IBN AL-FARID (1181-1235 d.C.)


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Fue Al-Farid un espíritu puro como un rayo de sol inmaculado; un corazón envuelto en llamas; un Pensamiento cristalino como una fuente entre cerros. En sus versos hay lo que no lograron concebir las mentes de los que le precedieron ni alcanzaron los que le siguieron por muchos siglos después.

Umar ibn `Alī ibn al-Fārid

El Amor

Es el amor. Preserva tus entrañas,
que la pasión no es fácil,
y todo lo que elige se consume,
aunque tenga razón.
Vive libre de él,
que la calma de amor es la fatiga,
dolencia es su comienzo, y muerte su final.
Para mí, sin embargo,
el morir por amor es un vivir,
y el favor se lo debo a aquel que amo.
Te doy estos consejos
conociendo muy bien qué es el amor,
pero si tú prefieres contradecirme,
elige por ti mismo lo que te plazca.
Si deseas vivir gozosamente,
muere mártir por él; si no lo haces,
el amor tiene ya su propia gente.
Quien no muere de amor, por él no vive.
Y la miel no se puede cosechar
sin exponerse al daño de las abejas.

***

Al-Farid fue uno de los pocos poetas místicos que se han destacado por sus poemas simbólicos y religiosos. Su alma siempre sedienta, escanciaba el vino del Espíritu con que se extasiaba y se remontaba a los mundos invisibles, donde se prolongan los sueños de los poetas y de los santos, y vibran los anhelos y las esperanzas de los grandes místicos Iniciados. Y al despertar de su éxtasis, volvía para escribir lo que vio y experimentó.

Era, y lo es ahora, un sacerdote en el Templo del Pensamiento absoluto; Príncipe en el Reino de la imaginación sin horizontes; un Guía entre los ejércitos de los místicos que caminan lentamente hacia la Gran Urbe de la Verdad.

Vivió en un siglo desprovisto de creatividad y pensamientos originales. Vivió entre un pueblo que memorizaba las tradiciones, y luego las reproducía y comentaba enérgicamente, explicando la gran herencia de la sabiduría y filosofía islámicas.

Fue un genio; un genio es un milagro. Al-Farid se olvidó de su siglo y rehuyó su medio ambiente, recluyéndose para escribir y unir en su poesía universal lo desconocido con lo conocido. al farid

Al-Farid no tomó su tema de los acontecimientos de la vida diaria como Al Mutanabbi. Tampoco se ocupó del enigma de la vida como Al Maary. En cambio, Al-Farid cerró los ojos al mundo para poder ver más allá de él, y tapó los oídos al tumulto de la tierra para poder escuchar las canciones eternas.

Fue Al-Farid un espíritu puro como un rayo de sol inmaculado; un corazón envuelto en llamas; un Pensamiento cristalino como una fuente entre cerros. En sus versos hay lo que no lograron concebir las mentes de los que le precedieron ni alcanzaron los que le siguieron por muchos siglos después.

Es el alma que, desde su morada divina y celestial, es obligada a descender y tomar nuevamente su vehículo carnal y cumplir, por una Ley Superior, su nueva misión, y su ciclo evolutivo. “Dolorida y exasperada, se te descendió cual una paloma, desde el Recinto más sublime…”

Tanto Al Mutanabbi como Al Maari son dos grandes poetas árabes.

Gibrán Khalil Gibran

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Maher Zain – Ramadan (Arabic)

 

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