Explique, por favor, qué quiere usted decir cuando sostiene que la autodisciplina es inútil. ¿Qué entiende por autodisciplina?


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Krishnamurti: Si usted ha comprendido lo que he estado diciendo, verá la inutilidad de la autodisciplina. Pero explicaré esto nuevamente y trataré de aclararlo.

¿Por qué piensa usted que debe disciplinarse? ¿Respecto de qué desea disciplinarse? Cuando dice: “Debo disciplinarme”, sostiene ante sí mismo un modelo al que piensa que tiene que ajustarse. La autodisciplina existe cuando usted anhela llenar ese vacío interno, cuando se aferra a cierta descripción de lo que es Dios, de lo que es la verdad, cuando abriga determinados conjuntos de patrones morales que usted mismo se fuerza a aceptar como guías. Es decir, que su acción está regulada, controlada por el deseo de amoldarse. Pero si la acción nace del discernimiento, entonces no hay disciplina.

Por favor, entienda lo que quiero significar por discernimiento. No diga: “He aprendido a tocar el piano. ¿No implica disciplina eso?” O: “He estudiado matemáticas. ¿Acaso eso no es disciplina?” No me estoy refiriendo al estudio de una técnica, el cual no puede ser llamado disciplina. Hablo acerca de la conducta en la vida. ¿He aclarado eso? Me temo que la mayoría de ustedes no lo ha comprendido, porque estar libre de la idea de autodisciplina es sumamente difícil, puesto que desde la infancia hemos sido esclavos de la disciplina, del control. Librarse de la idea de disciplina no quiere decir que deban pasarse a lo opuesto, que deban volverse caóticos. Lo que sostengo es que, cuando hay discernimiento, no se necesita la autodisciplina; entonces no existe la autodisciplina.

Casi todos ustedes están atrapados en el hábito de la disciplina. En primer lugar, sustentan una representación mental de lo que es correcto, de lo que es verdadero, de lo que debería ser un buen carácter. Y tratan de ajustar sus acciones a esta representación mental. Actúan meramente conforme a una imagen mental que conservan. En tanto tengan una idea preconcebida de lo que es verdadero – y casi todos ustedes tienen esa idea -, están obligados a actuar de acuerdo con ella. Muy pocos estamos conscientes de que actuamos conforme a un patrón, pero cuando nos damos cuenta de que actuamos de ese modo, entonces ya no copiamos ni imitamos; nuestra propia acción revela aquello que es verdadero.

Ustedes saben, nuestro entrenamiento físico, nuestra preparación religiosa y moral tienden a moldearnos conforme a un patrón. Desde la infancia, casi todos hemos sido educados para encajar en un molde social, religioso o económico, y muy pocos tenemos conciencia de esto. La disciplina se ha vuelto un hábito, y somos inconscientes de ese hábito. Sólo cuando ustedes se den cuenta de que se disciplinan conforme a un patrón, su acción nacerá del discernimiento.

Así que, en primer lugar, tienen que comprender por qué se disciplinan, no por qué deben o no deben disciplinarse. ¿Qué le ha sucedido al hombre en el curso de todos los siglos de autodisciplina? Se ha vuelto más una máquina y menos un ser humano; ha adquirido meramente una mayor habilidad en la imitación, en ser una máquina. La autodisciplina, o sea, el amoldarse a una representación mental establecida, ya sea por uno mismo o por algún otro, no genera armonía; sólo genera caos.

¿Qué sucede cuando intentamos disciplinarnos a nosotros mismos? Nuestra acción está creando siempre vacuidad interna porque tratamos de ajustarla a un patrón. Pero si nos damos cuenta de que actuamos conforme a un patrón – un patrón de nuestra propia hechura o creado por algún otro -, entonces percibiremos la falsedad de la imitación, y nuestra acción nacerá del discernimiento, o sea, de la armonía de nuestra mente y nuestro corazón.

Ahora bien, mentalmente quieren ustedes actuar de cierta manera, pero emocionalmente no desean lo mismo, y de aquí resulta el conflicto. A fin de superar ese conflicto procuran asegurarse en la autoridad, y esa autoridad se convierte en la norma a la que se ajustan. En consecuencia, no actúan según lo que realmente sienten y piensan; su acción está motivada por el temor, por el deseo de seguridad, y de una acción así nace la autodisciplina. ¿Entienden?

¿Saben?, comprender con toda la intensidad de nuestro ser es algo muy distinto de una comprensión meramente intelectual. Cuando la gente dice: “Comprendo”, por lo general sólo comprende intelectualmente. Pero el análisis intelectual no los liberará de este hábito de la autodisciplina. Cuando están actuando, no digan: “Debo ver si esta acción ha nacido de la autodisciplina, si está de acuerdo con su modelo”. Un intento así sólo impide la verdadera acción. Pero si al actuar están atentos a la imitación, entonces la acción que emprendan será espontánea.

Como he dicho, si examinan cada acto para determinar si ha nacido de la autodisciplina, de la imitación, sus acciones se vuelven más y más limitadas; entonces hay obstrucción, resistencia. No actúan en absoluto genuinamente. Pero si se dan cuenta, con todo el ser, de lo inútil que es el imitar, el amoldarse, entonces su acción no será imitativa, no estará entorpecida, trabada. Cuanto más analiza uno su acción, menos actúa. ¿No es así? Para mí, el análisis de nuestras acciones no libera a la mente de la imitación, que es amoldamiento, autodisciplina; lo que libera a la mente de la imitación es el estar atentos, alerta con todo el ser en el momento en que actuamos.

A mi entender, el autoanálisis frustra la acción, destruye el vivir completo. Tal vez no estén de acuerdo con esto, pero tengan la bondad de escuchar lo que voy a decir, antes de decidir si están o no están de acuerdo. Digo que este continuo proceso de autoanálisis, que es autodisciplina, pone constantemente una limitación al libre fluir de la vida, que es acción. Porque la autodisciplina se basa en la idea del logro, no en la idea de integridad de acción. ¿Alcanzan a ver la diferencia? En un caso, hay una serie de logros y, por lo tanto, existe siempre una finalidad; mientras que en el otro, la acción nace del discernimiento, y una acción así es armoniosa y, por consiguiente, infinita. ¿He aclarado esto?

Obsérvese a sí mismo la próxima vez que diga: “No debo”. La autodisciplina, el “debo” y el “no debo”, se basan en la idea del logro. Cuando uno se da cuenta de la futilidad del logro – cuando se percata de esto con todo su ser, tanto emocional como intelectualmente -, entonces ya no hay más “debo” y “no debo”.

Ahora está usted preso en este intento de amoldarse a una imagen que guarda en su mente, tiene el hábito de pensar “debo” o “no debo”. Por lo tanto, la próxima vez que diga esto, percíbase claramente a sí mismo, y en esa percepción alerta discernirá lo que es verdadero y se liberará del obstáculo que implican el “debo” y el “no debo”.

El Arte de Escuchar –  Krishnamurti

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