Krishnamurti: Para conservar la energía propia tiene que desaparecer toda forma de dependencia

 

Tanto si depende uno del estímulo de la propia esposa o marido, como de un libro, del trabajo que hace en la oficina de ir al cine, es decir de cualquier estímulo que uno busque, tiene ante todo que darse cuenta de este. El limitarse a aceptar estímulos y vivir con ellos disipa la energía y deteriora la mente.

 

Pregunta: ¿Querríais hablar más sobre la energía?

 

Krishnamurti: Para hacer cualquier cosa, por pequeña que sea, hace falta energía, ¿no? Para levantarse y salir de esta tienda, para pensar, comer, conducir un automóvil, para la acción de cualquier clase que sea, se requiere energía. Y, en la mayoría de nosotros, cuando estamos haciendo algo, hay una forma de resistencia que disipa la energía, a menos que de la casualidad de que lo que estamos haciendo nos cause placer, y en tal caso no hay conflicto, no hay resistencia en la continuidad de la energía.

Como iba diciendo antes, uno necesita de energía para estar por completo atentos, y en esa energía no hay resistencia mientras no haya distracción, es decir, desde el momento en que queráis concentraros en algo pero al mismo tiempo queráis mirar por la ventana, habrá resistencia, conflicto. Pues bien, el mirar por la ventana es exactamente tan importante como cualquier otro mirar. Y una vez que veis que esto es así, entonces no hay distracción ni conflicto.

Para tener energía física, es evidente que debéis tomar la adecuada clase de alimento, etc. eso es algo con lo cual vosotros mismos podéis experimentar y no necesitamos discutirlo. Tenemos también la energía psicológica, que se disipa de varias maneras. Para tener esa energía psicológica, la mente busca estímulo. El ir a la iglesia, presenciar un partido de fútbol, leer literatura, escuchar música, asistir a reuniones como ésta: todas estas cosas os estimulan; y si lo que queréis es que se os estimule, ello significa que psicológicamente sois dependientes. Todas las formas de buscar estímulo implican depender de algo, ya sea una bebida, una droga, un orador o la asistencia a la iglesia; y seguramente que el depender del estímulo, en cualquier forma que sea, no sólo embota la mente, sino que también contribuye a disipar la energía. Así que, para conservar la energía propia, tiene que desaparecer toda forma de dependencia, toda clase de estímulos; y para la desaparición de esa dependencia tiene uno que darse cuenta de ella.

Tanto si depende uno del estímulo de la propia esposa o marido, como de un libro, del trabajo que hace en la oficina de ir al cine, es decir de cualquier estímulo que uno busque, tiene ante todo que darse cuenta de este. El limitarse a aceptar estímulos y vivir con ellos disipa la energía y deteriora la mente. Mas, si uno percibe los estímulos y descubre todo su significado en la propia vida, podrá librarse de ellos. Por medio del conocimiento de si mismo que no es condenación de sí mismo, ni todo eso, sino simplemente darse cuenta de sí mismo, sin escoger aprende uno a cerca de todas las cosas de influencia, de dependencia, de estímulos; y ese movimiento mismo de aprender le da a uno la energía necesaria para liberarse de toda dependencia del estímulo.

Krishnamurti

 

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Ante un Mundo en Crisis: Mientras uno dependa de las cosas para su propia satisfacción y enriquecimiento psicológicos, persistirá la codicia, creando conflicto social e individual y desorden

Problemas de Convivencia Humana

En las últimas tres pláticas he tratado de explicar el acercamiento experimental al problema de la codicia: acercamiento que no es renunciación, ni control, sino la comprensión del proceso de la codicia, lo único que puede traer liberación perdurable de ella. Mientras uno dependa de las cosas para su propia satisfacción y enriquecimiento psicológicos, persistirá la codicia, creando conflicto social e individual y desorden. Sólo la comprensión nos libertara de la codicia y el anhelo, que tanto estrago han creado en el mundo.

Consideremos ahora el problema de la relación de convivencia entre los individuos. Si comprendemos la causa de fricción entre los individuos y, como consecuencia, con la sociedad, esa comprensión ayudará a producir libertad del afán posesivo. La relación de convivencia se basa actualmente en la dependencia, es decir, que uno depende de otro para su satisfacción psicológica, su felicidad y bienestar. Generalmente no nos damos cuenta de esto, pero en el caso de darnos, aparentamos que dependemos de otro, o tratamos de desenlazarnos artificialmente de la dependencia. Abordemos aquí, de nuevo, este problema experimentalmente.

Ahora bien, para la mayoría de nosotros, la relación con otro se basa en la dependencia, económica o psicológica. Esta dependencia crea temor, engendra en nosotros el afán posesivo, se traduce en fricción, suspicacia, frustración. El depender de otro económicamente puede, tal vez, ser eliminado por medio de la legislación y de una organización adecuada; pero me refiero en especial a la dependencia de otro, psicológicamente, que es resultado del anhelo de satisfacción personal, felicidad, etc. En esa relación posesiva, uno se siente enriquecido, creador y activo; siente que la pequeña llama de su propio ser es acrecentada por otro y así, no queriendo perder esa fuente de plenitud, se teme la pérdida del otro, y de esa manera nacen los temores posesivos, con todos los problemas que de ellos resultan. Así que, en la relación de dependencia psicológica, tiene que haber siempre temor, suspicacia, conscientes o inconscientes, que a menudo se ocultan bajo palabras agradables. La reacción de este temor lleva a uno en todo tiempo a la búsqueda de seguridad y enriquecimiento a través de diversos conductos, o a aislarse en ideas e ideales, o a buscar substitutos a la satisfacción.

Aun cuando uno dependa de otro, todavía existe el deseo de ser íntegro, de ser completo. El problema completo en la convivencia es el de cómo amar sin dependencia, sin fricción y conflicto: el de cómo vencer el deseo de aislarse, de apartarse de la causa del conflicto. Si para nuestra felicidad dependemos de otro, de la sociedad o del medio ambiente, éstos llegan a hacerse esenciales para nosotros nos abrazamos a ellos, y con violencia nos oponemos a su alteración en cualquiera forma, porque de ellos dependemos para nuestra seguridad y conforte psicológicos. Aunque percibamos, intelectualmente, que la vida es un continuo proceso de flujo, de mutación, que necesita cambio constante, sin embargo, emocional o sentimentalmente nos aferramos a los valores establecidos y confortantes; de allí que haya una lucha constante entre el cambio y el deseo de permanencia. ¿Es posible poner fin a este conflicto?

La vida no puede existir sin la convivencia; pero la hemos hecho en extremo angustiosa y repugnante por basarla en el amor personal y posesivo. ¿Puede uno amar y sin embargo no poseer? Encontraréis la verdadera respuesta no en el escape, no en los ideales, no en las creencias, sino por, la comprensión de las causas de la dependencia y el afán posesivo. Si puede comprenderse profundamente este problema de la relación entre uno y el otro, entonces tal vez comprendamos y resolvamos los problemas de nuestra relación con la sociedad, puesto que la sociedad no es sino la extensión de nosotros mismos. El ambiente, al que damos el nombre de sociedad, ha sido creado por pasadas generaciones; lo aceptamos porque nos ayuda a conservar nuestra codicia, afán posesivo, ilusiones. En esta ilusión no puede haber unidad ni paz. La unidad meramente económica producida por medio de la coacción y la legislación, no puede poner fin a los conflictos, a la guerra.

Mientras no comprendamos la interrelación individual, no podemos tener una sociedad pacifica. Puesto que nuestra convivencia se halla basada en el amor posesivo, tenemos que llegar a ser plenamente conscientes, en nosotros mismos, de su nacimiento, sus causas, su acción. En el hecho de darse plena cuenta del proceso de la posesividad, con su violencia, sus temores, sus reacciones, surge una comprensión que es total, completa. Sólo esa comprensión libera al pensamiento de la dependencia y el afán posesivo. Es dentro de uno mismo donde puede encontrarse la armonía en la convivencia, no en otro, ni en el medio ambiente.

En la convivencia la causa primordial de fricción es uno mismo, el yo, que es centro del anhelo unificado. Si tan sólo podemos darnos cuenta que no es la actuación del otro lo de primordial importancia, sino cómo cada uno de nosotros actúa y reacciona; y si esa reacción y acción pueden ser fundamental, profundamente comprendidas, entonces la convivencia sufrirá un cambio radical y profundo. En esta relación de convivencia con otro existe no sólo el problema físico, sino también el de pensamiento y sentimiento en todos los niveles; y sólo es posible estar en armonía con otro cuando uno mismo es integralmente armónico. Lo que importa en la convivencia es tener presente no al otro, sino a uno mismo, lo cual no significa que deba uno aislarse, sino que comprenda hondamente en uno mismo la causa del conflicto y el dolor. En tanto que dependamos de otro, intelectual o emocionalmente, para nuestro bienestar psicológico, esa dependencia inevitablemente tiene que crear temor, del cual emana el sufrimiento.

Para comprender la complejidad de la interrelación, debe haber paciencia reflexiva y sincero propósito. La convivencia es un proceso de autorevelación en el que uno descubre las causas ocultas del sufrimiento. Esta autorevelación es sólo posible en la convivencia.

Pongo énfasis en la relación de convivencia, porque en el acto de entender profundamente su complejidad estamos creando comprensión, comprensión que trasciende la razón y la emoción. Si basamos nuestra comprensión meramente en la razón, entonces hay en ella aislamiento, orgullo y falta de amor; y si la basamos únicamente en la emoción, no existe profundidad, hay sólo sentimentalismo que pronto se esfuma, y no amor. Solamente como resultado de esta comprensión puede existir la plenitud de acción. Tal comprensión es impersonal y no puede ser destruida; ya no está supeditada al tiempo. Si no podemos derivar comprensión de los diarios problemas de la codicia y de nuestras relaciones de convivencia, entonces el buscar tal comprensión y amor en otras esferas de conciencia es vivir en la ignorancia y la ilusión.

Cultivar simplemente la bondad, la generosidad, sin la comprensión plena del proceso de la codicia, es perpetuar la ignorancia y la crueldad; sin comprender integralmente la convivencia, tan sólo cultivar la compasión, el perdón, es producir el aislamiento de uno mismo y condescender con ciertas formas sutiles de orgullo. En la comprensión plena del anhelo hay compasión, perdón. Las virtudes que se cultivan no son virtudes. Esta comprensión requiere lucidez constante y alerta, persistencia ardua y a la vez flexible; el simple control con su entrenamiento peculiar tiene sus peligros, puesto que es unilateral incompleto y por tanto, vacío.

El interés verdadero produce su propia concentración natural, espontánea, en la que hay el florecimiento de la comprensión. Tal interés se despierta por medio de la observación, el cuestionar las acciones y reacciones de la existencia diaria.

Para captar el complejo problema de la vida, con sus conflictos y dolores, tiene uno que producir comprensión integral. Esto puede efectuarse sólo cuando comprendemos profundamente el proceso del anhelo, que es ahora la fuerza central de nuestra vida.

Problemas de Convivencia Humana-  “Ante un Mundo en Crisis”

Krishnamurti

Desde que venimos al mundo nos han enseñado a depender; a ser responsables frente a nuestros padres, nuestra familia, amigos, sociedad, y una larga lista de condicionantes sociales, absurdos e inútiles

CODEPENDENCIA: ADICCIÓN AL AMOR

En la radio suena una canción: “No sé vivir sin ti, si tú no estás aquí ya nada importa, mi vida no tiene sentido sin tu amor…”. Si pensamos detenidamente en el verdadero significado de esta letra tan romántica e inofensiva, nos daremos cuenta de que en realidad entraña mucho peligro… La codependencia está dentro del apartado de las adicciones.

Codependencia se define como el ciclo de patrones de conducta y pensamientos disfuncionales que producen dolor y que se repiten de manera compulsiva como respuesta a una relación enferma y alienante. El codependiente no puede vivir sin la persona objeto de su adicción, ya sea un familiar, amigo, compañero de trabajo o pareja.

En una relación de estas características, el codependiente se funde y se confunde con la otra persona hasta el punto de llegar a perder su propia identidad. “Lo da todo” por el otro, de modo que sus deseos y necesidades quedan relegados a un segundo plano, lo que, obviamente, deviene en una negación de sí mismo.

Esta autonegación crea en el individuo codependiente una constante sensación de ansiedad y de vacío insaciable. El miedo al abandono es su mayor miedo, aunque no el único, también teme por su propia identidad e independencia.

El amor es una experiencia esencial. Todos acariciamos el deseo de tener amor e intimidad en nuestra vida. Pero algo tan natural se ha vuelto difícil. ¿Por qué? Porque para tener verdadera intimidad, para disfrutar de auténtico amor, hemos de respetarnos y aceptarnos tal cual somos, seres únicos y perfectos, dignos de amar y ser amados. Es nuestra condición de seres humanos. Todos y cada uno de nosotros estamos equipados para amar y ser felices. Es más, esta debería ser nuestra verdadera tarea en este planeta, laboratorio perfecto para drenar nuestros sufrimientos y limpiar nuestro pasado, rompiendo, con la claridad de nuestra conciencia, el círculo vicioso de nacimientos y muertes en el que nos vemos inmersos, ad infinitum…

Para tener amor e intimidad hemos de derribar nuestras fronteras y estar dispuestos a “desnudarnos” y “entregarnos”. Sólo esa confianza plena puede ayudarnos a salir de nuestro aislamiento. Y esto no es tarea fácil. Más aún, nos da terror. Invertimos tanto en nuestra coraza, la hemos moldeado tan cuidadosamente y hecho tan sofisticada, que ya no sabemos vivir sin ella y, aunque nos lo propusiéramos ahora mismo, tampoco sabríamos cómo deshacernos, así de repente, de esa malla que hemos tejido alrededor de nuestro ser y que ahora nos mantiene prisioneros.

Desde que venimos al mundo nos han enseñado a depender; a ser responsables frente a nuestros padres, nuestra familia, amigos, sociedad, y una larga lista de condicionantes sociales, absurdos e inútiles. Nos inculcan la creencia de que hemos de vivir con arreglo a lo que es “nuestra responsabilidad”,  que hemos de vivir con arreglo a lo que es “útil”, -¿útil para quién?-, y de que tal cual somos, no somos adecuados.

“Qué difícil para mí es verme sin juzgarme, la educación que me dieron fue, cambia, cambia, no estás bien como eres, tienes que cambiar, vivir para los demás,  no para ti, vive según el patrón que te dimos, ya está todo dicho no busques más”

Así que parece que para ser dignos de amor, aceptación y respeto, debemos esforzarnos un poco más en aparentar lo que no somos, si no, no “encajas”. Ésta es la basura del actual paradigma universal: ser en serie, franquiciados. Y bajo esta demanda, el amor se ha convertido en un mercadería barata. Y en nuestros corazones sólo reinan la soledad, el dolor, la desesperanza y el miedo.

Poco a poco, hemos ido domesticando nuestro ser salvaje hasta convertirnos en felpudos. Y si queremos recuperar nuestra dignidad y nuestra capacidad de amar, toda pose, máscara y mentira, toda hipocresía y sumisión debe desaparecer de nuestras vidas.

Intimar significa abrirse, dejar que otro ser entre en nosotros, estrechar lazos, compartir, bajar la guardia, pero no quiere decir sometimiento. Sabemos que eso de abrirnos nos expone y nos coloca en el pantanoso terreno de la vulnerabilidad, sabemos que es arriesgado y que puede dolernos mucho, pero esa es la manera. Y si amamos de verdad, ¿a qué tenerle miedo?, sólo por el sencillo hecho de amar, la felicidad llena nuestras vidas y nos ilumina. Amar es un regalo divino. Sin embargo, siempre esperamos algo a cambio, siempre encontramos un motivo para ensuciar el amor de interés y de miedo. Entonces el amor ya no es más amor. Y a esto, precisamente, es a lo que llamamos: codependencia.

Todos estamos infectados de codependencia, porque en esta vida terrena el miedo es más fuerte que el amor…Y si no, “quien esté libre de pecado…”

La codependencia se manifiesta de distintos modos. Para algunas personas es una forma de dependencia: no pueden poner fin a su relación, aún sabiendo de que no hay amor ni crecimiento en sus vidas, porque esa es la única forma de sentirse importantes; otras personas, cambian de pareja constantemente, incapaces de sostener una relación estable, íntima y profunda; y hay una tercera categoría, la de los que rechazan la simple idea de crear cualquier tipo de vínculo por temor al abandono y/o a perder su independencia.

Más allá del mero propósito biológico, la intimidad nos brinda una posibilidad de autodescubrirnos, de crecer y de sanar internamente. Es una oportunidad inmejorable para evolucionar de la codependencia al amor. Ahora bien, para ello necesitamos unos cuantos requisitos nada fáciles de superar, aunque no son imposibles: valor, sinceridad y esfuerzo. Debemos reconocer dónde estamos, hacernos conscientes de quiénes somos y aceptar nuestra situación. Mientras neguemos nuestra realidad y pensemos que son los demás el origen de nuestros sufrimientos, mientras pretendamos cambiar al otro a nuestra imagen y semejanza, según nuestros criterios y propia conveniencia, viviremos sumergidos en el “amor” codependiente, es decir en el desamor.

Un paso más hacia la sanación, sería indicar el camino del autoconocimiento. Entrar en contacto con nuestras propias necesidades y deseos, con nuestras heridas y miedos más profundos, aprender a aceptarlos y abordarlos con profunda atención y humildad. Eso nos ayudaría a valorarnos y confiar más en nosotros mismos, fundamental para poder salir de la red codependiente. Y un tercer peldaño a superar, será el auto respeto. Dejar de pretender lo que no somos, ser valientes, honestos y darnos permiso para amarnos con total aceptación.

El amor no es una luna de miel, es una transformación. El amor tiene más de trabajo que de placer. Cuando la fase oral termina y declina el deseo impulsivo, entonces surge la posibilidad de que nazca un amor más sereno, maduro, y más auténtico. Para eso hemos de estar dispuestos a ir más allá del ego; someternos a una verdadera revolución interna, ser vulnerables y aceptar la responsabilidad de nuestras heridas, y no vivir de expectativas, estar en contacto con nuestras necesidades y respetarnos por encima de todo. Porque antes o después, la intimidad pondrá en evidencia aquello que llevamos dentro y no podemos o no queremos ver. Por eso el amor nos atrae tanto como nos asusta, porque nos desnuda y nos expone, nos hace tocar el cielo y el infierno, nos invita a compartir, a crecer, a caer y confiar, nuevamente.

La codependencia no sólo se manifiesta en las relaciones de pareja, sino en todos los ámbitos en los que estamos en contacto con los demás; en cualquier situación de la vida cotidiana donde nos podamos involucrarnos con otros individuos. Es por ello, que esta cuestión tiene tanta importancia, porque las relaciones son la piedra angular de nuestra vida. Y en este asunto, el vivir desde nuestra autenticidad, desde la atalaya de quienes realmente somos, se plantea como una necesidad absolutamente vital, prioritaria e indispensable.

El trabajo personal en relación a la Codependencia, en esencia, nos pone en contacto con nuestra fragilidad, con esa parte a la que pedagógicamente se le llama el “niño interior”. Es un trabajo que exige valor y honestidad. Valor para conectar y mirar de frente aquello que más miedo y vergüenza nos da; y honestidad para llegar a darnos cuenta de que la causa de nuestro dolor radica, precisamente, en que para evitar ese dolor nos hemos apartado de nuestro centro y hemos desviado la mirada hacia otro lado, buscando culpables, o tal vez buscando alguna víctima propiciatoria que satisfaga nuestras necesidades más básicas.

by DEVI DYUMANI

¿Qué debo hacer para liberarme del apego?

¿Qué Es El Amor?

No voy a fingir con mi mujer que la amo. No sé qué es el amor. Pero si sé que soy celoso y también sé muy bien que estoy terriblemente apegado a ella y que en el apego hay temor, celos, ansiedad; hay un sentido de dependencia

Me doy cuenta de que el amor no puede existir cuando hay celos; el amor no puede existir cuando hay apego. Ahora bien ¿es posible para mí estar libre de los celos y el apego? Me doy cuenta de que no amo. Eso es un hecho. No voy a engañarme a mí mismo; no voy a fingir con mi mujer que la amo. No sé qué es el amor. Pero si sé que soy celoso y también sé muy bien que estoy terriblemente apegado a ella y que en el apego hay temor, celos, ansiedad; hay un sentido de dependencia. No me gusta depender, pero dependo porque me siento solo; me empujan por todos lados, en la oficina, en la fábrica, y vengo a mi casa y quiero sentirme cómodo y en compañía, deseo escapar de mí mismo. Ahora me pregunto: ¿Cómo he de liberarme de este apego? Tomo eso sólo como un ejemplo.

En primer lugar, quiero zafarme del problema. No sé cómo van a terminar las cosas con mi mujer. Cuando esté realmente desapegado de ella, mi relación con ella puede cambiar. Ella podría apegarse a mí y yo podría no estar apegado a ella ni a ninguna otra mujer. Pero voy a investigar. Por lo tanto, no escaparé de lo que imagino podría ser la consecuencia de estar totalmente libre de apego No sé qué es el amor, pero veo muy claramente, definitivamente sin ninguna duda, que el apego hacia mi mujer; significa celos posesión, miedo, ansiedad; y deseo liberarme de todo eso. De modo que empiezo a investigar; busco un método quedo preso en un sistema. Cierto gurú dice: « Te ayudaré a desapegarte, haz esto y esto, practica esto y aquello». Acepto lo que él dice porque veo la importancia de estar libre, y él me promete que si hago lo que aconseja seré recompensado. Pero veo que de ese modo estoy buscando una recompensa. Veo lo tonto que soy: quiero ser libre y me apego a una recompensa.

No deseo estar apegado y, no obstante, me encuentro apegado a la idea de que alguien o algún libro o algún método me recompensará librándome del apego. Por consiguiente, la recompensa se convierte en un apego. Así que digo: «Mira lo que has hecho; sé cuidadoso, no quedes preso en esa trampa». Ya sea que se trate de una mujer, de un método o de una idea, eso sigue siendo apego. Ahora estoy muy alerta porque he aprendido algo, o sea, no canjear el apego por alguna otra cosa que sigue siendo apego.

Me pregunto: « ¿Qué debo hacer para liberarme del apego?». ¿Cuál es mi motivo para querer estar libre del apego? ¿No es que anhelo alcanzar un estado donde no haya apego ni temor ni nada de eso? Y súbitamente me doy cuenta de que el motivo imprime una dirección y que esa dirección dictará mi libertad. ¿Por qué tener un motivo? ¿Qué es el motivo? Un motivo es una esperanza o un deseo de lograr algo. Veo que estoy apegado a un motivo. ¡No sólo mi esposa, no sólo mi idea, no sólo el método que también el motivo se ha convertido en mi apego!

De modo que todo el tiempo estoy funcionando dentro del campo del apego: la esposa, el método y el motivo de lograr algo en el futuro. Estoy apegado a todo esto. Veo que es algo tremendamente complejo; no me había dado cuenta que estar libre del apego implicaba todas estas cosas.

Ahora lo veo tan claramente como veo en un mapa las carreteras principales, las carreteras secundarias y los poblados; lo veo con mucha claridad. Entonces me digo: «Y bien, ¿es posible para mi estar libre del gran apego que siento por mi esposa y también estar libre de la recompensa que pienso voy a obtener, así como de mi motivo?»

Estoy apegado a todo esto. ¿Por qué?

¿Es porque en mí mismo soy insuficiente?

¿Es porque me siento muy, muy solo y por eso busco escapar de la sensación de aislamiento recurriendo a una mujer, una idea, un motivo, como si tuviera que aferrarme a algo? Veo que es así, que me siento solo y que mediante el apego, escapo hacia alguna cosa huyendo de esa sensación de extraordinario aislamiento.

Estoy, pues, interesado en comprender la razón de que me sienta solo, porque veo que eso es lo que hace que me apegue. Esa soledad me ha obligado a escapar, mediante el apego, hacia esto o aquello, y veo que, mientras prosiga ese sentimiento, la consecuencia será siempre ésta.

¿Qué significa sentirse solo? ¿Cómo ocurre?

¿Es algo instintivo, heredado, o se origina en mi actividad diaria?

Si es un instinto, si es heredado, entonces forma parte de mi destino; no tengo la culpa. Pero como no acepto esto, lo cuestiono y permanezco con la pregunta. Observo y no trato de encontrar una respuesta intelectual. No trato de decirle a la soledad lo que es o lo que debería hacer; observo para que ella me lo diga. Hay un estado de atenta vigilancia a fin de que la soledad se revele por sí misma. No se revelará si escapo, si tengo miedo, si la resisto. Por lo tanto, la observo. La observo de modo que no interfiera ningún pensamiento.

La observación es mucho más importante que la intervención del pensamiento. Y, gracias a que toda mi energía se interesa en la observación de esa soledad, el pensamiento no interviene en absoluto. La mente es retada y tiene que responder. Debido al reto está en crisis. En una crisis uno tiene una gran energía, y esa energía permanece sin ser interferida por el pensamiento. Éste es un reto al que debo responder.

Me puse a dialogar conmigo mismo. Me pregunté qué es esta cosa extraña llamada amor; todos hablan de ella, escriben acerca de ella; lo hacen todos los poemas románticos, las pinturas, el sexo y todas las otras áreas que abarca. Pregunto: ¿Existe una cosa como el amor? Veo que no existe cuando hay celos, odio, miedo. De modo que ya no me ocupo del amor; me intereso en “lo que es”, en mi miedo, en mi apego. ¿Por qué estoy apegado? Veo que una de las razones -no digo que sea toda la razón- es que me siento desesperadamente solo, aislado. Cuanto más envejezco más aislado me voy sintiendo. Por consiguiente, observo eso. Éste es un reto que me impulsa a descubrir y, debido a que es un reto, toda la energía se concentra ahí para responder. Es algo sencillo. Si hay alguna catástrofe, un accidente o lo que fuere, eso es un reto y tengo la energía para afrontarlo. No tengo que preguntar: “¿Cómo obtengo esta energía?” Cuando la casa se quema tengo la energía para entrar en acción, una energía extraordinaria. No me siento y digo: «Bueno, tengo que lograr esta energía» y me quedo esperando; para entonces se habrá quemado toda la casa.

Así pues, tengo esta energía tremenda para responder a la pregunta: ¿Por qué existe este sentimiento de soledad? He rechazado ideas, suposiciones y teorías acerca de que se trata de algo heredado, instintivo. Todo eso no significa nada para mí. La soledad es “lo que es”. ¿Por qué existe esta soledad que todo ser humano, si es de algún modo consciente, experimenta ya sea de manera superficial o más profunda?

¿Por qué se manifiesta?

¿Es que la mente hace algo que ocasiona esta soledad?

He rechazado teorías como el instinto y la herencia, y me pregunto:

¿Es la mente, es el cerebro mismo el que produce este sentimiento de soledad, este aislamiento total? ¿Es el movimiento del pensar el que hace esto, el que crea en mi vida cotidiana este sentido de aislamiento?

En la oficina me aíslo porque quiero llegar a ser el máximo ejecutivo; por lo tanto, el pensamiento trabaja todo el tiempo aislándose en sí mismo. Veo que el pensamiento opera permanentemente para hacerse superior, que la mente misma induce con su actividad este aislamiento.

Así que el problema es: ¿Por qué hace esto el pensamiento?

¿Es su naturaleza trabajar para sí mismo?

¿Es la naturaleza del pensar crear este aislamiento? Es la educación la que lo origina, esta me da una carrera, cierta especialización y, por consiguiente aislamiento. El pensamiento, siendo fragmentario, limitado, estando atado al tiempo, crea este aislamiento. En esa limitación ha encontrado la seguridad diciendo: «Tengo una profesión especial en mi vida, soy un profesor; estoy perfectamente seguro». En consecuencia, me interesa saber por qué hace esto el pensamiento. ¿Está en su naturaleza misma obrar así? Cualquier cosa que haga el pensamiento tiene que ser limitada.

El problema es, entonces: ¿Puede el pensamiento darse cuenta de que cualquier cosa que hace es limitada, fragmentaria y, en consecuencia, aisladora, y que todo lo que haga será siempre así? Éste es un punto muy importante: ¿Puede el pensamiento mismo darse cuenta de sus propias limitaciones? ¿O soy yo el que le dice qué es limitado? Veo que es indispensable que esto se comprenda, ya que es la verdadera esencia de la cuestión. Si el propio pensamiento se da cuenta de que es limitado, entonces no hay resistencia ni conflicto; dice: «Eso es lo que soy». Pero si yo le digo que es limitado, me estoy separando de la limitación. Entonces lucho para superar la limitación; por consiguiente, hay conflicto y violencia, no amor.

Entonces ¿se da cuenta el pensamiento mismo de que es limitado? Tengo que descubrirlo. Esto es un reto al que me enfrento. A causa de que me enfrento a un reto, tengo una gran energía. Expresado de otra forma: ¿Se da cuenta la conciencia de que su contenido es ella misma? ¿O he oído a otro decir: «La conciencia es su contenido; el contenido compone la conciencia»? Por lo tanto, digo: «Sí, es así». ¿Veo la diferencia entre lo uno y lo otro? Lo segundo, creado por el pensamiento, es impuesto por el “yo”. Si yo impongo algo sobre el pensamiento, hay conflicto. Es como un gobierno tiránico imponiéndose sobre alguien, pero aquí ese gobierno es de mi propia creación.

Me pregunto, pues: ¿Se ha dado cuenta el pensamiento de sus propias limitaciones? ¿O pretende ser algo extraordinario, noble, divino? Esto es un disparate, porque el pensamiento se basa en la memoria. Veo que tiene que haber claridad acerca de este punto, o sea, que no hay una influencia externa que se imponga sobre el pensamiento diciendo que es limitado. Entonces, debido a que no hay imposición, no hay conflicto; el pensamiento comprende, simplemente, que es limitado, se da cuenta de que cualquier- rendir culto a Dios, etc.- es limitado, vulgar, insignificante, aun cuando haya creado por toda Europa maravillosas catedrales donde poder adorar.

He descubierto, pues, en esta conversación conmigo mismo, que la soledad es creada por el pensamiento. Ahora el pensamiento se ha dado cuenta, por sí mismo, de que es limitado y que, por lo tanto, no puede resolver el problema de la soledad. Como no puede resolver el problema de la soledad, ¿existe la soledad? El pensar ha creado este sentimiento de soledad, este vacío interno, a causa de que es limitado, fragmentario, de que está dividido; y cuando se da cuenta de esto, la soledad no existe y, por lo tanto, estoy libre del apego. No he hecho nada; he observado el apego y lo que implica: la codicia, el miedo, la soledad, todo eso, y siguiéndole la pista, observándolo, no analizándolo sino simplemente mirando, mirando y mirando, he descubierto que el pensamiento ha hecho todo esto. El pensamiento, por ser fragmentario, ha creado este apego. Cuando se da cuenta, el apego se termina. No ha habido ningún esfuerzo, porque tan pronto hay esfuerzo el conflicto regresa nuevamente.

En el amor no hay apego; si hay apego no hay amor. Se ha eliminado el factor principal mediante la negación de lo que el amor no es, mediante la negación del apego. Sé lo que eso significa en mi vida cotidiana: no recordar nada de lo que mi vecino, mi esposa o mi novia hicieron para lastimarme; no apegarme a ninguna imagen que el pensamiento haya creado con respecto a mi esposa, cómo me ha intimidado, cómo me ha brindado consuelo, cómo he tenido con ella placer sexual, todas las distintas cosas de las que el movimiento del pensar ha elaborado imágenes; el apego a esas imágenes ha desaparecido.

Y existen otros factores. ¿Debo examinarlos todos, paso a paso, uno por uno? ¿O todo eso se ha desvanecido? ¿Debo examinar cuidadosamente, investigar -como he investigado el apego- el temor, el placer y el deseo de consuelo? Veo que no tengo que pasar por la investigación completa de todos estos diversos factores; lo veo de una sola mirada, lo he captado.

Por consiguiente, al negar lo que no es el amor, el amor existe. No tengo que preguntar qué es el amor. No tengo que correr tras él. Si corro tras él, eso no es amor, es una recompensa. Habiendo, pues, negado en esa investigación todo lo que no es amor, habiendo terminado con ello lenta y cuidadosamente, sin distorsión ni ilusión alguna, entonces lo otro está ahí.

Un Diálogo Consigo Mismo

Brockwood Park, Inglaterra, 30 de agosto de 1977

Jiddu Krishnamurti

 

Maestro, ¿Me das tu bendición para casarme con mi Amada?

¿Por qué estás en contra del matrimonio?

Sé que estás en contra del matrimonio, pero aún así me quiero casar. ¿Me podrías dar tu bendición?

Medita sobre la máxima de Murphy: A un tonto pronto se le acaba su calma.

Medita sobre ello: A un tonto pronto se le acaba su calma. Eso es en lo que el matrimonio se va a convertir. Sólo los tontos piensan en términos legales, por lo demás, el amor basta y sobra. Y yo no estoy en contra del matrimonio – estoy a favor del amor. Eso no es posible. El amor puede convertirse en matrimonio. Tienes que trabajar muy conscientemente para transformar tu amor en un matrimonio.

Comúnmente, las personas destruyen su amor. Hacen todo por destruirlo y luego sufren. Y siguen diciendo: “¿Qué es lo que salió mal?”. Ellos lo destruyen – hacen todo por destruirlo. Hay un enorme deseo y anhelo de amor, pero el amor necesita de mucha consciencia. Sólo entonces puede alcanzar su cúspide más alta – y esa cúspide más alta es el matrimonio. No tiene nada que ver con la ley. Es la fusión de dos corazones en la totalidad. Es el funcionamiento de dos personas en sincronía – eso es el matrimonio.

Pero las personas prueban el amor y, como son inconscientes… su anhelo está bien, pero su amor está lleno de celos, lleno de posesividad, lleno de enojo, lleno de rencor. Pronto lo destruyen. De ahí que durante siglos han dependido del matrimonio. Es mejor comenzar con el matrimonio para que la ley te pueda proteger que llegue a destruirse. La sociedad, el gobierno, la corte, el policía, el sacerdote, todos te obligarán a vivir dentro de la institución del matrimonio, y tú serás sólo un esclavo. Si el matrimonio es una institución, vas a ser un esclavo dentro de ella. Sólo los esclavos desean vivir en instituciones. El matrimonio es un fenómeno totalmente diferente: es la cúspide del amor. Entonces está bien.

Yo no estoy en contra del matrimonio – estoy a favor del matrimonio verdadero. Estoy en contra de lo que es falso, pseudo. Pero es un arreglo. Te da una cierta seguridad, ocupación. Te mantiene comprometido. Aparte de eso, no te enriquece en lo absoluto, no te nutre. Así que si quieres casarte de acuerdo conmigo, sólo entonces te puedo dar mi bendición. Aprende a amar, y suelta todo lo que está en contra del amor. Es una tarea cuesta arriba. Es el arte más grande en la existencia, ser capaz de amar. Uno necesita mucho refinamiento, una gran cultura interior, mucha meditación, para poder ver de inmediato cómo seguimos destruyendo.

Si puedes evitar ser destructivo, si te puedes volver creativo en tu relación; si la apoyas, la nutres; si eres capaz de sentir compasión por la otra persona, no sólo pasión… La pasión por sí sola no puede sostener el amor; se necesita la compasión. Si eres capaz de ser compasivo hacia el otro; si eres capaz de aceptar sus limitaciones, sus imperfecciones; si eres capaz de aceptarlo tal y como él o ella es, y aún así amarlo – entonces un día el matrimonio sucede. Eso puede llevar años. Te puede llevar la vida entera.

Puedes tener mi bendición, pero para un matrimonio legal no necesitas tener mi bendición – y mi bendición tampoco será de ayuda alguna. Y ¡cuidado! Antes de que te adentres en ello, piénsalo dos veces.

¡Sólo mantente un poco alerta en el paso que vas a dar! Mi bendición no va a ayudar. El matrimonio es una trampa y tu esposa, tarde o temprano, encontrará un pájaro gobble.

La señora Moskowitz adoraba el caldo de pollo. Una tarde lo estaba saboreando cuando tres amigos de su esposo entraron. “Señora Moskowitz”, dijo el portavoz, “estamos aquí para decirle que su esposo, Izzy, ha muerto en un accidente automovilístico”. La señora Moskowitz continuó tomando su sopa. Una vez más se lo dijeron. Tampoco reaccionó. “Mire”, le dijo el interlocutor intrigado, “¡le estamos diciendo que su esposo ha muerto!” Ella continuó tomando su sopa. “Caballeros”, les dijo entre un bocado y otro, “dentro de un momento, en cuanto termine con mi caldo de pollo, ¡van a escuchar mis chillidos!”

El matrimonio no es amor; es alguna otra cosa.

Una mujer estaba gimiendo frente a la tumba de su esposo: “Oh, Joseph, hace cuatro años que te fuiste, pero ¡aún te extraño!” En ese momento Grossberg pasaba por ahí y vio a la mujer llorando. “Discúlpeme”, le dijo, “¿a quién le está llorando?” “A mi esposo”, ella le respondió. “¡Lo extraño tanto!” Grossberg miró la lápida y entonces le dijo: “¿A su esposo? Pero la lápida dice: ’A la sagrada memoria de Golda Kreps’ ”. “Oh, sí, él lo puso todo a mi nombre”.

Así que ¡estate un poco alerta antes de que quedes atrapado! El matrimonio es una trampa: quedarás atrapado por la mujer y la mujer quedará atrapada por ti. Es una trampa mutua. Y entonces tienen permiso de torturarse el uno al otro legalmente para siempre. Y particularmente en este país, ¡no sólo durante esta vida sino para la eternidad! El divorcio no está permitido ni siquiera después de la muerte. En la próxima vida tendrás a la misma mujer, ¡recuérdalo!

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¿Saben ustedes lo que significa amar a otro? ¿Alguna vez han amado a alguien? El amor, ¿es dependencia, es deseo, es placer?

¿Por qué, en nuestras relaciones, existe esta disensión, esta división entre hombre y mujer, entre un ser humano y otro?

¿Lo han advertido? Somos como dos líneas paralelas, nunca nos encontramos. Nunca decimos lo que realmente pensamos y nos atenemos a eso. De modo que vamos a averiguar juntos por qué en la relación humana tenemos tan graves y feos conflictos. Yo tengo mi ambición, mis deseos, mis problemas. En la oficina soy competidor, agresivo; estoy persiguiendo mi propia meta. Y mi esposa también está persiguiendo su propia ambición. Yo domino, y ella resiste ese dominio.

Nos preguntamos, pues, por qué existe este conflicto, puesto que ambos tenemos que vivir juntos. Tenemos sexo, tenemos hijos, pero los dos estamos separados. ¿No es este un hecho? Yo la domino o ella me domina, ella me intimida o yo la intimido. Yo la sermoneo o ella me sermonea. No la golpeo, pero me enfurezco con ella. Quisiera golpearla, pero estoy un poco más controlado. Ustedes se ríen; sin embargo, todos estos son hechos. Yo soy un individuo, ella es un individuo; cada cual tiene que salirse con la suya en hábitos, en deseos. Entonces, ¿cómo pueden dos personas vivir juntas? Lo cual significa que no amamos en absoluto a nuestra esposa o a nuestro marido.

¿Saben ustedes lo que significa amar a otro? ¿Alguna vez han amado a alguien? El amor, ¿es dependencia, es deseo, es placer? Yo no amo a mi esposa, ella no me ama. Somos dos individuos separados. Podemos encontrarnos sexualmente; en lo demás, seguimos nuestros propios caminos particulares. ¿Comprenden, señores? ¿Existe el amor en este país? ¿Hay amor en este país? ¿Aman ustedes a alguien? ¿Puede el amor coexistir con el miedo, o cuando cada uno está tratando de llegar a ser esto o aquello? ¿Puede haber amor cuando yo deseo convertirme en un santo y ella no, o ella quiere llegar a ser una santa y yo no lo soy? ¿Puede haber amor cuando cada uno está queriendo ‘llegar a ser’ alguna cosa? Por favor, entiendan todo esto; es la vida de ustedes. Cuando cada uno está deseando ‘llegar a ser’ alguna cosa, ¿cómo puede haber amor?

¿Es posible amar a alguien sin desear nada del otro, ni emocionalmente, ni físicamente, de ningún modo? ¿Es posible amar a la esposa sin requerir nada de ella? Ella puede sentir afecto por mí porque me necesita, porque tal vez sea yo quien trae el dinero a la casa; no estoy hablando de eso. Pero internamente, el amor no puede existir cuando hay apego.

El amor es incapaz de amoldarse

El amor no es una cosa de la mente, ¿verdad? No es tan sólo el acto sexual. El amor es algo que la mente no puede concebir; es algo que no puede ser formulado. Y ustedes se relacionan sin amor, se casan sin amor. Por consiguiente, en ese matrimonio, se “amoldan” el uno al otro. ¡Linda expresión! Se amoldan el uno al otro, lo cual es, obviamente, un mero proceso mental, intelectual, ¿no es así? Todo amoldamiento lo es.

Pero el amor es, por cierto, incapaz de amoldarse. Ustedes saben señores, que si aman a alguien no hay “amoldamiento”, ¿verdad? Sólo hay comunión completa. Únicamente cuando no hay amor comenzamos a amoldarnos. Y a este amoldamiento, lo llamamos matrimonio. De aquí que el matrimonio fracase, porque es la fuente misma del conflicto, una batalla entre dos personas. Es un problema extraordinariamente complejo, como todos los problemas, pero más aún a causa de la fuerza que tienen los apetitos, los instintos.

¿Qué entienden ustedes por amor?

El amor es lo desconocido. Puede ser realizado sólo cuando hemos comprendido y trascendido lo que conocemos. Sólo cuando la mente está libre de lo conocido, sólo entonces puede haber amor. De modo que debemos abordar el amor negativamente, no positivamente.

¿Qué es el amor para la mayoría de nosotros? Cuando amamos, hay en ello afán posesivo, dominio o sumisión. De esta posesión surgen los celos y el miedo a la pérdida, por lo cual legalizamos este instinto posesivo. Del afán posesivo y sus celos resultan los innumerables conflictos con los que cada uno de nosotros está tan familiarizado. El instinto posesivo no es, entonces, amor. El amor tampoco es una cuestión sentimental. Lo meramente sentimental, emocional, excluye el amor. La sensibilidad emocional es mera sensación.

Únicamente el amor puede transformar la demencia, la confusión y el conflicto. Ningún sistema, ninguna teoría de izquierda o de derecha puede traer paz y felicidad al hombre. Donde hay amor no hay espíritu posesivo, no hay envidia; hay piedad y compasión —no en teoría, sino de hecho— por nuestra esposa, por nuestros hijos, por nuestros vecinos {…}.

Sólo el amor es capaz de generar compasión y belleza, orden y paz. El amor con su compasión existe cuando el «yo» deja de existir.

Krishnamurti

Yo estoy en discordancia con mis pensamientos, mis sentimientos y mis acciones; debido a eso, me siento insatisfecha

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Pregunta: Yo estoy en discordancia con mis pensamientos, mis sentimientos y mis acciones; debido a eso, me siento insatisfecha. La razón es que no hay comprensión entre mi esposo y yo, pero no puedo abandonarlo porque está enfermo. ¿Cuál es su consejo para que yo pueda llegar a una comprensión mejor?

Krishnamurti: En primer lugar, nos aferramos a otros porque nosotros mismos estamos vacíos. Esperamos que el otro nos enriquezca. Ésa es la razón por la que poseemos a las personas. Por lo tanto, también eso crea falta de armonía. Ése es, entonces, uno de los aspectos.
La interlocutora quiere saber qué debe hacer, porque se siente insatisfecha viviendo con esa persona, el marido. O bien depende usted de él para su propia suficiencia interna que él no le proporciona, lo cual hace que usted se sienta insatisfecha, o usted desea proporcionársela a él y él no quiere aceptarla, con lo cual sigue estando insatisfecha. O él no le agrada, y por eso se siente insatisfecha.
Si reflexiona acerca de estos tres puntos, la pregunta estará contestada. No le aconsejo lo que debe hacer. Usted sabe, dependemos el uno del otro para nuestra fuerza para nuestra plenitud. Marido y esposa, hermanos y hermanas, etc. Cuando no nos proporcionan eso, nos sentimos completamente perdidos y absolutamente insatisfechos. Acudimos a otro para realizarnos, acudimos a otro en busca de amor, de estímulo, porque nos sentimos solos, aislados. Nos volvemos hacia otro e incrementamos esa soledad. La soledad se vuelve cada vez más profunda y sólo tratamos de escapar de ella.
Así, cuando usted se da cuenta de eso, cuando realmente advierte que ninguno puede ayudarla a que se realice, que ninguno, excepto su propia comprensión, puede darle total plenitud interna, entonces soporta los detalles menores, tales como tener un esposo enfermo en cama. Entonces no surge el problema, no se suscita la cuestión de optar entre permanecer con él o abandonarlo. Por favor, considérelo.
La opción respecto de lo que debemos hacer surge, como en este caso, cuando sentimos que nuestro marido, nuestro hermano, etc., no puede darnos esa plenitud. Por lo tanto, nos preguntamos: “¿Hacia quién me volveré? ¿Hacia otro hombre, otra mujer?”, en la esperanza de lo que el otro nos dará en lugar de lo que nos falta en el que ya tenemos. Mientras que, si comprende plenamente – no si lo acepta desde el punto de vista mental o intelectual -, si siente y piensa de verdad que es totalmente imposible que alguien pueda completarla internamente, entonces actuará sin tener en cuenta las circunstancias.

Krishnamurti