¿Qué se ha enamorado? O, más bien, ¿cuál de las tres? Rara vez sucede que las tres se enamoren al mismo tiempo


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¿Qué se ha enamorado? O, más bien, ¿cuál de los tres? Rara vez sucede que los tres se enamoren al mismo tiempo o con el mismo objeto. Uno está enamorado, los otros no; o bien resisten, o bien, cuando el amante se descuida, hacen infiel a su organismo (llevando al pobre amante a mentiras y engaños o al auto reproche), o bien se ven forzados a someterse, apaleados hasta el asentimiento. En tales circunstancias, que cualquier lector objetivo reconocerá, ¿qué es un amante?

No somos uno, sino tres en uno; y este hecho está presente en nuestro conjunto fisiológico. Los tres sistemas principales –cerebral, nervioso e instintivo- existen uno junto al otro, a veces aparentando cooperar, pero casi siempre sin lograrlo y, por lo general, con propósitos opuestos. En relación con el mundo exterior, la respuesta a un estímulo dado dependerá de qué sistema esté en ese momento encargado del organismo. Si el sistema cerebral está de guardia –esto es, encargado temporalmente del organismo la respuesta será una. Si el único despierto es el sistema nervioso o el instintivo, las respuestas serán diferentes. Tres personas totalmente diferentes existen en nosotros al mismo tiempo, cada una con sus propias ideas de cómo debería actuar su organismo; usualmente rehúsan cooperar entre sí y, de hecho, se obstaculizan mutuamente. Imaginaos que ese organismo, habitado por tres inquilinos pendencieros, se “enamora”. ¿Qué se ha enamorado? O, más bien, ¿cuál de los tres? Rara vez sucede que los tres se enamoren al mismo tiempo o con el mismo objeto. Uno está enamorado, los otros no; o bien resisten, o bien, cuando el amante se descuida, hacen infiel a su organismo (llevando al pobre amante a mentiras y engaños o al auto reproche), o bien se ven forzados a someterse, apaleados hasta el asentimiento. En tales circunstancias, que cualquier lector objetivo reconocerá, ¿qué es un amante?

Uno se imagina casto porque se ha abstenido de relaciones sexuales; pero la continencia es tanto de los sentidos como de los órganos, y principalmente de los ojos. De cada uno de los sentidos fluye energía – energía tan variada como el hombre mismo- No sólo es posible sino es seguro que nos podemos gastar intelectual, emocional o sexualmente a través de cualquiera de los sentidos. Mirar con lujuria es mucho más que el simple mirar, es gastar una de las más finas sustancias que componen el total de la energía sexual; algo irrecuperable se pierde en el acto de la visión; y por esta pérdida la vida sexual posterior es incompleta. Sucede lo mismo con los otros sentidos, aunque no sea tan fácil darse cuenta. En síntesis, es posible volverse completamente impotente por medio tan sólo de los sentidos –sí, tan sólo por los ojos- mientras se permanece casto en el sentido ordinario de la palabra.

En algunas personas es natural la castidad de los sentidos, pero si ha de volverse común, la mayoría tiene que adquirirla. En la más grande civilización que hasta ahora haya conocido la historia de la humanidad, con su capital en la ciudad cuyos pobres restos son ahora Bagdad, se enseñaba la castidad de los sentidos desde la infancia. Se entrenaba cuidadosamente cada sentido; y se ideaba ejercicios para enseñar a los alumnos a distinguir entre las diferentes emanaciones de las percepciones sensorias motivadas intelectual, emocional, instintiva o eróticamente. Gracias a esta educación, la gente adquirió el poder de dirigir sus sentidos con el resultado de que la castidad era al menos posible, ya que estaba controlada. Por lo tanto, el erotismo llegó a ser un arte, en la más alta forma que ha existido en el mundo. En la literatura persa y sufí todavía hoy se puede encontrar un ligero eco.

Barbazul y la Belle Dame son respectivamente los tipo masculino y femenino de la misma psicología –inspiradores de una pasión sin esperanza por ser irrecompensable. Las damas decapitadas que colgaban alrededor de la habitación de Barbazul en realidad estaban colgadas alrededor de su cuello y para ser libres no tenían más que soltarse. De modo similar, los pálidos guerreros y príncipes de la cueva de la Bella Dama estaban allí por propia elección, si es que se puede llamar elección a una atracción irresistible. La leyenda presenta a Barbazul y a la Bella Dama desde el punto de vista de las víctimas que escaparon, es decir, como monstruos que se deleitaron en sacrificios eróticos. Pero ambos eran tan víctimas como sus víctimas nominales; y ambos sufrieron tanto como ellas, y tal vez más. En tales casos de atracción descontroladas, el poder pasa a través del médium, quien se vuelve así enormemente magnético, y atrae a hombres y mujeres que están en relación de simpatía con él o con ella, como atrae el imán a las limaduras. Al comienzo, sin duda, las experiencias de un Barbazul o una Bella Dama son placenteras y refuerzan el orgullo y la vanidad. El otro sexo está a sus pies. Pero cuando al darse cuenta que el poder no es propio ni controlable, descubren que también ellos son víctimas, la primitiva satisfacción se paga cara. Para todos la cura es ardua. Consiste en la reeducación del cuerpo y de los sentidos.

EL AMOR CONSCIENTE 4ª (INSPIRADO EN LAS ENSEÑANZAS DE G.I. GURDJIEFF)

A. R. Orage

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