Conversaciones interesantes con George I. Gurdjieff sobre el arte


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Me preguntaba si verdaderamente había encontrado lo que buscaba. ¿Era posible que G. conociese efectivamente lo que era indispensable conocer para pasar de las palabras o de las ideas a los actos, a los “hechos”? Aún no estaba seguro de nada y no hubiera podido formular nada con precisión. Pero tenía la íntima convicción de que ya algo había cambiado para mí y que ahora todo iba a tomar un camino diferente.

Por la misma época, en Moscú tuvimos varias conversaciones interesantes sobre el arte.

Guardaban relación con el relato que había sido leído la primera noche que vi a G.

Por el momento, dijo él, usted no comprende todavía que los hombres pueden pertenecer a niveles muy diferentes, sin tener el menor asomo de diferencia. Así como hay diferentes niveles de arte, también hay diferentes niveles de hombres. Pero hoy usted no ve que la diferencia entre estos niveles es mucho más grande de lo que supone. Usted coloca todo sobre un mismo plano, yuxtapone las cosas más diferentes, y se imagina que los diferentes niveles le son accesibles.

“Todo lo que usted llama arte no es sino reproducción mecánica, imitación de la naturaleza —cuando no es de otros «artistas» —, simple fantasía, hasta ensayos de originalidad: todo esto no es arte para mí. El arte verdadero es completamente distinto. En ciertas obras de arte, en particular en las obras más antiguas, uno queda fuertemente impresionado por muchas cosas que no se pueden explicar, y que no se encuentran en las obras de arte modernas. Pero como uno no comprende cuál es la diferencia, la olvida muy rápido y continúa englobando, o todo bajo la misma etiqueta. Y sin embargo, la diferencia entre su arte y el arte del que yo hablo es enorme.  En su arte, todo es subjetivo —la percepción que tiene el artista de tal o cual sensación, las formas en las cuales trata de expresarla, y la percepción que tienen los demás de estas formas. Frente al mismo fenómeno, un artista puede sentir de cierta manera y otro artista de manera muy diferente. La misma puesta de sol puede provocar una sensación de alegría en uno, y de tristeza en el otro. Y pueden tratar de expresar la misma percepción por medio de métodos o formas sin relación entre sí; o bien, percepciones muy diversas bajo una misma forma — de acuerdo a la enseñanza que han recibido o en oposición a ella. Los espectadores, los oyentes o los lectores percibirán, no lo que el artista quiso comunicarles, ni lo que él sintió, sino lo que las formas en que expresó sus sensaciones, les harán experimentar por asociación. Todo es subjetivo y todo es accidental, es decir, basado en asociaciones — las impresiones accidentales del artista, su «creación» (acentuó la palabra “creación”) y las percepciones de los espectadores, de los oyentes, o de los lectores.

OLYMPUS

“Por el contrario, en el arte verdadero no hay nada accidental. Todo es matemático. Todo puede ser calculado y previsto de antemano. El artista sabe y comprende el mensaje que quiere transmitir y su obra no puede producir cierta impresión en un hombre y otra totalmente diferente en otro; naturalmente, que a condición de tomar personas de un mismo nivel. Su obra producirá siempre, con certeza matemática, la misma impresión.

“Sin embargo, la misma obra de arte producirá efectos diferentes en hombres de diferentes niveles. Y jamás los de un nivel inferior sacarán tanto de ella como los de un nivel más elevado. Este es el arte verdadero, objetivo. Tome por ejemplo una obra científica, un libro de astronomía o de química. No puede ser comprendido de dos maneras: todo lector suficientemente preparado comprenderá lo que el autor ha querido decir y lo comprenderá precisamente en la forma en que al autor ha querido ser comprendido. Una obra de arte objetivo es exactamente similar a uno de estos libros, con la única diferencia de que ésta se dirige a la emoción del hombre y no a su cabeza.

— ¿Existen en nuestros días obras de arte de este género? pregunté.

—Naturalmente que existen, respondió G. Una de ellas es la gran Esfinge de Egipto, lo mismo que ciertas obras arquitectónicas conocidas, ciertas estatuas de dioses y aún muchas otras cosas. Ciertas figuras de dioses o de héroes mitológicos pueden leerse como libros, no con el pensamiento, lo repito, sino con la emoción, siempre que ésta se halle suficientemente desarrollada. Durante nuestros viajes por el Asia Central, encontramos en el desierto, al pie del Hindu Kush, una curiosa escultura que de primera intención creímos representaba a un antiguo dios o a un demonio. Al principio no nos dio sino una impresión de extrañeza. Pero muy pronto comenzamos a sentir el contenido de esta figura: era un gran y complejo sistema cosmológico. Poco a poco, paso a paso, fuimos descifrando este sistema: estaba inscrito en su cuerpo, en sus piernas, en sus brazos, en su cabeza, en su cara, en sus ojos, en sus orejas y por todas partes.wallpaper-1114008 Nada había sido dejado al azar en esta estatua, nada estaba desprovisto de significación. Gradualmente, se aclaró para nosotros la intención de los hombres que la habían erigido. A partir de este momento pudimos sentir sus pensamientos, sus sentimientos. Entre nosotros algunos creían ver sus caras y oír sus voces. En todo caso, habíamos captado el sentido de lo que querían transmitirnos a través de miles de años, y no sólo este sentido sino todos los sentimientos y emociones conectados con él. Esto sí que era verdadero arte.”

Me interesó muchísimo lo que G. había dicho sobre el arte. Su principio de división entre arte subjetivo y arte objetivo evocaba mucho para mí. No comprendía aún todo lo que ponía en sus palabras. Pero siempre había sentido en el arte ciertas divisiones y gradaciones que no podía llegar a definir ni a formular y que ninguna otra persona había formulado nunca. No obstante, yo sabía que estas divisiones y gradaciones existían. De tal modo que todas las discusiones sobre el arte que no las admitieran me parecían frases huecas, sin sentido e inútiles. Gracias a las indicaciones que G. me había dado de los diferentes niveles que no llegamos a ver ni a comprender, sentía que debía existir una vía de acceso a esta misma gradación que yo había sentido, pero que no había podido definir.

En general, me asombraron muchas de las cosas dichas por G. Había allí ideas que no podía aceptar y que me parecían fantásticas, sin fundamento. Otras, por el contrario, coincidían extrañamente con lo que yo mismo había pensado, o reafirmaban los resultados a los que había llegado hacía mucho tiempo. Sobre todo, estaba interesado en la contextura de todo lo que él había dicho. Sentía ya que su sistema no era una marquetería como lo son todos los sistemas filosóficos y científicos, sino un todo indivisible, del que hasta ahora yo no había visto sino algunos aspectos.

Tales eran mis pensamientos en el tren nocturno que me llevaba de Moscú a San Petersburgo.

Me preguntaba si verdaderamente había encontrado lo que buscaba. ¿Era posible que G. conociese efectivamente lo que era indispensable conocer para pasar de las palabras o de las ideas a los actos, a los “hechos”? Aún no estaba seguro de nada y no hubiera podido formular nada con precisión. Pero tenía la íntima convicción de que ya algo había cambiado para mí y que ahora todo iba a tomar un camino diferente.

P. D. OUSPENSKY

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FRAGMENTOS DE UNA ENSEÑANZA DESCONOCIDA   (parte 6ª)
(HD 1080p) NIGHT. STREETS. SAINT PETERSBURG

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