Encontraremos que amor, deseo y pasión son la misma cosa. Si destruimos lo uno, destruimos lo otro


Tenemos que comprender el deseo, y es muy difícil comprender algo que es tan exigente, tan apremiante, porque en la satisfacción misma del deseo se engendra la pasión con su placer y su dolor.

Y si uno ha de comprender el deseo, es obvio que no debe haber opción alguna. No podemos juzgar el deseo como bueno o malo, noble o innoble, ni decir: «Mantendré este deseo y rechazaré aquel otro». Todo eso hay que dejarlo de lado si hemos de descubrir la verdad acerca del deseo: su belleza, su fealdad o lo que fuere. Es algo muy curioso cuando lo consideramos, pero aquí en el Oeste, en Occidente, pueden realizarse muchos deseos, ustedes poseen automóviles, hay prosperidad, mejor salud, la oportunidad de leer libros, de adquirir conocimientos y acumular diversos tipos de experiencias, mientras que cuando uno va a Oriente, ve que allí siguen careciendo de alimento, ropa y vivienda, que siguen atrapados en la desdicha y degradación de la pobreza. Pero tanto en Oriente como en Occidente, el deseo arde todo el tiempo y en todas direcciones; está ahí, en lo externo y profundamente en lo interno. El hombre que renuncia al mundo está tan invalidado por su deseo de buscar a Dios, como el que va en busca de la prosperidad.

Por lo tanto, el deseo está presente todo el tiempo, ardiendo, contradiciéndose a sí mismo, creando confusión, ansiedad, sentimientos de culpa y desesperación.pasion-12

No sé si ustedes han experimentado alguna vez con todo esto. Pero ¿qué ocurre si no condenan el deseo, si no lo juzgan como bueno o malo, sino que simplemente están atentos a él? Me pregunto si saben qué significa estar atentos a algo. Somos muy pocos los que estamos atentos, porque nos hemos acostumbrado demasiado a condenar, a juzgar, a evaluar, a identificarnos, a optar. La opción impide, obviamente, estar atento, porque uno opta siempre como resultado del conflicto. Estar atentos cuando entramos en una habitación, ver todos los muebles, la alfombra o la ausencia de alfombra, etc., sólo verlo, darnos cuenta de todo ello sin ningún sentido de juicio o condena, es muy difícil. ¿Han tratado alguna vez de mirar a una persona, una flor, una idea, una emoción, sin optar en absoluto, sin juzgar? Y si uno hace lo mismo con el deseo, si uno vive con él, sin negarlo ni decir: « ¿Qué haré con este deseo? ¡Es tan desagradable, tan desenfrenado, tan violento!», sin darle un nombre, un símbolo, sin disimularlo con una palabra…, entonces, ¿sigue siendo causa de perturbación? ¿Es, entonces, el deseo algo que haya que desechar, destruir? Queremos destruirlo porque un deseo se opone con fuerza a otro creando conflicto, desdicha y contradicción; y uno puede ver cómo procura escapar de este perpetuo conflicto.

¿Es posible, pues, darnos cuenta de la totalidad del deseo? Lo que entiendo por totalidad no es simplemente un deseo o muchos deseos, sino la cualidad total del deseo mismo. Uno puede estar atento y darse cuenta de la totalidad del deseo sólo cuando no hay opinión alguna al respecto, ni palabra ni juicio ni opción. Cuando estamos atentos a cada deseo apenas surge, sin identificarnos con él y sin condenarlo, en ese estado de alerta, ¿eso es entonces, deseo, o es una llama, una pasión necesaria?

La palabra pasión se reserva generalmente para una cosa: el sexo. Pero para mí la pasión no es sexo. Ustedes deben tener pasión, intensidad para vivir realmente con algo; para vivir con plenitud, para contemplar una montaña, un árbol, para mirar de verdad a un ser humano, deben tener una intensidad apasionada. Pero esa pasión, esa llama es negada cuando estamos cercados por múltiples apremios, exigencias, contradicciones, temores. ¿Cómo puede una llama sobrevivir cuando se halla sofocada por un montón de humo? Nuestra vida no es sino humo. Buscamos la llama, pero la negamos reprimiendo, controlando, moldeando la cosa que llamamos deseo.

Sin pasión, ¿cómo puede haber belleza? No me refiero a la belleza de pinturas, edificios, mujeres maquilladas y demás. Todo eso tiene sus formas especiales de belleza, pero no estamos hablando de la belleza superficial. Una cosa producida por el hombre, como lo es una catedral, un templo, un cuadro, un poema o una estatua, puede ser bella o no. Pero existe una belleza que está más allá del sentimiento y del pensamiento y que no puede ser realizada, comprendida o conocida si no hay pasión. No entiendan mal, pues, la palabra pasión. No es una fea palabra; no es algo que podamos comprar en el mercado o de lo que se pueda hablar románticamente. No tiene nada que ver con emociones y sentimientos. No es una cosa respetable; es una llama que destruye todo lo que es falso. Y siempre tenemos mucho miedo de dejar que la llama devore las cosas que nos son queridas y a las que nos aferramos, las cosas que llamamos importantes.

Después de todo, las vidas que hoy llevamos, basadas en necesidades, deseos y en formas de controlar los deseos, nos tornan más superficiales y vacuos que nunca. Podemos ser muy ingeniosos, muy instruidos, capaces de repetir lo que hemos acumulado, pero eso lo hacen las máquinas electrónicas, y en algunos campos las máquinas ya son más capaces que el hombre, más exactas y veloces en sus cálculos. Volvemos, pues, siempre a lo mismo, o sea, que la vida tal como hoy la vivimos es sumamente superficial, estrecha, limitada, y todo porque en el fondo estamos vacíos, aislados y siempre tratamos de encubrir eso, de llenar esa vacuidad; por consiguiente, esa carencia y el deseo de llenarla se vuelven algo terrible. Nada puede llenar ese hondo vacío interno, ni dioses ni salvadores ni conocimientos ni relaciones ni la esposa ni el marido ni los hijos; nada. Ésa es la verdadera libertad.

Pero eso requiere un profundo discernimiento, una investigación a fondo, una vigilancia incesante; gracias a esto, tal vez lleguemos a saber qué es el amor. ¿Cómo puede haber amor cuando hay apego, celos, envidia, ambición y toda la vanidad que contiene esa palabra? Entonces, si hemos atravesado ese vacío -que es una realidad, no un mito, una idea-, hallamos que el amor, el deseo y la pasión son la misma cosa. Si destruimos lo uno, destruimos lo otro; si corrompemos lo uno, corrompemos la belleza. Investigar todo esto requiere, no una mente desapegada, no una mente consagrada o religiosa, sino una mente inquisitiva que nunca esté satisfecha, que siempre esté mirando, observándose, conociéndose. Sin amor, nunca descubrirán ustedes qué es la verdad.

La Comprensión Del Placer Y El Deseo

jiddu_krishnamurti

KRISHNAMURTI

SARAH BRIGHTMAN with FERNANDO LIMA PASION HD live

 

3 pensamientos en “Encontraremos que amor, deseo y pasión son la misma cosa. Si destruimos lo uno, destruimos lo otro

  1. esta muy interesante el articulo!me gusta porque es una manera nueva de ver la pasion sin relacionarla expresamente con el sexo eso es lo mas importante innovar en pensamiento!

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