porque es la verdad y porque nadie quiere conocer la verdad.

“Si usted lo comprende, nos será más fácil hablar. Pero una cosa es captar con el intelecto que el hombre no puede hacer nada, y otra es sentirlo «con toda su masa», estar realmente convencido que es así, y no olvidarlo jamás.

“Esta cuestión de hacer (G. recalcó cada vez esta palabra) hace surgir además otra cuestión. A la gente le parece siempre que los otros nunca hacen nada como debiera ser, que los demás hacen todo al revés. Invariablemente cada uno piensa que podría hacerlo mejor. Ninguno comprende, ni siente la necesidad de comprender que lo que actualmente se hace de cierta manera —y sobre todo lo que ya ha sido hecho— no puede ni podía haber sido hecho de otra manera. ¿Ha notado usted cómo hablan todos de la guerra? Cada uno tiene su propio plan y su propia teoría. Cada uno opina que no se hace nada como debería hacerse. Sin embargo, en realidad, todo se hace de la única manera posible.

Si tan sólo una cosa pudiera hacerse diferentemente, todo podría llegar a ser diferente. Y entonces quizá no hubiera habido guerra.

“Trate de comprender lo que digo: todo depende de todo, todo está relacionado, no hay nada separado. Por lo tanto, todos los acontecimientos siguen el único camino que pueden tomar.

Si la gente pudiera cambiar, todo podría cambiar. Pero son lo que son y por lo tanto las cosas también son lo que son.”

Esto era muy difícil de tragar.

¿No hay nada, absolutamente nada, que pueda hacerse? pregunté.

—Absolutamente nada.

— ¿Y nadie puede hacer nada? significa: ser. Si continuamos estas conversaciones, usted verá que nos servimos de un lenguaje especial y que para ser capaz de hablar entre nosotros, hay que aprender este lenguaje. No vale la pena hablar en la lengua ordinaria porque en esta lengua es imposible comprenderse. Esto le sorprende. Pero así es. Para llegar a comprender es necesario aprender otro lenguaje. En el lenguaje que habla la gente, no puede comprenderse. Usted verá más tarde por qué esto es así.

Luego uno debe aprender a decir la verdad. Esto también le parece extraño; usted no se da cuenta que hay que aprender a decir la verdad. Le parece que bastaría desearlo o decidir hacerlo. Y yo le digo a usted que es relativamente raro que la gente diga una mentira en forma deliberada. En la mayoría de los casos creen que dicen la verdad. Y sin embargo mienten todo el tiempo, tanto cuando quieren mentir como cuando quieren decir la verdad. Mienten continuamente, se mienten a sí mismos y mienten a los demás. Como consecuencia, nadie comprende a los otros ni se comprende a sí mismo. Piénselo, ¿podría haber tantas discordias, tantos malentendidos profundos, y tanto odio hacia el punto de vista o hacia la opinión de otro, si la gente fuera capaz de comprenderse? Pero no pueden comprenderse porque no pueden dejar de mentir. Decir la verdad es la cosa más difícil del mundo; habrá que estudiar mucho y durante largo tiempo, para un día poder decir la verdad. El deseo por sí solo, no basta. Para decir la verdad, hay que llegar a ser capaz de conocer lo que es verdad y lo que es mentira, ante todo en sí mismo. Pero esto es lo que nadie quiere saber.”

* Titulo de una obra de Ouspensky (Ed. inglesa 1922).

* * *

 Las conversaciones con G. y el giro imprevisto que le daba a cada idea me interesaban cada día más; pero tenía que irme a San Petersburgo.

P. D. OUSPENSKY

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FRAGMENTOS DE UNA ENSEÑANZA DESCONOCIDA   (parte 4ª)

AVICENA (Eben Sina) (978-1037 d.C.)

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Mi alma es mi consejera y me ha enseñado a escuchar las voces que no han sido creadas por lenguas ni pronunciadas por gargantas. Antes de que mi alma fuera mi consejera, yo era indolente y pobre de oídos, y sólo meditaba sobre el tumulto y el llanto. Pero ahora puedo escuchar el silencio con serenidad y oír en el silencio los himnos de los siglos ensalzando al cielo y revelándole los secretos de la eternidad.

 

AVICENA (Eben Sina) ( 978-1037 d.C.) 

ALMA GEMELA

Y dime mi alma gemela, ahora que te encontré

Donde estuviste antaño, cuando tanto te busqué

Mi alma te surcaba, y sin embargo tú no estabas

Gritó tu nombre sin conocerlo, pues el alma escucha al anhelo

Fue tanta su desesperación que acabó en confusión

Equivocando tu alma con otra y sufriendo el desamor

Ay alma gemela que tanto te busqué

No me dejes, no me olvides, no te vayas jamás o mi perdición hallarás

Mi sueño pertenece a tu sueño y no quiero despertar

Mis sentimientos convertidos en lazo anudados a ti están

Ay alma gemela ya nada nos separará pues este lazo es eterno y lo eterno eternidad

//

 

Avicenna

Entre los filósofos y poetas antiguos no hay ninguno que esté más cerca de mi ideología y de mi modo de pensar — de mis principios y afinidades espirituales— que Avicena, en su poesía sobre el alma.

En esta divina y maravillosa poesía, recorrió Avicena (el Sheik Arraes) las regiones más remotas para captar los pensamientos más elevados que mente humana haya conseguido concebir. En ese poema vibran los supremos anhelos de una imaginación fecunda y surgen concepciones luminosas alumbradas por la luz del Conocimiento.

En él surcan el mundo de la Psiquis invocaciones impregnadas de esperanzas; y maravillan las intuiciones y la contemplación que sólo provienen del pensar profundo y de las largas horas de ensimismamiento y experimentación.

Su misma poesía es una prueba evidente de que el Saber es la Vida de la Mente, que la conduce gradualmente desde las experiencias operatorias y empíricas hasta las deducciones filosóficas, y desde éstas al sentir espiritual y luego a Dios. En autores europeos como Schiller, Shakespeare, Goethe, etcétera, vemos la influencia de este poema. Este privilegio le coloca a Avicena en un lugar superior a los hombres de su época y a los de tiempos posteriores.

Su poesía sobre el alma fue la más noble que sobre tema de tanta magnitud y trascendencia filosóficas se ha escrito.

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MUY INTERESANTE: El Médico: El regreso del sabio Avicena

Ibn Sina

¿Pueden los Maestros ser Egoístas?

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Es evidente que, tan pronto como el sentido más leve de egoísmo trata de imponerse, la visión del sentido espiritual, que es la única percepción del Mahatma, se opaca y él pierde el “poder” que sólo el “conocimiento” abstracto puede entregar.

En varios escritos sobre temas ocultos, se encuentra la declaración que el altruismo es una condición imprescindible para tener éxito en ocultismo o podríamos decir, de forma más correcta, que el desarrollo de un sentimiento altruista es, en sí, la disciplina primaria que conlleva “el conocimiento que es poder”, como accesorio necesario. Por lo tanto, el ocultista no trabaja para el “conocimiento” comúnmente entendido, sino que le llega por haber descorrido el velo que ocultaba el verdadero saber de su vista. La base del conocimiento existe por dondequiera, dado que el mundo fenoménico proporciona o mejor dicho, abunda con hechos, cuyas causas deben descubrirse. Nosotros vemos sólo los efectos en el mundo fenoménico; ya que cada causa en ese mundo es, en sí, el efecto de alguna otra causa y así sucesivamente. Entonces, el verdadero conocimiento consiste en penetrar en la raíz de todos los fenómenos, llegando así, a una correcta comprensión de la causa primaria, la “raíz sin raíz”, que, en su turno, no es un efecto.

A fin de percibir algo correctamente, se pueden usar sólo esos sentidos o instrumentos que corresponden con la naturaleza de dicho objeto. Por lo tanto: para comprender al nóumeno, se necesita un sentido nouménico; mientras los fenómenos transitorios son perceptibles mediante los sentidos que corresponden con la naturaleza de tales fenómenos. La Filosofía Oculta nos enseña que la única Realidad eterna es el séptimo principio, mientras los restantes, perteneciendo al impermanente “mundo de las formas”, son ilusorios en el sentido que son transitorios. El radio de acción de ellos se limita al mundo fenoménico, conocible mediante los sentidos correspondientes con la naturaleza de esos seis principios. Quedará claro que sólo el séptimo sentido, que pertenece al mundo nouménico, es capaz de comprender a la Realidad Abstracta que está en la base de todos los fenómenos. Como este séptimo principio es omnipenetrante, existe potencialmente en todos nosotros y aquél que quiere llegar al verdadero saber, debe desarrollar este sentido en sí o mejor dicho: debe descorrer los velos que le ocultan su manifestación. Todo sentido de personalidad se circunscribe sólo a estos seis principios inferiores, los cuales se relacionan, únicamente, con el “mundo de las formas.” Por lo tanto, el verdadero “conocimiento” es obtenible sólo desgarrando todas las cortinas de Maya que el sentido de personalidad interpuso ante el Atma impersonal.

Sólo en esa personalidad se centra el egoísmo o mejor dicho: el egoísmo crea la personalidad y viceversa; ya que ambos actúan y repercuten mutuamente. El egoísmo es ese sentimiento que busca la exaltación de la propia personalidad egoísta, excluyendo a los demás. Por lo tanto: si el egoísmo nos limita en personalidades estrechas, es imposible alcanzar el conocimiento absoluto sin haberse liberado del egoísmo. Sin embargo, mientras que vivimos en este mundo fenoménico, no podemos estar completamente exentos de algún sentido personal, a pesar de lo elevado que ese sentimiento pueda ser, es decir: que no deba quedar ningún sentimiento de exaltación o ambición personales. Nuestra constitución y estado evolutivo nos colocan en el “Mundo de la Relatividad”; pero cuando discernamos que la impersonalidad y la no-dualidad es el fin último de la evolución cósmica, deberemos esforzarnos para trabajar con la Naturaleza, sin oponernos a su impulso inherente, que al final debe imponerse. Antagonizarlo implica el sufrimiento; ya que una fuerza más débil en su egoísmo, trata de oponerse a una ley universal.

Todo lo que el ocultista hace, es acelerar este proceso, permitiendo a su Voluntad actuar al unísono con la Voluntad Cósmica o la Mente del Demiurgo. Esto es factible mediante el control exitoso del conato vano de la personalidad de imponerse, contrastando la Voluntad Cósmica. Dado que el Mahatma es simplemente un ocultista adelantado, que hasta la fecha ha controlado su “yo” inferior, avasallándolo, de forma más o menos completa, al impulso Cósmico, en la naturaleza de las cosas le es imposible actuar egoístamente. Tan pronto como deja que el “yo personal” se imponga, cesa de ser un Mahatma.

Por lo tanto: los que, aún enmarañados en la madeja de los sentidos engañadores de la personalidad, acusan a los Mahatmas de ser “egoístas” por detener el “conocimiento”, no saben de lo que están hablando. La Ley de evolución Cósmica opera constantemente para alcanzar su propósito de la unidad última y para transportar el plano fenoménico en el nouménico; además: los Mahatmas, que están en relación con tal plano, dan su asistencia para que dicho propósito se realice. Entonces, ellos son los que saben muy bien cuál conocimiento es mejor para la humanidad en un particular estado de su evolución y nadie más es competente para juzgar este asunto; ya que sólo ellos tienen el conocimiento básico para poder determinar el curso correcto y ejercer el discernimiento adecuado.

Luego, cuando nosotros, que aun estamos luchando en la telaraña de los sentidos ilusorios, queremos dictar cuál conocimiento los Mahatmas deberían impartirnos y cómo deberían actuar, es como si un chamaco de la calle presumiera enseñar la ciencia al profesor Huxley o la política a Gladstone.

Es evidente que, tan pronto como el sentido más leve de egoísmo trata de imponerse, la visión del sentido espiritual, que es la única percepción del Mahatma, se opaca y él pierde el “poder” que sólo el “conocimiento” abstracto puede entregar.

Por eso hay que ejercer un control constante de la “Voluntad” para prevenir que nuestra naturaleza inferior aflore, como acontece en nuestro estado actual no desarrollado. Por lo tanto, la condición esencial con que el estudiante debe empezar, es un extremo esfuerzo activo y no la pasividad. En primer lugar: su actividad se dirigirá a tener en jaque a la influencia antagónica del “yo inferior”; una vez realizado esto, su Voluntad libre de fluir y centrada en su “yo” superior (real), sigue trabajando de forma muy eficiente y activa al unísono con la ideación cósmica en la “Mente Divina.”

Blavatsky_03Helena Blavatsky

Nota:

La realidad (mundo nouménico) y la percepción que tenemos de ella (mundo fenoménico)
Decía Kant: el pensamiento no conoce las cosas tal como son, pues “las cosas en sí” no se pueden conocer, lo que se conoce es “las cosas en mí” o fenómeno, en oposición al noúmeno o “cosa en sí”. Por citar un ejemplo muy sencillo, la realidad es que la luz posee más de 7 colores, (ese es el noúmeno) pero nuestros ojos solo perciben los 7 colores del arcoíris -ese es el fenómeno o cosas capaces de ser detectadas por los sentidos-.

Nouménico significa percibido por la mente y el rasgo característico de las cosas pertenecientes al mundo nouménico es el hecho de que no pueden percibirse por el mismo método que las cosas del mundo fenoménico. Podemos especular acerca de la existencia de las cosas del mundo nouménico, podemos hallarlas por medio de deducciones mentales, podemos descubrirlas por analogía, podemos sentirlas, entrar en alguna suerte de comunión con ellas –pero no podemos verlas, oírlas, tocarlas, pesarlas o medirlas, no podemos fotografiarlas ni resolverlas en elementos químicos o en una cantidad de vibraciones–.

Helena Petrovna Blavatsky en TVE2