EL SEPULTURERO

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-Y, ¿qué haces en estos montes escarpados? -pregunté.

-Maldigo al sol por la mañana y a la Humanidad al mediodía. Por la tarde me burlo de la Naturaleza y, al llegar la noche, me arrodillo delante de mí mismo y me adoro. Me alimento de cuerpos humanos y bebo su sangre para saciar mi sed y, con sus últimos suspiros perfumo mi aliento. Como el tiempo y el mar, jamás duermo ni descanso. Y tú, no te engañes, tú eres mi hermano y vives como yo vivo.

En el terrible silencio de la noche, luego que las estrellas y la Luna desaparecieron tras el inmenso velo de oscuras nubes, caminé, solo y atemorizado, por el Valle de las sombras de la Muerte.

Al llegar la medianoche cuando los espectros comenzaron a salir de sus escondrijos, oí pasos pesados que se aproxima­ban a mí. Volví la cabeza y vi un fantasma gigantesco que me contemplaba.

-¿Qué quieres de mí? -grité asustado.

La sombra clavó en mí sus ojos, incandescentes como antorchas; y respondió enigmáticamente: -No quiero nada y quiero todo.

-Déjame en paz y prosigue tu camino -exclamé.

-Mi camino es tu camino -respondió sonriendo-. Ando mientras andas y me detengo cuando te detienes.

-Vine aquí en busca de soledad, no la perturbes -dije.

-Yo soy la soledad. ¿Por qué me temes? -me contestó.

-No te temo -respondí.

-¿Por qué, entonces, tiemblas como avecilla con frío? -dijo.

-El viento agita mis ropas. No tengo miedo -respondí.

Soltó una carcajada estruendosa como un vendaval.

-Tu miedo es doble -dijo-, pues me temes y temes tener miedo. Y tratas de esconder tu miedo tras un velo más frágil que una telaraña. Me diviertes y me irritas al mismo tiempo.

Dicho esto, se sentó en una piedra. Me senté yo también, de mal grado, y contemplé sus trazos altivos. Después de unos instantes, que parecieron mil años, me miró con ironía y me preguntó:

-¿Cuál es tu nombre?

-Mi nombre es Abdala, que quiere decir Siervo de Dios.

-¡Cuántos se dicen siervos de Dios! -exclamó, riendo- sólo sirven de pesares para Dios. ¿Por qué no te llamas “señor de diablos” y agregas un mal a las desgracias de los demonios?

-Mi nombre es Abdala. Me gusta y me fue dado por mi padre cuando nací. No lo cambiaré por ningún otro.

-La infelicidad de los hijos está en lo que reciben de sus padres -dijo-. Quien no renuncia al legado de sus padres y abuelos, será esclavo de los muertos hasta que se vuelva a su vez un muerto.

Incliné la cabeza y medité. Y me pareció haber tenido sueños en que oí palabras similares.

-¿Cuál es tu profesión? -volvió a interrogarme.

-Soy poeta y escritor -respondí-. Tengo opiniones sobre la vida y las comunico a los hombres.

– ¡Qué profesión obsoleta y superada! -dijo-. Ni beneficia ni perjudica a los hombres.

-¿Y cómo emplearé mis días y mis noches en beneficiar a los hombres? -pregunté.

-Hazte sepulturero -respondió-, para librar a los vivos de los cadáveres que se amontonan alrededor de sus casas y templos y tribunales.

-No he visto cadáveres abandonados en esos sitios -ob­servé.

-Tú miras con ojos velados por la ilusión -contestó-. Al ver a los hombres agitarse en la tempestad, piensas que viven, cuando en realidad están muertos desde el mismo día en que nacieron. Mas no hubo quien los enterrara y quedaron sobre la tierra exhalando pudrición.

El miedo comenzaba a abandonarme.

-¿Y cómo distinguiré los vivos de los muertos si todos se agitan en la tempestad? -pregunté.

-El muerto se agita en la tempestad, mas el vivo camina con ella y sólo se detiene cuando ella se detiene -respondió. Se reclinó sobre su brazo y vi sus músculos poderosos, retorcidos como las raíces de un roble.

Después me preguntó:

-¿Eres casado?

-Sí, respondí, y mi mujer es muy hermosa y yo estoy muy enamorado de ella.

-¡Cuántos crímenes y maldades has cometido…! -obje­tó-. El casamiento es la sumisión del hombre a la fuerza del hábito. Si quieres ser libre, divórciate y vive sin lazos.

-Es que tengo tres hijos -respondí-, y el más pequeño apenas si pronuncia una palabra. ¿Qué haré con ellos?

-Enséñales a cavar tumbas y déjalos en paz consigo mismos -respondió.

-No soporto vivir solo -dije entonces-. Estoy habituado a gozar de la vida con mi mujer y con mis hijos. Si los aban­donara la felicidad me abandonaría.

-El hombre que vive con su mujer y sus hijos –dijo- ­habita una negra infelicidad pintada de blanco. Si crees indis­pensable casarte, cásate con un hada.

-Las hadas no existen -respondí, sorprendido-. ¿Por qué me engañas?

-¡Cómo eres de tonto! -dijo-. Sólo las hadas existen realmente. Y fuera del mundo de las hadas es donde existen las dudas y el equívoco.                .

-¿Y las hadas, son hermosas? -pregunté.

-Su belleza no se esfuma y su gracia es eterna -respondió.

-Muéstrame una de ellas para que pueda creerte -le dije.

-Si pudieras ver y tocar a las hadas -respondió-, no te aconsejaría que te casaras con una de ellas.

-¿Y qué utilidad tendría, para un hombre, una esposa que no puede ver ni tocar?

-La utilidad no sería para un hombre sino para todos -respondió-. Pues con tal casamiento desaparecerían, poco a poco las criaturas que se agitan en la tempestad y no andan con ella.

Y después de un momento me preguntó.,

-¿Y cuál es tu religión?

-Creo en Dios y honro a sus profetas -respondí-. Amo a la virtud y anhelo la vida eterna.

-Esas son fórmulas que las generaciones pasadas vienen repitiendo desde siempre -dijo- y la imitación depositó en tus labios. En realidad, tú sólo crees en ti mismo y sólo te honras a ti mismo y sólo anhelas tu propia inmortalidad. Desde el principio, el hombre adora su propio ego poniéndole diversos nombres, de acuerdo a sus inclinaciones y aspiracio­nes, llamándole Baal, Júpiter o Dios.-Y rompió a reír con sorna, diciendo:-Lo más extraño, es que sólo adoran sus egos, aquellos cuyos egos son cadáveres descompuestos.

Medité unos minutos sobre estas terribles palabras, más extrañas que la vida, más terribles que la muerte y más profundos que la verdad. Y sentí el deseo incontrolable de descubrir el secreto de este ser extraordinario. Y lo interrogué:

-Si crees en Dios, te conjuro en su nombre. Dime, ¿quién eres tú? ¿Tienes una religión o un Dios?

-Mi nombre es el Dios Loco -me respondió entonces­_. Nací en todo tiempo y en todo lugar. Yo soy mi propio dios. Y no soy sabio, pues la sabiduría es la debilidad de los débiles. Yo soy fuerte y la Tierra se sacude a mi paso y, cuando me detengo, la procesión de las estrellas se detiene conmigo. Me burlo de los hombres… y acompaño a los genios de la noche. De ellos y de las hadas aprendí los secretos de la existencia y la no existencia. Soy un loco.

-Y, ¿qué haces en estos montes escarpados? -pregunté. wallhaven-12758

-Maldigo al sol por la mañana y a la Humanidad al mediodía. Por la tarde me burlo de la Naturaleza y, al llegar la noche, me arrodillo delante de mí mismo y me adoro. Me alimento de cuerpos humanos y bebo su sangre para saciar mi sed y, con sus últimos suspiros perfumo mi aliento. Como el tiempo y el mar, jamás duermo ni descanso. Y tú, no te engañes, tú eres mi hermano y vives como yo vivo. ¡Vuelve de nuevo a tu tierra y continúa adorándote a ti mismo entre los muertos en vida!

Se levantó, cruzó sus brazos y, mirándome a los ojos, agregó:

-¡Hasta la vista! Ya me voy hacia donde se reúnen colo­sos y gigantes -y se perdió entre las tinieblas.

Yo, tambaleante, me desplomé, como narcotizado. Duda­ba de lo que habían escuchado mis oídos y de lo que habían visto mis ojos. Había sufrido con sus verdades. Me levanté y vagué el resto de la noche perdido en melancólicas medita­ciones.

Al día siguiente me separé de mi mujer y me casé con un hada. Después, entregué, a cada uno de mis hijos, una pala y les dije:

-Partan. Y cada vez que vean un muerto, entiérrenlo. Y busqué una pala para mí mismo y me dije:

-Cava, profundamente, ahora y siempre, cada tumba de cada muerto en vida que encuentres en tu camino.

Y, desde aquel día, he estado sepultando cadáveres, pero son muy numerosos los muertos en vida, y no tengo ayuda y estoy muy solo…

Khalil GIBRAN

Khalil GIBRAN

       Si crees en Dios, te conjuro en su nombre. Dime, ¿quién eres tú? ¿Tienes una religión o un Dios?

 

Avenged Sevenfold – Buried Alive “video oficial”

ESCLAVITUD

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Posee varios nombres, pero una realidad. Tiene muchas apariencias, pero está hecho de un solo elemento. En verdad, es un mal eterno legado por cada generación a su sucesor.

Khalil GIBRAN

Khalil GIBRAN

    Siete mil años han pasado desde el día de mi primer na­cimiento, y desde aquel día he presenciado los esclavos de la vida, arrastrando sus pesados grilletes. He recorrido el Este y el Oeste de la Tierra, y he vagado a la luz y a la sombra de la Vida. He visto las procesiones de la civilización movién­dose de la luz hacia la oscuridad, y cada una fue arrastrada al infierno por almas humilladas, doblegadas bajo el yugo de la esclavitud. El poderoso es reprimido y sometido, y el fiel se arrodilla adorando a los ídolos. He seguido al hombre desde Babilonia hasta El Cairo, desde Ain Dour hasta Bagdad y he observado las huellas de sus cadenas sobre la arena. He escuchado los ecos tristes de los cambiantes siglos, repetidos por las praderas y los eternos valles.

He visitado templos y altares y entrado a palacios, y sentado ante los tronos. Y vi al aprendiz ser esclavo del artesano, y al artesano ser esclavo del empleador, y al emplea­dor ser esclavo del soldado, y al soldado ser esclavo del go­bernador, y al gobernador ser esclavo del rey, y al rey ser esclavo del sacerdote, y al sacerdote ser esclavo del ídolo… y el ídolo es nada más que tierra modelada por Satanás y erigida sobre una pila de cráneos.

Entré a las mansiones de los ricos, y visité las chozas de los pobres. Encontré al infante mamando del pecho de su madre la leche de la esclavitud, y a los niños aprendiendo sumisión con el alfabeto.

Acompañé a los siglos desde las riberas del Ganges hasta las costas del Eufrates; desde la desembocadura del Nilo hasta las planicies de Asiria; desde las arenas de Atenas hasta las iglesias de Roma; desde los suburbios de Constantinopla hasta los palacios de Alejandría… Sin embargo, vi a la escla­vitud moverse sobre todo, en una gloriosa y majestuosa procesión de ignorancia. Vi a la gente sacrificando jóvenes y doncellas a los pies del ídolo, llamándolo el Rey; quemando incienso delante de su imagen, y llamándolo Profeta; arro­dillándose y adorándolo, y llamándolo la Ley; peleando y muriendo por él, y llamándolo la Sombra de Dios sobre la tierra; destruyendo y demoliendo hogares e instituciones por su causa, y llamándolo Fraternidad; luchando y robando y trabajando por él y llamándolo Fortuna y Felicidad; ma­tando por él, y llamándolo igualdad.

Posee varios nombres, pero una realidad. Tiene muchas apariencias, pero está hecho de un solo elemento. En verdad, es un mal eterno legado por cada generación a su sucesor.

Encontré la esclavitud ciega, que ata el presente de las personas al pasado de sus padres, y los incita a ceder a sus tradiciones y costumbres poniendo espíritus ancianos dentro de los nuevos cuerpos.

Encontré la esclavitud muda, que liga la vida de un hom­bre, a una esposa que aborrece, y coloca el cuerpo de una mujer en el lecho de un esposo odiado, desvitalizando ambas vidas espiritualmente.

Encontré la esclavitud sorda, que sofoca el alma y el corazón, dando al hombre sólo el eco vacío de una voz, y la lastimosa sombra de un cuerpo.

Encontré la esclavitud coja que pone el cuello del hombre bajo el dominio del tirano y somete cuerpos fuertes y mentes débiles a los hijos de la Codicia para ser usados como instru­mento de su poder.

Encontré la esclavitud cruel, que desciende con el espí­ritu del infante desde el amplio firmamento hasta el hogar de la miseria; donde la Necesidad vive junto a la Ignorancia, y la Humillación reside al lado de la Desesperación. Y los niños crecen como miserables, y viven como criminales, y mueren como despreciados y rechazados seres inexistentes. Encontré la esclavitud sutil, que nombra a las cosas de otra manera… llamando inteligencia a la astucia, y vacío a la sabiduría, y debilidad a la ternura, y cobardía a un firme rechazo.

Encontré la esclavitud retorcida, que hace que la lengua de los débiles se mueva con miedo, y hable sin sentimiento, y ellos fingen estar meditando su súplica, pero son como sacos vacíos que hasta un niño puede doblar y colgar.

Encontré la esclavitud sumisa que induce a una nación a cumplir con las leyes y reglas de otra nación, y la sumisión es cada día mayor.

Encontré la esclavitud perpetua, que corona a los hijos de monarcas como reyes, sin ofrecer consideración al mérito. Encontré la esclavitud negra, que marca para siempre con vergüenza y desgracia a los hijos de los criminales.

Al contemplar la esclavitud, vemos que posee los viciosos poderes de continuación y contagio.

Cuando me cansé de seguir detrás de los disolutos siglos y me aburrí de observar procesiones de gente apedreada, caminé solitario por el “Valle de la Sombra de la Vida, donde el pasado trata de esconderse detrás de las culpa, y el alma del futuro se repliega y descansa demasiado tiempo. Allí, al borde del Río de Sangre y Lágrimas que se arrastraba como una víbora ponzoñosa y se retorcía como los sueños de un criminal, escuché el asustado susurro del fantasma de esclavos, y contemplé la nada.

Cuando llegó la medianoche y los espíritus emergieron de sus escondites, vi a un cadavérico y agonizante espectro caer de rodillas, contemplando la luna. Me acerqué diciendo:

-¿Cuál es tu nombre?

-Mi nombre es Libertad -contestó esta espantosa sombra de un cadáver.

-¿Dónde están tus hijos? -le pregunté. Y la libertad, llorosa y débil, jadeó.

-Uno murió crucificado, otro murió loco, y el tercero todavía no ha nacido.

Se fue cojeando, hablando todavía, pero las lágrimas en mis ojos y los gritos de mi corazón no me impidieron ver ni oír.

LA HISTORIA DE TU ESCLAVITUD

AL-GAZZALI, entre los santos y filósofos, que los doctores de la Iglesia consideran como columnas en el Templo del pensamiento absoluto

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Abū Ḥāmid Muḥammad ibn Muḥammad at-Tūsī al-Ghazālī, en árabeأَبُو حَامِد الغَزَالِيّ, latinizado como Algazael (GhazalehIrán1058 – TusIrán19 de diciembre de 1111), teólogo, jurista, filósofo, psicólogo y místico de origen persa.

Entre Al-Gazzali y San Agustín hay una gran afinidad espiritual y una estrecha ligazón mística. Ambos representan dos tendencias y dos sistemas similares que convergen en un solo principio, pese a las diferencias y disputas sectarias, teológicas y sociales que había en su época.

Aquel principio constituye un anhelo positivo dentro del alma, que comienza gradualmente en el ser humano, desde las cosas externas y sus manifestaciones hasta las razonadas, y desde la filosofía hasta las más altas concepciones sobre la Divinidad. Y lo más original es que he visto sobre los muros de una iglesia del siglo XV, en Florencia, Italia, un dibujo que coloca a Al-Gazzali entre los santos y filósofos, que los doctores de la Iglesia consideran como columnas en el Templo del pensamiento absoluto.

Se retiró Al-Gazzali del mundo, abandonando todo cuanto tenía de vida acomodada y alta posición, y se aisló solo, abrazando la vida mística.

Y desde entonces se dedicó a la meditación, investigando los finos hilos que unen los extremos de la ciencia con los principios de la religión, ahondando en su búsqueda, en pro de aquella ánfora oculta, en la que se entremezclan los conocimientos y las experimentaciones de los hombres con sus sentimientos y sus ensueños. Al-Ihya-w

Y así hizo San Agustín cinco siglos antes que Al-Gazzali, pues quien ha leído las Confesiones del Santo de la Iglesia, recordará cómo tomó a la tierra y sus vicisitudes por una Escala para subir hasta la Conciencia excelsa de la Vida.

Empero encontré a Al-Gazzali acercarse más a la esencia de las cosas y sus misterios que San Agustín. La causa puede que ella sea por la diferencia que hubo entre lo que el primero heredó de las teorías científicas arábigo-helénicas, varios siglos antes, y lo que el segundo recibió de la escuela teológica que preocupaba a los primeros padres de la Iglesia, durante los siglos II y III d.C. Por herencia significo todo aquello que se trasmite, a través del tiempo, de mente en mente, lo mismo que las características peculiares corporales que se manifiestan en los pueblos, siglo tras siglo.

También hallé en Al-Gazzali aquello que lo vuelve en un eslabón de oro que une entre los que lo precedieron de los místicos hindúes, y los que, posteriormente, le siguieron de los panteístas. En el viejo pensamiento hindú hay eco de lo que ha intuido y anhelado Al-Gazzali. Esta misma tendencia la encontramos, más tarde, en Espinosa y William Blake.

Entre los orientalistas cuenta Al-Gazzali con mucha simpatía, y lo estudian con respeto, colocándolo entre los filósofos de Oriente, en el primer rango, conjuntamente con Avicena y Averroes. Mas los místicos y los espiritualistas lo consideran el pensamiento más excelso que apareció en el Islam.

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 Khalil Gibran

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ALÍ IBN ABI TALIB, Fue el primer árabe cuyos labios balbucearon ese Sacro nombre del Espíritu Santo

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Murió mártir de su grandeza. Murió con la oración en los labios, con un corazón henchido de amor y pletórico de anhelos a su Dios. Los árabes no supieron el valor de Alí ni su grandeza, hasta que sus vecinos los persas han venido a reivindicarlo a la historia islámica, y hacer ver a los súbditos del Profeta lo que es una perla y lo que es un cuarzo.

Abu l-Hasan Ali Ibn Abi Tálib (en árabeأبو الحسن علي بن أبي طالب; o 17 de marzo de 599 o 6001 – 27 de enero de 6612 ) o simplemente Alí, era primo y yerno de Mahoma (ya que estaba casado con la hija del Profeta, Fátima) y gobernó durante el califato Rashidun de 656 a 661. Fue asesinado por Abd-al-Rahman ibn Muljam.3

Al nacer Alí las tribus arábigas estaban en el comienzo de su despertar conciente, sacudidas por un movimiento que venía de los países vecinos y hermanos.

Y Alí fue el primogénito del despertar de esa conciencia; más bien el único y verdadero símbolo de aquellas regiones áridas de desiertos arenosos, convulsionadas por la anarquía y el vivir sin Dios ni Ley.

Vivió Alí siguiendo obedientemente la voluntad de dos califas, después de la muerte del Profeta; pero acorazado por una fortaleza espiritual. En verdad, era más digno de ser dirigente y seguido. Empero no fue así porque la Grandeza del alma viene, a veces, en forma pura, perfecta y tolerante al extremo de no querer ocupar los altos sitiales, pese a lo que tiene el poder de placer y fastuosidad.

Por eso cedió su legítimo sillón a otro más ambicioso y más audaz, pero muy grande y portentoso, para que encabezara las asambleas, conformándose con los sitios laterales. Aquel gesto noble y abnegado, gesto de renunciamiento y de comprensión, no se había conocido antes de Alí entre los árabes. Achoura-tris

Y si quisiéramos analizar la psicología de Alí, tendríamos que ahondarnos en el estudio de la mentalidad arábiga y de los siglos que separan a Alí de Jesús el Nazareno, y, principalmente, los miles de años que transcurrieron después del advenimiento de Zoroastro.

Sería en vano pretender comprender el misterio del brote, sin antes analizar y estudiar hondamente los secretos de sus raíces incrustadas en el corazón de la tierra.

En mi opinión, fue Alí el primer árabe que sintió el aleteo del Espíritu Supremo, y lo abordó con su mente esclarecida. Fue el primer árabe cuyos labios balbucearon ese Sacro nombre del Espíritu Santo, entonando los salmos que luego fueron repetidos por hombres que jamás oyeron cosas tan notables, extraviándose entre la elocuencia de su retórica, la vida Yahilí y el paganismo preislámico.

Los que admiraron la elocuencia de Alí, eran hombres en los que principió el despertar lento de una nueva conciencia; operación psíquica primitiva; los que le combatieron, aquellos fueron los que en ellos vivía aún el instinto del oscurantismo. Y así fue ese primer Iman del Islam: un sembrador que arrojaba sus semillas en tierra pedregosa.

Murió mártir de su grandeza. Murió con la oración en los labios, con un corazón henchido de amor y pletórico de anhelos a su Dios. Los árabes no supieron el valor de Alí ni su grandeza, hasta que sus vecinos los persas han venido a reivindicarlo a la historia islámica, y hacer ver a los súbditos del Profeta lo que es una perla y lo que es un cuarzo.

Murió Alí antes de completar su misión. Y es por eso que no logró entregar al mundo su Mensaje, perfecto y completo. Murió y su alma corrió sobre el filo de un alfanje asesino y cobarde. Murió como murieron todos los Profetas Videntes, que vienen, por Mandato Superior, a una tierra que no es la suya, entre gente que no es su gente y en tiempo que no es su tiempo.

Mas Dios, que es tu Dios y el mío, El sabe más de estas cosas.

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  Gibrán Khalil Gibrán

 Ali Ibn Abi Talib

Abul ʿAla Al-Maʿarri, fue un ciego Vidente entre hombres que tenían ojos y no veían

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Almaarri no creó una filosofía nueva y absoluta, sino una poesía nueva y absoluta; pero ¿cuál es el hombre que consiguió crear una filosofía absoluta en todo el sentido del vocablo? ¿No es la filosofía como las modas, que cambian con el correr de los siglos y toman el colorido de cada mentalidad?

Abū al-ʿAlāʾ al-Maʿarrī

Fue un ciego Vidente entre hombres que tenían ojos y no veían. Su ceguera física le condujo a buscar la soledad y el retiro para luego producir en él la tristeza, la duda, y finalmente, la rebeldía. Fijó sus ojos internos en la vida y confundió sus prejuicios y supersticiones con la Religión. Con hondo pesimismo miró a la muerte y la tomó por fin. Hizo de la predestinación su dios. Es entonces cuando lo vemos erguirse en medio de imágenes mentales y pensamientos fantasmagóricos, blasfemando contra la vida, en un siglo entregado a la voluntad de los días y de las noches; lo mismo que cuando los elementos inconscientes son entregados a la fuerza de las costumbres y la monotonía. _AbulAlaAlMaarri_en

Era un poeta rebelde, mas no un filósofo. El filósofo es aquel que descarna la vida de sus exterioridades para verla en su absoluta desnudez; mas el poeta la ve caminar entre legiones de rimas sonoras, concepciones nuevas y estrofas musicales. Almaarri no creó una filosofía nueva y absoluta, sino una poesía nueva y absoluta; pero ¿cuál es el hombre que consiguió crear una filosofía absoluta en todo el sentido del vocablo? ¿No es la filosofía como las modas, que cambian con el correr de los siglos y toman el colorido de cada mentalidad?

Mas la vida es una caravana que eternamente camina hacia adelante. El filósofo podrá con una nueva idea o con una enseñanza original, detenerla, un lapso, en su marcha; pero no le es dable impedir que ella camine hacia lo que no sabemos. Empero el poeta camina con ella cantando, riendo y llorando. Si abandona su compañía, ella se ríe de él, mas si sigue las huellas de sus pies, le conducirá a su Templo Sacrosanto, para coronado con su laurel.

La Vida coronó a Abul Alá Almaarri con el laurel, mas le volvió la cara como filósofo.

La Vida se rebela hasta contra los mismos rebeldes.

Gibran Khalil Gibran

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Sami Yusuf – Forgotten Promises

Los cuartetos de Abul al-’Ala’ Al-Ma’arri

Los siguientes 20 cuartetos son los primeros de 122 que aparecen en la obra publicada en 1904 Los cuartetos de Abul al-’Ala’ de Ameen F. Rihani, escritor libanés fundador de lo que se conoce como literatura árabe-estadounidense. El libro contiene la primera traducción al inglés de una selección de cuartetos provenientes de “Luzum ma la yalzam” (Cumplir con lo innecesario) y “Saqt e-zand” (La chispa del eslabón) de Al-Ma’arri. En la versión en inglés, el primero, segundo y cuarto verso riman, quedando el tercero solitario. En la versión al español que les presento, realizada por mí, esa rima sólo aparece ocasionalmente.

I
Observa la Noche, no sea que digamos con jactancia:
“Se desplomó bajo la espada del Día, sangrando”.
Reaparece otra vez con su multitud de estrellas
Mientras se agazapan los ardientes Soles con prestancia.

II
Oh, Noche, para mí eres tan brillante, tan bella
Como el Crepúsculo o el Alba, de dorada cabellera;
Cuántas veces, siendo jóvenes, acechamos bajo su sombra,
y Júpiter, con aliento contenido, ¡nos miraba!

III
Nuestros ojos, desatentos al llamado del dulce Sueño,
del libro de Estrellas de Dios recorren el mejor soneto,
Las Pléyades –de ellas se despide la Luna,
nos ofrece un beso y presurosa tiende hacia el oeste.

IV
Pero pronto mi Noche, esta Reina Etíope atractiva,
Que pasa enjoyada, tranquila, serena,
Envejecerá y teñirá profundamente de Azafrán
Sus trenzas, para disfrazar las cenizas de la edad.

V
Giran nuestras Noches y Días sobre sí mismos,
Y terminamos, como Planetas, donde iniciamos;
Posamos los pies sobre la cabeza de los muertos
Y aunque la cuna llora, sonríen todas las sepulturas.

VI
Entre dos riberas eternamente se mece la Vida;
La recorremos, ¿alguien conoce la otra orilla?
Nunca podría, aunque camine largo sobre el puente,
Gemir como las olas, ah, yo, ni cantar como el viento.

VII
Nuestros gozos y pesares se injurian entre sí,
Vienen y van, perduran un instante;
Las Nubes, que vierten lágrimas en tierra y mar,
Tienen labios de relámpago, enmascaran su llanto al sonreír.

VIII
¿Qué provoca, en mi fe, que el Hombre deba gemir
En la Pena de la Noche, o el placer del amanecer elegir?
En vano se arrullan las palomas en aquella rama–
En vano uno canta o solloza: ¡Mirad! se ha de ir.

IX
!Muy solemnemente pasa el funeral!
Bajo este mismo cielo, de la vida la marcha triunfal
sigue su ruta –se desvanecen ambos en la noche:
Lo mismo son para mí, el sollozo, la alegría sin par.

X
Date cuenta, amigo, engulle la tierra nuestras tumbas
El cadáver de nuestros padres a la arena regresa
Desde el tiempo de Aad, ¿dónde y cuántas son las sepulturas?
¿Este mar de muerte no tiene un acantilado, una ribera?

XI
Así han pasado ellos y pronto nosotros hemos de seguir
Hacia la media noche o el medio día interminable;
Las estrellas, fugadas también de sus esferas,
En los brazos del Sol galante o la Luna se han de extinguir.

XII
Camina sútil, aunque mil corazones no la ven
Podría ahora en esta verde bruma latir;
Está aquí la hierba que fue fresca ayer,
Aquí lo que queda de los que fueron alguna vez.

XIII
La tumba reúne amigos y enemigos
Y sonríe con desprecio ante el espectáculo,
Una multitud de cadáveres amontonados
¡Ay de mí! El tiempo cosecha siempre su siembra.

XIV
La urdimbre y trama de la Vida son el dolor y la tristeza
Amarga la copa, dolor sin fin la condena;
Extraño es entonces que deba tejer, que deba beber
¡Si bien sabe destrozar tanto la Copa como el Telar!

XV
Los días a todos nos devoran; nadie se salvará.
Y el colmillo de las horas, como de león, nos aguarda;
Pronto se juntan y entre sus dientes gemimos,
Pronto regresan a su guarida eterna.

XVI
Nos mudamos de esta tienda maltratada
Hasta cierta morada de paz, por accidente;
Noche de profundo sueño y reposo es la muerte
Mientras este sueño en la vida es de alquiler.

XVII
Cada morada a la ruina va
Ya sea palacio o nido de gorrión;
Que no exista lo grande, lo poderoso, todo debe irse,
Igual que aquella blanca paloma a descansar en lo que construyó.

XVIII
¿Por qué hemos de beber de la fuente de la fe?
¿Por qué en la puerta de Saki alivio hemos de buscar?
Una mentira allí mil mentiras engendrará
Y al final lleno de pena tú mismo estarás.

XIX
No temer a quien confío es lo que quiero.
Pero confiar, sin miedo, no es lo mío, amigo;
Mucho mejor es la Duda que me da paz
Que todas las Creencias que en fuego eterno pueden terminar.

XX
Tras la Hipocresía y el Canto llevamos prisa,
Nuestras aficiones son todas de silueta enfermiza;
Duda de todas las cosas, incluso duda de tu edad,
Duda de la bondad del que hace buenas acciones.

 

-Y, ¿Quién es el señor? -Yo soy quien derriba lo que los siglos establecieron. Soy el huracán que arranca las raíces secas. Soy quien trae al mundo la justicia y la piedad

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La imagen escogida, Nuestro Padre Jesús del Calvario, aparece representado en un primer plano como un miércoles santo más, entre los candelabros y los lirios de su paso, en un montaje fotográfico realizado por José Ignacio Aguilera. Aparece con la túnica de cola donada por un hermano de la cofradía y estrenada en la Semana Santa de 2013. El fondo nos muestra varios elementos del entorno de la Catedral, como la Puerta del Perdón, cuyo arco túmido enmarca la imagen del Señor y deja ver al fondo el remate del Triunfo de San Rafael labrado por Verdiguier y los contrafuertes de los muros de la Catedral, antigua mezquita.

EL EXTRANJERO

La Pascua llegó y, mejor que todas las señales, las alegres multitudes lo anunciaban. Solo y melancólico, me aparto de la multitud. Pienso en el Hijo del Hombre, que nació y vivió en la indigencia y después murió crucificado. Pienso en aquel Fuego Divino que el Espíritu encendió en una pequeña aldea y que sobrevivió a los siglos y puso su marca en todas las civilizaciones.

En el parque desierto, un hombre, también solo, pa­recía estar esperándome. Se sentó a mi lado y comenzó a dibujar en la arena figuras misteriosas. Sus vestimentas eran modestas, mas de su presencia emanaba una grandeza inex­presable.
-¿El señor es, tal vez, extranjero? -le pregunté con simpatía.
-Yo soy extranjero en esta ciudad y en todas las ciu­dades.

-Pero en días festivos, el extranjero olvida la amargura del exilio y se deja consolar por el afecto de los corazones abiertos.
-Yo soy más extranjero aún, en estos días, que en otro cualquiera. -Y dirigió al cielo una mirada soñadora, como si estuviera buscando en el más allá, una patria desconocida.

Lo observé nuevamente y le dije:
-Me parece que el señor necesita ayuda, ¿no aceptaría la mía?
-Sí, necesito ayuda, pero mi necesidad no es de dinero -me respondió.
-¿Y qué es lo que usted necesita?
-Necesito un abrigo. Necesito un lugar donde descansar mi cabeza.
-Pero, si acepta mi dinero, podrá alojarse en un hotel.
-Ya fui a todos los hoteles y ninguno me aceptó. Ya golpeé todas las puertas sin hallar un amigo.
-Venga entonces conmigo. Pasará la noche en mi casa.
-Mil veces llamé á tu puerta pero jamás me abriste. Y ahora, si supieras quién soy, no me invitarías.

-Y, ¿Quién es el señor?
-Yo soy quien derriba lo que los siglos establecieron. Soy el huracán que arranca las raíces secas. Soy quien trae al mundo la justicia y la piedad.
Dijo eso y se levantó. Era de gran estatura y su voz, profunda como la noche, evocaba el sonido de la tempestad. Después, su rostro se iluminó. Extendió sus brazos y vi en sus manos rastros de heridas. Me arrojé a sus pies bal­buceando:
Jesús, el Nazareno.
Y le oí decir:
-El mundo celebra en mi nombre las tradiciones que los siglos tejieron a mi alrededor. Pero yo permanezco extran­jero, recorriendo el universo y atravesando los siglos sin encontrar, entre los pueblos, quien comprenda mi verdad. Los zorros tienen sus madrigueras y las aves del cielo tienen nidos, mas el Hijo del Hombre no tiene un lugar donde recli­nar su cabeza.
Cuando levanté mis ojos, nada vi sino una columna de incienso. Y oí el eco de una canción llegarme desde la eter­nidad.

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KHALIL GIBRAN

  SEMANA SANTA CÓRDOBA 2014

Las cofradías cordobesas hacen estación de penitencia desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección entre el fragor de las bandas de cornetas y tambores. Aromas de cera quemada fundidos con incienso, azahares, las llamadas de la campanilla de capataz, el golpe seco y del grito de «¡Arriba con ella!» que rompe los silencios al recogimiento respetuoso de los creyentes.El Rescatado

El Rescatado da inicio a la Semana Santa de Córdoba y se desarrolla el Domingo de Ramos empezando su recorrido en la plaza Cristo de la Concordia. Las Ánimas es otra de las más multitudinarias, especialmente en la plaza San Lorenzo. También destaca Las Angustias, una de las hermandades más antiguas de la ciudad. Su recorrido empieza y finaliza en Capitulares, siendo el paso por el barrio de San Agustín una de las zonas más significativas de la procesión, ya que en dicho punto estuvo establecida la cofradía durante siglos.

http://www.turismodecordoba.org/inicio.cfm

http://www.cordobaturismo.es/es

http://www.artencordoba.com/

http://www.mezquitadecordoba.org/historia-mezquita-cordoba.asp

http://www.hermandadesdecordoba.es/

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Semana Santa en Andalucía

Paso de Nuestro Padre de la Paciencia, Granada.

Es tiempo de Semana Santa en Andalucía. Es tiempo de emociones, de respirar el aroma sutil que impregna la ciudad, mezcla de incienso y azahar, de emocionarse con el canto sentido de una saeta o escuchar el silencio de una multitud respetuosa.

Con la llegada de la primavera, Andalucía se prepara cada año para convertir sus calles y plazas en un escenario donde la representación se sucede siempre igual y siempre diferente. La región se viste de nuevo el Domingo de Ramos, se estremece en el silencio del Viernes Santo y resucita otro domingo cubriendo la distancia que va desde la muerte hasta la vida.

Es una experiencia única sentir la emoción de la tradicional y multitudinaria madrugá de Sevilla; vivir la pasión con El Cautivo de Málaga; ir tras el paso del Cristo de los Gitanos en las colinas del Sacromonte de Granada; ser testigo de la solemnidad del Viernes Santo con el ‘Santo Encierro’ en Huelva; presenciar la salida de El Abuelo en Jaén desde el Camarín de Jesús; sentir la pasión y entrega de los cofrades y hermandades de Cádiz; recorrer las calles de Córdoba entre sus silencios, el canto de una saeta o el sonar de las campanillas del capataz; o ser testigos de excepción de los encuentros de las hermandades de Almería.

Málaga

Los Legionarios con el Cristo de La Buena Muerte.

En la Semana Santa de Málaga el recorrido oficial de las Cofradías malagueñas goza de una variedad, sobriedad, respeto y perfecto desfile que merece la pena contemplar. Es especialmente admirable el clamor popular y fervor de los habitantes de los barrios de Málaga, quienes se entregan a sus Cristos y Vírgenes de una manera especial en el momento de las salidas y encierros procesionales.

Cuando aún no ha terminado de despuntar el alba del Lunes Santo, miles de malagueños se agrupan dentro y alrededor de la parroquia de San Pablo para participar en el traslado de las imágenes de la Cofradía de Jesús Cautivo y María Santísima de la Trinidaddesde su capilla a sus tronos procesionales. Otro momento principal es la liberación de un preso sin delito de sangre por Nuestro Padre Jesús el Rico cada Miércoles Santo, privilegio concedido por Carlos III, cuando, atravesando una epidemia de cólera en Málaga y sin poder salir a la calle, los presos se escaparon de la cárcel y llevaron al Cristo, regresando todos al finalizar sin aprovechar la ocasión para fugarse.

También hay que destacar los acompañamientos militares en las procesiones de aquellas Cofradías con las que, por diferentes motivos, se encuentran vinculadas. Este es el caso de Los Regulares con el Cautivo, La Legión con el Cristo de la Buena Muerte o Ánimas de Ciegos con los Paracaidistas, La Marina con la Soledad o la Caballería con la Zamarrilla.

Sevilla

El Cristo de la Noche.

Es la fiesta grande de Sevilla, síntesis y esencia de la capital de Andalucía, celebración que alcanza una intensidad, tanto estética como espiritual, única en su estilo. Entre el Domingo de Ramos y el de Resurrección salen a la calle cerca de sesenta cofradías que dan vida a la pasión y muerte de Cristo. Considerada como auténtico arte y motor de un profundo sentimiento espiritual, la Semana Santa en Sevilla constituye un fenómeno complejo, auténticamente popular en el que participa el pueblo entero, sin distinción de clases, pero que es a la vez religioso y artístico, serio y jubiloso, sencillo y voluptuoso.

Resaltan por tanto de la Semana Santa sevillana la procesión de La Marcarena y La Esperanza de Triana, que, en este caso, es la única cofradía que realiza doble estación de penitencia, ante la Catedral y en la parroquia de Santa María de Triana. También es digna de destacar La Borriquita, que tiene lugar el Domingo de Ramos y donde llama la atención especialmente la salida, siendo los niños los protagonistas. Es digno de mención el Besamanos del Gran Poder, que comienza el Domingo de Ramos y que acaba el Miércoles Santo.

Lo apropiado es visitarlo el mismo Domingo para así comprender de verdad lo que significa para Sevilla la devoción al Gran Poder y de paso cerciorarse de lo profundo de todas estas creencias y de lo alejadas que están del tópico al uso. Cobran especial relevancia la Semana Santa de los municipios de Alcalá de Guadaíra, Alcalá del Río, Carmona, Morón de la Frontera, Coria del Río, Utrera, Écija, Marchena, Estepa, Osuna, Guadalcanal y las Cabezas de San Juan, declaradas Fiestas de Interés Turístico Nacional de Andalucía.

Carolina Oubernell

 

IBN AL-FARID (1181-1235 d.C.)

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Fue Al-Farid un espíritu puro como un rayo de sol inmaculado; un corazón envuelto en llamas; un Pensamiento cristalino como una fuente entre cerros. En sus versos hay lo que no lograron concebir las mentes de los que le precedieron ni alcanzaron los que le siguieron por muchos siglos después.

Umar ibn `Alī ibn al-Fārid

El Amor

Es el amor. Preserva tus entrañas,
que la pasión no es fácil,
y todo lo que elige se consume,
aunque tenga razón.
Vive libre de él,
que la calma de amor es la fatiga,
dolencia es su comienzo, y muerte su final.
Para mí, sin embargo,
el morir por amor es un vivir,
y el favor se lo debo a aquel que amo.
Te doy estos consejos
conociendo muy bien qué es el amor,
pero si tú prefieres contradecirme,
elige por ti mismo lo que te plazca.
Si deseas vivir gozosamente,
muere mártir por él; si no lo haces,
el amor tiene ya su propia gente.
Quien no muere de amor, por él no vive.
Y la miel no se puede cosechar
sin exponerse al daño de las abejas.

***

Al-Farid fue uno de los pocos poetas místicos que se han destacado por sus poemas simbólicos y religiosos. Su alma siempre sedienta, escanciaba el vino del Espíritu con que se extasiaba y se remontaba a los mundos invisibles, donde se prolongan los sueños de los poetas y de los santos, y vibran los anhelos y las esperanzas de los grandes místicos Iniciados. Y al despertar de su éxtasis, volvía para escribir lo que vio y experimentó.

Era, y lo es ahora, un sacerdote en el Templo del Pensamiento absoluto; Príncipe en el Reino de la imaginación sin horizontes; un Guía entre los ejércitos de los místicos que caminan lentamente hacia la Gran Urbe de la Verdad.

Vivió en un siglo desprovisto de creatividad y pensamientos originales. Vivió entre un pueblo que memorizaba las tradiciones, y luego las reproducía y comentaba enérgicamente, explicando la gran herencia de la sabiduría y filosofía islámicas.

Fue un genio; un genio es un milagro. Al-Farid se olvidó de su siglo y rehuyó su medio ambiente, recluyéndose para escribir y unir en su poesía universal lo desconocido con lo conocido. al farid

Al-Farid no tomó su tema de los acontecimientos de la vida diaria como Al Mutanabbi. Tampoco se ocupó del enigma de la vida como Al Maary. En cambio, Al-Farid cerró los ojos al mundo para poder ver más allá de él, y tapó los oídos al tumulto de la tierra para poder escuchar las canciones eternas.

Fue Al-Farid un espíritu puro como un rayo de sol inmaculado; un corazón envuelto en llamas; un Pensamiento cristalino como una fuente entre cerros. En sus versos hay lo que no lograron concebir las mentes de los que le precedieron ni alcanzaron los que le siguieron por muchos siglos después.

Es el alma que, desde su morada divina y celestial, es obligada a descender y tomar nuevamente su vehículo carnal y cumplir, por una Ley Superior, su nueva misión, y su ciclo evolutivo. “Dolorida y exasperada, se te descendió cual una paloma, desde el Recinto más sublime…”

Tanto Al Mutanabbi como Al Maari son dos grandes poetas árabes.

Gibrán Khalil Gibran

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Maher Zain – Ramadan (Arabic)