¿Cuál es la causa fundamental del miedo?


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¿Cuál es la causa fundamental del miedo? Por favor, obsérvenlo en sí mismos. Usen las palabras como un espejo para descubrir su propio miedo y, mientras observan, descubran su raíz; no las ramas, las hojas, las trivialidades del miedo, sino su causa fundamental. Porque si hay miedo psicológicamente, internamente, toda acción se distorsiona, y entonces no hay una observación clara, minuciosa.

Si un solo ser humano comprende radicalmente el problema del miedo y lo resuelve, no mañana o algún otro día sino instantáneamente, él influye sobre toda la conciencia de la humanidad. Eso es un hecho. Como hemos dicho, la conciencia de uno no es su propiedad privada; es el resultado del tiempo, de miles de incidentes, experiencias, que son producto del pensamiento. Esa conciencia Se halla en movimiento constante. Es como una corriente, un vasto río del que formamos parte. No hay, pues, particularización; si lo investigamos bien a fondo, vemos que no hay individualidad. Quizás eso no les agrade, pero mírenlo. Un individuo significa una entidad indivisa, indivisible, no fragmentada, sino que es un ser total. Pero, desafortunadamente, casi todos nosotros estamos fragmentados, divididos, igual que el resto del mundo; somos seres infelices, ansiosos, desgraciados, confusos, sufrientes, temerosos.

Vamos, pues, a explorar juntos la cuestión del miedo y a ver si es posible terminar con él. El miedo puede ser muy pequeño o puede ser una carga enorme. Está el miedo de perder un empleo, el miedo de no tener éxito, el miedo a la muerte, el miedo de no ser amados, el miedo a la soledad, el aislamiento, a la profunda inseguridad, a la dependencia, el miedo de no hacer lo correcto, o el miedo de no seguir al resto de la multitud y ser dejado atrás. Ustedes saben lo que son estos miedos. El hombre jamás ha sido psicológicamente capaz de liberarse de ellos. El miedo ha agobiado su mente, ha oscurecido su perspectiva de la vida. No sabe cómo habérselas con estos miedos; escapa de ellos hacia la violencia, la brutalidad, la arrogancia, la amargura.

¿Cuál es la causa fundamental del miedo? Por favor, obsérvenlo en sí mismos. Usen las palabras como un espejo para descubrir su propio miedo y, mientras observan, descubran su raíz; no las ramas, las hojas, las trivialidades del miedo, sino su causa fundamental. Porque si hay miedo psicológicamente, internamente, toda acción se distorsiona, y entonces no hay una observación clara, minuciosa.

¿Cuál es la raíz del miedo? ¿Es el hecho de no poder encontrar seguridad completa psicológicamente, internamente? Completa, total certidumbre, seguridad. ¿Se debe a que buscamos permanencia, algo que continúe, que perdure, que sea decisivo? ¿Hay incertidumbre de no ser? Primero veamos si psicológicamente hay seguridad; porque quizás estamos buscando seguridad psicológica y, debido a eso, generamos inseguridad en el mundo exterior. ¿Qué es psicológicamente, internamente, la seguridad? ¿Qué entendemos por estar seguros, por tener una firme, cierta, perdurable, inconmovible seguridad, de modo tal que nada pueda perturbarla, desbaratarla? ¿Es eso lo que buscamos en nuestras relaciones mutuas? ¿Tener conocimiento completo y depender de ese conocimiento para obtener estabilidad? Eso implica buscar permanencia, algo que nada pueda cambiar y, por lo tanto, la eternidad en el sentido de poner fin al tiempo.

¿Es, entonces, el tiempo uno de los factores del miedo? Está el tiempo del reloj, el tiempo como ayer, hoy y mañana. Ese tiempo cronológico es necesario, está ahí. ¿Existe el tiempo psicológico? Psicológicamente, ¿Existe para mí, para ustedes, un mañana? Si no existe, hay un miedo inmenso. Si se enfrentan con el hecho de que psicológicamente no existe un mañana, se conmueven todos sus cimientos; porque mañana van a tener un gran placer, mañana serán mejores, mañana se realizarán, mañana se librarán de su miedo. ¿Existe, pues, psicológicamente, un mañana?

El mañana significa tiempo. El mañana implica pensamiento, que en sí mismo es fragmentario; ha creado el tiempo psicológico, en el que uno se moverá desde lo que es hacia «lo que debería ser». ¿Es, entonces, el tiempo un factor de miedo? El tiempo existe, pero ¿hay tiempo alguno desde el punto de vista psicológico: esforzarse para llegar a ser alguna cosa? ¿O hay miedo de no ser? ¿Qué es esta perpetua exigencia de autoexpresión, el «yo» expresándose a sí mismo, el «yo» y el «tú», el ego? Aborden esto, porque es la vida de ustedes, y si comprenden esto y se hallan libres de miedo, abren la puerta al cielo.

¿Qué es este «yo» que dice: «Debo ser», «debo meditar», «debo llegar a Dios», «debo realizarme», «tengo que ser feliz», «me siento solo», «tengo que triunfar», «estoy asustado», «tienen que decírmelo», etc.? ¿No es, acaso, el nombre: señor fulano de tal, la forma, o sea, el cuerpo que vemos en el espejo y todos los recuerdos asociados, todos los conceptos acerca de uno mismo, la imagen propia, la imagen que dice: «Debo ser mucho mejor que tú»? ¿No es todo eso producto del pensamiento? Éste es, en sí mismo, un fragmento, y la actividad de ese fragmento no es tan sólo el «yo», sino los fragmentos que ha creado en todo cuanto a uno lo rodea: naciones separadas, clases separadas, guerras… todo eso. Y el pensamiento es un proceso material en el tiempo; es la respuesta de la memoria, de la experiencia, del conocimiento, almacenados en el cerebro.

Por lo tanto, el «yo» al que nos aferramos es ficticio. Ésa puede ser la causa fundamental del miedo: el aferrarnos a algo que no existe. Está, pues, el «yo» ficticio, imaginado, una representación mental, un símbolo, una idea, una imagen producida por el pensamiento en el tiempo, lo cual es un proceso material, es medida. Y ese «yo», que muy en el fondo, en lo más recóndito de nuestro ser, está inseguro de su existencia misma, puede ser la profunda y fundamental causa del miedo. Eso no quiere decir que si uno no tuviera «yo», no podría vivir en este mundo. Al contrario,

Ahora bien, ¿podemos considerar el movimiento del tiempo? El tiempo es movimiento. Terminar con ese movimiento es poner fin al tiempo. Ése es uno de los factores principales de la meditación: que el tiempo llegue, psicológicamente, a su fin. Así pues, el miedo profundamente arraigado es el movimiento que el pensar tiene en el tiempo, movimiento que es un proceso material, el cual ha creado una estructura artificial llamada el «yo», y habiéndola creado, se aferra a ella. El pensar se aferra a un fragmento que él ha creado, y el pensar mismo es un fragmento. Hay miedo en la relación, porque en la relación hemos creado imágenes. El hombre y la mujer tienen, cada uno, una imagen del otro, una representación, un símbolo, producto del tiempo, ya sea de muchos días, de muchos años o de una hora. Y la relación que hay entre ellos es la relación entre estas dos imágenes. Examínenlo, y verán que es un hecho. Nos apegamos a la representación mental, a la imagen, y tenemos miedo de perder esa imagen. En consecuencia, si no hay imagen, por fuerza tenemos que miramos el uno al otro de una manera por completo diferente.

Hemos descrito en palabras la naturaleza, la cualidad, la estructura de esta cosa llamada miedo. Ahora bien, sabiendo que la descripción no es lo descrito, ¿pueden ustedes mirar no la descripción sino el hecho? ¿Pueden mirarlo? Es decir, ¿pueden observarlo?

Es muy importante aprender a observar. En la observación hay un arte. «Arte» significa poner las cosas en su lugar apropiado, ponerlo todo donde pertenece. ¿Pueden ustedes observar esta cosa llamada miedo? Uno mismo, el observador, ¿es diferente de la cosa observada? Cuando uno está furioso, o siente envidia, o celos, o lo que fuere, ¿es diferente de ese sentimiento que ha nombrado, por ejemplo, como «celos»? ¿O uno es los celos? De modo que el observador es lo observado. Expresado de una manera distinta, ¿es el pensador diferente de su pensamiento? 0, ¿es el experimentador diferente de la experiencia? Si no es diferente, ¿por qué busca uno experiencias? Si no hay diferencia entre el observador y lo observado, entonces sólo existe lo observado. Entonces sólo existe el pensar, no el pensador diferente del pensamiento.

Deseamos experiencias. Estamos aburridos de las experiencias que ya hemos tenido, las experiencias cotidianas del sexo, de esto, aquello y lo otro, de manera que anhelamos otras experiencias: la experiencia de Dios, la experiencia de la iluminación, la experiencia de Jesús, experimentar la conciencia de Krishna, etc. Y nunca nos hemos preguntado quién es el experimentador, y si es diferente de lo experimentado. Queremos experimentar la conciencia de Krishna, o la conciencia de Jesús, o alguna otra cosa, pero para experimentar eso tenemos que reconocerlo, ¿no es así? Eso implica que ya lo hemos conocido. Por consiguiente, el experimentador es lo experimentado.

¿Pueden, pues, mirar el miedo, mirarlo sin el observador? Porque soy el miedo, el miedo no es diferente de mí, cuando estoy furioso, ¿es esa furia diferente de mí? Si digo que es diferente, entonces trato de controlarla, de racionalizarla, de hacer algo a su respecto. Pero si el observador es lo observado, no puedo hacer nada en relación con el miedo, soy eso. Al observar, pues, el miedo, lo observo sin el observador.

Observando, me doy cuenta de que el miedo no es diferente del observador. Cuando el observador es lo observado, hay un cambio fundamental en aquello que observamos. Cuando hay una división entre el observador y lo observado, en esa división hay conflicto. Entonces digo que debo librarme de él, que debo controlarlo, o pregunto por qué no debería tener miedo, por qué   no debería actuar neuróticamente a causa de esos miedos. Siempre hay contradicción, división y, por ende, conflicto, el cual es un desperdicio de energía. Desperdiciamos energía cuando hay conflicto y tratamos de controlarlo, de evadirlo, de acudir a alguien para que nos diga cómo podemos libramos del miedo. Todos ésos son factores que contribuyen a derrochar energía. Si no derrochamos energía —y eso sólo ocurre cuando el observador es lo observado-, entonces tenemos esa energía inmensa que se requiere para transformar lo que es. La observación misma es la energía que transforma lo que es. Hagan esto y verán que están completamente libres de miedos psicológicos.

Si han escuchado de manera total, con el corazón y la mente, cuando se pongan de pie estarán libres de miedo. Eso significa que han escuchado; quiere decir que éste es un problema de ustedes y que es absolutamente necesario que lo resuelvan, no mañana, sino instantáneamente. Es decir, cuando perciben algo, actúan instantáneamente, y esa percepción es posible sólo cuando el percibidor es lo percibido, porque en tal caso uno dispone de energía total. O sea, la observación total es posible sólo cuando no hay observador, siendo el observador el pasado. Cuando a la observación se le dedica esa atención completa, lo observado experimenta una transformación fundamental ¿Lo han captado? ¡Háganlo!

jiddu_krishnamurti

KRISHNAMURTI

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