Es simplemente inconcebible: si me amas, ¿cómo puedo esclavizarte? Si me amas, sólo me podré alegrar de tu libertad


El Maestro y la Libertad

Para el mundo occidental los términos «libertad» y «maestro» son virtualmente exclusivos. Para aquellos que te han conocido esto es inexacto. ¿Cómo redefinirías libertad y maestro para la comprensión occidental?

EL MUNDO occidental no ha entrado en contacto con la tremenda realidad que ocurre en el encuentro de un maestro y su discípulo. Por supuesto, no es visible. Es como el amor, pero más grande, más profundo y más misterioso.

Occidente ha tenido los santos y sus seguidores. Los santos exigen rendición, los santos exigen fe. Y en el momento que te haces creyente dejas de ser; toda tu individualidad ha sido eliminada. Desde ese momento eres un cristiano o un judío, pero no eres tú. El fenómeno del maestro y el discípulo ocurrió en Oriente en sus días dorados, cuando había gente como Lao Tzu, Zaratustra y Gautama el Buda. Ellos crearon un nuevo tipo de relación completamente nuevo.

No todo el mundo puede pintar como Picasso, ni todo el mundo puede ser Miguel Ángel. Occidente se ha perdido el tener un Gautama el Buda. Gautama el Buda es un rebelde; no es seguidor de nadie. Ni Lao Tzu es el seguidor de nadie. No tienen escrituras, no tienen sistemas de creencias. Han buscado por su cuenta, solos; arriesgando, porque se están alejando de la multitud por un camino solitario, sin saber dónde va a terminar su viaje pero confiando en su corazón, experimentando pequeñas indicaciones, la paz va creciendo, el amor está floreciendo, una nueva fragancia ha llegado a su ser, que sus ojos ya no están llenos de polvo del pasado. Una claridad y transparencia tremendas…. y saben que están en el camino correcto.

No hay guía, y no te encontrarás a nadie en el camino para preguntarle a qué distancia está la meta. Es un vuelo de la soledad a la soledad. Pero una vez que un hombre encuentra la verdad él solo, naturalmente se hace consciente de que no hace falta ninguna religión organizada; es un obstáculo, que no hace falta sacerdotes ni mediadores; ellos no te dejarán alcanzar la verdad. Ese hombre, que ha encontrado la verdad, se convierte en un maestro.

La diferencia es sutil y tiene que ser entendida. El discípulo no es un seguidor; el discípulo simplemente se ha enamorado. Tú no llamas seguidores a los amantes. Algo ha hecho clic en su ser, en la presencia de alguien. No se trata de que le hayan convencido sus ideas. No es una convicción, no es una conversión, es una transformación. En el momento que un buscador entra en contacto con uno que ha encontrado se produce una gran sincronicidad. Mirándose mutuamente a los ojos, sin decir una palabra, algo que nunca han soñado de repente se convierte en la realidad más grande.

No es creencia, porque la creencia está siempre en las filosofías, en las ideologías. No es fe, porque la fe está en invenciones para las que nadie puede encontrar pruebas o evidencias; es confianza. Lo que relaciona al maestro con el discípulo es la confianza. La confianza es el florecimiento más grande del amor. ¿Y cómo puede el amor hacer esclavo a nadie? El mismo hecho de que el amor es lo que une al maestro y al discípulo, es suficiente  indicación de que el maestro ofrecerá todas las posibilidades para la liberación del discípulo; de lo contrario, estaría traicionando el amor, y ningún maestro puede traicionar el amor

El amor es la realidad esencial. Él tiene que realizarlo en sus acciones, en sus palabras, en sus relaciones, en su silencio. Haga lo que haga, sólo tiene que cumplir un requisito: que es su amor. Y si una persona está tanteando en la oscuridad, les llega un discípulo…, sólo un sacerdote puede aprovecharse, sólo un político puede aprovecharse de él. Están a la caza de seguidores; el político y el sacerdote, ambos. El político y el sacerdote están de acuerdo en un punto, que necesitan seguidores; sólo así pueden ser alguien. Y tienen territorios separados: el político se ha apropiado de la parcela mundana y el sacerdote de la espiritual. Entre los dos han convertido a toda la humanidad en esclavos. Han destrozado la libertad de todo el mundo.

La contribución más grande ha llegado de algunos pocos maestros que han alcanzado no sólo su propia libertad sino también la libertad de aquellos que les han amado. Es simplemente inconcebible: si me amas, ¿cómo puedo esclavizarte? Si me amas, sólo me podré alegrar de tu libertad. Verte abrir las alas al cielo hacia lo desconocido, hacia lo más lejano, lo misterioso, esa será mi alegría, y no el que te ates a un cierto dogma, credo culto, religión o filosofía. Son diferentes clases de cadenas manufacturadas por diferentes tipos de personas, pero su propósito es el mismo.

Porque Occidente no ha conocido maestros… Ha tenido papas, ha tenido profetas, ha tenido salvadores, ha tenido santos. Es absolutamente inconsciente de que hay una dimensión que no ha comprendido, y esa dimensión es la más valiosa.

Me estás preguntando: «Para el mundo occidental, los términos “libertad” y “maestro” son virtualmente exclusivos. Para aquellos que te han conocido esto es  inexacto. ¿Cómo redefines libertad y maestro para la comprensión occidental?»

La palabra maestro crea confusión. Te hace pensar que te has convertido en un esclavo, que alguien se ha convertido en tu maestro. En Oriente, la palabra se usa en el sentido de que tú te has convertido en tu propio maestro, que has dejado de ser un esclavo, que has alcanzado la libertad. Idiomas diferentes surgidos en climas diferentes con gente diferente, diferentes experiencias, están destinadas a crear ese tipo de confusiones.

Para la conciencia occidental nunca ha sido un objetivo ser el maestro de uno mismo; al contrario, éste siempre ha sido cómo conquistar a otros, cómo ser el maestro de otros. Es difícil traducir muchas palabras orientales al idioma occidental. Existe la misma dificultad si quieres traducir física cuántica a idiomas orientales; no encontrarás las palabras adecuadas, porque antes de que el idioma aparezca tiene que existir la experiencia, la experiencia crea el idioma. Y si lo intentas, está destinado a que sucedan cosas muy divertidas. La palabra oriental para maestro es acharya. La palabra acharya significa uno que vive su vida auténticamente, de acuerdo a su propio conocimiento y consciencia. Y si te acercas a una persona así, ¿qué puede darte? Estando con él, sólo aprenderás una cosa: cómo vivir en libertad, consciencia, con profunda integridad y dignidad. Estamos usando la palabra maestro para acharya.

La palabra discípulo es más afortunada, porque la palabra oriental shishya y la palabra discípulo tienen exactamente los mismos significados; por razones diferentes, pero los significados son los mismos. El discípulo es uno que está tratando de aprender algo. El significado etimológico de la palabra discípulo es el mismo que el de la palabra disciplina. Significa prepararte a aprender, a entender. Así como está es perfecta; puede usarse. En lo que se refiere a la palabra maestro… El discípulo se acaba de enamorar del maestro y quiere aprender de él esa misma libertad, esa misma sinceridad, esa misma integridad, esa misma altura de conciencia. No se cuestiona la rendición, no se cuestiona la creencia. En presencia del maestro, en la atmósfera del maestro, los discípulos empiezan a descubrir nuevas dimensiones que no conocían y que estaban dentro de ellos en potencia. El maestro no les da nada excepto su amor; tampoco se puede decir que lo dé. Simplemente, se derrama. Del mismo modo que el sol derrama sus rayos sobre las flores, sobre los pájaros, sobre los animales, todo aquel que se acerca al maestro es bendecido con su amor.

Si estás buscando, si estás dispuesto a aprender, si todavía no eres un erudito, si todavía no estás lleno de prejuicios, si todavía no eres creyente, si no has vendido tu espíritu a alguna teología, a alguna religión, a alguna ideología, entonces, con sólo estar cerca del maestro, algo empieza a revelarse. Es la transmisión de la luz. Así es como se ha conocido en Oriente: la transmisión de la luz de un corazón, que ha descubierto su propio fuego, a otro corazón que está tanteando en la oscuridad. Sólo acercándose… Imagínate dos velas, una encendida y otra apagada, acercándose cada vez más. De repente, llega un momento en el que te maravillarás; las dos velas están encendidas. La llama ha saltado a la otra vela. Con sólo una cierta proximidad… El amor crea esa proximidad y la llama salta de un corazón al otro. No se trata de que alguien se rinda, no se trata de que alguien crea.

Pero tu pregunta es importante, porque normalmente ni siquiera en Oriente encontrarás el tipo de maestro que estoy definiendo. Oriente ha caído en una gran oscuridad. Los días de Gautama el Buda ya no son una realidad, sino sólo una hermosa memoria, un sueño que quizá sucedió o quizá alguien soñó.

No es cuestión de creer. No es cuestión de convertirse, de argumentación, es una cuestión de la más alta calidad del Amor.

Hoy en día es raro encontrar a un maestro y hay muchos impostores. Una de las cosas que se puede decir de los impostores es que puedes reconocerlos inmediatamente. En cuanto te piden que creas en cualquier cosa, en cuanto te piden que sigas unas ciertas reglas, regulaciones, en cuanto te piden que tengas fe en ellos, que nunca dudes, nunca preguntes, que tengas una fe indudable; esas son las indicaciones de los impostores. Dondequiera que los encuentres, escapa de ese lugar tan rápido como puedas.

Pero esa gente está en todo el mundo, no sólo en Occidente sino también en Oriente. Es muy extraño que te encuentres con un maestro que te dé dignidad, que te dé amor, que te dé libertad que no te cree ninguna atadura, que no haga ningún contrato y que no quiera convertirte en su sombra; él quiere que seas tú mismo. En cuanto encuentres a un hombre como éste habrá llegado el momento más importante de tu vida. No lo dejes escapar. Hay muchos impostores, pero los auténticos maestros son inmensamente raros.

Desafortunadamente, en nuestra época, en nuestro tiempo los hemos olvidado completamente de una determinada dimensión no sólo en Occidente. En Occidente nunca lo han descubierto, pero en Oriente lo descubrimos y lo perdimos. Si deja de haber maestros que hayan alcanzado su potencial más alto, que le hayan hecho uno con Dios, entonces será muy difícil para los discípulos que están tanteando en la oscuridad, a ciegas, con todo tipo de distracciones, encontrar su propia dignidad, su propio ser.

Mi esfuerzo aquí no es hacer discípulos, eso es sólo el prologo, sino crear maestros, tantos maestros como sea posible. El mundo necesita inmensamente, urgentemente, mucha gente consciente amorosa, libre, sincera. Sólo esa gente puede crear una cierta atmósfera espiritual que podrá impedir que este mundo sea destruido por las fuerzas suicidas, que son muy poderosas, pero no más poderosas que el amor.

Osho

 

La mente humana es colocada bajo el microscopio como nunca antes, y analizada hasta la más pequeña idea. La mente como psicología; la mente como emoción; la mente como mente/cuerpo; la mente como mo­ralista; la mente como creencia; la mente como religión; la mente como histo­ria; la mente como evolución política y social; toda ella examinada, estudiada e integrada. Luego, grácilmente, abandonada en la búsqueda esencial de la trascendencia.

Con seguridad, una propuesta a la exis­tencia: que todo el mundo tiene el derecho como persona de disfrutar de la misma experiencia oceánica de una verdadera individualidad. Para eso, dice Osho: «Sólo hay un camino, que va hacia adentro, donde no encontrarás a nin­gún ser humano, donde sólo encontrarás silencio, paz.»

¿Una conclusión? No hay paradas totales en la visión de Osho, sino una ayuda para comprendernos a nosotros mismos.

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