CARTAS A UNA JOVEN AMIGA /VII


Entre 1948 y principios de los años 60, Krishnaji era fácilmente accesible y mucha gente venía a verle. Las relaciones florecían en los paseos, en las entrevistas personales, a través de cartas. Las cartas que siguen las escribió a una joven amiga que llegó a él herida en cuerpo y mente. Escritas entre junio de 1948 y marzo de 1960, revelan una rara compasión y claridad; se despliegan en ella la enseñanza y el poder curativo; desaparecen la separación y la distancia; las palabras fluyen; ni una sola palabra es superflua; la curación y la enseñanza son simultáneas:

Enfréntese a las cosas con facilidad, pero internamente hágalo en un estado de plenitud y alerta. No deje que se escape un instante sin haber estado totalmente atenta a lo que ocurre dentro y alrededor de usted. Esto es lo que implica ser sensible, no a una cosa o dos, sino ser sensible a todo. Ser sensible a la belleza y resistir la fealdad, es engendrar conflicto. ¿Sabe? cuando uno observa percibe que la mente está siempre juzgando esto es bueno y aquello es malo, esto es blanco y eso es negro­ juzgando a la gente, comparando sopesando, calculando. La mente está perpetuamente inquieta. ¿Puede la mente vigilar, observar sin juzgar, sin calcular? Percibir las cosas sin nombrarlas; sólo vea si la mente puede hacerlo.

Juegue con esto. No lo fuerce, deje que la mente se observe a sí misma. Casi todos los que intentan ser sencillos empiezan con lo externo, descartando, renunciando, etcétera; pero en lo interno siguen siendo complejos. Con la sencillez interna, lo exterior se corresponde con lo interno. Ser sencillo internamente es estar libre del apremio por el ‘más’, es no pensar en términos de tiempo, de progreso, de éxito. Ser sencilla implica para la mente librarse de todos los resultados, vaciarse de todo conflicto. Esta es la verdadera sencillez.

¿Puede la mente dejar de batallar entre lo bello y lo feo, dejar de aferrarse a lo uno y desechar lo otro? Este conflicto la vuelve insensible y exclusiva. Cualquier intento por parte de la mente para encontrar una línea indefinida entre lo bello y lo feo, sigue siendo parte de lo uno o de lo otro. El pensamiento no puede, haga lo que haga, librarse de los opuestos; es el pensamiento mismo el que ha creado lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo. No puede, por tanto, librarse de sus propias actividades. Todo cuanto puede hacer es quedarse quieto, no optar. La opción es conflicto y la mente se halla de vuelta metida en sus propios enredos. Cuando la mente está quieta, se ha liberado de la dualidad.

Hay enorme descontento, y pensamos que una ideología el comunismo u otra­ va a resolverlo todo, que incluso desterrará el descontento, cosa que jamás puede hacer. El comunismo o cualquier otro condicionamiento, como el de la religión organizada, jamás podrán terminar con el descontento; pero tratamos en todas las formas posibles de sofocarlo, de moldearlo, de contentarlo, sin embargo, está siempre ahí. Pensamos que está mal sentirnos descontentos, que no es normalmente correcto, y, sin embargo, no podemos deshacernos del descontento. Este tiene que ser comprendido. Comprender no es condenar. De modo que investíguelo realmente, obsérvelo sin deseo alguno de cambiarlo. Esté alerta al descontento mientras éste opera durante el día, perciba sus modalidades y esté a solas con él.

La libertad llega cuando la mente está sola. Nada más que por el gusto de hacerlo, mantenga la mente quieta, libre de todo pensamiento. Juegue con ello, no lo convierta en un asunto muy grave; esté atenta sin ningún esfuerzo, deje que la mente se aquiete.

La frustración existe en tanto uno esté buscando la realización personal. El placer de realizarse es un deseo constante, y nosotros queremos la continuidad del placer. La terminación de ese placer es frustración, y en ello hay dolor. Entonces la mente busca otra vez la realización en distintas direcciones, y otra vez se encuentra con la frustración. Esta frustración es el movimiento de la conciencia egocéntrica, que es aislamiento, separación, sentimiento doloroso de soledad. La mente quiere escapar de todo esto otra vez hacia alguna forma de realización. La lucha por realizarse engendra el conflicto de la dualidad. Cuando la mente ve la verdad de lo inútil que es la realización personal, cuando ve que en ella hay siempre frustración, sólo entonces puede permanecer en ese estado de soledad del cual no hay modo de escapar. Cuando la mente se halla en este estado de soledad, sin ningún escape, sólo entonces se libera de la frustración. La separación existe a causa del deseo de realizarse; la frustración es separación.

CARTAS A UNA JOVEN AMIGA /VII

KRISHNAMURTI

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