ACOMPAÑANDO LA VEJEZ DE NUESTRA MADRE

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Con el transcurrir de los años, muchas veces, nos volvemos custodios y protectores de nuestra madre y se inaugura un tiempo de compañía y  silencio, las miradas se vuelven más lentas, igual que los movimientos, y el corazón late más despacio, buscando ritmos más profundos.

En la medida en que pasa el tiempo, cuando los hijos somos grandes e incluso, nosotros mismos nos vamos volviendo mayores, si tenemos el regalo de disfrutar de nuestra madre, ciertamente nos cuesta verla envejecer. A todos los hijos nos duele.  No por la vejez en sí misma sino porque no queremos que aquellos que amamos sufran.

Más allá del desgate de la vida, la erosión de los años, los achaques, las enfermedades, las repeticiones de las mismas preguntas,  los olvidos de lo inmediato, la aparición recurrente del pasado, las heridas del alma y las arrugas de la piel, acontece una bendición poco común.

Con el transcurrir de los años, muchas veces, nos volvemos custodios y protectores de nuestra madre y se inaugura un tiempo de compañía y  silencio, las miradas se vuelven más lentas, igual que los movimientos, y el corazón late más despacio, buscando ritmos más profundos. Así la vida nos prepara para la otra vida, para la continuación de la existencia más allá, donde el amor queda intacto y la presencia no envejece.

Cuando la compañía de la madre ya no es física, comienza el ritual de otra presencia, no menos continúa, ni menos intensa. El diálogo se retoma como si nunca se hubiera cortado. Nuestros pedidos de ayuda y protección se hacen más insistentes.

Los amores del cielo siempre nos recorren y nos acompañan. Nunca nos dejan. Vigilan nuestros sueños.

La muerte es una excusa para hacernos más íntimos y cercanos. No nos separa sino que nos une más. No nos distancia sino que nos aproxima. No es el sueño sino el despertar. No es “irse” sino un permanente “estar”.

Sólo hay que esperar y nuevamente se dará la fiesta del re-encuentro, el beso esperado y el abrazo anhelado.

Hay un beso en la eternidad que te espera. argent1

Hay una sonrisa en el cielo que te está reservada.

Hay una rosa cuya fragancia nunca se pierde.

Hay un abrazo en la eternidad que lleva el nombre de tu madre.

Sólo hay que ver los signos.

Es cierto que mientras luchamos en esta vida,  pasamos por el nudo ciego del sufrimiento. Las madres son -por naturaleza- mujeres llenas de fortaleza y valentía. Cada madre que sufre se asocia a la Madre universal: María, silenciosa y dolorida al pie de la Cruz, conoció los agudos dolores de parto del alma, las “contracciones” del corazón.

Detrás de cada madre,  hay una historia de hijos. Detrás de los hijos, hay historias de madres.

EDUARDO CASAS

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Yanni – Felitsa (Live at El Morro, Puerto Rico) HD

The music “Felitsa” from1993 was written by Yanni as a tribute to his mother

Biografía: El 14 de noviembre de 1954, nace en Kalamata (Grecia), a orillas del mar Mediterráneo, Yanni Chryssomallis (en griego Γιάννης Χρυσομάλλης). Yanni es el segundo hijo de los tres que tuvieron sus padres Sotiri y Felitsa.

El 20 de mayo de 2006, muere en Kalamata, Felitsa, su madre, a los 76 años de edad. Yanni había realizado, años atrás, una composición en su memoria (“Felitsa”), dedicándosela personalmente durante el concierto “Yanni Live At The Acrópolis” en 1993.

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El amor es compañero

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Ser compañeros toda la vida, hasta la puerta de la muerte donde nos abrazaremos para despedirnos momentáneamente hasta que nos volvamos a re-encontrar al otro lado del camino.

Después de mucho andar, el don más precioso que queda del amor es el compañerismo.

Hay una forma de amor en la que no siempre reparamos y, sin embargo, constituye el sustento de toda relación en cualquier rol que asuma: el compañerismo. La etimología de la palabra compañero  se deriva del latín compania, vocablo formado por cum (con), prefijo que equivale a la expresión “al mismo tiempo”, “simultáneamente” y panis, sustantivo que significa “pan”. Etimológicamente compañero  significa “los  que comparten el pan”.

Este hermoso y entrañable origen de la palabra nos lleva a pensar que compañeros son aquellos que comparten en la vida, en el trabajo o en cualquier otra circunstancia, a un mismo tiempo y bajo un mismo techo, el pan cotidiano. No sólo el pan del alimento necesario sino también los diversos panes que nos otorgan otros sustentos: los nutrientes espirituales, vinculares o afectivos.

Strolling through the parcLa palabra compañero remite a compañía, presencia, contención y cercanía. Todo verdadero amor, de algún modo, genera compañerismo. Sin embargo, no todo compañerismo es –necesariamente- expresión del genuino amor. Podemos tener compañeros que no nos amen o que no amemos. Compañeros que, por razones laborales o por las circunstancias de la vida y las relaciones, sólo nos toleran. Todo auténtico amor siempre desarrolla, de manera cada vez más creciente, alguna forma de compañerismo.

No es el amor el que sustenta la relación sino el modo de relacionarnos el que sostiene y acrecienta el amor. Hay maneras de vincularnos que –directamente- atacan y  destruyen el vínculo. Hay otras, en cambio, que favorecen la madurez del amor.

El compañerismo se da en cualquier relación de amor. Se puede ser compañero de los compañeros de camino y de trabajo; compañero de los amigos y de los padres, de los hijos, de los hermanos, de los sobrinos, de los vecinos. Se puede ser compañeros en la relación de pareja. Incluso se puede ser compañero de aquellos que están a nuestro cargo,  cuidado o responsabilidad.

En todas estas relaciones, cuando se da el compañerismo, resulta hermoso. Hay vínculos entre amigos en los cuales no son compañeros porque casi no se ven nunca. Hay hermanos, primos, padres e hijos, incluso hay quienes tienen relación de pareja y no son compañeros ya que hay demasiada distancia o el lazo afectivo se va erosionando.

En todo verdadero amor lo que uno pretende es llegar al compañerismo. Lejos de pensar que es el primer peldaño básico del amor, hay que considerarlo como una manifestación muy plena y madura. Un amor sin compañerismo le falta algo. paseando-55

Llegados a una determinada etapa de la vida y la relación, lo que se desea, es ser compañero. Encontrar al compañero o compañera con quien compartir los avatares de la vida. Cuando se acaba la emoción, la pasión o el deseo, lo que queda es el anhelo de  alguien que nos acompañe en las encrucijadas del camino. Uno anhela un padre, una madre, un hermano o hermana, un amigo, una esposa o esposo, una novia o novio que se sea   -simple y profundamente- compañera o compañero de ruta.

Ser compañeros toda la vida, hasta la puerta de la muerte donde nos abrazaremos para despedirnos momentáneamente hasta que nos volvamos a re-encontrar al otro lado del camino. Después de mucho andar, el don más precioso que queda del amor es el compañerismo.

Si nos detenemos en el amor de pareja, hay que subrayar el carácter esencial que tiene allí el compañerismo. Hay muchos que, después de un tiempo, se sienten solos a pesar de tener pareja. No me refiero a períodos esporádicos de tiempo en los cuales, por diversas razones, esto puede pasar sino a una sensación de permanente ausencia, distancia y lejanía en el vínculo de pareja, como si fueran extraños.

Incluso hay quienes prometen amor eterno y –con el paso de los años- hay amores que ni siquiera sobreviven al tiempo. Para algunos, esa promesa logra ser efectivamente realidad y para otros se vuelve una metáfora de un deseo que se tiene, especialmente el día en que realiza esa promesa, aunque después los cambios y vaivenes de la vida nos hagan desistir. No es que no se haya sido sincero entonces sino que aquella palabra de amor eterno y fidelidad dada se contextualizó en un momento determinado. Esto no significa que el contexto relativice toda opción sino que, hay que tener en cuenta, las circunstancias de dicha opción que, seguramente, no han sido las que ahora se viven. Si bien toda opción se realiza en  un contexto de circunstancias específicas, esto no implica que la opción sea circunstancial necesariamente.

paseando-4Que esa promesa resulte una realidad o metáfora dependerá exclusivamente de las personas que hayan hecho tal pacto.  Uno lo puede ver en los determinados perfiles que celebran el día de los enamorados o san Valentín, el 14 de febrero. Están efectivamente los enamorados. También aquellos que les gustaría estar enamorados. Incluso los que alguna vez lo estuvieron. Están los que se burlan irónicamente de ese día porque no están enamorados o porque quisieran estarlo y no pueden. Además se suman los que viven enamorados del amor, aunque no estén enamorados de nadie y nadie lo esté de ellos. No falta quien salude a un soltero o soltera, separado o divorciado e incluso consagrado ya que siempre de algo o de alguien se está enamorado, o hay alguna pasión predominante o estamos enamorados de lo que hacemos, etc.

Pareciera que el día de los enamorados abarca todos los sueños de amores posibles que cada uno pueda albergar en su corazón. De todos modos pasa lo mismo con cualquiera de los días de festejo. En el día de la madre o del padre se saludan a muchas personas que no son necesariamente madre o padre y que, sin embargo, algún vínculo con la maternidad y la paternidad tienen. En el día del niño se saluda a muchos adultos con motivo del niño interior que todos llevamos dentro. En el día de navidad decimos que todos los días son navidad, etc.

Los días de festejo nacen con un propósito concreto y tienden a universalizarse. Tal vez para que nadie, en la medida de lo posible, quede afuera.

Lamentablemente no hay un día del compañero o de la compañera. Hay día del amigo, aunque no es lo mismo. Sobre todo si entendemos que el compañerismo es una forma evolucionada del amor, en cualquiera de sus manifestaciones y roles.

Ojalá que cada uno pueda ser el compañero o la compañera que nuestra esposa o esposo, nuestra novia o novio, nuestros padres, hijos,  hermanos, sobrinos, ahijados y amigos necesiten: el amor es siempre compañero.

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Relatos

El más pequeño acto de libertad rompe toda fatalidad.

Estaban uno destinado para el otro. Todo en el universo permanecía ordenado para que se produjera, en el día y la hora señalada, el feliz encuentro.

Mientras tanto, él cumplía con la rutina de cortar todos los días una rosa del jardín. Sabía que era para ella, aunque no la conocía.

Un día, no sé por qué extraña razón, no hizo el cotidiano ritual: se quedaron esperando para siempre. Nunca pudieron conocerse.

EC

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Siempre desconcertante

Nadie nunca sabe

lo que será el camino del amor para cada uno.

Misterioso y laberíntico,

nos perdemos en él.

Sin brújulas,  mapas e  indicaciones,

vamos ciegos,

entre tropiezos y  tambaleos.

El amor transita todos los senderos.

Recorre calendarios.

Arma citas.

Crea mundos.

Visita por las noches jardines y calles.

Se queda esperando el alba.

Huidizo y –a la vez- encontradizo.

Nos hace equivocar.

No siempre lo podemos atrapar.

Solitario, en ocasiones, nos hace

-prolongadamente- esperar.

EC

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 El libro de los amores que cambian

Todos saben que, en algún lugar, está el antiguo y misterioso libro: un códice perdido entre los milenios cuyas páginas transparentes pueden leerse, en todas las direcciones, igual  en anverso y reverso, de arriba para abajo o de abajo para arriba. Cuando se cambia de posición, la historia varía.

Todos los amantes quieren allí leer su propia historia, la cual siempre es distinta de acuerdo a las circunstancias antojadizas de la caprichosa lectura. Cada uno interpreta su historia de amor con todas sus variantes posibles: lo que es, lo que pudo haber sido y no fue, lo que pudo ser con alguna posibilidad, lo que efectivamente es y será, los siempre, los nunca, las salidas imprevistas del amor, sus sorpresas, su principio y su final y hasta sus cotidianas rutinas.

Es un libro de presagios y espejos. También dicen que existen el libro de agua, el de arena, el de fuego, el de aire y el de niebla. Cada uno con su enigma.

Es una pena que ese libro de los amores que cambian se haya perdido entre la desmemoria de los siglos.

Eduardo Casas

Eduardo Casas

 

Amores correspondidos?…

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La fuerza y la belleza de la vulnerabilidad

La sensibilidad implica vulnerabilidad. Somos sensibles a nuestras reacciones, a nuestras heridas, a nuestra atormentada existencia; o sea, somos sensibles a nosotros mismos y en ese estado de vulnerabilidad, hay egoísmo y, por lo tanto, podemos ser lastimados y volvernos neuróticos. Ésa es una forma de resistencia que se centra esencialmente en el yo. La fuerza de la vulnerabilidad en cambio, no es el egocentrismo, es como esa hoja nueva de primavera que puede resistir los fuertes vientos y florecer. En ese estado de vulnerabilidad uno no puede ser lastimado bajo ninguna circunstancia. La vulnerabilidad no tiene un centro, no tiene yo, tiene una enorme fuerza, vitalidad y belleza. -Krishnamurti-

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El amor y el tiempo se asemejan a dos laberintos que se entrecruzan y en los cuales, muy a menudo, nos extraviamos sin mapa, ni brújula. Cada uno tiene que aventurarse a encontrarse perdido y permitir que se suspendan las propias certezas y seguridades. Quedando, de algún modo, todo modificado.

Cuando el amor y el tiempo de las personas involucradas en una relación coinciden se da un prodigio poco común. A veces esperamos para amar y no llega quien amamos. Otras, ni siquiera esperamos y -de sorpresa- viene. En ocasiones amamos y somos ignorados o no correspondidos. También puede que nos amen y nosotros no amar. Incluso se da que las personas involucradas afectivamente se aman pero cada una tiene su propio ritmo y necesitan su tiempo particular.

Las combinaciones –ciertamente- pueden ser muy variadas. Cuando amor y tiempo coinciden, se produce lo más anhelado y, también, lo menos común. Que dos personas se amen, encuentren correspondencia afectiva en un vínculo, ajusten el tiempo y el ritmo personal para la construcción de la reciprocidad y permanezcan -a pesar de todos los embates- juntos,  resulta cada vez más apreciado y menos conseguido. Algunos lo consideran un privilegio escaso. No todos gozan de esa posibilidad. Es casi un lujo.

El amor es siempre alguna forma de historia compartida. Sin esa participación colaborativa y complementaria no existe la posibilidad de un vínculo recíproco. Sin embargo, dar todo no significa que la otra persona reciba todo. A veces se da y no se sabe recibir. A veces se recibe, incluso aunque el otro no ha compartido intencionalmente algo significativo.

En la ruptura o el fracaso de un amor algunos buscan otra relación. Hay quienes afirman que el amor nunca se acaba: sólo se va a dónde y con quien encuentra sintonía y correspondencia.

wallpaper-3026301La ruptura narcisista del amor propio se logra cuando la reciprocidad -que garantiza que el vínculo no sea meramente el reflejo de uno mismo en la soledad de otro- se convierta en mutuo encuentro.  Para que eso llegue, hay que tener paciencia. Los mensajes que más duelen son los que uno anhela y nunca llegan. El amor guarda su propio tiempo, tanto en lo que construye como en lo que no funciona y deconstruye.  A veces si uno no puede alejarse, lo más inteligente es dejar ir. Es mejor retirarse a tiempo, cerrando lo más maduramente una historia y dejando un recuerdo grato, que  insistir perseverantemente y terminar convirtiéndose en una insufrible carga y una verdadera molestia. No nada más patético que dos que fracasan y uno queda enganchado en la relación. No hay que insistir. Tampoco sirve victimizarse. Siempre hay que ser digno en el amor.

Cuando una relación termina, lo más difícil no es perdonar u olvidar sino volver a confiar, ofrecer una nueva posibilidad. La vida, muchas veces, decide -por sí misma y sus circunstancias- quién entra en nuestra existencia. Cada uno, en cambio, tiene el poder de optar quién se queda. A veces no somos lo que el otro sueña. Somos lo que el otro está buscando, está necesitando o está desechando, incluso, sin saberlo conscientemente.

Eduardo Casas

Eduardo Casas

AHORA

Ahora es el presente.

Este instante,

esta palabra

y esta voz.

Poderoso y efímero

es todo momento fugaz.

No hay nada fuera del ahora.

Todo lo demás es pasado o futuro,

quimera y olvido.

EC

Yanni – one man’s dream

LA MELANCOLÍA Y LA NOSTALGIA, DOS AMIGAS INSEPARABLES

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Indagaremos en estos sentimientos desde su sanidad, descubriendo las potencialidades que nos estimulan y despiertan en nuestro ánimo. Incluso en nuestra capacidad espiritual. Profundizaremos en estos dos estados que nos ponen siempre en una sensible fragilidad y en una condición vulnerable.

Aunque muchas veces utilizamos como sinónimos las palabras melancolía y nostalgia, sin embargo, tienen sutiles diferencias y matices. La melancolía posee más relación con el pasado; la nostalgia, en cambio, con el presente.  Se siente melancolía de cosas que fueron y que no se sabe si volverán a ser. De allí que se produzca cierta añoranza. Se experimenta nostalgia, en cambio, de realidades que están –de algún modo- presentes pero no tan plenamente. Por ejemplo, en el plano espiritual, uno puede sentir “nostalgia de Dios” ya sea porque se experimenta lejos de Él o simplemente porque le gustaría ahondar en el vínculo con el Señor. Por su parte, uno puede experimentar, respecto al pasado, melancolía por algún buen tiempo, un lugar en que fue feliz, una persona importante que ya no está, etc.

La diferencia entre melancolía y nostalgia se da en relación al tiempo: respecto al pasado y al presente. Se excluye el futuro porque no podemos sentir añoranza por aquello que todavía no se ha dado. Se añora lo que fue o lo que está siendo.

Si bien existe esta diferencia entre melancolía y nostalgia, no obstante son sentimientos hermanos muy semejantes. Ambos guardan estrecho lazo con cierta tristeza. La melancolía y la nostalgia son una especie de tristeza privada de su angustia. Es una tristeza suave y mansa que sólo añora, anhela o desea lo que fue –por haberlo perdido- o lo que está siendo, por querer vivirlo aún más plenamente.

La melancolía y la nostalgia –a pesar de alimentarse de cierta tristeza- son, en sí mismos, sentimientos sanos. No tienen relación con una enfermedad muy extendida actualmente: la depresión que influye en el organismo, el ánimo, la manera de sentir, pensar y actuar.

Un trastorno depresivo no es lo mismo que un estado pasajero de melancolía o tristeza. Tampoco indica una debilidad personal. No es una condición de la cual uno pueda liberarse a voluntad. Las personas que padecen de un trastorno depresivo no es porque lo quieran. Como cualquier otra enfermedad, uno no la elige. Las enfermedades nos eligen a nosotros o descubren –en nosotros- ciertas predisposiciones genéticas, físicas o psicológicas.

En la depresión, el paciente se siente hundido, con un peso agobiante sobre su vitalidad y su energía para vivir y hacer las cosas. En algunos casos extremos llegan a plantearse hasta el sentido mismo de la existencia. Es una sensación muy profunda, arrasadora. Se va perdiendo el sabor y el placer de vivir. Se experimenta una tristeza patológica que interfiere negativamente en la vida cotidiana, tanto en lo social como en lo familiar y personal. Se considera incapaz de casi todo lo que habitualmente solía hacer, lo cual aumenta sus sentimientos de culpa o de inutilidad. El desgano lo  torna apático, no tiene ganas de nada y nada le procura placer. La ansiedad y la desazón que puede variar en malhumor, irritabilidad y agresión.

También puede padecer Insomnio, y alteraciones del pensamiento, surgen ideas derrotistas y obsesiones,  la memoria se debilita y la distracción se torna frecuente. Se experimenta una persistente sensación de fatiga o cansancio, vive arrinconado, rumiando sinsabores y fracasos. Le resulta difícil tomar decisiones. Alimenta sentimientos autodestructivos y pérdida de la valoración y la autoestima.

Los trastornos depresivos severos  interfieren en lo cotidiano. Causa sufrimiento no sólo a quienes los padecen sino también a sus seres queridos, afectando su entorno. Sin embargo, en gran parte, este sufrimiento se puede evitar. La mayoría de las personas deprimidas no buscan tratamiento. La depresión es una enfermedad tratable. La mayoría de las personas  deprimidas pueden mejorar con un tratamiento adecuado.

Muchas veces la depresión es llamada la “enfermedad de la tristeza”. Sin embargo, no toda tristeza causa necesariamente depresión. Cuando incapacita para los vínculos sociales, la acción inmediata o la proyección al futuro, estamos ante la posibilidad de un estado depresivo. En la actualidad, hay muchos depresivos al vivir en una sociedad deshumanizada, masificada, despersonalizada,  anónima, estresada,  sumida en el desamor, el agotamiento emocional, el cansancio físico y psicológico, el estrés, la pérdida de sentido existencial, la sensación de falta de realización profesional o personal y el malestar generalizado.

Hay depresiones que tienen que ver con la predisposición genética de carácter biológico y hereditario y no siempre tiene un motivo demasiado claro que la provoque. Generalmente se curan a base de medicamentos psiquiátricos. Además algunas surgen como reacción de un acontecimiento especialmente duro y límite, son más complejas ya que implican la afectividad y a menudo requieren tratamiento psicológico.

También es cierto que hay personalidades con tendencias depresivas, estados de ánimo permanentemente triste, cabizbajos, desanimados, pesimistas, con poca autoestima, tendencia a la autocrítica y extremadamente vulnerables y sensibles. Aunque la depresión puede darse en cualquier personalidad ya que todos tenemos que lidiar con altibajos, frustraciones, dificultades, sinsabores, heridas, equivocaciones y errores. Hay que aprender a no generar enfermedad: las fobias, las obsesiones, las ansiedades y las depresiones, en gran medida, son generadas por nosotros mismos al no poder manejar miedos y temores con baja tolerancia a las frustraciones. La medicación, en general, reemplaza lo que no sabemos hacer por cuenta propia. Debemos procurar ser los mejores estabilizadores de nuestro ánimo y saber manejar las emociones, sentimientos y pasiones.

Algunos de los síntomas de la depresión son descenso del estado de ánimo, insomnio, ansiedad, incapacidad de disfrutar, temor al futuro, llanto, apatía, monotonía, silencio prolongado, comportamiento lento y apagado.

En la depresión, la melancolía y la nostalgia pueden estar acentuadas de manera muy aguda. Lo cual no significa que toda melancolía o nostalgia necesariamente deriven  en una depresión.

 Indagaremos en estos sentimientos desde su sanidad, descubriendo las potencialidades que nos estimulan y despiertan en nuestro ánimo. Incluso en nuestra capacidad espiritual. Profundizaremos en estos dos estados que nos ponen siempre en una sensible fragilidad y en una condición vulnerable.

Eduardo Casas

Eduardo Casas

DE LAS RELACIONES ADICTIVAS A LAS RELACIONES ILUMINADAS

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Entre las dos pasiones capitales –el amor y el odio- existe una gama muy variada de sentimientos. El desamor no está entre el amor y odio sino entre el amor y el “no-amor”, el cual  una especie de enfriamiento,  hastío, cansancio, aburrimiento y desgaste total del vínculo.

TANTO SI VIVES SOLO COMO SI VIVES EN PAREJA, la clave es estar presente e intensificar progresivamente tu presencia mediante la atención al ahora. Si quieres que florezca el amor, la luz de tu presencia debe ser lo suficientemente intensa como para no verte arrollado por el pensador o por el cuerpo-dolor, ni los confundas con quien eres. Conocerse como el Ser que está debajo del pensador, la quietud que está debajo del ruido mental, el amor y la alegría que se encuentran debajo del dolor, eso es libertad, salvación, iluminación. Desidentificarse del cuerpo-dolor es llevar la presencia al dolor y así transmutarlo.

Desidentificarse del pensamiento es poder ser el observador silencioso de tus pensamientos y de tu conducta, especialmente de los patrones repetitivos de tu mente y de los roles que representa tu ego. Si dejas de investirla de «yoidad», la mente pierde su cualidad compulsiva, formada básicamente por la constante tendencia a juzgar y a resistirse a lo que es, creando así conflicto, drama y más dolor. De hecho, en el momento en que dejas de juzgar y aceptas lo que es, eres libre de la mente. Has creado espacio para el amor, para la alegría, para la paz.

PRIMERO DEJAS DE JUZGARTE A TI MISMO; después dejas de juzgar a tu pareja. El mayor catalizador del cambio en las relaciones es la aceptación total de tu pareja tal como es, dejando completamente de juzgarla y de intentar cambiarla. Eso te lleva inmediatamente más allá del ego. A partir de entonces todos los juegos mentales y el apego adictivo se acaban. Ya no hay víctimas ni verdugos, ni acusadores ni acusados.

La aceptación total también supone el final de la codependencia; ya no te dejas arrastrar por el patrón inconsciente de otra persona, favoreciendo de ese modo su continuidad. Entonces, o bien os separáis —con amor—, o bien entráis juntos más profundamente en el ahora, en el Ser. ¿Es así de simple? Sí, es así de simple. El amor es un estado de Ser. Tu amor no está fuera; está en lo profundo de ti. Nunca puedes perderlo, no puede dejarte. No depende de otro cuerpo, de otra forma externa.

EN LA QUIETUD DE TU PRESENCIA puedes sentir tu propia realidad informe e intemporal: es la vida no manifestada que anima tu forma física. Entonces puedes sentir la misma vida en lo profundo de los demás seres humanos y de las demás criaturas. Miras más allá del velo de la forma y la separación. Esto es alcanzar la unidad. Esto es amor. Aunque es posible tener breves atisbos, el amor no puede florecer a menos que estés permanentemente liberado de la identificación mental y tu presencia sea lo bastante intensa como para haber disuelto el cuerpo-dolor, o hasta que puedas, al menos, mantenerte presente como observador. De ese modo, el cuerpo-dolor no podrá arrebatarte el control y destruir el amor.

Eckhart Tolle

Last Kiss – Taylor Swift

-Tiene una intro de 27 segundos. (El mismo número que duró la llamada telefónica en la que Joe terminó con Taylor)
Taylor habla sobre Last Kiss: ”La canción Last Kiss es algo así como una carta a alguien.. Para simplemente expresar todos estos sentimientos desesperados y desesperanzados que tienes después de una ruptura. En el transcurso del término de una relación sientes todas estas cosas diferentes… Sientes rabia, sientes confusión y frustración, pero luego viene la tristeza absoluta… La tristeza de perder a esta persona, de perder todas las memorias y todas las esperanzas que habías proyectado para el futuro. Hay veces en las que simplemente tienes este momento de verdad y tienes que admitirte a ti misma que extrañas todas esas cosas. Cuando yo estaba en uno de esos momentos, escribí esta canción.”

EL DESAMOR QUE NOS DUELE

El desamor es un estado, tan complejo como el mismo amor y asume muchas variaciones de ánimo,  sentimientos y actitudes.

El desamor puede nacer de nosotros,  cuando nos aman y no correspondemos; cuando abandonamos o nos alejamos, por el motivo que fuere, de una relación; cuando somos indiferentes o nos ausentamos de alguien.

You're Not Sorry

You’re Not Sorry (Photo credit: Wikipedia)

También puede nacer de otros para con nosotros: cuando amamos y no nos tienen en cuenta; cuando no estamos entre las prioridades de otra persona; cuando han preferido cortar todo lazo con nosotros y nuestro entorno; cuando sufrimos la decepción y la frustración de un vínculo; cuando la relación se corta o cambia paulatina o drásticamente; cuando deja de alimentarse y agoniza o muere; cuando padecemos mal de amores –esa especie de sufrimiento generalizado- por algún amor herido.

El desamor ciertamente es muy complejo y se expresa en algunas de las situaciones recién mencionadas y en muchas más. En general, el estado de ánimo y los sentimientos que genera son de dolor, crisis afectivo-psicológica, desesperanza, rabia, impotencia, desilusión,  desgano; tristeza, enojo,  sufrimiento interior, perturbación, confusión, perplejidad, desconcierto, incertidumbre, preguntas sin responder, deseos de recomponer el vínculo, pedidos de perdón, etc.

Entre las dos pasiones capitales –el amor y el odio- existe una gama muy variada de sentimientos. El desamor no está entre el amor y odio sino entre el amor y el “no-amor”, el cual  una especie de enfriamiento,  hastío, cansancio, aburrimiento y desgaste total del vínculo.

Cuando lo único que se recibe de una persona es desamor. La relación  ha dejado de ser sana. Por lo cual, lo más conveniente, en muchos casos, es resguardar la salud emocional de las personas involucradas.

No se puede recibir sólo desamor todo el tiempo. Para preservar la salud y la dignidad. Hay que hacerse a un costado y empezar a escribir otra historia. No hay que vivir de deudas pasadas.

Los seres humanos estamos hechos para el amor, no para el desamor.

Sin embargo, muchas veces, de tan cerca que estamos nos lastimamos.

Eduardo Casas

Relaciones de Amor Odio

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Parece que la mayoría de las «relaciones amorosas» pasan a convertirse muy pronto en relaciones de amor-odio. En ellas, el amor puede dar paso en un abrir y cerrar de ojos a una agresividad salvaje, a sentimientos de hostilidad o a la total ausencia del afecto.

RELACIONES DE AMOR-ODIO

A menos que accedas a la frecuencia consciente de la presencia, todas las relaciones, y en particular las relaciones íntimas, acabarán fracasando y siendo disfuncionales. Puede que parezcan perfectas durante un tiempo, mientras estás «enamorado», pero esa perfección se altera invariablemente a medida que van produciéndose discusiones, conflictos, insatisfacciones y violencia emocional o incluso física…, momentos de tensión que suceden con creciente frecuencia.

 Parece que la mayoría de las «relaciones amorosas» pasan a convertirse muy pronto en relaciones de amor-odio. En ellas, el amor puede dar paso en un abrir y cerrar de ojos a una agresividad salvaje, a sentimientos de hostilidad o a la total ausencia del afecto. Esto se considera normal. Si en tus relaciones experimentas tanto un sentimiento de «amor» como su opuesto —agresividad, violencia emocional, etc.—, entonces es muy probable que estés confundiendo el apego adictivo del ego con el amor. No puedes amar a tu compañero o compañera un momento y atacarle al siguiente.

 El verdadero amor no tiene opuesto. Si tu «amor» tiene un opuesto, entonces no es amor, sino la intensa necesidad del ego de una identidad más completa y profunda, necesidad que la otra persona cubre temporalmente. Este es el sustituto de la salvación que propone el ego, y durante un breve episodio parece una verdadera salvación. Pero llega un momento en que tu pareja deja de actuar de la manera que satisface tus demandas, o más bien las de tu ego. Los sentimientos de miedo, dolor y carencia, que son parte intrínseca del ego pero habían quedado tapados por la «relación amorosa», vuelven a salir a la superficie. Como en cualquier otra adicción, pasas buenos momentos cuando la droga está disponible, pero, invariablemente, acaba llegando un momento en el que ya no te hace efecto.

Por eso, cuando los sentimientos dolorosos reaparecen los sientes con más intensidad que antes y, lo que es peor, ahora percibes que quien los causa es tu compañero o compañera. Esto significa que los proyectas fuera de ti y atacas al otro con toda la violencia salvaje de tu dolor. Tu ataque puede despertar el dolor de tu pareja, que posiblemente contraatacará. Llegados a este punto, el ego sigue esperando inconscientemente que su ataque o sus intentos de manipulación sean castigo suficiente para inducir un cambio de conducta en la pareja, de modo que pueda seguir sirviendo de tapadera del dolor.

Todas las adicciones surgen de una negativa inconsciente a encarar y traspasar el propio dolor. Todas las adicciones empiezan con dolor y terminan con dolor. Cualquiera que sea la sustancia que origine la adicción —alcohol, comida, drogas (legales o ilegales) o una persona—, estás usando algo o a alguien para encubrir tu dolor. Por eso hay tanto dolor e infelicidad en las relaciones íntimas en cuanto pasa la primera euforia. Las relaciones mismas no son la causa del dolor y de la infelicidad, sino que sacan a la superficie el dolor y la infelicidad que ya están en ti. Todas las adicciones lo hacen. Llega un momento en que la adicción deja de funcionar y sientes el dolor con más intensidad que nunca.

Ésta es la razón por la que la mayoría de la gente siempre está intentando escapar del momento presente y buscar la salvación en el futuro. Si concentrasen su atención en el ahora, lo primero que encontrarían sería su propio dolor, y eso es lo que más temen. ¡Si supieran lo fácil que es acceder ahora al poder de la presencia que disuelve el pasado y su dolor, a la realidad que disuelve la ilusión! ¡Si supieran lo cerca que están de su propia realidad, lo cerca que están de Dios! Eludir las relaciones en un intento de evitar el dolor tampoco soluciona nada. El dolor sigue allí de todos modos. Es más probable que te obliguen a despertar tres relaciones fracasadas en otros tantos años que pasar tres años en una isla desierta o encerrada en tu habitación. Pero si puedes llevar una intensa presencia a tu soledad, eso podría funcionar para ti.

Ekchart Tolle

Ricardo Arjona – El Amor

El amor es un viaje

El amor ilumina y enceguece. Alumbra y deja a oscuras. Nos esclarece y, a la vez, deja suspendido el sentido y la razón. Da alas de libertad y nos ata con leves cadenas irrompibles de suspiros y deseos. El amor hace vivir, morir y resucitar. Nos quita las oportunidades al elegirlo y –luego- siempre nos vuelve a dar una nueva oportunidad. Nos deja sin aliento y sin respiración. Nos da esperanzas. Nos libera de miedos y nos otorga fuerza. Nos enriquece con todo y nos despoja de todo. Nos hace ricos y pobres. Brinda plenitud y vacío. Nos comunica su audacia y nos regala su locura. Nos animamos a todo con él y, sin él, nos falta todo.

El amor es camino y horizonte. Tierra y cielo. Paraíso y, algunas veces, también Purgatorio e Infierno. Es sublime y cotidiano. Rutinario y extraordinario. Se disfraza. Se muestra y oculta. Calla y grita. Seduce y olvida. Mira y desgarra. Nos hace temblar. Nos quita el hambre. Nos regala un solo y único pensamiento constante. Nos obsesiona. No nos deja descansar. Nos hace pronunciar un solo nombre. Extrañamos y recordamos continuamente. Nos da nostalgia y esperanza. Andamos por caminos nunca transitados. Nos olvidamos de nosotros mismos y de nuestras necesidades. Nos comunica una sed que no se apaga.

El amor escribe una historia en las historias. Un relato en todas las canciones. Guarda los secretos y conoce el fondo de los corazones. No se extingue aunque parezca morir. No deja de cumplir ninguna de sus promesas. Se ocupa de todos los detalles. No olvida nunca ningún nombre, ni rostro. Sabe que de él depende la felicidad de muchos. Es agradecido y delicado. Fuerte -en su debilidad- y vulnerable en su fortaleza. Es sabio porque ha sabido elegir y vivir de lo elegido. Golpea en todas las puertas. Algunas abren. Otras, lo dejan pasar. Conoce todos los relojes. Siempre llega cuando tiene que llegar. Tiene fechas precisas. Busca y se deja encontrar. Se tiene y se pierde y se vuelve a recobrar.

El amor conoce palabras y pronuncia silencios. Transita los días y vive las noches. No tiene tiempo. Es joven y viejo. Niño y anciano. Desconoce la muerte. Ya la ha vencido. Es siempre vida.

El amor es eterno y divino. Es totalmente sagrado. Constituye lo más valioso que nos llevaremos de este mundo. Lo único que presentaremos ante Dios serán manos vacías de todo y plenas de amor.

El amor es un viaje y la vida es una peregrinación hacia la plenitud del amor.

Eduardo Casas

Amigos del Alma y de la Vida

Palabras para mis Amigos:

“De mis amigos me quedo con aquellos que hacen de mí un loco y un santo. De ellos no quiero respuesta, quiero mi revés. Que me traigan dudas y angustias y aguanten lo que hay de peor en mí. Los quiero santos para que duden de las diferencias y pidan perdón por las injusticias.

Elijo a mis amigos por el alma expuesta.

Amigos que no se ríen juntos, no saben sufrir juntos.

Quiero amigos que hagan de la realidad su fuente de aprendizaje y que luchen para que la fantasía no desaparezca.

Quiero amigos mitad niños y otra mitad ancianos. Niños para que no olviden el valor del viento en la cara y ancianos para que nunca tengan prisa.

Tengo amigos para saber quién soy. Viéndolos locos y santos, tontos y serios, niños y ancianos, nunca me olvidaré que la normalidad es, a menudo, una ilusión tonta”.

OSCAR WILDE

 

Plegaria para el Amigo

Bésame el alma y el corazón.

Tócame la soledad y enciéndela.

Que el amor viaje por las galerías del tiempo y por los espacios que transita la distancia.

Que tu presencia en mi vida sea como una palabra de bienvenida.

¡Gracias amigo por haber encontrado mi camino!

Amén.

 

 

Territorio de sueños

En este tiempo mi memoria saca cuentas de lo que he
soñado y de lo que deseado.

Recuerdo que alguno me dio agua para que no dejara de
soñar bajo el arduo sol del lento y solitario camino.
También hay quien me atropelló los sueños y los rompió
en pedazos. No importa, aquí estoy recomponiendo mi
bandera, tratando de encontrarme y de ser fiel a mí mismo y a
mis esperanzas.

Otras veces, persiguiendo mis propios sueños, empujé sin
ver los sueños de los demás, sin detenerme en ayudarlos a
recomponer lo que mi torpeza acaba de derrumbar….

Hay tardes en que subo a la colina y lanzo mis sueños,
soplándolos al aire para que vuelen, se esparzan y vivan…
Hoy quisiera saludar a todos aquellos que transitan mi
territorio de sueños.

Amor, estás ahí?…
Por algo será. ¡¡¡Gracias!!!

 

El Don de la Amistad

En nuestra amistad todo es un regalo.
Allí nada es mucho.
En el verdadero afecto palabras como “poco”,
“mucho”, “bastante” o “suficiente” no existen.
Nunca es bastante.

Todo cuanto hago no lo hago para que me lo
devuelvas sino para que lo recibas.
Al recibirlo me lo vuelves a dar.
Recibo si te doy.
Si me lo dejara para mí me vaciaría.
El don se multiplica si se es generoso con él.

Cada uno da a su manera.
Yo recibo mucho, mucho de ti.
Seguramente tengo que devolverte.

Todo es un don en la vida.
Tú, un regalo inmerecido.
Quiero disfrutarlo para hacerte todo el bien que
pueda.
Quiero darte lo mejor de lo que encuentre en mí.

Toda la vida es una continua devolución,
hasta la misma muerte es la devolución final,
la devolución de todo.
La devolución de las devoluciones.

No vale la pena ser mezquino o egoísta.
El tiempo es tan corto.

Tú eres parte del don que tendré que aprender a
devolver un día.

El amor es don y devolución continúa.
La mejor relación es aquella en la que reina la
gratuidad.
La amistad y el amor son gratuidades.
No se compran, no se venden, no se trocan, ni se
cambian.
Sólo son don para compartir.
La gratuidad es lo absolutamente dado sin
merecimiento, ni derecho de nuestra parte.

Tú eres un don que quiero cuidar sin invadir.
Nadie es un premio para nadie.
Todos somos regalos, don para el otro.

Yo no hice previamente nada para tenerte,
ni siquiera te conocía.
Aparecimos uno para el otro.
Eso es la gratuidad.
Todo dado para ser compartido.
Apareciste para que pudiera dar más el corazón
que si no quedaba asfixiado adentro.
Sólo pido que lo recibas.
Sólo pido que te dejes querer.
Que me dejes entregar.

En la medida en que me doy más sinceramente
a mi mismo,
me das todo.
No quiero nada excepto un poco más de ti y de
tu intensidad.
Ése es mi compromiso para contigo:
cultivar el afecto que te tengo y manifestarlo
para hacernos el Bien y Crecer.

Eduardo Casas