“Últimamente he empezado a darme cuenta de que incluso mi amado es un desconocido para mí y, aún así, hay todavía un intenso deseo de salvar esa separación que existe entre nosotros. Parece como si fuéramos líneas paralelas destinadas a no encontrarse nunca. ¿Es el mundo de la consciencia como el mundo de la geometría o hay una posibilidad de que las paralelas se encuentren?”
Éste es uno de los grandes misterios que todo aquél que ama ha de encarar: para los amantes no existe ningún medio de salvar su distanciamiento, su separación, su desconocimiento. En realidad, el amor funciona en base a que los amantes sean extremos opuestos. Cuanto más lejos están, más se atraen. Su separación es su atractivo. Se van acercando, se acercan mucho, pero nunca se vuelven uno.
Se acercan tanto que sienten que con un solo paso más se volverán uno. Pero nunca dan este paso; no pueden darlo por una ley natural, porque es imposible. Por el contrario, cuando están muy cerca, de inmediato empiezan a separarse de nuevo, empiezan a alejarse más y más. Porque cuando están muy cerca, dejan de sentirse atraídos y empiezan a pelear, a molestarse, a regañar. Ése es el medio para crear de nuevo la distancia. Y cuando surge la distancia, de inmediato empiezan a sentirse atraídos otra vez. De modo que es como un ritmo: se acercan, se alejan; se acercan, se alejan.
Anhelan sentirse uno, pero a nivel biológico, a nivel corporal, volverse uno no es posible. Incluso mientras haces el amor, no eres uno; la separación del cuerpo físico es inevitable. Tú me dices: “Últimamente he empezado a darme cuenta de que incluso mi amado es un desconocido para mí.” Eso es bueno. Forma parte de una comprensión creciente. Sólo la gente infantil piensa que se conoce. Si no te conoces ni a ti mismo, ¿cómo puedes creer que conoces a tu amante?
Ni el amante se conoce a sí mismo, ni tú te conoces a ti mismo. Dos seres desconocidos, dos extraños que no saben nada de sí mismos están tratando de conocerse mutuamente. Están ejercitándose en una inutilidad. Obligatoriamente surgirá la frustración, el desencanto. Y por eso es que todos los amantes se pelean entre ellos. Piensan que quizá es el otro el que no les permite entrar en su mundo privado: “Él me mantiene a distancia, me está alejando.” Y los dos piensan de la misma manera. Pero no es cierto; todas esas quejas son falsas. Ocurre simplemente que no comprenden la ley de la naturaleza.
A nivel corporal, puedes acercarte mucho, pero no puedes volverte uno. Únicamente a nivel del corazón puedes volverte uno, pero sólo momentáneamente; no de forma permanente.
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“Estoy aquí para seducirte en amor por la vida; para ayudarte a ser un poco más poético; para ayudarte a morir en lo mundano y en lo ordinario, para que de esa forma lo extraordinario estalle en tu vida.”






El amor no es mero pensamiento; los pensamientos son tan sólo una actividad externa del cerebro. El amor es mucho más hondo, mucho más profundo, y la profundidad de la vida puede ser descubierta sólo en el amor. Sin amor, la vida no tiene sentido, y ésa es la parte triste de nuestra existencia.
Ni el amante se conoce a sí mismo, ni tú te conoces a ti mismo. Dos seres desconocidos, dos extraños que no saben nada de sí mismos están tratando de conocerse mutuamente. Están ejercitándose en una inutilidad.
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