La amistad significa que has hecho a alguien más importante que tú mismo, alguien más se ha vuelto más querido que tú mismo. Es amor en su pureza

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¿Qué es una verdadera, auténtica amigabilidad?

Dedico esta entrada a Paula, María, Nidia, Vikes, Bernom1000,..…, a todos nuestros comentaristas y amigos, con toda Amigabilidad, Amistad en su más alto concepto tal y como lo expone Osho.

Gracias, muchísimas gracias a todos.

La amigabilidad auténtica      

La pregunta que has hecho es muy compleja. Tendrás que entender algunas otras cosas antes de que puedas comprender lo que es la verdadera y auténtica amigabilidad.

Lo primero es la amistad. La amistad es amor sin tintes biológicos. No es la amistad que ordinariamente entiendes: el novio, la novia. Emplear la palabra amigo asociada de cualquier manera con la biología es mera estupidez. Es encaprichamiento y locura. Estás siendo utilizado por la biología con fines reproductivos.

Si piensas que estás enamorado, estás equivocado; no es más que una atracción hormonal. Tu química puede cambiarse y tu amor desaparecerá. Con sólo una inyección de hormonas un hombre puede convertirse en mujer y una mujer puede convertirse en hombre.

La amistad es amor sin tintes biológicos. Se ha vuelto un fenómeno raro. Solía ser algo grandioso en el pasado, pero algunas de las cosas grandiosas del pasado han desaparecido por completo. Es algo muy extraño que las cosas feas sean testarudas, no mueran con facilidad; y las cosas hermosas son muy frágiles, mueren y desaparecen muy fácilmente.

Hoy en día la amistad se entiende ya sea en términos biológicos o en términos económicos, o en términos sociológicos; en términos de conocimiento, un tipo de conocimiento. Pero la amistad significa que, si surge la necesidad, estarás listo aún a sacrificarte. La amistad significa que has hecho a alguien más importante que tú mismo, alguien más se ha vuelto más querido que tú mismo. No es un negocio. Es amor en su pureza.

Esta amistad es posible aún en la situación en la que te encuentras ahora. Hasta la gente inconsciente puede tener una amistad así. Pero si empiezas a hacerte más consciente de tu ser, entonces la amistad se empieza a convertir en amigabilidad. La amigabilidad tiene una connotación más amplia, un cielo mucho más grande. La amistad es algo pequeño comparado con la amigabilidad. La amistad puede terminar, el amigo puede volverse un enemigo. Esa posibilidad permanece intrínseca en la amistad misma.

Recuerdo a Maquiavelo guiando a la princesa del mundo en su gran obra: El Príncipe. Una de sus pautas es: Nunca le digas nada a tu amigo que no pudieras decirle a tu enemigo, pues la persona que es un amigo hoy, puede convertirse en un enemigo el día de mañana. Y la sugerencia que le sigue es: Nunca digas nada en contra del enemigo, porque el enemigo puede convertirse en un amigo el día de mañana. Luego entonces te sentirás muy incómodo.

Maquiavelo nos está dando una revelación muy clara: que nuestro amor ordinario se puede convertir en odio, nuestra amistad se puede volver enemistad en cualquier momento. Este es el estado inconsciente del hombre: en donde el amor esconde odio justo detrás, en donde odias a la misma persona que amas, pero no estás consciente de ello.

La amigabilidad se hace posible sólo cuando eres verdadero, auténtico, y estás absolutamente consciente de tu ser. Y de esta consciencia, si surge el amor será amigabilidad. La amigabilidad nunca puede convertirse en su opuesto. Recuerda esto como criterio, que los valores más grandes de la vida son solamente aquellos que no pueden convertirse en su opuesto; de hecho no existe el opuesto.

Tú preguntas: “¿Qué es la verdadera y auténtica amigabilidad?” Se requerirá una gran transformación en ti para que puedas tener una probada de amigabilidad. Así como eres, la amigabilidad es sólo una estrella muy lejana. Puedes voltear a ver la estrella lejana, puedes tener un cierto entendimiento intelectual, pero seguirá siendo sólo un entendimiento intelectual, no una probada de existencia.

A menos que saborees existencialmente  la amigabilidad, será muy difícil, casi imposible, hacer una diferencia entre la amistad y la amigabilidad. La amigabilidad es la cosa más pura que puedas concebir sobre el amor. Es tan pura que ni siquiera la puedes llamar una flor, sólo puedes llamarla una fragancia que puedes sentir y experimentar, pero que no hay forma de agarrarla. Está ahí, los orificios de tu nariz están llenos de ella, todo tu ser está rodeado por ella. Sientes la vibración, pero no hay forma de agarrarla; la experiencia es tan grande y tan vasta y nuestras manos son demasiado pequeñas.

Te dije que tu pregunta es muy compleja, no por la pregunta en sí, sino por ti. Aún no estás en el punto en el que la amigabilidad se pueda volver una experiencia. Sé verdadero, sé auténtico y conocerás la cualidad más pura del amor; tan sólo una fragancia de amor rodeándote siempre. Y esa cualidad del amor más puro es la amigabilidad. La amistad va dirigida a alguien, alguien es tu amigo.

En una ocasión le preguntaron a Buda Gautama: “¿El hombre iluminado tiene amigos?” y él respondió: “No”. El interlocutor se escandalizó pues pensaba que el hombre que está iluminado debe tener por amigo al mundo entero. Pero Buda Gautama tiene razón, te escandalices o no. Cuando él dice: “El hombre iluminado no tiene amigos”, está diciendo que no puede tener amigos porque no puede tener enemigos. Ambos vienen juntos. El puede tener amigabilidad, pero no amistad.

La amigabilidad es amor que no está enfocado, que no va dirigido a nadie. No es un contrato, hablado o no hablado. No va de un individuo a otro; va de un individuo a toda la existencia, de la que el hombre es sólo una pequeña parte, porque en ella quedan incluidos los árboles, los animales, los ríos, las montañas, las estrellas. Todo está incluido en la amigabilidad.

La amigabilidad es el camino de tu ser real y auténtico; comienzas a irradiarla. Llega por su propia cuenta, no tienes que traerla. Quienquiera que se acerque a ti sentirá la amigabilidad. Eso no significa que nadie será tu enemigo. Por lo que a ti respecta, tú no serás enemigo de nadie, porque ya no eres el amigo de nadie. Pero tu altura, tu consciencia, tu estado de éxtasis, tu silencio, tu paz molestará a muchos, irritará a muchos, convertirá a muchos, a los que no te entienden, en tus enemigos.

De hecho, los hombres iluminados tienen más enemigos que los que no lo están. Quienes no están iluminados pueden tener algunos enemigos, algunos amigos. Los hombres iluminados tienen casi a todo el mundo en antagonismo hacia ellos, porque las personas ciegas no pueden perdonar al hombre que tiene ojos, y las ignorantes no pueden perdonar a quien sabe. No pueden sentir amor hacia el hombre que ha alcanzado su realización, porque sus egos están heridos.

El hombre iluminado no tiene amigos, ni enemigos, sino sólo un amor puro, que no va dirigido a alguien en particular. Está listo para verterlo en el corazón de cualquiera que esté disponible. Esa es la verdadera y auténtica amigabilidad.

Pero un hombre tal va a provocar a muchos egos, lastimará a quienes piensan que son personas muy importantes y poderosas. Los presidentes y las reinas y los primeros ministros y los reyes se van a preocupar de inmediato. Un hombre que no tiene poder de repente se ha vuelto el foco de atención de la gente, atrae a más gente que quienes tienen poder y dinero y prestigio. A un hombre así no se le puede perdonar. Tiene que ser castigado ya sea que haya cometido un crimen o no. Y un hombre iluminado no puede cometer un crimen; eso es completamente imposible. Pero ser inocente, ser amigable, ser amoroso sin razón alguna, simplemente ser tú mismo es suficiente para provocar a muchos egos en tu contra.

Así que cuando digo: “El hombre iluminado no tiene enemigos”, quiero decir que, por su parte, él no tiene enemigos. Pero del lado de los otros, cuanto mayor sea su altura, mayor será su antagonismo en contra de él, mayor será la enemistad, el odio, la condenación. Así es como ha estado sucediendo durante siglos.

Tan sólo una comprensión intelectual no será suficiente, aunque es bueno tener alguna comprensión intelectual, porque eso te puede ayudar a moverte hacia la experiencia existencial. Pero sólo la experiencia te dará el sabor completo de la enorme dulzura, la belleza, la divinidad y la verdad del amor.

Osho

Una Investigación sobre la Soledad

Interlocutor: ¿Qué es una verdadera amistad, si faltan la confianza y el respeto?

Krishnamurti: Sin confianza y respeto, ¿cómo puede haber amistad? ¡Realmente no lo sé! Pero, vea, señor, en primer lugar, ¿por qué desea usted tener un amigo? ¿Acaso es porque necesita depender de él, contar con él, tener compañía? ¿Es a causa de su sentimiento de soledad, de su insuficiencia, que usted depende de otro para llenar ese vacío y, por lo tanto, utiliza al otro, explota al otro para encubrir su propia insuficiencia, su propia vacuidad y, debido a eso, considera a esa persona un amigo? ¿Es él un amigo en ese aspecto, en el de usarlo para su propio placer, su consuelo, etcétera? Investíguelo, señor, no acepte lo que estoy diciendo. Casi todos nos sentimos muy solos y, cuanto más envejecemos, más solos nos sentimos y descubrimos nuestro propio vacío.

Cuando uno es joven no le ocurren estas cosas. Pero a medida que va madurando ‑si es que madura alguna vez- descubre por sí mismo qué significa sentirse vacío, solitario, no tener ningún amigo, porque uno ha llevado una vida superficial, dependiendo de otros, explotando a otros. Ha puesto su corazón, sus sentimientos en otros, y cuando ellos mueren o se van lejos, uno se siente muy solo, vacío y, a causa de esa vacuidad, hay autocompasión y uno sueña con encontrar a alguien que llene esa vacuidad. Esto es lo que está ocurriendo todos los días de nuestra vida.

Ahora bien, ¿puede usted ver esto y aprender al respecto? Aprender lo que significa sentirse solo y jamás escapar de ello. Mirarlo, vivir con ello, ver lo que implica, de modo tal que en lo psicológico, en lo interno no dependa de nadie. Entonces sabrá lo que significa amar.

Krishnamurti

Amigos del Alma y de la Vida

Palabras para mis Amigos:

“De mis amigos me quedo con aquellos que hacen de mí un loco y un santo. De ellos no quiero respuesta, quiero mi revés. Que me traigan dudas y angustias y aguanten lo que hay de peor en mí. Los quiero santos para que duden de las diferencias y pidan perdón por las injusticias.

Elijo a mis amigos por el alma expuesta.

Amigos que no se ríen juntos, no saben sufrir juntos.

Quiero amigos que hagan de la realidad su fuente de aprendizaje y que luchen para que la fantasía no desaparezca.

Quiero amigos mitad niños y otra mitad ancianos. Niños para que no olviden el valor del viento en la cara y ancianos para que nunca tengan prisa.

Tengo amigos para saber quién soy. Viéndolos locos y santos, tontos y serios, niños y ancianos, nunca me olvidaré que la normalidad es, a menudo, una ilusión tonta”.

OSCAR WILDE

 

Plegaria para el Amigo

Bésame el alma y el corazón.

Tócame la soledad y enciéndela.

Que el amor viaje por las galerías del tiempo y por los espacios que transita la distancia.

Que tu presencia en mi vida sea como una palabra de bienvenida.

¡Gracias amigo por haber encontrado mi camino!

Amén.

 

 

Territorio de sueños

En este tiempo mi memoria saca cuentas de lo que he
soñado y de lo que deseado.

Recuerdo que alguno me dio agua para que no dejara de
soñar bajo el arduo sol del lento y solitario camino.
También hay quien me atropelló los sueños y los rompió
en pedazos. No importa, aquí estoy recomponiendo mi
bandera, tratando de encontrarme y de ser fiel a mí mismo y a
mis esperanzas.

Otras veces, persiguiendo mis propios sueños, empujé sin
ver los sueños de los demás, sin detenerme en ayudarlos a
recomponer lo que mi torpeza acaba de derrumbar….

Hay tardes en que subo a la colina y lanzo mis sueños,
soplándolos al aire para que vuelen, se esparzan y vivan…
Hoy quisiera saludar a todos aquellos que transitan mi
territorio de sueños.

Amor, estás ahí?…
Por algo será. ¡¡¡Gracias!!!

 

El Don de la Amistad

En nuestra amistad todo es un regalo.
Allí nada es mucho.
En el verdadero afecto palabras como “poco”,
“mucho”, “bastante” o “suficiente” no existen.
Nunca es bastante.

Todo cuanto hago no lo hago para que me lo
devuelvas sino para que lo recibas.
Al recibirlo me lo vuelves a dar.
Recibo si te doy.
Si me lo dejara para mí me vaciaría.
El don se multiplica si se es generoso con él.

Cada uno da a su manera.
Yo recibo mucho, mucho de ti.
Seguramente tengo que devolverte.

Todo es un don en la vida.
Tú, un regalo inmerecido.
Quiero disfrutarlo para hacerte todo el bien que
pueda.
Quiero darte lo mejor de lo que encuentre en mí.

Toda la vida es una continua devolución,
hasta la misma muerte es la devolución final,
la devolución de todo.
La devolución de las devoluciones.

No vale la pena ser mezquino o egoísta.
El tiempo es tan corto.

Tú eres parte del don que tendré que aprender a
devolver un día.

El amor es don y devolución continúa.
La mejor relación es aquella en la que reina la
gratuidad.
La amistad y el amor son gratuidades.
No se compran, no se venden, no se trocan, ni se
cambian.
Sólo son don para compartir.
La gratuidad es lo absolutamente dado sin
merecimiento, ni derecho de nuestra parte.

Tú eres un don que quiero cuidar sin invadir.
Nadie es un premio para nadie.
Todos somos regalos, don para el otro.

Yo no hice previamente nada para tenerte,
ni siquiera te conocía.
Aparecimos uno para el otro.
Eso es la gratuidad.
Todo dado para ser compartido.
Apareciste para que pudiera dar más el corazón
que si no quedaba asfixiado adentro.
Sólo pido que lo recibas.
Sólo pido que te dejes querer.
Que me dejes entregar.

En la medida en que me doy más sinceramente
a mi mismo,
me das todo.
No quiero nada excepto un poco más de ti y de
tu intensidad.
Ése es mi compromiso para contigo:
cultivar el afecto que te tengo y manifestarlo
para hacernos el Bien y Crecer.

Eduardo Casas

Cuando una relación es “metáfora” del vínculo con Dios

1. Cuando una relación es “metáfora” del vínculo con Dios.

El hombre está creado para establecer vínculos con todos los seres en un lazo de comunión. Las relaciones interpersonales nacen de los vínculos más hondos: “paternidad”, “maternidad”, “filiación”, “fraternidad”, “amistad”, “esponsalidad”, “comunidad”.

Para quienes somos creyentes la experiencia de Dios nos posibilita la creación de un nuevo estilo de relación interpersonal: Un vínculo fraterno, un lazo de projimidad, una “Alianza” con el hermano. No simplemente hay que considerar al otro como al “prójimo” sino también “hermano” y -en algunos casos- cuando lo elegimos y nos eligen también como “amigo”.

En el cristianismo se encuentra una profunda vocación a la projimidad, a la fraternidad y a la amistad. En el vínculo más plenamente humano, el amor asume las características singulares de la relación de caridad, fraternidad y amistad.

La experiencia de Dios siempre incluye la dimensión fraterna y fundamenta un nuevo vínculo humano que supone una interrelación, una “con-vocación”, una llamada compartida, un destino en común. Una convocación al encuentro, la presencia, la mutua correspondencia y la fidelidad dada y recibida.

Esta relación incluye al otro de una manera particular. Se constituye en una señal, una alusión a otra realidad que nos sobrepasa y nos contiene. El lazo humano se vuelve “metáfora” de una nueva presencia de Dios “en medio” de los corazones. El otro se convierte en un “signo” del amor de Dios que se brinda singularmente desde una relación determinada.

Así entonces podremos experimentar más existencialmente el amor que Dios nos tiene. Si nadie nos ama no podemos llegar a creer en el amor de Dios, amor siempre humanado, amor de encarnación, amor de espacio y tiempo. A partir de esta Alianza no sólo podemos amar más a Dios sino que también podemos amar más desde Dios a aquél que Dios mismo eligió para que fuera una expresión concreta de su amor para con nosotros.

En el amor aprendemos a conectarnos con lo bueno que el otro tiene, con lo que el otro posee de Dios y de don. El otro no es sólo presencia, signo, expresión o “metáfora” de Dios y su amor sino que el mismo vínculo interpersonal se hace experiencia de Dios. Sin esta experiencia común y compartida, la relación es sólo apariencia, simulacro, vacío. Cada relación tiene la singularidad de una experiencia de Dios distinta y única. A Dios hay que amarlo humanamente y al amarlo humanamente también lo amamos sobrenaturalmente.

 

2. El “carozo” del corazón.

 

El acto propio del vínculo fraterno es el “compartir” en el que se da una especie de “permeabilidad” para “exteriorizar” la interioridad e interiorizar la exterioridad. Lo de “afuera” lleva el sello de lo de “adentro” y lo de “adentro” se explicita en lo de “afuera”. El lenguaje de las palabras, los sentimientos y los gestos, van creando el “idioma” en común. Se entra en un diálogo que va siendo creado, construido en el lazo humano y cuyo contenido somos nosotros mismos.

Hay que compartir el “carozo” del corazón. Al principio tiene sus dificultades ya que, en general, no se nos ha enseñado a abrir el corazón y expresar nuestros sentimientos. Tenemos muchos condicionamientos personales, familiares, sociales, culturales, psicológicos y temperamentales. Es relativamente común que se tengan estas dificultades.

Lo fundamental es el acto de libertad como gesto de apertura. Tenemos que aprender a compartir. Hay gestos que salen con simplicidad, sinceridad, frescura, naturalidad y espontaneidad. Otros se realizan con dificultades, esfuerzos y hasta con dolor. Todo acto genuino de libertad es también un gesto de liberación: A veces hay que romper con los condicionamientos, prejuicios, imágenes preconcebidas, inhibiciones, miedos y vergüenzas.

Podemos compartir toda la vida, hacerla palabra y gesto. Discernir cuál es la motivación más profunda que nos mueve; ver la dirección fundamental de nuestra búsqueda; opciones; criterios; valores; el contexto de la vida y sus circunstancias; los obstáculos y las inquietudes; los sueños y las expectativas, lo que aún está pendiente; las dificultades actuales; las preocupaciones y desafíos. Incluso, cuando el vínculo vaya arribando a una cierta madurez, abrirnos al proyecto de vida e incluso a la experiencia de Dios, sus caminos y dones.

También aprender a poner a la luz los propios límites, debilidades y heridas, animándonos a entregar lo que en nuestro interior requiere de la sanidad del amor.

Compartirlo todo con simplicidad y profundidad, no asumiendo “poses” afectadas, ni moviéndonos con imágenes, ni prejuicios. No siendo “rebuscados”, no inventando, exagerando, disimulando u ocultando. Sin mentirnos a nosotros mismos, intentando –en cambio- la autenticidad. No soñar con lo que no somos o vivimos, creando falsas expectativas a los demás, no teniendo en cuenta los sentimientos del otro. Saber siempre que el otro nos quiere bien y desea hacernos bien. El amor siempre nos hace ser mejor. Siempre nos regala nuestra mejor versión.

 

3. Compartir.

 

Para profundizar la relación hay que ir rompiendo las barreras interiores, no estar a la defensiva ni a la ofensiva. Crear un ámbito de confianza para la expresión de aquello que sentimos y pensamos. Liberar el corazón, aprender a acordar y a disentir. No tener miedo a las diferencias. Saber que el otro me aporta, me “multiplica”, me “suma”, no “resta”, ni “divide”. Me enriquece y complementa. La divergencia no es una oposición personal sino un intercambio de miradas desde un diálogo adulto y constructivo. Siempre soy recibido en un espacio de contención interior. Soy escuchado, el otro es responsable de lo que le comparto. Puedo apoyarme y descansar en él siendo aceptado y querido. Él transformará en su propia plegaria mi preocupación.

 

Hay que dejar que los otros nos puedan ayudar con la luz de su discernimiento y su experiencia, teniendo en cuenta lo que dicen y las orientaciones que dan. Si hay cosas que me reservo, no tiene que ser por egoísmo, pudor, timidez, vergüenza, miedo, represión, culpa o condicionamientos negativos sino porque yo o el otro debemos crecer, esperar el ritmo de la relación, el aumento de la confianza y el cariño o porque ahora no están dadas las condiciones, o no es el momento adecuado o el modo oportuno: Hay que ver cómo, cuándo, dónde, con quién, por qué, para qué…

 

Hay cosas que tienen que ser maduradas para ser entregadas y sanadas para ser compartidas. A menudo son curadas en el mismo acto de ser compartidas y recibidas.

Al compartir estamos siendo introducido en un ámbito donde sólo se puede ingresar sintiendo respeto, reverencia y delicadeza de quién sabe que sólo desde el amor se puede entrar a lo profundo.

Hay que intentar recibir y acoger al hermano creando un espacio interior de contención, escuchando con el corazón y no simplemente oír. Tener la hospitalidad del corazón, guardando lo que se comparte como un “tesoro escondido”, sabiendo que allí –en la vida comunicada- está el alimento del vínculo. Tenemos que sentirnos responsables del cuidado de la interioridad compartida.

El compartir del corazón luego se vuelve oración de entrega e intercesión ante Dios. Orar la vida, sus búsquedas e inquietudes, sus debilidades y caídas, sus logros y crecimientos. Orar el corazón propio y  del otro. Hacer del interior una plegaria

Así el compartir será realmente fructífero: No meramente de “información” sino de “elaboración” y construcción en común: Compartir para discernir, optar, obrar y crecer. En definitiva, amar para ser feliz.

 

4. Amor y libertad.

 

Mientras que la caridad es amor de absoluta gratuidad -porque puede existir sin correspondencia afectiva en común ya que podemos amar incluso a lo que no nos aman; en la Alianza fraterna -como vínculo de amistad- no puede existir sin esa mutua benevolencia y reciprocidad; la respuesta libre a la gratuidad del amor y la interpelación a la comunión.

Toda reciprocidad nace de la libertad de la elección compartida. Una libertad que se hace común, se transforma en corresponsabilidad; en “el re-encuentro entre dos llamadas que se confirman mutuamente” .

Todo amor nace de un acto libre de voluntad. Nadie puede obligar a nadie. Esta correspondencia afectiva no es simplemente el acto primero del amor que escoge o se deja elegir, es también el dinamismo constante del amor que se alimenta y madura desde la fidelidad como “permanencia en el amor”.

Permanencia que no es algo estático, quieto o pasivo sino que es dinamismo del amor. Tampoco es posesión egoísta y celosa de una pasión enfermiza, dependiente y absorbente sino que es la libertad del cariño fiel.

 

El amor necesita pasar de la posesividad a la entrega y de la “exclusividad” a la universalidad.. Cada uno tiene un lugar único e insustituible en el corazón del otro. Nada ni nadie puede arrebatarlo, ni suplantarlo. Nadie ocupa el lugar de otro.

El corazón del hermano es un privilegio para mí: Es como mi propio “lugar”. Allí siempre seré recibido. Entro y me encuentro con él, conmigo y con Dios. Allí comparto mi vida y la recibo. Descanso de todas mis fatigas y máscaras. Puedo permanecer sin los pesados disfraces de mí mismo; estar al descubierto sin vergüenza, ni ocultamientos. Allí nada es profano.

La contención de los corazones es el “ámbito” interior que el otro tiene en mí. Los vínculos necesitan de alimento, de lo contrario agonizan y mueren. Las realidades más profundas son siempre las más frágiles; por eso requieren de un mayor cuidado. Este alimento demanda tiempo, presencia, compartir, gestos, mutua responsabilidad, oración y detalles significativos, entre otras cosas. Es preciso cultivar la relación para una mejor calidad de vínculo para eso el amor necesita de la presencia en cualquiera de sus formas posibles.

El amor es presencia y comunión -incluso en la misma ausencia- ya que engendra una particular revelación del otro y su misterio. El amor es el único milagro que rompe con la soledad de todas las soledades y disipa el frío de tanta distancia.

 

5. Aprendizajes de amor.

 

Uno de los primeros aprendizajes del amor consiste en morir a la forma en que nos gustaría ser amados por el otro. Hay que dejarlo amar como él quiera, como pueda, como sepa, como le salga y como elija. No hay que imponer, ni exigir, ni demandar nada. Hay que dejarnos amar positivamente según la forma de amor del otro, recibiendo con gratitud esa manera personal de ser querido. Su amor me diferencia, me distingue, no me deja ser el mismo que antes.

El escritor colombiano Gabriel García Márquez nos dice: “Sólo porque alguien no te ame como tú quieres no significa que no te ame. Puedes ser solamente una persona en el mundo pero para alguna persona eres el mundo. Te quiero no por quien eres sino por quien soy cuando estoy contigo.”

Hay que madurar la relación hasta la total gratuidad la cual conlleva siempre sacrificio: “No hay mayor amor que dar la vida” dice Jesús (Jn 15,13). Todo verdadero amor es sacrificial. Recuerda que “ninguna persona merece tus lágrimas y quien se las merezca no te hará llorar. No pases tiempo con alguien que no esté dispuesto a pasarlo contigo. No llores porque se terminó, sonríe porque sucedió. Quizás Dios quiera que conozcas mucha gente equivocada antes de que conozcas a la persona adecuada, para que cuando al fin la conozcas, sepas estar agradecido”. (Gabriel García Marquéz.)

En todos los casos es necesario aprender a amar con el amor con que somos amados por Dios y así lograr que nuestro mismo amor ya ni siquiera nos pertenezca.

El amor es por sí mismo una delicadeza. Necesita de los detalles que crean el mundo, la “atmósfera” y lenguaje propio de los sentimientos. Se ama para ser de la mejor forma posible. Los detalles, símbolos de la intimidad construida en común –ya que no existen detalles para con los extraños- se revelan como la grandeza de la pequeñez.

Cuando se prioriza la relación por sobre la acción surgen los detalles como paisajes del mundo interior compartido. Los detalles son tan personales que sólo significan algo para quien los da o quien lo recibe en el lenguaje común del amor. Olvidar los detalles es no tener en cuenta una minúscula grandeza.

 

6. Distintas intensidades.

 

La relación en vínculos fraternos es la esencia del existir cristiano. La fraternidad y la amistad se transforman así en relaciones de la gracia y de la experiencia vincular de Dios. Cuando al otro le decimos “hermano”, “amigo” le asignamos un nombre que, por definición, es relacional. El vínculo fraterno asume lo mejor de lo humano llevándolo a la dimensión de la trascendencia. Asumir todo lo relacionalmente humano para resguardarlo en la gracia y lograr así que la gracia se humanice en un nuevo estilo de relación. La fraternidad -la única que hace a un hombre ser “hermano”- es un estilo de vinculación. La relación humana queda consagrada por un nuevo estilo.

Dios se ha hecho hombre para tener con los hombres un nuevo modo de relación desde un estilo “fraterno”. La fraternidad nos recuerda que nuestro Dios es un Dios Encarnado, un Dios humano, que nace, necesita crecer y expandir su humanidad.

La Encarnación nos hace ver que la calidad humana de cada persona es tan rica y única que Dios potencia esa riqueza con su gracia. La calidad humana y de la relación hacen que la intensidad espiritual de la experiencia de Dios se guste en la medida en que se vivan los vínculos humanos. No hay que imaginarse una sola forma de fraternidad, una sola manera de ser hermano de los otros. ¡Hay tantas posibilidades de profundidad en el vínculo humano! Lo importante es que sea manifieste un nuevo modo de relación en donde el hombre se abra al Dios humano y el ser humano refleje algo de Dios. Los primeros dones de la gracia que tenemos que trabajar son los dones de nuestra propia riqueza humana, la que se pone en juego en todos nuestros vínculos.

A partir de la Encarnación, Dios se ha hecho definitivamente hombre y, por consiguiente, el camino de la experiencia de Dios hay que hacerlo, ineludiblemente, desde el ensayo de las relaciones humanas. Dice el Apóstol San Juan: «A Dios nadie lo ha visto jamás. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y el amor ha llegado a su plenitud en nosotros. Si alguien dice, amo a Dios y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Nosotros hemos recibido de Él éste mandato: Quien ame a Dios, ame también a su hermano» (1 Jn 4,12.20-21). En este amar a Dios amando al hermano y amar al hermano amando a Dios confluye la armonía entre el mandamiento divino y el mandamiento humano del amor a Dios y al hombre. (Mt 22,34-40; Lc 10,25-28; Mc 12,28-34). Si un amor define al otro, esto indica que la experiencia de Dios necesariamente pasa por la experiencia humana y la experiencia humana forme parte genuina de la experiencia de Dios. La relación humana es mediación de la experiencia de Dios.

 

Dentro de las relaciones existen diversas intensidades: «projimidad»; «fraternidad»; «amistad»; «Alianza fraterna». En la medida que la relación sea más profunda posibilitará que se convierta en la experiencia del encuentro con Dios desde la relación con el otro.

 

Tenemos que ser personas que hayan experimentado algo de Dios y de su amor a partir del corazón de los que nos aman y de los que amamos. Dios se hizo hombre para que  el hombre fuera el ámbito relacional más propicio para la experiencia de Dios en el amor, su concreción más personal.

 

Eduardo Casas

 

¿Qué es la verdadera y auténtica amigabilidad?

La amigabilidad

La pregunta que has hecho es muy compleja. Tendrás que entender algunas otras cosas antes de que puedas comprender lo que es la verdadera y auténtica amigabilidad.

Lo primero es la amistad. La amistad es amor sin tintes biológicos. No es la amistad que ordinariamente entiendes: el novio, la novia. Emplear la palabra amigo asociada de cualquier manera con la biología es mera estupidez. Es encaprichamiento y locura. Estás siendo utilizado por la biología con fines reproductivos.

Si piensas que estás enamorado, estás equivocado; no es más que una atracción hormonal. Tu química puede cambiarse y tu amor desaparecerá. Con sólo una inyección de hormonas un hombre puede convertirse en mujer y una mujer puede convertirse en hombre.

La amistad es amor sin tintes biológicos. Se ha vuelto un fenómeno raro. Solía ser algo grandioso en el pasado, pero algunas de las cosas grandiosas del pasado han desaparecido por completo. Es algo muy extraño que las cosas feas son testarudas, no mueren con facilidad; y las cosas hermosas son muy frágiles, mueren y desaparecen muy fácilmente.

Hoy en día la amistad se entiende ya sea en términos biológicos o en términos económicos, o en términos sociológicos; en términos de conocimiento, un tipo de conocimiento. Pero la amistad significa que, si surge la necesidad, estarás listo aún a sacrificarte. La amistad significa que has hecho a alguien más importante que tú mismo, alguien más se ha vuelto más querido que tú mismo. No es un negocio. Es amor en su pureza.

Esta amistad es posible aún en la situación en la que te encuentras ahora. Hasta la gente inconsciente puede tener una amistad así. Pero si empiezas a hacerte más consciente de tu ser, entonces la amistad se empieza a convertir en amigabilidad. La amigabilidad tiene una connotación más amplia, un cielo mucho más grande. La amistad es algo pequeño comparado con la amigabilidad. La amistad puede terminar, el amigo puede volverse un enemigo. Esa posibilidad permanece intrínseca en la amistad misma.

Recuerdo a Maquiavelo guiando a la princesa del mundo en su gran obra: El Príncipe. Una de sus pautas es: Nunca le digas nada a tu amigo que no pudieras decirle a tu enemigo, pues la persona que es un amigo hoy, puede convertirse en un enemigo el día de mañana. Y la sugerencia que le sigue es: Nunca digas nada en contra del enemigo, porque el enemigo puede convertirse en un amigo el día de mañana. Luego entonces te sentirás muy incómodo.

Maquiavelo nos está dando una revelación muy clara: que nuestro amor ordinario se puede convertir en odio, nuestra amistad se puede volver enemistad en cualquier momento. Este es el estado inconsciente del hombre: en donde el amor esconde odio justo detrás, en donde odias a la misma persona que amas, pero no estás consciente de ello.

La amigabilidad se hace posible sólo cuando eres verdadero, auténtico, y estás absolutamente consciente de tu ser. Y de esta consciencia, si surge el amor será amigabilidad. La amigabilidad nunca puede convertirse en su opuesto. Recuerda esto como criterio, que los valores más grandes de la vida son solamente aquellos que no pueden convertirse en su opuesto; de hecho no existe el opuesto.

Tú preguntas: “¿Qué es la verdadera y auténtica amigabilidad?” Se requerirá una gran transformación en ti para que puedas tener una probada de amigabilidad. Así como eres, la amigabilidad es sólo una estrella muy lejana. Puedes voltear a ver la estrella lejana, puedes tener un cierto entendimiento intelectual, pero seguirá siendo sólo un entendimiento intelectual, no una probada de existencia.

A menos que tengas una probada existencial de la amigabilidad, será muy difícil, casi imposible, hacer una diferencia entre la amistad y la amigabilidad. La amigabilidad es la cosa más pura que puedas concebir sobre el amor. Es tan pura que ni siquiera la puedes llamar una flor, sólo puedes llamarla una fragancia que puedes sentir y experimentar, pero que no hay forma de agarrarla. Está ahí, los orificios de tu nariz están llenos de ella, todo tu ser está rodeado por ella. Sientes la vibración, pero no hay forma de agarrarla; la experiencia es tan grande y tan vasta y nuestras manos son demasiado pequeñas.

Te dije que tu pregunta es muy compleja, no por la pregunta en sí, sino por ti. Aún no estás en el punto en el que la amigabilidad se pueda volver una experiencia. Sé verdadero, sé auténtico y conocerás la cualidad más pura del amor; tan sólo una fragancia de amor rodeándote siempre. Y esa cualidad del amor más puro es la amigabilidad. La amistad va dirigida a alguien, alguien es tu amigo.

En una ocasión le preguntaron a Buda Gautama: “¿El hombre iluminado tiene amigos?” y él respondió: “No”. El interlocutor se escandalizó pues pensaba que el hombre que está iluminado debe tener por amigo al mundo entero. Pero Buda Gautama tiene razón, te escandalices o no. Cuando él dice: “El hombre iluminado no tiene amigos”, está diciendo que no puede tener amigos porque no puede tener enemigos. Ambos vienen juntos. El puede tener amigabilidad, pero no amistad.

La amigabilidad es amor que no está enfocado, que no va dirigido a nadie. No es un contrato, hablado o no hablado. No va de un individuo a otro; va de un individuo a toda la existencia, de la que el hombre es sólo una pequeña parte, porque en ella quedan incluidos los árboles, los animales, los ríos, las montañas, las estrellas. Todo está incluido en la amigabilidad.

La amigabilidad es el camino de tu ser real y auténtico; comienzas a irradiarla. Llega por su propia cuenta, no tienes que traerla. Quienquiera que se acerque a ti sentirá la amigabilidad. Eso no significa que nadie será tu enemigo. Por lo que a ti respecta, tú no serás enemigo de nadie, porque ya no eres el amigo de nadie. Pero tu altura, tu consciencia, tu estado de éxtasis, tu silencio, tu paz molestará a muchos, irritará a muchos, convertirá a muchos, sin entenderte, en tus enemigos.

De hecho, los hombres iluminados tienen más enemigos que los que no lo están. Quienes no están iluminados pueden tener algunos enemigos, algunos amigos. Los hombres iluminados tienen casi a todo el mundo en antagonismo hacia ellos, porque las personas ciegas no pueden perdonar al hombre que tiene ojos, y las ignorantes no pueden perdonar a quien sabe. No pueden sentir amor hacia el hombre que ha alcanzado su realización, porque sus egos están heridos.

Justo el otro día recibí cuatro cartas de cuatro diferentes prisiones americanas. Los cuatro prisioneros estaban pidiendo sannyas. Un prisionero americano ha estado leyendo mis libros. Desde que estuve en esa prisión por un día, las autoridades se interesaron, los prisioneros se interesaron, así que debieron haber ordenado mis libros.

El prisionero ha estado leyendo esos libros. Aunque es americano, él escribe: “Osho, leyendo tus libros, escuchándote en la televisión, y cuando estuviste en la prisión por un día, yo también estuve ahí” – él ha estado ahí casi por cinco años. “Fue una experiencia dichosa para mí y nunca olvidaré el día en que estuvimos juntos en la misma celda; ese ha sido el día más importante de mi vida. Y he estado llevando algo conmigo que quiero expresarte. Tú no has cometido ningún pecado, de eso estuve absolutamente seguro desde el momento en que te vi, pero el ser inocente parece ser un crimen mayor que cualquier otro. Y como se habló de ti en la radio, en la televisión, tus libros se leyeron en todo el país, llegó un momento en el que eras una figura más importante que el presidente de América. Eso es lo que desencadenó todo el proceso de destruir tu comuna, ponerte en prisión; sólo para humillarte”.

Me sorprendió que un prisionero pudiera tener un entendimiento tan profundo. El está diciendo que “la gente como tú está destinada a ser condenada, porque hasta las personas más grandiosas, más poderosas, parecen pigmeos ante tu conciencia y tu altura. Es tu culpa”, él me está diciendo. “Si no fueras tan exitoso, habrías sido ignorado. Si tu comuna no fuera tan exitosa, nadie se habría molestado por ti”.

El hombre iluminado no tiene amigos, ni enemigos, sino sólo un amor puro, que no va dirigido a alguien en particular. Está listo para verterlo en el corazón de cualquiera que esté disponible. Esa es la verdadera y auténtica amigabilidad.

Pero un hombre tal va a provocar a muchos egos, lastimará a quienes piensan que son personas muy importantes y poderosas. Los presidentes y las reinas y los primeros ministros y los reyes se van a preocupar de inmediato. Un hombre que no tiene poder de repente se ha vuelto el foco de atención de la gente, atrae a más gente que quienes tienen poder y dinero y prestigio. A un hombre así no se le puede perdonar. Tiene que ser castigado ya sea que haya cometido un crimen o no. Y un hombre iluminado no puede cometer un crimen; eso es completamente imposible. Pero ser inocente, ser amigable, ser amoroso sin razón alguna, simplemente ser tú mismo es suficiente para provocar a muchos egos en tu contra.

Así que cuando digo: “El hombre iluminado no tiene enemigos”, quiero decir que, por su parte, él no tiene enemigos. Pero del lado de los otros, cuanto mayor sea su altura, mayor será su antagonismo en contra de él, mayor será la enemistad, el odio, la condenación. Así es como ha estado sucediendo durante siglos.

Nirvano me estaba diciendo el otro día que el día que me multaron con cuatrocientos mil dólares – más de dos y medio millones de rupias – sabiendo perfectamente que yo no tengo ni un centavo, el abogado que trabajaba para Nirvano le dijo: “Lo han hecho de nuevo”. Ella le preguntó: “¿Qué estás diciendo?” Y él dijo: “Sí, lo han hecho otra vez. Han crucificado a Jesús nuevamente, de nuevo han castigado a un hombre que es completamente inocente – pero su inocencia lastima sus egos”.

Tan sólo una comprensión intelectual no será suficiente, aunque es bueno tener alguna comprensión intelectual, porque eso te puede ayudar a moverte hacia la experiencia existencial. Pero sólo la experiencia te dará el sabor completo de la enorme dulzura, la belleza, la divinidad y la verdad del amor.

OSHO   Satyam Shivam Sundram, Capítulo 10

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Si piensas que estás enamorado, estás equivocado; no es más que una atracción hormonal. Tu química puede cambiarse y tu amor desaparecerá

la amigabilidad puede existir incluso con una roca

         ¿Qué es la verdadera y auténtica amigabilidad?

La pregunta que has hecho es muy compleja. Tendrás que entender algunas otras cosas antes de que puedas comprender lo que es la verdadera y auténtica amigabilidad. Lo primero es la amistad.

La amistad es amor sin tintes biológicos. No es la amistad que ordinariamente entiendes: el novio, la novia. Emplear la palabra amigo asociada de cualquier manera con la biología es mera estupidez. Es encaprichamiento y locura. Estás siendo utilizado por la biología con fines reproductivos. Si piensas que estás enamorado, estás equivocado; no es más que una atracción hormonal. Tu química puede cambiarse y tu amor desaparecerá.

Con sólo una inyección de hormonas un hombre puede convertirse en mujer y una mujer puede convertirse en hombre. La amistad es amor sin tintes biológicos. Se ha vuelto un fenómeno raro. Solía ser algo grandioso en el pasado, pero algunas de las cosas grandiosas del pasado han desaparecido por completo. Es algo muy extraño que las cosas feas son testarudas, no mueren con facilidad; y las cosas hermosas son muy frágiles, mueren y desaparecen muy fácilmente.

Hoy en día la amistad se entiende ya sea en términos biológicos o en términos económicos, o en términos sociológicos; en términos de conocimiento, un tipo de conocimiento. Pero la amistad significa que, si surge la necesidad, estarás listo aún a sacrificarte.

La amistad significa que has hecho a alguien más importante que tú mismo, alguien más se ha vuelto más querido que tú mismo. No es un negocio. Es amor en su pureza. Esta amistad es posible aún en la situación en la que te encuentras ahora. Hasta la gente inconsciente puede tener una amistad así. Pero si empiezas a hacerte más consciente de tu ser, entonces la amistad se empieza a convertir en amigabilidad.

La amigabilidad tiene una connotación más amplia, un cielo mucho más grande. La amistad es algo pequeño comparado con la amigabilidad. La amistad puede terminar, el amigo puede volverse un enemigo. Esa posibilidad permanece intrínseca en la amistad misma.

La amistad solo puede existir entre dos hombres o como máximo entre un hombre y un animal; un caballo, un perro…

Pero la amigabilidad puede existir incluso con una roca, con un río, con una montaña, con una nube, con la estrella más lejana. La amigabilidad es ilimitada porque no depende del otro; es absolutamente tu propia fragancia.

OSHO

Un Maestro es siempre un amigo

Un Maestro siempre es un amigo

“Un maestro es siempre un amigo, pero su amistad tiene una fragancia totalmente diferente. Es menos una amistad y más una amistosidad. Su componente intrínseco es la compasión. El te ama porque no puede no hacerlo. El quiere compartir su experiencia contigo porque ve que tú lo estás buscando, que estás sediento por él. El hace que sus manantiales del agua más pura estén disponibles para tí. El goza y se siente agradecido si tú recibes sus regalos de amor, de amistad, de verdad.”

“Yo no voy a darte una meta. Sólo puedo darte una dirección -viva, desarrollándose con la vida, desconocida, siempre sorpresiva, imprevisible-. No voy a darte un mapa. Sólo puedo darte una gran pasión por descubrir. Sí, un mapa no es necesario; lo que se necesita es una gran pasión, un gran deseo de descubrir. Luego te dejo solo. Entonces tú avanzas por tu cuenta. Muévete en la inmensidad, en lo infinito, y poco a poco aprende a confiar en él. Entrégate a la vida.”