X-La Pasión de Jesús: Fue el hombre, y no Dios, el que planeó y ejecutó la muerte de Jesús en la cruz


LOS PREPARATIVOS PARA LA CRUCIFIXIÓN

Después de que Pilatos se hubiera lavado las manos delante de la multitud, tratando así de escapar a la culpabilidad de haber entregado a un hombre inocente a la crucifixión simplemente porque temía resistirse al clamor de los dirigentes de los judíos, ordenó que el Maestro fuera entregado a los soldados romanos y dio instrucciones a su capitán para que fuera crucificado inmediatamente. Al hacerse cargo de Jesús, los soldados lo llevaron de nuevo al patio del pretorio, y después de quitarle el manto que Herodes le había puesto, lo vistieron con su propia ropa. Estos soldados se burlaron y se mofaron de él, pero no le infligieron nuevos castigos físicos. Jesús estaba ahora solo con estos soldados romanos. Sus amigos estaban escondidos, sus enemigos se habían ido por su camino, e incluso Juan Zebedeo ya no estaba a su lado.

Pilatos entregó a Jesús a los soldados poco después de las ocho de la mañana, y poco antes de las nueve partieron para el lugar de la crucifixión. Durante este intervalo de más de media hora, Jesús no dijo ni una sola palabra. La actividad ejecutiva de un gran universo estaba prácticamente detenida. Gabriel y los principales dirigentes de Nebadón o bien se encontraban reunidos aquí en Urantia, o prestaban mucha atención a los informes espaciales de los arcángeles, en un esfuerzo por mantenerse informados de lo que le estaba sucediendo al Hijo del Hombre en Urantia.

Cuando los soldados estuvieron preparados para salir con Jesús hacia el Gólgota, habían empezado a sentirse impresionados por su insólita serenidad y su dignidad extraordinaria, por su silencio sin queja.

Una gran parte del retraso en partir con Jesús para el lugar de la crucifixión se debió a que el capitán decidió, a última hora, llevarse consigo a dos ladrones que habían sido condenados a muerte; puesto que Jesús iba a ser crucificado aquella mañana, el capitán romano pensó que estos dos también podían morir con él, en lugar de esperar hasta el fin de las festividades de la Pascua.

En cuanto prepararon a los ladrones, fueron conducidos al patio, donde uno de ellos contempló a Jesús por primera vez, pero el otro le había oído hablar a menudo tanto en el templo como muchos meses antes en el campamento de Pella.

RELACIÓN ENTRE LA MUERTE DE JESUS Y LA PASCUA

No existe una relación directa entre la muerte de Jesús y la Pascua judía. Es verdad que el Maestro entregó su vida carnal en este día, el día de la preparación de la Pascua judía, y alrededor de la hora en que se sacrificaban los corderos pascuales en el templo. Pero la coincidencia de estos acontecimientos no indica de ninguna manera que la muerte del Hijo del Hombre en la tierra tenga alguna relación con el sistema de los sacrificios judío. Jesús era judío pero, como Hijo del Hombre, era un mortal de los reinos. Los acontecimientos ya narrados, que condujeron a este momento en que el Maestro iba a ser crucificado de manera inminente, son suficientes para indicar que su muerte, que se produjo aproximadamente a esta hora, fue un asunto puramente natural y manejado por los hombres.

Fue el hombre, y no Dios, el que planeó y ejecutó la muerte de Jesús en la cruz. Es verdad que el Padre se negó a entremeterse en la marcha de los acontecimientos humanos en Urantia, pero el Padre del Paraíso no decretó, pidió ni exigió la muerte de su Hijo tal como se llevó a cabo en la tierra. Es un hecho que, tarde o temprano y de alguna manera, Jesús habría tenido que despojarse de su cuerpo mortal, poniendo fin a su encarnación, pero podría haberlo hecho de muchas formas, sin tener que morir en una cruz entre dos ladrones. Todo esto fue obra del hombre, y no de Dios.

En la época de su bautismo, el Maestro ya había completado la parte técnica de la experiencia requerida en la tierra y en la carne, necesaria para finalizar su séptima y última donación en el universo. En aquel mismo momento, Jesús había realizado su deber en la tierra. Toda la vida que vivió de allí en adelante, e incluso la manera en que murió, fueron un ministerio puramente personal por su parte por el bienestar y la elevación de sus criaturas mortales en este mundo y en otros mundos.

El evangelio de la buena nueva de que el hombre mortal puede, por la fe, volverse espiritualmente consciente de que es hijo de Dios, no depende de la muerte de Jesús. Es verdad, en efecto, que todo este evangelio del reino ha sido enormemente iluminado por la muerte del Maestro, pero lo fue aun más por su vida.

Todo lo que el Hijo del Hombre dijo o hizo en la tierra embelleció enormemente las doctrinas de la filiación con Dios y la fraternidad de los hombres, pero estas relaciones esenciales entre Dios y los hombres son inherentes a los hechos universales del amor de Dios por sus criaturas y de la misericordia innata de los Hijos divinos. Estas relaciones conmovedoras y divinamente hermosas entre el hombre y su Hacedor, en este mundo y en todos los demás, en todo el universo de universos, han existido desde la eternidad; y no dependen en ningún sentido de las actuaciones donadoras periódicas de los Hijos Creadores de Dios, que asumen así la naturaleza y la semejanza de las inteligencias creadas por ellos, como una parte del precio que han de pagar para adquirir finalmente la soberanía ilimitada sobre sus universos locales respectivos.

Antes de la vida y la muerte de Jesús en Urantia, el Padre que está en los cielos amaba al hombre mortal de la tierra tanto como lo ama después de esta manifestación trascendente de la asociación entre el hombre y Dios. Esta poderosa transacción de la encarnación del Dios de Nebadón como hombre en Urantia no podía aumentar los atributos del Padre eterno, infinito y universal, pero sí enriqueció e iluminó a todos los demás administradores y criaturas del universo de Nebadón. Aunque el Padre que está en los cielos no nos ama más debido a esta donación de Miguel, todas las demás inteligencias celestiales sí lo hacen. Y esto es así porque Jesús no solamente hizo una revelación de Dios al hombre, sino que también hizo una nueva revelación del hombre a los Dioses y a las inteligencias celestiales del universo de universos.

Jesús no está a punto de morir como sacrificio por el pecado. No va a expiar la culpabilidad moral innata de la raza humana. La humanidad no tiene esta culpabilidad racial ante Dios. La culpabilidad es estrictamente una cuestión de pecado personal y de rebelión consciente y deliberada contra la voluntad del Padre y la administración de sus Hijos.

El pecado y la rebelión no tienen nada que ver con el plan fundamental de donación de los Hijos Paradisiacos de Dios, aunque nos parezca que el plan de salvación es una característica provisional del plan de donación.

La salvación de Dios para los mortales de Urantia habría sido exactamente igual de eficaz e infaliblemente segura si Jesús no hubiera sido ejecutado por las manos crueles de unos mortales ignorantes. Si el Maestro hubiera sido recibido favorablemente por los mortales de la tierra y si hubiera partido de Urantia abandonando voluntariamente su vida en la carne, el hecho del amor de Dios y de la misericordia del Hijo —el hecho de la filiación con Dios— no hubiera sido afectado de ninguna manera. Vosotros los mortales sois los hijos de Dios, y para que esta verdad se convierta en un hecho en vuestra experiencia personal, sólo se os pide una cosa: vuestra fe nacida del espíritu.

X-La Pasión de Jesús.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s