El amor es compañero


wallpaper-1778825

Ser compañeros toda la vida, hasta la puerta de la muerte donde nos abrazaremos para despedirnos momentáneamente hasta que nos volvamos a re-encontrar al otro lado del camino.

Después de mucho andar, el don más precioso que queda del amor es el compañerismo.

Hay una forma de amor en la que no siempre reparamos y, sin embargo, constituye el sustento de toda relación en cualquier rol que asuma: el compañerismo. La etimología de la palabra compañero  se deriva del latín compania, vocablo formado por cum (con), prefijo que equivale a la expresión “al mismo tiempo”, “simultáneamente” y panis, sustantivo que significa “pan”. Etimológicamente compañero  significa “los  que comparten el pan”.

Este hermoso y entrañable origen de la palabra nos lleva a pensar que compañeros son aquellos que comparten en la vida, en el trabajo o en cualquier otra circunstancia, a un mismo tiempo y bajo un mismo techo, el pan cotidiano. No sólo el pan del alimento necesario sino también los diversos panes que nos otorgan otros sustentos: los nutrientes espirituales, vinculares o afectivos.

Strolling through the parcLa palabra compañero remite a compañía, presencia, contención y cercanía. Todo verdadero amor, de algún modo, genera compañerismo. Sin embargo, no todo compañerismo es –necesariamente- expresión del genuino amor. Podemos tener compañeros que no nos amen o que no amemos. Compañeros que, por razones laborales o por las circunstancias de la vida y las relaciones, sólo nos toleran. Todo auténtico amor siempre desarrolla, de manera cada vez más creciente, alguna forma de compañerismo.

No es el amor el que sustenta la relación sino el modo de relacionarnos el que sostiene y acrecienta el amor. Hay maneras de vincularnos que –directamente- atacan y  destruyen el vínculo. Hay otras, en cambio, que favorecen la madurez del amor.

El compañerismo se da en cualquier relación de amor. Se puede ser compañero de los compañeros de camino y de trabajo; compañero de los amigos y de los padres, de los hijos, de los hermanos, de los sobrinos, de los vecinos. Se puede ser compañeros en la relación de pareja. Incluso se puede ser compañero de aquellos que están a nuestro cargo,  cuidado o responsabilidad.

En todas estas relaciones, cuando se da el compañerismo, resulta hermoso. Hay vínculos entre amigos en los cuales no son compañeros porque casi no se ven nunca. Hay hermanos, primos, padres e hijos, incluso hay quienes tienen relación de pareja y no son compañeros ya que hay demasiada distancia o el lazo afectivo se va erosionando.

En todo verdadero amor lo que uno pretende es llegar al compañerismo. Lejos de pensar que es el primer peldaño básico del amor, hay que considerarlo como una manifestación muy plena y madura. Un amor sin compañerismo le falta algo. paseando-55

Llegados a una determinada etapa de la vida y la relación, lo que se desea, es ser compañero. Encontrar al compañero o compañera con quien compartir los avatares de la vida. Cuando se acaba la emoción, la pasión o el deseo, lo que queda es el anhelo de  alguien que nos acompañe en las encrucijadas del camino. Uno anhela un padre, una madre, un hermano o hermana, un amigo, una esposa o esposo, una novia o novio que se sea   -simple y profundamente- compañera o compañero de ruta.

Ser compañeros toda la vida, hasta la puerta de la muerte donde nos abrazaremos para despedirnos momentáneamente hasta que nos volvamos a re-encontrar al otro lado del camino. Después de mucho andar, el don más precioso que queda del amor es el compañerismo.

Si nos detenemos en el amor de pareja, hay que subrayar el carácter esencial que tiene allí el compañerismo. Hay muchos que, después de un tiempo, se sienten solos a pesar de tener pareja. No me refiero a períodos esporádicos de tiempo en los cuales, por diversas razones, esto puede pasar sino a una sensación de permanente ausencia, distancia y lejanía en el vínculo de pareja, como si fueran extraños.

Incluso hay quienes prometen amor eterno y –con el paso de los años- hay amores que ni siquiera sobreviven al tiempo. Para algunos, esa promesa logra ser efectivamente realidad y para otros se vuelve una metáfora de un deseo que se tiene, especialmente el día en que realiza esa promesa, aunque después los cambios y vaivenes de la vida nos hagan desistir. No es que no se haya sido sincero entonces sino que aquella palabra de amor eterno y fidelidad dada se contextualizó en un momento determinado. Esto no significa que el contexto relativice toda opción sino que, hay que tener en cuenta, las circunstancias de dicha opción que, seguramente, no han sido las que ahora se viven. Si bien toda opción se realiza en  un contexto de circunstancias específicas, esto no implica que la opción sea circunstancial necesariamente.

paseando-4Que esa promesa resulte una realidad o metáfora dependerá exclusivamente de las personas que hayan hecho tal pacto.  Uno lo puede ver en los determinados perfiles que celebran el día de los enamorados o san Valentín, el 14 de febrero. Están efectivamente los enamorados. También aquellos que les gustaría estar enamorados. Incluso los que alguna vez lo estuvieron. Están los que se burlan irónicamente de ese día porque no están enamorados o porque quisieran estarlo y no pueden. Además se suman los que viven enamorados del amor, aunque no estén enamorados de nadie y nadie lo esté de ellos. No falta quien salude a un soltero o soltera, separado o divorciado e incluso consagrado ya que siempre de algo o de alguien se está enamorado, o hay alguna pasión predominante o estamos enamorados de lo que hacemos, etc.

Pareciera que el día de los enamorados abarca todos los sueños de amores posibles que cada uno pueda albergar en su corazón. De todos modos pasa lo mismo con cualquiera de los días de festejo. En el día de la madre o del padre se saludan a muchas personas que no son necesariamente madre o padre y que, sin embargo, algún vínculo con la maternidad y la paternidad tienen. En el día del niño se saluda a muchos adultos con motivo del niño interior que todos llevamos dentro. En el día de navidad decimos que todos los días son navidad, etc.

Los días de festejo nacen con un propósito concreto y tienden a universalizarse. Tal vez para que nadie, en la medida de lo posible, quede afuera.

Lamentablemente no hay un día del compañero o de la compañera. Hay día del amigo, aunque no es lo mismo. Sobre todo si entendemos que el compañerismo es una forma evolucionada del amor, en cualquiera de sus manifestaciones y roles.

Ojalá que cada uno pueda ser el compañero o la compañera que nuestra esposa o esposo, nuestra novia o novio, nuestros padres, hijos,  hermanos, sobrinos, ahijados y amigos necesiten: el amor es siempre compañero.

***

Relatos

El más pequeño acto de libertad rompe toda fatalidad.

Estaban uno destinado para el otro. Todo en el universo permanecía ordenado para que se produjera, en el día y la hora señalada, el feliz encuentro.

Mientras tanto, él cumplía con la rutina de cortar todos los días una rosa del jardín. Sabía que era para ella, aunque no la conocía.

Un día, no sé por qué extraña razón, no hizo el cotidiano ritual: se quedaron esperando para siempre. Nunca pudieron conocerse.

EC

***

Siempre desconcertante

Nadie nunca sabe

lo que será el camino del amor para cada uno.

Misterioso y laberíntico,

nos perdemos en él.

Sin brújulas,  mapas e  indicaciones,

vamos ciegos,

entre tropiezos y  tambaleos.

El amor transita todos los senderos.

Recorre calendarios.

Arma citas.

Crea mundos.

Visita por las noches jardines y calles.

Se queda esperando el alba.

Huidizo y –a la vez- encontradizo.

Nos hace equivocar.

No siempre lo podemos atrapar.

Solitario, en ocasiones, nos hace

-prolongadamente- esperar.

EC

***

 El libro de los amores que cambian

Todos saben que, en algún lugar, está el antiguo y misterioso libro: un códice perdido entre los milenios cuyas páginas transparentes pueden leerse, en todas las direcciones, igual  en anverso y reverso, de arriba para abajo o de abajo para arriba. Cuando se cambia de posición, la historia varía.

Todos los amantes quieren allí leer su propia historia, la cual siempre es distinta de acuerdo a las circunstancias antojadizas de la caprichosa lectura. Cada uno interpreta su historia de amor con todas sus variantes posibles: lo que es, lo que pudo haber sido y no fue, lo que pudo ser con alguna posibilidad, lo que efectivamente es y será, los siempre, los nunca, las salidas imprevistas del amor, sus sorpresas, su principio y su final y hasta sus cotidianas rutinas.

Es un libro de presagios y espejos. También dicen que existen el libro de agua, el de arena, el de fuego, el de aire y el de niebla. Cada uno con su enigma.

Es una pena que ese libro de los amores que cambian se haya perdido entre la desmemoria de los siglos.

Eduardo Casas

Eduardo Casas

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s