CARTAS A UNA JOVEN AMIGA /XI


Entre 1948 y principios de los años 60, Krishnaji era fácilmente accesible y mucha gente venía a verle. Las relaciones florecían en los paseos, en las entrevistas personales, a través de cartas. Las cartas que siguen las escribió a una joven amiga que llegó a él herida en cuerpo y mente. Escritas entre junio de 1948 y marzo de 1960, revelan una rara compasión y claridad; se despliegan en ella la enseñanza y el poder curativo; desaparecen la separación y la distancia; las palabras fluyen; ni una sola palabra es superflua; la curación y la enseñanza son simultáneas:

Es especialmente difícil, desde el lugar en que uno se encuentra psicológicamente, no desear, no anhelar ciertas cosas, ciertos acontecimientos, no comparar. Cualquiera que sea nuestra condición, los deseos, los anhelos, las comparaciones continúan. Siempre anhelamos más o menos de esto o de aquello, ansiamos continuar con algún placer y evitar el dolor.

Es realmente interesante preguntarse: ¿Por qué la mente crea un centro de sí misma, alrededor del cual se mueve y tiene su existencia? La vida es mil y una influencias, innumerables presiones, conscientes e inconscientes. Entre estas presiones e influencias, escogemos unas y descartamos otras, y así construimos gradualmente un centro. No dejamos que todas estas presiones e influencias pasen junto a nosotros sin afectarnos. Cada presión, cada influencia nos afecta, y el efecto que nos causa decimos que es bueno o malo; no parecemos capaces de observar, de darnos cuenta de la influencia sin tomar parte en ella de uno u otro modo, resistiéndola o acogiéndola. Esta resistencia o esta buena acogida, contribuyen a formar el centro desde el cual actuamos. ¿Puede la mente no crear este centro? La respuesta sólo es posible encontrarla a través de la experimentación, no mediante forma alguna de aceptación o rechazo. Por lo tanto, experimente y descubra. Con la terminación de este centro, existe la verdadera libertad.

   Uno se agita, está ansioso, y a veces asustado. Estas cosas ocurren. Son los accidentes de la vida. La vida es hoy un día nublado. El otro día fue claro y soleado, pero ahora llueve, está nublado y hace frío; este cambio es el inevitable proceso del vivir. La ansiedad, el miedo, de pronto se nos vienen encima; hay causas para ello, ocultas o muy evidentes, y con un poco de percepción uno puede encontrar esas causas. Pero lo importante es darse cuenta de estos sucesos o accidentes y no dejarles que echen raíces, permanentes o temporarias. Uno da raíces a estas reacciones cuando la mente compara, justifica, condena o acepta. Usted sabe, uno tiene que estar internamente despierto todo el tiempo, sin ninguna tensión. La tensión surge cuando deseamos un resultado, y lo que surge vuelve a crear una tensión que también debe eliminarse.  Permítale a la vida que fluya.

Es fatalmente fácil acostumbrarse a cualquier cosa, a cualquier incomodidad, a cualquier frustración, a cualquier satisfacción continua. Uno puede adaptarse a todas las circunstancias, a la demencia o al ascetismo. A la mente le gusta funcionar en surcos, en hábitos, y a esta actividad la llamamos el vivir. Cuando uno ve todo esto rompe con ello y trata de llevar una vida sin amarras, sin intereses personales. Estos intereses, si uno no está muy alerta, nos introducen de vuelta en un patrón de vida. En todo esto verá usted que la voluntad egocéntrica, la directiva, está funcionando la voluntad de ser, de lograr, de devenir, etcétera­. Esa voluntad es el centro personal de la opción, y en tanto exista esa voluntad, la mente sólo puede funcionar dentro de hábitos, ya sea creados por ella misma o impuestos sobre ella.

El verdadero problema es estar libres del ejercicio de la voluntad. Uno puede jugar distintos trucos consigo mismo que está libre de la voluntad, del centro del yo, del escogedor­ pero ello proseguirá bajo un nombre diferente, bajo un pretexto diferente. Cuando uno comprende el verdadero significado del hábito, del acostumbrarse a las cosas, del escoger, del nombrar, del perseguir un interés, etcétera, cuando hay una percepción inteligente de todo esto, entonces ocurre el verdadero milagro, la cesación de la voluntad egocéntrica. Experimente con esto, dese cuenta de esto de instante en instante, sin deseo alguno de llegar a ninguna parte.

El cielo del sur y el cielo del norte son extraordinariamente distintos. Aquí en Londres, para variar, no hay una sola nube en el suave cielo azul, y los altísimos árboles apenas si empiezan a mostrar su verde. La primavera está por comenzar. Aquí es todo sombrío, no se nota alegría en la gente, como ocurre en el sur.

Una mente quieta pero muy alerta, vigilante, es una bendición; es como la tierra, rica y con posibilidades inmensas. Sólo cuando hay una mente así, que no compara, que no condena, sólo entonces es posible que exista esa riqueza que es inmensurable.

No permita que la asfixie el humo de la trivialidad, ni deje que el fuego se apague. Manténgase en movimiento, arrancando, destruyendo, sin echar raíces jamás. No permita que arraigue ningún problema, termine con ellos inmediatamente y despierte cada mañana fresca, joven e inocente…

Sea prudente y definida respecto de su salud; no permita que la emoción y el sentimiento interfieran con su salud ni que empequeñezcan su propia acción. Hay demasiadas influencias y presiones que de manera constante moldean la mente y el corazón; esté alerta a ellas, atraviéselas sin volverse una esclava de ellas. Ser esclavo de algo es ser mediocre. Manténgase despierta, en llamas.

Enfréntese al temor, invítelo, no deje que le sobrevenga súbitamente, inesperadamente; afróntelo de manera constante; persígalo con diligencia y deliberación. No permita que eso la asuste. Profundamente, en lo interno, puede que haya un lento marchitamiento del temor, tal vez no esté usted consciente de ello.

Espero que se encuentre bien y que todo eso no haya dejado cicatrices en usted; probablemente pueda curarse y tras ello proseguiremos.

Con mi máxima simpatía y consideración.

Le saluda afectuosamente,

J. Krishnamurti

CARTAS A UNA JOVEN AMIGA /XI

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Un pensamiento en “CARTAS A UNA JOVEN AMIGA /XI

  1. Magistral…..enternecedor y Amoroso.
    Gracias Maestro por estas maravillosas cartas que nos has dejado a todos.

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