Las causas de la caída de Judas


Juan Marcos

No aprendió nunca que, después de todo, las verdaderas recompensas de una noble vida consisten en premios espirituales, que no siempre se distribuyen durante esta corta y única vida en la carne.

LAS CAUSAS DE LA CAÍDA DE JUDAS

En la primera parte de su mensaje de despedida a sus apóstoles, el Maestro aludió a la pérdida de Judas y resaltó el trágico destino de su compañero de trabajo traidor como una advertencia solemne contra los peligros del aislamiento social y fraternal. Quizás sea útil para los creyentes de este siglo y de los siglos futuros, analizar brevemente las causas de la caída de Judas a la luz de las observaciones del Maestro y en vista de las aclaraciones acumuladas de los siglos posteriores.

Cuando recordamos esta tragedia, pensamos que Judas se desvió, principalmente, porque era una personalidad solitaria muy notoria, una personalidad cerrada y alejada de los contactos sociales corrientes. Se negó insistentemente a confiar en sus compañeros apóstoles, o a fraternizar libremente con ellos. Pero el hecho de ser una personalidad de tipo solitario, en sí mismo y por sí mismo, no le hubiera causado tanto daño a Judas si no hubiera sido porque tampoco logró acrecentar su amor ni crecer en gracia espiritual. Y además, para empeorar más las cosas, guardó rencores persistentes y alimentó enemigos psicológicos tales como la venganza y el ansia generalizada de «desquitarse» de alguien por todas sus decepciones.

Esta desdichada combinación de peculiaridades individuales y de tendencias mentales se conjugó para destruir a un hombre bien intencionado que no logró subyugar estos males por medio del amor, la fe y la confianza. El hecho de que Judas no tenía necesidad de ir por mal camino está bien demostrado en los casos de Tomás y de Natanael, los cuales estaban aquejados de este mismo tipo de desconfianza y tenían superdesarrolladas sus tendencias individualistas. Incluso Andrés y Mateo tenían muchas inclinaciones en este sentido; pero todos estos hombres experimentaron por Jesús y sus compañeros apóstoles un amor que iba creciendo con el tiempo, y no disminuyendo. Crecieron en la gracia y en el conocimiento de la verdad. Confiaron cada vez más en sus hermanos y desarrollaron lentamente la capacidad de fiarse de sus compañeros. Judas se negó insistentemente a fiarse de sus hermanos. Cuando la acumulación de sus conflictos emocionales le obligaba a buscar alivio en la expresión personal, buscaba invariablemente el consejo y recibía el consuelo poco sensato de sus parientes no espirituales o de aquellos que conocía por casualidad, que eran indiferentes o realmente hostiles al bienestar y al progreso de las realidades espirituales del reino celestial, del que Judas era uno de los doce embajadores consagrados en la tierra.

Judas encontró la derrota en los combates de su lucha terrenal a causa de los factores siguientes relacionados con sus tendencias personales y sus debilidades de carácter:

1. Era un ser humano de tipo solitario. Era sumamente individualista y escogió convertirse en una clase de persona firmemente «encerrada en sí misma» e insociable.
2. Cuando era niño, le habían hecho la vida demasiado fácil. Se indignaba amargamente cuando le contrariaban. Siempre esperaba ganar; era muy mal perdedor.
3. Nunca adquirió una técnica filosófica para enfrentarse con las decepciones. En lugar de aceptar las desilusiones como un aspecto normal y común de la existencia humana, recurría infaliblemente a la práctica de acusar a alguien en particular, o a sus compañeros como grupo, de todas sus dificultades y decepciones personales.
4. Tendía a guardar rencor; alimentaba constantemente la idea de venganza.
5. No le gustaba enfrentarse francamente a los hechos; era deshonesto en su actitud ante las situaciones de la vida.
6. Detestaba discutir sus problemas personales con sus asociados inmediatos; se negaba a hablar de sus dificultades con sus verdaderos amigos y con aquellos que lo amaban realmente. En todos sus años de asociación con el Maestro, ni una sola vez se presentó ante él con un problema puramente personal.
7. No aprendió nunca que, después de todo, las verdaderas recompensas de una noble vida consisten en premios espirituales, que no siempre se distribuyen durante esta corta y única vida en la carne.

A consecuencia del aislamiento persistente de su personalidad, sus penas se multiplicaron, sus aflicciones crecieron, sus ansiedades aumentaron y su desesperación alcanzó una profundidad casi insoportable.

Aunque este apóstol egocéntrico y ultraindividualista tenía muchos problemas psíquicos, emocionales y espirituales, sus dificultades principales eran las siguientes: Como personalidad, estaba aislado. Mentalmente, era desconfiado y vengativo. Por temperamento, era hosco y rencoroso. Emocionalmente, estaba desprovisto de amor y era incapaz de perdonar. Socialmente, no confiaba en nadie y estaba casi enteramente encerrado en sí mismo. En espíritu, se volvió arrogante y egoístamente ambicioso. En la vida, ignoró a los que le amaban, y en la muerte, no tuvo ningún amigo.

Éstos son, pues, los factores mentales y las influencias nocivas que, tomados en su conjunto, explican por qué un creyente en Jesús bien intencionado y por otra parte anteriormente sincero, incluso después de varios años de asociación íntima con la personalidad transformadora de Jesús, abandonó a sus compañeros, repudió una causa sagrada, renunció a su santa vocación y traicionó a su divino Maestro.

 La Vida y las Enseñanzas de Jesús

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