La libertad es orden absoluto; ni la libertad ni el orden son relativos

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Esta confusión se constata en educación, la cual tiene como fin primordial el cultivo de la memorización del conocimiento, pasando por alto toda la estructura psicológica del hombre.

La libertad es orden absoluto; ni la libertad ni el orden son relativos. Uno o bien es libre o no lo es. O bien existe un orden total en uno mismo o hay desorden. El orden es armonía. Al parecer a los seres humanos les gusta vivir en desorden tanto por fuera como en su interior. Esto se ve en la política. Todos los gobiernos son corruptos, unos más y otros menos. Están liderados por gente que en sí es desordenada, ambiciosa, engañosa, aquejada de antagonismos y vanidades personales. Por eso hay guerras económicas, los muy ricos y los muy pobres, y todas las desdichas que se derivan de las tribulaciones de la miseria.

Esta confusión se constata en educación, la cual tiene como fin primordial el cultivo de la memorización del conocimiento, pasando por alto toda la estructura psicológica del hombre. Este desorden se ve expresado cuando un grupo de personas matan a otro grupo y se preparan para la guerra mientras hablan de paz. La ciencia se ha convertido en una herramienta del gobierno. Los negocios y el progreso están destruyendo la tierra, contaminando el aire y el agua de los mares.

Cuando uno mira a su alrededor, ve el caos, la confusión y la tremenda desdicha exteriores. Y por dentro los seres humanos también son infelices, llevan vidas contradictorias, batallando sin fin, en conflicto, buscando seguridad y no encontrándola ni en los credos ni en las posesiones. Hay dolor en la vida y en la muerte. El desorden interior del hombre genera la estructura del desorden externo. Todos estos son hechos evidentes. Aunque hablemos de libertad, al parecer son muy pocos los que la encuentran.

La educación consiste primordialmente en generar orden en nuestra vida diaria y en comprender el significado íntegro de la vida. Comprender el orden y vivir en él requiere la forma más elevada de inteligencia, pero no se nos educa para eso. Nuestro principal objetivo es la adquisición de conocimientos como medio de supervivencia, una supervivencia conflictiva en un mundo caótico.

El orden es algo extraordinario. Posee su propia belleza, su propia vitalidad independiente del entorno. Uno no puede decirse a sí mismo que va a ser ordenado en su forma de ser, en sus acciones y pensamientos. Si lo hace, pronto descubre que eso crea una pauta de conducta que luego se vuelve mecánica. Este hábito mecánico del pensamiento o de la acción, y por consiguiente de la conducta, forma parte de la confusión. El orden es inmensamente flexible, sutil y ágil. No se puede confinar dentro de un marco y luego procurar vivir conforme a esa demarcación. La imitación es una de las causas de que haya confusión y conflicto. No se pueden establecer reglas para el movimiento del orden. De hacerse, entonces esas mismas reglas se convierten en la autoridad que exige obediencia y conformismo. Este es otro factor que también ha contribuido a generar sufrimiento en el hombre.

Luego está la persona que tiene que tener todo lo que le rodea justo en su sitio, sin que nada esté fuera de lugar. Para dicha persona el orden consiste en que todo se mantenga en línea recta y se siente neuróticamente molesto si esa línea se tuerce o se desvía. Semejante persona vive enjaulada en su propia neurosis. En el mundo hay una serie de monjes y ascetas que han disciplinado sus mentes y sus cuerpos para obedecer; a su dios sólo se puede acceder por las puertas de la creencia y la aceptación estrictas. La disciplina es el ejercicio habitual en nombre de la virtud, del Estado, de dios, de la paz o de lo que fuere.

Por consiguiente, ¿qué es el orden? La definición según el diccionario es una cosa y según el razonamiento, inclinación o temperamento personales es otra. Lo que nos interesa es el significado que consta en el diccionario y no lo que uno opine que es. Nos interesa de forma objetiva y no desde ninguna perspectiva personal. El punto de vista personal sobre cualquier cosa distorsiona lo que es. Lo importante es el hecho, no lo que uno piense acerca de lo que es. Cuando se observa todo el movimiento de la vida a partir de una reacción u opinión personal y condicionada, entonces la vida se fragmenta entre el ‘yo’ y el ‘usted’; el ‘usted’ es lo externo y el ‘yo’ es lo interno. Esta fragmentación es la causa principal de la confusión y el conflicto internos y externos. El orden surge en una mente que no está fragmentada o escindida por el pensamiento.

El orden del pensamiento es una cosa y el orden de una mente íntegra es otra. El primero conduce a la maldad y el segundo al florecer de la bondad. El orden del pensamiento que se expresa en la legislación tiene su función; sin embargo, en la conducta y en la relación ese orden se convierte en desorden porque el pensamiento es la actividad de la fragmentación. El pensamiento ha dividido a la gente en religiones sectarias, en naciones, en comunistas y no comunistas, en ‘nosotros’ y ‘ellos’. No hay pensamiento sin palabra, sin imagen y símbolo. Estos son los que han dividido a las personas. El pensamiento ha constituido este mundo monstruoso y tratamos de crear un mundo nuevo mediante el pensamiento sin darnos cuenta de que el propio pensamiento es el que genera las actividades de la confusión, la división y el conflicto.

El orden de una mente íntegra es algo totalmente distinto y aquí reside la dificultad. Cuando usted lee esta afirmación, la convierte en un proceso de pensamiento y de ese modo su lectura es una abstracción. Una vez ha convertido la declaración en una abstracción, usted trata de emparejarla con una abstracción que ya existe en su memoria. Cuando no hay ninguna correspondencia, usted dice que no entiende lo que esa declaración significa y dice que entiende cuando ambas abstracciones concuerdan. Sea consciente, pues, de lo que está pasando en su mente, de la rapidez con la que interviene el pensamiento, de que nunca escucha o lee con una mente desprovista de la carga del pasado. El saber es el pasado. Dicho conocimiento tiene su sentido utilitario, pero cuando se emplea en nuestras relaciones empiezan la confusión, el conflicto y el dolor.

Así que el orden es la acción de lo nuevo, o sea de la inteligencia.

Ahora demos vuelta atrás y examinemos todo esto. Decíamos que el orden absoluto es libertad. Este orden absoluto sólo puede existir cuando en el propio interior ha cesado toda clase de conflicto. Cuando ese orden exista, entonces uno no se planteará la cuestión del desorden en el mundo. Usted sólo se hará esa pregunta cuando usted sea el mundo y el mundo sea usted. Cuando usted no pertenezca al mundo, o sea cuando haya orden absoluto en su interior, su relación con el mundo habrá experimentado un cambio total. Usted estará en el mundo pero no formará parte de él.

Sea, pues, consciente del desorden del mundo y del desorden en sí mismo. Entonces no habrá división entre usted y el mundo, sólo habrá desorden. Cuando la mente es consciente de dicho desorden sin elección, sin movimiento alguno del pensamiento, entonces el orden sobreviene por sí mismo. Lo que se induce no es orden: la invitación proviene del desorden. El orden y el desorden no están relacionados entre sí, no son opuestos. El orden no resulta del conflicto entre los contrarios: o bien hay orden o no lo hay. Cualquier pretensión de llevar una vida ordenada nace del desorden.

Krishnamurti

La creencia en Dios ha existido desde que el mundo es mundo, lo que no nos ha impedido llenarlo de horrores

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¿La creencia en Dios no es necesaria en este mundo terrible y despiadado?

La creencia en Dios ha existido desde que el mundo es mundo, lo que no nos ha impedido llenarlo de horrores. Tanto el salvaje como el sacerdote altamente civilizado creen en Dios. El hombre primitivo mata con arcos y flechas, y se dedica a danzas frenéticas; el sacerdote civilizado bendice los acorazados y los bombarderos, dando para ello una serie de razones.
Esto no lo digo cínicamente ni con ánimo despreciativo, de modo que no tenéis por qué sonreír. Es un asunto muy serio. Ambos son creyentes; pero están también los otros, los que no creen en nada, y que también optan por liquidar a los que se les cruzan en el camino.

El hecho de adherirse a una creencia o a una ideología no acaba con las matanzas, la opresión y la explotación. Por el contrario, ha habido y continúan produciéndose espantosas guerras, destrucción y persecuciones en las que se invoca la causa de la paz y el nombre de Dios.
Si logramos hacer de lado esas creencias e ideologías antagónicas, e introducimos en nuestra vida diaria un cambio profundo, habrá alguna probabilidad de que surja un mundo mejor. Es la propia vida cotidiana de cada ser humano que ha provocado las actuales y anteriores catástrofes.
Nuestro atolondramiento, nuestros exclusivismos nacionales, nuestras barreras y privilegios económicos, nuestra falta de compasión y de buena voluntad, han traído estas guerras y otros desastres. La mundanalidad, de naturaleza eruptiva, vomitará siempre caos y dolor.
Somos un resultado del pasado, y al edificar sobre él sin entenderlo, provocamos desastres. La mente, que es un resultado, un compuesto, no llega a entender Aquello que no está constituido por fragmentos, que carece de causa y es independiente del tiempo. Para comprender lo increado, la mente debe cesar de crear. Toda creencia pertenece forzosamente al pasado, a lo creado; y ella constituye un impedimento para la experimentación de lo real. Cuando el pensar‑sentir está anclado, en estado de dependencia, el entendimiento de lo real resulta imposible.
Tiene que haber una franca y serena liberación del pasado, una espontánea inundación de silencio; sólo en tales condiciones puede florecer Aquello que es real. Cuando contempláis una puesta de sol, en ese instante de belleza un júbilo espontáneo y creador os invade. Luego, cuando deseáis que la misma experiencia se repita, la puesta de sol ya no os emociona; tratáis de sentir la misma dicha creadora, pero no la halláis. Vuestra mente fue capaz de recibir cuando nada pedía ni esperaba; pero habiendo recibido una vez quiere más y esa codicia la enceguece.
La codicia es acumulativa y representa una pesada carga para la mente-corazón; no cesa de juntar, de almacenar. Nuestro pensar y sentir se ven corrompidos por la codicia, por las olas corrosivas del recuerdo. Sólo un estado de conciencia alerta y profunda pone fin a este proceso absorbente del pasado. La codicia, al igual que el placer, siempre limita y singulariza. ¿Y cómo un pensamiento nacido de la codicia habría de entender Aquello que es inconmensurable?
En lugar de reforzar vuestras creencias e ideologías, daos plena cuenta de vuestro pensar y sentir, pues en él está el origen de los problemas que la vida os presenta.

Lo que vosotros sois, es el mundo: si sois crueles, sensuales, ignorantes, codiciosos; así será el mundo. Vuestra creencia en Dios, o vuestra incredulidad a su respecto, muy poco significan. Sólo con vuestros pensamientos, sentimientos y acciones, en efecto, haréis del mundo una cosa terrible, cruel, bárbara, o un lugar de paz, de compasión y de sabiduría.

Krishnamurti

El mero educar la mente consciente sin comprender la inconsciente genera contradicción interna en las vidas humanas, con todas sus frustraciones y desdichas

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Al intentar producir un desarrollo total del ser humano, es obvio que debemos tomar muy en consideración la mente inconsciente al igual que la consciente. El mero educar la mente consciente sin comprender la inconsciente genera contradicción interna en las vidas humanas, con todas sus frustraciones y desdichas. La mente oculta es mucho más vital que la superficial. La mayoría de los educadores se interesa solamente en transmitir información o conocimientos a la mente superficial, preparándola para conseguir un empleo y ajustarse a la sociedad. De ese modo jamás tocamos la mente oculta. Todo lo que hace la así llamada educación es superponer una capa de conocimiento y técnica y proveer cierta capacidad para que nos amoldemos al medio.

La mente oculta es mucho más poderosa que la mente superficial, por bien educados que estemos y por más capaces que seamos de ajustamos al medio; y no se trata de algo misterioso. La mente oculta o inconsciente es la depositaria de la memoria racial. La religión, la superstición, el símbolo, las tradiciones peculiares de una raza determinada, la influencia de la literatura tanto sagrada como profana, de las aspiraciones, de las frustraciones, de los hábitos y de las diversidades de alimentación, todo eso está arraigado en el inconsciente.

Los deseos manifiestos y los deseos secretos con sus motivaciones, esperanzas y temores, sus sufrimientos y placeres, y las creencias alimentadas por el impulso de seguridad que se traduce de múltiples maneras, estas cosas también están contenidas en la mente oculta, la cual no sólo posee esta capacidad extraordinaria de contener el pasado residual, sino que también es capaz de influir sobre el futuro. Las insinuaciones de todo esto se transmiten a la mente superficial por medio de los sueños y de varias otras maneras, cuando esa mente no está ocupada en su totalidad con los sucesos cotidianos.

La mente oculta no tiene nada de sagrado y no hay en ella nada que deba temerse, ni tampoco requiere un especialista para que la exponga a la mente superficial. Pero a causa del enorme poder de la mente oculta, la superficial no puede habérselas con ella como quisiera. La mente superficial es, en gran medida, impotente en relación con su propia parte oculta. Por mucho que trate de dominar, moldear, controlar lo oculto, apenas si puede, a causa de sus exigencias y actividades sociales, arañar la superficie de lo oculto; y entonces hay entre ambas mentes una hendidura, una contradicción. Tratamos de tender un puente sobre este abismo mediante la disciplina, mediante prácticas diversas, sanciones y demás, pero no es posible lograrlo de ese modo.

La mente consciente está ocupada con lo inmediato, el limitado presente, mientras que la inconsciente está bajo el peso de los siglos y no puede ser reprimida o desviada de su curso por una necesidad inmediata. Lo inconsciente tiene la cualidad del tiempo profundo, y la mente consciente, con su cultura recién adquirida, no puede habérselas con ello conforme a sus urgencias pasajeras. Para erradicar la contradicción interna, la mente superficial tiene que comprender este hecho y permanecer tranquila -lo cual no implica dar oportunidad a los innumerables impulsos de lo oculto-. Cuando no hay resistencias entre lo manifiesto y lo oculto, entonces lo oculto, a causa de que tiene la paciencia del tiempo, no invadirá lo inmediato.

La mente oculta, inexplorada y no comprendida, con su parte superficial que ha sido “educada”, entra en contacto con los retos y las exigencias del presente inmediato. Puede que lo superficial responda al reto adecuadamente, pero a causa de que hay contradicción entre lo superficial y lo oculto, cualquier experiencia de lo superficial sólo incremento el conflicto con lo oculto. Esto produce más experiencias aún, ampliando así el abismo entre el presente y el pasado. La mente superficial, al experimentar lo externo sin comprender lo interno, lo oculto, sólo ocasiona un conflicto más vasto y profundo.

La experiencia no libera ni enriquece a la mente, como por lo general pensamos que hace. En tanto la experiencia fortalezca al experimentador, tiene que haber un conflicto. Al tener experiencias, una mente condicionada sólo refuerza su condicionamiento y así perpetúa la contradicción y la desdicha. Sólo para la mente que es capaz de comprender en totalidad sus propios comportamientos, la experiencia puede ser un factor de liberación.

Una vez que se perciben y comprenden los poderes y las capacidades de las múltiples capas de lo oculto, entonces los detalles pueden ser sabia e inteligentemente investigados. Lo importante es la comprensión de lo oculto y no la mera educación de la mente superficial a fin de que adquiera conocimientos, por indispensables que sean. Esta comprensión de lo oculto libera del conflicto a la mente total, y sólo entonces hay inteligencia.

Tenemos que despertar la plena capacidad de la mente superficial que vive en la actividad cotidiana y también tenemos que comprender lo oculto. En la comprensión de lo oculto existe un vivir total en el que llega a su fin la contradicción interna con su dolor y su felicidad alternantes. Es esencial estar familiarizado con la mente oculta y percatarse de sus operaciones; pero es igualmente importante no estar ocupado con ella ni darle una significación indebida. Es sólo cuando la mente comprende lo superficial y lo oculto que puede ir más allá de sus propias limitaciones y descubrir esa bendición que no pertenece al tiempo.

Krishnamurti

¿Qué es el «yo» -la vanidad, la arrogancia, el deseo de lograr, de alcanzar el éxito- al que nos aferramos tan desesperadamente? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Cómo se ha originado?

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La búsqueda de poder, de posición, la autoridad, la ambición y demás, son formas del «yo» en todas sus diferentes expresiones. Pero lo que importa es comprender el «yo», y estoy seguro de que todos estamos convencidos de eso.

Todas las cosas que el pensamiento ha producido constituyen  una realidad. Pero el pensamiento no ha producido la montaña  o  el árbol, que también son una realidad. Todos los dioses, todos  los rituales todo  el perjuicio que el pensamiento causa en el mundo, son una realidad: la guerra es una realidad, matar a la gente es una realidad, la violencia, la brutalidad, la dureza, la des­trucción, son una realidad producida por el pensamiento. Las montañas, los árboles, los ríos, la belleza del cielo, son una reali­dad, pero ésta no ha sido producida por el pensamiento. La creen­cia es una realidad producida por el pensamiento, pero es neurótica. La neurosis es una realidad. La verdad no lo es. El pensamiento jamás puede alcanzar la verdad.  Entonces, ¿cuál es la relación entre la verdad y la realidad?

Hemos examinado la naturaleza del pensamiento. Dijimos que el pensamiento es un proceso material, porque se halla almacenado en el cerebro, forma parte de la célula, que es materia. Así pues, es un proceso material en el tiempo, un proceso en movimiento. Y todo lo que ese movimiento crea es una realidad; lo neurótico, así como lo fragmentario, son realidades. ¿Qué es la verdad, entonces? El pensamiento, que es fragmentario, que encuentra preso en el tiempo, que es dañino, violento, ¿puede encontrar la verdad, siendo la verdad lo total, lo sagrado? Y si no puede encontrarla, ¿qué relación tiene, entonces, el pensamiento,  la realidad, con aquello que es absoluto?

Vean, todo esto exige meditación. Ésta es la verdadera meditación, no así las cosas importadas a este país por los gurúes. ¿Puede esta conciencia, que es su contenido, expandirse alguna vez para incluir la conciencia de la verdad? ¿O esta conciencia de la psique, el «yo» con todo su contenido, tiene que terminar antes de que pueda percibirse aquello que es la verdad? Uno tiene que descubrir cuál es la naturaleza de la psique, que ha sido producida por el pensamiento. ¿Qué es el «yo» -la vanidad, la arrogancia, el deseo de lograr, de alcanzar el éxito-  al que nos aferramos tan desesperadamente? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Cómo se ha originado? Porque si eso existe, lo otro no puede existir. Si soy egoísta, en tanto exista ese centro psíquico la verdad no puede manifestarse, porque la verdad es lo total.

Por lo tanto, ¿cómo puede la mente -siendo la mente los sentidos, las emociones, los recuerdos, los prejuicios, los principios,  los ideales, las experiencias , la totalidad de eso, es decir, la psique, el «yo»-, cómo puede llegar a su fin y, no obstante, actuar en este mundo? ¿Es eso posible?

Para descubrirlo, debemos investigar muy a fondo la cuestión del miedo, el muy complejo problema del placer, y la cuestión del dolor, así como la posibilidad de que éste llegue alguna vez a su fin. El hombre ha vivido con el dolor durante milenios y milenios. No ha sido capaz de terminar con él. Y debemos investi­gar también la cuestión de lo que son la muerte y el amor. Esto es un asunto muy, muy serio, no es algo para jugar con ello. Uno debe dedicar toda su vida a la comprensión de esto. Vivir en este mundo de manera completa, cuerda, sin la psique, sin el «yo», no escapar, no largarse a algún monasterio o a una comuna, sino vivir aquí, en este mundo loco, insano y sanguinario donde hay tanta corrupción, donde la política está divorciada de la ética, constituye un reto tremendo. Requiere una mente que pueda pensar de manera minuciosa, correcta y objetiva, con todos los sentidos plenamente despiertos, una mente no narcotizada por el alcohol, las drogas estimulantes y demás. Ustedes deben te­ner una mente muy sana, y cuando está dopada por el cigarrillo, la bebida, no tienen una mente sana; todo eso embota la mente, la destruye.

¿QUÉ ES EL «YO»?

La búsqueda de poder, de posición, la autoridad, la ambición y demás, son formas del «yo» en todas sus diferentes expresiones. Pero lo que importa es comprender el «yo», y estoy seguro de que todos estamos convencidos de eso. Si me permiten agregar algo aquí, seamos serios con respecto a esta cuestión; si ustedes y quien les habla, como individuos, no como un grupo de personas que pertenecen a clases sociales, a ciertas sociedades, a determinadas divisiones climáticas, podemos comprender esto y actuar sobre ello, yo siento que habrá una verdadera revolución. Tan pronto eso se vuelve universal y se organiza mejor, el «yo» se refugia ahí; mientras que si ustedes y yo, como individuos, podemos amar, podemos llevar a cabo esto de manera efectiva en nuestra vida cotidiana, entonces surgirá a la existencia esa revolución que es tan fundamental […].

¿Saben ustedes qué entiendo por el «yo»? Entiendo por el «yo» la idea, el recuerdo, la conclusión, la experiencia, las diversas formas de las intenciones, tanto las que se pueden nombrar como las innombrables, el esfuerzo consciente de ser o de no ser esto o aquello, la memoria acumulada del inconsciente: lo racial, el grupo, el individuo, el clan, y la totalidad de ello, ya sea proyectado exteriormente en la acción o proyectado espiritualmente como virtud; el esforzarse tras todo esto es el «yo». Ello incluye la competencia, el deseo de ser. Ese proceso íntegro es el «yo»; y cuando nos enfrentamos con él, sabemos realmente que es algo maligno. Uso la palabra maligno intencionalmente, porque el «yo» es divisivo; el «yo» lo encierra a uno en sí mismo; sus actividades, por nobles que sean, separan y aíslan. Sabemos todo esto. También sabemos cuán extraordinarios son los momentos en que el «yo» se halla ausente, en que no hay sentido alguno de esfuerzo; ello ocurre cuando hay amor.

CREAR UN MUNDO NUEVO

Si hemos de crear un mundo nuevo, una nueva civilización, un arte nuevo, no contaminado por la tradición, el miedo, las ambiciones, si hemos de originar juntos una nueva sociedad en la que no existan el «tú» y el «yo», sino lo nuestro, ¿no tiene que haber una mente que sea por completo anónima y que, por lo tanto, esté creativamente sola? Esto implica, ¿no es así?, que tiene que haber una rebelión contra el conformismo, contra la respetabilidad, porque el hombre respetable es el hombre mediocre, debido a que siempre desea algo; para su felicidad depende de la influencia, o de lo que piensa su prójimo, su gurú, de lo que dice el Bagavad Gita o los Upanishads o la Biblia o Cristo. Su mente jamás está sola. Ese hombre nunca camina solo, sino que siempre lo hace con un acompañante, el acompañante de sus ideas.

¿No es, acaso, importante descubrir, ver todo el significado de la interferencia, de la influencia, ver la afirmación del «yo», que es lo opuesto de lo anónimo? Viendo todo eso, surge inevitablemente la pregunta: ¿Es posible originar de inmediato ese estado de la mente libre de influencias, el cual no puede ser afectado por su propia experiencia ni por la experiencia de otros, ese estado de la mente incorruptible, sola? Únicamente entonces es posible dar origen a un mundo diferente, a una cultura y una sociedad diferentes donde puede existir la felicidad.

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EL CONOCIMIENTO NO ES PERCEPCIÓN ALERTA

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Les ruego que escuchen esto. Háganlo mientras estoy hablando. No piensen al respecto, sino háganlo realmente ahora. O sea, estén conscientes de los árboles, de la palmera, del cielo; oigan el graznido de los cuervos, vean la luz sobre la hoja, el color del sari, los rostros; después muévanse hacia lo interno.

Verán que pueden observar, pueden estar atentos sin opción alguna a las cosas exteriores. Eso es muy fácil. Pero moverse en lo interno y estar atentos sin condenar, justificar ni comparar, es más difícil. Sólo estén conscientes de lo que ocurre dentro de ustedes; de sus creencias, sus temores, sus dogmas, sus esperanzas, frustraciones, ambiciones y todo lo demás. Entonces lo consciente y lo inconsciente comienzan a revelarse. Ustedes no tienen que hacer nada al respecto.

Sólo estén alerta, es todo cuanto tienen que hacer; háganlo sin condenar, sin forzar, sin tratar de cambiar aquello a lo que están alerta. Entonces verán que es como la marea que llega. Uno no puede impedir que la marea llegue; construyan un muro, hagan lo que quieran, ella vendrá con una energía tremenda. De igual modo, si están alerta sin optar, comienza a desplegarse todo el campo de la conciencia. Y, a medida que se despliega, ustedes deben seguir lo que se va revelando; esto se vuelve extraordinariamente difícil: seguir cada pensamiento, cada sentimiento, cada deseo secreto. Se vuelve difícil en el momento en que resisten, en que dicen: “Esto es feo”, <<esto es bueno>>, «esto es malo»,<<conservaré esto>>, <<no conservaré aquello>>.

Así es como empiezan con lo externo y se mueven hacia lo interno. Entonces encontrarán, cuando se muevan internamente, que lo interno y lo externo no son dos cosas distintas, que la percepción alerta externa no es diferente de la percepción alerta interna, que ambas son la misma cosa. Entonces verán que están viviendo en el pasado, y así jamás hay un instante de vivir verdadero; sólo lo hay cuando ni el pasado ni el futuro existen, O sea, en el instante presente. Encontraran, pues, que siempre están viviendo en el pasado: lo que sintieron, lo inteligentes, lo buenos, lo malos que fueron… siempre en los recuerdos. Eso es memoria. Tienen que comprender, entonces, la memoria, no negarla, no reprimirla, no escapar de ella.

Comiencen, pues, a observarlo todo; de ese modo se volverán muy sensibles. Por lo tanto, escuchando, viendo no sólo el mundo externo, los gestos externos, sino también la mente interna que mira y, por eso, siente, cuando están alerta de ese modo, Sin optar, no hay esfuerzo alguno. Es muy importante comprender esto.

***

EL CONOCIMIENTO NO ES PERCEPCIÓN ALERTA

La percepción alerta es ese estado en el que la mente observa algo sin condenarlo ni aceptarlo, en el que meramente se enfrenta a la cosa tal como es. Cuando usted mira una flor, cuando la mira no botánicamente, ve la totalidad de la flor; pero si su mente está por completo ocupada con el conocimiento botánico acerca de lo que esa flor es, no está mirando totalmente la flor. Aunque pueda tener conocimientos sobre esa flor, si esos conocimientos ocupan todo el campo de su mente, no está mirando la flor de una manera total.

Así pues, mirar un hecho es estar alerta al hecho. En esa percepción alerta no hay opción, ni condena, ni agrado o desagrado. Pero muy pocos de nosotros podemos hacer esto, porque ya sea tradicionalmente, o desde el punto de vista ocupacional, o en cualquier forma, somos incapaces de enfrentarnos al hecho sin que intervenga nuestro trasfondo. Tenemos que estar alerta a ese trasfondo. Debemos darnos cuenta de nuestro condicionamiento, y ese condicionamiento se revela a sí mismo cuando observamos un hecho; como uno se interesa en la observación del hecho y no en el trasfondo, el trasfondo queda descartado. Cuando el interés principal es comprender el hecho solamente, y cuando uno ve que el trasfondo le impide comprender el hecho, entonces el interés vital en el hecho acaba con el trasfondo.

KRISHNAMURTI

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El acto de observar y la transformación de la mente

La obra de Krishnamurti está impregnada de lo que puede llamarse la esencia del enfoque científico… considerado en su nivel más puro…”
[Extracto de artículo escrito en 1982 por el Dr. Bohm (1917-1992), físico estadounidense, que hizo importantes contribuciones en los campos de la física teórica (Teoría de Plasmas, hoy conocida como Fenómeno de Difusión de Bohm), la filosofía y la neuropsicología].

Jiddu Krishnamurti (1895-1986) dedicó su vida a enseñar a investigar por sí mismo la naturaleza de la mente, el condicionamiento psicológico, y el significado de la libertad.

Creó la Fundación Krishnamurti, sin fines de lucro, y con el propósito de dar a conocer sus enseñanzas y protegerlas de posibles alteraciones posteriores a su muerte. En sus propias palabras, “las fundaciones están para garantizar la integridad de las enseñanzas y velar por que no sean distorsionadas… no desarrollarán ninguna actividad de carácter sectario, ni crearán ningún espacio o lugar de culto alrededor de la persona o las enseñanzas.”

Actualmente, hay más de 60 libros publicados en inglés y se están preparando aún más. Hay unas 300 cintas de video y 400 de audio originales, así como un indice extenso y detallado. Una parte importante de este material se está traduciendo a más de 30 idiomas, incluidos los europeos y también el japonés, chino, ruso, koreano, árabe, hebreo, etc

Las fundaciones no son organizaciones religiosas. Tan sólo ofrecen un servicio a aquellos que estén interesados en estudiar y comprender estas enseñanzas en su propia vida.

Fundación Krishnamurti Latinoamericana: http://www.fkla.org
J.Krishnamurti online (español): http://www.jkrishnamurti.org/es/
Krishnamurti Foundation of India: http://www.kfionline.org
Krishnamurti Foundation Trust, Brockwood Park, England: http://www.kfoundation.org
Krishnamurti Foundation of America, Ojai, California, USA: http://www.kfa.org

¿Qué es un espíritu libre?

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Carlo Suarès: Un espíritu así, por el hecho de que se ha vaciado de su contenido, que de hecho lo contenía a él, es extraordinariamente libre…

Krishnamurti: Es libre, está vivo y totalmente en silencio. Es el silencio lo que importa. Es un estado sin medida. Solamente entonces, y no como una experiencia, se puede ver aquello que no tiene nombre, que está más allá del pensamiento y que es energía sin causa. Si no hay ese silencio creador, se haga lo que se haga, no existirá en la tierra ni fraternidad ni paz, es decir, no habrá verdadera religión.

Carlo Suarès: Pasemos, pues, al sentimiento religioso. El hombre moderno, que vive conscientemente en el universo de Einstein y no en aquel de Euclides, ¿no puede entrar mejor en comunión con la realidad del universo gracias a una conciencia más experimentada y ampliada de un modo adecuado?

Krishnamurti: El que quiera ampliar su conciencia, puede elegir entre las psicodrogas que más le convengan. En cuanto a entrar mejor en comunión con el universo gracias a una acumulación de informaciones y de conocimientos científicos acerca del átomo o de las galaxias, es como decir que una inmensa erudición libresca sobre el amor, nos hará conocer el amor. Y, por otra parte, a este hombre ultramoderno, tan al corriente de los últimos descubrimientos científicos, ¿le habrá servido todo ello para iluminar su universo inconsciente? Mientras en él subsista una sola parcela inconsciente, proyectará una irrealidad de símbolos y de palabras por medio de la cual se forjará la ilusión de estar en comunión con algo superior.

Carlo Suarès: Sin embargo, ¿cree usted que es posible una religión futura basada en hechos científicos?

Krishnamurti: ¿Por qué hablar de una religión futura? Veamos, más bien, lo que es la verdadera religión. Una religión organizada sólo puede producir reformas sociales, cambios superficiales. Toda organización religiosa se sitúa necesariamente dentro de una estructura social. Yo hablo de una revolución religiosa que sólo puede producirse fuera de la estructura psicológica de una sociedad, cualquiera que ella sea. Un espíritu verdaderamente religioso está desprovisto de todo miedo, porque está libre de todas las estructuras que las civilizaciones han impuesto a lo largo de los milenios. Un espíritu semejante está vacío, en el sentido de que se ha vaciado de todas las influencias del pasado, sea colectivo o personal, así como de las presiones que ejerce la actividad del presente, la cual genera el futuro.

Carlo Suarès: Un espíritu así, por el hecho de que se ha vaciado de su contenido, que de hecho lo contenía a él, es extraordinariamente libre…

Krishnamurti: Es libre, está vivo y totalmente en silencio. Es el silencio lo que importa. Es un estado sin medida. Solamente entonces, y no como una experiencia, se puede ver aquello que no tiene nombre, que está más allá del pensamiento y que es energía sin causa. Si no hay ese silencio creador, se haga lo que se haga, no existirá en la tierra ni fraternidad ni paz, es decir, no habrá verdadera religión.

Carlo Suarès: Todas las religiones preconizan alguna forma de plegaria, algún método de contemplación a fin de entrar en comunión con una realidad superior, cuyo nombre, Dios, Atmán, Cosmos, etc., varía. ¿Qué actividades religiosas practica usted? ¿Reza usted?

Krishnamurti: La repetición de fórmulas sagradas calma la agitación de la mente y la adormece. La plegaria es un calmante que permite vivir en el interior de un recinto psicológico, sin experimentar la necesidad de destrozarlo, de destruirlo. El mecanismo de la plegaria, como todos los mecanismos, produce resultados mecánicos. No existe plegaria alguna que pueda traspasar la ignorancia de uno mismo. Toda plegaria dirigida a aquello que es ilimitado, presupone que un espíritu limitado sabe dónde y cómo alcanzar lo ilimitado. Eso quiere decir que él tiene ideas, conceptos, creencias sobre todo eso y que se halla atrapado en todo un sistema de explicaciones, en una prisión mental. Lejos de liberar, la plegaria aprisiona.

Ahora bien, la libertad es la esencia misma de la religión, en el verdadero sentido de esa palabra. Esta libertad esencial es negada por todas las organizaciones religiosas, a pesar de lo que digan. Lejos de ser un estado de plegaria, el conocimiento de sí mismo es la puerta de la meditación. No es ni una acumulación de conocimientos sobre psicología, ni un estado de sumisión llamada religiosa, en donde se espera la gracia. Es lo que derriba las disciplinas impuestas por la sociedad o la iglesia. Es un estado de atención total y no una concentración sobre algo en particular. Al estar el cerebro tranquilo y silencioso, observa el mundo exterior y ya no proyecta ninguna imaginación ni ninguna ilusión. Para observar el movimiento de la vida, el cerebro debe ser tan rápido como la misma vida, estar activo y sin dirección. Solamente entonces lo inconmensurable, lo atemporal, lo infinito, puede surgir. Eso es la verdadera religión.

Lo que queda por despertar

Carlo Suarès: ¿Cree usted que un pensamiento colectivo, que una inteligencia colectiva, habiendo acumulado y sintetizado los últimos logros de todas las ciencias, si es que ese pensamiento pudiera producirse, estaría en condiciones de guiar a la humanidad hacia una evolución sana?

Krishnamurti: La evolución que conocemos, de la carreta de bueyes al cohete espacial, se ha debido solamente a una determinada parte del cerebro. Aunque esa parte se desarrolle millones de veces más, esto no lograría el más mínimo progreso para el problema fundamental que se plantea la conciencia humana sobre sí misma. Se desarrollará. Ese proceso es irreversible y necesario. Pero existe otra parte del cerebro que todavía no está despierta y que desde ahora mismo podemos darle vida. Ese despertar no es cuestión de tiempo. Es una explosión revolucionaria que surge en el mismísimo origen de todas las cosas e impide la cristalización y solidificación – por los residuos del pasado – de una estructura psicológica. Esa lucidez aborda cada problema a medida que se presenta y, de esa manera, la importancia del problema se vuelve secundaria. Si no surge, y pervive, esa explosión de lucidez, que es energía sin causa, y que no es ni individual ni colectiva, el mundo no conocerá la libertad ni la paz.

 ARTÍCULO COMPLETO: Una Entrevista con Krishnamurti por Carlo Suarès – Planète 1964-

KRISHNAMURTI

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“El desafío del cambio” – Biografía de Krishnamurti, (Documental Completo Subtitulado en Español)

KRISHNAMURTI: Un detonante poderoso para una explosión en la conciencia humana

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Lo que sigue es una conversación sostenida en 1988 por Fabio Zerpa, con Armando Clavier sobre el tema: KRISHNAMURTI y su enseñanza, Clavier es autor de cuatro libros: “Aproximación a Krishnamurti”, “Presencia de Krishnamurti”, “Vigencia con Krishnamurti” y “Caminar con Krishnamurti”. Desde hace muchos años es el traductor exclusivo de toda obra de Krishnamurti para el mundo de habla hispana.

Ha penetrado a niveles excepcionales en la esencia viva de esta enseñanza espiritual, una de las más profundas y esclarecedoras que haya conocido la Humanidad y hoy Armando Clavier “ve” a Krishnamurti.

FZ: ¿Y cómo se llega a eso? Todos aportan métodos y sistemas y disciplinas. Krishnamurti  lo deja a uno solo…

AC: A solas con la Inmensidad Cósmica, a solas con la Inteligencia. Sin intermediarios, sin ayudadores comedidos, sin muletas para la invalidez psicológica, para la falta de una percepción libre y directa. Bendita soledad ésa si uno sabe comprenderla. Claro que Krishnamurti lo deja a uno solo, es la verdadera y singular grandeza de su enseñanza. La trampa, para esta consciencia egocéntrica, es que al encontrar que la enseñanza no requiere métodos, disciplinas ni sistemas, confunde eso con el “facilismo”. La ausencia de una sensibilidad adecuada, hace que no se perciba el inmenso, gigantesco trabajo que exige un verdadero conocimiento propio, el único cauce para la liberación, para el cambio de consciencia. Trabajo, no “esfuerzo”. Trabajo de atención, trabajo persistente, indeclinable de observación, trabajo para no caer ni en lo permisivo ni en lo coactivo; trabajo constante, intenso, pero sin la participación de la voluntad egocéntrica, sin el movimiento de los contenidos, sin el esfuerzo consciente de una meta, de un logro personal, de un “llegar a ser”.

FZ: ¡Esto es lo que hace tan difícil la enseñanza! Justamente porque no indica ningún tipo de disciplina para controlar o anular esos movimientos.

AC: Tampoco controlar; el control forma parte del proceso egocéntrico. Ni anular, no hay que anular nada. El río corre. “Uno” es ese río que corre. No puede sentarse en la orilla a observar el río, o pararlo, o desviarlo. No obstante, tiene que hacer una observación del río que corre, que es este mundo, que es uno mismo con su miedo, su dolor, sus alegrías, su vida y su muerte. En esa observación sin “el observador”, ocurren cosas. Es la única acción real, el único hacer que no aumenta el contenido en lugar de vaciarlo, que no fortalece esta consciencia egocéntrica y autoprotectora.

FZ: Para ir terminando este diálogo y también con vistas a nuestros lectores: ¿De qué modo la enseñanza de Krishnamurti , más que otras enseñanzas, ayuda a que esto ocurra? ¿Cuál diría Ud. que es la diferencia fundamental, lo que la hace tan única? Y no me refiero a los seguidores, a los fanáticos de Krishnamurti, que los hay. Se lo pregunto a Ud. Tanto en los tres libros suyos, como en la serie de artículos que hace años escribió para nuestra revista, ese carácter único y singular de la enseñanza se desprende del propio contexto sin necesidad de que Ud. lo afirme explícitamente. El lector perceptivo lo notará incluso cuando lea este diálogo-reportaje. ¿Podría Ud. definir de alguna manera, directa o indirecta, esa diferencia, esa singularidad de Krishnamurti?

AC: Usted lo dijo bien y creo que es la respuesta más adecuada. Es verdad, uno lo percibe así: es una enseñanza (vacilo un poco al llamarlo “enseñanza”) única en toda la historia humana conocida. Y si eso se desprende del contexto de mis libros, de lo que escribo o hablo con la gente, creo que es una buena respuesta. Y Ud. sabe que no hay en esto que expreso ni una pizca de fanatismo o de sometimiento a una autoridad. ¿Qué más podría agregar?

Desde que existe el “ser humano” como tal, la vida ha estado operando en este nivel de lo que hemos dado en llamar “enseñanzas”, “instructores del mundo”, “profetas”, “maestros”, “sabios”… Ha estado operando en el tiempo de la tierra, pero la fuente de esa acción, de esa inteligencia, de ese amor, no está en el tiempo de la tierra. La tierra podrá desaparecer, y todos los planetas, y el universo entero que vemos y estudiamos, pero la fuente es….bueno, lo que no pertenece al tiempo, no pertenece a las palabras. ¿Inmutable? ¿Eterna? Palabras. Y entonces hay miles de años, y aparecen ciertos seres humanos que hablan de ciertas cosas. Y su hablar no es un mero hablar, es el reflejo comunicativo de hechos vividos, de percepciones intrasmisibles que operan en el campo psíquico o espiritual. Todos esos seres, los conocidos, y los no conocidos, forman un solo hecho más allá de las limitaciones temporales del nacimiento y la muerte física. Y entonces Krishnamurti es la decantación más intensa, la explosión más luminosa y reveladora del mismo hecho único que ha recorrido nuestra historia humana. No es “mejor” que otros, es los otros en su expresión más desnuda y esclarecedora. Pero esto que se dice no tiene valor alguno si no se lo percibe como verdadero con la totalidad del propio ser. Que es, precisamente, lo que propone la enseñanza.

FZ: Lo que acaba de decir es muy intenso, y personalmente me resulta muy esclarecedor. Sin embargo me gustaría, de ser posible, una respuesta directa a esta pregunta: ¿Qué es en realidad Krishnamurti, cuál es la verdadera índole de su enseñanza? ¿Puede ser?

AC: Vea, creo que ese interrogante sólo puede contestarse “negativamente”. En el terreno desbrozado y limpiado por los “no”, puede ser que florezca un “si” no verbal – la única respuesta verdadera a esto.

FZ: ¿Se puede explicar mejor?

AC: Puede intentarse. Esto es válido para todo cuanto concierne a nuestra relación con el hecho “vida” en su aspecto, digamos, esencial, profundo, “humano” en el verdadero sentido trascendente de esta palabra. Tomar una cosa y no definirla “positivamente”, no decir “esto es así” sin haber decantado antes lúcidamente, inteligentemente, todo lo que eso no es. En nuestro caso, Krishnamurti y la enseñanza. Krishnamurti no es un moralista, no es un predicador, no es un reformador social, no es un filósofo, no es un político, no es un psicólogo…. Su enseñanza no es una serie de normas,, explícitas o sutiles, destinadas a procurarnos una supervivencia más satisfactoria en el mundo, Krishnamurti no ha estado recorriendo la tierra durante más de 60 años, hasta su muerte a los 91, para que Ud. y yo y los demás encontremos una manera mejor de vivir superficialmente nuestra mezquina vida en circuito cerrado (yo para mí, mi familia para sí, mi país, mi nación, mi grupo político, social, religioso o el que fuere primero, y después los otros, etc., etc.) Krishnamurti  y la enseñanza no han estado, no están al servicio de esta mente que nos gobierna, de este ser humano que ahora somos; violento, adquisitivo, ambicioso, codicioso, insensible, cruel, para que este mismo ser humano modifique ciertas pautas de comportamiento a fin de que no la pasemos tan mal como la estamos pasando. La enseñanza no es una especie de elixir psicológico para aliviar, mitigar o consolar nuestra actual condición.

FZ: ¿Y qué es?

AC: Un detonante poderoso para una explosión en la consciencia humana. Si llega donde tiene que llegar, si encuentra lo que tiene que encontrar y el contacto se produce. La explosión es inevitable. Todas las otras cosas que buscamos, podemos encontrarlas en la política, en las religiones organizadas, en las doctrinas esotéricas, en las meditaciones y métodos de los gurús de Oriente y occidente, en las múltiples actividades que nos absorben y gratifican desde el punto de vista material o psicológico. Sólo cuando hemos descartado todas esas cosas, pero de verdad, podemos preguntarnos seriamente qué es Krishnamurti, qué significa su enseñanza.

FZ: Si uno ha descartado todo eso. ¿Se lo pregunta?

AC: No.

ARTÍCULO COMPLETO: UN HOMBRE LLAMADO… KRISHNAMURTI

Jiddu Krishnamurti y Armando Clavier

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