EL SEPULTURERO


wallpaper-613460

-Y, ¿qué haces en estos montes escarpados? -pregunté.

-Maldigo al sol por la mañana y a la Humanidad al mediodía. Por la tarde me burlo de la Naturaleza y, al llegar la noche, me arrodillo delante de mí mismo y me adoro. Me alimento de cuerpos humanos y bebo su sangre para saciar mi sed y, con sus últimos suspiros perfumo mi aliento. Como el tiempo y el mar, jamás duermo ni descanso. Y tú, no te engañes, tú eres mi hermano y vives como yo vivo.

En el terrible silencio de la noche, luego que las estrellas y la Luna desaparecieron tras el inmenso velo de oscuras nubes, caminé, solo y atemorizado, por el Valle de las sombras de la Muerte.

Al llegar la medianoche cuando los espectros comenzaron a salir de sus escondrijos, oí pasos pesados que se aproxima­ban a mí. Volví la cabeza y vi un fantasma gigantesco que me contemplaba.

-¿Qué quieres de mí? -grité asustado.

La sombra clavó en mí sus ojos, incandescentes como antorchas; y respondió enigmáticamente: -No quiero nada y quiero todo.

-Déjame en paz y prosigue tu camino -exclamé.

-Mi camino es tu camino -respondió sonriendo-. Ando mientras andas y me detengo cuando te detienes.

-Vine aquí en busca de soledad, no la perturbes -dije.

-Yo soy la soledad. ¿Por qué me temes? -me contestó.

-No te temo -respondí.

-¿Por qué, entonces, tiemblas como avecilla con frío? -dijo.

-El viento agita mis ropas. No tengo miedo -respondí.

Soltó una carcajada estruendosa como un vendaval.

-Tu miedo es doble -dijo-, pues me temes y temes tener miedo. Y tratas de esconder tu miedo tras un velo más frágil que una telaraña. Me diviertes y me irritas al mismo tiempo.

Dicho esto, se sentó en una piedra. Me senté yo también, de mal grado, y contemplé sus trazos altivos. Después de unos instantes, que parecieron mil años, me miró con ironía y me preguntó:

-¿Cuál es tu nombre?

-Mi nombre es Abdala, que quiere decir Siervo de Dios.

-¡Cuántos se dicen siervos de Dios! -exclamó, riendo- sólo sirven de pesares para Dios. ¿Por qué no te llamas “señor de diablos” y agregas un mal a las desgracias de los demonios?

-Mi nombre es Abdala. Me gusta y me fue dado por mi padre cuando nací. No lo cambiaré por ningún otro.

-La infelicidad de los hijos está en lo que reciben de sus padres -dijo-. Quien no renuncia al legado de sus padres y abuelos, será esclavo de los muertos hasta que se vuelva a su vez un muerto.

Incliné la cabeza y medité. Y me pareció haber tenido sueños en que oí palabras similares.

-¿Cuál es tu profesión? -volvió a interrogarme.

-Soy poeta y escritor -respondí-. Tengo opiniones sobre la vida y las comunico a los hombres.

– ¡Qué profesión obsoleta y superada! -dijo-. Ni beneficia ni perjudica a los hombres.

-¿Y cómo emplearé mis días y mis noches en beneficiar a los hombres? -pregunté.

-Hazte sepulturero -respondió-, para librar a los vivos de los cadáveres que se amontonan alrededor de sus casas y templos y tribunales.

-No he visto cadáveres abandonados en esos sitios -ob­servé.

-Tú miras con ojos velados por la ilusión -contestó-. Al ver a los hombres agitarse en la tempestad, piensas que viven, cuando en realidad están muertos desde el mismo día en que nacieron. Mas no hubo quien los enterrara y quedaron sobre la tierra exhalando pudrición.

El miedo comenzaba a abandonarme.

-¿Y cómo distinguiré los vivos de los muertos si todos se agitan en la tempestad? -pregunté.

-El muerto se agita en la tempestad, mas el vivo camina con ella y sólo se detiene cuando ella se detiene -respondió. Se reclinó sobre su brazo y vi sus músculos poderosos, retorcidos como las raíces de un roble.

Después me preguntó:

-¿Eres casado?

-Sí, respondí, y mi mujer es muy hermosa y yo estoy muy enamorado de ella.

-¡Cuántos crímenes y maldades has cometido…! -obje­tó-. El casamiento es la sumisión del hombre a la fuerza del hábito. Si quieres ser libre, divórciate y vive sin lazos.

-Es que tengo tres hijos -respondí-, y el más pequeño apenas si pronuncia una palabra. ¿Qué haré con ellos?

-Enséñales a cavar tumbas y déjalos en paz consigo mismos -respondió.

-No soporto vivir solo -dije entonces-. Estoy habituado a gozar de la vida con mi mujer y con mis hijos. Si los aban­donara la felicidad me abandonaría.

-El hombre que vive con su mujer y sus hijos –dijo- ­habita una negra infelicidad pintada de blanco. Si crees indis­pensable casarte, cásate con un hada.

-Las hadas no existen -respondí, sorprendido-. ¿Por qué me engañas?

-¡Cómo eres de tonto! -dijo-. Sólo las hadas existen realmente. Y fuera del mundo de las hadas es donde existen las dudas y el equívoco.                .

-¿Y las hadas, son hermosas? -pregunté.

-Su belleza no se esfuma y su gracia es eterna -respondió.

-Muéstrame una de ellas para que pueda creerte -le dije.

-Si pudieras ver y tocar a las hadas -respondió-, no te aconsejaría que te casaras con una de ellas.

-¿Y qué utilidad tendría, para un hombre, una esposa que no puede ver ni tocar?

-La utilidad no sería para un hombre sino para todos -respondió-. Pues con tal casamiento desaparecerían, poco a poco las criaturas que se agitan en la tempestad y no andan con ella.

Y después de un momento me preguntó.,

-¿Y cuál es tu religión?

-Creo en Dios y honro a sus profetas -respondí-. Amo a la virtud y anhelo la vida eterna.

-Esas son fórmulas que las generaciones pasadas vienen repitiendo desde siempre -dijo- y la imitación depositó en tus labios. En realidad, tú sólo crees en ti mismo y sólo te honras a ti mismo y sólo anhelas tu propia inmortalidad. Desde el principio, el hombre adora su propio ego poniéndole diversos nombres, de acuerdo a sus inclinaciones y aspiracio­nes, llamándole Baal, Júpiter o Dios.-Y rompió a reír con sorna, diciendo:-Lo más extraño, es que sólo adoran sus egos, aquellos cuyos egos son cadáveres descompuestos.

Medité unos minutos sobre estas terribles palabras, más extrañas que la vida, más terribles que la muerte y más profundos que la verdad. Y sentí el deseo incontrolable de descubrir el secreto de este ser extraordinario. Y lo interrogué:

-Si crees en Dios, te conjuro en su nombre. Dime, ¿quién eres tú? ¿Tienes una religión o un Dios?

-Mi nombre es el Dios Loco -me respondió entonces­_. Nací en todo tiempo y en todo lugar. Yo soy mi propio dios. Y no soy sabio, pues la sabiduría es la debilidad de los débiles. Yo soy fuerte y la Tierra se sacude a mi paso y, cuando me detengo, la procesión de las estrellas se detiene conmigo. Me burlo de los hombres… y acompaño a los genios de la noche. De ellos y de las hadas aprendí los secretos de la existencia y la no existencia. Soy un loco.

-Y, ¿qué haces en estos montes escarpados? -pregunté. wallhaven-12758

-Maldigo al sol por la mañana y a la Humanidad al mediodía. Por la tarde me burlo de la Naturaleza y, al llegar la noche, me arrodillo delante de mí mismo y me adoro. Me alimento de cuerpos humanos y bebo su sangre para saciar mi sed y, con sus últimos suspiros perfumo mi aliento. Como el tiempo y el mar, jamás duermo ni descanso. Y tú, no te engañes, tú eres mi hermano y vives como yo vivo. ¡Vuelve de nuevo a tu tierra y continúa adorándote a ti mismo entre los muertos en vida!

Se levantó, cruzó sus brazos y, mirándome a los ojos, agregó:

-¡Hasta la vista! Ya me voy hacia donde se reúnen colo­sos y gigantes -y se perdió entre las tinieblas.

Yo, tambaleante, me desplomé, como narcotizado. Duda­ba de lo que habían escuchado mis oídos y de lo que habían visto mis ojos. Había sufrido con sus verdades. Me levanté y vagué el resto de la noche perdido en melancólicas medita­ciones.

Al día siguiente me separé de mi mujer y me casé con un hada. Después, entregué, a cada uno de mis hijos, una pala y les dije:

-Partan. Y cada vez que vean un muerto, entiérrenlo. Y busqué una pala para mí mismo y me dije:

-Cava, profundamente, ahora y siempre, cada tumba de cada muerto en vida que encuentres en tu camino.

Y, desde aquel día, he estado sepultando cadáveres, pero son muy numerosos los muertos en vida, y no tengo ayuda y estoy muy solo…

Khalil GIBRAN

Khalil GIBRAN

       Si crees en Dios, te conjuro en su nombre. Dime, ¿quién eres tú? ¿Tienes una religión o un Dios?

 

Avenged Sevenfold – Buried Alive “video oficial”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s