VOSOTROS SOIS LA SAL DE LA TIERRA

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Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada en una colina no se puede ocultar. Los hombres tampoco encienden una luz para ponerla debajo de un almud, sino en un candelero; y da luz a todos los que están en la casa. Que vuestra luz brille ante los hombres de tal manera que puedan ver vuestra buenas obras y sean inducidos a glorificar a vuestro Padre que está en los cielos.

El llamado «Sermón de la Montaña» no es el evangelio de Jesús. Contiene de hecho muchas enseñanzas útiles, pero eran las instrucciones de ordenación de Jesús a los doce apóstoles. Era el encargo personal del Maestro a los que iban a continuar predicando el evangelio y que aspiraban a representarlo en el mundo de los hombres, como él representaba a su Padre con tanta elocuencia y perfección.

«Vosotros sois la sal de la tierra, una sal con sabor de salvación. Pero si esta sal ha perdido su sabor, ¿con qué se sazonará? En lo sucesivo ya no sirve más que para ser arrojada y pisoteada por los hombres.»

En los tiempos de Jesús, la sal era un elemento precioso. Se utilizaba incluso como moneda. La palabra moderna «salario» se deriva de sal. La sal no sólo condimenta los alimentos, sino que también los conserva. Hace que otras cosas sean más sabrosas, y sirve así a medida que se gasta.

«Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada en una colina no se puede ocultar. Los hombres tampoco encienden una luz para ponerla debajo de un almud, sino en un candelero; y da luz a todos los que están en la casa. Que vuestra luz brille ante los hombres de tal manera que puedan ver vuestra buenas obras y sean inducidos a glorificar a vuestro Padre que está en los cielos.»

Aunque la luz disipa las tinieblas, también puede ser tan «cegadora» como para confundir y frustrar. Se nos exhorta a que dejemos brillar nuestra luz de tal manera que nuestros semejantes se sientan guiados hacia unos caminos nuevos y divinos de vida realzada. Nuestra luz no debe brillar como para atraer la atención sobre nosotros mismos. También podemos utilizar nuestra propia profesión como un «reflector» eficaz para diseminar esta luz de la vida.

Los caracteres fuertes no se forman evitando hacer el mal, sino más bien haciendo realmente el bien. El altruismo es la insignia de la grandeza humana. Los niveles más altos de autorrealización se alcanzan mediante la adoración y el servicio. La persona feliz y eficaz está motivada por el amor de hacer el bien, y no por el temor de hacer el mal.

«Por sus frutos los conoceréis.» La personalidad es básicamente invariable. Lo que cambia —lo que crece— es el carácter moral. El error principal de las religiones modernas es el negativismo. El árbol que no produce frutos es «derribado y arrojado al fuego». El valor moral no puede provenir de la simple represión —de la obediencia al mandato «No harás». El miedo y la vergüenza son motivaciones sin valor para la vida religiosa. La religión solamente es válida cuando revela la paternidad de Dios y realza la fraternidad de los hombres.

Una persona se forma una filosofía eficaz de la vida combinando la perspicacia cósmica con la suma de sus propias reacciones emocionales ante el entorno social y económico. Recordad: aunque los impulsos hereditarios no se pueden modificar fundamentalmente, las reacciones emocionales a esos impulsos sí se pueden cambiar; por consiguiente, la naturaleza moral se puede modificar, el carácter se puede mejorar. En un carácter fuerte, las reacciones emocionales están integradas y coordinadas, generando así una personalidad unificada. La falta de unificación debilita la naturaleza moral y engendra la desdicha.

Sin una meta que merezca la pena, la vida carece de objetivo y de provecho, lo que ocasiona mucha infelicidad. El discurso de Jesús en la ordenación de los doce constituye una filosofía magistral de la vida. Jesús exhortó a sus seguidores a que ejercitaran una fe experiencial. Les advirtió que no se limitaran a depender de un asentimiento intelectual, de la credulidad o de la autoridad establecida.

La educación debería ser una técnica para aprender (descubrir) los mejores métodos de satisfacer nuestros impulsos naturales y hereditarios, y la felicidad es el resultado final de estas técnicas mejores de satisfacción emocional. La felicidad depende poco del entorno, aunque un ambiente agradable puede contribuir mucho a ella.

Todo mortal ansía realmente ser una persona completa, ser perfecto como el Padre que está en los cielos es perfecto, y este logro es posible porque, a fin de cuentas, el «universo es verdaderamente paternal».

  1. AMOR PATERNAL Y AMOR FRATERNAL

Desde el Sermón de la Montaña hasta el discurso de la Última Cena, Jesús enseñó a sus discípulos a manifestar un amor paternal en lugar de un amor fraternal. El amor fraternal consiste en amar al prójimo como a sí mismo, lo que sería una aplicación adecuada de la «regla de oro». Pero el afecto paternal exige que améis a vuestros compañeros mortales como Jesús os ama.

Jesús ama a la humanidad con un afecto doble. Vivió en la tierra bajo una doble personalidad —humana y divina. Como Hijo de Dios, ama al hombre con un amor paternal —es el Creador del hombre, su Padre en el universo. Como Hijo del Hombre, Jesús ama a los mortales como un hermano —fue realmente un hombre entre los hombres.

Jesús no esperaba que sus discípulos consiguieran una manifestación imposible de amor fraternal, pero sí contaba con que se esforzarían tanto por parecerse a Dios —por ser perfectos como el Padre que está en los cielos es perfecto— que podrían empezar a considerar a los hombres como Dios considera a sus criaturas, y así podrían empezar a amar a los hombres como Dios los ama —a manifestar los principios de un afecto paternal. En el transcurso de estas exhortaciones a los doce apóstoles, Jesús trató de revelar este nuevo concepto de amor paternal, tal como está relacionado con ciertas actitudes emocionales involucradas cuando se efectúan numerosos ajustes sociales al entorno.

El Maestro inició este importante discurso llamando la atención sobre cuatro actitudes de fe, como preludio a la descripción posterior de sus cuatro reacciones trascendentales y supremas de amor paternal, en contraste con las limitaciones del simple amor fraternal.

Primero habló de los que eran pobres de espíritu, de los que tenían hambre de rectitud, de los que perseveraban en la mansedumbre y de los limpios de corazón. Se podría esperar que estos mortales que disciernen el espíritu alcanzarían los niveles suficientes de desinterés divino como para ser capaces de intentar el extraordinario ejercicio del afecto paternal; que, incluso en la aflicción, estarían facultados para mostrar misericordia, promover la paz y soportar las persecuciones. Y que a lo largo de todas estas penosas situaciones, amarían con un amor paternal incluso a una humanidad poco amable. El afecto de un padre puede alcanzar unos niveles de devoción que trascienden inmensamente el afecto de un hermano.

La fe y el amor de estas beatitudes fortalecen el carácter moral y crean la felicidad. El miedo y la ira debilitan el carácter y destruyen la felicidad. Este sermón importante se inició con una nota de felicidad.

  1. «Bienaventurados los pobres de espíritu —los humildes.» Para un niño, la felicidad es la satisfacción de un ansia inmediata de placer. El adulto está dispuesto a sembrar las semillas de la abnegación, con el fin de obtener las cosechas posteriores de una felicidad mayor. En los tiempos de Jesús y después de ellos, la felicidad ha sido asociada demasiado a menudo con la idea de poseer riquezas. En la historia del fariseo y del publicano que oraban en el templo, uno se sentía rico de espíritu —egotista; el otro se sentía «pobre de espíritu» —humilde. Uno era autosuficiente; el otro era enseñable y buscaba la verdad. Los pobres de espíritu buscan metas de riqueza espiritual —buscan a Dios. Estos buscadores de la verdad no tienen que esperar sus recompensas en un futuro lejano; son recompensados ahora. Encuentran el reino de los cielos en su propio corazón, y experimentan esa felicidad ahora.
  2. «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de rectitud, porque ellos serán saciados.» Sólo aquellos que se sienten pobres de espíritu tienen sed de rectitud. Sólo los humildes buscan la fuerza divina y anhelan el poder espiritual. Sin embargo, es sumamente peligroso practicar a sabiendas el ayuno espiritual con el fin de aumentar nuestro apetito de los dones espirituales. El ayuno físico se vuelve peligroso después de cuatro o cinco días; uno puede perder todo deseo de alimentarse. El ayuno prolongado, tanto físico como espiritual, tiende a destruir el apetito.

La rectitud experiencial es un placer, no un deber. La rectitud de Jesús es un amor dinámico —un afecto paternal-fraternal. No es una rectitud negativa del tipo «no harás». ¿Cómo podría alguien tener hambre de algo negativo —de algo a «no hacer»?

No es fácil enseñar estas dos primeras beatitudes a una mente infantil, pero la mente madura debería captar su significado.

  1. «Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.» La mansedumbre auténtica no tiene ninguna relación con el miedo. Es más bien una actitud del hombre cooperando con Dios —«Hágase tu voluntad.» Engloba la paciencia y la indulgencia, y está motivada por una fe imperturbable en un universo justo y amistoso. Domina todas las tentaciones de rebelarse contra el gobierno divino. Jesús fue el hombre manso ideal de Urantia, y heredó un vasto universo.
  1. «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.» La pureza espiritual no es una cualidad negativa, salvo que carece de recelo y de revancha. Al hablar de la pureza, Jesús no tenía la intención de tratar exclusivamente de las actitudes sexuales humanas. Se refería más bien a esa fe que los hombres deberían tener en sus semejantes; a esa fe que los padres tienen en sus hijos, y que les permite amar a sus semejantes como un padre los amaría. El amor de un padre no tiene necesidad de mimar, y no perdona el mal, pero siempre se opone al cinismo. El amor paternal tiene una única finalidad, y siempre busca lo mejor que hay en el hombre; ésta es la actitud de un verdadero padre.

Ver a Dios —por la fe— significa adquirir la verdadera perspicacia espiritual. La perspicacia espiritual intensifica el gobierno del Ajustador, y los dos reunidos terminan por aumentar la conciencia de Dios. Cuando conocéis al Padre, os sentís confirmados en la seguridad de vuestra filiación divina, y podéis amar cada vez más a vuestros hermanos en la carne, no sólo como un hermano —con un amor fraternal— sino también como un padre —con un afecto paternal.

Esta exhortación es fácil de enseñar incluso a un niño. Los niños son confiados por naturaleza, y los padres deberían cuidar de que no pierdan esta fe sencilla. Al tratar con los niños, evitad todo engaño y absteneos de sugerir la desconfianza. Ayudadlos juiciosamente a escoger a sus héroes y a seleccionar el trabajo de su vida.

Luego, Jesús continuó instruyendo a sus discípulos sobre cómo conseguir el objetivo principal de todas las luchas humanas —la perfección— e incluso la consecución divina. Siempre les recomendaba: «Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.» No exhortaba a los doce a que amaran al prójimo como se amaban a sí mismos. Esto hubiera sido un logro meritorio, que hubiera indicado la realización del amor fraternal. Recomendaba más bien a sus apóstoles que amaran a los hombres como él los había amado —con un afecto paternal así como fraternal. Y esto lo ilustró indicando cuatro reacciones supremas de amor paternal:

  1. «Bienaventurados los afligidos, porque ellos serán consolados.» El llamado sentido común o la lógica más superior nunca sugerirían que la felicidad puede surgir de la aflicción. Pero Jesús no se refería a la aflicción externa u ostentatoria. Hacía alusión a una actitud emotiva de ternura de corazón. Es un gran error enseñar a los niños y a los jóvenes que no es varonil mostrar ternura o, por otra parte, dar testimonio de sentimientos emotivos o de sufrimientos físicos. La compasión es un atributo valioso tanto en el hombre como en la mujer. No es necesario ser insensible para ser varonil. Ésta es la manera equivocada de crear hombres valientes. Los grandes hombres de este mundo no han tenido miedo de afligirse. Moisés, el afligido, fue un hombre más grande que Sansón o Goliat. Moisés fue un guía extraordinario, pero también estaba lleno de mansedumbre. Ser sensible y reaccionar antes las necesidades humanas crea una felicidad auténtica y duradera, y al mismo tiempo estas actitudes benévolas protegen el alma contra las influencias destructivas de la ira, el odio y la desconfianza.
  2. «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos conseguirán misericordia.» La misericordia denota aquí la altura, la profundidad y la anchura de la amistad más sincera —la bondad. A veces, la misericordia puede ser pasiva, pero aquí es activa y dinámica —la ternura paternal suprema. Un padre amoroso tiene pocas dificultades para perdonar a su hijo, incluso muchas veces. En un niño no mimado, el impulso de aliviar el sufrimiento es natural. Los niños son normalmente bondadosos y compasivos cuando tienen la edad suficiente para apreciar las situaciones reales.
  3. «Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.» Los oyentes de Jesús deseaban ardientemente una liberación militar, no unos pacificadores. Pero la paz de Jesús no es de tipo pacífico y negativo. En presencia de las pruebas y de las persecuciones, decía: «Mi paz os dejo.» «Que vuestro corazón no se perturbe, y no tengáis miedo.» Ésta es la paz que impide los conflictos ruinosos. La paz personal integra la personalidad. La paz social impide el miedo, la codicia y la ira. La paz política impide los antagonismos raciales, las desconfianzas nacionales y la guerra. La pacificación es el remedio para la desconfianza y la sospecha.

Es fácil enseñar a los niños a trabajar como pacificadores. Disfrutan con las actividades de equipo; les gusta jugar juntos. El Maestro dijo en otra ocasión: «Quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien esté dispuesto a perderla, la encontrará.»

  1. «Bienaventurados los perseguidos a causa de su rectitud, porque de ellos es el reino de los cielos. Consideraos bienaventurados cuando los hombres os injurien y os persigan, y digan falsamente toda clase de mal contra vosotros. Regocijaos y alegraos en extremo, porque vuestra recompensa será grande en los cielos.»

Se descubre pues que las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña están basadas en la fe y el amor, y no en la ley —en la ética y el deber.

El amor paternal se complace en devolver el bien por el mal —en hacer el bien como pago a la injusticia.

La Vida de Jesús

Gabriel Faure’s Requiem op. 48 Complete
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EL JOVEN QUE TENÍA MIEDO

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Este día, hijo mío, renacerás, restablecido como hombre de fe, coraje y dedicado servicio al hombre, para la gloria de Dios. Y cuando te hayas readaptado así con la vida dentro de ti, también te habrás readaptado con el universo; habrás vuelto a nacer del espíritu y de ahí en adelante toda tu vida será de logro victorioso.

EL JOVEN QUE TENÍA MIEDO

No pudiendo encontrar consuelo y coraje en la relación con sus semejantes, este joven había buscado la soledad de las colinas; había crecido con un sentimiento de desamparo e inferioridad. Estas tendencias naturales se habían visto acrecentadas por las numerosas circunstancias difíciles que el muchacho había experimentado al crecer, especialmente la pérdida de su padre cuando el niño contaba doce años de edad. Al encontrarse, Jesús le dijo: « ¡Saludos, amigo mío!, ¿por qué tan triste en un día tan hermoso? Si algo ha pasado para afligirte, tal vez pueda yo ofrecerte alguna ayuda. En todo caso, es para mí un placer ofrecer mis servicios».

sunday_on_his_shouEl joven parecía no querer hablar, entonces Jesús probó otra manera para llegar al alma del muchacho, diciendo: «Comprendo que te acercas a estas colinas para escaparte de la gente; por eso es natural que no quieras conversar conmigo; pero me gustaría saber si conoces bien estas colinas, ¿conoces la dirección de los senderos? ¿Puedes acaso indicarme cómo encontrar mejor mi camino a Fénix?»

Ahora bien, este joven conocía muy bien estas montañas y se interesó mucho por mostrar a Jesús el camino para ir a Fénix, hasta tal punto que dibujó en la tierra todos los senderos, explicándole todo detalle. Pero se sorprendió y se llenó de curiosidad cuando Jesús, después de decir adiós y de hacer como si se estuviera yendo, se volvió repentinamente hacia él diciéndole: «Bien sé que deseas quedarte a solas con tu desconsuelo; pero no sería ni amable ni justo de mi parte, recibir tan generosa ayuda de ti en cuanto al mejor camino para llegar a Fénix y luego sin pensar seguir de largo sin hacer el menor esfuerzo por responder a tu implorante pedido de ayuda y orientación para encontrar la mejor ruta hacia el destino que buscas en tu corazón mientras pasas tu tiempo aquí en las colinas.

Así como conoces tan bien las sendas que conducen a Fénix, por haberlas recorrido muchas veces, conozco yo el camino a la ciudad de tus decepcionadas esperanzas y de tus ambiciones incumplidas. Puesto que me has pedido ayuda, no te desilusionaré». El joven estaba casi sobrecogido; apenas si pudo balbucear: «Pero, no te pedí nada». Y Jesús poniéndole suavemente la mano en el hombro, le dijo: «No, hijo, nada pediste con palabras, pero supiste hablar a mi corazón con tu mirada anhelosa. Hijo mío, para el que ama a sus semejantes es fácil ver una elocuente súplica de ayuda en tu actitud de desaliento y desesperación. Siéntate a mi lado, y te diré de las sendas de servicio y de los caminos de la felicidad que conducen de las penas del yo a las alegrías de las acciones de amor dentro de la hermandad de los hombres y en el servicio del Dios en el cielo».

Ya a esta altura el joven sentía muchos deseos de hablar con Jesús, y cayó a sus pies de rodillas implorando a Jesús que lo ayudara, que le mostrara el camino para escapar de su mundo de pena y derrota personales. Jesús le dijo: «Amigo mío, ¡levántate! ¡Ponte de pie como un hombre! Puede que te rodeen enemigos insignificantes y que muchos obstáculos obstruyan tu marcha, pero las grandes cosas y las cosas reales de este mundo y del universo están de tu parte.

navidad-w-2013.jpgEl sol sale todas las mañanas para saludarte a ti como al hombre más poderoso y próspero de la tierra. Mira, tienes un cuerpo fuerte y músculos poderosos, tu físico es mejor que el del hombre promedio. Por supuesto, prácticamente no sirve para nada mientras te quedes sentado aquí en las montañas, lamentándote de tus infortunios, reales o inventados. Pero podrías hacer grandes cosas con tu cuerpo si te apuraras donde hay grandes cosas por hacer. Tratas de huir de tu ser infeliz; pero eso no puede ocurrir. Tanto tú como tus problemas del vivir son reales; no podrás escapar de ellos mientras estés vivo. Pero, piensa otra vez, verás que tu mente es clara y capaz. Tu cuerpo robusto tiene una mente inteligente que lo dirige. Pon tu mente a trabajar para resolver sus problemas; enseña a tu intelecto a que trabaje para ti; no te dejes más dominar por el temor, como si fueras un animal que no piensa. Tu mente debe ser tu aliado valiente para la solución de los problemas de tu vida en vez de ser tú, como lo has sido, su abyecto esclavo atemorizado, siervo de la depresión y la derrota.

Pero lo más valioso de todo, tu potencial para del logro verdadero, es el espíritu que vive dentro de ti, que estimulará e inspirará tu mente para que se controle a sí misma y active a tu cuerpo, si lo liberas de las cadenas del temor, permitiendo así que tu naturaleza espiritual comience a liberarte de los males de la inacción mediante el poder-presencia de la fe viviente. Verás entonces que esta fe derrotará el miedo a los hombres mediante la presencia apremiante del nuevo y todo dominante amor por tus semejantes que pronto llenará tu alma hasta rebasarla gracias a la conciencia que habrá nacido en tu corazón de que eres un hijo de Dios.

Jesus is waiting for you.

Jesus is waiting for you. (Photo credit: angelofsweetbitter2009)

«Este día, hijo mío, renacerás, restablecido como hombre de fe, coraje y dedicado servicio al hombre, para la gloria de Dios. Y cuando te hayas readaptado así con la vida dentro de ti, también te habrás readaptado con el universo; habrás vuelto a nacer del espíritu y de ahí en adelante toda tu vida será de logro victorioso. Los problemas aumentarán tu vigor; la desilusión te servirá de acicate; las dificultades serán un desafío; los obstáculos, un estímulo. ¡Levántate pues, joven! Dile adiós a la vida de terrores humillantes y de evasiva cobardía. Corre, regresa al deber y vive tu vida en la carne como un hijo de Dios, como un mortal dedicado al servicio ennoblecedor del hombre en la tierra, destinado al excelso y eterno servicio de Dios en la eternidad».

Este joven, Fortunato, se convertiría posteriormente en el líder de los cristianos en Creta y el íntimo colaborador de Tito en su labor de elevación de los creyentes cretenses.

Los viajeros se sentían refrescados y realmente descansados cuando al mediodía de cierto día se dispusieron a zarpar hacia Cartago, al norte de África. Hicieron una escala de dos días en Cirene. Fue aquí donde Jesús y Ganid le prestaron servicios de primeros auxilios a un mancebo llamado Rufo que había resultado lesionado por la rotura de una carreta de bueyes cargada. Lo llevaron a la casa de su madre, y su padre, Simón, jamás podría haber imaginado que el hombre cuya cruz él cargaría en el futuro por orden de un soldado romano era el mismo extranjero que cierta vez le ofreciera amistad a su hijo.

LA VIDA Y LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS 

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EL DISCURSO DE JESÚS

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“¡Ay de vosotros, guías falsos de una nación!

“Recordad que éste es el pecado de esos gobernantes: Dicen lo que es bueno, pero no lo hacen. Sabéis bien que esos dirigentes echan sobre vuestros hombros unas cargas pesadas, unas cargas penosas de llevar, y que no levantarán ni un solo dedo para ayudaros a llevar esas pesadas cargas. Os han oprimido con ceremonias y esclavizado con tradiciones.

“¡Ay de vosotros, falsos educadores y guías ciegos! ¿Qué se puede esperar de una nación cuando los ciegos conducen a los ciegos? Los dos tropezarán y caerán al abismo de la destrucción.

“He estado con vosotros durante mucho tiempo, recorriendo el país de un lado a otro, y proclamando el amor del Padre por los hijos de los hombres. Muchos han visto la luz y han entrado, por la fe, en el reino de los cielos. En conexión con esta enseñanza y esta predicación, el Padre ha realizado muchas obras maravillosas, llegando incluso a resucitar a los muertos. Muchos enfermos y afligidos han recuperado la salud porque creían; pero toda esta proclamación de la verdad y esta curación de enfermedades no han abierto los ojos a aquellos que se niegan a ver la luz, a aquellos que están decididos a rechazar este evangelio del reino.

“De todas las maneras compatibles con la realización de la voluntad de mi Padre, mis apóstoles y yo hemos hecho todo lo posible por vivir en paz con nuestros hermanos, por cumplir con las exigencias razonables de las leyes de Moisés y de las tradiciones de Israel. Hemos buscado la paz constantemente, pero los dirigentes de Israel no la quieren. Al rechazar la verdad de Dios y la luz del cielo, se alinean al lado del error y de las tinieblas. No puede haber paz entre la luz y las tinieblas, entre la vida y la muerte, entre la verdad y el error.

“Muchos de vosotros os habéis atrevido a creer en mis enseñanzas y ya habéis entrado en la alegría y la libertad de la conciencia de la filiación con Dios. Y daréis testimonio de que he ofrecido esta misma filiación con Dios a toda la nación judía, incluso a esos mismos hombres que ahora tratan de destruirme. Incluso ahora, mi Padre recibiría a esos educadores ciegos y a esos dirigentes hipócritas, sólo con que se volvieran hacia él y aceptaran su misericordia. Incluso ahora no es demasiado tarde para que esta gente reciba la palabra del cielo y acoja con agrado al Hijo del Hombre.

“Mi Padre ha tratado a este pueblo con misericordia durante mucho tiempo. Generación tras generación, hemos enviado a nuestros profetas para enseñarles y advertirles, y generación tras generación, han matado a estos instructores enviados por el cielo. Y ahora, vuestros altos sacerdotes obstinados y vuestros dirigentes testarudos continúan haciendo exactamente lo mismo. Del mismo modo que Herodes ha provocado la muerte de Juan, vosotros también os preparáis ahora para destruir al Hijo del Hombre.

“Mientras exista una posibilidad de que los judíos se vuelvan hacia mi Padre y busquen la salvación, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob mantendrá extendidas sus manos misericordiosas hacia vosotros; pero una vez que hayáis llenado vuestra copa de impenitencia, y una vez que hayáis rechazado finalmente la misericordia de mi Padre, esta nación será abandonada a sí misma y llegará rápidamente a un final ignominioso. Este pueblo estaba destinado a convertirse en la luz del mundo, a mostrar la gloria espiritual de una raza que conocía a Dios, pero os habéis desviado tanto de la realización de vuestros privilegios divinos, que vuestros dirigentes están a punto de cometer la locura suprema de todos los tiempos, en el sentido de que están a punto de rechazar finalmente el don de Dios a todos los hombres y para todos los tiempos -la revelación del amor del Padre que está en los cielos por todas sus criaturas de la tierra.

“Una vez que hayáis rechazado esta revelación de Dios al hombre, el reino de los cielos será entregado a otros pueblos, a aquellos que lo reciban con alegría y felicidad. En nombre del Padre que me ha enviado, os advierto solemnemente que estáis a punto de perder vuestra posición en el mundo como portaestandartes de la verdad eterna y custodios de la ley divina. En este momento os ofrezco vuestra última oportunidad de adelantaros y arrepentiros, para anunciar vuestra intención de buscar a Dios con todo vuestro corazón y entrar, como niños pequeños y con una fe sincera, en la seguridad y la salvación del reino de los cielos.

“Mi Padre ha trabajado durante mucho tiempo por vuestra salvación, y yo he descendido para vivir entre vosotros y mostraros personalmente el camino. Muchos judíos y samaritanos, e incluso los gentiles, han creído en el evangelio del reino, pero los que deberían ser los primeros en adelantarse para aceptar la luz del cielo, se han negado resueltamente a creer en la revelación de la verdad de Dios -Dios revelado en el hombre y el hombre elevado a Dios.

“Esta tarde, mis apóstoles están aquí delante de vosotros en silencio, pero pronto escucharéis sus voces anunciando la llamada a la salvación y la incitación a unirse al reino celestial como hijos del Dios vivo. Y ahora, tomo por testigos a mis discípulos y a los creyentes en el evangelio del reino, así como a los mensajeros invisibles que están a su lado, de que he ofrecido una vez más, a Israel y a sus dirigentes, la liberación y la salvación.

Pero todos observáis que la misericordia del Padre es despreciada y que los mensajeros de la verdad son rechazados. Sin embargo, os advierto que esos escribas y fariseos aún están sentados en el puesto de Moisés; por lo tanto, hasta que los Altísimos que gobiernan en los reinos de los hombres no hayan demolido finalmente esta nación y destruido el lugar donde se encuentran sus dirigentes, os pido que cooperéis con esos ancianos de Israel. No es necesario que os unáis a ellos en sus planes para destruir al Hijo del Hombre, pero en todo lo relacionado con la paz de Israel, debéis someteros a ellos. En todas esas cuestiones, haced todo lo que os ordenen y guardad lo esencial de la ley, pero no imitéis sus malas acciones.

Recordad que éste es el pecado de esos gobernantes: Dicen lo que es bueno, pero no lo hacen. Sabéis bien que esos dirigentes echan sobre vuestros hombros unas cargas pesadas, unas cargas penosas de llevar, y que no levantarán ni un solo dedo para ayudaros a llevar esas pesadas cargas. Os han oprimido con ceremonias y esclavizado con tradiciones.

“Además, a esos dirigentes egocéntricos les deleita hacer sus buenas obras de manera que puedan ser vistos por los hombres. Agrandan sus filacterias y ensanchan los bordes de sus vestidos oficiales. Anhelan los sitios principales en los banquetes y exigen los asientos de honor en las sinagogas. Codician los saludos elogiosos en las plazas públicas y desean que todos los hombres los llamen rabinos. Y mientras buscan ser honrados así por los hombres, se apoderan en secreto de las casas de las viudas y sacan provecho de los servicios del templo sagrado. Esos hipócritas simulan hacer largas oraciones en público, y dan limosnas para atraer la atención de sus semejantes.

“Aunque debéis honrar a vuestros dirigentes y respetar a vuestros educadores, no debéis llamar Padre a ningún hombre en el sentido espiritual, porque uno solo es vuestro Padre, y ese es Dios. No tratéis tampoco de dominar a vuestros hermanos en el reino. Recordad que os he enseñado que aquel que quiera ser el más grande entre vosotros, debe convertirse en el servidor de todos. Si os atrevéis a exaltaros delante de Dios, sin duda seréis humillados; pero aquel que se humilla sinceramente, será exaltado con toda seguridad. En vuestra vida diaria, no busquéis vuestra propia glorificación, sino la gloria de Dios. Someted inteligentemente vuestra propia voluntad a la voluntad del Padre que está en los cielos.

“No interpretéis mal mis palabras. No albergo ninguna mala intención hacia esos jefes de los sacerdotes y los dirigentes que en este mismo momento intentan destruirme; no tengo ninguna aversión contra esos escribas y fariseos que rechazan mis enseñanzas. Sé que muchos de vosotros creéis en secreto, y sé que confesaréis abiertamente vuestra lealtad hacia el reino cuando llegue mi hora. Pero, ¿cómo se justificarán vuestros rabinos, que declaran hablar con Dios y luego se atreven a rechazar y destruir a aquel que viene a revelar el Padre a los mundos?

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Quisierais cerrar las puertas del reino de los cielos a los hombres sinceros, sólo porque ignoran los caminos de vuestra enseñanza. Os negáis a entrar en el reino, y al mismo tiempo hacéis todo lo que podéis para impedir que entren todos los demás. Permanecéis de espaldas a las puertas de la salvación, y lucháis contra todos los que quieren entrar.

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, tan hipócritas como sois! Porque recorréis en verdad la tierra y el mar para hacer un prosélito, y cuando lo habéis conseguido, no os sentís satisfechos hasta hacerlo dos veces peor de lo que era como hijo de los paganos.

“¡Ay de vosotros, sacerdotes principales y dirigentes, que os adueñáis de los bienes de los pobres y exigís impuestos opresivos a los que quieren servir a Dios como creen que Moisés lo ordenó! Vosotros, que os negáis a mostrar misericordia, ¿podéis esperar misericordia en los mundos venideros?

“¡Ay de vosotros, falsos educadores y guías ciegos! ¿Qué se puede esperar de una nación cuando los ciegos conducen a los ciegos? Los dos tropezarán y caerán al abismo de la destrucción.

“¡Ay de vosotros que disimuláis cuando prestáis juramento! Sois unos tramposos, porque enseñáis que un hombre puede jurar por el templo y violar su juramento; pero que si cualquiera jura por el oro del templo, debe permanecer atado a su juramento. Todos sois necios y ciegos. Ni siquiera sois consistentes en vuestra deshonestidad, porque, ¿qué es más grande, el oro o el templo que supuestamente ha santificado al oro? También enseñáis que si un hombre jura por el altar, no significa nada; pero que si alguien jura por la ofrenda que está en el altar, entonces será tenido por deudor. De nuevo estáis ciegos ante la verdad, porque ¿qué es más grande, la ofrenda o el altar que santifica la ofrenda? ¿Cómo podéis justificar una hipocresía y una deshonestidad semejantes a los ojos del Dios del cielo

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, y todos los demás hipócritas, que os aseguráis de pagar el diezmo de la menta, el anís y el comino, y al mismo tiempo descuidáis los asuntos más importantes de la ley -la fe, la misericordia y el juicio! Dentro de lo razonable, deberíais hacer lo primero sin dejar de hacer lo segundo. Sois realmente unos guías ciegos y unos educadores estúpidos; filtráis los mosquitos y os tragáis los camellos.

“¡Ay de vosotros, escribas, fariseos e hipócritas! pues limpiáis escrupulosamente el exterior de la copa y del plato, pero dentro permanece la inmundicia de la extorsión, los excesos y el engaño. Estáis espiritualmente ciegos. ¿No reconocéis que sería mucho mejor limpiar primero el interior de la copa, y luego lo que rebosa limpiaría por sí mismo el exterior? ¡Réprobos perversos! Ejecutáis los actos exteriores de vuestra religión para cumplir literalmente con vuestra interpretación de la ley de Moisés, mientras que vuestras almas están impregnadas de iniquidad y llenas de intenciones asesinas.

“¡Ay de todos vosotros que rechazáis la verdad y despreciáis la misericordia! Muchos de vosotros os parecéis a los sepulcros blanqueados, que aparecen hermosos por fuera, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de todo tipo de impurezas. Así es como vosotros, que rechazáis a sabiendas el consejo de Dios, aparecéis exteriormente ante los hombres como santos y rectos, pero por dentro vuestro corazón está lleno de hipocresía y de iniquidad.

“¡Ay de vosotros, guías falsos de una nación! Habéis construido allá un monumento a los antiguos profetas martirizados, mientras conspiráis para destruir a Aquel de quien ellos hablaban. Adornáis las tumbas de los justos y presumís de que si hubierais vivido en la época de vuestros padres, no hubierais matado a los profetas; y luego, a pesar de este pensamiento presuntuoso, os preparáis para asesinar a aquel de quien hablaban los profetas: el Hijo del Hombre. En vista de que hacéis estas cosas, testificáis contra vosotros mismos de que sois los hijos perversos de aquellos que mataron a los profetas. ¡Continuad pues, y llenad hasta el borde la copa de vuestra condenación!

“¡Ay de vosotros, hijos del mal! Juan os llamó con razón los hijos de las víboras, y yo os pregunto: ¿cómo podéis escapar al juicio que Juan pronunció contra vosotros?

“Pero incluso ahora os ofrezco, en nombre de mi Padre, la misericordia y el perdón; incluso ahora os tiendo la mano amorosa de la hermandad eterna. Mi Padre os ha enviado a los sabios y a los profetas; habéis perseguido a unos y habéis matado a los otros. Luego apareció Juan, proclamando la llegada del Hijo del Hombre, y lo destruisteis después de que muchos hubieran creído en sus enseñanzas. Y ahora os preparáis para derramar más sangre inocente. ¿No comprendéis que llegará un día terrible de rendición de cuentas, cuando el Juez de toda la tierra exija a este pueblo que explique por qué ha rechazado, perseguido y destruido a estos mensajeros del cielo? ¿No comprendéis que debéis rendir cuentas por toda esta sangre justa, desde el primer profeta asesinado hasta la época de Zacarías, a quien le quitaron la vida entre el santuario y el altar? Si continuáis por ese camino perverso, quizás esta rendición de cuentas le sea requerida a esta misma generación.

“¡Oh Jerusalén e hijos de Abraham, vosotros que habéis lapidado a los profetas y matado a los instructores que os fueron enviados, incluso ahora quisiera reunir a vuestros hijos como la gallina reúne a sus polluelos debajo de sus alas, pero no queréis!

Y ahora me despido de vosotros. Habéis escuchado mi mensaje y habéis tomado vuestra decisión. Aquellos que han creído en mi evangelio ya están a salvo en el reino de Dios. A vosotros, que habéis escogido rechazar el regalo de Dios, os digo que no me veréis más enseñar en el templo. Mi trabajo a favor de vosotros ha terminado.

¡Mirad, ahora salgo con mis hijos, y os dejo vuestra casa desolada!” A continuación, el Maestro hizo señas a sus seguidores para que salieran del templo.

El Libro de Urantia -LA VIDA Y LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS

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Recordad todo lo que os he enseñado. Mi amor os cubre con su sombra, mi espíritu residirá con vosotros y mi paz permanecerá en vosotros. Adiós.

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Mediante los frutos espirituales de vuestra vida, impulsad a las almas a creer en la verdad de que el hombre es un hijo de Dios, y de que todos los hombres son hermanos. Recordad todo lo que os he enseñado y la vida que he vivido entre vosotros. Mi amor os cubre con su sombra, mi espíritu residirá con vosotros y mi paz permanecerá en vosotros.

 LA ASCENSIÓN DEL MAESTRO

Eran casi las siete y media de la mañana de este jueves 18 de mayo cuando Jesús llegó a la ladera occidental del Monte Olivete con sus once apóstoles silenciosos y un poco desconcertados. Desde este lugar, situado a unos dos tercios de la subida hasta la cima, podían contemplar Jerusalén y, debajo de ellos, Getsemaní. Jesús se preparó ahora para decir su último adiós a los apóstoles antes de despedirse de Urantia. Mientras estaba allí de pie delante de ellos, y sin que él lo pidiera, se arrodillaron en círculo a su alrededor, y el Maestro dijo:

«Os he pedido que permanezcáis en Jerusalén hasta que seáis dotados de un poder de las alturas. Ahora estoy a punto de despedirme de vosotros; estoy a punto de ascender hacia mi Padre, y pronto, muy pronto, enviaremos al Espíritu de la Verdad a este mundo donde he residido; cuando haya venido, empezaréis la nueva proclamación del evangelio del reino, primero en Jerusalén, y luego hasta los lugares más alejados del mundo. Amad a los hombres con el amor con que yo os he amado, y servid a vuestros semejantes mortales como yo os he servido. Mediante los frutos espirituales de vuestra vida, impulsad a las almas a creer en la verdad de que el hombre es un hijo de Dios, y de que todos los hombres son hermanos. Recordad todo lo que os he enseñado y la vida que he vivido entre vosotros. Mi amor os cubre con su sombra, mi espíritu residirá con vosotros y mi paz permanecerá en vosotros. Adiós.»

Después de hablar así, el Maestro morontial desapareció de su vista. Esta supuesta ascensión de Jesús no se diferenció en nada de sus otras desapariciones de la visión humana durante los cuarenta días de su carrera morontial en Urantia.

El Maestro pasó por Jerusem para dirigirse a Edentia, donde los Altísimos, bajo la vigilancia del Hijo del Paraíso, liberaron a Jesús de Nazaret del estado morontial, y a través de los canales espirituales de ascensión, lo restituyeron al estado de filiación paradisiaca y de soberanía suprema en Salvington.
Eran aproximadamente las siete y cuarenta y cinco de esta mañana cuando el Jesús morontial desapareció del campo de observación de sus once apóstoles, para empezar la ascensión hacia la diestra de su Padre, y recibir allí la confirmación oficial de su completa soberanía sobre el universo de Nebadon.

 PEDRO CONVOCA UNA REUNIÓN

Siguiendo las instrucciones de Pedro, Juan Marcos y otras personas salieron para convocar a los discípulos principales a una reunión en la casa de María Marcos. A las diez y media, ciento veinte de los discípulos más destacados de Jesús que vivían en Jerusalén se habían congregado para escuchar el relato del mensaje de adiós del Maestro y para enterarse de su ascensión. María, la madre de Jesús, se encontraba en este grupo. Había regresado a Jerusalén con Juan Zebedeo cuando los apóstoles volvieron de su reciente estancia en Galilea. Poco después de Pentecostés, María regresó a la casa de Salomé en Betsaida. Santiago, el hermano de Jesús, también estaba presente en esta reunión, la primera conferencia de discípulos que se convocaba después de finalizar la carrera planetaria del Maestro.

Simón Pedro se encargó de hablar en nombre de sus compañeros apóstoles, e hizo un relato emocionante de la última reunión de los once con su Maestro; describió de la manera más conmovedora el adiós final del Maestro y su desaparición para emprender la ascensión. Nunca había tenido lugar en este mundo una reunión como ésta. Esta parte de la reunión duró poco menos de una hora. Pedro explicó entonces que habían decidido elegir a un sucesor de Judas Iscariote, y que se haría un descanso para permitir que los apóstoles decidieran entre los dos hombres que habían sido propuestos para esta función: Matías y Justo.

Los once apóstoles descendieron entonces al piso de abajo, donde acordaron echar a suertes a fin de determinar cuál de estos hombres se convertiría en apóstol para servir en el lugar de Judas. La suerte cayó sobre Matías, que fue proclamado nuevo apóstol. Fue debidamente instalado en su cargo, y luego nombrado tesorero. Pero Matías participó poco en las actividades posteriores de los apóstoles.

Poco después de Pentecostés, los gemelos regresaron a sus casas en Galilea. Simón Celotes se retiró durante algún tiempo antes de salir a predicar el evangelio. Tomás estuvo preocupado durante un período de tiempo más corto, y luego reanudó su enseñanza. Natanael discrepó cada vez más con Pedro respecto a la cuestión de predicar acerca de Jesús, en lugar de proclamar el evangelio original del reino. A mediados del mes siguiente, este desacuerdo se volvió tan agudo que Natanael se retiró y se fue a Filadelfia para visitar a Abner y Lázaro. Después de permanecer allí durante más de un año, se dirigió hacia los países situados más allá de Mesopotamia, predicando el evangelio tal como él lo entendía.

De esta manera sólo quedaron seis apóstoles, de los doce originales, para actuar en el escenario de la proclamación inicial del evangelio en Jerusalén: Pedro, Andrés, Santiago, Juan, Felipe y Mateo.

Poco antes del mediodía, los apóstoles regresaron junto a sus hermanos en la habitación de arriba, y anunciaron que Matías había sido escogido como nuevo apóstol. Luego, Pedro invitó a todos los creyentes a ponerse en oración, a orar a fin de estar preparados para recibir el don del espíritu que el Maestro había prometido enviar.

La Vida y las Enseñanzas de Jesús.

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Jesús apareció delante de ellos, diciendo: “La salvación es el don de Dios para todos los que creen que son sus hijos”

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Que la paz sea con vosotros. Os alegráis de saber que el Hijo del Hombre ha resucitado de entre los muertos porque sabéis así que vosotros y vuestros hermanos sobreviviréis también a la muerte física. Pero esta supervivencia depende de que hayáis nacido previamente del espíritu que busca la verdad y encuentra a Dios.

LAS APARICIONES FINALES Y LA ASCENSIÓN

LA APARICIÓN EN SICAR

El sábado 13 de mayo hacia las cuatro de la tarde, el Maestro se apareció a Nalda y a unos setenta y cinco creyentes samaritanos cerca del pozo de Jacob, en Sicar. Los creyentes tenían la costumbre de reunirse en este lugar, cerca del cual Jesús le había hablado a Nalda sobre el agua de la vida. Este día, justo en el momento en que habían terminado de discutir la noticia de la resurrección, Jesús apareció repentinamente delante de ellos, diciendo:

«Que la paz sea con vosotros. Os alegráis de saber que yo soy la resurrección y la vida, pero esto no os servirá de nada si no nacéis primero del espíritu eterno, llegando a poseer así, por la fe, el don de la vida eterna. Si sois los hijos de mi Padre por la fe, no moriréis nunca, no pereceréis. El evangelio del reino os ha enseñado que todos los hombres son hijos de Dios. Y esta buena nueva relativa al amor del Padre celestial por sus hijos de la tierra debe ser llevada por el mundo entero. Ha llegado la hora en que no adoraréis a Dios ni en Gerizim ni en Jerusalén, sino allí donde estéis, tal como estéis, en espíritu y en verdad. Vuestra fe es la que salva vuestra alma. La salvación es el don de Dios para todos los que creen que son sus hijos. Pero no os engañéis; aunque la salvación es el don gratuito de Dios y se concede a todos los que la aceptan por la fe, a ello le sigue la experiencia de producir los frutos de la vida espiritual tal como ésta se vive en la carne. La aceptación de la doctrina de la paternidad de Dios implica que también aceptáis libremente la verdad asociada de la fraternidad de los hombres. Si el hombre es vuestro hermano, es aún más que vuestro prójimo, a quien el Padre os pide que améis como a vosotros mismos. Como vuestro hermano pertenece a vuestra propia familia, no solamente lo amaréis con un afecto familiar, sino que también lo serviréis como os servís a vosotros mismos. Y amaréis y serviréis así a vuestro hermano porque vosotros, que sois mis hermanos, habéis sido amados y servidos por mí de esa manera. Id pues por todo el mundo contando esta buena nueva a todas las criaturas de todas las razas, tribus y naciones. Mi espíritu os precederá, y yo estaré siempre con vosotros.»

Estos samaritanos se quedaron enormemente asombrados con esta aparición del Maestro, y se apresuraron a ir a las ciudades y pueblos vecinos, donde difundieron la noticia de que habían visto a Jesús y que éste les había hablado. Ésta fue la decimoséptima aparición morontial del Maestro.

 LA APARICIÓN EN FENICIA

La decimoctava aparición morontial del Maestro tuvo lugar en Tiro, el martes 16 de mayo, poco antes de las nueve de la noche. Apareció, una vez más, al término de una reunión de creyentes, cuando estaban a punto de dispersarse, y dijo:

«Que la paz sea con vosotros. Os alegráis de saber que el Hijo del Hombre ha resucitado de entre los muertos porque sabéis así que vosotros y vuestros hermanos sobreviviréis también a la muerte física. Pero esta supervivencia depende de que hayáis nacido previamente del espíritu que busca la verdad y encuentra a Dios. El pan y el agua de la vida sólo se conceden a los que tienen hambre de la verdad y sed de rectitud —de Dios. El hecho de que los muertos resuciten no es el evangelio del reino. Estas grandes verdades y estos hechos universales están todos relacionados con este evangelio, en el sentido de que son una parte del resultado de creer en la buena nueva, y están contenidos en la experiencia posterior de aquellos que, por la fe, se convierten de hecho y en verdad en los hijos perpetuos del Dios eterno.

Mi Padre me envió a este mundo para proclamar a todos los hombres esta salvación de la filiación. Y yo os envío también en todas direcciones para que prediquéis esta salvación de la filiación. La salvación es un don gratuito de Dios, pero aquellos que nacen del espíritu empiezan a manifestar inmediatamente los frutos del espíritu en el servicio amoroso a sus semejantes. Y los frutos del espíritu divino, producidos en la vida de los mortales nacidos del espíritu y que conocen a Dios, son: servicio amoroso, consagración desinteresada, lealtad valiente, equidad sincera, honradez iluminada, esperanza imperecedera, confianza fiel, ministerio misericordioso, bondad inagotable, tolerancia indulgente y paz duradera. Si unos creyentes declarados no producen estos frutos del espíritu divino en sus vidas, están muertos; el Espíritu de la Verdad no está en ellos; son unas ramas inútiles de la vid viviente, y pronto serán cortadas. Mi Padre pide a los hijos de la fe que produzcan muchos frutos del espíritu. Por consiguiente, si no sois fecundos, él cavará alrededor de vuestras raíces y cortará vuestras ramas estériles. A medida que progreséis hacia el cielo en el reino de Dios, deberéis producir cada vez más los frutos del espíritu. Podéis entrar en el reino como un niño, pero el Padre exige que crezcáis, por la gracia, hasta la plena estatura de un adulto espiritual. Cuando salgáis por ahí a contarle a todas las naciones la buena nueva de este evangelio, iré delante de vosotros, y mi Espíritu de la Verdad residirá en vuestro corazón. Mi paz os dejo.»

Entonces, el Maestro desapareció de su vista. Al día siguiente, los creyentes salieron de Tiro para llevar esta historia hasta Sidón e incluso hasta Antioquía y Damasco. Jesús había estado con estos creyentes cuando vivía en la carne, y lo reconocieron rápidamente en cuanto empezó a enseñarlos. Aunque sus amigos no podían reconocer fácilmente su forma morontial cuando ésta se hacía visible, no tardaban en reconocer su personalidad en cuanto les hablaba.

 LA ÚLTIMA APARICIÓN EN JERUSALÉN

El jueves 18 de mayo por la mañana temprano, Jesús hizo su última aparición en la tierra como personalidad morontial. Cuando los once apóstoles estaban a punto de sentarse para desayunar en la habitación superior de la casa de María Marcos, Jesús se les apareció y les dijo:

«Que la paz sea con vosotros. Os he pedido que os quedéis aquí en Jerusalén hasta que yo ascienda hacia el Padre, e incluso hasta que os envíe el Espíritu de la Verdad, que pronto será derramado sobre todo el género humano y que os dotará de un poder de las alturas.» Simón Celotes interrumpió a Jesús para preguntarle: «Entonces, Maestro, ¿restablecerás el reino y veremos la gloria de Dios manifestada en la tierra?» Cuando Jesús escuchó la pregunta de Simón, contestó: «Simón, continúas aferrado a tus viejas ideas sobre el Mesías judío y el reino material. Pero recibirás un poder espiritual cuando el espíritu haya descendido sobre vosotros, y pronto iréis por todo el mundo predicando este evangelio del reino. Al igual que el Padre me ha enviado al mundo, yo os envío a vosotros. Y deseo que os améis y confiéis los unos en los otros. Judas ya no está con vosotros porque su amor se enfrió y porque se negó a confiar en vosotros, sus leales hermanos. ¿No habéis leído en las Escrituras el pasaje que dice: `No es bueno que el hombre esté solo. Nadie vive para sí mismo’? ¿Y también donde dice: `El que quiera tener amigos debe mostrarse amistoso’? ¿Y no os envié a enseñar de dos en dos para que no os sintierais solos y no cayerais en los perjuicios y las desgracias del aislamiento? También sabéis muy bien que, cuando vivía en la carne, nunca me permití estar solo durante mucho tiempo. Desde el principio mismo de nuestra asociación, siempre tuve a dos o tres de vosotros constantemente a mi lado o muy cerca de mí, incluso cuando comulgaba con el Padre. Confiad, pues, y tened confianza los unos en los otros. Esto es tanto más necesario cuanto que en el día de hoy voy a dejaros solos en el mundo. Ha llegado la hora; estoy a punto de ir hacia el Padre.»

Cuando terminó de hablar, les hizo señas para que lo acompañaran y los condujo hasta el Monte de los Olivos, donde se despidió de ellos antes de partir de Urantia. Este recorrido hasta el Olivete fue solemne. Ninguno dijo ni una palabra desde el momento en que salieron de la habitación de arriba hasta que Jesús se detuvo con ellos en el Monte de los Olivos.

 La Vida y las Enseñanzas de Jesús

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Semana Santa 2013 Córdoba

Las causas de la caída de Judas

Juan Marcos

No aprendió nunca que, después de todo, las verdaderas recompensas de una noble vida consisten en premios espirituales, que no siempre se distribuyen durante esta corta y única vida en la carne.

LAS CAUSAS DE LA CAÍDA DE JUDAS

En la primera parte de su mensaje de despedida a sus apóstoles, el Maestro aludió a la pérdida de Judas y resaltó el trágico destino de su compañero de trabajo traidor como una advertencia solemne contra los peligros del aislamiento social y fraternal. Quizás sea útil para los creyentes de este siglo y de los siglos futuros, analizar brevemente las causas de la caída de Judas a la luz de las observaciones del Maestro y en vista de las aclaraciones acumuladas de los siglos posteriores.

Cuando recordamos esta tragedia, pensamos que Judas se desvió, principalmente, porque era una personalidad solitaria muy notoria, una personalidad cerrada y alejada de los contactos sociales corrientes. Se negó insistentemente a confiar en sus compañeros apóstoles, o a fraternizar libremente con ellos. Pero el hecho de ser una personalidad de tipo solitario, en sí mismo y por sí mismo, no le hubiera causado tanto daño a Judas si no hubiera sido porque tampoco logró acrecentar su amor ni crecer en gracia espiritual. Y además, para empeorar más las cosas, guardó rencores persistentes y alimentó enemigos psicológicos tales como la venganza y el ansia generalizada de «desquitarse» de alguien por todas sus decepciones.

Esta desdichada combinación de peculiaridades individuales y de tendencias mentales se conjugó para destruir a un hombre bien intencionado que no logró subyugar estos males por medio del amor, la fe y la confianza. El hecho de que Judas no tenía necesidad de ir por mal camino está bien demostrado en los casos de Tomás y de Natanael, los cuales estaban aquejados de este mismo tipo de desconfianza y tenían superdesarrolladas sus tendencias individualistas. Incluso Andrés y Mateo tenían muchas inclinaciones en este sentido; pero todos estos hombres experimentaron por Jesús y sus compañeros apóstoles un amor que iba creciendo con el tiempo, y no disminuyendo. Crecieron en la gracia y en el conocimiento de la verdad. Confiaron cada vez más en sus hermanos y desarrollaron lentamente la capacidad de fiarse de sus compañeros. Judas se negó insistentemente a fiarse de sus hermanos. Cuando la acumulación de sus conflictos emocionales le obligaba a buscar alivio en la expresión personal, buscaba invariablemente el consejo y recibía el consuelo poco sensato de sus parientes no espirituales o de aquellos que conocía por casualidad, que eran indiferentes o realmente hostiles al bienestar y al progreso de las realidades espirituales del reino celestial, del que Judas era uno de los doce embajadores consagrados en la tierra.

Judas encontró la derrota en los combates de su lucha terrenal a causa de los factores siguientes relacionados con sus tendencias personales y sus debilidades de carácter:

1. Era un ser humano de tipo solitario. Era sumamente individualista y escogió convertirse en una clase de persona firmemente «encerrada en sí misma» e insociable.
2. Cuando era niño, le habían hecho la vida demasiado fácil. Se indignaba amargamente cuando le contrariaban. Siempre esperaba ganar; era muy mal perdedor.
3. Nunca adquirió una técnica filosófica para enfrentarse con las decepciones. En lugar de aceptar las desilusiones como un aspecto normal y común de la existencia humana, recurría infaliblemente a la práctica de acusar a alguien en particular, o a sus compañeros como grupo, de todas sus dificultades y decepciones personales.
4. Tendía a guardar rencor; alimentaba constantemente la idea de venganza.
5. No le gustaba enfrentarse francamente a los hechos; era deshonesto en su actitud ante las situaciones de la vida.
6. Detestaba discutir sus problemas personales con sus asociados inmediatos; se negaba a hablar de sus dificultades con sus verdaderos amigos y con aquellos que lo amaban realmente. En todos sus años de asociación con el Maestro, ni una sola vez se presentó ante él con un problema puramente personal.
7. No aprendió nunca que, después de todo, las verdaderas recompensas de una noble vida consisten en premios espirituales, que no siempre se distribuyen durante esta corta y única vida en la carne.

A consecuencia del aislamiento persistente de su personalidad, sus penas se multiplicaron, sus aflicciones crecieron, sus ansiedades aumentaron y su desesperación alcanzó una profundidad casi insoportable.

Aunque este apóstol egocéntrico y ultraindividualista tenía muchos problemas psíquicos, emocionales y espirituales, sus dificultades principales eran las siguientes: Como personalidad, estaba aislado. Mentalmente, era desconfiado y vengativo. Por temperamento, era hosco y rencoroso. Emocionalmente, estaba desprovisto de amor y era incapaz de perdonar. Socialmente, no confiaba en nadie y estaba casi enteramente encerrado en sí mismo. En espíritu, se volvió arrogante y egoístamente ambicioso. En la vida, ignoró a los que le amaban, y en la muerte, no tuvo ningún amigo.

Éstos son, pues, los factores mentales y las influencias nocivas que, tomados en su conjunto, explican por qué un creyente en Jesús bien intencionado y por otra parte anteriormente sincero, incluso después de varios años de asociación íntima con la personalidad transformadora de Jesús, abandonó a sus compañeros, repudió una causa sagrada, renunció a su santa vocación y traicionó a su divino Maestro.

 La Vida y las Enseñanzas de Jesús

Aquí compartís entre vosotros el conocimiento de que he resucitado de entre los muertos. Tengo el poder de abandonar mi vida y de recuperarla de nuevo

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Lo que el mundo más necesita saber es que los hombres son hijos de Dios, y que pueden comprender realmente por la fe esta verdad ennoblecedora, y experimentarla diariamente. Mi donación debería ayudar a todos los hombres a saber que son hijos de Dios.

LAS APARICIONES FINALES Y LA ASCENSIÓN

LA DECIMOSEXTA manifestación morontial de Jesús tuvo lugar el viernes 5 de mayo, hacia las nueve de la noche, en el patio de Nicodemo. Esta noche, los creyentes de Jerusalén habían realizado su primer intento por reunirse después de la resurrección. En este momento se encontraban congregados aquí los once apóstoles, el cuerpo de mujeres y sus asociadas, y aproximadamente otros cincuenta discípulos principales del Maestro, incluyendo a varios griegos. Este grupo de creyentes había estado conversando familiarmente durante más de media hora cuando de pronto, el Maestro morontial apareció plenamente a la vista de todos y empezó de inmediato a instruirlos. Jesús dijo:

«Que la paz sea con vosotros. Éste es el grupo de creyentes más representativo —apóstoles y discípulos, tanto hombres como mujeres— al que me he aparecido desde el momento en que fui liberado de la carne. Ahora os tomo por testigos de que os había dicho de antemano que mi estancia entre vosotros debía llegar a su fin. Os dije que pronto debía regresar hacia el Padre. Y luego os dije claramente de qué manera los jefes de los sacerdotes y los dirigentes de los judíos me entregarían para ser ejecutado, y que saldría de la tumba. ¿Por qué, entonces, os habéis desconcertado tanto por todo esto, cuando ha sucedido? ¿Y por qué estabais tan sorprendidos cuando resucité de la tumba al tercer día? No lograsteis creerme porque escuchabais mis palabras sin comprender su significado.

«Ahora deberíais prestar oído a mis palabras para no cometer de nuevo el error de escuchar mi enseñanza con la mente, sin comprender su significado en vuestro corazón. Desde el principio de mi estancia aquí como uno de vosotros, os enseñé que mi única finalidad era revelar mi Padre que está en los cielos a sus hijos de la tierra. He vivido la donación de revelar a Dios para que podáis experimentar la carrera de conocer a Dios. He revelado a Dios como vuestro Padre que está en los cielos; os he revelado que sois los hijos de Dios en la tierra. Es un hecho que Dios os ama a vosotros, sus hijos. Por la fe en mis palabras, este hecho se vuelve una verdad eterna y viviente en vuestro corazón. Cuando, por la fe viviente, os volvéis divinamente conscientes de Dios, entonces nacéis del espíritu como hijos de la luz y de la vida, de la misma vida eterna con la que ascenderéis el universo de universos y lograréis la experiencia de encontrar a Dios Padre en el Paraíso.

«Os exhorto a que recordéis siempre que vuestra misión entre los hombres consiste en proclamar el evangelio del reino —la realidad de la paternidad de Dios y la verdad de la filiación de los hombres. Proclamad la verdad total de la buena nueva, y no solamente una parte del evangelio salvador. Vuestro mensaje no ha cambiado debido a la experiencia de mi resurrección. La filiación con Dios, por la fe, sigue siendo la verdad salvadora del evangelio del reino. Debéis salir a predicar el amor de Dios y el servicio a los hombres. Lo que el mundo más necesita saber es que los hombres son hijos de Dios, y que pueden comprender realmente por la fe esta verdad ennoblecedora, y experimentarla diariamente. Mi donación debería ayudar a todos los hombres a saber que son hijos de Dios, pero este conocimiento será insuficiente si no logran captar personalmente, por la fe, la verdad salvadora de que son los hijos espirituales vivientes del Padre eterno. El evangelio del reino se ocupa del amor del Padre y del servicio a sus hijos en la tierra.

«Aquí compartís entre vosotros el conocimiento de que he resucitado de entre los muertos, pero esto no es algo extraordinario. Tengo el poder de abandonar mi vida y de recuperarla de nuevo; el Padre confiere este poder a sus Hijos del Paraíso. Vuestro corazón debería conmoverse más bien con el conocimiento de que los muertos de una era han emprendido la ascensión eterna poco después de que yo saliera de la tumba nueva de José. He vivido mi vida en la carne para mostraros cómo podéis ser, a través del servicio amoroso, una revelación de Dios para vuestros semejantes, al igual que yo he sido, amándoos y sirviéndoos, una revelación de Dios para vosotros. He vivido entre vosotros como el Hijo del Hombre para que vosotros, y todos los demás hombres, podáis saber que todos sois en verdad los hijos de Dios. Por eso, id ahora por el mundo entero predicando este evangelio del reino de los cielos a todos los hombres. Amad a todos los hombres como yo os he amado; servid a vuestros compañeros mortales como yo os he servido. Habéis recibido gratuitamente, dad gratuitamente. Permaneced aquí en Jerusalén solamente mientras voy hacia el Padre y hasta que os envíe el Espíritu de la Verdad. Él os guiará hacia una verdad más amplia, y yo iré con vosotros por todo el mundo. Siempre estoy con vosotros, y mi paz os dejo.»

Cuando el Maestro les hubo hablado, desapareció de su vista. Estos creyentes no se dispersaron hasta cerca del alba; permanecieron juntos toda la noche discutiendo seriamente las recomendaciones del Maestro y meditando sobre todo lo que les había sucedido. Santiago Zebedeo y otros apóstoles les contaron también sus experiencias con el Maestro morontial en Galilea, y refirieron cómo se les había aparecido tres veces.

 La Vida y las Enseñanzas de Jesús

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