¿Qué son vuestras emociones, estados de ánimo, sentimientos? ¿Qué es la totalidad de vuestra mente?

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¿Qué son vuestros pensamientos salvo ondas en un lago?

¿Qué son vuestras emociones, estados de ánimo, sentimientos?

¿Qué es la totalidad de vuestra mente? Simplemente un torbellino. Y debido a ese torbellino no podéis ver vuestra propia naturaleza.

No dejáis de pasaros por alto. Conocéis a todo el mundo y, jamás os conocéis a vosotros.

Estáis enfadados, pero no podéis permanecer así siempre. Incluso el hombre más encolerizado ríe a veces, ha de hacerlo. Estar airado no puede convertirse en un estado permanente. Hasta el hombre más triste sonríe; e incluso el hombre que ríe continuamente a veces llora y sus ojos se llenan de lágrimas.

Las emociones no pueden ser permanentes. Se mueven, y continuamente cambiáis de un estado a otro. En este momento os halláis tristes, en aquel momento estáis felices; en este momento estáis enfadados. Aquel momento sois muy compasivos; este momento sois cariñosos, en otro momento estáis llenos de odio; la mañana fue hermosa, la noche es fea.

Esto continúa.

El punto de vista corriente es que, el corazón es la fuente de emociones como el amor, el odio o la ira. Así como la mente es la fuente de los pensamientos conceptuales, el corazón es la fuente de todo lo que es emocional y sentimental. Ese es el punto de vista corriente.

Hemos vivido con la división tradicional de que la imaginación, las sensaciones, las emociones y los sentimientos, pertenecen al corazón. Pero vuestro corazón es un sistema de bombeo. Todo lo que pensáis, imagináis o sentís está confinado en la mente. La mente tiene setecientos centros y estos son los que lo controlan todo.

Pero cuando Buda dice «el corazón», se refiere al centro mismo de vuestro ser.

Considera que vuestro amor, vuestro odio, todo, surge de la mente. Y pienso que él es absolutamente científico; todos los psicólogos estarían de acuerdo con él. Podéis experimentar con vosotros. Podéis ver de dónde surge vuestra ira… de la mente. De dónde surgen vuestras emociones… de la mente. La mente es un fenómeno grande, abarca el pensamiento conceptual, abarca los patrones emotivos y los sentimientos.

Hay que comprender esto: las emociones están en la cabeza, pero la consciencia no. De hecho, ¡vuestra cabeza esta en la consciencia! La consciencia es vasta, infinita. Las emociones, los deseos, las ambiciones, están en vuestra cabeza; se marchitarán. Pero incluso cuando vuestra cabeza se haya desvanecido completamente y desaparecido en la tierra, la consciencia no desaparecerá. La consciencia no está contenida en vosotros, sino os contiene, es más grande que vosotros.

Es absolutamente cierto: vuestras emociones, sentimientos, pensamientos… toda la parafernalia de la mente, procede del exterior, está manipulada por el exterior. Eso ha quedado más claro científicamente. Pero incluso sin la investigación científica, durante miles de años los místicos han afirmado exactamente lo mismo… Que todas estas cosas con la que está llena la mente no son vosotros. Vosotros estáis más allá de ellas. Se os identifica con ellas, y ese es el único pecado.

La mente es una división que piensa. Y el corazón es otra división de la misma mente que siente.

Sentir y pensar, pensamientos y emociones… pero ser testigo está separado de los dos. Si estáis pensando, el observador observa… un pensamiento pasa, u os sentís enfadados… el testigo sigue observando. Una emoción pasa, del mismo modo que pasan las nubes, que veis. No sois ni lo bueno ni lo malo. No sois ni lo agradable ni lo desagradable. No sois ni el pensamiento ni las emociones. No sois ni la mente ni el corazón.

El amor siempre pone nervioso. Existen motivos para ello. Procede del inconsciente y todas las capacidades de las personas se hallan en el consciente: todas las destrezas y todo el conocimiento se encuentra en el consciente. El amor procede del inconsciente y no sabéis cómo enfrentaros a él ni qué hacer con él, lo cual resulta excesivo. El inconsciente es nueve veces más grande que el consciente, de modo que cualquier cosa que salga de él es abrumadora. Por eso es por lo que la gente le tiene miedo a las emociones, a los sentimientos. Los contienen por miedo a que vayan a crear caos; y lo crean, ¡pero el caos es hermoso!

Existe necesidad de orden y también de caos. Cuando el orden es necesario, usadlo, emplead la mente consciente; cuando se necesite el caos, utilizad el inconsciente y dejad que el caos se manifieste.

Una persona completa, total, es aquella capaz de emplear ambos, que no permite que el consciente ejerza interferencia alguna sobre el inconsciente, ni al revés.

Creemos en la vida en su totalidad, en sus días, en sus noches, en los días soleados y en los nublados. Creemos que todo en la vida se puede disfrutar. Solo necesitáis un poco más de percepción, más consciencia de lo que sucede. No sois vuestra mente, no sois vuestro cuerpo. En alguna parte dentro de -vosotros hay un testigo que puede continuar mirando a la mente, a las emociones, a las reacciones fisiológicas. Ese testigo sois vosotros. Y ese testigo es capaz de disfrutar de todo, una vez que os centráis allí.

Vuestra mente siente desdicha, sufrimiento; siente todo tipo de emociones, vínculos, deseos y anhelos, pero todo es proyección de la mente. Detrás de la mente está vuestro verdadero yo que nunca ha ido a ninguna parte. Siempre está aquí y aquí. Si estáis enfadados, estadlo y no juzguéis si es bueno o malo. Y esta es la diferencia entre las emociones negativas y positivas: Si cobráis consciencia de una emoción específica, y por ello la emoción se desvanece, es negativa. Si al cobrar dicha consciencia entonces os convertís en la emoción, si esta se extiende y, se convierte en vuestro ser, es positiva.

La consciencia trabaja de forma diferente en ambos casos. Si se trata de una emoción venenosa, quedáis aliviados de ella a través de la percepción. Si es buena, feliz, estática, os volvéis uno con ella. La percepción la profundiza.

Por ello para mí este es el criterio:

Si algo se profundiza mediante vuestra percepción, es algo bueno. Si la percepción lo disuelve, es algo malo. Aquello incapaz de permanecer en la consciencia es pecado, y, lo que crece en la consciencia es virtud. La virtud y el pecado no son conceptos sociales, son realizaciones interiores; os digo que incluso las emociones negativas son buenas, si son reales; y si son reales, poco a poco su misma realidad las transforma. Se vuelven más y más positivas, y llega un momento en que todo lo positivo y lo negativo desaparece.

Simplemente permanecéis auténticos: no sabéis lo que es bueno ni lo que es malo, no sabéis lo que es positivo y lo que es negativo. Simplemente sois, auténticos. Esta autenticidad os brindará un vislumbre de lo que es real.

Solo lo real puede conocer a lo real, solo lo verdadero puede conocer la verdad, lo auténtico puede conocer lo auténtico que os rodea.

OSHO

1º -LIBRES DEL MIEDO, LOS CELOS Y LA IRA-

El mero educar la mente consciente sin comprender la inconsciente genera contradicción interna en las vidas humanas, con todas sus frustraciones y desdichas

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Al intentar producir un desarrollo total del ser humano, es obvio que debemos tomar muy en consideración la mente inconsciente al igual que la consciente. El mero educar la mente consciente sin comprender la inconsciente genera contradicción interna en las vidas humanas, con todas sus frustraciones y desdichas. La mente oculta es mucho más vital que la superficial. La mayoría de los educadores se interesa solamente en transmitir información o conocimientos a la mente superficial, preparándola para conseguir un empleo y ajustarse a la sociedad. De ese modo jamás tocamos la mente oculta. Todo lo que hace la así llamada educación es superponer una capa de conocimiento y técnica y proveer cierta capacidad para que nos amoldemos al medio.

La mente oculta es mucho más poderosa que la mente superficial, por bien educados que estemos y por más capaces que seamos de ajustamos al medio; y no se trata de algo misterioso. La mente oculta o inconsciente es la depositaria de la memoria racial. La religión, la superstición, el símbolo, las tradiciones peculiares de una raza determinada, la influencia de la literatura tanto sagrada como profana, de las aspiraciones, de las frustraciones, de los hábitos y de las diversidades de alimentación, todo eso está arraigado en el inconsciente.

Los deseos manifiestos y los deseos secretos con sus motivaciones, esperanzas y temores, sus sufrimientos y placeres, y las creencias alimentadas por el impulso de seguridad que se traduce de múltiples maneras, estas cosas también están contenidas en la mente oculta, la cual no sólo posee esta capacidad extraordinaria de contener el pasado residual, sino que también es capaz de influir sobre el futuro. Las insinuaciones de todo esto se transmiten a la mente superficial por medio de los sueños y de varias otras maneras, cuando esa mente no está ocupada en su totalidad con los sucesos cotidianos.

La mente oculta no tiene nada de sagrado y no hay en ella nada que deba temerse, ni tampoco requiere un especialista para que la exponga a la mente superficial. Pero a causa del enorme poder de la mente oculta, la superficial no puede habérselas con ella como quisiera. La mente superficial es, en gran medida, impotente en relación con su propia parte oculta. Por mucho que trate de dominar, moldear, controlar lo oculto, apenas si puede, a causa de sus exigencias y actividades sociales, arañar la superficie de lo oculto; y entonces hay entre ambas mentes una hendidura, una contradicción. Tratamos de tender un puente sobre este abismo mediante la disciplina, mediante prácticas diversas, sanciones y demás, pero no es posible lograrlo de ese modo.

La mente consciente está ocupada con lo inmediato, el limitado presente, mientras que la inconsciente está bajo el peso de los siglos y no puede ser reprimida o desviada de su curso por una necesidad inmediata. Lo inconsciente tiene la cualidad del tiempo profundo, y la mente consciente, con su cultura recién adquirida, no puede habérselas con ello conforme a sus urgencias pasajeras. Para erradicar la contradicción interna, la mente superficial tiene que comprender este hecho y permanecer tranquila -lo cual no implica dar oportunidad a los innumerables impulsos de lo oculto-. Cuando no hay resistencias entre lo manifiesto y lo oculto, entonces lo oculto, a causa de que tiene la paciencia del tiempo, no invadirá lo inmediato.

La mente oculta, inexplorada y no comprendida, con su parte superficial que ha sido “educada”, entra en contacto con los retos y las exigencias del presente inmediato. Puede que lo superficial responda al reto adecuadamente, pero a causa de que hay contradicción entre lo superficial y lo oculto, cualquier experiencia de lo superficial sólo incremento el conflicto con lo oculto. Esto produce más experiencias aún, ampliando así el abismo entre el presente y el pasado. La mente superficial, al experimentar lo externo sin comprender lo interno, lo oculto, sólo ocasiona un conflicto más vasto y profundo.

La experiencia no libera ni enriquece a la mente, como por lo general pensamos que hace. En tanto la experiencia fortalezca al experimentador, tiene que haber un conflicto. Al tener experiencias, una mente condicionada sólo refuerza su condicionamiento y así perpetúa la contradicción y la desdicha. Sólo para la mente que es capaz de comprender en totalidad sus propios comportamientos, la experiencia puede ser un factor de liberación.

Una vez que se perciben y comprenden los poderes y las capacidades de las múltiples capas de lo oculto, entonces los detalles pueden ser sabia e inteligentemente investigados. Lo importante es la comprensión de lo oculto y no la mera educación de la mente superficial a fin de que adquiera conocimientos, por indispensables que sean. Esta comprensión de lo oculto libera del conflicto a la mente total, y sólo entonces hay inteligencia.

Tenemos que despertar la plena capacidad de la mente superficial que vive en la actividad cotidiana y también tenemos que comprender lo oculto. En la comprensión de lo oculto existe un vivir total en el que llega a su fin la contradicción interna con su dolor y su felicidad alternantes. Es esencial estar familiarizado con la mente oculta y percatarse de sus operaciones; pero es igualmente importante no estar ocupado con ella ni darle una significación indebida. Es sólo cuando la mente comprende lo superficial y lo oculto que puede ir más allá de sus propias limitaciones y descubrir esa bendición que no pertenece al tiempo.

Krishnamurti

LAS EMOCIONES Y EL EGO

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Casi todos los cuerpos humanos viven sometidos a una gran cantidad de esfuerzo y tensión, no porque se vean amenazados por algún factor interno, sino a causa de la mente. El cuerpo lleva pegado un ego y no puede hacer otra cosa que reaccionar a todos los patrones disfuncionales de pensamiento que conforman el ego.

El ego no es solamente la mente no observada, la voz mental que finge ser nosotros, sino también las emociones no observadas que representan la reacción del cuerpo a lo que dice la voz de la mente.

Ya hemos visto la clase de pensamientos a los cuales se dedica la voz egotista la mayoría de las veces y cuál es la disfunción inherente a la estructura de esos procesos de pensamiento, independientemente de su contenido. Es a este pensamiento disfuncional al cual reacciona el cuerpo mediante emociones negativas.

La voz de la mente relata una historia a la cual reacciona el cuerpo porque cree en ella. Esas reacciones son las emociones, las cuales alimentan nuevamente el pensamiento que las creó en primer lugar. Este es el círculo vicioso entre los pensamientos no examinados y las emociones, el cual da lugar al pensamiento emocional y a la fabricación de historias emocionales.

El componente emocional del ego es diferente en cada persona. En algunos egos es más grande que en otros. Los pensamientos que desencadenan reacciones emocionales del cuerpo pueden surgir a veces con tanta rapidez que, antes de que la mente tenga tiempo de expresarlos, el cuerpo ya ha reaccionado con una emoción. Esos pensamientos existen en una etapa preverbal y podrían considerarse como supuestos tácitos e inconscientes. Se originan en el condicionamiento pasado de la persona, generalmente en la primera infancia. “No se puede confiar en nadie” es un ejemplo de un supuesto inconsciente en una persona cuyas relaciones primordiales con sus padres o sus hermanos no le inspiraron confianza por no haber encontrado apoyo en ellas. Los siguientes son otros supuestos inconscientes comunes: “nadie me respeta ni me aprecia. Debo luchar para sobrevivir. Nunca hay suficiente dinero. La vida es una permanente desilusión. No merezco la abundancia. No merezco amor”. Los supuestos inconscientes crean emociones físicas, las cuales a su vez generan actividad mental o reacciones instantáneas. Es así como creamos nuestra realidad personal.

La voz del ego perturba constantemente el estado natural de bienestar del cuerpo. Casi todos los cuerpos humanos viven sometidos a una gran cantidad de esfuerzo y tensión, no porque se vean amenazados por algún factor interno, sino a causa de la mente. El cuerpo lleva pegado un ego y no puede hacer otra cosa que reaccionar a todos los patrones disfuncionales de pensamiento que conforman el ego. Así, un torrente de emociones negativas acompaña al torrente de pensamientos compulsivos incesantes.

¿Qué es una emoción negativa? Es una emoción tóxica para el cuerpo que interfiere con su equilibrio y su funcionamiento armonioso. Las emociones como el miedo, la ansiedad, la ira, el rencor, la tristeza, el odio, los celos y la envidia perturban el flujo de energía del cuerpo y afectan el corazón, el sistema inmune, la digestión, la producción de hormonas, etcétera. Hasta la medicina convencional, la cual sabe muy poco sobre la manera de operar del ego, comienza a reconocer la conexión entre los estados emocionales negativos y las enfermedades físicas. La emoción dañina para el cuerpo también se contagia a las personas que entran en contacto con nosotros e, indirectamente, a un sinnúmero de personas a quienes ni siquiera conocemos, a través de una reacción en cadena. El término genérico para describir todas las emociones negativas es la infelicidad.

¿Entonces las emociones positivas tienen el efecto contrario sobre el cuerpo físico? ¿Fortalecen el sistema inmune, revitalizan y sanan el cuerpo?

Por supuesto que sí, pero debemos diferenciar las emociones positivas generadas por el ego de las emociones positivas emanadas del estado profundo de conexión con el Ser.

Las emociones positivas generadas por el ego traen consigo un opuesto en el cual se pueden convertir. He aquí algunos ejemplos: lo que el ego llama amor es deseo de poseer y un apego que puede convertirse en odio en un segundo. La expectativa ante un evento, es decir, el exceso de importancia que el ego le da al futuro, se convierte fácilmente en desilusión y frustración cuando el evento no satisface las expectativas del ego. Los elogios y el reconocimiento nos hacen sentir alegres y optimistas un día, pero la crítica y la indiferencia nos dejan tristes e infelices al otro. El placer de una fiesta se convierte en fatiga y resaca al día siguiente. No hay bien sin mal, alegría sin tristeza.

Eckhart TolleLas emociones generadas por el ego son producto de la identificación de la mente con los factores externos, los cuales son inestables y están sujetos a cambiar en cualquier momento, como es natural. Las emociones profundas no son realmente emociones sino estados del Ser. Las emociones existen en el ámbito de los opuestos. Los estados del Ser, aunque pueden permanecer a la sombra, no tienen opuesto; como aspectos de nuestra verdadera naturaleza, emanan desde nuestro interior en forma de amor, felicidad y paz.

ECKHART TOLLE

La mayoría de las personas viven ajenas a su esencia, algunas hasta tal punto que casi todo el mundo reconoce la “falsedad” de sus comportamientos y sus interacciones

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Salvo quienes son igualmente falsos y los que están alienados de lo que realmente son. Estar alienado significa no estar a gusto en ninguna situación o con ninguna persona, ni siquiera con uno mismo. Buscamos constantemente llegar a “casa” pero nunca nos sentimos en casa.

EL CUERPO DEL DOLOR

En su mayor parte, nuestro proceso de pensamiento es involuntario, automático y repetitivo. No es más que una especie de estática mental que no cumple ningún propósito real. Estrictamente hablando, no pensamos: el pensamiento es algo que nos sucede. Cuando decimos “yo pienso” está implícita la voluntad. Implica que tenemos voz en el asunto, que podemos escoger. Sin embargo, en la mayoría de los casos no sucede así. La afirmación “yo pienso” es tan falsa como la de “yo digiero” o “yo circulo mi sangre”. La digestión sucede, la circulación sucede, el pensamiento sucede.

La voz de la mente tiene vida propia. La mayoría de las personas están a merced de esa voz, lo cual quiere decir que están poseídas por el pensamiento, por la mente. Y puesto que la mente está condicionada por el pasado, empuja a la persona a revivir el pasado una y otra vez. En Oriente utilizan la palabra karma para describir ese fenómeno. Claro está que no podemos saber eso cuando estamos identificados con esa voz. Si lo supiéramos, dejaríamos de estar poseídos porque la posesión ocurre cuando confundimos a la entidad poseedora con nosotros mismos, es decir, cuando nos convertimos en ella.

Durante miles de años, la humanidad se ha dejado poseer cada vez más de la mente, sin poder reconocer que esa entidad poseedora no es nuestro Ser. Fue a través de la identificación completa con la mente que surgió un falso sentido del ser: el ego. La densidad del ego depende de nuestro grado (el de nuestra conciencia) de identificación con la mente y el pensamiento. El pensamiento es apenas un aspecto minúsculo de la totalidad de la conciencia, la totalidad de lo que somos.

El grado de identificación con la mente varía de persona a persona. Algunas personas disfrutan de períodos de libertad, por cortos que sean, y la paz, la alegría y el gusto por la vida que experimentan en esos momentos hacen que valga la pena vivir. Son también los momentos en los cuales afloran la creatividad, el amor y la compasión. Otras personas permanecen atrapadas en el estado egotista. Viven separadas de sí mismas, de los demás, y del mundo que las rodea. Reflejan la tensión en su rostro, en su ceño fruncido, o en la expresión ausente o fija de su mirada. El pensamiento absorbe la mayor parte de su atención, de tal manera que no ven ni oyen realmente a los demás. No están presentes en ninguna situación porque su atención está en el pasado o en el futuro, los cuales obviamente existen sólo en la mente como formas de pensamiento. O se relacionan con los demás a través de algún tipo de personaje al cual representan, de manera que no son ellas mismas. La mayoría de las personas viven ajenas a su esencia, algunas hasta tal punto que casi todo el mundo reconoce la “falsedad” de sus comportamientos y sus interacciones, salvo quienes son igualmente falsos y los que están alienados de lo que realmente son.

Eckhart TolleEstar alienado significa no estar a gusto en ninguna situación o con ninguna persona, ni siquiera con uno mismo. Buscamos constantemente llegar a “casa” pero nunca nos sentimos en casa.

Algunos de los más grandes escritores del siglo veinte como Franz Kafka, Albert Camus, T.S. Eliot, y James Joyce, reconocieron en la enajenación el dilema universal de la existencia humana, el cual probablemente sintieron profundamente, de tal manera que pudieron expresarlo magistralmente a través de sus obras. No ofrecen una solución, pero nos muestran un reflejo del predicamento del ser humano para que podamos verlo más claramente. Reconocer ese predicamento es el primer paso para trascender.

ECKHART TOLLE

¿Qué es el «yo» -la vanidad, la arrogancia, el deseo de lograr, de alcanzar el éxito- al que nos aferramos tan desesperadamente? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Cómo se ha originado?

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La búsqueda de poder, de posición, la autoridad, la ambición y demás, son formas del «yo» en todas sus diferentes expresiones. Pero lo que importa es comprender el «yo», y estoy seguro de que todos estamos convencidos de eso.

Todas las cosas que el pensamiento ha producido constituyen  una realidad. Pero el pensamiento no ha producido la montaña  o  el árbol, que también son una realidad. Todos los dioses, todos  los rituales todo  el perjuicio que el pensamiento causa en el mundo, son una realidad: la guerra es una realidad, matar a la gente es una realidad, la violencia, la brutalidad, la dureza, la des­trucción, son una realidad producida por el pensamiento. Las montañas, los árboles, los ríos, la belleza del cielo, son una reali­dad, pero ésta no ha sido producida por el pensamiento. La creen­cia es una realidad producida por el pensamiento, pero es neurótica. La neurosis es una realidad. La verdad no lo es. El pensamiento jamás puede alcanzar la verdad.  Entonces, ¿cuál es la relación entre la verdad y la realidad?

Hemos examinado la naturaleza del pensamiento. Dijimos que el pensamiento es un proceso material, porque se halla almacenado en el cerebro, forma parte de la célula, que es materia. Así pues, es un proceso material en el tiempo, un proceso en movimiento. Y todo lo que ese movimiento crea es una realidad; lo neurótico, así como lo fragmentario, son realidades. ¿Qué es la verdad, entonces? El pensamiento, que es fragmentario, que encuentra preso en el tiempo, que es dañino, violento, ¿puede encontrar la verdad, siendo la verdad lo total, lo sagrado? Y si no puede encontrarla, ¿qué relación tiene, entonces, el pensamiento,  la realidad, con aquello que es absoluto?

Vean, todo esto exige meditación. Ésta es la verdadera meditación, no así las cosas importadas a este país por los gurúes. ¿Puede esta conciencia, que es su contenido, expandirse alguna vez para incluir la conciencia de la verdad? ¿O esta conciencia de la psique, el «yo» con todo su contenido, tiene que terminar antes de que pueda percibirse aquello que es la verdad? Uno tiene que descubrir cuál es la naturaleza de la psique, que ha sido producida por el pensamiento. ¿Qué es el «yo» -la vanidad, la arrogancia, el deseo de lograr, de alcanzar el éxito-  al que nos aferramos tan desesperadamente? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Cómo se ha originado? Porque si eso existe, lo otro no puede existir. Si soy egoísta, en tanto exista ese centro psíquico la verdad no puede manifestarse, porque la verdad es lo total.

Por lo tanto, ¿cómo puede la mente -siendo la mente los sentidos, las emociones, los recuerdos, los prejuicios, los principios,  los ideales, las experiencias , la totalidad de eso, es decir, la psique, el «yo»-, cómo puede llegar a su fin y, no obstante, actuar en este mundo? ¿Es eso posible?

Para descubrirlo, debemos investigar muy a fondo la cuestión del miedo, el muy complejo problema del placer, y la cuestión del dolor, así como la posibilidad de que éste llegue alguna vez a su fin. El hombre ha vivido con el dolor durante milenios y milenios. No ha sido capaz de terminar con él. Y debemos investi­gar también la cuestión de lo que son la muerte y el amor. Esto es un asunto muy, muy serio, no es algo para jugar con ello. Uno debe dedicar toda su vida a la comprensión de esto. Vivir en este mundo de manera completa, cuerda, sin la psique, sin el «yo», no escapar, no largarse a algún monasterio o a una comuna, sino vivir aquí, en este mundo loco, insano y sanguinario donde hay tanta corrupción, donde la política está divorciada de la ética, constituye un reto tremendo. Requiere una mente que pueda pensar de manera minuciosa, correcta y objetiva, con todos los sentidos plenamente despiertos, una mente no narcotizada por el alcohol, las drogas estimulantes y demás. Ustedes deben te­ner una mente muy sana, y cuando está dopada por el cigarrillo, la bebida, no tienen una mente sana; todo eso embota la mente, la destruye.

¿QUÉ ES EL «YO»?

La búsqueda de poder, de posición, la autoridad, la ambición y demás, son formas del «yo» en todas sus diferentes expresiones. Pero lo que importa es comprender el «yo», y estoy seguro de que todos estamos convencidos de eso. Si me permiten agregar algo aquí, seamos serios con respecto a esta cuestión; si ustedes y quien les habla, como individuos, no como un grupo de personas que pertenecen a clases sociales, a ciertas sociedades, a determinadas divisiones climáticas, podemos comprender esto y actuar sobre ello, yo siento que habrá una verdadera revolución. Tan pronto eso se vuelve universal y se organiza mejor, el «yo» se refugia ahí; mientras que si ustedes y yo, como individuos, podemos amar, podemos llevar a cabo esto de manera efectiva en nuestra vida cotidiana, entonces surgirá a la existencia esa revolución que es tan fundamental […].

¿Saben ustedes qué entiendo por el «yo»? Entiendo por el «yo» la idea, el recuerdo, la conclusión, la experiencia, las diversas formas de las intenciones, tanto las que se pueden nombrar como las innombrables, el esfuerzo consciente de ser o de no ser esto o aquello, la memoria acumulada del inconsciente: lo racial, el grupo, el individuo, el clan, y la totalidad de ello, ya sea proyectado exteriormente en la acción o proyectado espiritualmente como virtud; el esforzarse tras todo esto es el «yo». Ello incluye la competencia, el deseo de ser. Ese proceso íntegro es el «yo»; y cuando nos enfrentamos con él, sabemos realmente que es algo maligno. Uso la palabra maligno intencionalmente, porque el «yo» es divisivo; el «yo» lo encierra a uno en sí mismo; sus actividades, por nobles que sean, separan y aíslan. Sabemos todo esto. También sabemos cuán extraordinarios son los momentos en que el «yo» se halla ausente, en que no hay sentido alguno de esfuerzo; ello ocurre cuando hay amor.

CREAR UN MUNDO NUEVO

Si hemos de crear un mundo nuevo, una nueva civilización, un arte nuevo, no contaminado por la tradición, el miedo, las ambiciones, si hemos de originar juntos una nueva sociedad en la que no existan el «tú» y el «yo», sino lo nuestro, ¿no tiene que haber una mente que sea por completo anónima y que, por lo tanto, esté creativamente sola? Esto implica, ¿no es así?, que tiene que haber una rebelión contra el conformismo, contra la respetabilidad, porque el hombre respetable es el hombre mediocre, debido a que siempre desea algo; para su felicidad depende de la influencia, o de lo que piensa su prójimo, su gurú, de lo que dice el Bagavad Gita o los Upanishads o la Biblia o Cristo. Su mente jamás está sola. Ese hombre nunca camina solo, sino que siempre lo hace con un acompañante, el acompañante de sus ideas.

¿No es, acaso, importante descubrir, ver todo el significado de la interferencia, de la influencia, ver la afirmación del «yo», que es lo opuesto de lo anónimo? Viendo todo eso, surge inevitablemente la pregunta: ¿Es posible originar de inmediato ese estado de la mente libre de influencias, el cual no puede ser afectado por su propia experiencia ni por la experiencia de otros, ese estado de la mente incorruptible, sola? Únicamente entonces es posible dar origen a un mundo diferente, a una cultura y una sociedad diferentes donde puede existir la felicidad.

KRISHNAMURTI

EL CONOCIMIENTO NO ES PERCEPCIÓN ALERTA

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Les ruego que escuchen esto. Háganlo mientras estoy hablando. No piensen al respecto, sino háganlo realmente ahora. O sea, estén conscientes de los árboles, de la palmera, del cielo; oigan el graznido de los cuervos, vean la luz sobre la hoja, el color del sari, los rostros; después muévanse hacia lo interno.

Verán que pueden observar, pueden estar atentos sin opción alguna a las cosas exteriores. Eso es muy fácil. Pero moverse en lo interno y estar atentos sin condenar, justificar ni comparar, es más difícil. Sólo estén conscientes de lo que ocurre dentro de ustedes; de sus creencias, sus temores, sus dogmas, sus esperanzas, frustraciones, ambiciones y todo lo demás. Entonces lo consciente y lo inconsciente comienzan a revelarse. Ustedes no tienen que hacer nada al respecto.

Sólo estén alerta, es todo cuanto tienen que hacer; háganlo sin condenar, sin forzar, sin tratar de cambiar aquello a lo que están alerta. Entonces verán que es como la marea que llega. Uno no puede impedir que la marea llegue; construyan un muro, hagan lo que quieran, ella vendrá con una energía tremenda. De igual modo, si están alerta sin optar, comienza a desplegarse todo el campo de la conciencia. Y, a medida que se despliega, ustedes deben seguir lo que se va revelando; esto se vuelve extraordinariamente difícil: seguir cada pensamiento, cada sentimiento, cada deseo secreto. Se vuelve difícil en el momento en que resisten, en que dicen: “Esto es feo”, <<esto es bueno>>, «esto es malo»,<<conservaré esto>>, <<no conservaré aquello>>.

Así es como empiezan con lo externo y se mueven hacia lo interno. Entonces encontrarán, cuando se muevan internamente, que lo interno y lo externo no son dos cosas distintas, que la percepción alerta externa no es diferente de la percepción alerta interna, que ambas son la misma cosa. Entonces verán que están viviendo en el pasado, y así jamás hay un instante de vivir verdadero; sólo lo hay cuando ni el pasado ni el futuro existen, O sea, en el instante presente. Encontraran, pues, que siempre están viviendo en el pasado: lo que sintieron, lo inteligentes, lo buenos, lo malos que fueron… siempre en los recuerdos. Eso es memoria. Tienen que comprender, entonces, la memoria, no negarla, no reprimirla, no escapar de ella.

Comiencen, pues, a observarlo todo; de ese modo se volverán muy sensibles. Por lo tanto, escuchando, viendo no sólo el mundo externo, los gestos externos, sino también la mente interna que mira y, por eso, siente, cuando están alerta de ese modo, Sin optar, no hay esfuerzo alguno. Es muy importante comprender esto.

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EL CONOCIMIENTO NO ES PERCEPCIÓN ALERTA

La percepción alerta es ese estado en el que la mente observa algo sin condenarlo ni aceptarlo, en el que meramente se enfrenta a la cosa tal como es. Cuando usted mira una flor, cuando la mira no botánicamente, ve la totalidad de la flor; pero si su mente está por completo ocupada con el conocimiento botánico acerca de lo que esa flor es, no está mirando totalmente la flor. Aunque pueda tener conocimientos sobre esa flor, si esos conocimientos ocupan todo el campo de su mente, no está mirando la flor de una manera total.

Así pues, mirar un hecho es estar alerta al hecho. En esa percepción alerta no hay opción, ni condena, ni agrado o desagrado. Pero muy pocos de nosotros podemos hacer esto, porque ya sea tradicionalmente, o desde el punto de vista ocupacional, o en cualquier forma, somos incapaces de enfrentarnos al hecho sin que intervenga nuestro trasfondo. Tenemos que estar alerta a ese trasfondo. Debemos darnos cuenta de nuestro condicionamiento, y ese condicionamiento se revela a sí mismo cuando observamos un hecho; como uno se interesa en la observación del hecho y no en el trasfondo, el trasfondo queda descartado. Cuando el interés principal es comprender el hecho solamente, y cuando uno ve que el trasfondo le impide comprender el hecho, entonces el interés vital en el hecho acaba con el trasfondo.

KRISHNAMURTI

KRISHNAMURTI

El acto de observar y la transformación de la mente

La obra de Krishnamurti está impregnada de lo que puede llamarse la esencia del enfoque científico… considerado en su nivel más puro…”
[Extracto de artículo escrito en 1982 por el Dr. Bohm (1917-1992), físico estadounidense, que hizo importantes contribuciones en los campos de la física teórica (Teoría de Plasmas, hoy conocida como Fenómeno de Difusión de Bohm), la filosofía y la neuropsicología].

Jiddu Krishnamurti (1895-1986) dedicó su vida a enseñar a investigar por sí mismo la naturaleza de la mente, el condicionamiento psicológico, y el significado de la libertad.

Creó la Fundación Krishnamurti, sin fines de lucro, y con el propósito de dar a conocer sus enseñanzas y protegerlas de posibles alteraciones posteriores a su muerte. En sus propias palabras, “las fundaciones están para garantizar la integridad de las enseñanzas y velar por que no sean distorsionadas… no desarrollarán ninguna actividad de carácter sectario, ni crearán ningún espacio o lugar de culto alrededor de la persona o las enseñanzas.”

Actualmente, hay más de 60 libros publicados en inglés y se están preparando aún más. Hay unas 300 cintas de video y 400 de audio originales, así como un indice extenso y detallado. Una parte importante de este material se está traduciendo a más de 30 idiomas, incluidos los europeos y también el japonés, chino, ruso, koreano, árabe, hebreo, etc

Las fundaciones no son organizaciones religiosas. Tan sólo ofrecen un servicio a aquellos que estén interesados en estudiar y comprender estas enseñanzas en su propia vida.

Fundación Krishnamurti Latinoamericana: http://www.fkla.org
J.Krishnamurti online (español): http://www.jkrishnamurti.org/es/
Krishnamurti Foundation of India: http://www.kfionline.org
Krishnamurti Foundation Trust, Brockwood Park, England: http://www.kfoundation.org
Krishnamurti Foundation of America, Ojai, California, USA: http://www.kfa.org

LA EDUCACIÓN Y EL SIGNIFICADO DE LA VIDA ¿Cuál es el sentido de nuestra existencia si ella nos conduce a la violencia y a la completa infelicidad?

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Nuestra educación presente está adaptada a la industrialización y la guerra, siendo su principal propósito desarrollar la eficiencia; y nosotros nos hallamos atrapados en esta maquinaria de competencia despiadada y destrucción mutua. Si la educación nos conduce a la guerra, si nos  enseña a destruir o ser destruidos, ¿no ha fracasado completamente?

Todos hemos sido preparados por la educación y el medio para buscar el provecho personal y la seguridad, y para luchar por nosotros mismos. Aunque lo disimulemos con frases agradables, hemos sido educados por las diversas profesiones, dentro de un sistema basado en la explotación y el temor adquisitivo. Una educación semejante debe traer inevitablemente confusión y desdicha para nosotros mismos y para el mundo, porque crea en cada individuo esas barreras psicológicas divisivas que lo mantienen separado de los demás.

La educación no es un mero asunto de adiestrar la mente. El adiestramiento, contribuye a la eficacia, pero no genera integración. Una mente que tan sólo ha sido adiestrada es la continuación del pasado, y una mente así jamás puede descubrir lo nuevo. Por eso, para averiguar qué es la verdadera educación, tendremos que investigar todo el significado del vivir.

Para la mayoría de nosotros, el significado de la vida como una totalidad no es de primordial importancia, y nuestra educación acentúa los valores secundarios, tornándonos peritos en alguna rama del conocimiento. Si bien el conocimiento y la eficiencia son necesarios, el hacer hincapié fundamental en ellos sólo da por resultado conflicto y confusión.

Existe una eficiencia que, inspirada en el amor, va mucho más allá y es más grande que la eficiencia de la ambición; y sin amor, que trae consigo una comprensión integrada de la vida, la mera eficiencia engendra crueldad. ¿No es esto, acaso, lo que actualmente está ocurriendo en todo el mundo? Nuestra educación presente está adaptada a la industrialización y la guerra, siendo su principal propósito desarrollar la eficiencia; y nosotros nos hallamos atrapados en esta maquinaria de competencia despiadada y destrucción mutua. Si la educación nos conduce a la guerra, si nos  enseña a destruir o ser destruidos, ¿no ha fracasado completamente?

Para dar origen a la verdadera educación, es obvio que debemos comprender el significado de la vida como una totalidad, y por eso tenemos que ser capaces de pensar, no consecuentemente, sino de manera directa y veraz. Un pensador consecuente es una persona irreflexiva, porque se ajusta a un modelo; repite frases y piensa conforme a una rutina. No podemos comprender la existencia de modo abstracto o teórico. Comprender la vida es comprendemos a nosotros mismos, y eso es tanto el principio como el fin de la educación.

La educación no consiste tan sólo en adquirir conocimientos, en reunir datos y correlacionarlos; es ver el significado de la vida como una totalidad. Pero lo total no puede ser abordado a través de la parte, que es lo que intentan hacer los gobiernos, las religiones organizadas y los partidos políticos autoritarios.

El objeto de la educación es crear seres humanos integrados y, por lo tanto, inteligentes. Podemos adquirir títulos y ser eficientes desde el punto de vista mecánico, sin que por eso seamos inteligentes. La inteligencia no es mera información; no se obtiene de los libros ni consiste en ingeniosas respuestas autoprotectoras y afirmaciones agresivas. Una persona que no ha estudiado puede ser más inteligente que una erudita. Hemos hecho de los exámenes y los títulos la norma de inteligencia, y hemos desarrollado mentes astutas que eluden las cuestiones humanas vitales. La inteligencia es la capacidad de percibir lo esencial, lo que es; y la educación consiste en despertar esta capacidad en uno mismo y en los demás.

La educación debe ayudarnos a descubrir valores perdurables, a fin de que no nos aferremos meramente a fórmulas ni repitamos eslóganes; debe ayudarnos a derribar nuestras barreras nacionales y sociales en vez de acentuarlas, porque engendran antagonismo entre los seres humanos. Desafortunadamente, el sistema actual de educación nos torna serviles, mecánicos y profundamente irreflexivos; si bien nos despierta intelectualmente, en lo interno nos deja incompletos, atontados y faltos de creatividad,

Sin una comprensión integrada de la vida, nuestros problemas intelectuales y colectivos sólo se ahondarán y extenderán. El propósito de la educación no es producir meros eruditos, técnicos y buscadores de empleos, sino seres humanos integrados y libres de miedo; porque únicamente entre seres humanos así puede haber paz duradera.

En la comprensión de nosotros mismos, el miedo llega a su fin. Si el individuo ha de abordar la vida de instante en instante, si ha de enfrentarse a sus complicaciones, a sus desdichas y exigencias repentinas, debe ser infinitamente flexible y, por ende, debe estar libre de teorías y patrones particulares de pensamiento.

La educación no ha de estimular al individuo para que se amolde a la sociedad ni para que se oponga a ella, sino que debe ayudarle a descubrir los verdaderos valores que se revelan con la investigación imparcial y la percepción de nosotros mismos. Cuando no hay conocimiento propio, la autoexpresión se vuelve autoafirmación, con todos sus conflictos ambiciosos y agresivos. La educación debe despertar la capacidad de conocernos a nosotros mismos y, de tal modo, no complacernos meramente en la gratificadora autoexpresión.

¿De qué sirve que aprendamos, si en el proceso del vivir nos destruimos a nosotros mismos? Como hemos tenido una serie de guerras devastadoras, una inmediatamente después de la otra, es obvio que hay algo radicalmente erróneo en el modo como educamos a nuestros hijos. Creo que casi todos nos damos cuenta de esto, pero no sabemos cómo afrontarlo.

Los sistemas, ya sea educativos o políticos, no cambian misteriosamente; se transforman cuando hay un cambio fundamental en nosotros mismos. Lo que tiene importancia básica es el individuo, no el sistema; y mientras el individuo no comprenda la totalidad de sí mismo, ningún sistema, de la izquierda o de la derecha, podrá traer orden y paz al mundo.

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KRISHNAMURTI  – LA EDUCACIÓN Y EL SIGNIFICADO DE LA VIDA – 2ª