¿No es extraño que la gente preste tan poca atención a sí misma con referencia al conocimiento de si? ¿No es extraña la complacencia obtusa con que cierran sus ojos a lo que realmente son?

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¿Que podría darle al hombre la posibilidad de emplear el tiempo ventajosamente en su búsqueda, sino la libertad de toda clase de apego?

Pregúntense: ¿son libres? Muchos se inclinan a contestar “sí “ si están relativamente seguros en un sentido material y no tienen que inquietarse acerca del mañana; si no dependen de nadie para la subsistencia o para la elección de las condiciones de vida. Pero ¿es esto libertad? ¿Se trata sólo de condiciones exteriores? …

Al hablar sobre diferentes temas, he notado lo difícil que es el transmitir, aunque sea a una persona bien conocida, la comprensión que se tiene hasta del tema más ordinario. Nuestro idioma es demasiado pobre para descripciones completas y exactas. Más tarde, encontré que esta falta de comprensión entre un hombre y otro es un fenómeno matemáticamente ordenado, tan preciso como las tablas de multiplicar. En general, depende de la así llamada “psique” de la gente de que se trata y, en particular, del estado de su psique en un momento dado.

La verdad de esta ley puede verificarse a cada paso. Para ser comprendido por un hombre, no sólo es necesario para el que habla saber cómo hablar, sino también para el que escucha saber cómo escuchar. Y es por esto que puedo decir que si yo hablara del modo que considero exacto, todos aquí, con muy pocas excepciones, pensarían que estoy loco. Pero como ahora tengo que hablar para mi auditorio tal cual es, y mi auditorio tendrá que escucharme, primero debemos establecer la posibilidad de un entendimiento común. Mientras hablamos, debemos señalar gradualmente los hitos de una conversación productiva. Todo lo que quiero sugerir en este momento es que traten de mirar los fenómenos y cosas que les rodean, especialmente a ustedes mismos desde un punto de vista, desde un ángulo, que puede ser diferente a lo que es usual o natural para ustedes. Sólo mirar, porque el hacer más sólo es posible con el deseo y la cooperación del que escucha, cuando el que escucha deja de escuchar pasivamente y empieza a hacer, es decir, cuando se mueve hacia un estado activo.

Muy a menudo, al conversar con la gente, se oye la opinión directa o implícita de que al hombre, tal como lo encontramos en la vida ordinaria, se lo podrá considerar casi el centro del universo, el ‘‛ápice de la creación” o, en cualquier caso, una entidad grande e importante, cuyas posibilidades son casi ilimitadas, sus poderes casi infinitos. Pero aun con tales puntos de vista hay ciertas reservas: dicen que para esto se necesitan condiciones excepcionales, circunstancias especiales, inspiración, revelación, etc. Sin embargo, si examinamos esta concepción del “hombre”, vemos de inmediato que está formada por características que pertenecen no a un hombre, sino a varios individuos conocidos o supuestamente diferentes. En la vida real, nunca encontramos a tal hombre, ni en el presente, ni como personaje histórico en el pasado, ya que cada hombre tiene sus propias debilidades y si se mira más de cerca, se designa el espejismo de grandeza y de poder.

Pero la cosa más interesante no es que la gente disfrace a los demás con este espejismo, sino que, debido a una característica peculiar de su propia psique, lo transfiera a sí misma, si no en su totalidad, por lo menos en parte, como un reflejo. Y así, aunque las personas son casi nulidades, se imaginan ser ellas mismas este tipo colectivo o algo muy parecido.

Mas si un  hombre sabe cómo ser sincero consigo mismo —no sincero como usualmente se entiende esa palabra, sino despiadadamente sincero- entonces a la pregunta: “¿Que es usted?” no esperara una contestación reconfortante. Por lo tanto, sin esperar que ustedes se aproximen a experimentar por si’ mismos sobre lo que estoy hablando, sugiero que para comprender mejor lo que quiero decir, cada uno de ustedes ahora debería hacerse a sí mismo la pregunta: “¿Qué soy yo‛?” Estoy seguro que el 95 por ciento de ustedes se quedara perplejo con esta pregunta y contestará con otra: “¿Qué quiere usted decir?‛’.

Y esto probará que un hombre ha vivido durante toda su vida sin hacerse esta pregunta, que ha dado por sentado, axiomáticamente, que él es “algo”, hasta algo muy valioso, algo que nunca ha puesto en duda. Al mismo tiempo, es incapaz de explicar a otra persona lo que es. ¿Y no sería que no lo sabe, porque de hecho este “algo” no existe, sino que su existencia es mera presunción? ¿No es extraño que la gente preste tan poca atención a sí misma con referencia al conocimiento de si”? ¿No es extraña la complacencia obtusa con que cierran sus ojos a lo que realmente son y gastan sus vidas en la plácida convicción de que representan algo valioso? Dejan de ver la irritante vacuidad escondida detrás de la fachada demasiado pintada creada por su propio engaño y no se dan cuenta de que su valor es puramente convencional. En verdad, esto no es siempre así.

No toda la gente se ve a sí misma tan superficialmente. Sí, existen las mentes inquisitivas que anhelan la verdad del corazón, la buscan, se esfuerzan por resolver los problemas planteados por la vida, tratan de penetrar dentro de sí mismos. Si un hombre razona y piensa sanamente, no importa que camino siga al resolver estos problemas, inevitablemente debe regresar a sí mismo y empezar a solucionar el problema de lo que el mismos es y cuál es su lugar en el mundo que lo rodea. Porque sin este conocimiento no tendrá ningún punto de enfoque en su búsqueda. Las palabras de Sócrates, “Conócete a ti mismo”, persisten para todos aquellos que buscan el verdadero conocimiento y el ser.

Acabo de usar una nueva palabra: “ser”. Para estar seguro que por ella todos entendemos la misma cosa, tendré que decir algunas palabras como explicación.

Acabamos de preguntarnos si lo que un hombre piensa de sí mismo corresponde a lo que es en realidad, y ustedes se preguntaron a sí mismos qué son. He aquí un médico, allá un ingeniero ya allí un artista. ¿Son realmente lo que pensamos que son? ¿Podemos considerar la personalidad de cada uno de ellos como idéntica a su profesión, a la experiencia que esta profesión, o su preparación para ella, le ha dado?

Cada hombre llega al mundo como una hoja de papel en blanco; luego la gente y las circunstancias a su alrededor empiezan a rivalizar entre sí para ensuciar esta hoja y cubrirla con escritos. Entran aquí la educación, la formación de la moralidad, la información que llamamos conocimiento; todos los sentimientos de deber, honor, conciencia, etc. Y todos pretenden que los métodos adoptados para injertar al tronco estos retoños conocidos como la “personalidad del hombre” son inmutables e infalibles. Gradualmente se ensucia la hoja y mientras más se ensucia con el así llamado ‛’conocimiento‛’, más listo se considera al hombre. Cuanto más hay escrito en el espacio llamado “deber”, más honesto se dice que es poseedor; y así es con todo. Y la misma hoja sucia, al ver que la gente considera su suciedad como un mérito, cree que es valiosa. Este es un ejemplo de lo que llamamos “hombre”, al cual aún agregamos frecuentemente términos tales como talento y genio. Sin embargo, el humor de nuestro ‘‛genio”, cuando se despierta en la mañana, se arruina para todo el día si no encuentra sus pantuflas junto a la cama.

El hombre no es libre ni en sus manifestaciones ni en su vida. No puede ser lo que desea ser ni lo que cree que es. No se asemeja al retrato de sí mismo y las palabras ‛’hombre”, el ápice de la creación no son aplicables a él.

“Hombre”, éste es un término para enorgullecerse, pero tenemos que preguntarnos ¿qué clase de hombre? No el hombre, por cierto, que se irrita por trivialidades, que presta atención a pequeñeces y se enreda en todo lo que lo rodea. Para tener derecho a llamarse hombre, se debe ser un hombre; y este “ser” se obtiene sólo a través del conocimiento de sí y del trabajo sobre uno mismo en las direcciones que llegan a ser claras a través del conocimiento de sí.

¿Han tratado ustedes alguna vez de observarse mentalmente cuando su atención no está concentrada en algún problema determinado? Supongo que la mayoría de ustedes están familiarizados con esto, aunque tal vez sólo unos pocos lo han vigilado sistemáticamente en sí mismos. Sin duda, ustedes se han dado cuenta de nuestro modo de pensar por asociaciones casuales, cuando nuestro pensamiento ensarta escenas y memorias desconectadas, cuando cada cosa que cae dentro del campo de nuestra conciencia o apenas la toca ligeramente, hace surgir en nuestro pensamiento estas asociaciones causales. La cadena de pensamientos parece continuar sin interrupción, entretejiendo fragmentos de representaciones de percepciones anteriores, tomadas de diferentes grabaciones en nuestra memoria. Y estas grabaciones giran y se desenvuelven mientras nuestro aparato pensante teje hábil y continuamente los hilos del pensamiento de este material.

Las grabaciones de nuestros sentimientos giran del mismo modo; agradable y desagradable, alegría y tristezas, risa e irritación, placer y dolor, simpatía y antipatía. Al ser alabado usted está contento; alguien lo regaña y su humor se echa a perder. Algo nuevo capta su interés e instantáneamente le hace olvidar lo que tanto le interesaba el momento anterior. Gradualmente su interés lo amarra a esta nueva cosa, hasta que se hunde de pies a cabeza; de repente ya no la posee, usted ha desaparecido, está amarrado y disuelto en esta cosa; de hecho ella lo posee, lo ha cautivado; y esta infatuación, esta capacidad para ser cautivado, bajo muchos diferentes modos, es una característica de cada uno de nosotros. Esto nos amarra y nos impide ser libres. Por lo mismo nos quita nuestra fuerza y nuestro tiempo, dejándonos sin posibilidad de ser objetivos y libres: dos cualidades esenciales para quien decide seguir el camino del conocimiento de sí.

Debemos esforzarnos por la libertad si nos esforzamos por el conocimiento de sí. La tarea de un más amplio conocimiento y desarrollo de sí es de tal importancia y seriedad, demanda tan intensidad de esfuerzo, que es imposible intentarla descuidadamente y en medio de otras cosas. La persona que emprende esta tarea debe darle preeminencia en su vida, la que no es tan larga para permitirle el malgastarla en trivialidades.

¿Que podría darle al hombre la posibilidad de emplear el tiempo ventajosamente en su búsqueda, sino la libertad de toda clase de apego?

Libertad y seriedad. No la clase de seriedad que se asoma bajo cejas fruncidas y labios arrugados, ademanes cuidadosamente reprimidos y palabras filtradas entre los dientes, sino la clase de seriedad que significa determinación y persistencia en la búsqueda, intensidad y constancia en ella tal, que un hombre, aun cuando descansa, continúa con su tarea principal.

Pregúntense: ¿son libres? Muchos se inclinan a contestar “sí “ si están relativamente seguros en un sentido material y no tienen que inquietarse acerca del mañana; si no dependen de nadie para la subsistencia o para la elección de las condiciones de vida. Pero ¿es esto libertad? ¿Se trata sólo de condiciones exteriores? …

PERSPECTIVAS DESDE EL MUNDO REAL (1º)

Beethoven – Violin Concerto – Vadim Repin – Valery Gergiev – Kirov Orchestra Saint Petersburg

G.I. GURDJIEFF

G.I. GURDJIEFF

LA ETOLOGÍA DEL MIEDO ¿Qué tipo de vida puede surgir del miedo?

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La intensidad con la que me afecta el miedo va desde una ligera incomodidad o nudo en el estómago hasta un pánico vertiginoso, como si el mundo se fuera a acabar. ¿De dónde procede? ¿Adónde se dirige? 

EL MIEDO SOLO EXISTE EN EL MECANISMO DE LA MENTE. Tendrás que aprender a separarte del mecanismo. Nos hemos identificado tanto con el mecanismo que nos hemos olvidado por completo de la distancia. Solo es la mente, y la mente no es otra cosa que el conjunto de los condicionamientos recibidos de otros.

Empieza a observar un poco. Por ejemplo, ves una rosa e inmediatamente dices: «Es hermosa». Analízalo, obsérvalo: ¿de quién son las palabras que estás repitiendo? ¿Esta aseveración de que la flor es hermosa es tu experiencia aquí, ahora, en este momento? ¿Es realmente tu experiencia en este momento, o simplemente estás repitiendo unas palabras que has leído en un libro o que has oído decir a alguien cuando eras niño? Un profesor, un familiar, un amigo… haz memoria, lo que encuentres te sorprenderá.

Si te observas en profundidad lograrás recordar: «Es cierto, esa determinada persona fue la primera a quien le oí decir: “Mira que flor tan hermosa”». Eso entró a formar parte de tu programa, y lo has estado repitiendo desde entonces. Y cuanto más lo has repetido, más se ha ido integrando. Ahora es casi como una grabación magnetofónica: Ves la flor, que es el estímulo, e inmediatamente viene la respuesta, la grabación empieza a reproducirse diciendo: «Es hermosa». No eres tú quien lo está diciendo.

El programa ni siquiera te ha permitido ver la flor.

Tampoco el miedo procede de tu ser. Obsérvalo, analízalo, entra en ello, y te sorprenderás al descubrir quién te ha enseñado.

Alguien te ha hecho temer al amor, a los extraños, a lo desconocido, cuando eras pequeño; de ahí esas voces. Podrás descubrir de quién son esas voces; de tu madre, de tu padre… y no estoy diciendo que estuvieran equivocados. Cuando lo dijeron, tenían sentido. Pero ahora no lo tiene. Ya eres mayor, ahora esos programas no son apropiados, no son más que resacas del pasado; pero siguen ahí porque la mente no sabe cómo borrarlos; a no ser que te vuelvas muy consciente y los borres conscientemente. La mente no puede borrar sus programas automáticamente. La mente solo tiene la posibilidad de ser programada, no puede desprogramarse a sí misma.

Este es uno de los problemas más fundamentales que se han de afrontar. Y en eso consiste mi trabajo: ayudarte a tomar conciencia de tu programación y, así, puedas separarte y ver que no eres el programa. Solo entonces, cuando haya la suficiente distancia, podrás borrar muchos programas que simplemente han caducado, que ya no tienen sentido pero que, si no te separas de ellos, llevas y llevarás hasta que mueras.

Según he observado, el niño se identifica con su mente programada alrededor de los cinco años. Hasta esa edad, el niño todavía está vivo, porque aún no ha sido programado; después, se transforma en un mecanismo. Alrededor de los cinco años de edad, se deja de aprender por completo. Uno repite el programa cada vez mejor, más hábilmente, más eficientemente pero, básicamente, es el mismo programa hasta la muerte… a no ser que, por azar, llegues a una situación, a un campo de energía en el que se te pueda hacer consciente; casi obligándote, a pesar de ti mismo, a darte cuenta de todo este disparate que la mente te está jugando.

Siempre que te encuentras con algo nuevo tu mente te dice: « ¡Espera! Esto es muy extraño; es algo que no habías hecho nunca antes». La mente te dice: «No hagas nada que no hayas hecho antes; no lo hagas, es arriesgado. ¿Quién sabe cuál será el resultado? ». La mente es siempre ortodoxa porque vive a través de programas. Ella quiere que solo hagas aquello que ya has hecho, porque en eso eres bueno, eficiente. Es más seguro, ya sabes hacerlo.

Pero si entras en alguna extraña situación, ¿quién sabe lo que puede ocurrir? ¿Quién sabe si será lo correcto o no? ¡Ten cuidado! La mente te dice: «Ajústate al viejo programa, limítate a vivir como lo has estado haciendo hasta ahora; si mantienes la misma rutina, habrá menos posibilidades de errar».

La mente quiere evitar errores, pero la vida no; la vida quiere ir a través de los errores para aprender más; porque solo se aprende yendo a través del intento y el error. Si dejamos de cometer errores, también dejamos de aprender. Y por lo que yo he observado, la gente que deja de aprender se vuelve neurótica; el no aprender es una especie de neurosis. Uno siente miedo a aprender más, así que se mantiene en la misma rutina. Uno se cansa, se aburre pero, no obstante, sigue manteniéndose en la misma rutina porque se ha acostumbrado a ella; le resulta familiar, conocida.

La aparición del miedo solo es una indicación de que ha surgido algo que va en contra del programa que has estado siguiendo hasta ahora, de que has llegado a una situación en la que tendrás que volver a aprender. Eso significa que tendrás que abandonar tu neurosis, significa que todo lo que has hecho, desde tu niñez hasta ahora, desde que tenías cinco años hasta ahora, ha de ser borrado, abandonado poco a poco… para que puedas volver a ser un niño y reanudar el proceso de aprendizaje donde lo habías dejado.

La intensidad con la que me afecta el miedo va desde una ligera incomodidad o nudo en el estómago hasta un pánico vertiginoso, como si el mundo se fuera a acabar. ¿De dónde procede? ¿Adónde se dirige?

Todos tus miedos son producto de la identificación.

Cuando amas a una persona, con el amor, en el mismo paquete, viene el miedo: esa persona puede dejarte. Ya ha dejado a otro para estar contigo; hay precedentes, puede que contigo haga lo mismo. Tienes miedo, sientes un nudo en el estómago. Tu apego es tan grande que no puedes entender el simple hecho de que has venido al mundo solo. Antes, vivías sin esa persona, y estabas perfectamente, sin el nudo en el estómago. Un día, si esa persona se va… ¿a qué viene ese nudo? Tú ya sabes cómo estar sin esa persona, podrás volver a estar solo.

El miedo a que mañana puedan cambiar las cosas… uno se puede morir, se puede arruinar, perder su empleo, mil y una cosas pueden cambiar. Estás repleto de miedos, y ninguno de ellos es válido; porque ayer también estabas repleto de todos esos miedos, innecesariamente. Las cosas pueden haber cambiado, pero todavía sigues vivo. El ser humano tiene una enorme capacidad para ajustarse a cualquier situación. Se dice que los hombres y las cucarachas son los seres que tienen la mayor capacidad de ajustarse. Por eso, donde sea que haya hombres, habrá cucarachas, y donde haya cucarachas, habrá hombres. Van juntos, son similares. Los primeros hombres que llegaron a lugares tan remotos como el Polo Norte o el Polo Sur se dieron cuenta de que habían traído consigo a las cucarachas y que, además, estaban perfectamente sanas y reproduciéndose.

Solo con observar su distribución en la Tierra se puede ver que el hombre vive en miles de diferentes climas, situaciones geográficas, políticas, sociológicas, religiosas; no obstante, se las apaña para vivir. Y lleva siglos viviendo… las cosas van cambiando y él se va adaptando.

No hay nada que temer. Aunque se acabe el mundo, ¿qué importa? ¡Tú te acabarás con él! ¿Acaso crees que cuando el mundo se acabe quedarás tú solo en una isla? No te preocupes, ¡algunas cucarachas te harán compañía! ¿Qué problema hay si se acaba el mundo? Es algo que me han preguntado muchas veces, pero ¿dónde está el problema? Si se acaba, se acaba. No supondrá ningún problema para nosotros porque no estaremos aquí; estaremos acabándonos con él, y no habrá nadie para preocuparse por ello. En realidad, será la liberación definitiva del miedo. El final del mundo significará el final de todos los problemas, de todas las molestias, de todos los nudos en el estómago. No veo dónde está el problema.

Pero sé que todo el mundo está lleno de miedo. Todo el mundo lleva una especie de coraza, y hay razones para ello. La primera es que el niño nace completamente indefenso a un mundo del que no sabe nada. Como es natural, le da miedo lo desconocido que se encuentra. Todavía no ha olvidado esos nueve meses absolutamente amparado y seguro en los que no había ni problemas ni responsabilidades ni preocupación por el mañana.

Para nosotros, son nueve meses, pero para el niño, es una eternidad. Él no sabe nada de calendarios, no sabe nada de minutos, horas, días, meses. Ha vivido una eternidad en una seguridad absoluta, sin ninguna responsabilidad y, de repente, es arrojado a un mundo desconocido en el que depende de otros. Es normal que tenga miedo. Todos son más grandes y poderosos, y no puede vivir sin su ayuda. Sabe que es dependiente; ha perdido su independencia, su libertad.

El niño es débil, vulnerable, inseguro. Automáticamente empieza a crear una coraza, una protección para sí mismo, de diferentes formas. Por ejemplo, tiene que dormir solo; está en la oscuridad y tiene miedo, pero tiene a su osito de peluche y se convence a sí mismo de que no está solo; su amigo está con él. Se pueden ver niños con sus ositos de peluche en los aeropuertos, en las estaciones de tren. ¿Crees que es solo un juguete? Para ti, lo es, pero para el niño, es un amigo; un amigo que está ahí cuando no hay nadie más para consolarle; en la oscuridad de la noche, cuando está solo en la cama, el osito de peluche siempre está con él.

Creará ositos de peluche psicológicos. Recuerda, aunque un hombre adulto puede pensar que no tiene ositos de peluche, se equivoca. ¿Qué es su Dios? Un osito de peluche. Debido a su miedo en la infancia, el hombre ha creado una figura paternal que lo sabe todo, que está presente en todas las partes, si tienes la fe suficiente en él, te protegerá. Pero la propia idea de la protección, la propia idea de que se necesita un protector, es infantil en sí misma.

Entonces aprendes a rezar, que no es más que una parte de tu coraza psicológica; el fin de la oración es recordarle a Dios que estás aquí, solo, en medio de la noche. Nuestras plegarias, cánticos, mantras, nuestras escrituras, nuestros dioses, forman parte de nuestra coraza psicológica. Es algo muy sutil. El cristiano cree que solo él será salvado, nadie más. Pues bien, ese es su mecanismo defensivo, todo el mundo irá al infierno menos él, porque él es cristiano. Pero eso es común en todas las religiones, todos creen igualmente que solo ellos serán salvados. No tiene nada que ver con la religión, tiene que ver con el miedo y con ser salvado del miedo. Así que, en cierto modo, es natural; pero, en un determinado punto de tu madurez, la inteligencia exige que se abandone. El osito de peluche estaba bien cuando eras niño, pero un día lo tienes que abandonar.

Finalmente, un día te desharás de tu coraza, eso significará que habrás dejado de vivir desde el miedo. ¿Qué tipo de vida puede surgir del miedo? Cuando te quitas la coraza, puedes vivir desde el amor, puedes vivir de una forma madura. La persona plenamente madura no tiene miedo, ni defensa; es, psicológicamente, abierta y vulnerable.

Hasta cierto punto, la coraza puede ser una necesidad; quizá lo sea. Pero cuando te hagas mayor, y no me refiero solo al tamaño sino también a la madurez, empezarás a ver lo que llevas a cuestas. Si te fijas atentamente, encontrarás miedo detrás de muchas cosas. Una persona madura debería desconectarse de todo aquello que esté conectado al miedo. Así es como llega la madurez. Observa todos tus actos, todas tus creencias, y mira a ver si están basados en la realidad, en la experiencia, o en el miedo. Hay que deshacerse inmediatamente de todo aquello que esté basado en el miedo, sin pensárselo dos veces. Eso es tu coraza.

Yo no puedo fundirla por ti, solo puedo mostrarte cómo deshacerte de ella. Nadie te puede quitar tu coraza psicológica. Serás tú quien tenga que luchar. Tú eres el único que puede hacer algo para quitártela, que es ver todas y cada una de sus partes. Si algo está basado en el miedo, deshazte de ello. Si está basado en la razón, en la experiencia, en la comprensión, en vez de deshacerte de ello, lo que tienes que hacer es convertirlo en parte de tu ser.

Pero en tu coraza no encontrarás ni una sola cosa que esté basada en tu experiencia. Todo es miedo, de la A a la Z.

Vivimos desde el miedo, por eso vamos envenenando todas las experiencias. Si cuando amamos a alguien lo hacemos desde el miedo, nuestro amor se deteriora, se envenena. Buscamos la verdad pero, si lo hacemos desde el miedo, no la encontraremos.

Hagas lo que hagas, recuerda una cosa: Desde el miedo no vas a crecer. Solo te empequeñecerás y morirás. El miedo está al servicio de la muerte.

Una persona sin miedo tiene todo lo que la vida quiere regalar. Entonces no hay ninguna barrera. Será colmada de regalos, y todo lo que haga tendrá fuerza, poder, certeza, una gran sensación de autoridad.

Una persona que vive desde el miedo siempre está temblando en su interior. Siempre está al borde de la locura, porque la vida es grande, y si siempre tiene miedo… y existen toda clase de miedos.

Se puede hacer una lista muy larga, te sorprenderá la cantidad de miedos que existen; ¡aun así, estás vivo! Por todas partes hay infecciones, enfermedades, peligros, secuestros, terrorismo… ¡y la vida es tan pequeña! Y, al final, está la muerte, que no se puede eludir. Toda tu vida se oscurecerá.

Abandona el miedo; lo adoptaste inconscientemente en tu infancia; ahora abandónalo conscientemente y sé maduro. Si lo haces, la vida puede ser una luz que se va intensificando según vas creciendo.

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OSHO   – La etología del miedo 1ª –

Maher Zain – Nas Teshbehlena |
ناس تشبهلنا – ماهر زين 

IDENTIFICACIÓN DEL EGO CON EL CUERPO-DOLOR

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Por supuesto, el cuerpo-dolor existe por ciertas cosas que ocurrieron en el pasado. Es el pasado vivo en ti, y si te identificas con el cuerpo-dolor, te identificas con el pasado. Tener identidad de víctima es creer que el pasado tiene más fuerza que el presente, que es lo opuesto a la verdad. Es creer que otras personas, y lo que te hicieron, son responsables de quien eres ahora, de tu dolor emocional y de tu incapacidad de ser tú mismo.

TRANSMUTACIÓN DEL SUFRIMIENTO EN CONCIENCIA

La atención consciente sostenida corta el vínculo entre el cuerpo-dolor y el proceso de pensamiento, y pone en marcha el proceso de transmutación. Es como si el dolor se convirtiera en combustible para la llama de tu conciencia, que a partir de ese momento arde con más fulgor. Este es el significado esotérico del antiguo arte alquímico: la transmutación de metales inferiores en oro, o del sufrimiento en conciencia. La división interna se cura y vuelves a estar completo. A partir de entonces tu responsabilidad consiste en no crear más dolor.

ENFOCA TU ATENCIÓN EN LO QUE SIENTES DENTRO DE TI. Identifica el cuerpo-dolor y acepta que está ahí. No pienses en él, no dejes que el sentimiento se convierta en pensamiento. No juzgues ni analices. No te fabriques una identidad con el  dolor. Mantente presente y continúa siendo un  observador de lo que ocurre dentro de ti.

Toma conciencia no sólo del dolor emocional, sino también de «aquel que lo observa», el testigo silencioso. Éste es el poder del ahora, el poder de tu propia presencia consciente. Observa qué ocurre a continuación.

Este proceso que acabo de describir es muy poderoso, pero también muy simple. Podría enseñarse a un niño, y es de esperar que algún día sea una de las primeras cosas que los niños aprendan en la escuela. Una vez aprendido el principio básico de mantenerte presente como observador de lo que ocurre dentro de ti —«entendiéndolo» por experiencia directa— tienes a tu disposición la más potente herramienta de transformación.

Esto no niega que puedas hallar intensas resistencias internas a soltar la identificación con tu dolor. Ello ocurrirá particularmente si has vivido muy identificado con tu cuerpo-dolor durante casi toda tu vida, y toda o la mayor parte de tu identidad está invertida en él. Esto significa que a partir del cuerpo-dolor te has fabricado un yo infeliz y te identificas con esa ficción mental. En tal caso, el miedo inconsciente a perder tu identidad creará una fuerte resistencia a cualquier desidentificación. En otras palabras, preferirás sentir dolor —ser el cuerpo-dolor— que dar un salto a lo desconocido y arriesgarte a perder tu familiar identidad desgraciada.

OBSERVA TU RESISTENCIA INTERNA. Observa el apego a tu dolor. Mantente muy alerta. Observa el peculiar placer que te proporciona ser infeliz. Observa la tendencia compulsiva a hablar o a pensar en tu desdicha. La resistencia cesará si la haces consciente.

Entonces puedes llevar tu atención al cuerpo-dolor, mantenerte presente como testigo e iniciar así su transmutación.

Tú eres el único capaz de hacerlo. Nadie puede hacerlo por ti. Pero si tienes la suerte de encontrar al alguien que es intensamente consciente, si puedes estar con esa persona y unirte a ella en el estado de presencia, eso te ayudará y acelerará las cosas. Tu propia luz pronto se fortalecerá.

Si ponemos un tronco que está empezando a arder junto a otro que ya está ardiendo intensamente, y después de un rato volvemos a separarlos, el primero arderá con mucha más intensidad. Después de todo, es el mismo fuego el que arde en ambos. Una de las funciones del profesor espiritual es ser ese fuego. Algunos terapeutas también pueden realizar la misma función, siempre que hayan ido más allá del nivel de la mente y puedan crear y mantener una intensa presencia consciente mientras trabajan contigo.

Lo primero que has de recordar es que mientras sigas identificándote con el dolor, no podrás liberarte de él. Mientras parte de tu sentido de identidad siga invertido en tu dolor emocional, sabotearás o te resistirás inconscientemente a cualquier intento de sanar ese dolor.

¿Por qué? Simplemente porque quieres mantenerte intacto, y el dolor se ha convertido en una parte esencial de ti. Éste es un proceso inconsciente, y el único modo de resolverlo es hacerlo consciente.

EL PODER DE TU PRESENCIA

VER REPENTINAMENTE que estás o has estado apegado a tu dolor puede ser muy impactante. En el momento de darte cuenta, ya has roto el apego.

El cuerpo-dolor es un campo energético, casi como una entidad, que se ha alojado temporalmente en tu espacio interno. Es energía de vida que se ha quedado atrapada, energía que ya no fluye.

Por supuesto, el cuerpo-dolor existe por ciertas cosas que ocurrieron en el pasado. Es el pasado vivo en ti, y si te identificas con el cuerpo-dolor, te identificas con el pasado. Tener identidad de víctima es creer que el pasado tiene más fuerza que el presente, que es lo opuesto a la verdad. Es creer que otras personas, y lo que te hicieron, son responsables de quien eres ahora, de tu dolor emocional y de tu incapacidad de ser tú mismo.

La verdad es que el único poder existente está contenido en este momento: es el poder de tu presencia. Cuando lo sabes, también te das cuenta de que ahora mismo eres responsable de tu espacio interno —nadie más lo es— y de que el pasado no puede prevalecer ante el poder del ahora.

La inconsciencia lo crea, la conciencia lo transmuta en conciencia. San Pablo expresó este principio universal de una manera muy hermosa: «Todo se muestra cuando queda expuesto a la luz, y lo que queda expuesto a la luz se convierte en luz.»

Del mismo modo que no puedes luchar contra la oscuridad, tampoco puedes luchar contra el cuerpo-dolor. Si lo intentaras crearías más conflicto interno y prolongarías el dolor. Basta con observarlo. Observarlo implica aceptarlo como parte de lo que es en este momento.

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Sarah Brightman Fleurs du mal

DE LAS RELACIONES ADICTIVAS A LAS RELACIONES ILUMINADAS

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Entre las dos pasiones capitales –el amor y el odio- existe una gama muy variada de sentimientos. El desamor no está entre el amor y odio sino entre el amor y el “no-amor”, el cual  una especie de enfriamiento,  hastío, cansancio, aburrimiento y desgaste total del vínculo.

TANTO SI VIVES SOLO COMO SI VIVES EN PAREJA, la clave es estar presente e intensificar progresivamente tu presencia mediante la atención al ahora. Si quieres que florezca el amor, la luz de tu presencia debe ser lo suficientemente intensa como para no verte arrollado por el pensador o por el cuerpo-dolor, ni los confundas con quien eres. Conocerse como el Ser que está debajo del pensador, la quietud que está debajo del ruido mental, el amor y la alegría que se encuentran debajo del dolor, eso es libertad, salvación, iluminación. Desidentificarse del cuerpo-dolor es llevar la presencia al dolor y así transmutarlo.

Desidentificarse del pensamiento es poder ser el observador silencioso de tus pensamientos y de tu conducta, especialmente de los patrones repetitivos de tu mente y de los roles que representa tu ego. Si dejas de investirla de «yoidad», la mente pierde su cualidad compulsiva, formada básicamente por la constante tendencia a juzgar y a resistirse a lo que es, creando así conflicto, drama y más dolor. De hecho, en el momento en que dejas de juzgar y aceptas lo que es, eres libre de la mente. Has creado espacio para el amor, para la alegría, para la paz.

PRIMERO DEJAS DE JUZGARTE A TI MISMO; después dejas de juzgar a tu pareja. El mayor catalizador del cambio en las relaciones es la aceptación total de tu pareja tal como es, dejando completamente de juzgarla y de intentar cambiarla. Eso te lleva inmediatamente más allá del ego. A partir de entonces todos los juegos mentales y el apego adictivo se acaban. Ya no hay víctimas ni verdugos, ni acusadores ni acusados.

La aceptación total también supone el final de la codependencia; ya no te dejas arrastrar por el patrón inconsciente de otra persona, favoreciendo de ese modo su continuidad. Entonces, o bien os separáis —con amor—, o bien entráis juntos más profundamente en el ahora, en el Ser. ¿Es así de simple? Sí, es así de simple. El amor es un estado de Ser. Tu amor no está fuera; está en lo profundo de ti. Nunca puedes perderlo, no puede dejarte. No depende de otro cuerpo, de otra forma externa.

EN LA QUIETUD DE TU PRESENCIA puedes sentir tu propia realidad informe e intemporal: es la vida no manifestada que anima tu forma física. Entonces puedes sentir la misma vida en lo profundo de los demás seres humanos y de las demás criaturas. Miras más allá del velo de la forma y la separación. Esto es alcanzar la unidad. Esto es amor. Aunque es posible tener breves atisbos, el amor no puede florecer a menos que estés permanentemente liberado de la identificación mental y tu presencia sea lo bastante intensa como para haber disuelto el cuerpo-dolor, o hasta que puedas, al menos, mantenerte presente como observador. De ese modo, el cuerpo-dolor no podrá arrebatarte el control y destruir el amor.

Eckhart Tolle

Last Kiss – Taylor Swift

-Tiene una intro de 27 segundos. (El mismo número que duró la llamada telefónica en la que Joe terminó con Taylor)
Taylor habla sobre Last Kiss: ”La canción Last Kiss es algo así como una carta a alguien.. Para simplemente expresar todos estos sentimientos desesperados y desesperanzados que tienes después de una ruptura. En el transcurso del término de una relación sientes todas estas cosas diferentes… Sientes rabia, sientes confusión y frustración, pero luego viene la tristeza absoluta… La tristeza de perder a esta persona, de perder todas las memorias y todas las esperanzas que habías proyectado para el futuro. Hay veces en las que simplemente tienes este momento de verdad y tienes que admitirte a ti misma que extrañas todas esas cosas. Cuando yo estaba en uno de esos momentos, escribí esta canción.”

EL DESAMOR QUE NOS DUELE

El desamor es un estado, tan complejo como el mismo amor y asume muchas variaciones de ánimo,  sentimientos y actitudes.

El desamor puede nacer de nosotros,  cuando nos aman y no correspondemos; cuando abandonamos o nos alejamos, por el motivo que fuere, de una relación; cuando somos indiferentes o nos ausentamos de alguien.

You're Not Sorry

You’re Not Sorry (Photo credit: Wikipedia)

También puede nacer de otros para con nosotros: cuando amamos y no nos tienen en cuenta; cuando no estamos entre las prioridades de otra persona; cuando han preferido cortar todo lazo con nosotros y nuestro entorno; cuando sufrimos la decepción y la frustración de un vínculo; cuando la relación se corta o cambia paulatina o drásticamente; cuando deja de alimentarse y agoniza o muere; cuando padecemos mal de amores –esa especie de sufrimiento generalizado- por algún amor herido.

El desamor ciertamente es muy complejo y se expresa en algunas de las situaciones recién mencionadas y en muchas más. En general, el estado de ánimo y los sentimientos que genera son de dolor, crisis afectivo-psicológica, desesperanza, rabia, impotencia, desilusión,  desgano; tristeza, enojo,  sufrimiento interior, perturbación, confusión, perplejidad, desconcierto, incertidumbre, preguntas sin responder, deseos de recomponer el vínculo, pedidos de perdón, etc.

Entre las dos pasiones capitales –el amor y el odio- existe una gama muy variada de sentimientos. El desamor no está entre el amor y odio sino entre el amor y el “no-amor”, el cual  una especie de enfriamiento,  hastío, cansancio, aburrimiento y desgaste total del vínculo.

Cuando lo único que se recibe de una persona es desamor. La relación  ha dejado de ser sana. Por lo cual, lo más conveniente, en muchos casos, es resguardar la salud emocional de las personas involucradas.

No se puede recibir sólo desamor todo el tiempo. Para preservar la salud y la dignidad. Hay que hacerse a un costado y empezar a escribir otra historia. No hay que vivir de deudas pasadas.

Los seres humanos estamos hechos para el amor, no para el desamor.

Sin embargo, muchas veces, de tan cerca que estamos nos lastimamos.

Eduardo Casas

Nuestro deseo es que se nos distraiga, se nos divierta, se nos libre de nosotros mismos, dado que íntimamente somos tan pobres, desdichados, vacíos, y que siempre, por una causa u otra, nos agobia alguna pena

Así como una piedra puede torcer el curso de un río, unos pocos hombres que entiendan de verdad podrán quizá desviar este terrible curso de la especie humana

 

Pregunta: Como muchos otros hombres de Oriente, parece Ud. estar contra la industrialización. ¿Por qué lo está?

Krishnamurti: Yo no sé si muchos hombres de Oriente están contra la industrialización, y si lo están, ignoro qué razones invocan para ello; pero creo haberos explicado por qué considero que la simple industrialización no da solución alguna a nuestros problemas humanos, con todos sus conflictos y sufrimientos. La mera industrialización fomenta valores mundanos: mejores y más amplios cuartos de baño, mejores y mayores coches, distracciones, diversiones y todo lo demás. Los valores externos y temporales adquieren precedencia sobre los valores eternos. Se busca la felicidad y la paz en las posesiones, ya sean materiales o intelectuales; en el apego a las cosas o al mero conocimiento.

Recorred cualquiera de las calles principales y veréis tiendas y más tiendas que venden la misma cosa aunque de diferentes formas y colores; innumerables revistas y miles de libros. Nuestro deseo es que se nos distraiga, se nos divierta, se nos libre de nosotros mismos, dado que íntimamente somos tan pobres, desdichados, vacíos, y que siempre, por una causa u otra, nos agobia alguna pena. Y de ese modo, habiendo demanda, hay producción y se establece la tiranía de la máquina. Y se nos ocurre que la simple industrialización resolverá nuestro problema económico y social. ¿Lo resuelve realmente? Tal vez durante un tiempo; pero con ella llegan las guerras, las revoluciones, la opresión y la explotación, y les llevamos la “civilización” a los pueblos no civilizados.

Bueno, la industrialización y la máquina ya las tenemos, y no podemos deshacernos de ellas. Pero ellas sólo ocupan su verdadero lugar cuando el hombre no depende de las cosas para su felicidad, cuando cultiva la riqueza intima, los imperecederos tesoros de la realidad suprema. Sin ello, la mera industrialización acarrea inenarrables horrores; acompañada de los tesoros del alma tiene un sentido. Este no es un problema de tal o cual raza o país, es un problema humano. Sin el poder compensador de la compasión y de la espiritualidad, lo único que obtendréis con el mero acrecentamiento de la producción de cosas, de hechos y de técnica, serán mejores y mayores guerras, opresión en lo económico, mayor rivalidad de las potencias, medios más sutiles de engaño, división y tiranía.

Así como una piedra puede torcer el curso de un río, unos pocos hombres que entiendan de verdad podrán quizá desviar este terrible curso de la especie humana. Pero nos resulta difícil resistir la constante presión de la civilización moderna si no mantenemos nuestra conciencia constantemente despierta y alerta, descubriendo así los tesoros que son imperecederos.

Problemas Económico-Sociales –  “Ante un Mundo en Crisis”

 

Krishnamurti

 

EL TANTRA DE LA VIDA Y LA MUERTE

Todos somos codependientes y bipolares en mayor o menor medida. Cuanto más codependientes somos, más creemos que son los otros los que están comportándose incorrectamente, -patología del juez-; emerge la necesidad de salvarlos de su error, -patología del salvador-, o bien de perseguirlos y ajusticiarlos, -patología del verdugo. O sentimos que somos los culpables de todo o que el mundo está contra nosotros, -patología de la víctima.

LA MUERTE Y EL TRIÁNGULO DE LA CODEPENDENCIA

Buscamos el fruto de nuestros deseos actuando como salvadores, víctimas, jueces, perseguidores, verdugos o tiranos, quizá esta última sea la forma más grave de todas. Buscamos fuera de nosotros el fruto de nuestros deseos. Manipulamos para no sentirnos solos, abandonados o rechazados. La muerte, la soledad, el abandono y el rechazo son los miedos-raíz que condicionan nuestra bipolaridad/codependencia.

Sin estos miedos básicos seríamos libres, amaríamos libremente, con honestidad y sin hipocresía. Pero nadie está libre de pecado, todos tenemos defectos y buscamos los defectos de los demás para extender nuestra tela de araña. Tapamos nuestra vulnerabilidad con todas nuestras fuerzas para no sentir dolor. Aunque cuanto más empeño aplicamos en esconder esa fragilidad, más oxidada y rígida se vuelve nuestra armadura. El apego aparece con ganas y el deseo de poseer a otros para no sentir abandono y desamparo destruye nuestras entrañas lentamente.

Ése es el origen de la codependencia: un gran deseo por poseer que se transformó súbita y traumáticamente en frustración, rechazo, abandono, miedo. Pero no existe el trauma más que en el reino de la soberana ignorancia de nuestro ego. “Las cosas no son nunca como crees que son, sino como te las tomas“, dice el Siva Purana, texto Sivaíta escrito hace más de 5000 años. Nadie muere, nadie nace, nadie rechaza ni es rechazado, nadie abandona ni es abandonado, todo es una gran mentira que se ha programado en nuestra mente. Nuestro ego lo ha creído por conveniencia para no sentir el dolor ni la esclavitud.

LO QUE EL TANTRA NOS ENSEÑA SOBRE LA MUERTE

En occidente, gracias a la farsa del judeoislamocristianismo se rinde un culto morboso a la muerte. En oriente, entre las comunidades tántricas, budistas y zen, cuando un cuerpo muere, todos sienten alegría porque el alma sigue evolucionando. Se puede llorar de alegría al saber que el Ser que se marcha se libera de su dolor y tiene la oportunidad de seguir creciendo. El ego llora porque cree haber “perdido” a un familiar, amigo o ser querido, pero se equivoca, no se pierde nada. Como bien dice el maestro libanés Kahil Gibrán: “tus hijos no son tus hijos, son hijos de la vida”. Nadie vive ni muere, esa es tan sólo una ilusión que el ego quiere creer.

Cultiva diariamente el desapego en todas y cada una de tus acciones, da lo mejor que llevas dentro de ti sin esperar nada a cambio. Ama con libertad a toda existencia. Si posees o pretendes poseer, entonces ya no estás amando. Deja de escuchar al ego y sus necesidades imperiosas de ser importante y salvador. Cuando amas no salvas a nadie, te salvas de ti mismo. El reconocimiento no está en el exterior, sino en tu interior. No te autoengañes por pereza o comodidad. Escucha el silencio de tu mente y podrás sentir cómo, con el tiempo, la compasión emerge con fuerza, sanándolo todo. La solución y sanación más grande de todas es siempre la que más miedo te da.

Haz el amor con pasión. Ama a tu pareja en cuerpo y alma y entrégate con totalidad, hasta que tus resistencias y controles desaparezcan. Permite que la lujuria te posea. No juzgues nada. Date permiso para perder el control. Hazte consciente de toda tu vulnerabilidad, sométete a ella hasta que sientas que todo es una gran mentira creada por la sublime ignorancia de tu ego.

EN TU RENUNCIA SE UNEN LA VIDA Y LA MUERTE

Si te rindes por completo cuando estás haciendo el amor sentirás, justo en el momento de ese gran orgasmo, que la vida y la muerte se unen. Entrégate sin miedo, no hay nada que temer. Vive esa sensación hasta sus últimas consecuencias. Hasta que el tiempo y el espacio desaparezcan, hasta que Sakti y Siva vuelvan a separarse para devolverte a este plano material. Aunque no regresarás igual, sino Transformado.

Sólo cuando renuncias a tu deseo de posesión, podrás amar con respeto y libertad, permitirás que tu amor sea libre de irse o de quedarse, y si decide partir, déjalo marchar con alegría y agradecimiento por los momentos compartidos. Permite que vuele, que disfrute de la vida y camine hacia su muerte. Esa es la Gran Transformación. Renunciando conoces el Amor. ¿Quiénes somos nosotros para dar o quitar libertad a otros Seres?

Cuando trabajas profundamente con tu vulnerabilidad, todo atisbo de posesividad y de celos desaparecen. Entonces podrás disfrutar de tu soledad o de tu vida en pareja, sin miedo alguno. Y sentir el placer en toda su grandeza, tan sólo por el mero hecho de existir. Siente que tu pareja es tu Dios, tu Diosa que te guía por el camino del Amor hacia el reencuentro contigo mismo. Ya no pondrás nombres a lo Innombrable. Podrás mantener tu mano completamente abierta permitiendo que el pájaro vuele cuando quiera: sabrás qué es el Amor.

 

Posts by: Swami Kurmarajadasa

 

¿Qué debo hacer para liberarme del apego?

¿Qué Es El Amor?

No voy a fingir con mi mujer que la amo. No sé qué es el amor. Pero si sé que soy celoso y también sé muy bien que estoy terriblemente apegado a ella y que en el apego hay temor, celos, ansiedad; hay un sentido de dependencia

Me doy cuenta de que el amor no puede existir cuando hay celos; el amor no puede existir cuando hay apego. Ahora bien ¿es posible para mí estar libre de los celos y el apego? Me doy cuenta de que no amo. Eso es un hecho. No voy a engañarme a mí mismo; no voy a fingir con mi mujer que la amo. No sé qué es el amor. Pero si sé que soy celoso y también sé muy bien que estoy terriblemente apegado a ella y que en el apego hay temor, celos, ansiedad; hay un sentido de dependencia. No me gusta depender, pero dependo porque me siento solo; me empujan por todos lados, en la oficina, en la fábrica, y vengo a mi casa y quiero sentirme cómodo y en compañía, deseo escapar de mí mismo. Ahora me pregunto: ¿Cómo he de liberarme de este apego? Tomo eso sólo como un ejemplo.

En primer lugar, quiero zafarme del problema. No sé cómo van a terminar las cosas con mi mujer. Cuando esté realmente desapegado de ella, mi relación con ella puede cambiar. Ella podría apegarse a mí y yo podría no estar apegado a ella ni a ninguna otra mujer. Pero voy a investigar. Por lo tanto, no escaparé de lo que imagino podría ser la consecuencia de estar totalmente libre de apego No sé qué es el amor, pero veo muy claramente, definitivamente sin ninguna duda, que el apego hacia mi mujer; significa celos posesión, miedo, ansiedad; y deseo liberarme de todo eso. De modo que empiezo a investigar; busco un método quedo preso en un sistema. Cierto gurú dice: « Te ayudaré a desapegarte, haz esto y esto, practica esto y aquello». Acepto lo que él dice porque veo la importancia de estar libre, y él me promete que si hago lo que aconseja seré recompensado. Pero veo que de ese modo estoy buscando una recompensa. Veo lo tonto que soy: quiero ser libre y me apego a una recompensa.

No deseo estar apegado y, no obstante, me encuentro apegado a la idea de que alguien o algún libro o algún método me recompensará librándome del apego. Por consiguiente, la recompensa se convierte en un apego. Así que digo: «Mira lo que has hecho; sé cuidadoso, no quedes preso en esa trampa». Ya sea que se trate de una mujer, de un método o de una idea, eso sigue siendo apego. Ahora estoy muy alerta porque he aprendido algo, o sea, no canjear el apego por alguna otra cosa que sigue siendo apego.

Me pregunto: « ¿Qué debo hacer para liberarme del apego?». ¿Cuál es mi motivo para querer estar libre del apego? ¿No es que anhelo alcanzar un estado donde no haya apego ni temor ni nada de eso? Y súbitamente me doy cuenta de que el motivo imprime una dirección y que esa dirección dictará mi libertad. ¿Por qué tener un motivo? ¿Qué es el motivo? Un motivo es una esperanza o un deseo de lograr algo. Veo que estoy apegado a un motivo. ¡No sólo mi esposa, no sólo mi idea, no sólo el método que también el motivo se ha convertido en mi apego!

De modo que todo el tiempo estoy funcionando dentro del campo del apego: la esposa, el método y el motivo de lograr algo en el futuro. Estoy apegado a todo esto. Veo que es algo tremendamente complejo; no me había dado cuenta que estar libre del apego implicaba todas estas cosas.

Ahora lo veo tan claramente como veo en un mapa las carreteras principales, las carreteras secundarias y los poblados; lo veo con mucha claridad. Entonces me digo: «Y bien, ¿es posible para mi estar libre del gran apego que siento por mi esposa y también estar libre de la recompensa que pienso voy a obtener, así como de mi motivo?»

Estoy apegado a todo esto. ¿Por qué?

¿Es porque en mí mismo soy insuficiente?

¿Es porque me siento muy, muy solo y por eso busco escapar de la sensación de aislamiento recurriendo a una mujer, una idea, un motivo, como si tuviera que aferrarme a algo? Veo que es así, que me siento solo y que mediante el apego, escapo hacia alguna cosa huyendo de esa sensación de extraordinario aislamiento.

Estoy, pues, interesado en comprender la razón de que me sienta solo, porque veo que eso es lo que hace que me apegue. Esa soledad me ha obligado a escapar, mediante el apego, hacia esto o aquello, y veo que, mientras prosiga ese sentimiento, la consecuencia será siempre ésta.

¿Qué significa sentirse solo? ¿Cómo ocurre?

¿Es algo instintivo, heredado, o se origina en mi actividad diaria?

Si es un instinto, si es heredado, entonces forma parte de mi destino; no tengo la culpa. Pero como no acepto esto, lo cuestiono y permanezco con la pregunta. Observo y no trato de encontrar una respuesta intelectual. No trato de decirle a la soledad lo que es o lo que debería hacer; observo para que ella me lo diga. Hay un estado de atenta vigilancia a fin de que la soledad se revele por sí misma. No se revelará si escapo, si tengo miedo, si la resisto. Por lo tanto, la observo. La observo de modo que no interfiera ningún pensamiento.

La observación es mucho más importante que la intervención del pensamiento. Y, gracias a que toda mi energía se interesa en la observación de esa soledad, el pensamiento no interviene en absoluto. La mente es retada y tiene que responder. Debido al reto está en crisis. En una crisis uno tiene una gran energía, y esa energía permanece sin ser interferida por el pensamiento. Éste es un reto al que debo responder.

Me puse a dialogar conmigo mismo. Me pregunté qué es esta cosa extraña llamada amor; todos hablan de ella, escriben acerca de ella; lo hacen todos los poemas románticos, las pinturas, el sexo y todas las otras áreas que abarca. Pregunto: ¿Existe una cosa como el amor? Veo que no existe cuando hay celos, odio, miedo. De modo que ya no me ocupo del amor; me intereso en “lo que es”, en mi miedo, en mi apego. ¿Por qué estoy apegado? Veo que una de las razones -no digo que sea toda la razón- es que me siento desesperadamente solo, aislado. Cuanto más envejezco más aislado me voy sintiendo. Por consiguiente, observo eso. Éste es un reto que me impulsa a descubrir y, debido a que es un reto, toda la energía se concentra ahí para responder. Es algo sencillo. Si hay alguna catástrofe, un accidente o lo que fuere, eso es un reto y tengo la energía para afrontarlo. No tengo que preguntar: “¿Cómo obtengo esta energía?” Cuando la casa se quema tengo la energía para entrar en acción, una energía extraordinaria. No me siento y digo: «Bueno, tengo que lograr esta energía» y me quedo esperando; para entonces se habrá quemado toda la casa.

Así pues, tengo esta energía tremenda para responder a la pregunta: ¿Por qué existe este sentimiento de soledad? He rechazado ideas, suposiciones y teorías acerca de que se trata de algo heredado, instintivo. Todo eso no significa nada para mí. La soledad es “lo que es”. ¿Por qué existe esta soledad que todo ser humano, si es de algún modo consciente, experimenta ya sea de manera superficial o más profunda?

¿Por qué se manifiesta?

¿Es que la mente hace algo que ocasiona esta soledad?

He rechazado teorías como el instinto y la herencia, y me pregunto:

¿Es la mente, es el cerebro mismo el que produce este sentimiento de soledad, este aislamiento total? ¿Es el movimiento del pensar el que hace esto, el que crea en mi vida cotidiana este sentido de aislamiento?

En la oficina me aíslo porque quiero llegar a ser el máximo ejecutivo; por lo tanto, el pensamiento trabaja todo el tiempo aislándose en sí mismo. Veo que el pensamiento opera permanentemente para hacerse superior, que la mente misma induce con su actividad este aislamiento.

Así que el problema es: ¿Por qué hace esto el pensamiento?

¿Es su naturaleza trabajar para sí mismo?

¿Es la naturaleza del pensar crear este aislamiento? Es la educación la que lo origina, esta me da una carrera, cierta especialización y, por consiguiente aislamiento. El pensamiento, siendo fragmentario, limitado, estando atado al tiempo, crea este aislamiento. En esa limitación ha encontrado la seguridad diciendo: «Tengo una profesión especial en mi vida, soy un profesor; estoy perfectamente seguro». En consecuencia, me interesa saber por qué hace esto el pensamiento. ¿Está en su naturaleza misma obrar así? Cualquier cosa que haga el pensamiento tiene que ser limitada.

El problema es, entonces: ¿Puede el pensamiento darse cuenta de que cualquier cosa que hace es limitada, fragmentaria y, en consecuencia, aisladora, y que todo lo que haga será siempre así? Éste es un punto muy importante: ¿Puede el pensamiento mismo darse cuenta de sus propias limitaciones? ¿O soy yo el que le dice qué es limitado? Veo que es indispensable que esto se comprenda, ya que es la verdadera esencia de la cuestión. Si el propio pensamiento se da cuenta de que es limitado, entonces no hay resistencia ni conflicto; dice: «Eso es lo que soy». Pero si yo le digo que es limitado, me estoy separando de la limitación. Entonces lucho para superar la limitación; por consiguiente, hay conflicto y violencia, no amor.

Entonces ¿se da cuenta el pensamiento mismo de que es limitado? Tengo que descubrirlo. Esto es un reto al que me enfrento. A causa de que me enfrento a un reto, tengo una gran energía. Expresado de otra forma: ¿Se da cuenta la conciencia de que su contenido es ella misma? ¿O he oído a otro decir: «La conciencia es su contenido; el contenido compone la conciencia»? Por lo tanto, digo: «Sí, es así». ¿Veo la diferencia entre lo uno y lo otro? Lo segundo, creado por el pensamiento, es impuesto por el “yo”. Si yo impongo algo sobre el pensamiento, hay conflicto. Es como un gobierno tiránico imponiéndose sobre alguien, pero aquí ese gobierno es de mi propia creación.

Me pregunto, pues: ¿Se ha dado cuenta el pensamiento de sus propias limitaciones? ¿O pretende ser algo extraordinario, noble, divino? Esto es un disparate, porque el pensamiento se basa en la memoria. Veo que tiene que haber claridad acerca de este punto, o sea, que no hay una influencia externa que se imponga sobre el pensamiento diciendo que es limitado. Entonces, debido a que no hay imposición, no hay conflicto; el pensamiento comprende, simplemente, que es limitado, se da cuenta de que cualquier- rendir culto a Dios, etc.- es limitado, vulgar, insignificante, aun cuando haya creado por toda Europa maravillosas catedrales donde poder adorar.

He descubierto, pues, en esta conversación conmigo mismo, que la soledad es creada por el pensamiento. Ahora el pensamiento se ha dado cuenta, por sí mismo, de que es limitado y que, por lo tanto, no puede resolver el problema de la soledad. Como no puede resolver el problema de la soledad, ¿existe la soledad? El pensar ha creado este sentimiento de soledad, este vacío interno, a causa de que es limitado, fragmentario, de que está dividido; y cuando se da cuenta de esto, la soledad no existe y, por lo tanto, estoy libre del apego. No he hecho nada; he observado el apego y lo que implica: la codicia, el miedo, la soledad, todo eso, y siguiéndole la pista, observándolo, no analizándolo sino simplemente mirando, mirando y mirando, he descubierto que el pensamiento ha hecho todo esto. El pensamiento, por ser fragmentario, ha creado este apego. Cuando se da cuenta, el apego se termina. No ha habido ningún esfuerzo, porque tan pronto hay esfuerzo el conflicto regresa nuevamente.

En el amor no hay apego; si hay apego no hay amor. Se ha eliminado el factor principal mediante la negación de lo que el amor no es, mediante la negación del apego. Sé lo que eso significa en mi vida cotidiana: no recordar nada de lo que mi vecino, mi esposa o mi novia hicieron para lastimarme; no apegarme a ninguna imagen que el pensamiento haya creado con respecto a mi esposa, cómo me ha intimidado, cómo me ha brindado consuelo, cómo he tenido con ella placer sexual, todas las distintas cosas de las que el movimiento del pensar ha elaborado imágenes; el apego a esas imágenes ha desaparecido.

Y existen otros factores. ¿Debo examinarlos todos, paso a paso, uno por uno? ¿O todo eso se ha desvanecido? ¿Debo examinar cuidadosamente, investigar -como he investigado el apego- el temor, el placer y el deseo de consuelo? Veo que no tengo que pasar por la investigación completa de todos estos diversos factores; lo veo de una sola mirada, lo he captado.

Por consiguiente, al negar lo que no es el amor, el amor existe. No tengo que preguntar qué es el amor. No tengo que correr tras él. Si corro tras él, eso no es amor, es una recompensa. Habiendo, pues, negado en esa investigación todo lo que no es amor, habiendo terminado con ello lenta y cuidadosamente, sin distorsión ni ilusión alguna, entonces lo otro está ahí.

Un Diálogo Consigo Mismo

Brockwood Park, Inglaterra, 30 de agosto de 1977

Jiddu Krishnamurti