María, la madre terrestre de Jesús, descendía de una larga estirpe de antepasados extraordinarios


JOSÉ Y MARÍA

José, el padre humano de Jesús (Josué ben José) era un hebreo entre los hebreos, aunque poseía muchos rasgos raciales no judíos que, de vez en cuando, se habían añadido a su árbol genealógico a través de las líneas femeninas de sus progenitores. Los antepasados del padre de Jesús se remontaban a los tiempos de Abraham, y por medio de este venerable patriarca, a linajes más antiguos que llegaban hasta los sumerios y los noditas y, a través de las tribus meridionales del antiguo hombre azul, hasta Andón y Fonta. David y Salomón no eran antecesores en línea directa de José, cuyo linaje tampoco se remontaba directamente hasta Adán. Los ascendientes próximos de José eran artesanos: constructores, carpinteros, albañiles y herreros. El mismo José era carpintero, y más tarde fue contratista. Su familia pertenecía a una larga e ilustre línea de notables del pueblo, realzada de vez en cuando por la aparición de personalidades excepcionales que se habían distinguido en el ámbito de la evolución de la religión en Urantia.

María, la madre terrestre de Jesús, descendía de una larga estirpe de antepasados extraordinarios que comprendía muchas mujeres entre las más notables de la historia racial de Urantia. Aunque María era una mujer típica de su tiempo y de su generación, con un temperamento bastante normal, contaba entre sus antecesores a mujeres tan ilustres como Annón, Támar, Rut, Betsabé, Ansie, Cloa, Eva, Enta y Ratta. Ninguna mujer judía de la época poseía un linaje que tuviera en común a unos progenitores más ilustres, o que se remontara a unos orígenes más prometedores. Los antepasados de María, como los de José, estaban caracterizados por el predominio de individuos fuertes pero corrientes, resaltando de vez en cuando numerosas personalidades sobresalientes en la marcha de la civilización y en la evolución progresiva de la religión. Desde un punto de vista racial, no es muy apropiado considerar a María como una judía. Por su cultura y sus creencias era judía, pero por sus dones hereditarios era más bien una combinación de estirpes siria, hitita, fenicia, griega y egipcia; su herencia racial era más heterogénea que la de José.

De todas las parejas que vivían en Palestina en la época para la que se había proyectado la donación de Miguel, José y María poseían la combinación más ideal de vastos vínculos raciales y de dotaciones de personalidad superiores a la media. El plan de Miguel era aparecer en la tierra como un hombre ordinario, para que la gente común pudiera comprenderlo y recibirlo; por eso Gabriel eligió a unas personas como José y María para ser los padres de la donación.

GABRIEL SE APARECE A ISABEL

El trabajo que Jesús realizó durante su vida en Urantia fue empezado, de hecho, por Juan Bautista. Zacarías, el padre de Juan, pertenecía al clero judío, mientras que su madre, Isabel, era miembro de la rama más próspera del mismo gran grupo familiar al que también pertenecía María, la madre de Jesús. Zacarías e Isabel, aunque estaban casados desde hacía muchos años, no tenían hijos.

A finales del mes de junio del año 8 a. de J.C., unos tres meses después de que se casaran José y María, Gabriel se apareció a Isabel, un día al mediodía, de la misma forma que más tarde hizo conocer su presencia a María. Gabriel dijo:

«Mientras tu marido Zacarías oficia ante el altar en Jerusalén, y mientras el pueblo reunido ruega por la llegada de un libertador, yo, Gabriel, he venido para anunciarte que pronto darás a luz un hijo que será el precursor de este maestro divino; llamarás a tu hijo Juan. Crecerá consagrado al Señor tu Dios, y cuando llegue a la madurez, alegrará tu corazón porque llevará muchas almas hacia Dios, y proclamará también la venida del sanador de almas de tu pueblo y libertador espiritual de toda la humanidad. Tu pariente María será la madre de este hijo de la promesa, y también me apareceré a ella.»

Esta visión asustó mucho a Isabel. Después de la partida de Gabriel, le dio muchas vueltas a esta experiencia en su cabeza, reflexionando largamente en las palabras del majestuoso visitante, pero no habló de esta revelación a nadie salvo a su marido, hasta que visitó posteriormente a María a principios de febrero del año siguiente.

Sin embargo, Isabel guardó durante cinco meses su secreto incluso a su marido. Cuando le contó la historia de la visita de Gabriel, Zacarías permaneció muy escéptico y dudó de toda la experiencia durante semanas, consintiendo solamente en creer a medias en la visita de Gabriel a su esposa, hasta que ya no pudo dudar de que estuviera embarazada. Zacarías estaba absolutamente perplejo ante la próxima maternidad de Isabel, pero no puso en duda la integridad de su mujer, a pesar de su propia edad avanzada. Hasta unas seis semanas antes del nacimiento de Juan, y a consecuencia de un sueño impresionante, Zacarías no se convenció por completo de que Isabel iba a ser la madre de un hijo del destino, el encargado de preparar el camino para la venida del Mesías.

Gabriel se apareció a María hacia mediados de noviembre del año 8 a. de J.C., mientras ella estaba trabajando en su casa de Nazaret. Más adelante, cuando María supo sin lugar a dudas que iba a ser madre, persuadió a José para que la dejara ir a la Ciudad de Judá, a siete kilómetros en las colinas al oeste de Jerusalén, para visitar a Isabel. Gabriel había informado a cada una de estas futuras madres de su aparición a la otra. Naturalmente estaban impacientes por encontrarse, comparar sus experiencias y hablar del futuro probable de sus hijos. María permaneció tres semanas con su prima lejana. Isabel contribuyó mucho a fortalecer la fe de María en la visión de Gabriel, de manera que ésta regresó a su hogar más plenamente dedicada a la misión de ser la madre del hijo del destino, a quien muy pronto debería presentar al mundo como un bebé indefenso, como un niño normal y común del planeta.

Juan nació en la Ciudad de Judá, el 25 de marzo del año 7 a. de J.C. Zacarías e Isabel sintieron una gran alegría con la llegada de su hijo, como Gabriel había prometido. Al octavo día, cuando presentaron al niño para la circuncisión, lo llamaron oficialmente Juan como les había ordenado anteriormente. Un sobrino de Zacarías ya había partido para Nazaret llevando el mensaje de Isabel a María de que su hijo había nacido y que se llamaría Juan.

Desde la más tierna infancia de Juan, sus padres le inculcaron juiciosamente la idea de que cuando creciera se convertiría en un dirigente espiritual y en un instructor religioso. Y el corazón de Juan siempre fue un terreno favorable para sembrar estas semillas sugerentes. Incluso siendo niño, se le encontraba con frecuencia en el templo durante los períodos de servicio de su padre, y estaba profundamente impresionado con el significado de todo lo que veía.

 

http://urantiaespiritual.webs.com/

 

 

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Un pensamiento en “María, la madre terrestre de Jesús, descendía de una larga estirpe de antepasados extraordinarios

  1. Hace un tiempo he procurado conocer la genealogia de maria para conocer el linaje de Jesus.puesto que ne queda claro que no procede de daviy y salomon.

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