LA ETOLOGÍA DEL MIEDO ¿Cómo se puede dominar el miedo o eliminarlo por completo?

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¿Qué es el miedo? ¿Cómo surge? ¿De dónde viene? ¿Cuál es su mensaje? Investígalo; sin ningún juicio; solo así comprenderás.

Si tienes la idea preconcebida de que no deberías tener miedo, de que el miedo es malo y, por lo tanto, no debería existir, no podrás investigar. ¿Cómo vas a confrontar el miedo? ¿Cómo vas a mirar al miedo directamente a los ojos si ya has decidido de antemano que es tu enemigo?

¿Cómo se puede dominar el miedo o eliminarlo por completo? El miedo no se puede eliminar por completo, tampoco puede ser dominado, solo puede ser comprendido. Aquí, la palabra clave es comprensión. Solo la comprensión es fuente de mutación, ninguna otra cosa. Si intentas dominar tu miedo, se quedará reprimido en ti, se ocultará más profundamente en ti. Eso no servirá de nada, complicará más las cosas. Dominarlo quiere decir que, cuando emerge, lo puedes reprimir. Puedes reprimirlo tan profundamente que llegue a desaparecer por completo de tu conciencia.

Entonces nunca serás consciente de él, pero estará en el sótano, y ejercerá cierta atracción. Se las apañará para manipularte, pero lo hará de una forma tan indirecta que no te darás cuenta. Pero entonces el peligro habrá profundizado y ni siquiera podrás comprenderlo.

No hay que dominar el miedo, no hay que eliminarlo. Además, no se puede eliminar, porque en el miedo hay cierta energía y ninguna energía puede ser destruida. ¿Has observado que en el miedo hay una energía inmensa?; lo mismo ocurre con la ira; ambos, el miedo y la ira son diferentes aspectos del mismo fenómeno energético.

La ira es agresiva y el miedo es no agresivo. El miedo es ira en su estado negativo, la ira es miedo en su estado positivo. ¿Has notado lo poderoso que te sientes, la cantidad de energía que tienes cuando estás enfadado? Cuando estás enfadado eres capaz de levantar y arrojar una roca tan grande que en otras circunstancias serías incapaz de mover. Cuando estás enfadado te vuelves tres o cuatro veces más fuerte. Eres capaz de hacer cosas que normalmente no puedes hacer.

Con miedo, puedes correr tan rápido que serías la envidia de cualquier corredor olímpico. El miedo produce energía; el miedo es energía, y la energía no puede ser destruida. De la existencia, no se puede eliminar ni una pizca de energía. Eso es algo que siempre has de tener en cuenta, porque si no, lo que hagas será erróneo. No se puede destruir nada, lo único que se puede hacer es cambiar su forma. No se puede destruir ni una piedrecilla, ni la más ínfima partícula de arena; solo se puede cambiar su forma.

No se puede destruir ni una gota de agua. Se la puede convertir en hielo, se la puede evaporar, pero no desaparecerá. Seguirá estando en alguna parte, no se la puede sacar de la existencia.

Tampoco el miedo se puede destruir. Y se ha intentado muchas veces; la gente ha intentado destruir el miedo, la ira, la sexualidad, la avaricia y cosas por el estilo. El mundo entero ha estado afanándose continuamente en destruir tus energías, ¿cuál ha sido el resultado? Que el hombre se ha convertido en un desastre.

Nada se destruye, todo sigue estando aquí; lo único que se ha conseguido es que las cosas se hayan vuelto más confusas. Intentar destruir algo no tiene sentido, porque nada se puede destruir.

Entonces ¿qué hay que hacer? Hay que entender el miedo.

¿Qué es el miedo? ¿Cómo surge? ¿De dónde viene? ¿Cuál es su mensaje? Investígalo; sin ningún juicio; solo así comprenderás.

Si tienes la idea preconcebida de que no deberías tener miedo, de que el miedo es malo y, por lo tanto, no debería existir, no podrás investigar. ¿Cómo vas a confrontar el miedo? ¿Cómo vas a mirar al miedo directamente a los ojos si ya has decidido de antemano que es tu enemigo? Nadie mira al enemigo directamente a los ojos. Si crees que es algo malo, intentarás pasar de largo, sortearlo, no prestarle atención. Intentarás no cruzarte con él, pero eso no servirá de nada, seguirá estando ahí.

Primero, abandona toda condena, juicio, evaluación. El miedo es una realidad. Hay que afrontarlo, hay que comprenderlo. Solo se le puede transformar por medio de la comprensión. De hecho, por medio de la comprensión se le transforma. No hace falta hacer nada más; la comprensión lo transforma.

¿Qué es el miedo? En primer lugar, el miedo siempre está relacionado con un deseo. Si, por ejemplo, quieres ser famoso, el hombre más famoso del mundo, surge el miedo. ¿Qué pasa si no lo consigues?; entonces surge el miedo. Luego el miedo aparece como producto del deseo. Quieres llegar a ser el hombre más rico del mundo pero ¿y si no lo consigues? Empiezas a temblar, aparece el miedo. Quieres poseer a una mujer, entonces surge el miedo a que mañana no puedas retenerla a tu lado, a que se vaya con otro. Ella está viva, así que puede irse. Si estuviera muerta no podría irse; pero todavía está viva. Solo se puede poseer a un cadáver; en ese caso no hay nada que temer, el cadáver se quedará. Se puede poseer muebles, entonces no hay nada que temer. Pero cuando intentas poseer a un ser humano, aparece el miedo. ¿Quién sabe?, ayer no era tuya, hoy es tuya… ¿Quién sabe si mañana se irá con otro? Entonces aparece el miedo. El miedo nace del deseo de poseer, es un subproducto; cuando se quiere poseer, surge el miedo.

Si no quieres poseer, no hay miedo. Si no albergas el deseo de ser en el futuro esto o aquello, no hay miedo. Si no quieres ir al cielo, no hay miedo; entonces, el sacerdote no puede amedrentarte.

Si no quieres ir a ninguna parte, nadie puede amedrentarte.

Si empiezas a vivir en el momento, el miedo desaparecerá.

El miedo viene a través del deseo. El deseo, básicamente, produce miedo.

Obsérvalo. Siempre que sientas miedo, mira a ver de dónde procede; qué deseo lo está creando; y sé consciente de su inutilidad.

¿Cómo se puede poseer a un hombre o a una mujer? Es una idea extremadamente absurda, estúpida. Solo se pueden poseer las cosas, no las personas.

Una persona es una libertad. Una persona es hermosa por la libertad.

El pájaro es hermoso volando por el cielo, si lo enjaulas ya no es el mismo pájaro, recuérdalo, parece el mismo pájaro pero ya no lo es. ¿Dónde está el cielo? ¿Dónde está el sol? ¿Dónde los vientos? ¿Dónde las nubes?

¿Dónde la libertad de sus alas? Todo ha desaparecido. Ese no es el mismo pájaro.

Amas a una mujer porque es una libertad. Luego la enjaulas: vais al juzgado y os casáis; construyes una hermosa jaula para ella, puede que la jaula sea de oro con diamantes engastados, pero ella ya no es la misma mujer. Entonces surge el miedo, miedo porque puede que no le guste esta jaula y vuelva a anhelar libertad, porque la libertad es un valor supremo, no se puede abandonar.

El hombre está hecho de libertad, la conciencia está hecha de libertad. Así que, tarde o temprano, la mujer empezará a aburrirse, a estar harta. Empezará a buscar a otro. Eso te da miedo. Tu miedo surge de tu deseo de poseer; pero, en primer lugar, ¿por qué quieres poseer? No seas posesivo, y no tendrás miedo. Y, cuando no tienes miedo, gran parte de la energía que requiere, que captura, que encierra el miedo, está a tu disposición; puedes utilizarla creativamente. Se puede convertir en danza, en celebración.

¿Tienes miedo a la muerte? No puedes morir, porque, en primer lugar, no existes. ¿Cómo vas a morir? Busca en el interior de tu ser, en profundidad. ¿Hay alguien ahí que se vaya a morir? Por muy meticulosamente que busques, no encontrarás ningún ego, ningún «yo». Así que no hay posibilidad de morir. Lo único que origina el miedo a la muerte es la idea del ego. Sin ego, no hay muerte. Eres todo silencio, inmortalidad, eternidad; no como tú, sino como un cielo abierto, ilimitado, indefinido; sin ninguna idea del yo o el mí que le contamine.

Entonces no hay miedo.

El miedo viene porque hay otras cosas. Tendrás que observar esas cosas, y el observarlas empezará a cambiarlas.

Así que, por favor, no preguntes cómo dominar o destruir el miedo. No hay que dominarlo, no hay que eliminarlo. No puede ser dominado ni destruido, solo puede ser comprendido. Deja que la comprensión sea tu única ley.

Sé que cualquier idea de seguridad externa es insensata e irrealista, pero ¿no existe alguna seguridad interna que podamos conseguir esforzándonos? No hay ninguna seguridad, ni interna ni externa. La seguridad no existe, por eso la existencia es tan hermosa. Imagínate que una mañana una rosa empezase a pensar en su seguridad; ¿qué ocurriría? Para estar completamente segura, la rosa tendría que ser de plástico; sino, estará insegura. Cualquier ráfaga de viento fuerte puede arrancarle los pétalos. O puede pasar un niño y cortarla.

O puede pasar una cabra y comérsela. Puede ocurrir cualquier cosa; y aunque no pase ningún niño, ninguna cabra, ninguna ráfaga de viento, al atardecer se habrá marchitado. Aunque no ocurra nada extraordinario, se marchitará.

Pero en eso radica la belleza de la rosa, por eso es tan hermosa; porque vive rodeada por la muerte, desafiando a la muerte, desafiando a los vientos. Un desafío tan grande para una florecilla tan pequeña, insignificante, pero está por encima de todas las dificultades y peligros. Puede que tan solo por unos minutos o unas horas, eso no importa, el tiempo es inmaterial, pero tiene su propio día. Ha vivido, ha hablado con los vientos, con el sol y la luna, ha visto las nubes. Y con una gran dicha, ¡con una gran pasión! Luego muere; no se aferra. Una rosa aferrándose sería fea; solo los seres humanos son capaces de tal fealdad. Cuando llega su hora, la flor simplemente muere y desaparece en la tierra de la que procede. No hay seguridad externa ni seguridad interna.

La inseguridad es el material del que está hecha la vida.

Esa es la diferencia entre mi trabajo y el de otros profesores: ellos te proporcionan seguridad, yo te quito la seguridad. Te hago consciente de las beldades de la vida; sus riesgos, sus inseguridades.

Te hago más sensible. Y esa mayor sensibilidad alberga un desafío y una aventura mayores. Entonces uno no se preocupa de si habrá o no habrá un mañana, hoy es más que suficiente. Si somos capaces de amar, si somos capaces de vivir, este día es más que suficiente.

Un simple momento de amor profundo es eternidad. ¿A quién le importa la seguridad? La propia idea surge de la avaricia, la propia idea surge del ego. Ya sea seguridad interna o seguridad externa, no hay ninguna diferencia. Uno tiene que indagar concienzudamente y ver que no hay seguridad, que no es posible en la propia situación de existencia. En ese mismo momento, ocurre una gran revolución en tu ser; eres metamorfoseado.

Jesús llama a ese momento metanoia. Eres convertido… no significa que te conviertes en cristiano, en católico o en protestante.

En ese momento dejas de ser mundano.

Buscar seguridad es ser mundano. Vivir en inseguridad como una rosa es ser espiritual.

La seguridad es del mundo; la inseguridad es de lo divino.

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OSHO    – La etología del miedo 2ª-

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Discurso de Rama del Nuevo Año

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¿Quiénes habían oído el discurso de Ráma?

Sabios como Vasishtha y Viswámitra, doctos ministros, miembros de la familia real incluyendo a su padre el rey Dasharatha, muchos ciudadanos, hombres santos, sirvientes, los pájaros en las jaulas, los animales domésticos, los caballos del establo real, los sabios divinos y los músicos del cielo. Probablemente el rey del cielo y los encargados de los otros mundos también las habían escuchado. 

DISCURSO DE RAMA

Querido padre, admirados sabios de la asamblea Vasishtha y Viswamitra, doctos ministros y miembros de la familia Real,  intentaré responder adecuadamente a vuestras preguntas.

He crecido felizmente en este palacio y he sido educado por los más prestigiosos maestros. Hace poco tiempo he realizado una peregrinación por la tierra de Bharata y en ese periodo se ha apoderado de mí una serie de pensamientos que me han quitado todo aliciente por las cosas del mundo. Mi corazón se pregunta constantemente: ¿Qué es lo que la gente entiende por felicidad y cómo puede conseguirse en este mundo a base de objetos que están en continuo cambio y degeneración? ¡Todos los seres de este mundo nacen para morir y mueren para volver a renacer! No veo ningún sentido en esta rueda sin fin cuyas raíces son el pecado y el egoísmo.

La muchedumbre de seres aparecen en este escenario que llamamos mundo y la mente finge unas complejas relaciones entre ellos. Todas las cosas de este mundo, tal como las vemos ante nosotros, sólo dependen de nuestras construcciones mentales. ¡Y cuando la examinamos con atención, la propia mente parece irreal y huye de nuestro pretendido conocimiento como el agua de una cesta! Pero seguimos hechizados por ella sin atender a razones ni argumentos. ¡Es como si estuviéramos en el desierto y corriéramos hacia un espejismo con la inútil esperanza de saciar nuestra sed en sus brillantes arenas!

Señor, aunque no somos esclavos vendidos a un amo, vivimos una vida de esclavitud que nadie sería capaz de envidiar. Sin conocer cuál puede ser la verdad, deambulamos sin rumbo por el espeso bosque desconsolador del mundo sensible. ¿Pero qué es este mundo? ¿Qué es lo que nace, crece y muere en él? ¿Cómo podemos poner fin al sufrimiento humano. Mi corazón sangra de dolor, aunque no derrama ni una sola lágrima para no preocupar demasiado a mis hermanos. 

Condena de la opulencia

Igualmente absurda, padre, es la opulencia que engaña al codicioso. Tan inestable y fugaz como el arco iris, da origen a interminables desvelos y provoca un ansia insaciable de mayores riquezas y preocupaciones. No tiene ninguna relación con los méritos de las personas, y tanto puede estar en manos del bondadoso como del más arrogante malvado. Por regla general, la gente es buena, amable y compasiva hasta que su corazón se endurece por la codicia. La riqueza contamina el corazón del sabio, del héroe y del más sensible y delicado de los hombres. Riquezas y felicidad no suelen acostarse juntas. Raro es el hombre poderoso que no tiene enemigos que menoscaben su fama y alteren su ecuanimidad.

La opulencia es la noche que cierra la flor de loto, la luz lunar que favorece el sufrimiento y la angustia, la ráfaga de viento que apaga la lámpara que tiembla en la oscuridad, la inundación que impulsa la ola de la enemistad, el agitado viento que extiende la nube de la confusión y el agente desencadenante de la enfermedad, la depresión y la angustia. Es la serpiente de los malos pensamientos que aumenta el miedo del que vive angustiado, el hielo que seca la delicada planta del desapego, el terciopelo de la noche para el búho de los malos deseos, el eclipse de la luna de la sabiduría; la aparición de las riquezas pervierte sin excepción la naturaleza bondadosa de los hombres. Se podría decir que la opulencia busca con afán al que ya ha sido elegido por la muerte.

Naturaleza ilusoria de la vida

¡Lo mismo ocurre con la vida, sabio señor! Su duración es como la de una gota de agua que resbala sobre la hoja del loto. La existencia sólo puede ser gratificante para los que gozan de autoconocimiento. Abrazar el viento, romper el espacio o intentar ensartar olas en una guirnalda, es más sensato que confiar ingenuamente en esta vida. Procurando en vano alargar su duración, el hombre sólo consigue aumentar sus sufrimientos y prolongar su dolor.

Sólo vive realmente el que se esfuerza por conquistar el autoconocimiento, que es lo único valioso que podemos alcanzar en esta vida y lo que pone fin al cruel ciclo de las reencarnaciones. El hombre que lo desdeña pasa su vida como los asnos. El conocimiento de las escrituras sólo es un fardo pesado y lacerante para el que está rodeado de deseos; el que vive agitado y descontento, no puede sufrir el peso de su propia mente; para el que carece de autoconocimiento la mera existencia ya es una carga insoportable. Los dientes del tiempo roen sin descanso la cuerda de la existencia. La termita de la enfermedad destruye a los seres vivos por muy sanos que parezcan. La muerte está siempre acechando a la vida, como el gato está atento a los movimientos del ratón para saltar sobre él y despedazarlo.

Peligros del ego

Querido señor, me siento espantado al contemplar la naturaleza del verdadero enemigo de la sabiduría que llamamos ahamkára o sentimiento del ego. Nace en la oscuridad de la ignorancia, y se alimenta de esa misma ignorancia. Todos los sufrimientos giran en torno al ego, y en realidad es la única causa de la angustia. ¡Creo que este sentimiento es mi verdadera enfermedad! El ego atrapa a los seres vivos en la red de los objetos sensibles. Las mayores calamidades del mundo tienen su origen en este sentimiento del ego, que destruye el autocontrol, la virtud y la ecuanimidad. Deseo permanecer en mi mismo, despojándome de la noción “yo soy Rama” y de todos los deseos que nacen de esa idea. Comprendo que todo lo que he realizado bajo el dominio de esa noción egoísta es absolutamente inútil y perverso.

Mientras esté bajo la influencia del ego, no puedo ser feliz; sólo seré dichoso cuando me libre de esta idea egótica y maldita. El sentimiento del ego produce todo tipo de caprichos que se desvanecen cuando él deja de existir. También es el ego el que establece sin fundamento alguno la trampa de la familia y las relaciones sociales, para capturar al alma ingenua en su implacable laberinto de compromisos y responsabilidades ficticias que nadie puede resolver adecuadamente. Aunque creo estar libre de dicho sentimiento del ego, sigo en un estado de ánimo confuso y atormentado, y no puedo pensar ni vivir sin su concurso. ¡Por favor, aclárame todo esto, si tienes la bondad!

Identidad del ego y la mente

Sin la gracia que disfrutan los que están al servicio de los santos, mi mente se muestra inestable como el viento. Nada le satisface ni contenta y cada día se siente más inquieta y trastornada. Por muchos objetos que consiga, la mente no puede alcanzar plena satisfacción, porque un colador no se puede llenar de agua. Revolotea sin cesar en todas direcciones y no consigue encontrar la felicidad. Sin darse cuenta de que está sembrando un gran sufrimiento en el infierno, busca el placer de este mundo, pero ni siquiera eso puede conseguir plenamente. Se agita inquieta como un león dentro de una jaula, porque ha perdido su libertad y no puede ser feliz sin ella. Lamentablemente, santo varón, todavía estoy atado por los espesos nudos de la red del deseo tejida por la mente. Del mismo modo que los furiosos remolinos de un río desbordado arrastran los árboles que crecen en sus orillas, la turbulenta mente arrastra sin compasión mi propio ser y no sé dónde lo lleva.

Me siento zarandeado por la mente como una hoja seca arrastrada por el viento, que no le deja descansar en parte alguna. Creo que la mente es la única causa de los objetos de los tres mundos. Cuando la mente desaparece, el mundo se desvanece como se disipa el humo cuando se apaga el fuego. Mientras la mente está atada a los deseos, la oscuridad de la ignorancia proyecta incesantes problemas y preocupaciones. Este estado de deseo agota las nobles cualidades de mi corazón y me despoja de toda dulzura y gentileza de ánimo, convirtiéndome en un ser duro y despreciable. En la oscuridad de la ignorancia, los deseos bailan y se agitan a mí alrededor como sombras grotescas y malintencionadas.

Aunque he adoptado varias medidas para acabar con esos deseos, ellos siguen asaltándome y me conducen fácilmente al extravío, como un vendaval arrastra un montón de paja sin el menor esfuerzo. Por más que pretendo cultivar el desapego y las demás buenas cualidades, los deseos abortan mis intenciones, como una rata roe con facilidad la cuerda más gruesa y bien tejida. Atado a la temible rueda del deseo, giro sin cesar en el inútil empeño de capturar lo que sólo puede hacerme sufrir. Aunque tenemos alas para volar, somos como pájaros estúpidos incapaces de eludir la red del deseo y refugiamos en el autoconocimiento.

Aunque bebiera néctar, no podría calmar esta sed de deseo. La característica del deseo es que no tiene una dirección determinada; ahora me conduce en una dirección y al momento siguiente me orienta en la contraria como un caballo desbocado. Despliega ante nosotros una compleja trama de hijos, hermanos, esposas y numerosos familiares y amigos, cual mágica caja de ilusiones. Aunque soy un héroe, esos deseos me convierten en un cobarde; aunque tengo ojos para ver, me dejan ciego; aunque tengo motivos para estar contento, me hacen sentir miserable; vivo como un niño atemorizado por el ruido más sutil.

Este temeroso duende del deseo es el responsable de la esclavitud y del infortunio humanos, pues anida en el corazón del hombre y hace nacer en él la duda y el resentimiento. En poder de este duende perverso, el hombre es incapaz de disfrutar siquiera de los objetos que tiene a su alcance. Si bien parece que esos deseos pueden brindarle deleite, jamás conducen a la felicidad ni al disfrute de la vida; muy al contrario, sólo provocan un esfuerzo estéril y conducen a toda suerte de aflicciones y desgracias.

Cuando aparece en el escenario de la vida, ese trágico deseo, como las viejas actrices, es incapaz de realizar nada noble o afortunado, y sus empresas se cuentan por fracasos. ¡A pesar de ello, el duende no deja de bailar sobre este trágico escenario! Tan pronto nos eleva al cielo como nos sepulta en los abismos más profundos de la tierra; nunca se cansa ni deja de agitarse, porque se apoya en el vacío de la mente. La luz de la sabiduría brilla unos instantes en la mente para volver a caer al momento siguiente en brazos de la ilusión. Casi me parece increíble que los sabios puedan cortar la temible soga del deseo con la afilada espada del conocimiento.

Naturaleza del cuerpo

Este lastimoso cuerpo lleno de músculos, arterias y nervios, también es una fuente de dolor. Aunque es inerte, parece consciente, y uno nunca sabe realmente si es sentiente o insentiente, lo que sólo provoca tristeza y desilusión. Disfruta con el más pequeño placer y se angustia por la menor contrariedad;¡no encuentro nada más absurdo y despreciable! Sólo puedo comparar el cuerpo con un árbol, un lugar de descanso para los seres vivos, cuyas ramas son los brazos, el tronco el cuerpo, los agujeros los ojos, los frutos la cabeza y las hojas sus numerosas dolencias y achaques.

¿Quién puede creer que el cuerpo sea de su propiedad? Nada podemos esperar de él con buen juicio, pero también es inútil la desesperación. No es más que una balsa que utilizamos para cruzar el océano del nacimiento y la muerte; pero jamás deberíamos considerarlo como nuestro propio ser.

Este árbol del cuerpo nace en el bosque llamado samsára, y la mente es el mono travieso que juguetea sobre sus ramas. Está lleno de los grillos de las preocupaciones, constantemente comido por los insectos de los sufrimientos, sirve de refugio a las serpientes venenosas de los deseos, y es morada del cuervo salvaje que es la cólera. En él nacen también las flores de las sonrisas y los frutos buenos y malos de las acciones, parece movido por el viento de la fuerza vital, sostiene sobre sus ramas a los pájaros de los sentidos, y proporciona a los viajeros la placentera y fresca sombra de la lujuria.

El espantoso buitre del ego se posa sobre su copa, pero su interior está seco y vacío como un árbol degenerado y podrido. Como veis, es poco adecuado para conseguir la felicidad. Tanto si dura mucho como si su existencia es corta, resulta totalmente inútil. Está hecho de carne y de sangre, y condenado como ellos a la vejez y a la muerte. Lleno de substancias impuras y afligido por la ignorancia, es el hogar de la enfermedad, el campo de la angustia, el escenario de las versátiles emociones y el reino de los estados mentales más contradictorios. ¡Cómo puede colmar mis esperanzas este cuerpo miserable!

¿Qué significa la riqueza, el poder, el cuerpo?: los tres son fatalmente truncados por el tiempo. Con la muerte inesperada, este desgraciado cuerpo se ve abandonado por el alma que mora en él y lo protege. Siendo así, ¿cómo puedo estar tranquilo en su interior? Desvergonzadamente, incurre una y otra vez en las más viles acciones. Su único destino debe ser la cremación final. Inconsciente de la vejez y de la muerte, que son patrimonio del rico y del pobre, sólo busca peligrosa riqueza y efímero poder. ¡Qué vergüenza me dan todos los que están esclavizados a un cuerpo e intoxicados por el vino de la ignorancia![  ].

[  ].Es evidente que este mundo está lleno de dolor y de muerte. ¿Cómo puede convertirse en una fuente de alegría sin perturbar nuestro corazón? La mente está llena de impurezas. ¿Cómo podemos limpiarla de esas manchas y cuál es el producto recomendado por los sabios para conseguirlo? ¿Puede alguien vivir en este mundo sin caer en las frenéticas corrientes del amor y del odio? Debe haber un secreto que permita vivir inafectado por la pena y el sufrimiento, como el mercurio que no se estremece cuando se le acerca al fuego. ¿Cuál es el secreto? ¿Cómo podemos contrarrestar la inveterada costumbre de la mente de manifestarse en forma de universo? ¿Quiénes son los héroes que se libraron de esta ilusión, y qué métodos utilizaron para conseguirlo? Si consideras que soy incapaz de comprenderlo, me suicidaré.

Después de decir esto, Rama quedó en completo silencio. Todos los que estaban en la corte quedaron impresionados por las luminosas palabras del príncipe, que parecía capaz de librarse de la tiranía de la mente. Ellos mismos, al beber el néctar de las palabras del joven Rama, sintieron como si se hubieran librado de sus dudas y hubieran superado su propia ignorancia. Todos los que escucharon sus palabras no parecían seres vivos sino figuras pintadas, tal era su silencio e inmovilidad.

¿Quiénes habían oído el discurso de Rama?

Sabios como Vasishtha y Viswámitra, doctos ministros, miembros de la familia real incluyendo a su padre el rey Dasharatha, muchos ciudadanos, hombres santos, sirvientes, los pájaros en las jaulas, los animales domésticos, los caballos del establo real, los sabios divinos y los músicos del cielo. Probablemente el rey del cielo y los encargados de los otros mundos también las habían escuchado. Emocionados por su discurso, muchos de ellos le aclamaron con sus voces inundadas de gozosa emoción. Una cascada de flores cayó del cielo para celebrar las palabras del príncipe. Todos los que estaban reunidos en la corte se sintieron seducidos por su elocuencia. Nadie que no estuviera lleno de desapego hacia las cosas, ni siquiera el preceptor de los dioses, habría podido elegir mejores palabras para expresarlo.

Todos los que estábamos allí, fuimos muy afortunados al poder escucharlas. Nos embargaba un sentimiento de felicidad que no podríamos superar ni siquiera en el cielo. Los sabios de la asamblea confesaron: Con toda seguridad, las respuestas que los hombres santos van a dar a las importantes y sabias preguntas de Rama, deberían ser escuchadas por todos los seres del mundo. ¡Sabios, venid, acercaos todos a la corte del rey Dasharadia a escuchar las respuestas del gran sabio Vasishtha!.

Al escuchar esto, todos los sabios del mundo se presentaron en la corte donde fueron recibidos con los honores propios de su rango y condición: Si no se refleja en nuestro corazón la gran sabiduría de Rama, estaremos perdidos para siempre. ¡Sean cuales fueren nuestro poder y nuestras facultades, habremos demostrado con ello que carecemos totalmente de inteligencia!

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Todos los que estábamos allí, fuimos muy afortunados al poder escucharlas. Nos embargaba un sentimiento de felicidad que no podríamos superar ni siquiera en el cielo.

DISCURSO DE RAMA

¿Cómo es posible, sin destruir o reprimir el deseo, darle libertad?

PREGUNTA: ¿Cómo es posible, sin destruir o reprimir el deseo, darle libertad?; y ¿lo hace desaparecer el considerarlo sin condenarlo?

KRISHNAMURTI: Ante todo, tenemos una idea de que el deseo es cosa mala, porque produce varias formas de conflicto y contradicción. Hay en nuestro interior muchos deseos, pugnando en diferentes direcciones. Ese es un hecho: tenemos deseos, y ellos crean conflicto. La pregunta es: ¿cómo vivir con el deseo intensamente, sin destruirlo? Si cedemos al deseo, cuando lo realizamos, en ese mismo hecho de ceder existe también el dolor de la frustración. No quiero dar un ejemplo, porque el explicar por medio de un ejemplo determinado pervierte la comprensión de la totalidad del deseo.

Primero tenemos que ver muy claramente que toda forma de condenación del deseo no es más que el eludir la comprensión de éste. Si se ve claramente este hecho, surge entonces la cuestión de qué haremos con el deseo. Él está ahí, ardiente. Hasta ahora lo hemos condenado, o aceptado, o disfrutado; y en su mismo disfrute hay dolor. En su represión, en su control, también hay dolor. Pero si no lo condenamos ni lo evaluamos, entonces está ahí, ardiente; ¿y qué tenemos que hacer? Pero ¿es que llegamos alguna vez a ese estado? Porque en ese estado sois el deseo, ya no hay ‘vosotros y el deseo’, como dos cosas separadas

Lo que siempre ocurre es ¿verdad?, que queremos hacer desaparecer los deseos penosos y aferrarnos a los placenteros. Yo digo que esa es una actitud del todo falsa. Pregunto: ¿podéis mirar el deseo sin condenar, sin juzgar, sin escoger entre los diversos deseos? ¿Lo habéis hecho alguna vez? Lo dudo.

Para comprender el significado del deseo, para vivir con él, para comprenderlo, para verlo efectivamente, sin juicio de ninguna clase, para eso se necesita inmensa paciencia íntima. No creo que lo hayáis hecho nunca. Pero si queréis intentarlo, hallaréis que entonces no hay contradicción, no hay conflicto. Entonces el deseo tiene un sentido muy distinto; entonces el deseo puede ser la vida.

Mas, en tanto digamos ‘el deseo es malo’ o ‘el deseo es bueno’, o ‘¿debo ceder?’, ‘¿no debo ceder?’, en todo ese proceso estáis creando una división entre vosotros y el deseo, y por lo tanto tiene que haber conflicto. Lo que da comprensión es entrar en vosotros mismos tranquilamente, penetrar profundo en vosotros mismos inquiriendo, investigando por qué condenáis, qué es lo que estáis buscando. Entonces, partiendo de esa indagación interna, en la cual no hay nada de elección, descubriréis que podéis vivir con el deseo y que este tiene un sentido muy diferente.

Para vivir con cualquier cosa necesitáis energía, vitalidad; y no queda energía cuando estáis todo el tiempo condenando y juzgando.

Vivir con el deseo es descubrir un estado en el que no hay contradicción alguna. Eso significa que entonces hay amor, sin celos, sin odio, sin ninguna forma de corrupción; y descubrir eso por uno mismo es realmente una cosa maravillosa.

Krishnamurti

¿Debe uno desembarazarse del anhelo, a fin de obtener la liberación?

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Pregunta: ¿Debe uno desembarazarse del anhelo, a fin de obtener la liberación? Si es así, ¿cómo puede la liberación ser alcanzada sin el ejercicio del autocontrol y la autodisciplina?

Krishnamurti: El anhelo sin comprensión crea conflicto y, para escapar de este sufrimiento, hay una búsqueda de la verdad, de la felicidad, de la liberación. Así que, en vez de buscar la liberación, la verdad, ocupémonos de lo que es más familiar para nosotros, el conflicto y el sufrimiento, interesémonos en la realidad y no en las ilusiones que nos ofrecen escapes y refugios convenientes.

Ocupémonos, pues, de la causa del sufrimiento. El deseo mismo, consciente o inconsciente, de evitar el sufrimiento, de encontrarle un sustituto y de cultivar su opuesto, genera falta de comprensión del presente. Los numerosos prejuicios, las múltiples limitaciones que la mente ha erigido en torno de sí misma en su búsqueda de autoprotección, originan dolor cuando entran en contacto con la siempre viviente cualidad de la experiencia.

Este sufrimiento no es para ser superado mediante la autodisciplina y el autocontrol, pero cuando la mente se libera de las limitaciones e ilusiones autoprotectoras, existe el éxtasis de la vida.Esta liberación respecto de lo falso, de lo estúpido, no puede ser realizada por medio del autoanálisis, sino en la percepción plena de la acción misma. La autodisciplina no es sino ajuste a una forma establecida de escape, a un ideal, y en esto no hay inteligencia.

La percepción alerta, ese discernimiento en el que no hay ajuste ni compulsión, revela las ilusiones y los obstáculos que se ocultan, impidiendo que la mente actúe con plenitud; sólo esa plenitud de acción hace de la vida un devenir eterno.

El Arte de Escuchar –  Krishnamurti

¿Cómo podemos llegar a la raíz de un problema y resolverlo?

tengo un problema y quiero comprenderlo por completo, no quiero escapar de él, no quiero verbalizar sobre él, ni contárselo a nadie

Pregunta: Cuando somos incapaces de ver todo lo que está implicado en un problema, ¿cómo podemos llegar a su raíz y resolverlo?

 

Krishnamurti: Tanto anheláis descubrir lo que hay que hacer, que no me habéis dado oportunidad de tratarlo. Os ruego que escuchéis durante dos minutos, si queréis. Yo no os estoy diciendo lo que hacer con vuestros problemas. Señalo cómo hay que aprender y lo que es aprender; y descubriréis que al aprender sobre vuestro problema éste termina; mas, si esperáis que alguien os diga lo que hay que hacer con un problema, entonces os volveréis como un niño irresponsable, que está siendo dirigido por otra persona, y tendréis aún más problemas. Esto es así de fácil y sencillo. De modo que os ruego, de una vez y para siempre, que quede claro en vuestro corazón y vuestra mente.

Estamos aquí para a prender, no para que se nos instruya. Ser instruido es confiar a la memoria lo que se oye; pero la mera repetición de memoria no produce la resolución de los problemas. Sólo hay madurez en el proceso de aprender. De la falta de madurez nace el uso del conocimiento, de lo que simplemente ha sido memorizado como medio de resolver los problemas humanos, y sólo sirve para crear ulteriores modelos, más problemas.

El simple deseo de resolver un problema es eludirlo, ¿no? No he penetrado en él, no lo he estudiado, explorado, comprendido. No conozco su belleza, ni su fealdad, ni su hondura; mi único interés está en resolverlo, dejarlo de lado. Este impulso para resolver un problema sin haberlo comprendido es una evasión del mismo, y por lo tanto, se convierte en otro problema. Toda evasión engendra ulteriores problemas.

Ahora bien, tengo un problema y quiero comprenderlo por completo, no quiero escapar de él, no quiero verbalizar sobre él, ni contárselo a nadie, simplemente quiero comprenderlo. No estoy esperando a que alguien me diga lo que hay que hacer. Veo que nadie puede decirme lo que debo hacer; y si alguien me lo dijera y yo aceptase sus palabras, eso sería sumamente tonto y absurdo. Tengo pues, que aprender sin que me instruyan y sin hacer intervenir el recuerdo de lo que he aprendido sobre anteriores problemas al encararme con el actual. ¡Qué pena que no veis la belleza de esto!

¿Sabéis lo que significa vivir en el presente? No, me temo que no. Vivir en el presente es no tener continuidad en absoluto. Pero éste es un tema que discutiremos en alguna otra ocasión.

Tengo un problema y quiero comprender, quiero aprender sobre él. Para esto no puedo traer los recuerdos del pasado a fin de enfrentarme con él, porque el nuevo problema reclama un nuevo enfoque, y yo no puedo venir a él con mis recuerdos muertos, estúpidos. El problema es activo de modo que tengo que tratar con él en el presente activo y por lo tanto el elemento tiempo hay que relegarlo por completo.

 Quiero descubrir como surgen los problemas psicológicos. Como dije, si puedo comprender toda la estructura de la causalidad de los problemas y por lo tanto, estoy libre de creármelos, entonces sabré como actuar en relación con el dinero, con el sexo, con el odio, con respecto a todo en la vida; y en el proceso de tratar con estas cosas, no crearé otro problema. Tengo pues, que descubrir cómo surge un problema psicológico y no como resolverlo. ¿Me entendéis? Nadie puede decirme como surge; tengo que comprenderlo por mí mismo.

Así como yo exploro en mi mismo, tenéis que explorar también en vosotros mismos y no limitaros a escuchar mis palabras. Si no vais más allá de las palabras y si no os miráis a vosotros mismos, las palabras no os ayudarán nada. Llegarán a ser mera abstracción, no una realidad. La realidad es el movimiento efectivo de vuestra propia indagación, que descubre, y no la indicación verbal de ese movimiento.

Está claro todo esto hasta aquí.

Para mí, como dije, la libertad es de la más alta importancia. Mas la libertad no puede comprenderse en modo alguno sin inteligencia; y la inteligencia sólo puede venir cuando uno ha comprendido completamente, por sí mismo, la causa de los problemas. La mente ha de estar alerta, atenta; ha de hallarse en estado de supersensibilidad, para que cada problema se resuelva a medida que surja. De lo contrario, no hay verdadera libertad, sólo hay libertad fragmentada y superficial, que no tiene valor alguno. Es como el hombre rico que dice ser libre. ¡Dios mío!, es esclavo de la bebida, del sexo, de la comodidad, de una docena de cosas. O como el hombre pobre que dice: “Soy libre porque no tengo dinero”, pero tiene otros problemas. Así, la libertad y la conservación de esta libertad no pueden ser una mera abstracción; tienen que ser la absoluta demanda, por vuestra parte, como seres humanos, porque sólo cuando hay libertad es cuando podéis amar. ¿Cómo podéis amar si sois ambiciosos, codiciosos, competitivos?

No asintáis señores. Me estáis dejando que haga yo todo el trabajo.

No estoy nada interesado en resolver el problema, ni en buscar a alguien que me diga el modo de resolverlo. No me lo puede decir ningún libro, ningún guía, ninguna iglesia, sacerdote, salvador. Hemos jugado con eso miles de años y todavía seguimos cargados de problemas, que lo único que hacen es seguir multiplicándose, como ocurre ahora. Así que, ¿cómo surge un problema?

Como dije, cuando no hay contradicción en nuestro interior, no hay problema. La auto-contradicción implica un conflicto del deseo, pero el deseo mismo nunca es contradictorio. Desde luego que lo que crea contradicción son los objetos del deseo; como pinto cuadros, o escribo libros, o hago alguna cosa tonta, quiero ser famoso, reconocido. Cuando nadie me reconoce, hay una contradicción y me siento desgraciado, tengo miedo de la muerte, que no he comprendido; y en lo que llamo amor hay una contradicción. Veo pues, que el deseo es el principio de la contradicción; no el deseo mismo, sino los objetos del deseo son los contradictorios. Si trato de cambiar o negar los objetos del deseo, diciendo que me voy a aferrar a una sola cosa y a nada más, entonces eso también se vuelve un problema, porque tengo que resistir, tengo que levantar barreras contra todo lo demás. Así es que lo que tengo que hacer no es meramente cambiar o reducir los objetos del deseo, sino comprender el deseo mismo.

Podéis decir: ¿Qué tiene que ver todo esto con el problema? Creemos que es el deseo el que crea conflicto, contradicción; y yo indico que no es el deseo, sino los objetos o fines en conflicto con el deseo los que crean la contradicción. Y no es bueno tratar de no tener más que un deseo.

Eso es como el sacerdote que dice: “Sólo tengo un deseo, el de alcanzar a Dios”, y que tiene innumerables deseos, de los cuales no es consciente siquiera. Tiene uno, pues, que comprender la naturaleza del deseo, y no limitarse a someterlo a control o a negarlo. Toda la literatura religiosa dice que tenéis que destruir el deseo, estar sin él, cosa que nada vale. Tiene uno que comprender como surge el deseo y que es lo que le da continuidad. ¿Entendéis el problema? Podéis ver cómo surge el deseo; es bastante sencillo.

Hay percepción, contacto, sensación, incluso sensación sin contacto; y de la sensación viene el principio del deseo. Veo un automóvil; sus líneas, su forma, su belleza, me atraen, y lo quiero. Pero destruir el deseo es no ser sensible para nada. Desde el momento en que soy sensible, ya estoy en el proceso del deseo. Veo un objeto bello, o una bella mujer, lo que sea, y surge el deseo; o veo un hombre de enorme inteligencia e integridad y quiero ser así. De la percepción viene la sensación, y de esta el principio del deseo. Esto es lo que realmente sucede. No hay en ello nada complicado.

La complejidad empieza cuando interviene el pensamiento y da continuidad al deseo. Pienso en el auto o en la mujer o en el hombre inteligente, y por ese pensamiento se le da continuidad al deseo. De lo contrario, este no tiene continuidad. Puedo mirar el vehículo, y con eso se acabó. ¿Comprendéis esto? Pero en el momento en que le concedo un momento de mi pensamiento a ese vehículo, entonces el deseo tiene continuidad, y la contradicción empieza.

 

Pregunta: ¿Puede haber deseo sin objeto?

Krishnamurti: No existe tal cosa. No hay deseo abstracto.

Pregunta: Entonces el deseo está siempre conectado con un objeto, pero dijisteis antes que tenemos que comprender el mecanismo del propio deseo y no preocuparnos de su objeto.

Krishnamurti: Señor, he señalado como surge el deseo y como, por el pensamiento, le damos continuidad al deseo.

Jiddu Krishnamurti
La Mutación Psicológica.
Conversaciones en Saanen 1964

¿Qué es el deseo? Qué le ocurre a una mente que siempre se está controlando, reprimiendo, que sublima el deseo

No se trata de que no tengan deseos, sino sólo de que la mente sea capaz de mirar sin describir lo que ve.

Ahora bien, veamos primero qué le ocurre a una mente que siempre se está controlando, que reprime, sublima el deseo. Una mente así, estando ocupada consigo misma, se vuelve insensible. Aunque pueda hablar de sensibilidad, bondad, aunque pueda decir que debemos ser fraternales, que debemos producir un mundo maravilloso y todas esas insensateces de que hablan las personas que reprimen el deseo, una mente semejante es insensible, porque no comprende aquello que ha reprimido. Es esencialmente lo mismo que uno reprima el deseo o que sucumba a él, porque el deseo sigue estando ahí. Podremos reprimir el deseo por una mujer, por un automóvil, por una posición social; pero el propio impulso de no tener estás cosas, impulso que nos hace reprimir el deseo por ellas, es en “sí mismo una forma de deseo”. Estando, pues, atrapado en el deseo, un tiene que comprenderlo y no decir que es bueno o que es malo.

Entonces, ¿qué es el deseo? Ver un árbol balanceándose al viento, es algo hermoso de contemplar; ¿qué hay de malo en eso? ¿Qué hay de malo en observar el movimiento de un pájaro que vuela? ¿Qué hay de malo en mirar un automóvil nuevo construido maravillosamente y perfectamente pulido? ¿Y qué hay de malo en ver a una persona bella, con un rostro simétrico, un rostro que revela sensatez, inteligencia, calidad humana?

Pero el deseo no se detiene ahí. Nuestra percepción no es sólo percepción, sino que con ella viene la sensación. Al aparecer la sensación, queremos tocar, establecer contacto; y entonces surge el deseo de poseer. Uno dice: «Esto es bello, tengo que poseerlo», y así comienza la agitación del deseo.

Ahora bien, ¿es posible ver, observar, darse cuenta de las cosas bellas y feas de la vida y no decir: «Debo poseer eso», o «No debo poseer eso»? ¿Alguna vez han observado simplemente algo? ¿Comprenden, señores? ¿Han mirado alguna vez a su propia esposa, a sus hijos, a sus amigos, simplemente los han mirado? ¿Alguna vez han mirado una flor sin llamarla «rosa» o lo que fuere, sin querer ponerla en el ojal o llevarla a su casa y regalarla a alguien? Si son capaces de observar así, sin todos los valores que la mente atribuye a las cosas, entonces descubrirán que el deseo no es algo tan monstruoso. Pueden mirar un automóvil, ver su belleza, y no quedar presos en el desorden o la contradicción del deseo. Pero eso requiere una intensidad inmensa de observación, no una mera mirada casual.

 No se trata de que no tengan deseos, sino sólo de que la mente sea capaz de mirar sin describir lo que ve. Se trata de poder mirar la Luna sin decir inmediatamente: «Esa es la Luna, ¡qué hermosa se ve!», mirar de tal modo que no se entrometa el parloteo de la mente. Si pueden hacerlo, descubrirán que la intensidad de observación, de sentimiento, de verdadero afecto, de amor, tiene su propia acción que no es la acción contradictoria del deseo.

Experimenten con esto y verán qué difícil es para la mente observar sin parlotear respecto de lo que observa. No obstante, la naturaleza del amor es ésa, ¿verdad? ¿Cómo podemos amar si nuestra mente jamás está en silencio, si siempre estamos pensando en nosotros mismos? Amar a alguien con todo nuestro ser, con mente, cuerpo y corazón, requiere de una gran intensidad; y cuando el amor es intenso, el deseo pronto desaparece. Pero casi ninguno de nosotros tiene jamás esta intensidad en relación con nada excepto consciente o inconscientemente con su propio provecho personal.

Jamás tenemos un sentimiento por algo sin buscar obtener de alguna otra cosa. Pero sólo la mente que tiene esta inmensa energía es capaz de seguir el movimiento veloz de la verdad. La verdad no es estática, es más rápida que el pensamiento, y la mente no puede concebirla. Para comprender la verdad, tiene que existir esta energía inmensa que no puede ser conservada ni cultivada. Esta energía no adviene mediante la negación propia, mediante la represión. Por el contrario, exige completa entrega de uno mismo, y uno no puede entregarse a sí mismo, o entregar todo lo que posee, si meramente desea un resultado.

Es posible vivir sin envidia en este mundo que se basa en la envidia, la codicia y la persecución del poder, de la posición, pero ello requiere una intensidad extraordinaria, claridad de pensamiento, de comprensión. Uno no puede librarse de la envidia sin comprenderse a sí mismo; de modo que el comienzo está aquí, no en alguna otra parte. A menos que uno comience consigo mismo, haga lo que haga jamás dará con la terminación del dolor.

KRISHNAMURTI   Obras Completas, volumen X Bombay, 16 de febrero de 1957

Encontraremos que amor, deseo y pasión son la misma cosa. Si destruimos lo uno, destruimos lo otro

Tenemos que comprender el deseo, y es muy difícil comprender algo que es tan exigente, tan apremiante, porque en la satisfacción misma del deseo se engendra la pasión con su placer y su dolor.

Y si uno ha de comprender el deseo, es obvio que no debe haber opción alguna. No podemos juzgar el deseo como bueno o malo, noble o innoble, ni decir: «Mantendré este deseo y rechazaré aquel otro». Todo eso hay que dejarlo de lado si hemos de descubrir la verdad acerca del deseo: su belleza, su fealdad o lo que fuere. Es algo muy curioso cuando lo consideramos, pero aquí en el Oeste, en Occidente, pueden realizarse muchos deseos, ustedes poseen automóviles, hay prosperidad, mejor salud, la oportunidad de leer libros, de adquirir conocimientos y acumular diversos tipos de experiencias, mientras que cuando uno va a Oriente, ve que allí siguen careciendo de alimento, ropa y vivienda, que siguen atrapados en la desdicha y degradación de la pobreza. Pero tanto en Oriente como en Occidente, el deseo arde todo el tiempo y en todas direcciones; está ahí, en lo externo y profundamente en lo interno. El hombre que renuncia al mundo está tan invalidado por su deseo de buscar a Dios, como el que va en busca de la prosperidad.

Por lo tanto, el deseo está presente todo el tiempo, ardiendo, contradiciéndose a sí mismo, creando confusión, ansiedad, sentimientos de culpa y desesperación.pasion-12

No sé si ustedes han experimentado alguna vez con todo esto. Pero ¿qué ocurre si no condenan el deseo, si no lo juzgan como bueno o malo, sino que simplemente están atentos a él? Me pregunto si saben qué significa estar atentos a algo. Somos muy pocos los que estamos atentos, porque nos hemos acostumbrado demasiado a condenar, a juzgar, a evaluar, a identificarnos, a optar. La opción impide, obviamente, estar atento, porque uno opta siempre como resultado del conflicto. Estar atentos cuando entramos en una habitación, ver todos los muebles, la alfombra o la ausencia de alfombra, etc., sólo verlo, darnos cuenta de todo ello sin ningún sentido de juicio o condena, es muy difícil. ¿Han tratado alguna vez de mirar a una persona, una flor, una idea, una emoción, sin optar en absoluto, sin juzgar? Y si uno hace lo mismo con el deseo, si uno vive con él, sin negarlo ni decir: « ¿Qué haré con este deseo? ¡Es tan desagradable, tan desenfrenado, tan violento!», sin darle un nombre, un símbolo, sin disimularlo con una palabra…, entonces, ¿sigue siendo causa de perturbación? ¿Es, entonces, el deseo algo que haya que desechar, destruir? Queremos destruirlo porque un deseo se opone con fuerza a otro creando conflicto, desdicha y contradicción; y uno puede ver cómo procura escapar de este perpetuo conflicto.

¿Es posible, pues, darnos cuenta de la totalidad del deseo? Lo que entiendo por totalidad no es simplemente un deseo o muchos deseos, sino la cualidad total del deseo mismo. Uno puede estar atento y darse cuenta de la totalidad del deseo sólo cuando no hay opinión alguna al respecto, ni palabra ni juicio ni opción. Cuando estamos atentos a cada deseo apenas surge, sin identificarnos con él y sin condenarlo, en ese estado de alerta, ¿eso es entonces, deseo, o es una llama, una pasión necesaria?

La palabra pasión se reserva generalmente para una cosa: el sexo. Pero para mí la pasión no es sexo. Ustedes deben tener pasión, intensidad para vivir realmente con algo; para vivir con plenitud, para contemplar una montaña, un árbol, para mirar de verdad a un ser humano, deben tener una intensidad apasionada. Pero esa pasión, esa llama es negada cuando estamos cercados por múltiples apremios, exigencias, contradicciones, temores. ¿Cómo puede una llama sobrevivir cuando se halla sofocada por un montón de humo? Nuestra vida no es sino humo. Buscamos la llama, pero la negamos reprimiendo, controlando, moldeando la cosa que llamamos deseo.

Sin pasión, ¿cómo puede haber belleza? No me refiero a la belleza de pinturas, edificios, mujeres maquilladas y demás. Todo eso tiene sus formas especiales de belleza, pero no estamos hablando de la belleza superficial. Una cosa producida por el hombre, como lo es una catedral, un templo, un cuadro, un poema o una estatua, puede ser bella o no. Pero existe una belleza que está más allá del sentimiento y del pensamiento y que no puede ser realizada, comprendida o conocida si no hay pasión. No entiendan mal, pues, la palabra pasión. No es una fea palabra; no es algo que podamos comprar en el mercado o de lo que se pueda hablar románticamente. No tiene nada que ver con emociones y sentimientos. No es una cosa respetable; es una llama que destruye todo lo que es falso. Y siempre tenemos mucho miedo de dejar que la llama devore las cosas que nos son queridas y a las que nos aferramos, las cosas que llamamos importantes.

Después de todo, las vidas que hoy llevamos, basadas en necesidades, deseos y en formas de controlar los deseos, nos tornan más superficiales y vacuos que nunca. Podemos ser muy ingeniosos, muy instruidos, capaces de repetir lo que hemos acumulado, pero eso lo hacen las máquinas electrónicas, y en algunos campos las máquinas ya son más capaces que el hombre, más exactas y veloces en sus cálculos. Volvemos, pues, siempre a lo mismo, o sea, que la vida tal como hoy la vivimos es sumamente superficial, estrecha, limitada, y todo porque en el fondo estamos vacíos, aislados y siempre tratamos de encubrir eso, de llenar esa vacuidad; por consiguiente, esa carencia y el deseo de llenarla se vuelven algo terrible. Nada puede llenar ese hondo vacío interno, ni dioses ni salvadores ni conocimientos ni relaciones ni la esposa ni el marido ni los hijos; nada. Ésa es la verdadera libertad.

Pero eso requiere un profundo discernimiento, una investigación a fondo, una vigilancia incesante; gracias a esto, tal vez lleguemos a saber qué es el amor. ¿Cómo puede haber amor cuando hay apego, celos, envidia, ambición y toda la vanidad que contiene esa palabra? Entonces, si hemos atravesado ese vacío -que es una realidad, no un mito, una idea-, hallamos que el amor, el deseo y la pasión son la misma cosa. Si destruimos lo uno, destruimos lo otro; si corrompemos lo uno, corrompemos la belleza. Investigar todo esto requiere, no una mente desapegada, no una mente consagrada o religiosa, sino una mente inquisitiva que nunca esté satisfecha, que siempre esté mirando, observándose, conociéndose. Sin amor, nunca descubrirán ustedes qué es la verdad.

La Comprensión Del Placer Y El Deseo

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KRISHNAMURTI

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