¿Puede el pensamiento resolver nuestros problemas?


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¿Puede la mente que ha creado estos problemas resolver lo que ella mismo ha creado?

Lo cierto es que pensar es una reacción. Si os hago una pregunta, respondéis a ella; respondéis según vuestra memoria, vuestros prejuicios, vuestra educación, el clima, el trasfondo de vuestros conocimientos. Según sea todo eso, así contestáis y así pensáis. El centro de este trasfondo es el “yo” en su proceso de acción. Mientras no se comprenda este trasfondo, mientras este proceso del pensar, este “yo” que crea el problema, no sea comprendido y no se le ponga fin, tendremos forzosamente conflicto dentro de y fuera de nosotros mismos, en los pensamientos, en las emociones, y en las acciones. Ninguna solución de ningún tipo, por inteligente que sea y bien pensada que esté, podrá nunca dar fin a los conflictos entre los hombres, entre vosotros y yo. Y al comprender esto, al darnos cuenta de cómo y de qué fuente surge el pensamiento, formulamos la pregunta: ¿puede detenerse el pensamiento?

Éste es el problema, ¿verdad? ¿Puede el pensamiento resolver nuestros problemas? ¿Pensando en el problema, lo habéis resuelto? ¿Los problemas de cualquier tipo- económicos, sociales o religiosos- los ha resuelto alguna vez el pensamiento? En nuestra vida diaria cuanto más pensáis en un problema, tanto más complejo, irresoluble e incierto se vuelve. ¿No es eso así en la realidad de nuestra vida diaria? Puede que, al relacionar sobre ciertos aspectos del problema, veáis con más claridad el punto de vista de otra persona, pero el pensamiento no puede ver la totalidad y la plenitud del problema, sólo puede ver parcialmente, y una respuesta parcial no es una respuesta completa y, por lo tanto, no es una solución.

[…] El “yo” es un problema que el pensamiento no puede resolver. Debe haber una percepción que no sea del pensamiento. Darse cuenta, sin condenación ni justificación, de las actividades del “yo”, sólo darse cuenta, es suficiente. Porque si estáis alerta con el fin de descubrir cómo resolver el problema para transformarlo, para producir un resultado, entonces todo sigue estando dentro del campo del ego, es decir, dentro del campo del “yo”, del ego o como queráis llamarlo.

[…]Preguntáis: “¿Cómo voy a existir sin pensar? ¿Cómo voy a tener la mente en blanco?” tener la mente en blanco es encontrarse en un estado de estupor, de idiotez, o como lo queráis llamar, y vuestra reacción instintiva es rechazarlo. Pero una mente silenciosa, una mente que no está distraída por su propio pensar, un mente abierta puede observar el problema de un modo directo y muy simple. Y esta capacidad de observar sin distracción nuestros problemas es la única solución. Para ello, tiene que estar la mente silenciosa y tranquila. Una menta así no es un resultado, no es el producto final de alguna práctica, meditación o forma de control. No surge tras ningún tipo de disciplina, compulsión, o sublimación, ni por esfuerzo alguno del “yo”, del pensamiento; surge cuando comprendo todo el proceso del pensar, cuando puedo ver un hecho sin ninguna distracción. En este estado de tranquilidad de la mente, que está realmente en silencio, hay amor. Y el amor es lo único que puede resolver todo nuestros problemas.

©La libertad primera y última, KFA         Krishnamurti

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