Estar libre de problemas


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No sé si ven como yo la necesidad de no tener ningún problema, pero no de una manera fragmentaria, no la necesidad de un día concreto, porque se vean forzados súbitamente a enfrentarse a una determinada cuestión, sino la absoluta necesidad desde el mismo inicio del propio pensamiento acerca de estas cosas hasta el final de nuestra vida. Es probable que no sientan la urgencia de esto, pero si uno ve de forma muy clara y objetiva, no abstracta, que el estar libre de problemas es tan necesario como el alimento o el aire puro, entonces, partiendo de esa percepción uno actúa, tanto psicológicamente como en los quehaceres cotidianos, es decir, que está presente en todo lo que uno hace, piensa y siente.

Así pues, al menos durante esta mañana el tema central es estar libre de problemas. Mañana podremos abordarlo de modo distinto, pero eso no importa. Lo fundamental es ver que una mente en conflicto es destructiva, debido a que está deteriorándose constantemente. El deterioro no es una cuestión de vejez o de juventud, sino que sobreviene cuando la mente está atrapada en el conflicto y tiene muchos problemas sin resolver. El conflicto es el núcleo del deterioro y de la decadencia. No sé si ven esta verdad. Si la ven, la cuestión es cómo resolver el conflicto. Pero, primero, uno ha de percibir por sí mismo la verdad de que una mente que tenga un problema de cualquier clase, en cualquier aspecto y dure lo que dure, es incapaz de pensar con claridad, de ver las cosas como son -cruda, implacablemente-, sin ningún sentimiento de lástima por uno mismo.

De hecho, la mayoría de nosotros estamos acostumbrados a eludir de inmediato cualquier problema que surja y nos resulta difícil permanecer con éste: simplemente observándolo sin interpretar, condenar ni comparar, sin tratar de modificarlo, o de hacer algo con él. Eso requiere mucha atención en uno mismo; sin embargo, para la mayoría de nosotros, un problema nunca es tan serio como para que queramos prestarle toda nuestra atención, ya que vivimos una vida muy superficial y nos contentamos fácilmente con respuestas triviales y rápidas. Queremos olvidar el problema, dejarlo aparte y seguir con otra cosa. Sólo cuando el problema nos afecta íntimamente, como en el caso de la muerte, o de no poseer nada de dinero, o cuando el marido o la esposa nos han abandonado, sólo entonces el problema se convierte en una crisis. Pero nunca dejamos que un problema produzca una crisis en nuestra vida, siempre lo eludimos con explicaciones, con palabras o con otras cosas que utilizamos como defensa.

Así pues, sabemos a lo que nos referimos con la palabra “problema”. Un problema es una cuestión a cuyo fondo no hemos llegado y que no hemos comprendido por completo; por tanto, no ha terminado y se repite una y otra vez. A la hora de comprender un problema, tenemos que comprender las contradicciones- tanto las inusuales como las cotidianas de nuestro propio ser. Pensamos en una cosa y hacemos otra. Decimos una cosa pero la sentimos de modo muy distinto. Existe el conflicto del respeto y la falta de respeto, la grosería y la cortesía. Por un lado está el sentido de la arrogancia y el orgullo, y por otro, jugamos con la humildad. Ya saben las numerosas contradicciones que todos tenemos, tanto conscientes como ocultas. Pero, ¿cómo surgen esas contradicciones? Miren, como ya he dicho repetidamente, no se limiten a escuchar al que habla, sino escuchen también su propio pensamiento, observen cómo operan sus propias reacciones, dense cuenta de su propia respuesta cuando se formula una pregunta, de modo que se vayan conociendo.

La mayoría de nosotros, ante un problema queremos saber cómo resolverlo, qué hacer, cómo trascenderlo, cómo liberarnos de él, cual es la respuesta. A nosotros no nos interesa nada de eso, queremos saber por qué surge un problema, ya que si podemos hallar la raíz de un problema, comprenderlo hasta el final, habremos encontrado la respuesta a todos los problemas. Si sabemos cómo hay que encarar un problema de forma completa, podremos comprender cualquier otro que surja en el futuro.

El camino de la liberación, ©KFA. 

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