El camino del guerrero lo es todo. Es el arquetipo de la salud física y mental

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No puedo explicarlo de ningún otro modo. El hecho de que los chamanes del México antiguo creasen una estructura así significa para mí que habían alcanzado la cima de su poder, la cumbre de su felicidad, la cúspide de su júbilo.

Mientras me hallaba escribiendo Viaje a Ixtlán reinaba en el ambiente un estado de ánimo de lo más misterioso. Don Juan Matus estaba aplicando algunas medidas extremadamente prácticas a mi conducta cotidiana. Había diseñado algunas pautas que yo debía seguir rigurosamente. Eran tres tareas que apenas se relacionaban vagamente con mi mundo cotidiano o con cualquier otro mundo. Quería que en mi vida cotidiana me esforzara en borrar mi historia personal por todos los medios concebibles. Luego quería que terminara con mis rutinas y, finalmente, que desterrara mi sentimiento de importancia personal.

‑¿Cómo voy a lograr todo eso, don Juan? ‑le pregunté.

‑No tengo ni idea ‑respondió‑. Ninguno de nosotros tiene idea de cómo hacerlo de una forma práctica y eficaz. Con todo, si empezamos el trabajo, lo concluiremos sin saber siquiera qué fue lo que vino a ayudarnos.

»La dificultad que encuentras es la misma que yo encontré ‑prosiguió‑. Te aseguro que nues­tra dificultad nace del hecho de que, en nuestras vidas, carecemos por completo de la idea que nos incitaría a cambiar. Cuando mi maestro me enco­mendó esta tarea, todo lo que necesité para llevar­la a cabo fue la idea de que podía lograrse. Una vez que tuve la idea, la realicé sin saber cómo. Te reco­miendo que hagas lo mismo.

Me lancé a las quejas más retorcidas, argumen­tando que yo era un científico social acostum­brado a directrices prácticas y consistentes, no a vaguedades que dependían más de soluciones mágicas que de medios prácticos.

‑Dilo que quieras ‑me respondió don Juan, riéndose‑. Cuando termines de quejarte, olvida tus remilgos y haz lo que te he dicho que hagas.

Don Juan tenía razón. Todo lo que necesité o, mejor dicho, lo único que necesitó una parte no evidente y misteriosa de mí fue la idea. El «yo» que había conocido durante toda mi vida necesitaba infinitamente más que una idea: necesitaba entrena­miento, estímulo, dirección. Me sentí tan intrigado por mi éxito que la tarea de borrar mis rutinas, per­der mi importancia personal y abandonar mi histo­ria personal se convirtió en un auténtico placer.

‑Estás justo enfrente del camino del guerre­ro ‑dijo don Juan a modo de explicación por mi misterioso logro.

Don Juan había guiado lenta y metódicamen­te mi conciencia para que se enfocara cada vez más intensamente en una elaboración abstracta del concepto de guerrero, una elaboración que llama­ba el camino del guerrero o la senda del guerrero. Me explicó que el camino del guerrero era un armazón de ideas establecido por los chamanes del México antiguo. Tal construcción derivaba de la capacidad que tenían aquellos chamanes de ver la energía tal como fluye libremente en el universo. Por esa razón, el camino del guerrero era un soberbio conglomerado de hechos energéticos, de verdades irreductibles determinadas exclusiva­mente por la dirección del flujo de energía del uni­verso. Don Juan afirmaba categóricamente que no había nada en esa estructura que pudiera objetarse, nada que pudiera ser cambiado. Era una estructura perfecta en sí misma y por sí misma, y cualquiera que seguía ese camino se veía acorralado por hechos energéticos que no admitían discusión ni especulaciones acerca de su función o valía.

Don Juan decía que aquellos antiguos chama­nes lo llamaron el camino del guerrero porque su estructura abarcaba todas las posibilidades vitales que un guerrero podía hallar en la senda del cono­cimiento. Aquellos chamanes fueron absoluta­mente meticulosos y metódicos en la búsqueda de tales posibilidades. De hecho, según don Juan, fueron capaces de incluir en su estructura abstrac­ta todo lo humanamente posible.

Don Juan comparaba el camino del guerrero con una estructura, siendo cada uno de los elemen­tos de esta estructura un dispositivo de sustenta­ción cuya única función consistía en sostener la psique del guerrero en su papel de chamán inicia­do, y así facilitar sus movimientos y dotarlos de significado. Afirmaba, de manera inequívoca, que el camino del guerrero era una construcción esen­cial sin la cual los chamanes iniciados naufragarían en la inmensidad del universo.

Don Juan decía que el camino del guerrero era la obra maestra de los chamanes del México antiguo. Lo consideraba su aporte más importante, la esencia de su sobriedad.

‑¿Es el camino del guerrero tan abrumadora­mente importante, don Juan? ‑le pregunté en una ocasión.

‑Decir «abrumadoramente importante» es un eufemismo. El camino del guerrero lo es todo. Es el arquetipo de la salud física y mental. No puedo explicarlo de ningún otro modo. El hecho de que los chamanes del México antiguo creasen una es­tructura así significa para mí que habían alcanzado la cima de su poder, la cumbre de su felicidad, la cúspide de su júbilo.

Dado el nivel de aceptación o rechazo pragmáticos en el que me creía sumergido en aquella época, abrazar completamente y sin prejuicios la senda del guerrero me resultaba poco menos que una imposibilidad. Cuanto más hablaba don Juan de la senda del guerrero más intensa era mi sensa­ción de que lo que realmente maquinaba era derrumbar todo mi equilibrio.

Don Juan me guiaba, por tanto, de un modo encubierto. Sin embargo, su guía se evidencia con meridiana claridad en las citas extraídas de Viaje a Ixtlán. Don Juan se había abalanzado velozmente sobre mí a pasos agigantados sin que yo me diera cuenta, hasta que repentinamente sentí su aliento en la nuca. Pensaba una y otra vez que me hallaba a punto de aceptar de buena fe la existencia de otro sistema cognitivo; o, por el contrario, me sentía tan absolutamente indiferente que no me impor­taba que ocurriera de una forma u otra.

Por supuesto, siempre existía la posibilidad de salir huyendo de todo aquello, pero ésa no era una opción sostenible. De un modo u otro, la ayuda de don Juan, o bien mi intenso uso del concepto del guerrero, me habían endurecido hasta el punto de que no tenía ya tanto temor. Estaba atrapado, pero en realidad eso no cambiaba nada. Todo lo que sabía era que estaría allí con don Juan hasta el final.

Carlos Castaneda

Un guerrero no necesita historia personal. Un día descubre que ya no le es necesaria, y la abandona

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Cuanto más hablaba don Juan de la senda del guerrero más intensa era mi sensación de que lo que realmente maquinaba era derrumbar todo mi equilibrio.

Don Juan me guiaba, por tanto, de un modo encubierto. Sin embargo, su guía se evidencia con meridiana claridad en las citas extraídas de Viaje a Ixtlán:

Casi nunca nos damos cuenta de que podemos suprimir cualquier cosa de nuestras vidas en cualquier momento y en un abrir y cerrar de ojos.

Un guerrero no necesita historia personal. Un día descubre que ya no le es necesaria, y la abandona.

La historia personal debe ser renovada constantemente contando a los padres, parientes y amigos todo cuanto uno hace. Por otro lado, el guerrero que no tiene historia personal, no necesita dar explicaciones; nadie se enoja ni se desilusiona con sus actos. Y sobre todo, nadie le amarra con sus pensamientos y expectativas.

Mientras un hombre siente que lo más impor­tante del mundo es él mismo, no puede apreciar verdaderamente el mundo que lo rodea. Es como un caballo con anteojeras: sólo se ve a sí mismo, ajeno a todo lo demás.

Cuando un guerrero decide hacer algo, debe ir hasta el final, aceptando la responsabilidad de lo que hace. Haga lo que haga, primero debe saber por qué lo hace, y luego seguir adelante con sus acciones, sin dudas ni remordimientos.

Un guerrero debe aprender a ponerse al alcan­ce, o fuera del alcance, en el punto justo. Es inútil para un guerrero estar todo el día al alcance sin saberlo, como le es inútil esconderse cuando todo el mundo sabe que está escondido.

Para un guerrero, ser inaccesible significa tocar frugalmente el mundo que lo rodea. Y, sobre todo, evitar deliberadamente agotarse a sí mismo y a los demás. Un guerrero no utiliza ni exprime a la gente hasta dejarla reducida a nada, en especial a la gente que ama.

Cuando un hombre se preocupa, se aferra a cualquier cosa por desesperación; y una vez que se aferra, forzosamente se agota, o agota a la cosa o a la persona a la que está aferrado. Un guerrero cazador, en cambio, sabe que atraerá la caza a sus trampas una y otra vez, así que no se preocupa. Preocuparse es ponerse al alcance, al alcance sin saberlo.

Un guerrero cazador trata íntimamente con su mundo y, sin embargo, es inaccesible para ese mismo mundo. Lo toca ligeramente, permanece el tiempo preciso y luego se aleja velozmente, sin apenas dejar rastro.

Ser un guerrero cazador no es sólo cuestión de cazar animales. Un guerrero cazador no captura animales porque ponga trampas ni porque conoz­ca las rutinas de su presa, sino porque él mismo no tiene rutinas. Ésa es su ventaja. Él no es, de ningún modo, como los animales que persigue, fijos en rutinas pesadas y en caprichos previsibles. Él es libre, fluido, imprevisible.

Para el hombre corriente el mundo es extraño porque, cuando no se aburre de él, está enemista­do con él. Para un guerrero, el mundo es extraño porque es estupendo, pavoroso, misterioso, insondable. Un guerrero debe asumir la responsabi­lidad de estar aquí, en este mundo maravilloso, en este tiempo maravilloso.

Un guerrero es un cazador inmaculado que caza poder; no está borracho ni loco, ni tiene tiempo ni humor para fanfarronear, ni para men­tirse a sí mismo, ni para equivocarse en la jugada. La apuesta es demasiado alta. Lo que se juega es su vida pulcramente ordenada que tanto tiempo le llevó afinar y perfeccionar. No va a desperdi­ciar todo eso por un estúpido error de cálculo o por tomar una cosa por lo que no es.

Si su espíritu está deformado, simplemente debe arreglarlo, depurándolo y perfeccionándolo, porque no hay en la vida una tarea más digna de emprenderse. No arreglar el espíritu es buscar la muerte, y eso es igual que no buscar nada, porque la muerte va a alcanzarnos de todos modos. Buscar la perfección del espíritu del guerrero es la única tarea digna de nuestra transitoriedad y de nuestra condición humana.

Lo más difícil en este mundo es adoptar el ánimo del guerrero. De nada sirve estar triste, que­jarse y sentirse justificado de hacerlo creyendo que alguien nos está siempre haciendo algo. Nadie le está haciendo nada a nadie, y mucho menos a un guerrero.

Un guerrero es un cazador. Todo lo calcula. Eso es control. Una vez terminados sus cálculos, actúa. Se deja ir. Eso es abandono. Un guerrero no es una hoja a merced del viento. Nadie puede empujarle; nadie puede obligarle a hacer cosas en contra de sí mismo o de lo que juzga correcto. Un guerrero está preparado para sobrevivir, y sobre­vive del mejor modo posible.

Un guerrero no es más que un hombre, un hombre humilde. No puede cambiar los designios de su muerte. Pero su espíritu impecable, que ha reunido poder tras grandes penas, puede ciertamente detener su muerte por un momento, un momento lo bastante largo para permitirle regoci­jarse por última vez al evocar su poder. Podemos decir que ése es un gesto que la muerte tiene con quienes poseen un espíritu impecable.

No importa cómo lo hayan criado a uno. Lo que determina el modo en que uno hace cualquier cosa es el poder personal. Un hombre no es más que la suma de su poder personal, y esa suma determina cómo vive y cómo muere.

El poder personal es un sentimiento. Algo así como tener suerte. O podríamos llamarlo un talante, un ánimo. El poder personal es algo que se adquiere a través de toda una vida de lucha.

Un guerrero no tiene remordimientos por nada de lo que ha hecho, porque aislar los propios actos llamándolos mezquinos, feos o malos es darse a uno mismo una importancia injustificada.

La clave está en lo que se enfatiza. O nos hace­mos desdichados o nos hacemos fuertes. Cuesta el mismo trabajo lo uno que lo otro.

Carlos Castaneda

Represión y Control

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¿Y quién es responsable de esas guerras?

Jamás se ve a los animales yendo a la guerra. Por supuesto que a veces hay peleas, pero son individuales… no guerras mundiales, con todos los cuervos del este luchando contra todos los cuervos del oeste, o todos los perros de la India luchando contra todos los perros de Pakistán.

Desde luego que no. Los perros no son tan necios, tampoco los cuervos. Sí, a veces luchan, y no hay, nada malo en ello. Si su libertad se ve violada, combaten, pero es un combate individual. No es una guerra mundial.

Entonces, ¿qué habéis hecho?

Habéis reprimido la humanidad y no habéis permitido que a veces los individuos estén airados… lo cual es natural. El resultado final y total es que todo el mundo continúa acumulando ira, reprimiendo ira; y, un día todo el mundo se encuentra tan lleno de veneno que explota en una guerra mundial. Cada diez años se necesita una guerra mundial.

¿Y quién es responsable de esas guerras?

Vuestros así llamados santos y moralistas, vuestros falsos benefactores, la gente que jamás os ha permitido ser naturales.

Pregunta Primera:

¿Qué es la represión?

La represión es llevar una vida que no estaba hecha para ti.

La represión es hacer cosas que jamás quisisteis hacer.

La represión es ser la persona que no eres.

La represión es un modo de destruirte.

La represión es el suicidio… muy lento, por supuesto. Pero un envenenamiento seguro y lento.

La expresión es vida; la represión es suicidio.

Pregunta Segunda: ¿Por qué el hombre suprime tanto y enferma?

Porque la sociedad os enseña a controlar, no a transformar, y el camino de la transformación es totalmente diferente. Para empezar, en absoluto es el camino del control, sino todo lo opuesto. Mediante la supresión la mente se divide. La parte que aceptáis se vuelve el consciente, y la parte que negáis se vuelve el inconsciente.

Esta división no es natural, tiene lugar debido a la represión. Y en el inconsciente os dedicáis a arreglar toda la basura que la sociedad rechaza… pero recordad, todo lo que arrojéis allí se convierte más y más en una parte de vosotros: pasa a vuestras manos, a vuestros huesos, a vuestros latidos.

Ahora los psicólogos dicen que el ochenta por ciento de las enfermedades están causadas por emociones reprimidas: tantos fallos del corazón significan que se ha reprimido mucha ira en el corazón, tanto odio que queda envenenado.

Primero: en el control, reprimís; en la transformación, expresáis. Pero no hay necesidad de expresar sobre otro porque ese «otro» es simplemente irrelevante. La próxima vez que os sintáis airados id a correr alrededor de la casa siete veces, y después sentaos, bajo un árbol y contemplad adónde ha ido la ira. No la habéis reprimido, no la habéis controlado, no la habéis proyectado sobre otro… porque en ese caso se crearía una cadena, ya que el otro es tan tonto como vosotros, igual de inconsciente. El proyectará más ira sobre vosotros, está reprimido tanto como vosotros. Entonces, se produce una cadena: vosotros proyectáis sobre él, él sobre vosotros, ambos os convertís en enemigos.

No se lo tires a nadie encima. Es lo mismo que cuando tenéis ganas de vomitar: no vais a vomitar sobre otro. La ira necesita un vómito, ¡vais al cuarto de baño y vomitáis! Depura todo el cuerpo… Si suprimís el vómito, será peligroso y, cuando hayáis vomitado os sentiréis frescos, libres de peso, descargados, bien, sanos.

Había algo malo en la comida que tomasteis y el cuerpo la rechaza. No forcéis que permanezca dentro. La ira es simplemente un vómito mental. Hay algo malo en lo que habéis incorporado y todo tu ser psíquico quiere expulsarlo, pero no hace falta proyectarlo sobre alguien.

Debido a que la gente lo arroja sobre otros, la sociedad les pide que lo controle.

Siempre que sois espontáneos, significa que no actuáis de acuerdo con una idea planificada de antemano. De hecho, no estabais preparados para hacer nada: la acción ha surgido como una respuesta por su propia voluntad.

Tendréis que entender estas palabras.

Primero está la distinción entre la reacción y la respuesta. La reacción se ve dominada por la otra persona. Os insulta: vosotros os enfadáis Y entonces, actuáis por la ira. Eso es una reacción. No sois independientes: cualquiera podría empujaros para allá o para acá. Se os influye con facilidad. Se os puede chantajear emocionalmente. La reacción es un chantaje emocional. No estabais enfadados. La otra persona os insultó y dicho insulto, creó ira: de esa ira: surge vuestra acción.

La respuesta surge de la libertad.

No depende de la otra persona.

El otro puede insultaros, pero no os enfadáis, todo lo contrario, meditáis en ello… ¿Por qué os insulta? Quizá tenga razón. Entonces debéis estarle agradecidos, no enfadaros. Quizá se equivoca. En ese caso, ¿por qué tenéis que encender vuestro corazón con ira por su equivocación?

Las emociones no van a ayudaros a convertiros en una individualidad integrada. No os van a proporcionar un alma de granito. Seguiréis siendo un trozo de madera muerta que se mueve de un lado a otro de la corriente, sin saber por qué.

Las emociones os ciegan igual que lo hace el alcohol. Pueden tener buenos nombres como amor, pueden tener malos nombres como ira, pero de vez en cuando necesitáis enfadaros con alguien, eso os alivia.

 

Vivid, bailad, comed, dormid, haced las cosas tan totalmente como os sea posible.

Y recordad una y otra vez: siempre que os sorprendáis creando algún problema, huid de él, de inmediato.

Una vez que os metáis en un problema, será necesaria una solución. Y aunque la encontréis, de esa solución volverán a surgir mil y un problemas. En cuanto equivocáis el primer paso, estáis en la trampa. Siempre que veáis que os estáis metiendo en un problema, daros cuenta, conteneos, corred, saltad, bailad, pero no os metáis en él. Haced algo inmediatamente para que la energía que estaba creando los problemas fluya, se deshiele, se derrita y regrese al cosmos.

Una persona que jamás se enfada y continúa controlando su ira es muy peligrosa. Cuidaos de ella; puede mataros.

Si vuestro marido jamás se enfada, denunciadlo a la policía. Un marido que se enfada a veces es un ser humano natural, no hay que sentir miedo. Un marido que jamás se enfada, un día, de repente, saltará para asfixiaros. Y lo hará como si estuviera poseído por algo.

Los asesinos llevan siglos diciéndole a los tribunales: «Hemos cometido el crimen, pero estábamos poseídos. ¿Quién los poseía? Su propio inconsciente, el inconsciente reprimido, estalló.

La sensibilidad crece con la percepción. Mediante el control os apagáis y morís…

Eso forma parte del mecanismo de control: si estáis apagados y muertos, entonces nada os afectará, como si el cuerpo se hubiera convertido en una ciudadela, una defensa. Nada os afectará, ni el insulto ni el amor. Pero ese control se produce a un coste muy grande, innecesario; pasa a ser todo el esfuerzo en la vida: cómo controlaros… ¡y luego morir! El esfuerzo completo del control os consume toda la energía, y luego simplemente morís. Y la vida se transforma en una cosa apagada y, muerta; de algún modo lográis continuar.

La sociedad os enseña control y censura.

La mente puede practicar el juego de estar en silencio; puede practicar el juego de estar sin pensamientos, sin emociones, pero simplemente están reprimidos, completamente vivos, listos para saltar en cualquier momento.

Las así llamadas religiones y sus santos han caído en la falacia de aquietar la mente Si seguís sentados en silencio, tratando de controlar vuestros pensamientos, sin permitir vuestras emociones, sin permitir cualquier movimiento en vuestro interior, despacio, despacio, se convertirá en vuestro hábito.

Este es el mayor engaño que podéis daros, porque todo sigue exactamente igual. Nada ha cambiado, aunque da la impresión de que habéis pasado por una transformación.

OSHO

3º -LIBRES DEL MIEDO, LOS CELOS Y LA IRA-

¿Qué son vuestras emociones, estados de ánimo, sentimientos? ¿Qué es la totalidad de vuestra mente?

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¿Qué son vuestros pensamientos salvo ondas en un lago?

¿Qué son vuestras emociones, estados de ánimo, sentimientos?

¿Qué es la totalidad de vuestra mente? Simplemente un torbellino. Y debido a ese torbellino no podéis ver vuestra propia naturaleza.

No dejáis de pasaros por alto. Conocéis a todo el mundo y, jamás os conocéis a vosotros.

Estáis enfadados, pero no podéis permanecer así siempre. Incluso el hombre más encolerizado ríe a veces, ha de hacerlo. Estar airado no puede convertirse en un estado permanente. Hasta el hombre más triste sonríe; e incluso el hombre que ríe continuamente a veces llora y sus ojos se llenan de lágrimas.

Las emociones no pueden ser permanentes. Se mueven, y continuamente cambiáis de un estado a otro. En este momento os halláis tristes, en aquel momento estáis felices; en este momento estáis enfadados. Aquel momento sois muy compasivos; este momento sois cariñosos, en otro momento estáis llenos de odio; la mañana fue hermosa, la noche es fea.

Esto continúa.

El punto de vista corriente es que, el corazón es la fuente de emociones como el amor, el odio o la ira. Así como la mente es la fuente de los pensamientos conceptuales, el corazón es la fuente de todo lo que es emocional y sentimental. Ese es el punto de vista corriente.

Hemos vivido con la división tradicional de que la imaginación, las sensaciones, las emociones y los sentimientos, pertenecen al corazón. Pero vuestro corazón es un sistema de bombeo. Todo lo que pensáis, imagináis o sentís está confinado en la mente. La mente tiene setecientos centros y estos son los que lo controlan todo.

Pero cuando Buda dice «el corazón», se refiere al centro mismo de vuestro ser.

Considera que vuestro amor, vuestro odio, todo, surge de la mente. Y pienso que él es absolutamente científico; todos los psicólogos estarían de acuerdo con él. Podéis experimentar con vosotros. Podéis ver de dónde surge vuestra ira… de la mente. De dónde surgen vuestras emociones… de la mente. La mente es un fenómeno grande, abarca el pensamiento conceptual, abarca los patrones emotivos y los sentimientos.

Hay que comprender esto: las emociones están en la cabeza, pero la consciencia no. De hecho, ¡vuestra cabeza esta en la consciencia! La consciencia es vasta, infinita. Las emociones, los deseos, las ambiciones, están en vuestra cabeza; se marchitarán. Pero incluso cuando vuestra cabeza se haya desvanecido completamente y desaparecido en la tierra, la consciencia no desaparecerá. La consciencia no está contenida en vosotros, sino os contiene, es más grande que vosotros.

Es absolutamente cierto: vuestras emociones, sentimientos, pensamientos… toda la parafernalia de la mente, procede del exterior, está manipulada por el exterior. Eso ha quedado más claro científicamente. Pero incluso sin la investigación científica, durante miles de años los místicos han afirmado exactamente lo mismo… Que todas estas cosas con la que está llena la mente no son vosotros. Vosotros estáis más allá de ellas. Se os identifica con ellas, y ese es el único pecado.

La mente es una división que piensa. Y el corazón es otra división de la misma mente que siente.

Sentir y pensar, pensamientos y emociones… pero ser testigo está separado de los dos. Si estáis pensando, el observador observa… un pensamiento pasa, u os sentís enfadados… el testigo sigue observando. Una emoción pasa, del mismo modo que pasan las nubes, que veis. No sois ni lo bueno ni lo malo. No sois ni lo agradable ni lo desagradable. No sois ni el pensamiento ni las emociones. No sois ni la mente ni el corazón.

El amor siempre pone nervioso. Existen motivos para ello. Procede del inconsciente y todas las capacidades de las personas se hallan en el consciente: todas las destrezas y todo el conocimiento se encuentra en el consciente. El amor procede del inconsciente y no sabéis cómo enfrentaros a él ni qué hacer con él, lo cual resulta excesivo. El inconsciente es nueve veces más grande que el consciente, de modo que cualquier cosa que salga de él es abrumadora. Por eso es por lo que la gente le tiene miedo a las emociones, a los sentimientos. Los contienen por miedo a que vayan a crear caos; y lo crean, ¡pero el caos es hermoso!

Existe necesidad de orden y también de caos. Cuando el orden es necesario, usadlo, emplead la mente consciente; cuando se necesite el caos, utilizad el inconsciente y dejad que el caos se manifieste.

Una persona completa, total, es aquella capaz de emplear ambos, que no permite que el consciente ejerza interferencia alguna sobre el inconsciente, ni al revés.

Creemos en la vida en su totalidad, en sus días, en sus noches, en los días soleados y en los nublados. Creemos que todo en la vida se puede disfrutar. Solo necesitáis un poco más de percepción, más consciencia de lo que sucede. No sois vuestra mente, no sois vuestro cuerpo. En alguna parte dentro de -vosotros hay un testigo que puede continuar mirando a la mente, a las emociones, a las reacciones fisiológicas. Ese testigo sois vosotros. Y ese testigo es capaz de disfrutar de todo, una vez que os centráis allí.

Vuestra mente siente desdicha, sufrimiento; siente todo tipo de emociones, vínculos, deseos y anhelos, pero todo es proyección de la mente. Detrás de la mente está vuestro verdadero yo que nunca ha ido a ninguna parte. Siempre está aquí y aquí. Si estáis enfadados, estadlo y no juzguéis si es bueno o malo. Y esta es la diferencia entre las emociones negativas y positivas: Si cobráis consciencia de una emoción específica, y por ello la emoción se desvanece, es negativa. Si al cobrar dicha consciencia entonces os convertís en la emoción, si esta se extiende y, se convierte en vuestro ser, es positiva.

La consciencia trabaja de forma diferente en ambos casos. Si se trata de una emoción venenosa, quedáis aliviados de ella a través de la percepción. Si es buena, feliz, estática, os volvéis uno con ella. La percepción la profundiza.

Por ello para mí este es el criterio:

Si algo se profundiza mediante vuestra percepción, es algo bueno. Si la percepción lo disuelve, es algo malo. Aquello incapaz de permanecer en la consciencia es pecado, y, lo que crece en la consciencia es virtud. La virtud y el pecado no son conceptos sociales, son realizaciones interiores; os digo que incluso las emociones negativas son buenas, si son reales; y si son reales, poco a poco su misma realidad las transforma. Se vuelven más y más positivas, y llega un momento en que todo lo positivo y lo negativo desaparece.

Simplemente permanecéis auténticos: no sabéis lo que es bueno ni lo que es malo, no sabéis lo que es positivo y lo que es negativo. Simplemente sois, auténticos. Esta autenticidad os brindará un vislumbre de lo que es real.

Solo lo real puede conocer a lo real, solo lo verdadero puede conocer la verdad, lo auténtico puede conocer lo auténtico que os rodea.

OSHO

1º -LIBRES DEL MIEDO, LOS CELOS Y LA IRA-

La creencia en Dios ha existido desde que el mundo es mundo, lo que no nos ha impedido llenarlo de horrores

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¿La creencia en Dios no es necesaria en este mundo terrible y despiadado?

La creencia en Dios ha existido desde que el mundo es mundo, lo que no nos ha impedido llenarlo de horrores. Tanto el salvaje como el sacerdote altamente civilizado creen en Dios. El hombre primitivo mata con arcos y flechas, y se dedica a danzas frenéticas; el sacerdote civilizado bendice los acorazados y los bombarderos, dando para ello una serie de razones.
Esto no lo digo cínicamente ni con ánimo despreciativo, de modo que no tenéis por qué sonreír. Es un asunto muy serio. Ambos son creyentes; pero están también los otros, los que no creen en nada, y que también optan por liquidar a los que se les cruzan en el camino.

El hecho de adherirse a una creencia o a una ideología no acaba con las matanzas, la opresión y la explotación. Por el contrario, ha habido y continúan produciéndose espantosas guerras, destrucción y persecuciones en las que se invoca la causa de la paz y el nombre de Dios.
Si logramos hacer de lado esas creencias e ideologías antagónicas, e introducimos en nuestra vida diaria un cambio profundo, habrá alguna probabilidad de que surja un mundo mejor. Es la propia vida cotidiana de cada ser humano que ha provocado las actuales y anteriores catástrofes.
Nuestro atolondramiento, nuestros exclusivismos nacionales, nuestras barreras y privilegios económicos, nuestra falta de compasión y de buena voluntad, han traído estas guerras y otros desastres. La mundanalidad, de naturaleza eruptiva, vomitará siempre caos y dolor.
Somos un resultado del pasado, y al edificar sobre él sin entenderlo, provocamos desastres. La mente, que es un resultado, un compuesto, no llega a entender Aquello que no está constituido por fragmentos, que carece de causa y es independiente del tiempo. Para comprender lo increado, la mente debe cesar de crear. Toda creencia pertenece forzosamente al pasado, a lo creado; y ella constituye un impedimento para la experimentación de lo real. Cuando el pensar‑sentir está anclado, en estado de dependencia, el entendimiento de lo real resulta imposible.
Tiene que haber una franca y serena liberación del pasado, una espontánea inundación de silencio; sólo en tales condiciones puede florecer Aquello que es real. Cuando contempláis una puesta de sol, en ese instante de belleza un júbilo espontáneo y creador os invade. Luego, cuando deseáis que la misma experiencia se repita, la puesta de sol ya no os emociona; tratáis de sentir la misma dicha creadora, pero no la halláis. Vuestra mente fue capaz de recibir cuando nada pedía ni esperaba; pero habiendo recibido una vez quiere más y esa codicia la enceguece.
La codicia es acumulativa y representa una pesada carga para la mente-corazón; no cesa de juntar, de almacenar. Nuestro pensar y sentir se ven corrompidos por la codicia, por las olas corrosivas del recuerdo. Sólo un estado de conciencia alerta y profunda pone fin a este proceso absorbente del pasado. La codicia, al igual que el placer, siempre limita y singulariza. ¿Y cómo un pensamiento nacido de la codicia habría de entender Aquello que es inconmensurable?
En lugar de reforzar vuestras creencias e ideologías, daos plena cuenta de vuestro pensar y sentir, pues en él está el origen de los problemas que la vida os presenta.

Lo que vosotros sois, es el mundo: si sois crueles, sensuales, ignorantes, codiciosos; así será el mundo. Vuestra creencia en Dios, o vuestra incredulidad a su respecto, muy poco significan. Sólo con vuestros pensamientos, sentimientos y acciones, en efecto, haréis del mundo una cosa terrible, cruel, bárbara, o un lugar de paz, de compasión y de sabiduría.

Krishnamurti

El mero educar la mente consciente sin comprender la inconsciente genera contradicción interna en las vidas humanas, con todas sus frustraciones y desdichas

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Al intentar producir un desarrollo total del ser humano, es obvio que debemos tomar muy en consideración la mente inconsciente al igual que la consciente. El mero educar la mente consciente sin comprender la inconsciente genera contradicción interna en las vidas humanas, con todas sus frustraciones y desdichas. La mente oculta es mucho más vital que la superficial. La mayoría de los educadores se interesa solamente en transmitir información o conocimientos a la mente superficial, preparándola para conseguir un empleo y ajustarse a la sociedad. De ese modo jamás tocamos la mente oculta. Todo lo que hace la así llamada educación es superponer una capa de conocimiento y técnica y proveer cierta capacidad para que nos amoldemos al medio.

La mente oculta es mucho más poderosa que la mente superficial, por bien educados que estemos y por más capaces que seamos de ajustamos al medio; y no se trata de algo misterioso. La mente oculta o inconsciente es la depositaria de la memoria racial. La religión, la superstición, el símbolo, las tradiciones peculiares de una raza determinada, la influencia de la literatura tanto sagrada como profana, de las aspiraciones, de las frustraciones, de los hábitos y de las diversidades de alimentación, todo eso está arraigado en el inconsciente.

Los deseos manifiestos y los deseos secretos con sus motivaciones, esperanzas y temores, sus sufrimientos y placeres, y las creencias alimentadas por el impulso de seguridad que se traduce de múltiples maneras, estas cosas también están contenidas en la mente oculta, la cual no sólo posee esta capacidad extraordinaria de contener el pasado residual, sino que también es capaz de influir sobre el futuro. Las insinuaciones de todo esto se transmiten a la mente superficial por medio de los sueños y de varias otras maneras, cuando esa mente no está ocupada en su totalidad con los sucesos cotidianos.

La mente oculta no tiene nada de sagrado y no hay en ella nada que deba temerse, ni tampoco requiere un especialista para que la exponga a la mente superficial. Pero a causa del enorme poder de la mente oculta, la superficial no puede habérselas con ella como quisiera. La mente superficial es, en gran medida, impotente en relación con su propia parte oculta. Por mucho que trate de dominar, moldear, controlar lo oculto, apenas si puede, a causa de sus exigencias y actividades sociales, arañar la superficie de lo oculto; y entonces hay entre ambas mentes una hendidura, una contradicción. Tratamos de tender un puente sobre este abismo mediante la disciplina, mediante prácticas diversas, sanciones y demás, pero no es posible lograrlo de ese modo.

La mente consciente está ocupada con lo inmediato, el limitado presente, mientras que la inconsciente está bajo el peso de los siglos y no puede ser reprimida o desviada de su curso por una necesidad inmediata. Lo inconsciente tiene la cualidad del tiempo profundo, y la mente consciente, con su cultura recién adquirida, no puede habérselas con ello conforme a sus urgencias pasajeras. Para erradicar la contradicción interna, la mente superficial tiene que comprender este hecho y permanecer tranquila -lo cual no implica dar oportunidad a los innumerables impulsos de lo oculto-. Cuando no hay resistencias entre lo manifiesto y lo oculto, entonces lo oculto, a causa de que tiene la paciencia del tiempo, no invadirá lo inmediato.

La mente oculta, inexplorada y no comprendida, con su parte superficial que ha sido “educada”, entra en contacto con los retos y las exigencias del presente inmediato. Puede que lo superficial responda al reto adecuadamente, pero a causa de que hay contradicción entre lo superficial y lo oculto, cualquier experiencia de lo superficial sólo incremento el conflicto con lo oculto. Esto produce más experiencias aún, ampliando así el abismo entre el presente y el pasado. La mente superficial, al experimentar lo externo sin comprender lo interno, lo oculto, sólo ocasiona un conflicto más vasto y profundo.

La experiencia no libera ni enriquece a la mente, como por lo general pensamos que hace. En tanto la experiencia fortalezca al experimentador, tiene que haber un conflicto. Al tener experiencias, una mente condicionada sólo refuerza su condicionamiento y así perpetúa la contradicción y la desdicha. Sólo para la mente que es capaz de comprender en totalidad sus propios comportamientos, la experiencia puede ser un factor de liberación.

Una vez que se perciben y comprenden los poderes y las capacidades de las múltiples capas de lo oculto, entonces los detalles pueden ser sabia e inteligentemente investigados. Lo importante es la comprensión de lo oculto y no la mera educación de la mente superficial a fin de que adquiera conocimientos, por indispensables que sean. Esta comprensión de lo oculto libera del conflicto a la mente total, y sólo entonces hay inteligencia.

Tenemos que despertar la plena capacidad de la mente superficial que vive en la actividad cotidiana y también tenemos que comprender lo oculto. En la comprensión de lo oculto existe un vivir total en el que llega a su fin la contradicción interna con su dolor y su felicidad alternantes. Es esencial estar familiarizado con la mente oculta y percatarse de sus operaciones; pero es igualmente importante no estar ocupado con ella ni darle una significación indebida. Es sólo cuando la mente comprende lo superficial y lo oculto que puede ir más allá de sus propias limitaciones y descubrir esa bendición que no pertenece al tiempo.

Krishnamurti

El amor sin adivinación es elemental. Amar exige que el amante adivine los deseos de la amada

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Pero en la naturaleza, ordinariamente, no se alcanza este estado: es el fruto de un arte, de un auto entrenamiento. Todo el mundo lo desea, aun los más cínicos; pero como rara vez ocurre por azar, y nadie ha hecho pública la clave para lograrlo, la gran mayoría duda aún de su posibilidad.

El amor sin adivinación es elemental. Amar exige que el amante adivine los deseos de la amada, antes de que hayan llegado a la propia conciencia de ella. El amante conoce a la amada mejor de lo que ésta se conoce a sí misma; y la ama más de lo que ésta se conoce a sí misma; y la ama más de lo que ésta se ama a sí misma; de manera que la amada alcanza su ser perfecto sin esfuerzo consciente propio. Cuando el amor es mutuo, el esfuerzo consciente que ella hace es para él. Es así como cada cual, deleitosamente, obra la perfección en el otro.

Pero en la naturaleza, ordinariamente, no se alcanza este estado: es el fruto de un arte, de un auto entrenamiento. Todo el mundo lo desea, aun los más cínicos; pero como rara vez ocurre por azar, y nadie ha hecho pública la clave para lograrlo, la gran mayoría duda aún de su posibilidad. Sin embargo, es posible, a condición que las partes puedan aprender y enseñar humildemente. ¿Cómo comenzar? Que el amante piense, cuando va a ver a su amada, lo que debe aportar, hacer o decir, de modo que sea para ella una deliciosa sorpresa. Al comienzo probablemente no será una sorpresa completa: esto es, ella se habrá dado cuenta de su propio deseo, y estará tan sólo contenta de que su amante lo haya adivinado. Más tarde, la deliciosa sorpresa podrá realmente sorprenderla, y su comentario será: “¿Cómo sabías que esto iba a agradarme, si a mí misma nunca se me hubiera ocurrido?” Los esfuerzos constantes para prever los deseos nacientes del ser amado, mientras permanecen en la inconsciencia, son los medios hacia el amor consciente.

Asir con firmeza; soltar con ligereza. Este es uno de los grandes secretos de la felicidad en el amor. Por cada tragedia de Romeo y Julieta fruto de las circunstancias externas de ambos protagonistas, mil tragedias surgen de las circunstancias creadas por los amantes mismos. Como rara vez conocen el momento o la forma de “asirse” el uno al otro, aún menos a menudo conocen la forma o el momento de soltarse. Las hondonadas del Monte Meru (es decir el Venusberg) están llenas de amantes que no pueden separarse. Cada cual quiere “soltarse”, pero el otro no se lo permite. Hay varias explicaciones para este infeliz estado de cosas. En la mayoría de los casos el acercamiento ha sido equivocado: es decir, ambos se lanzaron a una unión sin pensar en la salida. A menudo los primeros cinco minutos del primer encuentro de los amantes son decisivos para todo el futuro de sus relaciones. En algunos casos la relación original es la que explica las dificultades en “soltarse”: nunca debió haber ocurrido; o por lo menos no en las circunstancias precisas en que tuvo lugar.

Las relaciones a destiempo siempre causan problemas. En otros casos la dificultad se debe a diferencias de edad, educación o “pasado”. Uno teme “soltarse” porque parece ser la última esperanza, o porque ya se ha perdido demasiado tiempo, o porque hasta ahora ha sido lo mejor, o porque el “ideal”, creado por la educación, exige fidelidad eterna aun cuando ésta resulte imposible, pues ninguno de los dos la desea; o porque uno es ultrasensible a raíz de experiencias pasadas y no puede enfrentarse con otro fracaso, o porque estando la carne pronta, el espíritu es débil: es decir,  ninguno de los dos puede usar un cuchillo; o porque las circunstancias son desfavorables: es decir, los dos tienen que seguir viéndose; o debido a la imaginación, como cuando uno de los dos visualiza la felicidad del otro en su ausencia. Hay mil explicaciones y cada una de ellas, bastando como causa, es completamente inadecuada como razón, ya que el hecho es, que cuando uno desea separarse, el deber del otro como amante es “soltar”. El gran amor puede tanto soltar como asir.

Los celos son el dragón en el paraíso, el infierno del cielo y la más amarga de las emociones porque se asocia a la más dulce. Hay antídoto para los celos, a saber, el amor consciente; pero este remedio es más difícil de hallar que la enfermedad de soportar. Pero hay paliativos cuya primera condición terapéutica es el reconocimiento de la enfermedad y la segunda el deseo de curarse a sí mismo. En estas circunstancias dejad que el que sufre experimente deliberadamente. Mucho se le puede perdonar durante este proceso. Puede, por ejemplo, tratar de hacer progresar los nuevos planes de la que fue su amada, aunque esto es difícil sin una obvia hipocresía. O puede zambullirse en otro ambiente. O puede ocuparse en un nuevo trabajo que demande toda su energía. O puede embelesar su memoria y considerar a la que fue su amada como muerta, o como si ella se trocara en su hermana, o como si se hubiese ausentado en un largo viaje, o como si la hubieran hechizado. Sin embargo, es mejor si se “suelta” por completo sin arrastrar la esperanza de volver a encontrarla jamás.

Consolaos. Nuestra vida no es sino un solo día de nuestra Vida. ¡Si no hoy, mañana! ¡Soltad!

EL AMOR CONSCIENTE 5ª (INSPIRADO EN LAS ENSEÑANZAS DE G.I. GURDJIEFF)

A. R. Orage