ADVERTENCIA

La brujería es el uso especializado de la energía -dijo, y como yo no respondí, siguió explicando-. Ver la brujería desde el punto de vista del hombre común y corriente es ver o bien una idiotez o un insondable misterio, que está fuera de nuestro alcance. Y, desde el punto de vista del hombre común y corriente, esto es lo cierto, no porque sea un hecho absoluto, sino porque el hombre común y corriente carece de la energía necesaria para tratar con la brujería.

ADVERTENCIA

Desde que por vez primera se publicó mi trabajo, me han preguntado si mis libros son ficción. Y yo he manifestado continuamente que lo que he hecho en mis libros es describir fielmente las diferentes facetas de un método de instrucción utilizado por don Juan Matus -un indio mexicano brujo- para enseñarme a comprender el mundo en términos de un grupo de premisas que él llamaba brujería.

El aprender a manejar de manera inteligente el mundo de la vida cotidiana, nos toma años de adiestramiento. Nuestra preparación, ya sea en el razonamiento mundano o en temas especializados, es muy rigurosa, porque el conocimiento que se nos trata de impartir es muy complejo. Idéntico criterio puede aplicarse al mundo de los brujos; sus métodos de enseñanza, los cuales dependen de la instrucción oral y de la manipulación de la conciencia de ser, aunque diferentes de los nuestros, son igualmente rigurosos, puesto que su conocimiento es tan, o hasta quizás más, complejo que el nuestro.

En varias ocasiones, a fin de ayudarme, don Juan trató de poner nombre a su conocimiento. El creía que el nombre más apropiado era nagualismo, pero que el término era demasiado oscuro. Llamarlo simplemente “conocimiento” lo encontraba muy vago, y llamarlo “hechicería”, sumamente erróneo. “La maestría del intento” y “la búsqueda de la libertad total” tampoco le gustaron por ser términos abstractos en exceso, demasiado largos y metafóricos. Incapaz de encontrar un término adecuado optó por llamarlo “brujería”, aunque admitiendo lo inexacto que era.

En el transcurso de los años, don Juan me dio diversas definiciones de lo que es la brujería, sosteniendo siempre que las definiciones cambian en la medida que el conocimiento aumenta. Hacia el final de mi aprendizaje, me pareció que estaba yo en condiciones de apreciar una definición tal vez más compleja o más clara que las que ya había recibido.

Carlos Castaneda

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Krishamurti: ¿Por qué se ha vuelto así ‑cruel, irresponsable y tan por completo egoísta? ¿Por qué?

Sólo el hombre trae desorden al universo. Es cruel y ex­tremadamente violento. Dondequiera que se encuentre produce desdicha y confusión en él mismo y en el mundo que lo rodea. Lo devasta y destruye todo, no conoce la compasión. Carece de orden internamente y, por eso, lo que toca se vuelve corrupto y caótico. Su política ha llegado a ser un refinado gangsterismo de poder, fraude personal o nacional, lucha de un grupo contra otro grupo. Su economía es restringida y, por tanto, no es universal. Su sociedad es inmoral, tanto bajo un régimen libre como tiránico. No es religioso, aunque crea, practi­que cultos y pase por interminables rituales sin sentido. ¿Por qué se ha vuelto así ‑cruel, irresponsable y tan por completo egoísta? ¿Por qué?

No es ese extraordinario azul del Mediterráneo; el Pacífi­co tiene un azul etéreo, especialmente cuando sopla una suave brisa desde el oeste mientras uno maneja el auto hacia el norte por la carretera de la costa. ¡Es un azul tan tierno, tan deslumbrante, puro y pleno de júbilo! En ocasiones, uno puede ver ballenas resoplando en su ca­mino hacia el norte, y raramente se divisan sus cabezas cuando salen fuera del agua. Había todo un grupo de ellas resoplando; deben ser animales muy poderosos. Ese día el mar era un lago silencioso y completamente inmó­vil, sin una sola ola; no tenía ese claro azul danzante. El mar estaba dormido y uno lo contemplaba con asombro. La casa tenía vista al mar. Es una hermosa casa, con un tranquilo jardín, césped verde y flores. Es espaciosa y se halla iluminada por el sol de California. También las liebres gustaban de ella; venían temprano en la madruga­da y al anochecer para comerse las flores: pensamientos recién plantados, caléndulas y pequeñas plantitas en floración. Uno no podía mantenerlas afuera pese a que rodeando todo el jardín había una cerca de alambre; y matarlas hubiera sido un crimen. Pero un gato y una le­chuza bodeguera pusieron orden en el jardín; el gato negro deambulaba por el jardín y la lechuza se posaba durante el día entre los corpulentos eucaliptos; uno podía verla, inmóvil, con los ojos cerrados, grande y redonda. Los conejos desaparecieron y el jardín floreció, y el Pacífico azul fluía suavemente.

Sólo el hombre trae desorden al universo. Es cruel y ex­tremadamente violento. Dondequiera que se encuentre produce desdicha y confusión en él mismo y en el mundo que lo rodea. Lo devasta y destruye todo, no conoce la compasión. Carece de orden internamente y, por eso, lo que toca se vuelve corrupto y caótico. Su política ha llegado a ser un refinado gangsterismo de poder, fraude personal o nacional, lucha de un grupo contra otro grupo. Su economía es restringida y, por tanto, no es universal. Su sociedad es inmoral, tanto bajo un régimen libre como tiránico. No es religioso, aunque crea, practi­que cultos y pase por interminables rituales sin sentido. ¿Por qué se ha vuelto así ‑cruel, irresponsable y tan por completo egoísta? ¿Por qué? Existen un centenar de ex­plicaciones, y los que lo explican ingeniosamente con palabras que brotan del conocimiento de muchos libros y experimentan sobre animales, están ellos mismos atrapados en la red de la ambición, la arrogancia, la agonía y el dolor humanos. La descripción no es lo descrito, la palabra no es la cosa. ¿Ocurre ello porque el hombre busca las causas externas, el medio que lo condiciona, esperando que el cambio exterior transforme al hombre interno? ¿Es porque se halla tan apegado a sus sentidos, dominado por sus requerimientos inmediatos? ¿Es porque vive tan enteramente en el movimiento del pensar y del conocer? ¿O ello ocurre porque siendo tan romántico, sentimental, se vuelve cruel en sus ideales, en sus engaños y pretensiones? ¿O porque siempre es con­ducido como seguidor o se vuelve un líder, un gurú?

Esta división como lo externo y lo interno, es el co­mienzo del conflicto y la desdicha; el hombre se encuen­tra preso en esta contradicción, en esta tradición sempi­terna. Atrapado en esta división insensata, está perdido y se vuelve un esclavo de otros. Lo externo y lo interno son imaginación e invención del pensamiento; como el pensamiento es fragmentario, contribuye al desorden y al conflicto ‑lo que implica división. El pensamiento no puede generar orden, un fluir sin esfuerzo de la virtud. La virtud no es la continua repetición de la memoria, de la práctica. El conocimiento‑pensamiento está atado al tiempo. Por su misma naturaleza y estructura, el pensa­miento no puede captar el fluir íntegro de la vida como un movimiento total. El conocimiento‑pensamiento no puede percibir inteligentemente esta totalidad; no puede darse cuenta de esto, percibirlo sin opción alguna, mientras siga siendo el percibidor, el observador externo que mira hacia lo interno. El conocimiento del pensar no tiene cabida en la percepción. El pensador es el pen­samiento; el percibidor es lo percibido. Sólo entonces hay un suave fluir, un movimiento sin esfuerzo alguno en nuestra vida cotidiana.

Krishamurti