¿Es posible conocerse a sí mismo? ¿Y cómo puede uno conocerse a sí mismo? ¿Cuáles son los medios, cuáles los procesos, qué camino seguir?


conocerse

El sábado y el domingo pasados estuvimos dilucidando la importancia del conocimiento propio, porque, según expliqué, no veo cómo podemos tener base alguna para el recto pensar sin el conocimiento de nosotros mismos; ni cómo es posible que una acción cualquiera, por inclusiva, colectiva o individualista que sea, resulte armoniosa y verdadera sin el pleno conocimiento de uno mismo. Sin conocerse a uno mismo, no hay posibilidad real de investigar qué es lo verdadero, lo que tiene significación, cuáles son los justos valores en la vida. Si uno no se conoce a sí mismo, no puede ir más allá de las ilusiones proyectadas por la propia mente. El conocimiento propio, como lo hemos explicado, implica no sólo conocer la acción en la convivencia de un individuo y otro, sino también la acción en las relaciones con la sociedad; y no puede haber sociedad completa y armoniosa sin ese conocimiento.

 De modo que, en realidad, resulta de mucha importancia y significación que uno se conozca a sí mismo tan completa y plenamente como sea posible. ¿Y es posible ese conocimiento? ¿Puede uno conocer, no en forma parcial sino integralmente, el proceso total de uno mismo? Porque, como ya lo dije, sin conocerse a sí mismo no tiene uno base para pensar. Uno queda atrapado en ilusiones: políticas, religiosas, sociales y éstas son ilimitadas, interminables. ¿Es posible conocerse a sí mismo? ¿Y cómo puede uno conocerse a sí mismo? ¿Cuáles son los medios, cuáles los procesos, qué camino seguir?

 

Creo qué, para encontrar los medios debe uno averiguar primero ¿no es así? – cuáles son los impedimentos. Y estudiando lo que consideramos importante en la vida, las cosas que hemos aceptado – los valores, las normas, las creencias, las innumerables cosas que mantenemos – examinándolas, tal vez descubriremos cómo funciona nuestro pensamiento y de ese modo nos conoceremos a nosotros mismos. Es decir, comprendiendo las cosas que aceptamos, poniéndolas en tela de juicio, ahondando en ellas – por ese proceso, precisamente, conoceremos las modalidades de nuestro pensamiento, nuestras respuestas nuestras reacciones; y conociéndolas nos conoceremos a nosotros mismos tal como somos. Ese, sin duda, es el único medio que tenemos para descubrir nuestra manera de pensar, nuestras reacciones: estudiando, examinando por completo los valores, las normas y las creencias que hemos aceptado durante generaciones. Y, viendo lo que hay detrás de esos valores, podremos saber cómo respondemos, cuáles son nuestras reacciones ante ellos; y así, tal vez, podremos descubrir las modalidades de nuestro propio pensar.

En otras palabras: el conocerse a sí mismo significa, sin duda, estudiar las respuestas, las reacciones que uno tiene en relación con algo. Uno no puede conocerse a sí mismo aislándose. Eso es un hecho evidente. Podéis retiraros a una montaña, a una caverna, o ir en pos de una ilusión a orillas de un río; pero, si uno se aísla, la vida de relación resulta imposible. Y el aislamiento es la muerte. Sólo en la convivencia puede uno conocerse a sí mismo tal como es. Estudiando, pues, las cosas que hemos aceptado, examinándolas plenamente, no superficialmente, podremos quizá entendernos a nosotros mismos.

 

Ahora bien, una de las cosas en que a mi parecer uno lo acepta todo ávidamente, lo da todo por sentado, es la cuestión de las creencias. Yo no ataco las creencias. Lo que tratamos de hacer en la tarde de hoy es descubrir por qué aceptamos las creencias; y si podemos comprender los motivos, las causas de esa aceptación, quizá podarnos no sólo entender por qué hacemos tal cosa, sino asimismo librarnos de ella. Porque uno puede ver cómo las creencias religiosas, políticas, nacionales y de diversos otros tipos, separan a los hombres, cómo crean conflicto, confusión, antagonismo, lo cual es un hecho evidente; y, sin embargo, no estamos dispuestos a renunciar a ellas. Existe el credo hindú, el credo cristiano, el budista, innumerables creencias sectarias y nacionales, diversas ideologías políticas, todas en lucha unas con otras y procurando convertirse unas a otras.

Claramente podemos ver que las creencias separan a la gente, crean intolerancia. ¿Pero es posible vivir sin creencia? Eso puede descubrirse tan sólo si uno logra estudiarse a sí mismo en relación con una creencia. ¿Es posible vivir en este mundo sin una creencia; no cambiar de creencias, ni substituir una por otra, sino estar enteramente libre de toda creencia, de suerte que uno haga frente a la vida de un modo nuevo a cada minuto? La verdad, después de todo, está en esto: en tener la capacidad de enfrentar todas las cosas de un modo nuevo, de instante en instante, sin la reacción condicionante del pasado, para que no haya ese efecto acumulativo que obra como barrera entre uno mismo y aquello que es.

 

Evidentemente, la mayoría de nosotros acepta o adopta creencias ante todo porque en nosotros hay temor. Sentimos que, sin una creencia, no sabremos qué hacer. Entonces utilizamos la creencia como una norma de conducta, como dechado de acuerdo con el cual encauzamos nuestra vida. Y también creemos que puede haber acción colectiva gracias a la creencia. Así, pues, en otras palabras, consideramos que para actuar se necesita una creencia. ¿Y es ello así? ¿La acción requiere creencia? Es decir, siendo la creencia una idea, ¿hace falta ideación para actuar? ¿Qué está primero, la idea o la acción? Primero, sin duda, está la acción, que es placentera o penosa; y según eso elaboramos diferentes teorías. La acción, invariablemente, aparece primero. ¿No es así? Y cuando hay temor, cuando existe el deseo de creer para poder actuar, entonces interviene la ideación.

 

Ahora bien, si reflexionáis, veréis que el temor es una de las razones para que haya deseo de aceptar una creencia. Porque, si no tuviéramos creencia alguna, ¿qué nos sucedería? ¿No nos causaría pavor lo que pudiera ocurrir? Si no tuviéramos ninguna norma de acción basada en una creencia (ya sea en Dios, en el comunismo, en el socialismo, en el imperialismo), o en tal o cual fórmula religiosa, o en algún dogma que nos condicione, nos sentiríamos totalmente perdidos, ¿no es así? Y esa aceptación de una creencia, la ocultación do ese temor, ¿no es acaso el miedo de no ser realmente nada, el miedo de estar vacío? Después de todo, una taza sólo es útil cuando está vacía; y una mente repleta de creencias, de dogmas, de afirmaciones y de citas, es en realidad una mente incapaz de crear, y que lo único que hace es repetir. Y el huir de ese miedo – de ese miedo al vacío, a la soledad, al estancamiento, de ese miedo de no llegar, de no triunfar, de no lograr, de no ser algo, de no llegar a ser algo – es sin duda una de las razones por las cuales aceptamos las creencias tan ávida y codiciosamente. ¿No es así?

 ¿Y podemos entendernos a nosotros mismos mediante la aceptación de una creencia? Todo lo contrario. Es obvio que una creencia, política o religiosa, impide la propia comprensión. Obra a modo de pantalla a través de la cual nos miramos a nosotros mismos. ¿Y podemos mirarnos a nosotros mismos sin creencia alguna? Si suprimimos esas creencias – las muchas creencias que uno tiene – ¿queda algo para mirar? Si no tenemos creencias con las cuales la mente se haya identificado, entonces la mente, sin identificación alguna, es capaz de mirarse a sí misma tal cual es; y ahí, ciertamente, está el comienzo de la propia comprensión. Si uno tiene miedo, si, encubierto por una creencia, existe el temor; y si, al comprender las creencias uno se enfrenta con el miedo sin el tamiz de las creencias, ¿no es entonces posible librarse de esa reacción del miedo? Es decir, ¿es posible saber que uno tiene miedo y permanecer ahí sin escapatoria alguna? Estar con lo que es resulta mucho más significativo y tiene más valor, por cierto, que huir de lo que es mediante una creencia.

 

Uno empieza, pues, a darse cuenta de que hay diversas maneras de huir de uno mismo, de la propia vacuidad, de la pobreza del propio ser; escapes tales como el saber, las diversiones, y las distintas formas de afición y entretenimiento, cultas las finas y estúpidas las otras, inteligentes o sin valor alguno. Esas cosas nos rodean, somos esas cosas; y si la mente puede percibir el significado de las cosas a las cuales está sujeta, entonces, quizá, estaremos frente a frente con lo que somos, sea ello lo que fuere; y yo creo que en el momento en que seamos capaces de hacer eso, habrá en nosotros una verdadera transformación. Entonces, en efecto, el problema del temor no se plantea, porque el temor sólo existe en relación con algo. Cuando estáis vosotros y otra cosa con la cual os halláis en relación, y cuando esa cosa os disgusta y tratáis de evitarla, entonces surge el miedo. Mas cuando sois esa mismísima cosa entonces nada hay que eludir. Un hecho infunde temor tan sólo cuando reaccionáis emocionalmente ante él; pero si os enfrentáis a un hecho tal cual es, no hay temor. Y cuando dejamos de darle un nombre a lo que llamamos miedo y sin definirlo, solamente lo observamos, entonces, por cierto, ocurre una revolución; ya no existe esa sensación de eludir o de aceptar.

 

De suerte que, para entender la creencia, no de un modo superficial, sino profundamente, hay que descubrir la razón por la cual la mente se apega a varias formas de creencia, por qué las creencias han adquirido tan grande importancia en nuestra vida: creencias sobre la muerte, sobre la vida, sobre lo que pasa después de la muerte; creencias que afirman o niegan a Dios, que afirman o niegan la realidad, y distintas creencias políticas. ¿No indican todas esas creencias nuestra propia sensación de pobreza íntima? ¿Y no revelan ellas un proceso de evasión, o no actúan como una defensa? Y al estudiar nuestras creencias, ¿no empezamos a conocernos tal cuales somos, no sólo en los niveles superficiales de nuestra mente de nuestra conciencia, sino mucho más hondo? Así, pues, mientras más nos estudiamos en relación con alguna otra cosa, tal como las creencias, más quieta se torna la mente, sin coacción, sin falsa disciplina.

Es obvio que cuanto más se conoce la mente a sí misma, más serena está. Cuanto más conozcáis algo, cuanto más familiarizados estéis con algo, más serena se tornará la mente. Y la mente ha de estar realmente quieta no aquietada. Hay, sin duda, una enorme diferencia entre una mente aquietada y una mente quieta. Podéis forzar la mente a aquietarse mediante diversas circunstancias, disciplinas, tretas, etc. Pero eso no es quietud, eso no es paz; eso es muerte. Mas una mente que está serena porque comprende las distintas formas del miedo y se entiende a sí misma – una mente así es creadora, una mente así se renueva sin cesar.

Sólo se estanca aquella mente que está encerrada en sus propios temores y creencias. Pero una mente que comprende su relación con los valores ambientes – no imponiendo una norma de valores sino comprendiendo lo que es – ­esa mente, sin duda, se torna serena; es serena. No es cuestión de devenir. Sólo entonces, por cierto, la mente puede percibir lo real de instante en instante. La realidad, a buen seguro, no es algo que se encuentre en último término, un resultado final de la acción acumulativa. La realidad ha de percibirse tan sólo de instante en instante; y sólo puede percibirse cuando no obra el efecto acumulativo del pasado sobre el momento actual, sobre el “ahora

 

KRISHNAMURTI      El Conocimiento de Uno Mismo

7 pensamientos en “¿Es posible conocerse a sí mismo? ¿Y cómo puede uno conocerse a sí mismo? ¿Cuáles son los medios, cuáles los procesos, qué camino seguir?

  1. ¿Se puede hallar uno a sí mismo?

    Nada es intrínsecamente irrefutable y si todo relativo. Todo cuanto existe es hermenéutico, interpretativo. El pentagrama de la vida vive en una extensa partitura que cada cual interpreta a su aire, con su personalidad, valores exegéticos, inteligencia y creatividad.

    Que inmisericordes el hombre cuando ante el vacío de conocimiento general, proclamamos ir con la verdad por delante. ¿De qué verdad hablamos cuando prácticamente todo son conjeturas? Solamente en el juicio “resuelto” se sabe de verdades tras su evidencia verificada. Pero en lo cotidiano, por norma, somos dependientes del yunque en que nos hemos forjado.

    El hombre deja de ser libre en la medida de su personalidad adquirida en familia, amistades o vivencia de sociedad. El condicionamiento en su desarrollo social le marca con pautas que le dictan directrices inconscientes de su modo. Por norma nos creemos ser nosotros mismos. No nos damos cuenta que somos pura forja de pautas fijas. No es la vida la escuela indiscutible de nuestra formación, sino una mínima expresión de su conjunto, y un alto porcentaje de nuestros progenitores y educadores.

    De tal palo tal astilla, nos dice la sabiduría del pueblo. A título de ejemplo: Padre simpatizante de un determinado equipo de futbol, los hijos también. Padre de derechas o de izquierdas, los hijos también, etcétera, etcétera.
    De este modo, tanto si es de futbol, de política, religión u otros, los hijos pierden su personalidad que debieran adquirir rodando mundo en sus variadas facetas y manifestaciones.
    No balen las excepciones en la regla, pues excepciones son y no son útiles para discernir en lo general.

    Somos un cúmulo de odios y simpatías forjadas, no adquiridas en la fragua de la vida. No somos libres, ni vamos con la verdad por delante, vamos con nuestra personal verdad arrollando todo lo que no comulga con nuestra heredada personalidad.
    Somos algo parecido a títeres que en un condicionamiento seriamos pacifistas y en otro revolucionario, el cule sería merengue y el de derechas de izquierdas.

    Si aceptáramos que nuestra razón de entender la vida y sus circunstancias, no están libres de prejuicios perjuicios, seriamos más ecuánimes y objetivos a la hora de diferir de otras perspectivas de la vida y el pensamiento.

    Tal vez debiéramos ser más cautos con nuestros hijos y no influenciarles de nuestros gustos y preferencias. Su incipiente personalidad se desarrollaría pensando por ellos mismos, en lo que es mejor para su formación.
    La única instrucción válida ha de ser inculcando las diez virtudes y prevención a los diez defectos.

    En fin, solo es un pensamiento que tira de la manta de aquello que por norma pasa desapercibido. En ningún momento he dicho la verdad, sino mi verdad que, bien podría estar equivocada.
    Conocerse a si mismo va mucho más allá de lo que imaginarse pueda, rayando lo imposible. El orgullo humano no permite entender ser títere, ignorante y falso.

    Un abrazo cordial a todos.

  2. El conocerse a uno mismo, es una empresa que terminara por fracasar, porque los humanos creemos que somos las formas, nuestro cuerpo, mente, sentimiento nuestros fracasos, éxitos… pero un día te das cuenta que tu no eres nada de eso, que tu verdadero Tu es el fondo, la Fuente de donde procede todas las formas, y esa Fuente no se puede conocer, se puede experimentar pero no conocer, y cuando dejas de identificarte con las formas ya has llegado a casa en donde siempre has estado, uf.. que peso te quitas de encima, ya no tienes nada que conseguir, solo saborear de la Paz y Alegría infinita.
    Mi cariño y respeto para todos

  3. ¡Gracias por compartir opinión!

    Conjeturas sobre la verdad:

    La verdad requiere situarse en el mismo borde de su imponente abismo y lanzarse en su vacio descomunal.

    Antes de saltar nos debemos despojar de nosotros mismos, de nuestros condicionamientos pegadizos como piel a carne y a hueso. Hay que ser ciego, sordo y mudo entre la multitud. Y en una etapa de palo de ciego situarse en el medio de cultivo. Luego destapar orejas para conocer la virtud y el defecto. Y finalmente abrir la boca para pedir respuestas sobre lo que ignora toda la humanidad. El resultado de nuestras preguntas será un cúmulo de necedad increíble y colosal.

    Hay más sabios que piedras en Marte. Ellos hacen escuela con raíles, como telarañas que cazan o capturan y con el beneplácito de atrapados o seguidores.
    Una verdad hecha mil pedazos y con la prepotencia de alcanzarla.

    El hombre no es más que un miserable ignorante capaz de verse Águila en altas cumbres y escasamente improbable de considerarse un humilde pajarillo en el bosque.

    Este magno, impresionante súper mercado de verdades cojas le bautiza con aguas contaminadas de creerse capaz de alumbrar en la oscuridad de su inmensa ignorancia. ¡Pobre infeliz si cree que no es para tanto!, es para mucho más de lo que supone.

    Qué frío tan horrible cuando despojados de ropa sentimos el rigor de estar bajo cero. Pero es necesario desnudarnos, desvestirnos, descobijarnos de la supuesta buena sombra del árbol que nos cobija.

    Cuando el hombre se convenza que es el más burro entre todos los burros habidos y por haber, se verá a sí mismo deslizándosele la cremallera y, aparecer bajo el disfraz un interesante borrego capaz de alcanzar la gloria de la verdad inmaculada.

    Un factor determinante es, que se creen escuelas para ser burros, no lo contrario: en la ignorancia está la sabiduría. Una vez establecidas y consolidadas, su espíritu será grano de mostaza…

    El tránsito del instinto a la razón está en su inicio. Longevos siglos de hacer monumentos de paja han creado un hombre títere que tiene brújula entre diversidad de imanes permanentes. Mil rumbos para creerse alguien le han convertido en lo que no encontraba Diógenes con un candil encendido en plena luz del Sol. –Diógenes, ¿qué buscas?- -un hombre les decía.
    Valga lo último para que equivalga a encontrar un ignorante entre tantos sabios. Tenemos la cabeza tan llena de pájaros que no puede anidar la ignorancia conveniente para empezar de cero.

    Autor: Mateo Andreu Ibáñez.

  4. Querido amigo Mateu, he leído atentamente tus dos comentarios y creo que se complementan perfectamente con el texto de K , los lectores que reflexionen y extraigan sus propias conclusiones al respecto.

    En mi opinión, y también desde mi verdad, desde mi programación –que todo viene a ser lo mismo–, creo que tus “conjeturas sobre la verdad” y “¿Se puede hallar uno a sí mismo?” son de gran sabiduría. De todas las lúcidas reflexiones que contienen elijo la siguiente: “Conocerse a si mismo va mucho más allá de lo que imaginarse pueda, rayando lo imposible. El orgullo humano no permite entender ser títere, ignorante y falso.”

    Este editor está tratando de desprenderse del orgullo, lo que le permite entender cada vez con mayor claridad que en realidad es, y siempre fue, un títere, ignorante y falso.
    Con lo anterior, no afirmo que sea la verdad, sino mi verdad, que bien podría estar en lo cierto.
    –Gracias Mateu, por prestarme alguna de tus ilustradas frases para completar mi respuesta–

    Confío que los hilos invisibles que me gobiernan; la ignorancia, falsedad y silencio que me dan forma, no te impida recibir el muy cordial abrazo que te envío.

  5. Señor amigo saltronic, que por muchos años le sea esta lucidez que le luce. Gracias.

    Ya sabes que las verdades como los adoquines entrelazados hacen una vía de exposición para fluir mil y un pensamientos. Incluso de tanto rodamiento en ellas, algunas escuelas deforman la calzada dificultando el tránsito de otras en su lícita participación.

    Se prodiga tanto la verdad aseverada que se mata la conjetura y la simpleza y escasez de mente blanca se extingue paulatinamente. Pues conocemos hasta los pormenores de la película por una escueta información.

    Siglos transcurrirán de filosofía de todo cuanto afecta al sensor común, pero su ciudad primogénita esta bajo escombros de mil afirmativas y testimonios de orgullo humano. Un escueto e inseguro caudal de verdad ha abierto un cañón como el Colorado. Tan grande es el estrago y tan profundo en comparación, que no se ve desde su grandeza el insignificante cauce que lo creó. El efecto y afecto de su gigante perspectiva global es la escuela de hoy, muchísimo mayor que el real peculio que lo originó.
    Hoy tenemos un inmenso mar de conocimiento que se abastece desde una perspectiva que no es real.
    La verdad ya no es un oasis que se aleja en la medida que nos acercamos, pues cuanto más se sabe, más conciencia de lo mucho que se ignora. Ahora estamos inmersos en un prepotente torbellino, y el polvo que se levanta de tanta verdad no nos permite darnos cuenta de que simplemente somos hormigas ante un omnipotente mundo de preguntas y escasísimas respuestas.

    No deseo decir con ello que somos menos que nada, pues donde se piensa hay un valor por encima de ella, sino que, debemos ser libres para liberarnos de libertades que son claustros de la razón. Las ofertas de sabiduría son mayores que todas las innumerables tentaciones del diablo.
    Se entiende desde esta perspectiva que, no debemos casarnos con nadie, solamente simpatizar: Valga el ejemplo solamente para encauzar la razón a una soltería por los siglos de los siglos: ésta será, la libertad presuntamente necesaria para pasaporte internacional del pensamiento.

    Si somos conscientes de que se sabe escasamente, el orgullo humano es pasivo por naturaleza. La verdad no es un cartel anunciándola, es una meta inalcanzable como Dios, solamente su espíritu puede inducirnos a venerar con el intento humilde de rondar.

    La ciencia ni siquiera la obtiene en su mesa de laboratorio, solo da pasos positivos en partes de la misma. El que casi todo lo ignora, tiene largo camino para andar y andar, pero el sabio se cava su propia fosa en hallar el siguiente paso. El conocimiento adquirido está en su haber, ahora solo en la mesa de experimentación le otorgará granos de mostaza. Por ello, es el ser más ignorante que imaginarse pueda: un gigantesco abismo de oscuridad que aplasta arrogancias en los que aun no se han dado cuenta de su tremenda insignificancia.

    Venditos sean todos los humildes de religión y ciencia que dejan ligeramente abierta la puerta de la duda. Perversos son los que causan cauces pasionales y arremeten inmisericordes el diferir de sus cimientos a cal y canto.
    El hombre ha de ser reo de la ignorancia para llegar a sabio, ha de ser consiente en cada suspiro de impotencia que es el lugar exacto de la razón para escapar de su claustro. Ha de ser humilde, bondadoso, comprensivo y consciente en todo momento de sus carencias intelectas. Nunca ha de aseverar, sino conjeturar. Y si alcanza reconocimiento o inmortalidad, la medalla o el silencio, por añadidura.

    Por si acaso me curo en salud y digo que, es mi verdad, no la verdad.
    Gracias a todos y un abrazo cordial.

    Autor: Mateo Andreu Ibáñez.

  6. ¿cómo podeis saber cuales son los pasos del conocimiento propio..si no teneis dicho conocimiento?está muy bien estudiar libros….leer poesías..escuchar composiciones…pero nosotros no los hemos creado…sino el creador…él es el único que sabe lo que creó.Viene de él y no de otros…

  7. Y cómo sabe usted que hay un creador?, lo ha visto?, o lo ha leído, o se lo han dicho, o bien simplemente quiere creer que que hay un creador o un motivo en la creación. Un motivo , eso sí humano, con un proposito y un fin específico, ¿cómo sabe usted que esos no son los pasos del conocimiento propio?, es usted portador de dicho conocimiento?

    Un saludo y paz para todos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s