¿Por qué siento tanto dolor?


¿Por qué siento tanto dolor al dejar las cosas que me están ocasionando sufrimiento?

“Las cosas que te están causando desdicha deben estar dándote un cierto placer también; de lo contrario la pregunta no surge. Si fueran pura miseria las habrías abandonado. Pero en la vida, nada es puro; todo se mezcla con su contrario. Cada cosa lleva su opuesto en su matriz.

Analiza lo que tú llamas desdicha, penetra en ella, y verás que tiene algo que a ti te gustaría tener. No es quizá todavía real, es quizá solamente una esperanza, es quizá solamente una promesa para el mañana, pero tú te aferrarás a la desdicha, te aferrarás al dolor, con la esperanza de que algo que tú siempre has deseado y anhelado vaya a suceder mañana.

Tú sufres la desdicha con la esperanza del placer. Si es pura desdicha, es imposible aferrarse a ella. Simplemente observa, mantente más alerta ante la desdicha. Por ejemplo, te estás sintiendo celoso. Eso crea desdicha. Pero, mira alrededor; debe haber algo positivo en ello. Eso también da algo a tu ego, un cierto sentido de estar separado de los otros, un cierto sentido de superioridad. Tus celos fingen por lo menos ser amor. Si no te sientes celoso pensarás quizá que has dejado de amar. Y te estás aferrando a los celos porque te gustaría aferrarte al amor, por lo menos a tu idea del amor. Si tu mujer o tu hombre se van con alguien más y tú no te sientes en absoluto celoso, llegarás a ser consciente inmediatamente de que ya no amas. Además, durante siglos se te ha dicho que los amantes son celosos. Los celos se han convertido en una parte intrínseca de tu amor: sin celos tu amor muere; solamente con los celos puede vivir lo que llamas amor. Si tú deseas tu amor tendrás que aceptar los celos y la miseria creada por ellos.

Y tu mente es muy astuta y muy lista para encontrar racionalizaciones.

Dirá: “Es natural sentirse celoso”. Y parece que es natural porque todos los demás están haciendo igual. Tu mente dirá, “es natural sentirse herido cuando tu amante te abandona. Debido a que has amado tanto, ¿cómo puedes evitar el daño, la herida, cuando tu amante te abandona?”.

De hecho, tú estás gozando con tu herida también, de una manera muy sutil e inconsciente. La herida te está dando la idea que eres un gran amante, de que has amado tanto, de que has amado tan profundamente, de que el amor era tan profundo, que estás destrozado porque tu amante te ha dejado. Incluso aunque no estés destrozado, fingirás que estás destrozado; creerás en tu propia mentira. Te comportarás como si tuvieras una gran desdicha; gritarás y llorarás, y puede que tus lágrimas no sean en absoluto verdaderas, sino que solamente para darte el consuelo de que eres un gran amante, tienes que gritar y llorar. Observa simplemente cada clase de desdicha: o bien hay en ella algún placer que no estás dispuesto a perder, o contiene una cierta esperanza que sigue colgando frente a ti como una zanahoria. Y parece muy cercana, a la vuelta de la esquina, y tú has hecho un viaje tan largo, y ahora la meta está tan cercana, ¿por qué abandonarla? Tú encontrarás una cierta racionalización en ello, una cierta hipocresía en ello.

Hace algunos días una sannyasin me escribió que su hombre la había dejado y ella no se está sintiendo desgraciada; ¿qué es lo que no va bien con ella? ¿”Por qué no me siento desgraciada? ¿Soy demasiado dura, como una roca? No siento ninguna desdicha”, ella me escribe. ¡Y ella es desgraciada porque no está sintiendo desdicha! Ella esperaba quedar destrozada. “Al contrario”, escribió, “puedo confesar que me estoy sintiendo feliz, y eso me pone muy triste. ¿Qué clase de amor es éste?

Me estoy sintiendo feliz, aliviada; una gran carga ha desaparecido de mi ser”.

¿Ella me preguntó: “Amado maestro, ¿es esto normal? ¿Estoy bien o hay algo básicamente mal en mí?”.

No hay nada malo en ella, está absolutamente en lo correcto. De hecho, cuando los amantes- después de una unión muy, muy larga y de toda la desdicha que tiene que suceder cuando están juntos- se dejan, es un alivio. Pero va contra el ego el confesar que es un alivio. Por algunos días por lo menos, irás con una cara larga, con lágrimas en los ojos, falsa, pero ésta es la idea que ha prevalecido en el mundo.

. Si alguien muere y tú no te sientes triste, empezarás a sentir que algo está ciertamente equivocado en ti. ¿Cómo puedes evitar la tristeza cuando alguien ha muerto?; porque nos han dicho que es natural, que es normal, y todo mundo quiere ser natural y normal. No es normal, solamente del promedio. No es natural, es solamente un hábito larga, largamente cultivado; de lo contrario no hay por qué llorar y gritar.

La muerte no destruye nada. El cuerpo es polvo y vuelve al polvo, y la conciencia tiene dos posibilidades: si todavía tiene deseos entonces se desplazará a otro vientre, o si todos los deseos han desaparecido, entonces se desplazará a la matriz de dios, a la eternidad. Nada se destruye. El cuerpo se convierte otra vez en parte de la tierra, entra a descansar y el alma se desplaza a la conciencia universal o se desplaza a otro cuerpo.

Pero tú gritas y lloras y llevas la tristeza por muchos días. Es solamente una formalidad, o si no es una formalidad entonces existen todas las posibilidades de que nunca amaras al hombre que ha muerto y ahora te estás sintiendo arrepentida; tú nunca amaste al hombre totalmente y ahora no queda tiempo. Ahora el hombre ha desaparecido, ahora nunca estará disponible. Tú habías peleado quizá con tu marido y él murió en la noche al dormir. Ahora dirás que estás llorando porque él ha muerto, pero realmente estás llorando porque incluso no has podido pedir su perdón, incluso no has podido ser capaz de decir adiós. La pelea flotará sobre tí como una nube para siempre.

Si un hombre vive momento a momento en totalidad, entonces nunca hay arrepentimiento alguno, ninguna culpabilidad. Si has amado totalmente, entonces no hay caso. Un día, si el amante se marcha, eso significa simplemente, “ahora nuestros caminos se están dividiendo. Podemos decir adiós, podemos estar agradecidos el uno al otro. Compartimos mucho, amamos mucho, nos hemos enriquecido mucho la vida mutuamente; ¿cuál es el motivo del llanto y las lágrimas, y por qué ser desdichados?”.

Pero la gente está tan enredada en su racionalidad que no puede ver más allá de sus racionalizaciones. Y siempre lo racionalizan todo; incluso cosas que son obviamente simples llegan a ser muy complicadas.

Estoy enamorado de mi caballo,” dijo Andrés al siquiatra.

“Eso no es nada”, contestó él . “Mucha gente ama los animales. Mi esposa y yo tenemos un perro que amamos mucho.”

“¡Ah, pero doctor, es una atracción física la que siento por mi caballo!”.

“Hmm!” dijo el analista. ¿”Qué clase de caballo es ? Varón o hembra?”.

“Hembra, ¡por supuesto!” dijo Andrés. “Qué está pensando, que soy un marica?”.

Tú me preguntas, Akal, “por qué siento tanto dolor en abandonar las cosas que me están causando desdicha?”

Tú todavía no te convences de que te están causando desdicha. Estoy diciendo que te están causando desdicha; tú todavía no estás convencido. Y no es una cuestión de MÍ decir. El asunto básico es: TÚ tendrás que entender: “éstas son las cosas que me están causando desdicha”, y tendrás que ver que hay inversiones en tu desdicha. Si quieres esas inversiones tendrás que aprender a vivir con la desdicha; si deseas abandonar la desdicha, tendrás que abandonar esas inversiones también.

¿Tú lo has mirado, lo has observado? Si hablas de tu desdicha a la gente, ellos te conceden mucha simpatía. Todo mundo es comprensivo con el hombre desgraciado. Ahora, si te gusta recibir simpatía de la gente, no puedes abandonar la desdicha; ésa es tu inversión.

El marido desgraciado viene a casa, la esposa es cariñosa, comprensiva. Cuanto más desgraciado él es, más sus niños son considerados con él; cuanto más desgraciado él es, más sus amigos son amigables con él. Todo mundo lo cuida. Cuando él empieza a estar feliz ellos retiran su simpatía, por supuesto; una persona feliz no necesita simpatía alguna. Cuanto más feliz él es, más encuentra que a nadie le importa. Es como si todos llegaran repentinamente a endurecerse, a congelarse. Ahora, ¿cómo vas a poder abandonar tu desdicha?

Tú tendrás que abandonar este deseo de atención, este deseo de conseguir simpatía de la gente. De hecho, es muy feo el desear la simpatía de la gente; te convierte en un mendigo. Y recuerda, simpatía no es amor; para ellos es una obligación, están cumpliendo una clase de deber; eso no es amor. Puede que no les gustes, pero de todas maneras se compadecerán de ti. Ésta es la etiqueta, la cultura, la civilización, la formalidad, pero estás viviendo de cosas falsas. Tu desdicha es verdadera y lo que estás consiguiendo en el trato es falso. Por supuesto, si tú llegas a ser feliz, si abandonas tus desdichas, habrá un cambio radical en tu forma de vida; las cosas pueden empezar cambiar.

Una vez vino una mujer a mí, la mujer de uno de los hombres más ricos de la India, y me dijo: “Deseo meditar, pero mi marido está en contra de ello”.

Le pregunté: “¿Por qué tu marido está en contra de la meditación?”.

Ella me dijo: “Él dice, ‘te amo tal como eres. No sé qué sucederá después de la meditación. Si tú empiezas meditar, vas a cambiar con seguridad; entonces no sé si podré amarte o no, porque tú serás otra persona’ “.

Dije a la mujer: “tu marido tiene un punto [de razón] en eso; las cosas serán ciertamente diferentes. Tú estarás más libre, más independiente. Tú serás más feliz, y tu marido tendrá que aprender vivir con una nueva mujer. Puede que a él no le gustes de esta manera, puede empezar a sentirse inferior. Ahora él es superior a ti”.

Por eso es que, a través de los tiempos, el hombre no ha permitido que las mujeres mediten, que participen en experiencias religiosas profundas. El hombre no ha permitido que las mujeres lean los Vedas, los Upanishads, las grandes escrituras del mundo. En muchas religiones no se permite a las mujeres entrar en la mezquita o en la sinagoga. En el Jainismo se dice que tú no te puedes liberar con un cuerpo de mujer; primero tendrás que nacer como hombre; solamente después puedes ser liberado. En el cuerpo de una mujer no hay un camino hacia dios.

¿Por qué? ¿Por qué este miedo? La razón es muy psicológica: el hombre ha tenido siempre miedo de que las mujeres sean más felices que él, más pacíficas que él, más adaptadas, más integradas que él, porque una vez que estén más integradas, más a tono con su ser y con el ser de la totalidad, más en armonía con la existencia, más al unísono…. Y las mujeres pueden lograr la armonía más fácilmente que los hombres, recuérdalo. Por ciertas razones biológicas, una mujer es más capaz de entrar en la meditación que un hombre. La energía masculina es agresiva, violenta, hacia fuera, extrovertida, y la energía femenina es introvertida, pasiva, hacia dentro.

Por lo tanto, lo que el Jainismo dice es absolutamente incorrecto; no sólo absolutamente incorrecto: sólo lo opuesto puede ser la verdad. Es más fácil entrar en dios a través del cuerpo de una mujer que a través del cuerpo de un hombre. El cuerpo de la mujer es más armonioso, el cuerpo del hombre no es tan armonioso. El cuerpo de la mujer es más equilibrado, redondeado; por eso es que ella parece tan hermosa. Su cuerpo está menos tenso, más relajado.

Las madres se dan cuenta después de unos meses de embarazo si hay un niño o una niña en su vientre, porque el niño empieza a moverse, a hacer cosas dentro del vientre, a patalear… no puede estarse quieto.

Tú puedes observar a las muchachas pequeñas: Están perfectamente felices sentadas en una esquina con sus muñecas. ¿Y los muchachos? No pueden sentarse.

Hace sólo unos días un pequeño muchacho tomó sannyas. Tuve que preguntarle, “¿puedes estar en silencio un minuto para que pueda explicar tu nombre a tu madre?”. Pero él no fue capaz de estar silencioso por un minuto. Las muchachas pequeñas vienen por el sannyas; cuando les digo, “cierra los ojos y siéntate en silencio”, se sientan maravillosamente; pueden sentarse por horas. Cuando vienen muchachos pequeños y les digo, “cierra los ojos”, ¡tienen que apretar sus ojos! Tienen miedo de que si no lo hacen con fuerza se abrirán. Tienen mucha curiosad por lo que está sucediendo, por lo que pasa en el exterior.

Cuando las muchachas pequeñas toman sannyas me miran. ¿Y los muchachos? ¡Miran a Krishna Bharti y su cámara fotográfica! ¡Están por todas partes! Les estoy poniendo el mala [collar] y ellos están mirando a la gente para ver cuál es la respuesta.

“¿Está la gente riendo, gozando, observando?”. ¡Son grandes intérpretes! Y una gran curiosidad los mantiene constantemente tensos.

Mientras estaban en su luna de miel, Kit y Netty compraron un loro parlanchín y se lo llevaron a su habitación del hotel. Mientras hacían el amor el pájaro no paraba de comentar. Finalmente Kit arrojó una toalla de baño sobre la jaula y dijo: “¡Si no te callas te enviaré al zoológico!”.

Preparándose para salir a la mañana siguiente, no podían cerrar una maleta que se abombaba y decidieron que uno de ellos se pararía encima de ella mientras que el otro procuraría sujetarla.

“Querida,” dice Kit, “tú ponte arriba y yo lo intentaré”.

No funcionó. Entonces dijo él: “Ahora me pongo yo encima y tú lo intentas”.

Eso tampoco funcionó.

“Mira,” dijo Kit, “Pongámonos los dos encima e intentémoslo”.

El loro lanzó lejos la toalla y dijo: “zoológico o no zoológico, ¡esto lo tengo que ver!”

¡El loro debe haber sido un macho!

Le dije a la mujer: “Tu marido tiene razón: antes de que entres en el camino de la meditación tienes que considerarlo, porque hay peligros por delante”.

Ella no me escuchó; empezó a meditar. Ahora está divorciada. Vino a verme después de algunos años y dijo: “Estabas en lo correcto. Cuanto más silenciosa me hice, más mi marido se ponía furioso. Él nunca fue tan violento; algo extraño empezó a suceder”, me dijo. “Entre más silenciosa y tranquila me volvía, más agresivo él se ponía”. Su mente chauvinista masculina entera estaba en juego. Quería destruir la paz y el silencio que se estaba produciendo en la mujer para así seguir siendo superior. Y como no pudo darse de la manera que él deseaba, se divorció de la mujer.

¡Éste es un mundo muy extraño! Si te vuelves pacífico, tu relación con la gente cambiará, porque tú eres una persona diferente. Si tu relación se daba debido a tu desdicha, puede desaparecer.

Tenía un amigo. Él era profesor en la misma universidad donde yo estaba de profesor; era un gran trabajador social. En la India, ocuparse de las viudas sigue siendo un problema. Nadie desea casarlas, y las viudas no están a favor de casarse tampoco; eso parece un pecado. Y este profesor estaba determinado a casarse con una viuda. A él no le importaba amar a la mujer o no; eso era secundario, irrelevante; su único interés estaba en que ella fuera una viuda. Y, poco a poco la persuadió, y ella aceptó.

Dije al hombre: “Antes de que des el salto, considéralo al menos por tres días; quédate a solas. ¿Amas a la mujer, o es solamente un gran servicio social el que tú estás haciendo?” Casarse con una viuda en la India es visto como algo muy revolucionario, algo radical. ¿”Estás intentando probar que eres un revolucionario? Si estás intentando probar que eres un revolucionario, entonces vas a tener problemas, porque en el momento que te cases, ella dejará de ser una viuda y todo tu interés desaparecerá.”

Él no me escuchó. Se casó… y después de seis meses me dijo: “Estabas en lo correcto”. Lloró. Me dijo: “No podía ver el punto: Estaba enamorado de su viudez, no de ella por ella misma, y ahora con certeza ya no es una viuda”.

Así que le dije: “Tú haz una cosa,¡suicídate! Hazla viuda otra vez y ¡dale a alguien más la ocasión de ser un revolucionario! ¿Qué otra cosa puedes hacer?”

La mente del hombre es muy estúpida, muy inconsciente. Buda dice que está en un sueño profundo, en un sopor, roncando. Akal, tú no puedes abandonar las cosas que te están haciendo desdichado porque tú todavía no has visto las inversiones, todavía no has mirado profundamente en ellas.

Tú no has visto que hay un cierto placer que estás obteniendo de la desdicha. Tú tendrás que abandonar las dos cosas, y entonces no hay problema. De hecho, la desdicha y el placer se pueden abandonar solamente en conjunto. Y entonces surge dicha.

Dicha no es placer, dicha ni siquiera es felicidad. La felicidad está unida siempre a la infelicidad y el placer está unido siempre al dolor. Abandonando ambos…. Tú deseas abandonar la desdicha de modo que puedas ser feliz; éste es un enfoque absolutamente incorrecto. Tú tendrás que abandonar las dos cosas. Viendo que están unidas, uno las abandona; tú no puedes elegir una parte.

En la vida, todo tiene una unidad orgánica. El dolor y el placer no son dos cosas. Realmente, si hacemos una lengua más científica, abandonaremos estas palabras: dolor y placer. Haremos una palabra: dolorplacer, felicidadinfelicidad, díanoche, vidamuerte. Son una palabra porque no son separables NUNCA.

Y tú deseas elegir una parte: Tú deseas tener solamente las rosas y no las espinas, tú deseas solamente el día y no la noche, tú deseas solamente amor y no odio. Esto no va a suceder; ésta no es la manera de ser de las cosas. Tú tendrás que abandonar las dos cosas, y después surgirá un mundo totalmente diferente: El mundo de la dicha.

La dicha es paz absoluta, inalterabilidad, no alterarse por el dolor ni alterarse por el placer.

Para celebrar su cuadragésimo aniversario, Seymour y Rose fueron de nuevo al mismo cuarto del hotel, en el segundo piso, en donde habían pasado su luna de miel.

“Ahora”, dijo Seymour, “tal como la primera noche, desnudémonos, vamos a las esquinas opuestas del cuarto, apaguemos las luces, después corramos el uno hacia el otro y abracémonos”.

Se desnudaron, fueron a las esquinas opuestas, apagaron las luces y corrieron uno hacia el otro. Pero su sentido de la dirección embotado por cuarenta años, hizo que Seymour no encontrara a Rose y siguiera derecho a través de la ventana. Aterrizó en el césped alelado.

Seymour golpeó ligeramente en la ventana de la entrada para conseguir la atención del recepcionista. “Me caí desde allá arriba”, dijo. “Estoy desnudo y tengo que volver a mi habitación”.

“Todo está bien”, dijo el recepcionista. “Nadie lo va a ver”.

¿”Está loco? Tengo que caminar a través de la entrada y estoy todo desnudo!”.

“Nadie puede verle”, repitió el vendedor. “Todos están arriba intentando desatascar a una vieja señora del pomo de una puerta!”.

¡La gente es tan absurda! No sólo los más jóvenes; entre más viejo te haces, más tonto te vuelves. Al ser más experimentado, parece que acumulas más estupidez a través de la vida. Sucede realmente muy pocas veces que una persona empiece a observar, a observar su propia vida y sus propios patrones de vida.

Mira en qué consiste tu desdicha, qué deseos la están causando, y por qué tú te estás aferrando a esos deseos. Y no es la primera vez que te estás aferrando a esos deseos; éste ha sido el patrón de tu vida entera y no has llegado a ninguna parte. Sigues moviéndote en círculos, nunca llegas a un crecimiento verdadero. Sigues siendo infantil, estúpido. Y has nacido con la inteligencia que puede hacer de ti un buda, pero se pierde en cosas innecesarias.

Un granjero que tenía solamente dos viejos toros impotentes compró un toro nuevo, joven, vigoroso.

El semental comenzó inmediatamente a montar una vaca después de otra en el pastal. Después de observar esto por una hora, uno de los toros viejos empezó rascar en el suelo y a resoplar.

“¿Qué es lo que pasa?”, preguntó el otro. “¿Te están llegando ideas juveniles?”.

“No,” dijo el primer toro, “solamente que no quiero que ese compañero joven piense que soy una de las vacas”.

Así que, incluso en su vejez la gente sigue cargando con sus egos. Tienen que fingir, tienen que posar, y su vida entera no es nada más que un relato largo, largo sobre la desdicha. Todavía la defienden. En cambio de estar listos para cambiarla, son muy defensivos.

Akal, abandona toda actitud defensiva, abandona todas las armaduras. Empieza a observar cómo vives tu vida cotidiana, momento a momento. Y, hagas lo que hagas, ve a los detalles. No necesitas ir a un sicoanalista, tú puedes analizar cada patrón de la vida por ti mismo; ¡es un proceso tan simple! Solamente observa y podrás ver qué está sucediendo, qué ha estado sucediendo. Tú has estado eligiendo, y ése ha sido el problema; tú has estado eligiendo una parte en contra de la otra, y las dos están juntas.

Buda dice: Logra la presencia que no elige; no elijas en absoluto. Simplemente observa y permanece presente sin elegir, y lograrás la dicha, lograrás el paraíso del loto. “

Osho, extracto de: Dhammapadda – The way of the Buddha, Vol 5, capítulo 2

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