Krishnamurti: ¿Qué es la acción tal como la conocemos ahora? Toda nuestra acción tiene un motivo, sutil o evidente, ¿no es así?

La mayoría de nosotros estamos pensando en nosotros mismos de la mañana a la noche, y nos movemos dentro del patrón de esa actividad egocéntrica. Toda actividad así, que es reacción, tiene que llegar a varias formas de conflicto y deterioro. Y, ¿es posible no actuar dentro de ese patrón y sin embargo, vivir en este mundo?

Me gustaría continuar desde donde terminamos el otro día. Creo que es muy importante comprender toda la cuestión de la acción; y uso esa palabra no en ningún sentido abstracto ni meramente como una idea. Me refiero al hecho real de la acción, de hacer algo. Tanto si estáis cavando en un jardín como si vais a la oficina, si miráis un árbol, si seguís el movimiento de un río, o simplemente marcháis por un camino, sin pensamiento, observando calladamente las cosas, sea lo que fuere lo que hagáis, forma parte de la acción, y en la mayoría de nosotros la acción crea conflicto. Nuestra acción, por muy profunda que la llamemos o por muy superficial que sea, se vuelve repetitiva, cansada, fastidiosa, mera actividad sin apenas importancia. Creo, pues, que es muy importante comprender lo que es la acción.

Para hacer cualquier cosa: caminar, hablar, mirar, pensar, sentir, hace falta energía; y la energía se disipa cuando hay conflicto inherente en la expresión de esa energía. Como podemos observar, todas nuestras actividades, a cualquier nivel que sea, engendran alguna clase de conflicto, crean dentro de nosotros un sentido de esfuerzo, cierta resistencia, negación. Y ¿es posible actuar sin conflicto, sin resistencia y aún sin esfuerzo? De esto es de lo que si se me permite, quisiera hablar esta mañana.

Uno ve lo que está pasando en el mundo: las máquinas calculadoras, los cerebros electrónicos y diversas formas de automatización, dan al hombre cada vez más ocio, y ese tiempo libre va a ser monopolizado por la religión organizada y por las diversiones organizadas. No sé si hay mucha diferencia entre ambas. Mas por el momento, dejémoslas separadas. Cuando el hombre tiene muchos ratos de ocio, tiene más energía –mucha más energía- y la sociedad reclama que utilice esa energía, no en forma antisocial; para dominar el sentimiento antisocial, se sumergirá en la religión organizada o en las diversiones de todas clases, o bien se zambullirá en la literatura, en el arte, en la música, lo cual es otra forma de diversión. Como resultado de ello, el hombre se volverá cada vez más superficial. Puede leer todos los libros del mundo y tratar de comprender las complejidades de la teología, de la filosofía, de la ciencia; puede familiarizarse con ciertos hechos y verdades en la literatura, pero seguirá siendo una cosa externa, lo mismo que lo son las varias formas de religión y diversión. Las religiones organizadas afirman que buscan las cosas internas de la vida, pero reclaman creencia, dogma, rito, conformidad, como todos sabemos.

Ahora bien, si no estamos alerta de todas estas cosas inherentes en la civilización moderna, nuestras energías serán consumidas por estas condiciones, y nuestra acción seguirá, pues, siendo muy superficial; y, debido a esa superficialidad, seguiremos teniendo conflicto dentro de nosotros, lo mismo que con otras personas, con la sociedad; seguirá habiendo conflicto en toda forma de esfuerzo humano –artístico, científico, matemático, industrial- y en la relación de uno mismo con la esposa propia o el marido, con los hijos, con el prójimo; y el conflicto es un derroche de energía. Para que el conflicto deje de existir y con ello haya conservación de energía, tiene uno que comprender lo que es la acción; y sin esa comprensión nuestra vida se volverá cada vez más externa y seremos cada vez más vacuos internamente. Éste no es un punto que haya de discutirse o dudarse, no se trata de mi opinión frente a la vuestra.

Ante todo, ¿qué es, pues, la acción tal como la conocemos ahora? Toda nuestra acción tiene un motivo, sutil o evidente, ¿no es así? O vamos tras una recompensa o actuamos por miedo, o tratamos de ganar algo. Nuestra acción siempre es un ajuste a un modelo, a una idea, o es una aproximación a algún ideal; la conformidad, el ajuste, la aproximación, la resistencia, la negación: eso es todo lo que conocemos de la acción, e implica una serie de conflictos.

Como decía el otro día, entrar en comunión con algo con lo cual no tenemos honda relación es siempre bastante difícil. Quiero entrar en comunión con vosotros sobre un estado de mente que es la antítesis completa de este conflicto al que llamamos acción. Hay una acción total, acción sin conflicto, y quiero deciros algo sobre ella. No es que debáis aceptar ni rechazar lo que digo, ni dejaros hipnotizar. Como sabéis una de las cosas más difíciles de hacer es sentarse en una plataforma y hablar mientras otros escuchan –si es que en efecto escucháis- y establecer la acertada relación entre el que escucha y el que habla. No estáis aquí para ser hipnotizados por una serie de palabras, ni quiero yo influir sobre vosotros en forma alguna. No estoy haciendo propaganda a favor de una idea ni es mi propósito instruiros. Como he señalado muchas veces, no hay ni enseñante ni enseñados. Sólo hay un estado de aprender; y no es posible que vosotros y yo podamos aprender si estáis esperando a que se os instruya o que se os diga lo que hay que hacer. No tratamos sobre opiniones, yo no las tengo. Lo que trato de hacer es sencillamente exponer ciertos hechos, y vosotros mismos podéis mirarlos examinarlos o no.

Todos sabemos que nuestra acción crea conflicto; tiene que crearlo inevitablemente toda acción que se base en una idea, un concepto, una formula, o que se acerque a un ideal; tiene inevitablemente que crearlo. Eso es evidente. Si actúa con arreglo a una formula, un modelo, un concepto, entonces estoy siempre dividido entre el hecho de lo que soy y lo que creo que yo debería hacer sobre ese hecho; de modo que nunca hay una acción completa; siempre hay un acercamiento a una idea o a un ideal, y por eso el conflicto es inherente en toda acción tal como la conocemos, la cual es un desperdicio de energía y produce deterioro de la mente. Os ruego observéis el estado y la actividad de vuestra propia mente y veréis que esto es verdad. Mas yo me pregunto: ¿existe una acción sin idea y por tanto, sin conflicto? O, para decirlo de un modo distinto: ¿es que la acción tiene siempre que engendrar esfuerzo, lucha, conflicto? Por ejemplo yo estoy hablando, lo cual es una forma de acción. Seguramente que en esta acción sólo hay conflicto si trato de afirmarme, de ser alguien, de convenceros.

Es, pues, enormemente importante descubrir por uno mismo si hay una posibilidad de vivir y hacer las cosas sin el más leve conflicto, es decir, si puede haber una acción en que la mente quede intacta, sin deterioro, sin ninguna forma de distorsión; y tiene que haber distorsión si la mente es influida de alguna manera o si queda presa de conflicto, que es un derroche de energía. Es de verdadero interés para mí, y tiene que serlo también para vosotros, descubrir la verdad de esta cuestión, porque lo que tratamos de hacer aquí es ver si es posible vivir sin pena, sin desesperación, sin miedo, sin alguna forma de actividad que produzca deterioro de la mente. Si es posible ¿qué le pasa entonces a una mente así? ¿Qué le ocurre a una mente a la que nunca toca la sociedad que no tiene miedo, ni codicia, que no sustente envidia ni ambición, que no busca poder? Para descubrir, tenemos que empezar por darnos cuenta del estado actual de nuestra mente, con todos sus conflictos, desdichas, frustraciones, perversiones, deterioro, desesperación. Tenemos que ser conscientes de nosotros mismos y con ello hacer acopio de energía; y el acopio mismo de esa energía es la acción que limpiará la mente de toda la basura que el hombre ha acumulado a lo largo de los siglos.

No estamos, pues, interesados en la acción por sí misma; queremos descubrir si hay una acción que no engendre contradicción en forma alguna. Como hemos visto, las ideas, los conceptos, las formulas, los modelos, métodos, dogmas, ideales, estas cosas son las que crean contradicción en la acción. Y ¿es posible vivir sin ideas, sin un modelo, sin un ideal, sin un concepto o creencia? Seguramente que es muy importante descubrir por uno mismo la verdad de este asunto; porque uno puede ver muy bien que el amor no es una idea, un patrón, un concepto. La mayoría de nosotros tenemos un concepto del amor, pero es evidente que ese concepto no es el amor. O amamos o no amamos. ¿Es posible vivir en este mundo e ir a la oficina, guisar, lavar platos, conducir un automóvil y hacer todas las demás cosas de la vida que actualmente se han vuelto repetitivas y crean conflicto, es posible hacer todas estas cosas, vivir y actuar, sin ninguna ideación y así librar la acción de toda contradicción?

Me pregunto si habréis caminado alguna vez a lo largo de una calle concurrida o de un camino solitario, simplemente, mirando las cosas sin pensamiento. Existe un estado de observación sin la intromisión del pensamiento. Aunque os dais cuenta de todo lo que os rodea y podéis reconocer a la persona, la montaña, el árbol, o el vehículo que se acerca, sin embargo, la mente no está funcionando con el patrón usual de pensamiento. No sé si esto os habrá ocurrido alguna vez. Probad hacerlo alguna vez, cuando vayáis conduciendo o andando. Observad sin el pensamiento; observad sin la reacción que produce el pensamiento. Aunque reconozcáis el color y la forma, aunque veáis el arroyo, el auto, la cabra, el autobús, no hay reacción, sino simplemente observación negativa; y ese estado mismo de la llamada observación negativa es acción. Una mente así puede utilizar el conocimiento para la realización de lo que tiene que hacer, pero está libre de pensamiento, en el sentido de que no funciona en términos de reacción. Con una mente así –una mente que está atenta sin reacción- podéis ir a la oficina y hacer cualquier cosa.

La mayoría de nosotros estamos pensando en nosotros mismos de la mañana a la noche, y nos movemos dentro del patrón de esa actividad egocéntrica. Toda actividad así, que es reacción, tiene que llegar a varias formas de conflicto y deterioro. Y, ¿es posible no actuar dentro de ese patrón y sin embargo, vivir en este mundo? No me refiero a que viváis apartados y solos, en la cueva de una montaña o algo parecido; no obstante ¿es posible vivir en este mundo y manifestarse como ser humano total, partiendo de ese estado de vacuidad, si es que no habéis malentendido el uso que hago de esta palabra? Tanto si pintáis como si escribís poemas o vais a una oficina o habláis ¿podéis tener siempre en el interior un espacio vacío, y actuar a través de el? Por que cuando existe tal espacio la acción no engendra contradicción. Sólo cuando hay espacio dentro de la mente (lo que significa que no está atiborrada de actividad egocéntrica), sólo entonces es posible saber lo que es vivir. Pero vivir en aislamiento, eso no es posible.

Creo que es cosa muy importante descubrir esto. Y tenéis que descubrirlo vosotros mismos, porque no puede enseñarse ni explicarse. Para descubrirlo tenéis antes que comprender de qué modo engendra conflicto toda acción egocéntrica, y luego preguntaros si la mente puede estar satisfecha con este tipo de acción. Quizá lo esté momentáneamente, pero, cuando percibís que en toda acción así es inevitable el conflicto, ya estáis tratando de descubrir si existe otra clase de acción, una acción que no lleve al conflicto; y entonces tenéis que llegar al hecho de que efectivamente existe.

Surge pues, la cuestión: ¿por qué estamos siempre buscando satisfacción? En todas nuestras relaciones y en cualquier cosa que hagamos con él siempre hay el deseo de quedar satisfechos, de quedar complacidos y de seguir en esa satisfacción. Lo que llamamos descontento sólo surge cuando las cosas no nos complacen, y tal descontento no hace sino engendrar otra serie de reacciones.

Pues bien, a mi me parece que un hombre que sea muy serio y vea todo esto: la forma en que los seres humanos han vivido durante millares de años en completa confusión y desdicha, nunca en una acción completa, tiene que descubrir por sí mismo si es capaz de manifestarse partiendo de una mente que no esté contaminada por la sociedad; y eso sólo lo puede averiguar cuando esté libre de la sociedad. Hablo de la liberación de la estructura psicológica de la sociedad, que es la codicia, la envidia, la ambición y el afán de engreimiento. Cuando se ha comprendido y desechado toda esa estructura psicológica, está uno libre de la sociedad; y se puede seguir yendo a la oficina, comprando pantalones, y todo lo demás; pero se está libre de la estructura psicológica que tanto distorsiona a la mente. Llega uno, pues, a un punto en que descubre por si mismo que la liberación completa de la estructura psicológica de la sociedad es completa inacción; y esa inacción completa es acción total, que no crea contradicción ni, por tanto, deterioro.

He dicho lo que quería decir esta mañana, y acaso podamos ahora discutirlo, o podéis hacer preguntas si queréis.

Krishnamurti

Krishamurti: ¿Por qué se ha vuelto así ‑cruel, irresponsable y tan por completo egoísta? ¿Por qué?

Sólo el hombre trae desorden al universo. Es cruel y ex­tremadamente violento. Dondequiera que se encuentre produce desdicha y confusión en él mismo y en el mundo que lo rodea. Lo devasta y destruye todo, no conoce la compasión. Carece de orden internamente y, por eso, lo que toca se vuelve corrupto y caótico. Su política ha llegado a ser un refinado gangsterismo de poder, fraude personal o nacional, lucha de un grupo contra otro grupo. Su economía es restringida y, por tanto, no es universal. Su sociedad es inmoral, tanto bajo un régimen libre como tiránico. No es religioso, aunque crea, practi­que cultos y pase por interminables rituales sin sentido. ¿Por qué se ha vuelto así ‑cruel, irresponsable y tan por completo egoísta? ¿Por qué?

No es ese extraordinario azul del Mediterráneo; el Pacífi­co tiene un azul etéreo, especialmente cuando sopla una suave brisa desde el oeste mientras uno maneja el auto hacia el norte por la carretera de la costa. ¡Es un azul tan tierno, tan deslumbrante, puro y pleno de júbilo! En ocasiones, uno puede ver ballenas resoplando en su ca­mino hacia el norte, y raramente se divisan sus cabezas cuando salen fuera del agua. Había todo un grupo de ellas resoplando; deben ser animales muy poderosos. Ese día el mar era un lago silencioso y completamente inmó­vil, sin una sola ola; no tenía ese claro azul danzante. El mar estaba dormido y uno lo contemplaba con asombro. La casa tenía vista al mar. Es una hermosa casa, con un tranquilo jardín, césped verde y flores. Es espaciosa y se halla iluminada por el sol de California. También las liebres gustaban de ella; venían temprano en la madruga­da y al anochecer para comerse las flores: pensamientos recién plantados, caléndulas y pequeñas plantitas en floración. Uno no podía mantenerlas afuera pese a que rodeando todo el jardín había una cerca de alambre; y matarlas hubiera sido un crimen. Pero un gato y una le­chuza bodeguera pusieron orden en el jardín; el gato negro deambulaba por el jardín y la lechuza se posaba durante el día entre los corpulentos eucaliptos; uno podía verla, inmóvil, con los ojos cerrados, grande y redonda. Los conejos desaparecieron y el jardín floreció, y el Pacífico azul fluía suavemente.

Sólo el hombre trae desorden al universo. Es cruel y ex­tremadamente violento. Dondequiera que se encuentre produce desdicha y confusión en él mismo y en el mundo que lo rodea. Lo devasta y destruye todo, no conoce la compasión. Carece de orden internamente y, por eso, lo que toca se vuelve corrupto y caótico. Su política ha llegado a ser un refinado gangsterismo de poder, fraude personal o nacional, lucha de un grupo contra otro grupo. Su economía es restringida y, por tanto, no es universal. Su sociedad es inmoral, tanto bajo un régimen libre como tiránico. No es religioso, aunque crea, practi­que cultos y pase por interminables rituales sin sentido. ¿Por qué se ha vuelto así ‑cruel, irresponsable y tan por completo egoísta? ¿Por qué? Existen un centenar de ex­plicaciones, y los que lo explican ingeniosamente con palabras que brotan del conocimiento de muchos libros y experimentan sobre animales, están ellos mismos atrapados en la red de la ambición, la arrogancia, la agonía y el dolor humanos. La descripción no es lo descrito, la palabra no es la cosa. ¿Ocurre ello porque el hombre busca las causas externas, el medio que lo condiciona, esperando que el cambio exterior transforme al hombre interno? ¿Es porque se halla tan apegado a sus sentidos, dominado por sus requerimientos inmediatos? ¿Es porque vive tan enteramente en el movimiento del pensar y del conocer? ¿O ello ocurre porque siendo tan romántico, sentimental, se vuelve cruel en sus ideales, en sus engaños y pretensiones? ¿O porque siempre es con­ducido como seguidor o se vuelve un líder, un gurú?

Esta división como lo externo y lo interno, es el co­mienzo del conflicto y la desdicha; el hombre se encuen­tra preso en esta contradicción, en esta tradición sempi­terna. Atrapado en esta división insensata, está perdido y se vuelve un esclavo de otros. Lo externo y lo interno son imaginación e invención del pensamiento; como el pensamiento es fragmentario, contribuye al desorden y al conflicto ‑lo que implica división. El pensamiento no puede generar orden, un fluir sin esfuerzo de la virtud. La virtud no es la continua repetición de la memoria, de la práctica. El conocimiento‑pensamiento está atado al tiempo. Por su misma naturaleza y estructura, el pensa­miento no puede captar el fluir íntegro de la vida como un movimiento total. El conocimiento‑pensamiento no puede percibir inteligentemente esta totalidad; no puede darse cuenta de esto, percibirlo sin opción alguna, mientras siga siendo el percibidor, el observador externo que mira hacia lo interno. El conocimiento del pensar no tiene cabida en la percepción. El pensador es el pen­samiento; el percibidor es lo percibido. Sólo entonces hay un suave fluir, un movimiento sin esfuerzo alguno en nuestra vida cotidiana.

Krishamurti

 

Maestro, ¿Me das tu bendición para casarme con mi Amada?

¿Por qué estás en contra del matrimonio?

Sé que estás en contra del matrimonio, pero aún así me quiero casar. ¿Me podrías dar tu bendición?

Medita sobre la máxima de Murphy: A un tonto pronto se le acaba su calma.

Medita sobre ello: A un tonto pronto se le acaba su calma. Eso es en lo que el matrimonio se va a convertir. Sólo los tontos piensan en términos legales, por lo demás, el amor basta y sobra. Y yo no estoy en contra del matrimonio – estoy a favor del amor. Eso no es posible. El amor puede convertirse en matrimonio. Tienes que trabajar muy conscientemente para transformar tu amor en un matrimonio.

Comúnmente, las personas destruyen su amor. Hacen todo por destruirlo y luego sufren. Y siguen diciendo: “¿Qué es lo que salió mal?”. Ellos lo destruyen – hacen todo por destruirlo. Hay un enorme deseo y anhelo de amor, pero el amor necesita de mucha consciencia. Sólo entonces puede alcanzar su cúspide más alta – y esa cúspide más alta es el matrimonio. No tiene nada que ver con la ley. Es la fusión de dos corazones en la totalidad. Es el funcionamiento de dos personas en sincronía – eso es el matrimonio.

Pero las personas prueban el amor y, como son inconscientes… su anhelo está bien, pero su amor está lleno de celos, lleno de posesividad, lleno de enojo, lleno de rencor. Pronto lo destruyen. De ahí que durante siglos han dependido del matrimonio. Es mejor comenzar con el matrimonio para que la ley te pueda proteger que llegue a destruirse. La sociedad, el gobierno, la corte, el policía, el sacerdote, todos te obligarán a vivir dentro de la institución del matrimonio, y tú serás sólo un esclavo. Si el matrimonio es una institución, vas a ser un esclavo dentro de ella. Sólo los esclavos desean vivir en instituciones. El matrimonio es un fenómeno totalmente diferente: es la cúspide del amor. Entonces está bien.

Yo no estoy en contra del matrimonio – estoy a favor del matrimonio verdadero. Estoy en contra de lo que es falso, pseudo. Pero es un arreglo. Te da una cierta seguridad, ocupación. Te mantiene comprometido. Aparte de eso, no te enriquece en lo absoluto, no te nutre. Así que si quieres casarte de acuerdo conmigo, sólo entonces te puedo dar mi bendición. Aprende a amar, y suelta todo lo que está en contra del amor. Es una tarea cuesta arriba. Es el arte más grande en la existencia, ser capaz de amar. Uno necesita mucho refinamiento, una gran cultura interior, mucha meditación, para poder ver de inmediato cómo seguimos destruyendo.

Si puedes evitar ser destructivo, si te puedes volver creativo en tu relación; si la apoyas, la nutres; si eres capaz de sentir compasión por la otra persona, no sólo pasión… La pasión por sí sola no puede sostener el amor; se necesita la compasión. Si eres capaz de ser compasivo hacia el otro; si eres capaz de aceptar sus limitaciones, sus imperfecciones; si eres capaz de aceptarlo tal y como él o ella es, y aún así amarlo – entonces un día el matrimonio sucede. Eso puede llevar años. Te puede llevar la vida entera.

Puedes tener mi bendición, pero para un matrimonio legal no necesitas tener mi bendición – y mi bendición tampoco será de ayuda alguna. Y ¡cuidado! Antes de que te adentres en ello, piénsalo dos veces.

¡Sólo mantente un poco alerta en el paso que vas a dar! Mi bendición no va a ayudar. El matrimonio es una trampa y tu esposa, tarde o temprano, encontrará un pájaro gobble.

La señora Moskowitz adoraba el caldo de pollo. Una tarde lo estaba saboreando cuando tres amigos de su esposo entraron. “Señora Moskowitz”, dijo el portavoz, “estamos aquí para decirle que su esposo, Izzy, ha muerto en un accidente automovilístico”. La señora Moskowitz continuó tomando su sopa. Una vez más se lo dijeron. Tampoco reaccionó. “Mire”, le dijo el interlocutor intrigado, “¡le estamos diciendo que su esposo ha muerto!” Ella continuó tomando su sopa. “Caballeros”, les dijo entre un bocado y otro, “dentro de un momento, en cuanto termine con mi caldo de pollo, ¡van a escuchar mis chillidos!”

El matrimonio no es amor; es alguna otra cosa.

Una mujer estaba gimiendo frente a la tumba de su esposo: “Oh, Joseph, hace cuatro años que te fuiste, pero ¡aún te extraño!” En ese momento Grossberg pasaba por ahí y vio a la mujer llorando. “Discúlpeme”, le dijo, “¿a quién le está llorando?” “A mi esposo”, ella le respondió. “¡Lo extraño tanto!” Grossberg miró la lápida y entonces le dijo: “¿A su esposo? Pero la lápida dice: ’A la sagrada memoria de Golda Kreps’ ”. “Oh, sí, él lo puso todo a mi nombre”.

Así que ¡estate un poco alerta antes de que quedes atrapado! El matrimonio es una trampa: quedarás atrapado por la mujer y la mujer quedará atrapada por ti. Es una trampa mutua. Y entonces tienen permiso de torturarse el uno al otro legalmente para siempre. Y particularmente en este país, ¡no sólo durante esta vida sino para la eternidad! El divorcio no está permitido ni siquiera después de la muerte. En la próxima vida tendrás a la misma mujer, ¡recuérdalo!

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Si dos personas tienen una relación de conflicto y sufrimiento, ¿pueden resolverla, o la relación debe terminar?

. ¿Cuál es la causa de que en la relación haya sufrimiento, conflicto y todos los problemas que all surgen?

Interlocutor: Si dos personas tienen una relación de conflicto y sufrimiento, ¿pueden resolverla, o la relación debe terminar? ¿No es necesario que ambos cambien para tener una buena relación?

 

Krishnamurti: Espero que la pregunta esté clara. ¿Cuál es la causa de que en la relación haya sufrimiento, conflicto y todos los problemas que allí surgen? ¿Cuál es la raíz? Por favor, al responder a estas preguntas estamos pensando juntos. No estoy contestando para que usted reciba, acepte o rechace lo que digo, sino que estamos investigando juntos. Ésa es una cuestión que concierne a todos los seres humanos, ya sea que vivan en Oriente, aquí o en América.

 Es un problema que incumbe realmente a la mayoría de los seres humanos. Aparentemente, dos personas, hombre y mujer, no pueden vivir juntos sin conflicto, sin sufrimiento, sin un sentido de desigualdad, sin ese sentimiento de que no están profundamente relacionadas la una con la otra. Uno se pregunta por qué. Puede haber múltiples causas: sexo, temperamento, sentimientos opuestos, creencia, ambición… Pueden existir muchas, muchas causas para esta falta de armonía en la relación. ¿Pero cuál es, realmente, el origen, qué profundidad tiene ese origen que genera conflicto en cada uno de nosotros? Creo que es una pregunta importante para formularla sin esperar que otro, como el que le habla, responda a ella, sino que, planteada la pregunta, uno ha de tener la paciencia de aguardar, de vacilar, de dejar que la pregunta misma arraigue, florezca, se mueva. No sé si estoy comunicando ese sentir.

 

 

Me pregunto por qué, si estoy casado o vivo con una mujer por qué existe entre nosotros este conflicto básico. Puedo dar una respuesta superficial, decir que eso se debe a que ella es católica. Y yo soy protestante, esto o aquello. Son todas razones superficiales, pero yo quiero descubrir la raíz profunda, el origen profundo de este conflicto entre dos personas. He formulado la pregunta y aguardo a que la pregunta misma florezca, a que exponga y saque a relucir todas las intrincaciones que contiene. Para eso debo tener un poco de paciencia, ¿no es verdad?, cierto sentido de espera, tengo que observar, estar atento a fin de que la pregunta comience a desplegarse.

A medida que se despliega, empiezo a ver la respuesta. No es que desee una respuesta, sino que la pregunta misma comienza a desplegarse y me muestra la complejidad extraordinaria que existe entre dos personas, dos seres humanos que tal vez gusten el uno del otro, que tal se sientan mutuamente atraídos. Cuando son muy jóvenes se involucran sexualmente, etc., y más tarde, a medida que van envejeciendo un poco, se aburren el uno del otro y, gradualmente, escapan de ese aburrimiento por intermedio de otra persona, divorciándose…, usted ya conoce todo lo demás. Pero encuentran el mismo problema con la otra persona. De modo que debo tener paciencia. Pero con esa palabra paciencia no quiero decir permitirle al tiempo que opere. No sé si ha examinado la cuestión de la paciencia y la impaciencia.

 

 

Casi todos nosotros somos impacientes. Queremos que nuestra pregunta sea respondida de inmediato o queremos escapar inmediatamente de ella o actuar inmediatamente sobre ella. De modo que somos más bien impacientes para permanecer con ella. Esta impaciencia no nos da la profundidad que implica la comprensión del problema. Mientras que si tengo paciencia, la cual no pertenece al tiempo, no siento el deseo de terminar con el problema; vigilo, observo el problema, dejo que evolucione, que se desarrolle. Entonces, gracias a esa paciencia, empiezo a descubrir la profundidad de la respuesta. ¿Correcto? Ahora hagámoslo juntos. Somos pacientes, no deseamos una respuesta inmediata; por lo tanto, nuestras mentes, nuestros cerebros están abiertos para mirar, están alerta y atentos al problema y a su complejidad. ¿De acuerdo?

Estamos tratando de… ¡no!, no quiero usar la palabra tratando; estamos penetrando en el problema de por qué dos personas no parecen jamás capaces de vivir juntas sin conflicto. ¿Cuál es la raíz del conflicto? ¿Cuál es mi relación con esa persona o con alguna otra? ¿Es superficial? O sea, atracción sexual, curiosidad, excitación, todas respuestas sensorias superficiales. ¿Correcto? Me doy cuenta, pues, de que estas respuestas son superficiales, y de que mientras trate de encontrar una respuesta superficialmente, jamás podré ver la profundidad del problema. ¿Estoy libre, entonces, de las respuestas superficiales, de los problemas que estas respuestas crean y de los intentos de resolver estos problemas superficialmente? No sé si lo están siguiendo.

 

 

He visto que no encontraré una respuesta superficialmente. Por lo tanto, me pregunto cuál es la raíz del problema. ¿Es la educación? ¿Es que siendo hombre quiero dominar a la otra persona, poseerla? ¿Estoy tan profundamente apegado que no quiero soltar? ¿Veo que el estar atado, apegado, producirá invariable mente corrupción, corrupción en el sentido de que soy celoso y me siento ansioso, atemorizado? Uno conoce muy bien todas las consecuencias del apego. ¿Es ese apego la causa del conflicto? ¿Ó la causa es mucho más profunda? En primer lugar, dijimos, están las causas superficiales, luego las emocionales, el apego, la dependencia sentimental y romántica. Si descarto esas causas, ¿sigue habiendo en esto una cuestión más profunda? ¿Lo está captando? Nos estamos moviendo desde lo superficial hacia, abajo, más y más profundamente a fin de descubrir por nosotros mismos cuál es la raíz del problema. Espero que usted esté haciéndolo.

 

 

Ahora bien, ¿cómo encuentro esa raíz? ¿Cómo la encuentra usted? ¿Está deseando una respuesta, desea encontrar la raíz y, para ello, hace un esfuerzo tremendo? ¿O quiere encontrarla y entonces su mente, su cerebro está quieto? Está mirando; por lo tanto, no se halla agitado, ésa no es la actividad del deseo, de la voluntad. Simplemente observa. ¿Estamos haciendo esto juntos, sólo observamos para ver cuál es la raíz profunda, la causa profunda, la base de este conflicto entre seres humanos? ¿La raíz es, el sentimiento de separación individual? Vea, tenga la bondad de examinarlo muy cuidadosamente. ¿La raíz es el concepto individual de que básicamente estoy separado de la otra persona?

Biológicamente, somos diferentes, pero existe el sentimiento de una profundamente arraigada acción separativa individual. ¿Es ésa la raíz del conflicto? ¿O hay una raíz todavía más profunda, una capa más profunda? ¿Entiende? Me pregunto si está siguiendo todo esto. ¿Estamos juntos en ello? ¿Primero son las reacciones sensorias, sensuales, luego las respuestas emocionales, románticas, sentimentales, después el apego con toda su corrupción? ¿O es algo profundamente condicionado, un cerebro que dice: «Yo soy un individuo, y él (o ella) es un individuo, y somos entidades separadas; cada uno debe realizarse a su propio modo y, por lo tanto, la separación es básica»? ¿Es así?

 

¿Es básica la separación? ¿O he sido educado para eso, para pensar que soy un individuo y que ella, también un individuo, debe realizarse a su modo, tal como yo debo realizarme al mío? Así, ya desde el principio mismo hemos partido en estas dos direcciones separadas. Pueden correr paralelas una junto a la otra, pero no se encuentran jamás, igual que dos vías férreas que nunca se encuentran. Y todo cuanto hago es tratar de encontrarme con ella, tratar de vivir en armonía, me esfuerzo: « ¡Oh, querida, eres tan buena!», ¿entiende?, repitiendo, repitiendo, pero sin que nos encontremos jamás. ¿Correcto?

 

 

Entonces, si ésa es la causa -y, por lo visto, parece ser la causa-, la raíz del conflicto, ¿es una realidad esa existencia separada de un individuo respecto del otro? ¿O es una ilusión que he estado alimentando, acariciando, a la cual me he aferrado pese a que no tiene tras de sí validez alguna? Si carece de validez, debo estar muy seguro, absoluta, irrevocablemente seguro de que es una ilusión, y debo preguntarme si el cerebro puede romper con esa ilusión y darse cuenta de que, psicológicamente, somos todos similares ¿Me sigue? Mi conciencia es la conciencia del resto de la humanidad; aunque biológicamente seamos diferentes, psicológicamente nuestra conciencia es similar en todos los seres humanos. Si alguna vez me doy cuenta de esto, no intelectualmente sino a fondo, en mi corazón, en mi sangre, en mis entrañas, entonces mi relación con el otro experimenta un cambio radical. ¿De acuerdo? Es algo inevitable.

 

Ahora bien, el interlocutor pregunta: «Estarnos en conflicto, ¿debemos terminar?». Si combatimos el uno contra el otro todo el día, como casi todos lo hacen en esta lucha, en este conflicto -usted sabe, la amargura, la ira, el odio, la repulsión, lo soportamos tanto como podemos, y después llega el momento en que debemos romper. Conocemos este patrón tan familiar. Hay cada vez más divorcios.

 Y el interlocutor pregunta: « ¿Qué puede uno hacer?». Si estoy perpetuamente en conflicto con mi esposa y no tengo modo de arreglar eso, ¿debe terminar mi relación? ¿O comprendo básicamente la causa de esta ruptura, de este conflicto -la cual es el sentido de la individualidad separada-, y habiendo visto su naturaleza ilusoria, ya no persigo más la línea individuar. Entonces, ¿qué ocurre cuando percibo eso y lo vivo -no lo sostengo verbalmente, sino que lo vivo de hecho-, cuál es mi relación con la persona, la mujer, que sigue pensando en términos de individuo ¿Comprende mi pregunta?

 

Es muy interesante, investiguémosla. Veo, o ella ve -mejor pongámoslo en la cuenta de ella- ella ve la necedad, el absurdo, la naturaleza ilusoria del individuo. Ella lo comprende, lo siente, y yo no, porque soy varón, soy más agresivo, más impulsivo y todo eso. ¿Qué ocurre entonces, entre nosotros? Ella ha comprendido esa naturaleza y yo no. Ella no quiere reñir conmigo, nunca. ¿Correcto? No entrará para nada es ese terreno, pero yo estoy presionándola constantemente, empujándola y tratando de arrastrarla a ese terreno. Yo estoy creando el conflicto, no ella. ¿Comprende cómo se ha movido toda la cosa? ¿Está siguiendo esto? La cosa completa se ha movido. No hay dos personas riñendo sino una. Vea lo que ha ocurrido. Y, si soy algo sensible, si tengo por ella un sentimiento verdadero, comienzo a transformarme también, porque ella está irrevocablemente ahí. ¿Comprende? Ella no se moverá de ahí. Vea lo que sucede. Si dos objetos móviles se encuentran, hay conflicto. No sé si usted lo ve. Pero si uno de ellos, la mujer, es inamovible, y yo soy movible, cedo naturalmente ante aquello que es inamovible. ¿Correcto? Me pregunto si comprende esto. Es muy sencillo.

 

Por lo tanto, el problema está resuelto si uno comprende de verdad la relación, si la comprende sin la imagen cosa que ya investigamos anteriormente. Entonces ella por su misma presencia, por su misma vitalidad va a transformarme, a ayudarme. Esa es la respuesta. ¿Lo ha captado?

 

La Relación

Saanen, Suiza, 31 de julio de 1981    

KRISHNAMURTI

 

Mi amado es un desconocido para mí y, aún así, hay todavía un intenso deseo de salvar esa separación que existe entre nosotros

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A nivel del ser, eres uno. No hay necesidad de volverte uno; sólo has de descubrirlo. Me estás diciendo: “Aún así, hay todavía un intenso deseo de salvar esa separación que existe entre nosotros.” Si continúas intentándolo a nivel físico, seguirás fracasando. Ese anhelo simplemente revela que el amor necesita ir más allá del cuerpo, que el amor suspira por algo superior al cuerpo, algo más grande que el cuerpo, algo más profundo que el cuerpo.

Incluso el encuentro corazón-a-corazón – aun siendo dulce, aun siendo inmensamente gozoso – es todavía insuficiente porque sucede sólo durante un instante y luego los desconocidos son de nuevo desconocidos. A menos que descubras el mundo del ser, no serás capaz de satisfacer tu anhelo de sentirte uno. Y lo extraño es que el día en que seas uno con tu amante, también serás uno con toda la existencia.

Estás diciendo: “Parece como si fuéramos líneas paralelas destinadas a no encontrarse nunca.” A lo mejor desconoces la geometría no euclidiana porque todavía no se enseña en nuestros centros educativos. En las universidades todavía se nos enseña geometría euclidiana, que tiene dos mil años de antigüedad. En la geometría euclidiana las líneas paralelas nunca se encuentran, pero se ha descubierto que si las sigues y sigues y sigues, se encuentran. El último descubrimiento es que no existen líneas paralelas; por eso se encuentran. No puedes crear dos líneas paralelas.

Esos nuevos descubrimientos son muy extraños: eres incapaz de crear una sola, una única línea recta, porque la tierra es curva. Si aquí crearas una línea recta y continuaras prolongándola por ambos extremos sin detenerte, finalmente verías que se convierte en un círculo. Y si una línea recta prolongada hasta el infinito se convierte en un círculo, quiere decir que en primer lugar no era una línea recta; era solamente una parte de un gran círculo. Y una parte de un gran círculo es un arco, no una línea. Las líneas desaparecen en la nueva geometría no euclidiana y cuando no hay líneas, ¿qué es lo que puedes decir sobre líneas paralelas? Tampoco existen líneas paralelas.

De modo que si fuera una cuestión de líneas paralelas, habría una posibilidad de que los amantes pudieran encontrarse por algún medio, quizá cuando fueran viejos y no pudieran pelear, cuando no les quedara nada de energía, o cuando se hubieran acostumbrado el uno al otro… ¿Por qué? Porque se aburrirían el uno del otro: las mismos disputas de siempre, los mismos problemas de siempre, los mismos conflictos…

   

A la larga, los amantes incluso dejan de hablarse. ¿Por qué? Porque empezar a hablar quiere decir empezar a discutir y siempre es la misma disputa; nunca cambia. Lo han discutido miles de veces y siempre llegan al mismo final. Pero incluso entonces, por lo que respecta a los amantes, las líneas paralelas… en geometría pueden empezar a unirse, pero en el amor no hay ninguna esperanza; no pueden encontrarse.

Y es bueno que no puedan encontrarse porque si los amantes pudieran satisfacer sus anhelos de sentirse uno a nivel del cuerpo físico, entonces nunca mirarían hacia arriba. Nunca tratarían de descubrir lo mucho que hay oculto tras el cuerpo físico: la consciencia, el alma, Dios.

Está bien que el amor fracase, porque el fracaso del amor te llevará a un nuevo peregrinaje. Ese anhelo te acechará hasta conducirte al templo donde surge el encuentro. Pero ese encuentro siempre es con el todo… en él estará tu amante, pero también estarán en él los árboles y los ríos y las montañas y las estrellas.

En ese encuentro solamente dejará de haber dos cosas: tu ego no estará allí y el ego de tu amante tampoco estará allí. Aparte de esos dos, la existencia al completo estará presente. Y esos dos egos eran en realidad el problema, eran lo que les convertía en dos líneas paralelas. No es el amor el que está creando el problema; es el ego. Pero el anhelo no será satisfecho. Nacimiento tras nacimiento, vida tras vida, ese anhelo seguirá ahí a menos que descubras la puerta correcta para trascender el cuerpo y entrar en el templo.

Una pareja de ancianos de noventa y tres y noventa y cinco años fueron a su abogado para exponerle que querían divorciarse. “¡Divorciaros!”, exclamó el abogado. “¿A vuestra edad? ¿Para qué? Seguramente os necesitáis más que nunca y ¡lleváis tanto tiempo casados!…””Bien “, dijo el marido, ” hemos deseado divorciarnos desde hace mucho, pero siempre pensamos que debíamos esperar hasta que nuestros hijos hubieran fallecido.”¡Y realmente esperaron! Ahora todos sus hijos están muertos, ahora no hay problema. Pueden divorciarse; no se encuentran, sino que se divorcian.

Mantén ese anhelo encendido, ardiendo; no desfallezcas. Tu anhelo es la semilla de tu espiritualidad.

 … Tu anhelo es el principio de la unión suprema con la existencia. Tu amante es simplemente una excusa. No estés triste; sé feliz. Alégrate de que no haya posibilidad de encuentro en el plano físico, porque si no, los amantes no tendrían posibilidad de transformación. Permanecerían aferrados el uno al otro, se destruirían el uno al otro. Y no hay mal alguno en amar a un desconocido. En realidad, es más excitante amar a un desconocido.

Cuando no estabais juntos, había un gran atractivo. Cuanto más juntos estáis, más adormecida se vuelve esa atracción. Cuanto más os conocéis el uno al otro, superficialmente, menor es la excitación. Pronto, la vida se convierte en una rutina. La gente repite lo mismo una y otra vez. Si observas los rostros de la gente, te sorprenderás: ¿Por qué todos parecen tan tristes? ¿Por qué su mirada parece como si hubiera perdido toda esperanza? La razón es simple, la razón es: por repetición. El hombre es inteligente; la repetición crea aburrimiento. El aburrimiento conlleva tristeza porque uno sabe qué va a suceder mañana y al día siguiente… A menos que uno se vaya a la tumba, será la misma, la misma vieja historia.

Un judío y un polaco están sentados en un bar viendo las noticias en la televisión. En ellas, aparece una mujer en una cornisa, amenazando con saltar. El judío le dice al polaco: “Te diré qué hará. Voy a hacer una apuesta contigo: si ella salta, me das veinte dólares. Si no salta, yo te doy veinte dólares ¿De acuerdo?”

“¡De acuerdo!”, dice el polaco.

Al cabo de unos minutos la mujer salta desde la cornisa y se mata. El polaco abre su cartera y le da veinte dólares al judío.

Unos minutos después, el judío se vuelve hacia el polaco y le dice:”¡Escucha! No puedo aceptar esos veinte dólares. Tengo que hacerte una confesión: ya vi el desenlace en las noticias de la tarde. Esto era una repetición.”

“¡No, no!”, dice el polaco; “quédate con el dinero. Te lo has ganado bien. ¿Sabes? También yo lo vi antes, en las noticias.”

“¿De veras?”, dice el judío. “¿Por qué apostaste entonces a que la mujer no iba a saltar?”

“Bien “, dice el polaco. “¡No creía que fuera tan estúpida como para hacer lo mismo dos veces!”

Pero así es la vida….

Esta tristeza del mundo, este aburrimiento y esta miseria podrían ser cambiados si la gente supiera que está pidiendo lo imposible. No pidas lo imposible. Primero descubre la ley de la existencia y luego síguela.

Tu anhelo de ser uno es tu deseo espiritual, es tu naturaleza religiosa esencial. Sencillamente ocurre que te estás centrando en el sitio equivocado. Tu amante es solamente una excusa. Deja que tu amante se convierta simplemente en una experiencia de un amor mayor: el amor hacia toda la existencia.

Deja que tu anhelo se convierta en la búsqueda de tu propio ser interior. Ahí, el encuentro se está dando ya; ahí ya somos uno. Ahí, nadie ha estado nunca separado. Ese anhelo es perfectamente correcto; lo único que ocurre es que el objeto de ese anhelo es inadecuado. Eso es lo que está creando tu sufrimiento y tu infierno. Simplemente, cambia de objeto y tu vida se convertirá en un paraíso.

Aquí puedes leer la 1º parte

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¿Qué entienden ustedes por amor?

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El amor es lo desconocido. Puede ser realizado sólo cuando hemos comprendido y trascendido lo que conocemos. Sólo cuando la mente está libre de lo conocido, sólo entonces puede haber amor. De modo que debemos abordar el amor negativamente, no positivamente.

¿Qué es el amor para la mayoría de nosotros? Cuando amamos, hay en ello afán posesivo, dominio o sumisión. De esta posesión surgen los celos y el miedo a la pérdida, por lo cual legalizamos este instinto posesivo. Del afán posesivo y sus celos resultan los innumerables conflictos con los que cada uno de nosotros está tan familiarizado. El instinto posesivo no es, entonces, amor. El amor tampoco es una cuestión sentimental. Lo meramente sentimental, emocional, excluye el amor. La sensibilidad emocional es mera sensación.

… Únicamente el amor puede transformar la demencia, la confusión y el conflicto. Ningún sistema, ninguna teoría de izquierda o de derecha puede traer paz y felicidad al hombre. Donde hay amor no hay espíritu posesivo, no hay envidia; hay piedad y compasión -no en teoría, sino de hecho- por nuestra esposa, por nuestros hijos, por nuestro sirviente {…}.

Sólo el amor es capaz de generar compasión y belleza, orden y paz. El amor con su compasión existe cuando el «yo» deja de existir.

 El Libro de La Vida            Krishnamurti