¿Cómo podemos llegar a la raíz de un problema y resolverlo?


tengo un problema y quiero comprenderlo por completo, no quiero escapar de él, no quiero verbalizar sobre él, ni contárselo a nadie

Pregunta: Cuando somos incapaces de ver todo lo que está implicado en un problema, ¿cómo podemos llegar a su raíz y resolverlo?

 

Krishnamurti: Tanto anheláis descubrir lo que hay que hacer, que no me habéis dado oportunidad de tratarlo. Os ruego que escuchéis durante dos minutos, si queréis. Yo no os estoy diciendo lo que hacer con vuestros problemas. Señalo cómo hay que aprender y lo que es aprender; y descubriréis que al aprender sobre vuestro problema éste termina; mas, si esperáis que alguien os diga lo que hay que hacer con un problema, entonces os volveréis como un niño irresponsable, que está siendo dirigido por otra persona, y tendréis aún más problemas. Esto es así de fácil y sencillo. De modo que os ruego, de una vez y para siempre, que quede claro en vuestro corazón y vuestra mente.

Estamos aquí para a prender, no para que se nos instruya. Ser instruido es confiar a la memoria lo que se oye; pero la mera repetición de memoria no produce la resolución de los problemas. Sólo hay madurez en el proceso de aprender. De la falta de madurez nace el uso del conocimiento, de lo que simplemente ha sido memorizado como medio de resolver los problemas humanos, y sólo sirve para crear ulteriores modelos, más problemas.

El simple deseo de resolver un problema es eludirlo, ¿no? No he penetrado en él, no lo he estudiado, explorado, comprendido. No conozco su belleza, ni su fealdad, ni su hondura; mi único interés está en resolverlo, dejarlo de lado. Este impulso para resolver un problema sin haberlo comprendido es una evasión del mismo, y por lo tanto, se convierte en otro problema. Toda evasión engendra ulteriores problemas.

Ahora bien, tengo un problema y quiero comprenderlo por completo, no quiero escapar de él, no quiero verbalizar sobre él, ni contárselo a nadie, simplemente quiero comprenderlo. No estoy esperando a que alguien me diga lo que hay que hacer. Veo que nadie puede decirme lo que debo hacer; y si alguien me lo dijera y yo aceptase sus palabras, eso sería sumamente tonto y absurdo. Tengo pues, que aprender sin que me instruyan y sin hacer intervenir el recuerdo de lo que he aprendido sobre anteriores problemas al encararme con el actual. ¡Qué pena que no veis la belleza de esto!

¿Sabéis lo que significa vivir en el presente? No, me temo que no. Vivir en el presente es no tener continuidad en absoluto. Pero éste es un tema que discutiremos en alguna otra ocasión.

Tengo un problema y quiero comprender, quiero aprender sobre él. Para esto no puedo traer los recuerdos del pasado a fin de enfrentarme con él, porque el nuevo problema reclama un nuevo enfoque, y yo no puedo venir a él con mis recuerdos muertos, estúpidos. El problema es activo de modo que tengo que tratar con él en el presente activo y por lo tanto el elemento tiempo hay que relegarlo por completo.

 Quiero descubrir como surgen los problemas psicológicos. Como dije, si puedo comprender toda la estructura de la causalidad de los problemas y por lo tanto, estoy libre de creármelos, entonces sabré como actuar en relación con el dinero, con el sexo, con el odio, con respecto a todo en la vida; y en el proceso de tratar con estas cosas, no crearé otro problema. Tengo pues, que descubrir cómo surge un problema psicológico y no como resolverlo. ¿Me entendéis? Nadie puede decirme como surge; tengo que comprenderlo por mí mismo.

Así como yo exploro en mi mismo, tenéis que explorar también en vosotros mismos y no limitaros a escuchar mis palabras. Si no vais más allá de las palabras y si no os miráis a vosotros mismos, las palabras no os ayudarán nada. Llegarán a ser mera abstracción, no una realidad. La realidad es el movimiento efectivo de vuestra propia indagación, que descubre, y no la indicación verbal de ese movimiento.

Está claro todo esto hasta aquí.

Para mí, como dije, la libertad es de la más alta importancia. Mas la libertad no puede comprenderse en modo alguno sin inteligencia; y la inteligencia sólo puede venir cuando uno ha comprendido completamente, por sí mismo, la causa de los problemas. La mente ha de estar alerta, atenta; ha de hallarse en estado de supersensibilidad, para que cada problema se resuelva a medida que surja. De lo contrario, no hay verdadera libertad, sólo hay libertad fragmentada y superficial, que no tiene valor alguno. Es como el hombre rico que dice ser libre. ¡Dios mío!, es esclavo de la bebida, del sexo, de la comodidad, de una docena de cosas. O como el hombre pobre que dice: “Soy libre porque no tengo dinero”, pero tiene otros problemas. Así, la libertad y la conservación de esta libertad no pueden ser una mera abstracción; tienen que ser la absoluta demanda, por vuestra parte, como seres humanos, porque sólo cuando hay libertad es cuando podéis amar. ¿Cómo podéis amar si sois ambiciosos, codiciosos, competitivos?

No asintáis señores. Me estáis dejando que haga yo todo el trabajo.

No estoy nada interesado en resolver el problema, ni en buscar a alguien que me diga el modo de resolverlo. No me lo puede decir ningún libro, ningún guía, ninguna iglesia, sacerdote, salvador. Hemos jugado con eso miles de años y todavía seguimos cargados de problemas, que lo único que hacen es seguir multiplicándose, como ocurre ahora. Así que, ¿cómo surge un problema?

Como dije, cuando no hay contradicción en nuestro interior, no hay problema. La auto-contradicción implica un conflicto del deseo, pero el deseo mismo nunca es contradictorio. Desde luego que lo que crea contradicción son los objetos del deseo; como pinto cuadros, o escribo libros, o hago alguna cosa tonta, quiero ser famoso, reconocido. Cuando nadie me reconoce, hay una contradicción y me siento desgraciado, tengo miedo de la muerte, que no he comprendido; y en lo que llamo amor hay una contradicción. Veo pues, que el deseo es el principio de la contradicción; no el deseo mismo, sino los objetos del deseo son los contradictorios. Si trato de cambiar o negar los objetos del deseo, diciendo que me voy a aferrar a una sola cosa y a nada más, entonces eso también se vuelve un problema, porque tengo que resistir, tengo que levantar barreras contra todo lo demás. Así es que lo que tengo que hacer no es meramente cambiar o reducir los objetos del deseo, sino comprender el deseo mismo.

Podéis decir: ¿Qué tiene que ver todo esto con el problema? Creemos que es el deseo el que crea conflicto, contradicción; y yo indico que no es el deseo, sino los objetos o fines en conflicto con el deseo los que crean la contradicción. Y no es bueno tratar de no tener más que un deseo.

Eso es como el sacerdote que dice: “Sólo tengo un deseo, el de alcanzar a Dios”, y que tiene innumerables deseos, de los cuales no es consciente siquiera. Tiene uno, pues, que comprender la naturaleza del deseo, y no limitarse a someterlo a control o a negarlo. Toda la literatura religiosa dice que tenéis que destruir el deseo, estar sin él, cosa que nada vale. Tiene uno que comprender como surge el deseo y que es lo que le da continuidad. ¿Entendéis el problema? Podéis ver cómo surge el deseo; es bastante sencillo.

Hay percepción, contacto, sensación, incluso sensación sin contacto; y de la sensación viene el principio del deseo. Veo un automóvil; sus líneas, su forma, su belleza, me atraen, y lo quiero. Pero destruir el deseo es no ser sensible para nada. Desde el momento en que soy sensible, ya estoy en el proceso del deseo. Veo un objeto bello, o una bella mujer, lo que sea, y surge el deseo; o veo un hombre de enorme inteligencia e integridad y quiero ser así. De la percepción viene la sensación, y de esta el principio del deseo. Esto es lo que realmente sucede. No hay en ello nada complicado.

La complejidad empieza cuando interviene el pensamiento y da continuidad al deseo. Pienso en el auto o en la mujer o en el hombre inteligente, y por ese pensamiento se le da continuidad al deseo. De lo contrario, este no tiene continuidad. Puedo mirar el vehículo, y con eso se acabó. ¿Comprendéis esto? Pero en el momento en que le concedo un momento de mi pensamiento a ese vehículo, entonces el deseo tiene continuidad, y la contradicción empieza.

 

Pregunta: ¿Puede haber deseo sin objeto?

Krishnamurti: No existe tal cosa. No hay deseo abstracto.

Pregunta: Entonces el deseo está siempre conectado con un objeto, pero dijisteis antes que tenemos que comprender el mecanismo del propio deseo y no preocuparnos de su objeto.

Krishnamurti: Señor, he señalado como surge el deseo y como, por el pensamiento, le damos continuidad al deseo.

Jiddu Krishnamurti
La Mutación Psicológica.
Conversaciones en Saanen 1964

4 pensamientos en “¿Cómo podemos llegar a la raíz de un problema y resolverlo?

  1. Quiero descubrir como surgen los problemas psicológicos. Como dije, si puedo comprender toda la estructura de la causalidad de los problemas y por lo tanto, estoy libre de creármelos, entonces sabré como actuar en relación con el dinero, con el sexo, con el odio, con respecto a todo en la vida; y en el proceso de tratar con estas cosas, no crearé otro problema.
    Tengo pues, que descubrir cómo surge un problema psicológico y no como resolverlo. ¿Me entendéis? Nadie puede decirme como surge; tengo que comprenderlo por mí mismo.

  2. Que interesante y verdadero es lo que dice el Maestro y me siento muy identificada, pues en muchas ocasiones he querido eludir problemas o quererlo resolver rapido porque me dolian en toda el alma y pueden llegar a ser una pesadilla y con ello lo que he echo es crearme otro problema, pues siempre esta ahi y en muchas ocasiones vuelve a salir y sigue doliendo pero es verdad que nuestra mente se embota cuando tenemos urgencias en resolverlo y se la medicina, vivir en el presente y meditacion, pero es para mi dificil aplicarla. creo que empezare dejandola estar y no creando dos problemas de uno, y aceptando la realidad aunque no me guste.
    Gracias por poder compartir con vosotros, todo mi cariño para todos y para ti saltronic.

  3. “quiero agradecer lo que fue en mi vida el ya fallecido doctor Miguel Biguetti, psiquiatra que atendia en Mendoza provincia de Argentina y que puso en mis manos y en mi conocimiento a Krishnamurti. Al comienzo no podia comprender ni un apice de su mensaje pues los patrones adquiridos me cegaban totalmente, hoy muchas cosas se hacen evidentes a mi persona y comprendo cosas que adquieren una dimension completamente distinta. De alguna manera trato de llevar a otros lo que aprendi con el o simplemente ponerle en contacto con dicho maestro como hace un tiempo mi estimadisimo amigo lo hizo conmigo. Gracias Miguel y hasta pronto.

  4. En efecto, Hector, esta es la deuda que contraemos con todos aquellos seres que nos han ayudado a expandir y romper las barreras de nuestra propia consciencia.

    Gracias, Hector, Miguel, Krishnamurti, y tantos otros…, ¡hasta siempre!.

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