Yo deseo meditar. ¿Podría decirme, por favor, sobre qué debo meditar?


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Comprender todo este problema de la influencia, la influencia del conocimiento, de la experiencia, de los motivos internos y externos —descubrir qué es verdadero y qué es falso, y ver la verdad en lo así llamado falso-, requiere un discernimiento tremendo, una comprensión de las cosas tal como son, ¿no es así? Todo este proceso es, ciertamente, el camino de la meditación. La meditación es esencial en la vida, en nues­tra existencia cotidiana, tal como es esencial la belleza. La comprensión de este proceso total de la existencia: las influencias, los sufrimientos, el esfuerzo cotidiano, la perspectiva autoritaria del vivir, las acciones políticas, etc., todo esto es la vida; y el proceso de comprenderlo todo y liberar la mente, es meditación. Si uno comprende realmente esto, entonces la vida es siempre un pro­ceso meditativo, un proceso de contemplación, pero no con respecto a algo en particular. Estar alerta a este proceso total de la existencia, observarlo, penetrar desapasionadamente en él y liberarnos de él, eso es meditación.

K.: Bien, averigüemos qué es la meditación. Usted y yo va­mos a averiguarlo. No voy a decirle qué es la meditación. Ambos vamos a descubrirlo de un modo nuevo.

La mente que ha aprendido a meditar, o sea, que ha aprendido la técnica de concentrarse, de excluir todo limitándose a un pun­to en particular, una mente así no conoce la meditación. Eso es lo que desea la mayoría de nosotros. Deseamos aprender a concen­trarnos, a estar ocupados con un solo pensamiento excluyendo a todos los demás, y a eso lo llamarnos meditación. Pero eso no es meditación. La meditación es algo por completo diferente, y es lo que vamos a descubrir.

Nuestro primer problema es, entonces, saber por qué la men­te exige estar siempre ocupada. ¿Comprende? Mi mente dice: «Debo estar ocupada con alguna cosa, con una preocupación, con un recuerdo, con una pasión, o con cómo no ser apasionada, con la manera de librarme de algo, o de hallar una técnica que me ayudará a construir un puente… ». Si uno observa, ve que la mente exige una constante ocupación, ¿no es así? Por eso, usted dice: «Mi mente debe estar ocupada con la palabra Om», o repite: «Ram, Ram», o está ocupada con la bebida. La palabra Om, las palabras Ram, Ram o la bebida son la misma cosa, porque la mente desea hallarse ocupada, porque dice que si no se halla ocupada hará algún daño, irá a la deriva arrastrada por la corriente. Si la mente no se halla ocupada, ¿cuál es, entonces, el propósito de la vida? De modo que inventamos un propósito, noble, innoble o trascendental, y nos aferramos a él; y con eso estamos ocupados, Lo mismo da que la mente esté ocupada con Dios o con los negocios, ya que, consciente o inconscientemente, dice todo el tiempo que <<debe estar ocupada>>.

El próximo paso es, entonces, descubrir por qué la mente exi­ge ocupación. Por favor, sigan esto. Ahora estamos meditando. Esto es meditación. La meditación no es un estado que se encuentra al final. La libertad no es para lograrse al final, la libertad está al principio. Si no tengo libertad al principio, no tengo liber­tad al final. Si carezco de amor ahora, careceré de amor dentro de diez años. Así pues, lo que estamos haciendo ahora es tratar de descubrir en qué consiste la meditación. Y el mismo investigar en qué consiste la meditación es meditar.

La mente dice: «Debo estar ocupada con Dios, con la virtud, con mis preocupaciones o con mis intereses comerciales»; está pues, incesantemente activa en su ocupación. La mente sólo puede existir mientras está activa, mientras se halla consciente de sí misma en la acción, no de otro modo. Ella se reconoce como existente cuando está ocupada, cuando está actuando, cuando ob­tiene resultados, cuando se halla en movimiento. El movimiento es ocupación dirigida a un resultado, a una idea o a la negación de esa idea.

Estoy consciente de mí mismo sólo cuando hay movimiento de la acción, externo e interno, este exhalar respuestas, reacciones, recuerdos, y después volver a recogerlos. De modo que mi mente existe –yo existo- sólo cuando estoy pensando, cuando estoy en conflicto con algo, cuando hay sufrimiento, cuando hay ocupación, cuando me esfuerzo, cuando opto entre esto y aquello.

La mente se reconoce, pues, en movimiento cuando es ambiciosa y se deja arrastrar por su ambición; y, al ver que la ambición es torpe, tediosa, dice: «Me ocuparé de Dios». La ocupación de la mente con Dios es lo mismo que la ocupación de la mente con el dinero. Creemos que el hombre cuya mente está ocupada con Dios, es más sagrado que el hombre que piensa en el dinero, pero ambos son, de hecho, iguales; ambos desean re­sultados, ambos necesitan hallarse ocupados con algo. Enton­ces, ¿puede la mente permanecer sin ocupación alguna? Ése es el problema.

¿Puede la mente estar vacía, sin comparar, ya que el «más» es la manera como la mente «sabe» que existe? Esa mente jamás está satisfecha con lo que es; siempre está adquiriendo, compa­rando, condenando, exigiendo más y más. En su exigencia por el «más», en el movimiento del «más», se reconoce como existente, y eso es lo que llamamos autoconciencia, lo consciente superficial y lo inconsciente. Ésta es nuestra vida, es la manera como transcurre nuestra existencia cotidiana.

Quiero saber qué es la meditación; digo, pues, que quiero ocuparme de la meditación. Quiero averiguar qué es la meditación, así que mi mente­ está otra vez ocupada con la meditación.
¿Puede la mente ocupada ser capaz alguna vez de meditar? La meditación es, sin duda la comprensión acerca de los comporta­mientos de la mente. Si no sé cómo funciona, cómo trabaja mi mente, ¿puedo meditar? ¿Cómo puedo descubrir qué es la ver­dad?  Para eso, mi mente debe darse cuenta de lo ocupada que está; entonces, empieza a ver con qué se halla ocupada, y descu­bre que todas las ocupaciones son lo mismo, porque entonces la mente se llena de palabras, de ideas, de un movimiento constan­te, y así jamás hay quietud.

Cuando la mente se ocupa en descubrir qué es el amor, ésa es otra forma de ocupación, ¿no es así? Es como el hombre que se halla ocupado con alguna pasión.

Cuando uno dice que debe descubrir la verdad, ¿encontrará la verdad? ¿O la verdad surge a la existencia sólo cuando la mente no se halla ocupada, cuando está vacía para recibir, no para recoger,  no para acumular. Porque uno puede recibir sólo una vez. Pero, si lo que ha recibido lo convierte en un recuerdo con el que se halla ocupado, jamás recibirá otra vez. Porque el recibir es de instante en instante. Por lo tanto, pertenece a la intemporalidad.

En consecuencia, por pertenecer al tiempo, la mente no puede recibir lo intemporal. Tiene que estar, pues, completamente quieta, vacía, sin el más mínimo movimiento en ninguna dirección. Y eso sólo puede ocurrir con una mente no ocupada, no ocupada con el “más”, con un problema, con una preocupación, con escapes; una mente no condicionada por ninguna creencia, ninguna imagen, ninguna experiencia. Sólo cuando la mente está por completo libre, sólo entonces, existe la posibilidad de una inmensa, profunda quietud; y en esa quietud revela su existencia aquello que es eterno. Eso es meditación.

KRISHNAMURTI

The World Outside My Window – Time Lapse of Earth from the ISS

Realizado por la NASA

Un espectacular vídeo capturado en time-lapse y realizado con cientos de fotografías tomadas por la NASA desde la Estación Espacial. Internacional

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