¿Qué es esta sociedad que exige tanto y que ha creado este lamentable estado de cosas? ¿Quién es el responsable de esto?

¿Cuáles son las exigencias de la sociedad? Dígamelo, por favor.

Interlocutor: ¿Cómo puede uno conciliar las exigencias de la sociedad con una vida de libertad total?

Krishnamurti: ¿Cuáles son las exigencias de la sociedad? Dígamelo, por favor. ¿Que vaya usted a la oficina de nueve a cinco, o a la fábrica, que acuda a un club nocturno para excitarse después de todo el fastidio del trabajo diario, que se tome dos o tres semanas de vacaciones en la soleada España o en Italia? ¿Cuáles son las exigencias de la sociedad? Que deba usted ganarse la subsistencia, que deba vivir en esa región particular del país durante toda su vida, ejerciendo como abogado, médico o dirigente sindical en la fábrica, etcétera. ¿De acuerdo? Por lo tanto, uno tiene que preguntarse: ¿Qué es esta sociedad que exige tanto y que ha creado este lamentable estado de cosas? ¿Quién es el responsable de esto? ¿La iglesia, el templo, la mezquita y todo el circo que tiene lugar dentro de ellos? ¿Quién es el responsable de todo esto? ¿Acaso la sociedad es diferente de nosotros? ¿O somos nosotros los que hemos creado la sociedad, cada uno de nosotros mediante nuestra ambición, nuestra codicia, nuestra envidia, nuestra violencia, nuestra corrupción, nuestro miedo, deseando nuestra propia seguridad en la comunidad, en la nación? ¿Entiende? Hemos creado esta sociedad y después culpamos a la sociedad por lo que nos exige.

En consecuencia, usted pregunta: ¿Puedo vivir en libertad absoluta o, más bien, puedo conciliar a la sociedad conmigo mismo y con mi búsqueda de libertad? ¡Es una pregunta tan absurda! Lo siento, no quiero ser descortés con el interlocutor. Es absurda porque usted es la sociedad. ¿Vemos eso realmente, no como una idea, no como un concepto o como algo que tenemos que aceptar? Somos nosotros, cada uno de nosotros, los que sobre esta tierra hemos creado los últimos cuarenta mil años o más, la sociedad en que vivimos, con la estupidez de las religiones, la estupidez de las naciones armándose constantemente. ¡Por el amor de Dios!, hemos creado eso porque insistimos en ser norteamericanos, franceses, rusos, etcétera, porque insistimos en llamarnos católicos, protestantes, hindúes, budistas o musulmanes y esto nos da una sensación de seguridad. Pero son estas mismas divisiones las que obstaculizan la búsqueda de seguridad. ¡Es tan evidente!

No hay, pues, conciliación posible entre la sociedad con sus exigencias y sus propios requerimientos de libertad. Esos requerimientos provienen de nuestra propia violencia, de nuestro propio limitado y feo egocentrismo. Una de las cosas más complejas es descubrir por nosotros mismos dónde radica esa condición egocéntrica, dónde se oculta muy, muy sutilmente nuestro ego. Puede ocultarse políticamente “haciendo el bien por el país”. Puede ocultarse más bellamente en el mundo religioso: “Yo creo en Dios, yo sirvo a Dios”; o en la ayuda social (y no es que yo esté contra la ayuda social, no salten a esa conclusión, pero puede ocultarse ahí). Se requiere un cerebro muy atento, no analítico sino observador, para ver dónde se ocultan las sutilezas del ego, del egoísmo. Entonces, cuando no hay ego, la sociedad no existe y usted no tiene que adaptarse a ella. Es sólo el cerebro que no advierte esto, el cerebro inatento, el que dice: “¿Cómo he de responder a la sociedad cuando estoy trabajando por la libertad?” ¿Comprende?

Si se me permite señalarlo, nosotros necesitamos reeducarnos no mediante la escuela, o la universidad (que también condicionan el cerebro), no mediante el trabajo en la oficina o en la fábrica. Necesitamos reeducarnos a nosotros mismos estando sensiblemente atentos, viendo cómo nos hallamos presos en las palabras.

¿Podemos hacer esto?

Si no podemos hacerlo, vamos a tener guerras perpetuas, perpetuo llanto, siempre habrá conflicto, desdicha y todo lo que eso implica. Quien les habla no es pesimista ni optimista, éstos son los hechos. Cuando uno vive con los hechos como son, no con datos producidos por la computadora, cuando los observa vigilando su propia actividad, sus propias búsquedas egoístas, de ello florece entonces una libertad maravillosa con toda su gran fuerza y belleza.

Las Exigencias de la Sociedad  –  “Ante un Mundo en Crisis”

Krishnamurti

En primer lugar, ¿qué es la vida, qué es esta cosa llamada existencia, llena de sufrimiento, de exceso de población, de políticos ineptos, de toda la corrupción, deshonestidad, los sobornos?…

 ¿Cómo hemos de afrontar la vida tal como es en la actualidad?

Pregunta: Nosotros nos encontramos viviendo en el temor a la guerra, a perder un empleo, si es que tenemos uno, en el temor al terrorismo, a la violencia de nuestros hijos, a estar a merced absoluta de políticos ineptos. ¿Cómo hemos de afrontar la vida tal como es en la actualidad?

Krishnamurti: ¿Cómo la afronta usted? Uno tiene que dar por sentado que el mundo se está volviendo más y más violento, eso es obvio. Las amenazas de guerra son también muy obvias y también lo es el muy extraño fenómeno de que nuestros hijos se están volviendo violentos. Uno recuerda a una madre que vino a vernos en la India, hace algún tiempo. Allá las madres gozan de gran respeto, y esta madre se hallaba horrorizada porque, según dijo, sus hijos la habían golpeado, una cosa inaudita en la India. Así que esta violencia se está extendiendo por todo el mundo. Y también existe ese temor a perder un empleo, como dice el interlocutor. Al enfrentarnos a todo esto, sabiendo todo esto, ¿cómo ha de afrontar uno la vida tal como es en la actualidad?

No lo sé. Sé cómo afrontarla por mí mismo, pero uno no sabe cómo la afrontará usted. En primer lugar, ¿qué es la vida, qué es esta cosa llamada existencia, llena de sufrimiento, de exceso de población, de políticos ineptos, de toda la deshonestidad, las trampas, los sobornos… todo lo que está sucediendo en el mundo? ¿Cómo lo afronta uno? Ciertamente, debemos preguntarnos primero qué significa vivir. ¿Qué significa vivir en este mundo tal como es? ¿Cómo vivimos nuestra vida cotidiana, de hecho, no teórica o filosóficamente o de modo idealista, sino cómo vivimos realmente nuestra vida de cada día? Si nos damos cuenta seriamente de ello, si lo examinamos, vemos que nuestra vida es una batalla constante, una constante lucha, esfuerzo tras esfuerzo. Tener que levantarse a la mañana es un esfuerzo. ¿Qué hemos de hacer? No podemos escapar de ello. Uno solía tratar a algunas personas que afirmaban la imposibilidad de vivir en el mundo y se retiraban totalmente a ciertas montañas del Himalaya y desaparecían. Eso es meramente eludir la realidad, escapar de ella, como lo es el quedar absorbido en una comunidad o unirse a un gurú con una inmensa fortuna y perderse ahí. Obviamente, esas personas no resuelven los problemas de la vida diaria ni investigan sobre el cambio, la revolución psicológica de una sociedad. Escapan de todo esto. Y nosotros, si no escapamos y realmente vivimos en este mundo tal como es, ¿qué haremos? ¿Podemos transformar nuestra vida de modo que en ella no haya ningún conflicto, porque el conflicto forma parte de la violencia? ¿Es eso posible?

Esta constante lucha para ser “algo” es la base de nuestra vida: la lucha por el devenir. ¿Podemos, como seres humanos que viven en este mundo, transformarnos a nosotros mismos? Ése es realmente el problema: transformarnos psicológicamente de manera radical, no a la larga, no admitiendo para ello el tiempo. Para un hombre serio, para un hombre verdaderamente religioso, no existe el mañana. Es una declaración bastante difícil de aceptar esta de que el mañana no existe; para un hombre religioso sólo existe el fecundo culto del hoy. ¿Podemos vivir esta vida totalmente y, de hecho, transformar nuestra relación cotidiana de unos con otros? Ésa es la verdadera cuestión, no qué es el mundo, porque el mundo somos nosotros. Por favor, vea esto: el mundo es usted, y usted es el mundo. Éste es un hecho obvio, terrible, un reto que debe ser afrontado completamente; o sea, que debemos darnos cuenta de que somos el mundo con toda su fealdad, de que hemos contribuido a todo esto, de que somos responsables por todo esto, por todo cuanto está ocurriendo en Medio Oriente, en África, por toda la locura que avanza en este mundo; nosotros somos los responsables de eso.

Podemos no ser responsables por las acciones de nuestros abuelos y tatarabuelos ‑por la esclavitud, por los miles de guerras, por la brutalidad de los imperios-, pero somos parte de ello. Si no sentimos nuestra responsabilidad, que implica ser totalmente responsables de nosotros mismos, de lo que hacemos, de lo que pensamos, del modo en que nos comportamos, entonces todo se vuelve más bien irremediable, sabiendo lo que es el mundo y lo imposible que resulta resolver individualmente, separadamente, este problema del terrorismo. Es problema de los gobiernos ver que sus ciudadanos estén seguros, protegidos, pero eso no parece importarles. Si cada gobierno se interesara realmente en proteger a su propio pueblo, no habría guerras. Pero, al parecer, también los gobiernos han perdido la cordura, sólo se interesan en los partidos políticos, en su propio poder, en su posición, en su prestigio. Ustedes ya conocen todo esto, ya saben las reglas de juego.

¿Podemos, pues, sin admitir el tiempo (o sea, el mañana, el futuro), vivir de tal manera que el hoy sea de primordial importancia? Eso significa que tenemos que volvernos extraordinariamente alertas a nuestras reacciones, a nuestra confusión, trabajar con gran ímpetu sobre nosotros mismos. Es lo único que aparentemente podemos hacer. Y si no lo hacemos, realmente no hay futuro para el hombre. No sé si han seguido algunos de los titulares que aparecen en los diarios; todo esto es una preparación para la guerra. Y si uno se prepara para algo, va a tenerlo, es como preparar una buena comida. A la gente común en el mundo eso no parece importarle. A los que están involucrados intelectual y científicamente en la producción de armamentos, no les importa. Ellos sólo se interesan en sus carreras, en sus empleos, en sus experimentaciones. Y si a aquellos de nosotros que somos personas bastante corrientes, la así llamada clase media, eso no nos importa en absoluto, entonces realmente estamos dándonos por vencidos.

Y lo trágico es que no parece importarnos. No nos unimos para pensar juntos, trabajar juntos. Sólo estamos demasiado dispuestos a ingresar en instituciones y organizaciones, con la esperanza de que ellas detengan las guerras y eviten que nos asesinemos unos a otros. Jamás lo han hecho. Las instituciones, las organizaciones, jamás pondrán fin a todo eso. Es el corazón humano, la mente humana la que está implicada en ello. Por favor, no estamos hablando retóricamente, nos enfrentamos a algo realmente muy peligroso. Nos hemos reunido con algunas de las prominentes personalidades que están involucradas en todo esto, y no les importa. Pero si a nosotros nos importa y nuestra vida cotidiana es vivida rectamente, si cada uno de nosotros está atento a lo que hace día tras día, entonces creo que hay alguna esperanza para el futuro.

Cómo Afrontar la Vida-  “Ante un Mundo en Crisis”

Krishnamurti

LOS MALES SOCIALES Y ECONÓMICOS NO PODRÁN REMEDIARSE SIN COMPRENDER QUÉ ES LO QUE LOS CAUSA

El mundo se ha sumido en el caos porque nosotros hemos perseguido valores falsos.

uno más: ¿Por qué no hace Ud. frente a los males económicos y sociales, en vez de refugiarse en una actitud mística y sombría?

Krishnamurti: He hecho lo posible por señalar que sólo dando importancia a las cosas primordiales, los problemas secundarios podrán ser entendidos y resueltos. LOS MALES SOCIALES Y ECONÓMICOS NO PODRÁN REMEDIARSE SIN COMPRENDER QUÉ ES LO QUE LOS CAUSA. Para entenderlos y de tal modo efectuar un cambio fundamental, tenemos que empezar por comprendernos a nosotros mismos, causantes de esos males. Nosotros, individual y colectivamente, hemos engendrado el desorden, las luchas económicas y sociales. Solo nosotros somos responsables de todo eso; y es por ello que nosotros mismos, individual y quizá colectivamente, podremos establecer el orden y la claridad. Para actuar colectivamente, tenemos que empezar por la acción individual. Para obrar como agrupación, cada cual tiene que entender y alterar radicalmente dentro de sí mismo aquellas causas que engendran conflictos y constante dolor. Con ayuda de leyes podréis obtener determinados resultados benéficos; pero si no se altera lo que hay en el fondo de todos los males, es decir, LAS CAUSAS FUNDAMENTALES DE TODO CONFLICTO Y ANTAGONISMO,  la obra legislativa terminará por ser subvertida y cederá su lugar a un nuevo desorden. Las reformas meramente externas exigirán nuevas reformas, Y POR ESE CAMINO SE LLEGA A LA OPRESIÓN Y A LA VIOLENCIA. El orden y la paz creadores y duraderos vendrán tan sólo si cada cual establece la paz y el orden dentro de sí mismo.

CADA UNO DE NOSOTROS, SEA CUAL SEA SU POSICIÓN, BUSCA EL PROPIO ENGRANDECIMIENTO: es codicioso, sensual y violento. Si no pone término a eso dentro de sí mismo y por sí mismo, las reformas externas podrán, por cierto, dar buenos resultados superficiales; pero éstos, en un momento dado, serán anulados por hombres que andan constantemente en busca de fama, de posición, de poder. Para producir los cambios indispensables y fundamentales en el mundo externo, con sus guerras, rivalidades y tiranías es evidente que deberéis empezar por vosotros mismos, transformándoos profundamente. Me diréis que en esa forma llevará un tiempo enorme modificar el mundo. ¿Y QUÉ HAY CON ESO? ¿Acaso una revolución superficial, por rápida e implacable que sea, alterará el hecho íntimo? ¿Sacrificando el presente podrá crearse un mundo futuro de felicidad? ¿EMPLEANDO MALOS MEDIOS PODRÁN LOGRARSE BUENOS FINES? Esto no se nos ha probado, a pesar de lo cual continuamos haciendo siempre lo mismo, ciegamente, irreflexivamente, con el resultado de que el mundo ha llegado a la más extrema destrucción y miseria. No es posible alcanzar la paz y el orden si no es por medios ordenados y pacíficos. ¿El propósito de las revoluciones meramente externas económicas y sociales, es acaso libertar al hombre ayudándole a pensar y sentir plenamente, a vivir de un modo completo? Los que quieren cambios rápidos, inmediatos, en el orden económico y social, también crean normas rígidas de conducta y de pensamiento. No aspiran a que se sepa “cómo pensar”; dictan “lo que hay que pensar”. ¿NO ES ASÍ? El cambio brusco defrauda, pues, su propio objetivo, y el hombre vuelve a ser juguete del medio ambiente.

He tratado de explicar en estas conferencias que la ignorancia, la mala voluntad y la concupiscencia, engendran dolor, y que si el hombre no se purifica, no elimina de su ser esos estorbos, inevitablemente produce conflictos, desorden y miseria. LA IGNORANCIA, ES DECIR, LA FALTA CONOCIMIENTO PROPIO, ES EL MAYOR DE LOS MALES. La ignorancia impide el recto pensar y pone el principal acento en cosas que son secundarias, con lo cual la vida se torna vacía, monótona, mera rutina mecánica de la que buscamos salida en diversas formas: arrojándonos al dogma, a la especulación y a una serie de engañosos espejismos. NADA DE ESO ES MISTICISMO. Pero si procuramos entender al mundo externo, alcanzaremos el mundo interior; y éste, cuando se lo busca acertadamente y se lo entiende de verdad, conduce a lo Supremo. Esta realización no es fruto de ninguna escapatoria, y sólo esta realización traerá orden y paz al mundo.

El mundo se ha sumido en el caos porque nosotros hemos perseguido valores falsos. Hemos dado importancia a lo terrenal, a la sensualidad, a la gloria y a la inmortalidad personales, cosas todas que engendran conflictos y dolor. El verdadero valor se halla en el recto pensar; y no hay recto pensar sin conocimiento propio. El conocimiento propio nos llega cuando adquirimos clara y alerta conciencia de nosotros mismos.

Problemas Económico-Sociales –  “Ante un Mundo en Crisis”

Krishnamurti

La creencia en Dios ha existido desde que el mundo es mundo, lo que no nos ha impedido llenarlo de horrores

Somos un resultado del pasado, y al edificar sobre él sin entenderlo, provocamos desastres

Nidia: ¿La creencia en Dios no es necesaria en este mundo terrible y despiadado?

Krishnamurti: La creencia en Dios ha existido desde que el mundo es mundo, lo que no nos ha impedido llenarlo de horrores. Tanto el salvaje como el sacerdote altamente civilizado creen en Dios. El hombre primitivo mata con arcos y flechas, y se dedica a danzas frenéticas; el sacerdote civilizado bendice los acorazados y los bombarderos, dando para ello una serie de razones. Esto no lo digo cínicamente ni con ánimo despreciativo, de modo que no tenéis por qué sonreír. Es un asunto muy serio. Ambos son creyentes; pero están también los otros, los que no creen en nada, y que también optan por liquidar a los que se les cruzan en el camino. El hecho de adherirse a una creencia o a una ideología no acaba con las matanzas, la opresión y la explotación. Por el contrario, ha habido y continúan produciéndose espantosas guerras, destrucción y persecuciones en las que se invoca la causa de la paz y el nombre de Dios. Si logramos hacer de lado esas creencias e ideologías antagónicas, e introducimos en nuestra vida diaria un cambio profundo, habrá alguna probabilidad de que surja un mundo mejor. Es la propia vida cotidiana de cada ser humano que ha provocado la actual y anteriores catástrofes. Nuestro atolondramiento, nuestros exclusivismos nacionales, nuestras barreras y privilegios económicos, nuestra falta de compasión y de buena voluntad, han traído estas guerras y otros desastres. La mundanalidad, de naturaleza eruptiva, vomitará siempre caos y dolor.

Somos un resultado del pasado, y al edificar sobre él sin entenderlo, provocamos desastres. La mente, que es un resultado, un compuesto, no llega a entender Aquello que no está constituido por fragmentos, que carece de causa y es independiente del tiempo. Para comprender lo increado, la mente debe cesar de crear. Toda creencia pertenece forzosamente al pasado, a lo creado; y ella constituye un impedimento para la experimentación de lo real. Cuando el pensar‑sentir está anclado, en estado de dependencia, el entendimiento de lo real resulta imposible. Tiene que haber una franca y serena liberación del pasado, una espontánea inundación de silencio; sólo en tales condiciones puede florecer Aquello que es real.

Cuando contempláis una puesta de sol, en ese instante de belleza un júbilo espontáneo y creador os invade. Luego, cuando deseáis que la misma experiencia se repita, la puesta de sol ya no os emociona; tratáis de sentir la misma dicha creadora, pero no la halláis. Vuestra mente fue capaz de recibir cuando nada pedía ni esperaba; pero habiendo recibido una vez quiere más y esa codicia la enceguece. La codicia es acumulativa y representa una pesada carga para la mente-corazón; no cesa de juntar, de almacenar. Nuestro pensar y sentir se ven corrompidos por la codicia, por las olas corrosivas del recuerdo. Sólo un estado de conciencia alerta y profunda pone fin a este proceso absorbente del pasado. La codicia, al igual que el placer, siempre limita y singulariza. ¿Y cómo un pensamiento nacido de la codicia habría de entender Aquello que es inconmensurable?

En lugar de reforzar vuestras creencias e ideologías, daos plena cuenta de vuestro pensar y sentir, pues en él está el origen de los problemas que la vida os presenta. Lo que vosotros sois, la es el mundo: si sois crueles, sensuales, ignorantes, codiciosos; así será el mundo. Vuestra creencia en Dios, o vuestra incredulidad a su respecto, muy poco significan. Sólo con vuestros pensamientos, sentimientos y acciones, en efecto, haréis del mundo una cosa terrible, cruel, bárbara, o un lugar de paz, de compasión y de sabiduría.

Problemas Espirituales-  “Ante un Mundo en Crisis”

Krishnamurti

Cuando la mente concibe una teoría de Dios o de la verdad, lo probable es que sea un producto de su propia fantasía

Tanto la creencia, como la no creencia en Dios, impiden la comprensión de Dios

Vikes: Díganos usted, por favor, ¿cuál es su concepto de Dios?

Krishnamurti: Y bien, ¿por qué queremos saber si hay Dios? Si de un modo profundo podemos entender la intención de esta pregunta, comprenderemos muchísimo. La creencia y la no creencia, son obstáculos positivos para la comprensión de la realidad; la creencia, los ideales, son el resultado del temor, el temor limita al pensamiento y para escapar del conflicto nos acogemos a distintas formas de esperanzas, estímulos e ilusiones. La realidad es experiencia auténtica, directa. Si dependemos de la descripción de otro, la realidad se desvanece porque lo que se describe no es real. Si nunca hemos probado la sal, de nada sirve la descripción de su sabor. Tenemos que probarla para conocerla. Ahora bien, la mayoría de nosotros queremos saber lo que es Dios, porque somos indolentes, porque es más fácil depender de la experiencia de otro que de nuestra propia comprensión; esto también cultiva una actitud irresponsable en nosotros, y entonces todo lo que tenemos que hacer es imitar a otro, modelar nuestra vida de acuerdo con un patrón o según la experiencia de otro, y siguiendo su ejemplo pensamos que hemos llegado, que hemos alcanzado, que hemos realizado. Para comprender lo supremo debe haber liberación del tiempo, el continuo pasado, presente y futuro: de los temores a lo desconocido, de los fracasos y del éxito.

Dios, la Verdad, o como queráis llamar a la realidad, no puede describirse. Lo que se puede describir no es lo real. Es vano inquirir si hay Dios, porque la realidad nace cuando el pensamiento se liberta de sus limitaciones, de sus anhelos. Si estamos educados en la creencia en Dios o en la oposición a ella, el pensamiento está sugestionado y se está formando un hábito, de generación en generación. Tanto la creencia, como la no creencia en Dios, impiden la comprensión de Dios. Estando anclados en la fe, cualquiera experiencia que podáis tener de acuerdo con vuestra creencia, sólo puede fortalecer más vuestro condicionamiento previo. La mera continuidad del pensamiento limitado no es la comprensión de la realidad.

Cuando afirmamos a través de nuestra propia experiencia que existe o no existe Dios, estamos continuando y multiplicando experiencias influidas por el pasado. Sin que comprendamos las causas de nuestra esclavitud las experiencias no nos dan sabiduría. Si continuamos repitiendo determinada influencia a la que llamamos experiencia, tal cosa sólo fortalece nuestras limitaciones; pero no produce la liberación de ellas. La mente, como apunté en mi plática, es resultado del anhelo y, por tanto, transitoria; así, cuando la mente concibe una teoría de Dios o de la verdad, lo probable es que sea un producto de su propia fantasía, y por ende, no es real. Tiene uno que llegar a darse cuenta plenamente de las distintas formas de anhelo, de temor, etc., y a través de la indagación y discernimiento constantes, nace una nueva comprensión que no es resultado del intelecto o de la emoción. Para comprender la realidad, tiene que haber lucidez, constante y darse cuenta.

 

El amor es la única respuesta duradera a nuestros problemas humanos. No lo dividáis artificialmente en amor a Dios y amor al hombre. Solamente hay amor, pero el amor está cercado por diversas barreras. La compasión, el perdón, la generosidad y la bondad no pueden existir si no hay amor. Sin amor, todas las virtudes llegan a ser crueles y destructivas. El odio, la envidia, la mala voluntad, impiden la plenitud del pensamiento-emoción y es solamente en lo completo, en la plenitud, en donde puede haber compasión, perdón.

Problemas Espirituales-  “Ante un Mundo en Crisis”

Krishnamurti


Nuestro deseo es que se nos distraiga, se nos divierta, se nos libre de nosotros mismos, dado que íntimamente somos tan pobres, desdichados, vacíos, y que siempre, por una causa u otra, nos agobia alguna pena

Así como una piedra puede torcer el curso de un río, unos pocos hombres que entiendan de verdad podrán quizá desviar este terrible curso de la especie humana

 

Pregunta: Como muchos otros hombres de Oriente, parece Ud. estar contra la industrialización. ¿Por qué lo está?

Krishnamurti: Yo no sé si muchos hombres de Oriente están contra la industrialización, y si lo están, ignoro qué razones invocan para ello; pero creo haberos explicado por qué considero que la simple industrialización no da solución alguna a nuestros problemas humanos, con todos sus conflictos y sufrimientos. La mera industrialización fomenta valores mundanos: mejores y más amplios cuartos de baño, mejores y mayores coches, distracciones, diversiones y todo lo demás. Los valores externos y temporales adquieren precedencia sobre los valores eternos. Se busca la felicidad y la paz en las posesiones, ya sean materiales o intelectuales; en el apego a las cosas o al mero conocimiento.

Recorred cualquiera de las calles principales y veréis tiendas y más tiendas que venden la misma cosa aunque de diferentes formas y colores; innumerables revistas y miles de libros. Nuestro deseo es que se nos distraiga, se nos divierta, se nos libre de nosotros mismos, dado que íntimamente somos tan pobres, desdichados, vacíos, y que siempre, por una causa u otra, nos agobia alguna pena. Y de ese modo, habiendo demanda, hay producción y se establece la tiranía de la máquina. Y se nos ocurre que la simple industrialización resolverá nuestro problema económico y social. ¿Lo resuelve realmente? Tal vez durante un tiempo; pero con ella llegan las guerras, las revoluciones, la opresión y la explotación, y les llevamos la “civilización” a los pueblos no civilizados.

Bueno, la industrialización y la máquina ya las tenemos, y no podemos deshacernos de ellas. Pero ellas sólo ocupan su verdadero lugar cuando el hombre no depende de las cosas para su felicidad, cuando cultiva la riqueza intima, los imperecederos tesoros de la realidad suprema. Sin ello, la mera industrialización acarrea inenarrables horrores; acompañada de los tesoros del alma tiene un sentido. Este no es un problema de tal o cual raza o país, es un problema humano. Sin el poder compensador de la compasión y de la espiritualidad, lo único que obtendréis con el mero acrecentamiento de la producción de cosas, de hechos y de técnica, serán mejores y mayores guerras, opresión en lo económico, mayor rivalidad de las potencias, medios más sutiles de engaño, división y tiranía.

Así como una piedra puede torcer el curso de un río, unos pocos hombres que entiendan de verdad podrán quizá desviar este terrible curso de la especie humana. Pero nos resulta difícil resistir la constante presión de la civilización moderna si no mantenemos nuestra conciencia constantemente despierta y alerta, descubriendo así los tesoros que son imperecederos.

Problemas Económico-Sociales –  “Ante un Mundo en Crisis”

 

Krishnamurti

 

Yo quiero servir y ayudar a mis semejantes. ¿Cuál es la mejor forma?

Sin el conocimiento de sí mismo, el hombre actúa en la ignorancia y engendra sufrimiento

Krishnamurti: La mejor forma consiste en empezar a entenderos y modificaros vosotros mismos. En el deseo de ayudar y servir al prójimo se halla oculta la vanidad, el engreimiento. Cuando uno ama, ayuda. Este afán de ayudar nace de una vanidad.

Si queréis ayudar a otro ser tendréis que conoceros a vosotros mismos, pues vosotros sois el otro ser. En lo externo podemos ser diferentes; amarillos, negros, morenos o blancos. Pero a todos nos mueve el deseo, el miedo, la codicia o la ambición; por dentro nos parecemos mucho. Sin entenderse a sí mismo, nadie puede entender ni servir realmente al prójimo. Sin conocimiento propio, ¿cómo podréis tener conocimiento de las necesidades ajenas? Sin el conocimiento de sí mismo, el hombre actúa en la ignorancia y engendra sufrimiento

Analicemos lo que antecede. La industrialización se difunde rápidamente a través del mundo, impulsada por la codicia y por la guerra. La industrialización puede dar trabajo y alimentar a la gente, ¿pero cuál será su resultado final? ¿Qué le ocurre a un pueblo altamente desarrollado en el aspecto técnico? Será más rico, tendrá más automóviles, más aviones, más lugares de diversión, más cinematógrafos, casas mejores y en mayor número, ¿pero qué le acontece como conglomerado de seres humanos? Que ellos se vuelven cada vez más duros, más mecánicos, menos creadores.

La violencia sienta entre ellos sus reales: y el gobierno, en tales circunstancias, es la organización de la violencia. La industrialización podrá traer mejores condiciones económicas, ¡pero con qué espantosos resultados! Conventillos y barrios miserables, antagonismo entre trabajadores y no trabajadores, caudillos y esclavos, capitalismo y comunismo, es decir, todo ese caos que se extiende rápidamente a diversas partes del mundo. Suele decirse que por suerte habrá elevación del nivel de vida, que la miseria será liquidada, que habrá trabajo, libertad, dignidad y otras cosas más. Lo que hay y que continúa, mientras tanto, es la división de los hombres en ricos y pobres, en poderosos y ambiciosos de poder.

¿Y el final de todo ello, cuál es? ¿Qué ha sucedido en Occidente? Guerras, revoluciones, amenaza constante de destrucción, infinita desesperación. ¿Quién brinda ayuda a quién, y quién sirve a quién? Cuando todo cae destruido en torno nuestro, los hombres de pensamiento tienen que investigar a qué causas profundas ello obedece. ¡Son tan pocos, empero, los que parecen formularse ese interrogante! El hombre al que una bomba le hace volar la casa envidia sin duda al hombre primitivo. La civilización ha sido llevada a los pueblos “atrasados”… ¡pero a qué precio!

No basta servir a nuestros semejantes; hay que considerar cuáles serán las consecuencias de dicho “servicio”. Pocos son los que perciben las causas más profundas de tanto desastre. No es posible destruir la industria ni prescindir de la aviación; lo que si resulta posible es extirpar de raíz las causas que conducen a su mal empleo. Las causas de todo ese espanto residen en vosotros mismos. Podréis desarraigarlas, lo que representa sin duda una tarea difícil. Pero como el hombre no hace frente a esa tarea, trata de legalizar o prohibir la guerra; surgen los pactos, las ligas, la seguridad internacional y otras cosas por el estilo. Pero la codicia, la ambición, se sobreponen a ellas, lo que trae como consecuencia la guerra y las catástrofes económico-Sociales

Para ayudar a los demás, habréis de conoceros a vosotros mismos. Los demás, al igual que vosotros, son el resultado del pasado. Estamos todos en relación los unos con los otros. Si padecéis en lo intimo de vuestro ser la enfermedad de la ignorancia, la mala voluntad y la ira, inevitablemente difundiréis en torno vuestro enfermedad y sombras. Si sois íntimamente sanos e íntegros, difundiréis luz y paz; no siéndolo, contribuiréis a producir peor caos y mayor miseria.

Entenderse a uno mismo requiere paciencia, tolerante y despierta conciencia. El “yo” es una obra en varios tomos que no puede leerse en un día; pero una vez comenzada esa lectura, hay que leer cada palabra, cada frase, cada párrafo, ya que en ellos están las insinuaciones del todo. El comienzo de esa obra es el final de la misma. Si sabéis leerla, encontraréis la suprema sabiduría.

Problemas Económico-Sociales –  “Ante un Mundo en Crisis”

Krishnamurti