ACOMPAÑANDO LA VEJEZ DE NUESTRA MADRE


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Con el transcurrir de los años, muchas veces, nos volvemos custodios y protectores de nuestra madre y se inaugura un tiempo de compañía y  silencio, las miradas se vuelven más lentas, igual que los movimientos, y el corazón late más despacio, buscando ritmos más profundos.

En la medida en que pasa el tiempo, cuando los hijos somos grandes e incluso, nosotros mismos nos vamos volviendo mayores, si tenemos el regalo de disfrutar de nuestra madre, ciertamente nos cuesta verla envejecer. A todos los hijos nos duele.  No por la vejez en sí misma sino porque no queremos que aquellos que amamos sufran.

Más allá del desgate de la vida, la erosión de los años, los achaques, las enfermedades, las repeticiones de las mismas preguntas,  los olvidos de lo inmediato, la aparición recurrente del pasado, las heridas del alma y las arrugas de la piel, acontece una bendición poco común.

Con el transcurrir de los años, muchas veces, nos volvemos custodios y protectores de nuestra madre y se inaugura un tiempo de compañía y  silencio, las miradas se vuelven más lentas, igual que los movimientos, y el corazón late más despacio, buscando ritmos más profundos. Así la vida nos prepara para la otra vida, para la continuación de la existencia más allá, donde el amor queda intacto y la presencia no envejece.

Cuando la compañía de la madre ya no es física, comienza el ritual de otra presencia, no menos continúa, ni menos intensa. El diálogo se retoma como si nunca se hubiera cortado. Nuestros pedidos de ayuda y protección se hacen más insistentes.

Los amores del cielo siempre nos recorren y nos acompañan. Nunca nos dejan. Vigilan nuestros sueños.

La muerte es una excusa para hacernos más íntimos y cercanos. No nos separa sino que nos une más. No nos distancia sino que nos aproxima. No es el sueño sino el despertar. No es “irse” sino un permanente “estar”.

Sólo hay que esperar y nuevamente se dará la fiesta del re-encuentro, el beso esperado y el abrazo anhelado.

Hay un beso en la eternidad que te espera. argent1

Hay una sonrisa en el cielo que te está reservada.

Hay una rosa cuya fragancia nunca se pierde.

Hay un abrazo en la eternidad que lleva el nombre de tu madre.

Sólo hay que ver los signos.

Es cierto que mientras luchamos en esta vida,  pasamos por el nudo ciego del sufrimiento. Las madres son -por naturaleza- mujeres llenas de fortaleza y valentía. Cada madre que sufre se asocia a la Madre universal: María, silenciosa y dolorida al pie de la Cruz, conoció los agudos dolores de parto del alma, las “contracciones” del corazón.

Detrás de cada madre,  hay una historia de hijos. Detrás de los hijos, hay historias de madres.

EDUARDO CASAS

***

Yanni – Felitsa (Live at El Morro, Puerto Rico) HD

The music “Felitsa” from1993 was written by Yanni as a tribute to his mother

Biografía: El 14 de noviembre de 1954, nace en Kalamata (Grecia), a orillas del mar Mediterráneo, Yanni Chryssomallis (en griego Γιάννης Χρυσομάλλης). Yanni es el segundo hijo de los tres que tuvieron sus padres Sotiri y Felitsa.

El 20 de mayo de 2006, muere en Kalamata, Felitsa, su madre, a los 76 años de edad. Yanni había realizado, años atrás, una composición en su memoria (“Felitsa”), dedicándosela personalmente durante el concierto “Yanni Live At The Acrópolis” en 1993.

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