Amigos del Alma y de la Vida


Palabras para mis Amigos:

“De mis amigos me quedo con aquellos que hacen de mí un loco y un santo. De ellos no quiero respuesta, quiero mi revés. Que me traigan dudas y angustias y aguanten lo que hay de peor en mí. Los quiero santos para que duden de las diferencias y pidan perdón por las injusticias.

Elijo a mis amigos por el alma expuesta.

Amigos que no se ríen juntos, no saben sufrir juntos.

Quiero amigos que hagan de la realidad su fuente de aprendizaje y que luchen para que la fantasía no desaparezca.

Quiero amigos mitad niños y otra mitad ancianos. Niños para que no olviden el valor del viento en la cara y ancianos para que nunca tengan prisa.

Tengo amigos para saber quién soy. Viéndolos locos y santos, tontos y serios, niños y ancianos, nunca me olvidaré que la normalidad es, a menudo, una ilusión tonta”.

OSCAR WILDE

 

Plegaria para el Amigo

Bésame el alma y el corazón.

Tócame la soledad y enciéndela.

Que el amor viaje por las galerías del tiempo y por los espacios que transita la distancia.

Que tu presencia en mi vida sea como una palabra de bienvenida.

¡Gracias amigo por haber encontrado mi camino!

Amén.

 

 

Territorio de sueños

En este tiempo mi memoria saca cuentas de lo que he
soñado y de lo que deseado.

Recuerdo que alguno me dio agua para que no dejara de
soñar bajo el arduo sol del lento y solitario camino.
También hay quien me atropelló los sueños y los rompió
en pedazos. No importa, aquí estoy recomponiendo mi
bandera, tratando de encontrarme y de ser fiel a mí mismo y a
mis esperanzas.

Otras veces, persiguiendo mis propios sueños, empujé sin
ver los sueños de los demás, sin detenerme en ayudarlos a
recomponer lo que mi torpeza acaba de derrumbar….

Hay tardes en que subo a la colina y lanzo mis sueños,
soplándolos al aire para que vuelen, se esparzan y vivan…
Hoy quisiera saludar a todos aquellos que transitan mi
territorio de sueños.

Amor, estás ahí?…
Por algo será. ¡¡¡Gracias!!!

 

El Don de la Amistad

En nuestra amistad todo es un regalo.
Allí nada es mucho.
En el verdadero afecto palabras como “poco”,
“mucho”, “bastante” o “suficiente” no existen.
Nunca es bastante.

Todo cuanto hago no lo hago para que me lo
devuelvas sino para que lo recibas.
Al recibirlo me lo vuelves a dar.
Recibo si te doy.
Si me lo dejara para mí me vaciaría.
El don se multiplica si se es generoso con él.

Cada uno da a su manera.
Yo recibo mucho, mucho de ti.
Seguramente tengo que devolverte.

Todo es un don en la vida.
Tú, un regalo inmerecido.
Quiero disfrutarlo para hacerte todo el bien que
pueda.
Quiero darte lo mejor de lo que encuentre en mí.

Toda la vida es una continua devolución,
hasta la misma muerte es la devolución final,
la devolución de todo.
La devolución de las devoluciones.

No vale la pena ser mezquino o egoísta.
El tiempo es tan corto.

Tú eres parte del don que tendré que aprender a
devolver un día.

El amor es don y devolución continúa.
La mejor relación es aquella en la que reina la
gratuidad.
La amistad y el amor son gratuidades.
No se compran, no se venden, no se trocan, ni se
cambian.
Sólo son don para compartir.
La gratuidad es lo absolutamente dado sin
merecimiento, ni derecho de nuestra parte.

Tú eres un don que quiero cuidar sin invadir.
Nadie es un premio para nadie.
Todos somos regalos, don para el otro.

Yo no hice previamente nada para tenerte,
ni siquiera te conocía.
Aparecimos uno para el otro.
Eso es la gratuidad.
Todo dado para ser compartido.
Apareciste para que pudiera dar más el corazón
que si no quedaba asfixiado adentro.
Sólo pido que lo recibas.
Sólo pido que te dejes querer.
Que me dejes entregar.

En la medida en que me doy más sinceramente
a mi mismo,
me das todo.
No quiero nada excepto un poco más de ti y de
tu intensidad.
Ése es mi compromiso para contigo:
cultivar el afecto que te tengo y manifestarlo
para hacernos el Bien y Crecer.

Eduardo Casas

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Un pensamiento en “Amigos del Alma y de la Vida

  1. Tú eres un don que quiero cuidar sin invadir.
    Nadie es un premio para nadie.
    Todos somos regalos, don para el otro.

    Yo no hice previamente nada para tenerte,
    ni siquiera te conocía.
    Aparecimos uno para el otro.
    Eso es la gratuidad.

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