Mi amado es un desconocido para mí y, aún así, hay todavía un intenso deseo de salvar esa separación que existe entre nosotros


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A nivel del ser, eres uno. No hay necesidad de volverte uno; sólo has de descubrirlo. Me estás diciendo: “Aún así, hay todavía un intenso deseo de salvar esa separación que existe entre nosotros.” Si continúas intentándolo a nivel físico, seguirás fracasando. Ese anhelo simplemente revela que el amor necesita ir más allá del cuerpo, que el amor suspira por algo superior al cuerpo, algo más grande que el cuerpo, algo más profundo que el cuerpo.

Incluso el encuentro corazón-a-corazón – aun siendo dulce, aun siendo inmensamente gozoso – es todavía insuficiente porque sucede sólo durante un instante y luego los desconocidos son de nuevo desconocidos. A menos que descubras el mundo del ser, no serás capaz de satisfacer tu anhelo de sentirte uno. Y lo extraño es que el día en que seas uno con tu amante, también serás uno con toda la existencia.

Estás diciendo: “Parece como si fuéramos líneas paralelas destinadas a no encontrarse nunca.” A lo mejor desconoces la geometría no euclidiana porque todavía no se enseña en nuestros centros educativos. En las universidades todavía se nos enseña geometría euclidiana, que tiene dos mil años de antigüedad. En la geometría euclidiana las líneas paralelas nunca se encuentran, pero se ha descubierto que si las sigues y sigues y sigues, se encuentran. El último descubrimiento es que no existen líneas paralelas; por eso se encuentran. No puedes crear dos líneas paralelas.

Esos nuevos descubrimientos son muy extraños: eres incapaz de crear una sola, una única línea recta, porque la tierra es curva. Si aquí crearas una línea recta y continuaras prolongándola por ambos extremos sin detenerte, finalmente verías que se convierte en un círculo. Y si una línea recta prolongada hasta el infinito se convierte en un círculo, quiere decir que en primer lugar no era una línea recta; era solamente una parte de un gran círculo. Y una parte de un gran círculo es un arco, no una línea. Las líneas desaparecen en la nueva geometría no euclidiana y cuando no hay líneas, ¿qué es lo que puedes decir sobre líneas paralelas? Tampoco existen líneas paralelas.

De modo que si fuera una cuestión de líneas paralelas, habría una posibilidad de que los amantes pudieran encontrarse por algún medio, quizá cuando fueran viejos y no pudieran pelear, cuando no les quedara nada de energía, o cuando se hubieran acostumbrado el uno al otro… ¿Por qué? Porque se aburrirían el uno del otro: las mismos disputas de siempre, los mismos problemas de siempre, los mismos conflictos…

   

A la larga, los amantes incluso dejan de hablarse. ¿Por qué? Porque empezar a hablar quiere decir empezar a discutir y siempre es la misma disputa; nunca cambia. Lo han discutido miles de veces y siempre llegan al mismo final. Pero incluso entonces, por lo que respecta a los amantes, las líneas paralelas… en geometría pueden empezar a unirse, pero en el amor no hay ninguna esperanza; no pueden encontrarse.

Y es bueno que no puedan encontrarse porque si los amantes pudieran satisfacer sus anhelos de sentirse uno a nivel del cuerpo físico, entonces nunca mirarían hacia arriba. Nunca tratarían de descubrir lo mucho que hay oculto tras el cuerpo físico: la consciencia, el alma, Dios.

Está bien que el amor fracase, porque el fracaso del amor te llevará a un nuevo peregrinaje. Ese anhelo te acechará hasta conducirte al templo donde surge el encuentro. Pero ese encuentro siempre es con el todo… en él estará tu amante, pero también estarán en él los árboles y los ríos y las montañas y las estrellas.

En ese encuentro solamente dejará de haber dos cosas: tu ego no estará allí y el ego de tu amante tampoco estará allí. Aparte de esos dos, la existencia al completo estará presente. Y esos dos egos eran en realidad el problema, eran lo que les convertía en dos líneas paralelas. No es el amor el que está creando el problema; es el ego. Pero el anhelo no será satisfecho. Nacimiento tras nacimiento, vida tras vida, ese anhelo seguirá ahí a menos que descubras la puerta correcta para trascender el cuerpo y entrar en el templo.

Una pareja de ancianos de noventa y tres y noventa y cinco años fueron a su abogado para exponerle que querían divorciarse. “¡Divorciaros!”, exclamó el abogado. “¿A vuestra edad? ¿Para qué? Seguramente os necesitáis más que nunca y ¡lleváis tanto tiempo casados!…””Bien “, dijo el marido, ” hemos deseado divorciarnos desde hace mucho, pero siempre pensamos que debíamos esperar hasta que nuestros hijos hubieran fallecido.”¡Y realmente esperaron! Ahora todos sus hijos están muertos, ahora no hay problema. Pueden divorciarse; no se encuentran, sino que se divorcian.

Mantén ese anhelo encendido, ardiendo; no desfallezcas. Tu anhelo es la semilla de tu espiritualidad.

 … Tu anhelo es el principio de la unión suprema con la existencia. Tu amante es simplemente una excusa. No estés triste; sé feliz. Alégrate de que no haya posibilidad de encuentro en el plano físico, porque si no, los amantes no tendrían posibilidad de transformación. Permanecerían aferrados el uno al otro, se destruirían el uno al otro. Y no hay mal alguno en amar a un desconocido. En realidad, es más excitante amar a un desconocido.

Cuando no estabais juntos, había un gran atractivo. Cuanto más juntos estáis, más adormecida se vuelve esa atracción. Cuanto más os conocéis el uno al otro, superficialmente, menor es la excitación. Pronto, la vida se convierte en una rutina. La gente repite lo mismo una y otra vez. Si observas los rostros de la gente, te sorprenderás: ¿Por qué todos parecen tan tristes? ¿Por qué su mirada parece como si hubiera perdido toda esperanza? La razón es simple, la razón es: por repetición. El hombre es inteligente; la repetición crea aburrimiento. El aburrimiento conlleva tristeza porque uno sabe qué va a suceder mañana y al día siguiente… A menos que uno se vaya a la tumba, será la misma, la misma vieja historia.

Un judío y un polaco están sentados en un bar viendo las noticias en la televisión. En ellas, aparece una mujer en una cornisa, amenazando con saltar. El judío le dice al polaco: “Te diré qué hará. Voy a hacer una apuesta contigo: si ella salta, me das veinte dólares. Si no salta, yo te doy veinte dólares ¿De acuerdo?”

“¡De acuerdo!”, dice el polaco.

Al cabo de unos minutos la mujer salta desde la cornisa y se mata. El polaco abre su cartera y le da veinte dólares al judío.

Unos minutos después, el judío se vuelve hacia el polaco y le dice:”¡Escucha! No puedo aceptar esos veinte dólares. Tengo que hacerte una confesión: ya vi el desenlace en las noticias de la tarde. Esto era una repetición.”

“¡No, no!”, dice el polaco; “quédate con el dinero. Te lo has ganado bien. ¿Sabes? También yo lo vi antes, en las noticias.”

“¿De veras?”, dice el judío. “¿Por qué apostaste entonces a que la mujer no iba a saltar?”

“Bien “, dice el polaco. “¡No creía que fuera tan estúpida como para hacer lo mismo dos veces!”

Pero así es la vida….

Esta tristeza del mundo, este aburrimiento y esta miseria podrían ser cambiados si la gente supiera que está pidiendo lo imposible. No pidas lo imposible. Primero descubre la ley de la existencia y luego síguela.

Tu anhelo de ser uno es tu deseo espiritual, es tu naturaleza religiosa esencial. Sencillamente ocurre que te estás centrando en el sitio equivocado. Tu amante es solamente una excusa. Deja que tu amante se convierta simplemente en una experiencia de un amor mayor: el amor hacia toda la existencia.

Deja que tu anhelo se convierta en la búsqueda de tu propio ser interior. Ahí, el encuentro se está dando ya; ahí ya somos uno. Ahí, nadie ha estado nunca separado. Ese anhelo es perfectamente correcto; lo único que ocurre es que el objeto de ese anhelo es inadecuado. Eso es lo que está creando tu sufrimiento y tu infierno. Simplemente, cambia de objeto y tu vida se convertirá en un paraíso.

Aquí puedes leer la 1º parte

Copyright © 2008 Osho International Foundation   Osho

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