¿Qué es el placer? ¿Cuál es la importancia y el significado del placer que cada ser humano busca y persigue a cualquier costo?


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Ven una casa hermosa, bien proporcionada, con bellas ventanas, un tejado que se funde con el cielo, gruesos muros que son parte de la tierra, un jardín encantador y bien cuidado. Miran la casa, hay una sensación; la tocan -puede que no la toquen de hecho, pero la tocan con los ojos-, aspiran el aroma del aire, de la hierba, del césped recién cortado. ¿No pueden terminar con eso ahí?

 

¿Cuál es la importancia y el significado del placer que cada ser humano busca y persigue a cualquier costo? ¿Qué es el placer? Está el placer que se deriva de las posesiones, el placer que proviene de una capacidad o del talento, el placer que experimentamos al dominar a otro, el placer de tener un poder tremendo, ya sea político, religioso o económico, el placer del sexo, el placer del gran sentimiento de libertad que da la posesión del dinero. Hay múltiples formas de placer. En el placer hay disfrute, y más adelante hay éxtasis: uno encuentra deleite en algo y aparece la sensación de éxtasis. El “éxtasis” implica estar más allá de sí mismo; no existe un “yo” que lo disfrute. El “yo”, o sea, el ego, la personalidad, ha desaparecido por completo; sólo existe ese sentimiento de hallarse fuera de uno mismo. Eso es el éxtasis. Pero ese éxtasis no tiene absolutamente nada que ver con el placer.

Uno encuentra deleite en algo, el deleite que surge naturalmente cuando contemplamos algo muy bello. En ese instante, en ese segundo no hay placer ni disfrute, sólo existe el sentido de observación. En esa observación está ausente el «yo». Cuando miramos una montaña con su cumbre nevada, con sus valles, su inmensidad y magnificencia, ello aleja todo pensamiento. Allí está esa grandeza frente a nosotros, y hay deleite. Después viene el pensamiento y registra como recuerdo lo maravillosa y encantadora que fue esa experiencia. Entonces, ese registro, ese recuerdo es cultivado, y ese cultivo se convierte en placer. Cada vez, que el pensamiento interfiere con el sentido de la belleza, con el sentido de la inmensidad de algo – un fragmento de poesía, una cortina de lluvia, un árbol solitario en medio del campo -, se produce un registro. Pero lo importante es ver eso y no registrarlo.

En el momento en que lo registramos, en que registramos la belleza de ello, ese registro mismo pone en acción el pensamiento; después surge el deseo de perseguir esa belleza, deseo que se convierte en la persecución del placer. Vemos a una mujer hermosa, o a un hombre; instantáneamente ello se registra en el cerebro. Entonces, ese registro mismo pone en movimiento el pensar y deseamos estar en compañía de ella o de él… y todo lo que sigue. Él placer es la continuación y el cultivo de la percepción por medio del pensamiento. Uno ha tenido una experiencia sexual la noche anterior, o hace dos semanas; la recuerda y desea que se repita, lo cual constituye la exigencia de placer.

¿Es posible registrar tan sólo las cosas que son absolutamente necesarias? Las cosas necesarias son el conocimiento de cómo manejar un automóvil, cómo hablar un idioma, el conocimiento tecnológico, el conocimiento de la lectura, de la escritura y demás. Pero en nuestras relaciones humanas, las que hay, por ejemplo, entre el hombre y la mujer, cada incidente de esa relación se registra. ¿Qué ocurre? La mujer se irrita, sermonea, o es amigable, bondadosa…, o dice algo desagradable justo antes de que el hombre salga para la oficina; entonces, a causa de esto y mediante el registro, él se forma una imagen de ella y ella se forma una imagen de él; esto es un hecho. En las relaciones humanas, entre el hombre y la mujer, entre vecinos, y así sucesivamente, existe el constante registro y la elaboración de imágenes.

Pero cuando el marido o la esposa dicen algo desagradable para el otro, si éste escucha cuidadosamente, termina con ello, no le da continuidad; entonces encontrará que no hay formación de imágenes en absoluto. Si no hay formación de imágenes entre un hombre y una mujer, la relación es por completo diferente; ya no es más la relación de un pensamiento opuesto a otro pensamiento; a esto último se le llama relación, pero en realidad no lo es; se trata tan sólo de ideas.

El placer sigue al registro de un incidente, debido a la continuación que a éste le da el pensamiento. El pensamiento es la raíz del placer. Si, al ver algo hermoso, uno no tuviera pensamientos, la cosa quedaría en eso. Pero el pensamiento dice: «No, yo debo poseer eso»; desde ahí fluye todo el movimiento del pensar.

¿Cuál es la relación del placer con el júbilo? El júbilo llega a uno sin que lo inviten; ocurre. Uno va caminando por una calle, o está sentado en un autobús, o pasea por el bosque viendo las flores, las colinas, las nubes y el cielo azul, y de pronto surge el sentimiento extraordinario de un júbilo inmenso; después viene el registro, el pensamiento dice: « ¡Qué maravilloso fue eso, debo, tener más!». Así, el júbilo es convertido otra vez en placer por el pensamiento. Esto es ver las cosas como son, no como quisiéramos que fueran; es verlas exactamente, sin distorsión alguna, es ver lo que de hecho ocurre.

¿Qué es el amor? ¿Es placer, o sea, la continuación de un incidente mediante el movimiento del pensar? ¿Es amor el recuerdo? Ha sucedido una cosa; ¿es vivir en el recuerdo de eso, sentir el recuerdo de algo que ha pasado, resucitarlo con el pensamiento y decir: « ¡Qué maravilloso fue cuando estuvimos juntos bajo aquel árbol; eso era amor!»? Todo eso es el recuerdo de una cosa que ya no existe. ¿Es amor eso? ¿Es amor el placer del sexo, en el cual hay ternura, afabilidad y demás? ¿Es amor eso? No es cuestión de que se limiten a decir que sí o que no.

Estamos poniendo en duda todo lo que el hombre ha producido y de lo cual afirma: «Esto es amor». Si el amor es placer, entonces pone el acento en el recuerdo de cosas pasadas y, por lo tanto, da lugar a la importancia del “yo”, del “mí”: mi placer, mi excitación, mis recuerdos. ¿Es amor eso? Y el deseo, ¿es amor? ¿Qué es el deseo? Uno desea un automóvil, desea una casa, desea distinción, posición, poder. Hay infinidad de cosas que uno desea: ser tan atractivo como otro, ser tan inteligente, tan ingenioso, tan elegante como él… ¿Trae claridad el deseo?

La cosa a la que llamamos amor se basa en el deseo: deseo de dormir con una mujer -o la mujer con un hombre-, deseo de poseerla, de dominarla, de controlarla: « ¡Ella es mía, no suya!». ¿Hay amor en el placer que se deriva de esa posesión, de ese dominio? El hombre domina el mundo y ahora la mujer está luchando contra esa dominación.

¿Qué es el deseo? ¿Produce claridad el deseo? ¿Florece en su campo la compasión? Si el deseo no trae claridad y si no es el campo donde florecen la belleza y la inmensidad de la compasión, entonces, ¿qué lugar ocupa el deseo? ¿Cómo surge el deseo? Uno ve una mujer hermosa; la ve. Está la percepción, el ver, luego el contacto, después la sensación; y entonces el pensamiento se hace cargo de la sensación, y eso se convierte en la imagen con su deseo. Uno ve un hermoso jarrón, una bella escultura -del antiguo Egipto o griega-, y la mira, la toca; ve la profundidad de esa obra escultórica que representa una figura sentada con las piernas cruzadas. Ello genera una sensación: « ¡Qué maravilla! », y de esa sensación nace el deseo: «Quisiera tenerla en mi habitación, mirarla, tocarla todos los días» -el orgullo de la posesión, de tener algo tan maravilloso-. Eso es el deseo: visión, contacto, sen­sación; y después el pensamiento utiliza esa sensación para cultivar el deseo de poseer, o de no poseer.

Ahora viene la dificultad; dándose cuenta de esto, las personas religiosas han dicho: «Toma votos de celibato, no mires a una mujer; si la miras, trátala como si fuera tu hermana o tu madre, como prefieras, porque tú estás al servicio de Dios y necesitas de toda tu energía para servirle. Al servicio de Dios tendrás grandes tribulaciones; por lo tanto, debes estar preparado, no malgastes tu energía». Pero la cosa hierve, y nosotros tratamos de comprender ese deseo que bulle constantemente anhelando realizarse, completarse.

El deseo surge del movimiento visión/contacto/sensación/ pensamiento e imagen/deseo. Ahora nosotros decimos: la visión, el contacto, la sensación…, eso es normal, sano, pónganle fin ahí, no permitan que el pensamiento asuma el mando y convierta la sensación en deseo. Comprendan esto y entonces también comprenderán que no debe haber represión del deseo. Ven una casa hermosa, bien proporcionada, con bellas ventanas, un tejado que se funde con el cielo, gruesos muros que son parte de la tierra, un jardín encantador y bien cuidado. Miran la casa, hay una sensación; la tocan -puede que no la toquen de hecho, pero la tocan con los ojos-, aspiran el aroma del aire, de la hierba, del césped recién cortado. ¿No pueden terminar con eso ahí? Terminarlo ahí, decir: «Es una casa hermosa», pero sin que haya registro ni pensamiento alguno que diga: «Anhelo tener esa casa», lo cual es deseo y la continuación del deseo. Esto puede hacerlo muy fácilmente; quiero decir, fácilmente si comprenden la naturaleza del pensamiento y del deseo.

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2 pensamientos en “¿Qué es el placer? ¿Cuál es la importancia y el significado del placer que cada ser humano busca y persigue a cualquier costo?

  1. En mi Blog tengo un post al respecto. Además de lo que en el se vierte entiendo que en el sexo se debe dar un paso que no siempre se da. Se trata de vacíar el yo para llenarlo del tu. Sólo cuando nos neganos a nosotros mismos estamos a disposición de abrirnos al otro, o a lo otro. Saludos.

  2. Sólo cuando te liberas del querer poseer la belleza la belleza estar simpre en cada rincon y lugar de tu vida. La vida es belleza y extasis soohay que vaciar el egoismo y el miedo aprederla para que fluya.

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