Los tres miedos: El tercer miedo es el miedo a la muerte

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Pregunta: Al trabajar terapéuticamente con gente, observo que hay tres grandes miedos que siempre surgen: El miedo a volverse loco, el miedo a dejarse llevar en el orgasmo sexual y el miedo a la muerte. ¿Puedes comentar algo al respecto?

El tercer miedo del que hablas es el miedo a la muerte. El primero era el miedo a estar solo. La mayor parte del miedo a la muerte se destruirá ante la primera experiencia de estar solo y sin miedo. Otra gran parte del miedo a la muerte desaparecerá con la experiencia del orgasmo, porque durante el orgasmo la persona desaparece. Su identidad es inexistente. Hay una experiencia pero no hay “nadie” que la experimente.

Los primeros dos pasos facilitarán mucho el tercero. Y con cada paso tienes que ir profundizando en tu meditación. La terapia sin meditación no puede ayudar mucho. Sin meditación la terapia es simplemente superficial, un toque aquí y allá, y pronto el hombre será de nuevo el mismo. Una verdadera transformación no ha ocurrido nunca sin meditación y las situaciones originadas por la terapia son enormemente valiosas en lo que a la meditación se refiere.

Luego primero, utiliza la terapia para hacerle sentirse solo. Segundo, utiliza la meditación para darle el coraje para abandonar todo pensamiento y volcarse totalmente en el orgasmo. Sin preocuparse de lo que ocurra. Estas aquí para apoyarle. Tras estos dos pasos el tercero será muy fácil. Es el más fácil. Parece el mayor miedo del hombre. Pero no es verdad. No conoces la muerte; ¿Cómo puedes entonces tener miedo de ella? Siempre has estado viendo otras personas morir. Nunca te has visto a ti mismo muriendo. Quien sabe, quizás seas la excepción, porque no hay ninguna prueba de que vayas a morir. Los que han muerto han demostrado que eran mortales.

Cuando estaba en la universidad, aprendiendo “lógica” de mi profesor, en cada libro, en cada universidad alrededor del mundo, se enseña el mismo silogismo aristoteliano. El hombre es mortal. Sócrates es un hombre. Luego Sócrates es mortal. Y cuando me enseñaron ese silogismo por primera vez, me puse de pie y dije, “Un momento. Quizás yo sea la excepción. Hasta ahora he sido una excepción. ¿Por qué no también mañana? Sobre Sócrates acepto que el silogismo es cierto porque él está muerto, ¿Pero y yo?, ¿Y tú?, ¿Y toda esta gente que está viviendo? Ellos no han muerto todavía”.

Tu experiencia de la muerte ―de gente muriendo en la miseria, con sufrimiento, con disgusto, con todo tipo de dolores― es lo que origina tu miedo. Porque nadie ha conocido la muerte de un hombre iluminado, con qué belleza muere, con qué éxtasis!. El momento de su muerte es de una luminosidad tremenda, de un silencio… como si su éxtasis irradiase de cada poro de su ser. Aquellos que están cerca de él, aquellos que han tenido la fortuna de estar cerca de él, se sorprenderán de ver que la muerte es mucho más gloriosa que la vida.

Pero este tipo de muerte ocurre solo a aquellos que han vivido totalmente, sin miedo, a aquellos que han vivido con éxtasis, sin preocuparse de que dicen los idiotas sobre la muerte. No la han conocido y continúan hablando acerca de ella.

El miedo a la muerte será el más fácil de los tres. Tienes que resolver los dos primeros, y entonces hacer ver a la persona que la muerte no es el final de la vida. Si meditas profundamente y alcanzas tu centro más profundo, de repente encontrarás una corriente de vida eterna. Tus cuerpos… has tenido muchos. Tu ser ha adoptado muchas formas diferentes, pero tú continúas siendo el mismo. Pero no ha de ser una creencia ―Tiene que ser tu propia experiencia.

Luego recuerda una cosa: tus grupos de terapia no deben ser como la terapia ordinaria ―simplemente alguien haciendo un lavado de cerebro a un hombre y haciéndole sentir que ha aprendido algo, el hombre experimenta algo y dos semanas después es otra vez el mismo. No hay una sola persona en el mundo que haya sido totalmente curada con psicoanálisis. Y hay miles de psicoanalistas haciendo psicoanálisis, y ni una sola persona en el mundo que haya sido curada. No existe un solo caso que hayan podido resolver todavía, por la sencilla razón de que no conocen la meditación. Y sin meditación puedes continuar pintando la superficie, pero la realidad interior permanece igual.

Mis terapeutas han de introducir la meditación como centro de su terapia, y todo lo demás debe girar alrededor de ella. Entonces la terapia será realmente valiosa. Entonces será necesaria no sólo para aquellos que están enfermos, o desequilibrados mentalmente, o para aquellos que sienten miedo, celos, o violentos. Esta es solo la parte negativa de la terapia.

Nuestra terapia servirá para devolver a la persona su individualidad. Le devolverá su niñez, su inocencia. Esto le dará integridad, cristalización, luego nunca tendrá miedo a la muerte. Y una vez que el miedo a la muerte desaparece, los otros miedos son muy pequeños y caerán por si solos, desaparecerán.

Tenemos que enseñar a la gente como vivir totalmente, íntegramente, contra todas las enseñanzas de las religiones. Las religiones enseñan renuncia. Nosotros enseñamos alegría, celebración.

Los tres miedos  – III –

OSHO

OSHO

 Y sin meditación puedes continuar pintando la superficie, pero la realidad interior permanece igual.

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Krishnamurti – Me gustaría saber lo que piensa de la muerte

¿MIEDO A LA MUERTE?

¿Por qué teme usted a la muerte? ¿Será, acaso, porque no sabe cómo vivir? Si supiera cómo vivir con plenitud, ¿tendría miedo de morir? Si amara los árboles, la puesta del sol, la hoja que cae, si amara a los pájaros; si estuviera atento a los hombres y mujeres que lloran, a los pobres, y si de veras sintiera amor en su corazón, ¿temería a la muerte? ¿Le temería? No se deje persuadir por mí; reflexionemos juntos sobre ello. Usted no vive con alegría, no es feliz, no es vitalmente sensible a las cosas; ¿por esa razón pregunta qué va a ocurrir cuando muera? La vida es para usted dolor y, por eso, está mucho más interesado en la muerte. Siente que tal vez habrá más felicidad después de la muerte. Pero ése es un problema tremendo, y yo no sé si usted desea investigarlo. Al fin y al cabo, en el fondo de todo esto está el miedo: miedo de vivir, miedo de morir, miedo de sufrir. Si usted no puede comprender qué es lo que da origen al miedo, y así se libera de ello, entonces no importa mucho si está vivo o muerto.

Yanni – Until The Last Moment – Violin Duet – Samvel Yervinyan -

Los tres miedos: El segundo miedo es el orgasmo sexual

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Pregunta: Al trabajar terapéuticamente con gente, observo que hay tres grandes miedos que siempre surgen: El miedo a volverse loco, el miedo a dejarse llevar en el orgasmo sexual y el miedo a la muerte. ¿Puedes comentar algo al respecto?

El segundo miedo es el orgasmo sexual. Este miedo es también un producto de la religión. Todas las religiones existen porque han enfrentado al hombre con sus energías propias. El sexo contiene toda la energía del hombre, su energía vital; los profetas, los Mesías, los mensajeros de Dios, todos ellos están haciendo el mismo trabajo con diferentes palabras, con lenguajes diferentes, pero su trabajo es el mismo…hacer al hombre enemigo de sí mismo.

Y la estrategia básica es… ―como el sexo es tu energía más poderosa ― debe ser condenado, se debe crear en él un sentimiento de culpabilidad. Esto crea un problema al individuo. Su naturaleza es sensual, sexual, y su mente está llena de basura sobre él. Así está dividido. Ni puede abandonar la mente, porque abandonar la mente significa abandonar su sociedad, su religión, sus profetas, su Dios, abandonarlo todo. Y solo será capaz de abandonar todo esto cuando se convierta en un individuo y sea capaz de estar solo y sin miedo.

Luego el hombre tiene miedo del sexo, en lo que se refiere a su mente, pero su naturaleza no tiene nada que ver con la mente. No hay comunicación. La biología tiene sus propias reglas de funcionamiento, luego la biología le empujará al sexo y su mente estará allí presente condenándole continuamente. Luego hará el amor, pero lo hará con prisa. Esta prisa tiene una razón psicológica. Su prisa representa su sentimiento de culpabilidad. Siente que está actuando en contra de Dios, en contra de la religión. Se siente culpable y no sabe cómo evitarlo, luego su compromiso interno es: hazlo, pero de forma rápida. Esto evita el orgasmo.

Ahora, hay implicaciones y sobre implicaciones. Un hombre que no ha conocido el orgasmo se siente insatisfecho, frustrado, lleno de ira, porque nunca ha experimentado un estado que la naturaleza le ofrece gratuitamente, un estado en el que relajarse totalmente y hacerse uno con la existencia, al menos por unos momentos.

Con esta aceleración no puede llegar al orgasmo…  Sexo y eyaculación se han hecho equivalentes. Esto no es cierto en lo que a la naturaleza se refiere. La eyaculación es solo una parte, que puede ocurrir sin orgasmo. La biología no está interesada en tu orgasmo sino en que seas capaz de producir niños. Tu biología está satisfecha si te reproduces, y para la reproducción sólo la eyaculación es necesaria, no así el orgasmo.

El orgasmo es un precioso regalo de la naturaleza. El hombre ha sido privado de él y con su prisa a privado también a la mujer. La mujer necesita tiempo para excitarse. Todo su cuerpo es erótico y al no ser que todo su cuerpo esté temblando de placer, no será capaz de experimentar el orgasmo. No hay tiempo para que se produzca.

Durante millones de años los derechos de las mujeres han sido ignorados. Es por esto que se han vuelto tan rencorosas, discutiendo continuamente, siempre listas para pelear. Es prácticamente imposible mantener una conversación con una mujer. Llevas años viviendo con una mujer y no recuerdas una sola conversación en la que estuvierais los dos sentados tranquilamente, hablando de las cosas bellas de la vida. No. Todo lo que recuerdas son peleas, discusiones, objetos por los aires… pero no se puede hacer a la mujer responsable de ello. Al ser privada de toda su capacidad de éxtasis; se ha vuelto negativa. Y esto ha dado una oportunidad a los sacerdotes. Todos los templos, todas las iglesias están llenas de mujeres porque ellas son las perdedoras, mucho más que los hombres. Porque a medida que el orgasmo del hombre se hace más local; el resto de su cuerpo deja de ser erótico. Luego su cuerpo no sufre si no se produce una experiencia orgásmica, pero el cuerpo de la mujer sí que sufre con ello. sensual

Pero es un buen negocio para las religiones. La gente no iría a la iglesia si no sufriera psicológicamente. No escucharían todo tipo de teologías idiotas. Solo porque están sufriendo, necesitan consolación, quieren tener alguna esperanza, al menos después de la muerte. En esta vida saben que no hay esperanza; es imposible. Y esto da a las religiones la oportunidad de mostrar al hombre y a la mujer que el sexo es inútil. No tiene significado, no tiene razón de ser. Estás innecesariamente malgastando tu energía y su argumento parece correcto, pues nunca lo has experimentado totalmente.

Luego evitando la experiencia del orgasmo, las religiones han esclavizado al hombre y a la mujer. Hoy día la misma esclavitud apoya otro tipo de intereses creados. El sacerdote más actual es el psicoanalista. Ahora él utiliza la misma herramienta. Y me sorprendió saber que todos los nuevos sacerdotes, especialmente los cristianos, estudiaban psicología en sus seminarios. La psicología y el psicoanálisis se han convertido en una parte necesaria de su educación. Ahora, ¿Qué tiene que ver la psicología con la Biblia? ¿Qué tiene que ver el psicoanálisis con Jesucristo? Se están formando como psicólogos y psicoanalistas, porque es obvio que la figura del sacerdote está desapareciendo, está perdiendo su poder sobre la gente. La figura del sacerdote tiene que ser actualizada, luego puede operar no solo como un guía religioso, sino también como un psicólogo, un psicoanalista. Naturalmente un psicólogo normal y corriente no es tan completo. Él tiene algo más que ofrecer: la religión.

Y todo esto ha ocurrido por un simple mecanismo de condenar el sexo. Luego cuando en tus grupos encuentres gente con miedo al orgasmo, ayúdales a entender que el orgasmo les va a hacer más sanos, más inteligentes, menos iracundos, menos agresivos, más amorosos. El orgasmo te va a devolver las raíces que te han sido arrancadas. Luego no te preocupes. Y quizás sientas en el orgasmo el miedo a volverte loco. Si en el orgasmo alguien se vuelve loco, ayúdale a volverse loco. Solo entonces será capaz de experimentarlo en su totalidad. Y el orgasmo relaja cada célula de tu cuerpo, tu mente, tu corazón.

Es muy importante para la meditación que la persona tenga la experiencia del orgasmo. Entonces puedes hacerle entender lo que es la meditación. Una experiencia orgásmica con la existencia. Si el orgasmo puede ser tan bello y tan beneficioso, tan saludable, al fundirte con un solo ser humano… La meditación es fundirte con todo lo que te rodea, desde la más pequeña brizna de hierba hasta la estrella más lejana.

Una vez que experimentas…esto…la raíz está en experimentarlo por primera vez. Una vez que lo sabes, que sabes que lo que creías locura no es locura, sino una especie de explosión de éxtasis y que, cuando pasa te deja más sano, más entero, más inteligente, entonces el miedo al orgasmo desaparecerá. Y con él su necesidad de religión, de psicoanálisis y demás tonterías por las que pagas enormes cantidades de dinero.

Los tres miedos   ( 2º )

OSHO

OSHO

 La biología no está interesada en tu orgasmo sino en que seas capaz de producir niños.

Yanni – Our Days Live 2009 HD

 

 

 

Los tres miedos: El miedo a volverse loco, el miedo a dejarse llevar en el orgasmo sexual y el miedo a la muerte

 

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Pregunta: Al trabajar terapéuticamente con gente, observo que hay tres grandes miedos que siempre surgen: El miedo a volverse loco, el miedo a dejarse llevar en el orgasmo sexual y el miedo a la muerte. ¿Puedes comentar algo al respecto?

Esta es una pregunta existencial. La humanidad ha vivido miles de años con estos tres miedos. No son miedos personales sino sociales. Provienen de la inconsciencia colectiva.

El miedo a volverse loco existe en cada individuo por el simple hecho de que no se le ha permitido desarrollar su inteligencia. La Inteligencia es peligrosa para los intereses creados. Luego durante miles de años se han cortado las raíces de la inteligencia.

En Japón existe un tipo de árbol que se considera una obra de arte; y es simplemente un asesinato. Estos árboles tienen cuatrocientos, quinientos años de vida y doce centímetros de altura. Generaciones de jardineros han estado ocupándose de ellos. La técnica consiste en poner los árboles en una maceta sin fondo, de forma que puedan cortar continuamente sus raíces. No permiten que sus raíces lleguen a la Tierra. Y si no permites que las raíces profundicen en la Tierra, el árbol simplemente envejece, no crece. Es un fenómeno extraño el mirar este árbol. Parece muy viejo, pero solo ha envejecido, está viejo, pero no ha crecido, no se ha desarrollado. Nunca ha florecido, nunca ha dado fruto.

Esta es exactamente la situación del hombre. Sus raíces han sido cortadas. El hombre vive por encima de sus raíces; de esta forma se hace dependiente de la sociedad, de la cultura, de la religión, del estado, de los padres, de todo el mundo. Es dependiente. No tiene raíces. En el momento que se da cuenta de que no tiene raíces, siente que se está volviendo loco. Pierde todo apoyo, cae en un agujero negro… porque su conocimiento es prestado, no es suyo propio. Su respetabilidad es prestada. Por sí mismo no tiene respeto por su ser. Su personalidad es un producto prestado de alguna fuente social…la universidad, la iglesia, el estado. No tiene nada propiamente suyo.

Imagina un hombre que vive en un gran palacio con todo tipo de lujos. De pronto un día le haces ver que ni el palacio ni ninguno de sus lujos le pertenecen. Todo ello pertenece a alguien que va a regresar muy pronto y por tanto tú has de marcharte. Este hombre se volverá loco.

En terapias profundas llegarás a este punto y la persona tendrá que enfrentarse a ello y dejar que ocurra. Tendrá que experimentar la locura. Permite en tu terapia que la persona se vuelva loca. Una vez que se haya vuelto loca se desprenderá del miedo. Así experimentará lo que significa la locura, vivirá una experiencia real. El miedo es siempre desconocido, no es real. Deja que se vuelva loca, pronto se calmará, porque el miedo no tiene ninguna base. Es una ilusión proyectada por la sociedad.

Los padres amenazan a sus hijos con que si no siguen sus directrices, si les desobedeces, serás condenado. El Dios Judío dice: “Soy un Dios muy celoso, un Dios lleno de ira. Recuerda que no soy gentil, no soy condescendiente.” Todas las religiones siguen este criterio.

Si sales del camino que sigue la masa, te llamarán loco. Luego todo el mundo continua dependiendo de la multitud, continúan apoyando religiones, iglesias, partidos políticos, naciones, razas… El individuo tiene miedo de estar solo, y es esto precisamente a lo que le estás enfrentando cuando le llevas a las profundidades de su interior. Todos sus puntos de referencia, toda esa muchedumbre desaparece. Por primera vez se ve solo y no tiene nadie en quien apoyarse.

Su problema es…que no ha desarrollado su propia inteligencia. Y al menos que comience a desarrollar su propia inteligencia, siempre tendrá miedo de volverse loco. Y no solo esto, además la sociedad podrá volverle loco en cualquier momento. Si la sociedad quiere volverle loco, si le interesa que sea así, le volverán loco.

Por ejemplo, si en India una persona se comporta de forma incorrecta, le convierten en un “paria”, un descastado. Nadie en su ciudad le apoyará. La gente ni siquiera le dirigirá la palabra. Su propia familia le cerrará la puerta en sus narices. Este hombre está destinado a volverse loco. La sociedad le está volviendo loco.

De nada sirve que diga “Estoy perfectamente sano; ¿Por qué me ingresan en un hospital?” Ellos responden, “Porque los médicos piensan que vas a enfermar. Aunque no te des cuenta, tienes los primeros síntomas”. Y comienzan a inyectar químicos a la persona, hasta que al cabo de quince días le han vuelto loco. Le han vuelto loco con químicos. Y cuando está totalmente loco, entonces le llevan a juicio y demuestran que ese hombre está fuera de sí y que debe dejar su trabajo e ingresar en un manicomio. Y nadie sabe después que ocurre con estas personas.

Esto es controlar científicamente. Pero cada sociedad ha estado haciéndolo, y el miedo ha calado en lo más profundo de la inconsciencia. Y la labor de la terapia es liberar a la persona de este miedo. Si consigue liberarse del miedo, si se libera de la sociedad, si se libera de la cultura, de la religión, de dios, del cielo, del infierno y de todas estas tonterías, se liberará de su miedo. Todo esto toma significado ante su miedo, y es necesario generar miedo para que estas tonterías tomen significado. Es el crimen más horrible que puedas imaginar. Y le está ocurriendo a cada niño de este planeta en cada momento, y aquellos que lo están cometiendo no tienen mala intención; por el contrario, creen que lo están haciendo por el bien del niño. Fueron condicionados por sus padres y ahora trasfieren a sus hijos el mismo condicionamiento.

Pero básicamente toda la humanidad está al borde de la locura. En terapias profundas el miedo surge repentinamente, porque la persona pierde todos sus apoyos, todos sus puntos de referencia; la multitud se aleja más y más, él se queda solo. De repente se queda solo, hay oscuridad, y hay miedo. No ha sido entrenado, nadie le ha enseñado a estar solo y ésta es la función de la meditación. Ninguna terapia es completa sin meditación, porque solo la meditación puede devolver al hombre sus raíces, su fuerza, su individualidad. No hay nada que temer. Pero el condicionamiento es tan fuerte que sentirás miedo en cada paso, en cada momento.

La humanidad vive en paranoia. Esta humanidad podía haber vivido en el paraíso; está viviendo en el infierno. Luego ayuda a la persona a entender que no ha de preocuparse por nada, que no hay nada de lo que asustarse. Es un miedo artificial. Los niños nacen sin miedo. Son capaces de jugar con serpientes sin el más mínimo miedo. No conoce el miedo, no conoce la muerte, no sabe nada…La meditación trae de nuevo a la persona a su niñez. Es un renacer.

Luego ayuda a la persona a entender el porqué de este miedo. Hazle ver que es un fenómeno artificial impuesto en él. Dile “No te preocupes: en esta situación puedes volverte loco”. No tengas miedo. Disfruta… por primera vez estás en una situación en la que te puedes volver loco sin que nadie te condene por ello. Y el grupo tiene que respetar a la persona, amar a la persona…él lo necesita, esto le tranquilizará. Y saldrá del miedo con gran libertad, con fuerza, con integridad.

Tenemos que enseñar a la gente como vivir totalmente, íntegramente, contra todas las enseñanzas de las religiones. Las religiones enseñan renuncia. Nosotros enseñamos alegría, celebración.

OSHO

OSHO

 

 Los tres miedos  ( Iª )

Yanni – For All Seasons

Todo buscador sueña con un guía que sabe, sueña con él, pero rara vez se pregunta a sí mismo objetiva y sinceramente: ¿Merece él ser guiado?

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No cuente con tratar de regresar. Este experimento le puede costar muy caro. El guía se compromete sólo a llevarlo allá y si quiere regresar, él no está obligado a regresar con usted. Será abandonado a sí mismo, y desdichado aquel que se debilita u olvida el camino: nunca regresara. Y aún si recuerda el camino, siempre queda la pregunta: ¿regresará sano y salvo?

Cuanto más estudia el hombre los obstáculos y engaños que le esperan a cada paso en este terreno, más se convence que es imposible recorrer el camino del desarrollo de sí siguiendo las instrucciones casuales de gente encontrada por azar, o la case de información entresacada de la lectura y de las conversaciones fortuitas.

Al mismo tiempo, gradualmente ve con más claridad, primero un débil destello, y luego la clara luz de la verdad que ha iluminado a la humanidad a través de los siglos. Los principios de la iniciación se pierden en la obscuridad del tiempo, donde desaparece la larga cadena de épocas. Grandes culturas y civilizaciones se asoman, surgiendo veladamente de cultos y misterios, siempre cambiando, desapareciendo y reapareciendo. El Gran Conocimiento se transmite sucesivamente de época en época, de pueblo a pueblo, de raza a raza. Los grandes centros iniciáticos en la India, Asiria, Egipto y Grecia iluminan al mundo con brillante luz. Los venerados nombres de los grandes iniciados, los portadores vivientes de la verdad, son pasados reverentemente de generación en generación. La verdad se establece por medio de escritos simbólicos y leyendas y se transmite a las masas para su preservación, en forma de costumbres y ceremonias, en tradiciones orales, en monumentos conmemorativos, en el arte sagrado, a través de las cualidades invisibles de la danza, música, escultura y varios rituales. Se comunica abiertamente, después de una determinada prueba, a aquellos que buscan y se preserva por transmisión oral en la cadena de aquellos que saben.

Después de haber transcurrido cierto tiempo, los centros de iniciación mueren uno tras otro, y el antiguo conocimiento se va por canales subterráneos a las profundidades, escondiéndose a los ojos de los buscadores. Los poseedores de este conocimiento también se ocultan, tornándose desconocidos para aquellos que los rodean; sin embargo, no cesan de existir. De cuando en cuando corrientes aisladas se abren paso a la superficie, evidenciando que en algún lugar muy profundo en el interior, aun en nuestros días, fluye la poderosa corriente antigua del verdadero conocimiento del ser. El abrirse paso hacia esa corriente, el encontrarla, es la tarea y la meta de la búsqueda; porque al haberla encontrado un hombre puede entregarse osadamente al camino por el cual tiene la intención de ir: entonces sólo resta “saber‛’ para llegar a ‛’ser‛’ y poder “hacer‛’. En este camino un hombre no estará enteramente solo; en momentos difíciles recibirá apoyo y guía, porque todos los que siguen este camino están conectados por una cadena ininterrumpida.

Posiblemente el único resultado positivo de todo este deambular en los sinuosos senderos y pistas de la investigación oculta, será que, si un hombre preserva la capacidad de un juicio y pensamiento sanos, desarrollará esa capacidad especial de discriminación que puede llamarse olfato. Descartará los caminos de la psicopatía y del error, y buscará persistentemente los caminos verdaderos. Y aquí, como en el conocimiento de sí, es aplicable el principio que ya he citado: “Para poder hacer, es necesario saber; pero para saber, es necesario encontrar cómo saber.‛’ A un hombre que está buscando con todo su ser, con todo el interior de sí mismo, le llega la indefectible convicción de que el descubrir cómo saber a fin de hacer, sólo le es posible encontrando un guía con experiencia y conocimiento, que lo tome bajo su custodia, convirtiéndose en su maestro. Y aquí es donde el olfato de un hombre es más importante que en cualquier otra parte. Escoge un guía para sí mismo. Por supuesto es condición indispensable que escoja como guía a un hombre que sabe, de otro modo se pierde todo el sentido de la elección. ¿Quién puede decir a dónde llevará a un hombre un guía que no sabe? 

Todo buscador sueña con un guía que sabe, sueña con él, pero rara vez se pregunta a sí mismo objetiva y sinceramente: ¿Merece él ser guiado? ¿Está preparado para seguir el camino?wallpaper-780271

Salga usted en una clara y estrellada noche a un lugar abierto y mire al cielo, a aquellos millones de mundos sobre su cabeza. Recuerde que quizás en cada uno de ellos hormiguean billones de seres semejantes o quizá superiores a usted en su Organización. Mire la Via Lactea. La Tierra ni siquiera puede ser llamada un grano de arena en este infinito. Se disuelve y desaparece, y con ella usted. ¿Dónde está usted? Y lo que usted quiere ¿no será simplemente locura? Ante todos esos mundos, pregúntese cuáles son sus metas y esperanzas, sus intenciones y medios para cumplirlas, cuáles serán las exigencias que le podrán hacer y cuál su preparación para enfrentarlas.

Un largo y difícil viaje está ante usted, se está preparando para un extraño y desconocido territorio. El camino es infinitamente largo. No sabe si será posible descansar en el camino ni dónde será posible. Debe estar preparado para lo peor. Lleve todo lo necesario para el viaje. Trate de no olvidar nada, porque después será demasiado tarde y no habrá tiempo para regresar por lo que se ha olvidado, para rectificar el error.

Mida su fuerza: ¿Es suficiente para todo el viaje? ¿Cuán pronto puede partir? Recuerde que si tarda más en el camino, necesitará llevar proporcionalmente más provisiones, y esto lo hará demorar más, tanto en el camino como en los preparativos. Sin embargo, cada minuto cuenta. Una vez que ha decidido ir, es inútil perder tiempo.

Sé una Luz para ti Mismo

No cuente con tratar de regresar. Este experimento le puede costar muy caro. El guía se compromete sólo a llevarlo allá y si quiere regresar, él no está obligado a regresar con usted. Será abandonado a sí mismo, y desdichado aquel que se debilita u olvida el camino: nunca regresara. Y aún si recuerda el camino, siempre queda la pregunta: ¿regresará sano y salvo? Porque hay muchas molestias que esperan al viajero solitario que no conoce el camino y las costumbres que ahí prevalecen. Tenga en cuenta que su vista tiene la facultad de presentar objetos distantes como si estuvieran cerca. Engañado por la cercanía de la meta, hacia la cual se esfuerza, cegado por su belleza e ignorante de la medida de su propia fuerza, no verá los obstáculos en el camino; no verá las numerosas zanjas que cruzan el camino. En una verde pradera cubierta de exuberantes flores, en el tupido pasto, se esconde un profundo precipicio. Es muy fácil tropezar y caer si sus ojos no están concentrados en el paso que está dando.

No olvide concentrar toda su atención en el sector más cercano del camino; no se preocupe por metas lejanas, sino quiere caer en el precipicio. Sin embargo, no olvide su meta. Recuérdela todo el tiempo y mantenga en sí mismo un activo empeño hacia ella, para no perder la dirección correcta.

Y una vez que haya empezado, sea vigilante; lo que ha pasado queda atrás y no reaparecerá; de modo que si deja de verlo en el momento preciso, nunca lo notará. No sea demasiado curioso ni pierda tiempo en Cosas que atraen su atención, pero que no la merecen. El tiempo es precioso, y no debería gastarse en cosas que no tienen relación directa con su meta.

Recuerde dónde está y porqué está aquí. No se proteja y recuerde que ningún esfuerzo se hace en vano.

Y ahora puede emprender el camino

G.I. GURDJIEFF

G.I. GURDJIEFF

PERSPECTIVAS DESDE EL MUNDO REAL (3ª)

¡Ven a la luz del paraíso!

   Infinitas playas de arena blanca. El desafío del viento. El sabor del mar.

         ***

   Y aquella noche, mientras caminaba por la arena mojada, rodeado de gaviotas, uno sintió una sensación extraordinaria de libertad abierta y la gran belleza del amor.

Mientras uno paseaba por la playa, las enormes olas rompían con una fuerza y unas curvas maravillosas. Uno caminaba contra el viento y de repente sentía que no había nada entre uno y el cielo, y que este espacio era sagrado. Estar del todo abierto, vulnerable a las montañas, al mar, y a las personas, es la esencia misma de la meditación. No tener resistencias, no tener barreras internas contra nada, ser realmente libre, estar completamente libre de todas las pequeñas demandas, de los impulsos, de las exigencias, con todo su conflicto e hipocresía, eso es caminar por la vida con los brazos abiertos. Y aquella noche, mientras caminaba por la arena mojada, rodeado de gaviotas, uno sintió una sensación extraordinaria de libertad abierta y la gran belleza del amor, el cual no estaba en uno ni fuera de uno, sino en todas partes. – Krishnamurti.

Además del conocimiento de sí, hay otro aspecto de la búsqueda: el desarrollo de sí. Veamos cómo andan las cosas por ahí

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Nuestra máquina pensante tiene capacidad para ser convencida de cualquier cosa, siempre y cuando sea influenciada repetida y persistentemente en la dirección requerida. Una cosa que puede parecer absurda al principio, al final llegará a racionalizarse, siempre y cuando se repita con suficiente frecuencia y convicción.

Una vez que un hombre ha empezado a conocerse, encuentra continuamente nuevas áreas de su mecanicidad -llamémoslo automatismo- dominios donde su voluntad, su “yo quiero”, no tiene poder, áreas no sujetas a él, tan confusas y sutiles que le es imposible encontrar su camino dentro de ellas sin la ayuda y la guía autoritaria de alguien que sabe. Brevemente, este es el estado de cosas en el campo del conocimiento de sí: para hacer, uno debe conocer; pero para conocer, uno debe descubrir como conocer. No podemos descubrir esto por nosotros mismos.

Además del conocimiento de sí, hay otro aspecto de la búsqueda: el desarrollo de sí. Veamos cómo andan las cosas por ahí. Es claro que un hombre abandonado a sus propios medios no puede exprimir de su dedo meñique el conocimiento de cómo desarrollarse y, aún menos, qué exactamente desarrollar en sí mismo. Gradualmente, al conocer a personas que están buscando, hablando con ellas y leyendo libros apropiados, un hombre es atraído hacia la esfera de preguntas concernientes al desarrollo de sí. ¿Pero qué puede encontrar aquí? Antes que nada un abismo del más imperdonable charlatanerismo, basado enteramente en la avidez de hacer dinero al engañar a gente crédula que está buscando una salida a su impotencia espiritual.

Pero antes que un hombre aprenda a separar el trigo de la cizaña, debe transcurrir un largo tiempo, y posiblemente el impulso mismo de encontrar la verdad, vacilará y se apagará en él, o se volverá mórbidamente pervertido y su embotado olfato lo puede conducir a tal laberinto que el camino de salida, figurativamente hablando, lo llevará directamente al diablo. Si un hombre logra salir de este primer pantano, puede caer en un nuevo cenagal de seudoconocimiento. En ese caso la verdad será presentada en una forma tan indigerible y vaga que producirá la impresión de un delirio patológico. Se le mostrará caminos y medios para desarrollar poderes y capacidades ocultas, las cuales se le promete, que si es persistente, le darán sin mucho esfuerzo poder y dominio sobre todas las cosas, incluyendo criaturas animadas, materia inerte y los elementos. Todos estos sistemas basados en una variedad de teorías, son extraordinariamente seductivos, sin duda precisamente por su vaguedad. Tienen una atracción particular para los semieducados, aquellos que son semi-instruidos en el conocimiento positivista.

En vista de que la mayoría de los asuntos estudiados desde el punto de vista de teorías esotéricas y ocultas, a menudo van más allá de los límites de datos accesibles a la ciencia moderna, muchas veces estas teorías los desprecian. Aunque por un lado le den a la ciencia positivista su mérito, por el otro minimizan su importancia y nos dejan la impresión de que la ciencia no es sólo un fracaso, sino algo aún peor.

¿Para qué sirve entonces ir a la universidad, estudiar y esforzarse con  libros de texto oficiales, si las teorías de esta clase lo capacitan a uno para despreciar todos los otros aprendizajes y para juzgar las cuestiones científicas?

Sin embargo hay una cosa importante que el estudio de tales teorías no da; no engendra objetividad en cuestiones de conocimiento, menos aún de lo que lo hace la ciencia. Efectivamente, tiende a embotar el cerebro del hombre y a disminuir su capacidad para razonar y pensar sanamente, llevándolo hacia la psicopatía. Este es el efecto de tales teorías en los semieducados que las toman como una auténtica revelación. Pero su efecto no es muy diferente en los científicos mismos, quienes podían haber sido afectados, aunque ligeramente, por el veneno del descontento con las cosas existentes.

Nuestra máquina pensante tiene capacidad para ser convencida de cualquier cosa, siempre y cuando sea influenciada repetida y persistentemente en la dirección requerida. Una cosa que puede parecer absurda al principio, al final llegará a racionalizarse, siempre y cuando se repita con suficiente frecuencia y convicción. Y así como un tipo de gente repetirá palabras hechas que se le han pegado en la mente, así un segundo tipo de gente encontrara pruebas intrincadas y paradojas para explicar lo que dice. Pero ambos son igualmente dignos de lástima. Todas estas teorías ofrecen aseveraciones que, como los dogmas, usualmente no pueden ser verificadas. O en cualquier caso no pueden ser verificadas por los medios a nuestro alcance.

Luego se sugieren métodos y caminos del desarrollo de sí que se dice lo llevan a uno a un estado en el cual sus aseveraciones pueden ser verificadas. En principio, no puede haber objeción a esto. Pero la práctica continua de estos métodos puede llevar al buscador demasiado apasionado a resultados altamente indeseables. Un hombre que acepta teorías ocultas, y se cree conocedor de esta esfera, no podrá resistir la tentación de poner en práctica el conocimiento de los métodos que ha adquirido en su investigación, esto es, pasará del conocimiento a la acción. Quizás actuara con circunspección, evitando los métodos que desde su punto de vista son riesgosos, y aplicando aquellos que son más confiables y auténticos; quizás observara con el mayor cuidado. A pesar de todo, la tentación de aplicarlos y la insistencia en la necesidad de hacerlo, así como el énfasis puesto en la naturaleza milagrosa de los resultados y el encubrimiento de sus lados oscuros, conducirá a un hombre a probarlos.

Quizás al probarlos un hombre encontrará métodos que son inofensivos para él. Quizás al aplicarlos hasta sacará algo de ellos. En general todos los métodos que se ofrecen para el desarrollo de sí -ya sea para verificación, o como un medio, o como un fin- a menudo son contradictorios e incomprensibles. Tratando como lo hacen con una máquina tan intrincada y poco conocida como es el organismo humano, y con ese lado de nuestra vida muy conectada con él que llamamos nuestra psique, la menor equivocación al llevarlos a cabo, el más mínimo error o exceso de presión, puede dar por resultado un daño irreparable a la máquina.

Es realmente una suerte si el hombre escapa más o menos indemne de ese cenagal. Desafortunadamente, un gran número de los que están dedicados al desarrollo de poderes y capacidades espirituales terminan su carrera en un manicomio o arruinan su salud y psique a tal grado que se convierten en completos inválidos, incapaces de adaptarse a la vida. Sus filas se engruesan con los que son atraídos por el seudoocultismo, debido a un anhelo por cualquier cosa milagrosa y misteriosa. Existen también esos individuos excepcionalmente faltos de voluntad, que son fracasos en la vida y que, tomando en cuenta sólo la ganancia personal, sueñan con desarrollar en ellos el poder y la habilidad de subyugar a otros. Y finalmente hay gente que está simplemente buscando variedad en la vida, modos de olvidarse de sus penas, tratando de encontrar distracción del aburrimiento de la diaria rutina y de escapar de los conflictos que acarrea. Cuando las esperanzas de adquirir las cualidades con las que contaban empiezan a menguar, es fácil para ellos caer en un charlatanismo intencional. Recuerdo un ejemplo clásico.

Cierto buscador de poderes psíquicos, un hombre de buena posición, muy leído, que había viajado mucho en busca de cualquier cosa milagrosa, terminó en bancarrota y al mismo tiempo se desilusionó de todas sus investigaciones. Al buscar otro medio de subsistencia, le vino la idea de hacer uso de su seudoconocimiento en el cual había gastado tanto dinero y energía. Puso manos a la obra. Escribió un libro, luciendo uno de esos títulos que adornan las cubiertas de los libros de ocultismo, algo así como Un Curso sobre el Desarrollo de las Fuerzas Ocultas en el Hombre. Este curso estaba dividido en siete conferencias y hacía las veces de una pequeña enciclopedia de métodos secretos para desarrollar magnetismo, hipnotismo, telepatía, clarividencia, clariaudiencia, escape hacia el reino astral, levitación, y otras seductoras capacidades. El curso fue bien anunciado y puesto en venta a un precio altísimo, aunque al final se ofrecía un descuento apreciable (hasta del 95 %) a los clientes más persistentes y parsimoniosos, a condición de que lo recomendarán a sus amigos. Debido al interés general en tales terrenos, el éxito del curso excedió todas las esperanzas de su compilador. Pronto empezó a recibir cartas de compradores en tonos entusiastas, reverentes y deferentes, dirigiéndose a él como ‛’querido maestro” y “sabio mentor”, y expresando la más profunda gratitud por la maravillosa exposición y la muy valiosa instrucción que les dio la posibilidad de desarrollar varias capacidades ocultas en un tiempo notoriamente corto. Estas cartas formaron una considerable colección, y cada una de ellas lo sorprendía, hasta que por fin llegó una carta informándole que con la ayuda de su curso, alguien en menos de un mes habla sido capaz de levitar. Esto desde luego desbordó la copa de su asombro. Esas son literalmente sus palabras: “Estoy asombrado del absurdo de las cosas que suceden. Yo escribí el curso, no tengo una idea muy clara de la naturaleza de los fenómenos que estoy enseñando. Sin embargo, estos idiotas no sólo encuentran cómo manejarse en este galimatías, sino que aun aprenden algo de él, y ahora un superidiota hasta aprendió a volar. Esto es por supuesto pura tontería. Se puede ir al diablo… Pronto le pondrán camisa de fuerza. Es lo que se merece. Estamos mucho mejor sin tales tontos.”

“¿Por qué esta extraña capacidad?” pueden preguntar. La razón es muy simple. Como ya he dicho, no tenemos conocimiento propio, esto es, conocimiento dado por la vida misma, que no se nos pueda quitar. Todo nuestro conocimiento que es mera información, puede ser valioso o sin valor. Al absorberlo como una esponja, fácilmente podemos repetirlo y hablar acerca de él lógica y convincentemente, aun cuando no comprendamos nada de ello.

Nos es igualmente fácil perderlo porque no es nuestro, sino que ha sido vertido dentro de nosotros como un líquido en un recipiente. Migajas de verdad están esparcidas por doquier; y aquellos que saben y comprenden pueden ver y maravillarse de cuán cerca de la verdad vive la gente y, sin embargo, cuán ciega está y cuán impotente es para penetrarla. Pero al buscarla, es mucho mejor no aventurarse en absoluto en los oscuros laberintos de la estupidez e ignorancia humanas que ir ahí solo. Porque sin la guía y las explicaciones de alguien que sabe, un hombre, sin percatarse, puede sufrir una lesión, una dislocación de su máquina, a cada paso que da, después de lo cual tendría que gastar en su reparación mucho más de lo que gastó en dañarla.

Podría citar cientos de ejemplos de búsquedas mal dirigidas y de a dónde conducen. Podría darles los nombres de personas muy conocidas en la vida pública que han quedado trastornadas por el ocultismo y que viven entre nosotros y nos asombran por sus excentricidades. Les podría señalar el método exacto que causó su trastorno, en que ámbito “trabajaron‛’ y se ‛’desarrollaron’‛, y cómo éstos afectaron su constitución psicológica y por qué. Pero esta cuestión podría ser tema de una conversación larga y separada, así que por falta de tiempo, no voy a permitirme tratarla ahora.

PERSPECTIVAS DESDE EL MUNDO REAL (2º)

Mahler: Symphony No. 5 / Gergiev · World Orchestra for Peace

G.I. GURDJIEFF

G.I. GURDJIEFF

¿No es extraño que la gente preste tan poca atención a sí misma con referencia al conocimiento de si? ¿No es extraña la complacencia obtusa con que cierran sus ojos a lo que realmente son?

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¿Que podría darle al hombre la posibilidad de emplear el tiempo ventajosamente en su búsqueda, sino la libertad de toda clase de apego?

Pregúntense: ¿son libres? Muchos se inclinan a contestar “sí “ si están relativamente seguros en un sentido material y no tienen que inquietarse acerca del mañana; si no dependen de nadie para la subsistencia o para la elección de las condiciones de vida. Pero ¿es esto libertad? ¿Se trata sólo de condiciones exteriores? …

Al hablar sobre diferentes temas, he notado lo difícil que es el transmitir, aunque sea a una persona bien conocida, la comprensión que se tiene hasta del tema más ordinario. Nuestro idioma es demasiado pobre para descripciones completas y exactas. Más tarde, encontré que esta falta de comprensión entre un hombre y otro es un fenómeno matemáticamente ordenado, tan preciso como las tablas de multiplicar. En general, depende de la así llamada “psique” de la gente de que se trata y, en particular, del estado de su psique en un momento dado.

La verdad de esta ley puede verificarse a cada paso. Para ser comprendido por un hombre, no sólo es necesario para el que habla saber cómo hablar, sino también para el que escucha saber cómo escuchar. Y es por esto que puedo decir que si yo hablara del modo que considero exacto, todos aquí, con muy pocas excepciones, pensarían que estoy loco. Pero como ahora tengo que hablar para mi auditorio tal cual es, y mi auditorio tendrá que escucharme, primero debemos establecer la posibilidad de un entendimiento común. Mientras hablamos, debemos señalar gradualmente los hitos de una conversación productiva. Todo lo que quiero sugerir en este momento es que traten de mirar los fenómenos y cosas que les rodean, especialmente a ustedes mismos desde un punto de vista, desde un ángulo, que puede ser diferente a lo que es usual o natural para ustedes. Sólo mirar, porque el hacer más sólo es posible con el deseo y la cooperación del que escucha, cuando el que escucha deja de escuchar pasivamente y empieza a hacer, es decir, cuando se mueve hacia un estado activo.

Muy a menudo, al conversar con la gente, se oye la opinión directa o implícita de que al hombre, tal como lo encontramos en la vida ordinaria, se lo podrá considerar casi el centro del universo, el ‘‛ápice de la creación” o, en cualquier caso, una entidad grande e importante, cuyas posibilidades son casi ilimitadas, sus poderes casi infinitos. Pero aun con tales puntos de vista hay ciertas reservas: dicen que para esto se necesitan condiciones excepcionales, circunstancias especiales, inspiración, revelación, etc. Sin embargo, si examinamos esta concepción del “hombre”, vemos de inmediato que está formada por características que pertenecen no a un hombre, sino a varios individuos conocidos o supuestamente diferentes. En la vida real, nunca encontramos a tal hombre, ni en el presente, ni como personaje histórico en el pasado, ya que cada hombre tiene sus propias debilidades y si se mira más de cerca, se designa el espejismo de grandeza y de poder.

Pero la cosa más interesante no es que la gente disfrace a los demás con este espejismo, sino que, debido a una característica peculiar de su propia psique, lo transfiera a sí misma, si no en su totalidad, por lo menos en parte, como un reflejo. Y así, aunque las personas son casi nulidades, se imaginan ser ellas mismas este tipo colectivo o algo muy parecido.

Mas si un  hombre sabe cómo ser sincero consigo mismo —no sincero como usualmente se entiende esa palabra, sino despiadadamente sincero- entonces a la pregunta: “¿Que es usted?” no esperara una contestación reconfortante. Por lo tanto, sin esperar que ustedes se aproximen a experimentar por si’ mismos sobre lo que estoy hablando, sugiero que para comprender mejor lo que quiero decir, cada uno de ustedes ahora debería hacerse a sí mismo la pregunta: “¿Qué soy yo‛?” Estoy seguro que el 95 por ciento de ustedes se quedara perplejo con esta pregunta y contestará con otra: “¿Qué quiere usted decir?‛’.

Y esto probará que un hombre ha vivido durante toda su vida sin hacerse esta pregunta, que ha dado por sentado, axiomáticamente, que él es “algo”, hasta algo muy valioso, algo que nunca ha puesto en duda. Al mismo tiempo, es incapaz de explicar a otra persona lo que es. ¿Y no sería que no lo sabe, porque de hecho este “algo” no existe, sino que su existencia es mera presunción? ¿No es extraño que la gente preste tan poca atención a sí misma con referencia al conocimiento de si”? ¿No es extraña la complacencia obtusa con que cierran sus ojos a lo que realmente son y gastan sus vidas en la plácida convicción de que representan algo valioso? Dejan de ver la irritante vacuidad escondida detrás de la fachada demasiado pintada creada por su propio engaño y no se dan cuenta de que su valor es puramente convencional. En verdad, esto no es siempre así.

No toda la gente se ve a sí misma tan superficialmente. Sí, existen las mentes inquisitivas que anhelan la verdad del corazón, la buscan, se esfuerzan por resolver los problemas planteados por la vida, tratan de penetrar dentro de sí mismos. Si un hombre razona y piensa sanamente, no importa que camino siga al resolver estos problemas, inevitablemente debe regresar a sí mismo y empezar a solucionar el problema de lo que el mismos es y cuál es su lugar en el mundo que lo rodea. Porque sin este conocimiento no tendrá ningún punto de enfoque en su búsqueda. Las palabras de Sócrates, “Conócete a ti mismo”, persisten para todos aquellos que buscan el verdadero conocimiento y el ser.

Acabo de usar una nueva palabra: “ser”. Para estar seguro que por ella todos entendemos la misma cosa, tendré que decir algunas palabras como explicación.

Acabamos de preguntarnos si lo que un hombre piensa de sí mismo corresponde a lo que es en realidad, y ustedes se preguntaron a sí mismos qué son. He aquí un médico, allá un ingeniero ya allí un artista. ¿Son realmente lo que pensamos que son? ¿Podemos considerar la personalidad de cada uno de ellos como idéntica a su profesión, a la experiencia que esta profesión, o su preparación para ella, le ha dado?

Cada hombre llega al mundo como una hoja de papel en blanco; luego la gente y las circunstancias a su alrededor empiezan a rivalizar entre sí para ensuciar esta hoja y cubrirla con escritos. Entran aquí la educación, la formación de la moralidad, la información que llamamos conocimiento; todos los sentimientos de deber, honor, conciencia, etc. Y todos pretenden que los métodos adoptados para injertar al tronco estos retoños conocidos como la “personalidad del hombre” son inmutables e infalibles. Gradualmente se ensucia la hoja y mientras más se ensucia con el así llamado ‛’conocimiento‛’, más listo se considera al hombre. Cuanto más hay escrito en el espacio llamado “deber”, más honesto se dice que es poseedor; y así es con todo. Y la misma hoja sucia, al ver que la gente considera su suciedad como un mérito, cree que es valiosa. Este es un ejemplo de lo que llamamos “hombre”, al cual aún agregamos frecuentemente términos tales como talento y genio. Sin embargo, el humor de nuestro ‘‛genio”, cuando se despierta en la mañana, se arruina para todo el día si no encuentra sus pantuflas junto a la cama.

El hombre no es libre ni en sus manifestaciones ni en su vida. No puede ser lo que desea ser ni lo que cree que es. No se asemeja al retrato de sí mismo y las palabras ‛’hombre”, el ápice de la creación no son aplicables a él.

“Hombre”, éste es un término para enorgullecerse, pero tenemos que preguntarnos ¿qué clase de hombre? No el hombre, por cierto, que se irrita por trivialidades, que presta atención a pequeñeces y se enreda en todo lo que lo rodea. Para tener derecho a llamarse hombre, se debe ser un hombre; y este “ser” se obtiene sólo a través del conocimiento de sí y del trabajo sobre uno mismo en las direcciones que llegan a ser claras a través del conocimiento de sí.

¿Han tratado ustedes alguna vez de observarse mentalmente cuando su atención no está concentrada en algún problema determinado? Supongo que la mayoría de ustedes están familiarizados con esto, aunque tal vez sólo unos pocos lo han vigilado sistemáticamente en sí mismos. Sin duda, ustedes se han dado cuenta de nuestro modo de pensar por asociaciones casuales, cuando nuestro pensamiento ensarta escenas y memorias desconectadas, cuando cada cosa que cae dentro del campo de nuestra conciencia o apenas la toca ligeramente, hace surgir en nuestro pensamiento estas asociaciones causales. La cadena de pensamientos parece continuar sin interrupción, entretejiendo fragmentos de representaciones de percepciones anteriores, tomadas de diferentes grabaciones en nuestra memoria. Y estas grabaciones giran y se desenvuelven mientras nuestro aparato pensante teje hábil y continuamente los hilos del pensamiento de este material.

Las grabaciones de nuestros sentimientos giran del mismo modo; agradable y desagradable, alegría y tristezas, risa e irritación, placer y dolor, simpatía y antipatía. Al ser alabado usted está contento; alguien lo regaña y su humor se echa a perder. Algo nuevo capta su interés e instantáneamente le hace olvidar lo que tanto le interesaba el momento anterior. Gradualmente su interés lo amarra a esta nueva cosa, hasta que se hunde de pies a cabeza; de repente ya no la posee, usted ha desaparecido, está amarrado y disuelto en esta cosa; de hecho ella lo posee, lo ha cautivado; y esta infatuación, esta capacidad para ser cautivado, bajo muchos diferentes modos, es una característica de cada uno de nosotros. Esto nos amarra y nos impide ser libres. Por lo mismo nos quita nuestra fuerza y nuestro tiempo, dejándonos sin posibilidad de ser objetivos y libres: dos cualidades esenciales para quien decide seguir el camino del conocimiento de sí.

Debemos esforzarnos por la libertad si nos esforzamos por el conocimiento de sí. La tarea de un más amplio conocimiento y desarrollo de sí es de tal importancia y seriedad, demanda tan intensidad de esfuerzo, que es imposible intentarla descuidadamente y en medio de otras cosas. La persona que emprende esta tarea debe darle preeminencia en su vida, la que no es tan larga para permitirle el malgastarla en trivialidades.

¿Que podría darle al hombre la posibilidad de emplear el tiempo ventajosamente en su búsqueda, sino la libertad de toda clase de apego?

Libertad y seriedad. No la clase de seriedad que se asoma bajo cejas fruncidas y labios arrugados, ademanes cuidadosamente reprimidos y palabras filtradas entre los dientes, sino la clase de seriedad que significa determinación y persistencia en la búsqueda, intensidad y constancia en ella tal, que un hombre, aun cuando descansa, continúa con su tarea principal.

Pregúntense: ¿son libres? Muchos se inclinan a contestar “sí “ si están relativamente seguros en un sentido material y no tienen que inquietarse acerca del mañana; si no dependen de nadie para la subsistencia o para la elección de las condiciones de vida. Pero ¿es esto libertad? ¿Se trata sólo de condiciones exteriores? …

PERSPECTIVAS DESDE EL MUNDO REAL (1º)

Beethoven – Violin Concerto – Vadim Repin – Valery Gergiev – Kirov Orchestra Saint Petersburg

G.I. GURDJIEFF

G.I. GURDJIEFF

El hombre es una pluralidad. Su nombre es legión

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El hombre no tiene un «Yo» individual. En su lugar, hay centenares y millares de pequeños «yoes» separados, que la mayoría de las veces se ignoran, no mantienen ninguna relación, o por el contrario, son hostiles unos a otros, exclusivos e incompatibles. A cada minuto, a cada momento, el hombre dice o piensa «Yo». Y cada vez su «yo» es diferente. Hace un momento era un pensamiento, ahora es un deseo, luego una sensación, después otro pensamiento, y así sucesivamente, sin fin. El hombre es una pluralidad. Su nombre es legión.

Muy a menudo, casi en cada conversación, G. volvía sobre la ausencia de unidad en el hombre.

Uno de los errores más graves del hombre, dijo, que debe serle recordado constantemente, es su ilusión con respecto a su «Yo». “El hombre tal como lo conocemos, el hombre máquina, el hombre que no puede «hacer», el hombre con quien y a través de quien «todo sucede», no puede tener un «Yo» permanente y único. Su «Yo» cambia tan rápidamente como sus pensamientos, sus sentimientos, sus humores, y comete él un error profundo cuando se considera siempre una sola y misma persona; en realidad, siempre es una persona diferente, nunca es el que era un momento antes.

El hombre no tiene un «Yo» permanente e inmutable. Cada pensamiento, cada humor, cada deseo, cada sensación dice «Yo». Y rada vez, parece tenerse por seguro que este «yo» pertenece al Todo del hombre, al hombre entero, y que un pensamiento, un deseo, una aversión, son la expresión de este Todo. En efecto, no hay prueba alguna en apoyo de esta afirmación. Cada pensamiento del hombre, cada uno de sus deseos se manifiesta y vive de una manera independiente y separada de su Todo. Y el Todo del hombre no se expresa jamás, por la simple razón de que no existe como tal, salvo físicamente como una cosa, y abstractamente como un concepto. El hombre no tiene un «Yo» individual. En su lugar, hay centenares y millares de pequeños «yoes» separados, que la mayoría de las veces se ignoran, no mantienen ninguna relación, o por el contrario, son hostiles unos a otros, exclusivos e incompatibles. A cada minuto, a cada momento, el hombre dice o piensa «Yo». Y cada vez su «yo» es diferente. Hace un momento era un pensamiento, ahora es un deseo, luego una sensación, después otro pensamiento, y así sucesivamente, sin fin. El hombre es una pluralidad. Su nombre es legión.

El alternarse de los «yoes», sus luchas por la supremacía, visibles a cada instante, son comandadas por las influencias  exteriores  accidentales. El calor, el sol, el buen tiempo, llaman inmediatamente a todo un grupo de «yoes». El frío, la neblina, la lluvia llaman a otro grupo de «yoes», a otras asociaciones, a otros sentimientos, a otras acciones. No hay nada dentro del hombre que sea capaz de controlar los cambios de los «yoes», principalmente porque el hombre no los nota, o no tiene ninguna idea de ellos; vive siempre en su último «yo». Algunos, naturalmente, son más fuertes que otros; pero no por su propia fuerza consciente. Han sido creados por la fuerza de los accidentes, o por excitaciones  mecánicas  externas. La educación, la imitación, la lectura, el hipnotismo de la religión, de las castas y de las tradiciones, o la seducción de los últimos «slogans», dan nacimiento, en la personalidad de un hombre, a «yoes» muy fuertes que dominan series enteras de otros «yoes» más débiles. Pero su fuerza es tan sólo la fuerza de los ‘cilindros’ de los diferentes centros. Todos  los ‘yo’ que  forman  la personalidad del hombre tienen el mismo origen que estos cilindros; todos son el resultado de influencias externas; se mueven y están sujetos a nuevas influencias externas.

El hombre no tiene individualidad. No tiene un gran «Yo» único. El hombre está dividido en una multitud de pequeños «yoes». “Pero cada uno de ellos es capaz de llamarse a sí mismo con el nombre del Todo, de actuar en el nombre del Todo, de hacer promesas, de tomar decisiones, de estar de acuerdo o de no estar de acuerdo con lo que otro «yo», o el Todo, tendría que hacer. Esto explica por qué la gente toma decisiones tan a menudo y tan raramente las cumple. Un hombre decide levantarse temprano, comenzando a partir del día siguiente. Un «yo», o un grupo de «yoes» toma esta decisión. Pero levantarse es problema de otro «yo» que no está de acuerdo en absoluto, y que quizás ni siquiera ha sido puesto al corriente. Naturalmente, a la mañana siguiente el hombre seguirá durmiendo, y por la noche decidirá nuevamente levantarse temprano. Esto puede traer consecuencias muy desagradables. Un pequeño «yo» accidental puede hacer una promesa, no a sí mismo, sino a alguna otra persona en un momento dado, simplemente por vanidad, o para divertirse. Luego desaparece. Pero el hombre, es decir el conjunto de los otros «yoes» que son completamente inocentes, tendrá que pagar quizás por toda su vida esta gracia. La tragedia del ser humano es que cualquier pequeño «yo» tiene el poder de firmar contratos, y que luego sea el hombre, es decir el Todo, quien deba enfrentarlos. Así pasan vidas enteras, cancelando deudas contraídas por pequeños «yoes» accidentales. “

Las enseñanzas orientales están llenas de alegorías que intentan describir, desde este punto de vista, la naturaleza del ser humano. “Según una de ellas, el hombre es comparado a una casa, sin Amo ni mayordomo, ocupada por una multitud de sirvientes. Éstos han olvidado completamente sus deberes; nadie quiere cumplir su tarea; cada uno se esfuerza en ser el amo, aunque fuere un momento, y en esta especie de anarquía la casa está amenazada por los más graves peligros. La única posibilidad de salvación está en que un grupo de sirvientes más sensatos se reúna y elija un mayordomo temporal, es decir, un mayordomo suplente. Este mayordomo suplente puede entonces poner en su sitio a los otros sirvientes, y obligar a cada uno de ellos a realizar su trabajo: la cocinera a la cocina, el cochero al establo, el jardinero al jardín, y así sucesivamente. De esta manera, la «casa» puede estar lista para la llegada del verdadero mayordomo, el cual a su vez preparará la llegada del verdadero Amo.

“La comparación del hombre con una casa en espera de su amo es frecuente en las enseñanzas del Oriente que han conservado las huellas del conocimiento antiguo, y como ustedes lo saben, esta idea aparece también bajo formas variadas en numerosas parábolas de los Evangelios. “

Pero aunque el hombre comprendiera sus posibilidades de la manera más clara, esto no lo acercaría ni un paso hacia su realización. Para estar en condición de realizar estas posibilidades, debe tener un ardiente deseo de liberación, debe estar listo a sacrificar todo, a arriesgar todo por su liberación.”

Fragmentos de Una Enseñanza Desconocida

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PD OUSPENSKY

 

— ¿Qué quiere usted? me dijo G. Los hombres son maquinas. Las máquinas son necesariamente ciegas, inconscientes. No pueden ser de otra manera y todas sus acciones tienen que corresponder a su naturaleza. Todo sucede. Nadie hace nada. El «progreso» y la «civilización», en el sentido real de estas palabras, no pueden aparecer sino al término de esfuerzos conscientes. No pueden aparecer como resultado de accionen inconscientes y mecánicas. ¿Qué esfuerzos conscientes puede hacer una máquina? Y si una máquina es inconsciente, lo son también cien y mil máquinas y cientos de miles y millones de máquinas.

La actividad inconsciente de un millón de máquinas tiene necesariamente que dar por único resultado la destrucción, la exterminación. Es precisamente en las manifestaciones inconscientes e involuntarias en las que reside todo el mal. Ustedes no comprenden todavía, y no pueden imaginar todas las consecuencias de esta plaga. Pero llegará el tiempo en que comprenderán.”

 El hombre máquina