Además del conocimiento de sí, hay otro aspecto de la búsqueda: el desarrollo de sí. Veamos cómo andan las cosas por ahí


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Nuestra máquina pensante tiene capacidad para ser convencida de cualquier cosa, siempre y cuando sea influenciada repetida y persistentemente en la dirección requerida. Una cosa que puede parecer absurda al principio, al final llegará a racionalizarse, siempre y cuando se repita con suficiente frecuencia y convicción.

Una vez que un hombre ha empezado a conocerse, encuentra continuamente nuevas áreas de su mecanicidad -llamémoslo automatismo- dominios donde su voluntad, su “yo quiero”, no tiene poder, áreas no sujetas a él, tan confusas y sutiles que le es imposible encontrar su camino dentro de ellas sin la ayuda y la guía autoritaria de alguien que sabe. Brevemente, este es el estado de cosas en el campo del conocimiento de sí: para hacer, uno debe conocer; pero para conocer, uno debe descubrir como conocer. No podemos descubrir esto por nosotros mismos.

Además del conocimiento de sí, hay otro aspecto de la búsqueda: el desarrollo de sí. Veamos cómo andan las cosas por ahí. Es claro que un hombre abandonado a sus propios medios no puede exprimir de su dedo meñique el conocimiento de cómo desarrollarse y, aún menos, qué exactamente desarrollar en sí mismo. Gradualmente, al conocer a personas que están buscando, hablando con ellas y leyendo libros apropiados, un hombre es atraído hacia la esfera de preguntas concernientes al desarrollo de sí. ¿Pero qué puede encontrar aquí? Antes que nada un abismo del más imperdonable charlatanerismo, basado enteramente en la avidez de hacer dinero al engañar a gente crédula que está buscando una salida a su impotencia espiritual.

Pero antes que un hombre aprenda a separar el trigo de la cizaña, debe transcurrir un largo tiempo, y posiblemente el impulso mismo de encontrar la verdad, vacilará y se apagará en él, o se volverá mórbidamente pervertido y su embotado olfato lo puede conducir a tal laberinto que el camino de salida, figurativamente hablando, lo llevará directamente al diablo. Si un hombre logra salir de este primer pantano, puede caer en un nuevo cenagal de seudoconocimiento. En ese caso la verdad será presentada en una forma tan indigerible y vaga que producirá la impresión de un delirio patológico. Se le mostrará caminos y medios para desarrollar poderes y capacidades ocultas, las cuales se le promete, que si es persistente, le darán sin mucho esfuerzo poder y dominio sobre todas las cosas, incluyendo criaturas animadas, materia inerte y los elementos. Todos estos sistemas basados en una variedad de teorías, son extraordinariamente seductivos, sin duda precisamente por su vaguedad. Tienen una atracción particular para los semieducados, aquellos que son semi-instruidos en el conocimiento positivista.

En vista de que la mayoría de los asuntos estudiados desde el punto de vista de teorías esotéricas y ocultas, a menudo van más allá de los límites de datos accesibles a la ciencia moderna, muchas veces estas teorías los desprecian. Aunque por un lado le den a la ciencia positivista su mérito, por el otro minimizan su importancia y nos dejan la impresión de que la ciencia no es sólo un fracaso, sino algo aún peor.

¿Para qué sirve entonces ir a la universidad, estudiar y esforzarse con  libros de texto oficiales, si las teorías de esta clase lo capacitan a uno para despreciar todos los otros aprendizajes y para juzgar las cuestiones científicas?

Sin embargo hay una cosa importante que el estudio de tales teorías no da; no engendra objetividad en cuestiones de conocimiento, menos aún de lo que lo hace la ciencia. Efectivamente, tiende a embotar el cerebro del hombre y a disminuir su capacidad para razonar y pensar sanamente, llevándolo hacia la psicopatía. Este es el efecto de tales teorías en los semieducados que las toman como una auténtica revelación. Pero su efecto no es muy diferente en los científicos mismos, quienes podían haber sido afectados, aunque ligeramente, por el veneno del descontento con las cosas existentes.

Nuestra máquina pensante tiene capacidad para ser convencida de cualquier cosa, siempre y cuando sea influenciada repetida y persistentemente en la dirección requerida. Una cosa que puede parecer absurda al principio, al final llegará a racionalizarse, siempre y cuando se repita con suficiente frecuencia y convicción. Y así como un tipo de gente repetirá palabras hechas que se le han pegado en la mente, así un segundo tipo de gente encontrara pruebas intrincadas y paradojas para explicar lo que dice. Pero ambos son igualmente dignos de lástima. Todas estas teorías ofrecen aseveraciones que, como los dogmas, usualmente no pueden ser verificadas. O en cualquier caso no pueden ser verificadas por los medios a nuestro alcance.

Luego se sugieren métodos y caminos del desarrollo de sí que se dice lo llevan a uno a un estado en el cual sus aseveraciones pueden ser verificadas. En principio, no puede haber objeción a esto. Pero la práctica continua de estos métodos puede llevar al buscador demasiado apasionado a resultados altamente indeseables. Un hombre que acepta teorías ocultas, y se cree conocedor de esta esfera, no podrá resistir la tentación de poner en práctica el conocimiento de los métodos que ha adquirido en su investigación, esto es, pasará del conocimiento a la acción. Quizás actuara con circunspección, evitando los métodos que desde su punto de vista son riesgosos, y aplicando aquellos que son más confiables y auténticos; quizás observara con el mayor cuidado. A pesar de todo, la tentación de aplicarlos y la insistencia en la necesidad de hacerlo, así como el énfasis puesto en la naturaleza milagrosa de los resultados y el encubrimiento de sus lados oscuros, conducirá a un hombre a probarlos.

Quizás al probarlos un hombre encontrará métodos que son inofensivos para él. Quizás al aplicarlos hasta sacará algo de ellos. En general todos los métodos que se ofrecen para el desarrollo de sí -ya sea para verificación, o como un medio, o como un fin- a menudo son contradictorios e incomprensibles. Tratando como lo hacen con una máquina tan intrincada y poco conocida como es el organismo humano, y con ese lado de nuestra vida muy conectada con él que llamamos nuestra psique, la menor equivocación al llevarlos a cabo, el más mínimo error o exceso de presión, puede dar por resultado un daño irreparable a la máquina.

Es realmente una suerte si el hombre escapa más o menos indemne de ese cenagal. Desafortunadamente, un gran número de los que están dedicados al desarrollo de poderes y capacidades espirituales terminan su carrera en un manicomio o arruinan su salud y psique a tal grado que se convierten en completos inválidos, incapaces de adaptarse a la vida. Sus filas se engruesan con los que son atraídos por el seudoocultismo, debido a un anhelo por cualquier cosa milagrosa y misteriosa. Existen también esos individuos excepcionalmente faltos de voluntad, que son fracasos en la vida y que, tomando en cuenta sólo la ganancia personal, sueñan con desarrollar en ellos el poder y la habilidad de subyugar a otros. Y finalmente hay gente que está simplemente buscando variedad en la vida, modos de olvidarse de sus penas, tratando de encontrar distracción del aburrimiento de la diaria rutina y de escapar de los conflictos que acarrea. Cuando las esperanzas de adquirir las cualidades con las que contaban empiezan a menguar, es fácil para ellos caer en un charlatanismo intencional. Recuerdo un ejemplo clásico.

Cierto buscador de poderes psíquicos, un hombre de buena posición, muy leído, que había viajado mucho en busca de cualquier cosa milagrosa, terminó en bancarrota y al mismo tiempo se desilusionó de todas sus investigaciones. Al buscar otro medio de subsistencia, le vino la idea de hacer uso de su seudoconocimiento en el cual había gastado tanto dinero y energía. Puso manos a la obra. Escribió un libro, luciendo uno de esos títulos que adornan las cubiertas de los libros de ocultismo, algo así como Un Curso sobre el Desarrollo de las Fuerzas Ocultas en el Hombre. Este curso estaba dividido en siete conferencias y hacía las veces de una pequeña enciclopedia de métodos secretos para desarrollar magnetismo, hipnotismo, telepatía, clarividencia, clariaudiencia, escape hacia el reino astral, levitación, y otras seductoras capacidades. El curso fue bien anunciado y puesto en venta a un precio altísimo, aunque al final se ofrecía un descuento apreciable (hasta del 95 %) a los clientes más persistentes y parsimoniosos, a condición de que lo recomendarán a sus amigos. Debido al interés general en tales terrenos, el éxito del curso excedió todas las esperanzas de su compilador. Pronto empezó a recibir cartas de compradores en tonos entusiastas, reverentes y deferentes, dirigiéndose a él como ‛’querido maestro” y “sabio mentor”, y expresando la más profunda gratitud por la maravillosa exposición y la muy valiosa instrucción que les dio la posibilidad de desarrollar varias capacidades ocultas en un tiempo notoriamente corto. Estas cartas formaron una considerable colección, y cada una de ellas lo sorprendía, hasta que por fin llegó una carta informándole que con la ayuda de su curso, alguien en menos de un mes habla sido capaz de levitar. Esto desde luego desbordó la copa de su asombro. Esas son literalmente sus palabras: “Estoy asombrado del absurdo de las cosas que suceden. Yo escribí el curso, no tengo una idea muy clara de la naturaleza de los fenómenos que estoy enseñando. Sin embargo, estos idiotas no sólo encuentran cómo manejarse en este galimatías, sino que aun aprenden algo de él, y ahora un superidiota hasta aprendió a volar. Esto es por supuesto pura tontería. Se puede ir al diablo… Pronto le pondrán camisa de fuerza. Es lo que se merece. Estamos mucho mejor sin tales tontos.”

“¿Por qué esta extraña capacidad?” pueden preguntar. La razón es muy simple. Como ya he dicho, no tenemos conocimiento propio, esto es, conocimiento dado por la vida misma, que no se nos pueda quitar. Todo nuestro conocimiento que es mera información, puede ser valioso o sin valor. Al absorberlo como una esponja, fácilmente podemos repetirlo y hablar acerca de él lógica y convincentemente, aun cuando no comprendamos nada de ello.

Nos es igualmente fácil perderlo porque no es nuestro, sino que ha sido vertido dentro de nosotros como un líquido en un recipiente. Migajas de verdad están esparcidas por doquier; y aquellos que saben y comprenden pueden ver y maravillarse de cuán cerca de la verdad vive la gente y, sin embargo, cuán ciega está y cuán impotente es para penetrarla. Pero al buscarla, es mucho mejor no aventurarse en absoluto en los oscuros laberintos de la estupidez e ignorancia humanas que ir ahí solo. Porque sin la guía y las explicaciones de alguien que sabe, un hombre, sin percatarse, puede sufrir una lesión, una dislocación de su máquina, a cada paso que da, después de lo cual tendría que gastar en su reparación mucho más de lo que gastó en dañarla.

Podría citar cientos de ejemplos de búsquedas mal dirigidas y de a dónde conducen. Podría darles los nombres de personas muy conocidas en la vida pública que han quedado trastornadas por el ocultismo y que viven entre nosotros y nos asombran por sus excentricidades. Les podría señalar el método exacto que causó su trastorno, en que ámbito “trabajaron‛’ y se ‛’desarrollaron’‛, y cómo éstos afectaron su constitución psicológica y por qué. Pero esta cuestión podría ser tema de una conversación larga y separada, así que por falta de tiempo, no voy a permitirme tratarla ahora.

PERSPECTIVAS DESDE EL MUNDO REAL (2º)

Mahler: Symphony No. 5 / Gergiev · World Orchestra for Peace

G.I. GURDJIEFF

G.I. GURDJIEFF

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