El hombre es una pluralidad. Su nombre es legión

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El hombre no tiene un «Yo» individual. En su lugar, hay centenares y millares de pequeños «yoes» separados, que la mayoría de las veces se ignoran, no mantienen ninguna relación, o por el contrario, son hostiles unos a otros, exclusivos e incompatibles. A cada minuto, a cada momento, el hombre dice o piensa «Yo». Y cada vez su «yo» es diferente. Hace un momento era un pensamiento, ahora es un deseo, luego una sensación, después otro pensamiento, y así sucesivamente, sin fin. El hombre es una pluralidad. Su nombre es legión.

Muy a menudo, casi en cada conversación, G. volvía sobre la ausencia de unidad en el hombre.

Uno de los errores más graves del hombre, dijo, que debe serle recordado constantemente, es su ilusión con respecto a su «Yo». “El hombre tal como lo conocemos, el hombre máquina, el hombre que no puede «hacer», el hombre con quien y a través de quien «todo sucede», no puede tener un «Yo» permanente y único. Su «Yo» cambia tan rápidamente como sus pensamientos, sus sentimientos, sus humores, y comete él un error profundo cuando se considera siempre una sola y misma persona; en realidad, siempre es una persona diferente, nunca es el que era un momento antes.

El hombre no tiene un «Yo» permanente e inmutable. Cada pensamiento, cada humor, cada deseo, cada sensación dice «Yo». Y rada vez, parece tenerse por seguro que este «yo» pertenece al Todo del hombre, al hombre entero, y que un pensamiento, un deseo, una aversión, son la expresión de este Todo. En efecto, no hay prueba alguna en apoyo de esta afirmación. Cada pensamiento del hombre, cada uno de sus deseos se manifiesta y vive de una manera independiente y separada de su Todo. Y el Todo del hombre no se expresa jamás, por la simple razón de que no existe como tal, salvo físicamente como una cosa, y abstractamente como un concepto. El hombre no tiene un «Yo» individual. En su lugar, hay centenares y millares de pequeños «yoes» separados, que la mayoría de las veces se ignoran, no mantienen ninguna relación, o por el contrario, son hostiles unos a otros, exclusivos e incompatibles. A cada minuto, a cada momento, el hombre dice o piensa «Yo». Y cada vez su «yo» es diferente. Hace un momento era un pensamiento, ahora es un deseo, luego una sensación, después otro pensamiento, y así sucesivamente, sin fin. El hombre es una pluralidad. Su nombre es legión.

El alternarse de los «yoes», sus luchas por la supremacía, visibles a cada instante, son comandadas por las influencias  exteriores  accidentales. El calor, el sol, el buen tiempo, llaman inmediatamente a todo un grupo de «yoes». El frío, la neblina, la lluvia llaman a otro grupo de «yoes», a otras asociaciones, a otros sentimientos, a otras acciones. No hay nada dentro del hombre que sea capaz de controlar los cambios de los «yoes», principalmente porque el hombre no los nota, o no tiene ninguna idea de ellos; vive siempre en su último «yo». Algunos, naturalmente, son más fuertes que otros; pero no por su propia fuerza consciente. Han sido creados por la fuerza de los accidentes, o por excitaciones  mecánicas  externas. La educación, la imitación, la lectura, el hipnotismo de la religión, de las castas y de las tradiciones, o la seducción de los últimos «slogans», dan nacimiento, en la personalidad de un hombre, a «yoes» muy fuertes que dominan series enteras de otros «yoes» más débiles. Pero su fuerza es tan sólo la fuerza de los ‘cilindros’ de los diferentes centros. Todos  los ‘yo’ que  forman  la personalidad del hombre tienen el mismo origen que estos cilindros; todos son el resultado de influencias externas; se mueven y están sujetos a nuevas influencias externas.

El hombre no tiene individualidad. No tiene un gran «Yo» único. El hombre está dividido en una multitud de pequeños «yoes». “Pero cada uno de ellos es capaz de llamarse a sí mismo con el nombre del Todo, de actuar en el nombre del Todo, de hacer promesas, de tomar decisiones, de estar de acuerdo o de no estar de acuerdo con lo que otro «yo», o el Todo, tendría que hacer. Esto explica por qué la gente toma decisiones tan a menudo y tan raramente las cumple. Un hombre decide levantarse temprano, comenzando a partir del día siguiente. Un «yo», o un grupo de «yoes» toma esta decisión. Pero levantarse es problema de otro «yo» que no está de acuerdo en absoluto, y que quizás ni siquiera ha sido puesto al corriente. Naturalmente, a la mañana siguiente el hombre seguirá durmiendo, y por la noche decidirá nuevamente levantarse temprano. Esto puede traer consecuencias muy desagradables. Un pequeño «yo» accidental puede hacer una promesa, no a sí mismo, sino a alguna otra persona en un momento dado, simplemente por vanidad, o para divertirse. Luego desaparece. Pero el hombre, es decir el conjunto de los otros «yoes» que son completamente inocentes, tendrá que pagar quizás por toda su vida esta gracia. La tragedia del ser humano es que cualquier pequeño «yo» tiene el poder de firmar contratos, y que luego sea el hombre, es decir el Todo, quien deba enfrentarlos. Así pasan vidas enteras, cancelando deudas contraídas por pequeños «yoes» accidentales. ”

Las enseñanzas orientales están llenas de alegorías que intentan describir, desde este punto de vista, la naturaleza del ser humano. “Según una de ellas, el hombre es comparado a una casa, sin Amo ni mayordomo, ocupada por una multitud de sirvientes. Éstos han olvidado completamente sus deberes; nadie quiere cumplir su tarea; cada uno se esfuerza en ser el amo, aunque fuere un momento, y en esta especie de anarquía la casa está amenazada por los más graves peligros. La única posibilidad de salvación está en que un grupo de sirvientes más sensatos se reúna y elija un mayordomo temporal, es decir, un mayordomo suplente. Este mayordomo suplente puede entonces poner en su sitio a los otros sirvientes, y obligar a cada uno de ellos a realizar su trabajo: la cocinera a la cocina, el cochero al establo, el jardinero al jardín, y así sucesivamente. De esta manera, la «casa» puede estar lista para la llegada del verdadero mayordomo, el cual a su vez preparará la llegada del verdadero Amo.

“La comparación del hombre con una casa en espera de su amo es frecuente en las enseñanzas del Oriente que han conservado las huellas del conocimiento antiguo, y como ustedes lo saben, esta idea aparece también bajo formas variadas en numerosas parábolas de los Evangelios. ”

Pero aunque el hombre comprendiera sus posibilidades de la manera más clara, esto no lo acercaría ni un paso hacia su realización. Para estar en condición de realizar estas posibilidades, debe tener un ardiente deseo de liberación, debe estar listo a sacrificar todo, a arriesgar todo por su liberación.”

Fragmentos de Una Enseñanza Desconocida

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PD OUSPENSKY

 

— ¿Qué quiere usted? me dijo G. Los hombres son maquinas. Las máquinas son necesariamente ciegas, inconscientes. No pueden ser de otra manera y todas sus acciones tienen que corresponder a su naturaleza. Todo sucede. Nadie hace nada. El «progreso» y la «civilización», en el sentido real de estas palabras, no pueden aparecer sino al término de esfuerzos conscientes. No pueden aparecer como resultado de accionen inconscientes y mecánicas. ¿Qué esfuerzos conscientes puede hacer una máquina? Y si una máquina es inconsciente, lo son también cien y mil máquinas y cientos de miles y millones de máquinas.

La actividad inconsciente de un millón de máquinas tiene necesariamente que dar por único resultado la destrucción, la exterminación. Es precisamente en las manifestaciones inconscientes e involuntarias en las que reside todo el mal. Ustedes no comprenden todavía, y no pueden imaginar todas las consecuencias de esta plaga. Pero llegará el tiempo en que comprenderán.”

 El hombre máquina

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EN BUSCA DE LO MILAGROSO

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Me di cuenta de que la idea de escuelas “en otro plano” era simplemente un signo de debilidad: esto significaba que los sueños habían reemplazado la búsqueda real. Así comprendí que los sueños son uno de los obstáculos más grandes en nuestro camino eventual hacia lo milagroso.

Regresé a Rusia en noviembre de 1914, al comienzo de la primera guerra mundial, después de un viaje, relativamente largo, a través de Egipto, Ceilán e India. La guerra estalló cuando me encontraba en Colombo, de donde me embarqué para regresar a través de Inglaterra. Al salir de San Petersburgo, yo había dicho que partía en busca de lo milagroso. Lo “milagroso” es muy difícil de definir. Pero para mí, esta palabra tenía un significado muy definido. Mucho tiempo atrás había llegado a la conclusión de que para escapar del laberinto de contradicciones en que vivimos, era necesario encontrar un camino enteramente nuevo, diferente de todo lo que habíamos conocido o seguido hasta ahora. Pero dónde comenzaba este camino nuevo o perdido, yo era incapaz de decirlo. Entonces ya había reconocido como un hecho innegable que detrás de la fina película de falsa realidad, existía otra realidad de la cual, por alguna razón, algo nos separaba. Lo “milagroso” era la penetración en esta realidad desconocida. Me parecía que el camino hacia lo desconocido podría ser encontrado en Oriente. ¿Por qué en Oriente? Era difícil decirlo. En esta idea había quizás algo de romántico, pero en todo caso había también la convicción de que nada podía ser encontrado aquí, en Europa.

Durante el viaje de regreso, y las pocas semanas que pasé en Londres, todas las conclusiones a las cuales había llegado como resultado de mi búsqueda, quedaron trastornadas por la absurdidad salvaje de la guerra y por todas las emociones que llenaban el aire, invadían las conversaciones, los diarios, y que contra mi voluntad me afectaban a menudo. Pero, de regreso a Rusia, cuando volvieron los pensamientos con los cuales había partido, sentí que mi búsqueda y aun las menores cosas conectadas con ellas, eran más importantes que todo lo que estaba sucediendo o pudiese suceder en un mundo de “absurdos obvios”. Me dije entonces que la guerra debía ser considerada como una de esas condiciones generalmente catastróficas de la existencia, en medio de las cuales tenemos que vivir, trabajar y buscar respuestas a nuestras preguntas y a nuestras dudas. La guerra, la gran guerra europea, en cuya posibilidad yo no había querido creer y cuya realidad por largo tiempo no había querido reconocer, se había convertido en un hecho.

Estábamos en ella, y vi que debía ser tomada como un gran “memento mori”, mostrando que era urgente apresurarse y que era imposible creer en una “vida” que no conducía a ninguna parte.

La guerra no me podía tocar personalmente, en todo caso no antes de la catástrofe final que por otra parte me parecía inevitable para Rusia, y quizás para toda Europa, pero aún no inminente. Aunque naturalmente, en aquella época, la catástrofe en marcha parecía solamente temporal, y aún nadie hubiera podido concebir toda la amplitud de la ruina, de la desintegración y de la destrucción, a la vez interior y exterior, en la cual tendríamos que vivir en el futuro.

Resumiendo el conjunto de mis impresiones del Oriente y particularmente de la India, tenía que admitir que al regreso mi problema parecía todavía más difícil y más complicado que al partir. La India y el Oriente no sólo no habían perdido nada de su milagroso atractivo sino que, por el contrario, este atractivo se había enriquecido con nuevos matices que anteriormente yo no había podido sospechar.

Había visto claramente que algo podía ser encontrado en el Oriente, que por mucho tiempo había dejado de existir en Europa, y consideraba que la dirección que yo había tomado era buena. Pero al mismo tiempo me había convencido de que el secreto estaba mejor y más profundamente escondido de lo que hubiera podido prever. A mi partida, ya sabía que iba en busca de una o de varias escuelas. Había llegado a esta conclusión hacía ya tiempo, habiéndome dado cuenta que los esfuerzos personales independientes no podían ser suficientes, y que era indispensable entrar en contacto con el pensamiento real y viviente que debe existir en alguna parte, pero con el cual habíamos perdido toda conexión.

Yo comprendía esto, pero la idea misma que tenía de las escuelas se modificaría mucho durante mis viajes; en un sentido se volvió más simple y más concreta, en otro sentido más fría y más distante. Quiero decir que las escuelas perdieron su carácter de cuentos de hadas. En el momento de mi partida, todavía admitía muchas cosas fantásticas acerca de las escuelas. Admitir es quizás una palabra demasiado fuerte. Para decirlo mejor, soñaba con la posibilidad de un contacto no físico con las escuelas, de un contacto, en alguna forma, “en otro plano”. No podía explicarlo claramente, pero me parecía que el primer contacto con una escuela debía tener ya un carácter milagroso. Por ejemplo, imaginaba la posibilidad de entrar en contacto con escuelas que habían existido en un lejano pasado, como la escuela de Pitágoras, o las escuelas de Egipto, o la escuela de los monjes que construyeron Notre-Dame, y así sucesivamente. Me parecía que las barreras del espacio y del tiempo desaparecerían de producirse tal contacto. La idea de las escuelas era en sí misma fantástica, y nada de lo que les concernía me parecía demasiado fantástico. Asimismo no veía ninguna contradicción entre mis ideas y mis esfuerzos para encontrar en la India escuelas reales. Pues me parecía que era precisamente en la India donde me sería posible establecer una especie de contacto, que podría luego volverse permanente e independiente de toda interferencia exterior. Durante mi viaje de regreso, lleno de encuentros y de impresiones de toda clase, la idea de las escuelas se volvió para mí mucho más real, casi tangible. Había perdido su carácter fantástico. Y esto sin duda porque como me di cuenta entonces, una “escuela” no requiere solamente una búsqueda sino una “selección” o un escoger — quiero decir: de nuestra parte.

No podía dudar que hubiera escuelas. Me convencí al mismo tiempo de que las escuelas sobre las que había oído hablar, y con las cuales hubiese podido entrar en contacto, no eran para mí. Eran escuelas de naturaleza francamente religiosa o semi-religiosa y de tono netamente devocional. No me atraían, sobre todo porque si hubiese buscado un camino religioso habría podido encontrarlo en Rusia. Otras escuelas más moralizadoras eran de tipo filosófico, ligeramente sentimental, con un matiz de ascetismo, como las escuelas de los discípulos o seguidores de Ramakrishna; entre estos últimos había personas agradables, pero tuve la impresión de que les faltaba un conocimiento real. Otras escuelas, ordinariamente descritas como “escuelas de yoga”, y que están basadas en la creación de estados de trance, participaban, a mis ojos, un tanto demasiado del género espiritista. Yo no podía tenerles confianza; conducían inevitablemente a mentirse a uno mismo o bien a lo que los místicos ortodoxos, en la literatura monástica rusa, llaman “seducción”.

Había otro tipo de escuelas, con las cuales no pude tomar contacto y de las que sólo oí hablar. Estas escuelas prometían mucho, pero igualmente exigían mucho. Exigían todo de una sola vez. Hubiera sido necesario quedarse en la India y abandonar para siempre toda idea de regreso a Europa. Habría tenido que renunciar a todas mis ideas, a todos mis proyectos, a todos mis planes y comprometerme a un camino del cual no podía saber nada de antemano. Estas escuelas me interesaban mucho, y las personas que habían estado en relación con ellas y que me habían hablado de ellas, se destacaban nítidamente sobre el común de las personas. Sin embargo me parecía que debería haber escuelas de un tipo más racional, y que hasta cierto punto, un hombre tenía derecho de saber hacia dónde iba.

Paralelamente, llegué a la conclusión de que una escuela —no importa como se llame: escuela de ocultismo, de esoterismo o de yoga— debe existir sobre el plano terrestre ordinario como cualquier otro tipo de escuela: escuela de pintura, de danza o de mediana. Me di cuenta de que la idea de escuelas “en otro plano” era simplemente un signo de debilidad: esto significaba que los sueños habían reemplazado la búsqueda real. Así comprendí que los sueños son uno de los obstáculos más grandes en nuestro camino eventual hacia lo milagroso. En camino hacia la India, hacía planes para próximos viajes. Esta vez deseaba comenzar por el Oriente musulmán. Sobre todo estaba atraído por el Asia Central rusa y Persia. Pero nada de todo esto estaba destinado a realizarse.

De Londres, a través de Noruega, Suecia y Finlandia, llegué a San Petersburgo, que había sido ya rebautizada “Retrogrado”, y donde el patriotismo y la especulación estaban en todo su apogeo. Poco después, partí para Moscú retomando mi trabajo en el periódico del cual había sido corresponsal en la India. Llevaba ahí ya cerca de seis semanas, cuando ocurrió un pequeño episodio que iba a ser el punto de partida de numerosos acontecimientos. Un día que me encontraba en la redacción del periódico, preparando la próxima edición, descubrí, creo que en La Voz de Moscú, un aviso con referencia a la puesta en escena de un ballet titulado “La Lucha de los Magos“, que se decía era la obra de un “Hindú”. La acción del ballet debía tener lugar en la India, y ofrecer un cuadro completo de la magia del Oriente con milagros de faquires, danzas sagradas, etcétera. No me gustó el tono parlanchín del párrafo, pero como los autores de ballets hindúes eran más bien raros en Moscú, recorté el aviso, insertándolo en mi artículo y añadiendo brevemente que en el ballet se encontraría seguramente todo aquello que los turistas van a buscar y que es imposible de hallar en la India verdadera.

Poco después, por varias razones, dejé el periódico y fui a San Petersburgo.

***

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P. D. OUSPENSKY (Piotr Demiánovich Ouspenski)

FRAGMENTOS DE UNA ENSEÑANZA DESCONOCIDA   (parte 1ª)

Nacido en la Armenia rusa, G. I. Gurdjieff buscó en las fuentes ancestrales las respuestas a las preguntas fundamentales del ser humano

 Sus planteamientos constituyen un revolucionario y coherente cuerpo de ideas interrelacionadas, que guían al auténtico buscador por el camino de la evolución consciente. Figura mística y polémica, el “Tigre de Turkestán” dejó un poderoso legado orientado al despertar de las conciencias dormidas. Esta tradición, compleja y rigurosa, tiene seguidores y detractores en todo el mundo.

Cuando los locos años ´20 reunían un crisol de personalidades en París, un hombre de extraño aspecto recorría sus calles con grandes mostachos y cráneo pelado, un sombrero de alas anchas y bastón de oro en la mano, luciendo su figura imponente y enigmática.
Sentado en los bohemios cafés parisinos, frente a un cognac o taza de café, mantenía largas y animadas conversaciones con la gente que podía sostener la potencia de su mirada. Era George Ivanovitch Gurdjieff, uno de los maestros espirituales más controvertidos de nuestro tiempo.
Su pensamiento y sus métodos sin duda revolucionaron las creencias de Occidente acerca de las reales posibilidades evolutivas del ser humano. Muchos lo califican de charlatán porque no entienden algunos de los procedimientos empleados por Gurdjieff para que la gente accediera a la conciencia de sí. Otros lo ven como un avatar espiritual en un mundo entregado al estado hipnótico.
Lo cierto es que la vida de Gurdjieff es extraña y apasionante. Su figura se perfila hasta hoy como mística y polémica porque es muy difícil disponer de registros históricos verificables, sobre todo en lo que se refiere a la primera parte de su vida.
Prácticamente, sólo contamos con lo que él quiso decirnos en su obra “Encuentros con Hombres Notables”. Dotado de notables poderes psíquicos, a muchos les parecía estar frente a un mago seductor y autoritario. Obsesionado por despertar de la mecanicidad a las personas, se conducía, a veces, de manera chocante e inadmisible para los cánones sociales. Pero quienes veían mas allá de su disfraz, descubrían a un hombre auténtico, capaz de generar transcendentales cambios en quienes lo rodeaban. Gurdjieff legó al mundo la riqueza de su obra construida por una serie de 5 libros, un ballet, 300 piezas para el piano y alrededor de 100 danzas sagradas o “movimientos”. Y lo más importante, un sólido cuerpo de ideas interrelacionadas acerca de la existencia y evolución consciente del hombre y el universo.

Nace un mito

Giorgios Giorgiades, nombre con el que fue bautizado Gurdjieff, nació, según estudiosos, en el barrio griego de Alexandropol, Armenia, aproximadamente en 1866. Otros consignan 1872, 1873 o el 28 de septiembre de 1877. Asimismo, y debido a que los rusos conquistaron su ciudad natal durante la guerra ruso-turca, hoy es casi imposible determinar su nacionalidad.
Su madre era Armenia, y su padre, Ioannas Giorgiades, de origen griego. Dueño de numerosos ganado, Ioannas pastoreaba por obligación y cantaba por elección. Había heredado, como ashokh (bardo y poeta), un amplio repertorio de mitos y leyendas folclóricas que contaba a su familia en las crudas noches de invierno. En el Gurdjieff niño, quedo la huella indeleble de los cuentos de Mullah Nasser Eddin, sabio folclórico turco que trastocaba la realidad con historias hilarantes y pedagógicas. La vida en Transcaucasia era ruda y difícil, por eso Gurdjieff fue criado espartanamente por su padre. El pequeño debía salir al patio, en invierno, de madrugada, para lavarse al aire libre y correr desnudo hasta que el sueño se disipara por completo.
Giorgiades tenia 7 años cuando una plaga que azotó la región exterminó el ganado, enfrentando a la familia a una nueva vida llena de necesidades. Con una calma ancestral, el padre se adaptó a las circunstancias e instalo una bodega de madera. La situación se complicó aún más cuando los ejércitos rusos pasaron por la ciudad a raíz de la guerra contra el sultán Abdul. En medio de este panorama, Gurdjieff crecía con la convicción de ser único y diferente, quizá por la influencia de su abuela que en el lecho de muerte lo incito a ser un renovador: ” Tú, el mayor de mis nietos. ¡Escucha… y acuérdate siempre de mi última voluntad: en la vida, jamas hagas nada como los demás! O bien no hagas nada en absoluto – ve solamente a la escuela -, o bien haz algo que nadie hace “, recuerda Gurdjieff en Relatos de Belcebú.
Pensando en mejorar la vida de sus numerosos hijos, Ioannas los trasladó a la población montañosa de Kars, donde formó un pequeño taller de carpintería. La ciudad estaba habitada por una amplia gama de nacionalidades: aisores, tártaros, karapakas, yezidas.
Alucinado, Gurdjieff aprendía de todas estas raíces y costumbres.

El despertar

Curioso y de notable inteligencia, el niño dominaba ya varios idiomas: turco, armenio, ruso y griego. Fue enviado a la escuela municipal rusa y quizá no habría pasado por allí si no fuera porque llamó la atención del padre Borsh, un alto dignatario de la Iglesia ortodoxa rusa quien, a pesar de su rango, vivía con modestia y ayudaba a los pobres. Hombre inquieto, tocaba el violín y era apasionado de la astronomía, la química y la cultura asiria.
En 1879, la familia decidió que Giorgiades sería sacerdote o médico, el padre Borsh se hizo cargo -junto a los diáconos militares- de su entrenamiento: matemáticas, química, astronomía, historia, teología, anatomía y fisiología. La sed de Gurdjieff era inmensa. Leía todo lo que caía en sus manos, cuestionaba, preguntaba y ponía en jaque a los maestros. El padre Borsh dedicaba mucho tiempo a conversar sobre “las leyes de la vida” con este joven en el que reconocía aptitudes intelectuales excepcionales.
En esta época, Gurdjieff sobrevivía como la mayoría de los niños y jóvenes de Kars: con pequeños hurtos. Y aprendía de su tío, Giorgi Mercourov, a reparar máquinas y bordar almohadones. Al mismo tiempo, tomaba contacto con lo “mágico”, a través de experiencias paranormales que exacerbaron su interés por comprender lo que estaba mas allá de lo cotidiano.

La búsqueda

A los 17 años, viaja a Tiflis para emplearse en el ferrocarril. Allí conoce a sus primeros compañeros en la búsqueda de conocimientos ocultistas: el seminarista Sarkis Pogossian y un vendedor de libros llamado Abram Yelov. Los tres se mezclan con una ciudad poco escrupulosa en materia de moral y se ganan la vida con ciertos contratos poco claros.
Gurdjieff sentía “un ‘impulso irresistible’ por comprender claramente la precisa significación, en general, del proceso de la vida en la tierra, de las diferentes formas de criaturas y, en particular, de la finalidad de la vida humana a la luz de esta interpretación”. Las interrogantes eran demasiado profundas para ser respondidas por los sistemas filosóficos y religiosos conocidos. El joven empezó a sentir el susurro de antiguas voces que quizá tendrían las respuestas. Se preguntaba si la verdad no estaría escondida en los templos ocultos de los iniciados. ¿ Existirían aun los esenios, los pitagóricos, la mítica Hermandad de Sarmung?.
En 1886, los amigos encuentran la primera clave cuando escarbaban en las ruinas de Ani. Entre unos pergaminos, descubren una referencia de la “Hermandad Sarmung”, que sugerían que había sido escuela de los aisores, situada “entre Urmia y Kurdistán”. Gurdjieff decide viajar a esa amplia zona. Su meta es encontrar el monasterio y ser aceptado en él. Este proyecto incierto es el comienzo de una búsqueda por Transcaucasia y Asia Central protagonizada por un verdadero guerrero espiritual que después de veinte años volverá al mundo no para descansar, sino para transmitir con increíble energía todo lo aprendido en esos épicos viajes.

Senderos míticos

Alrededor de 1895 se constituye alrededor de Gurdjieff el grupo de los “Buscadores de la Verdad”. Eran unos quince hombre jóvenes y una mujer: Vitvitskaia; entre ellos había expertos en arqueología, ingeniería, música, filosofía…
Esta es una de las épocas más confusas de la biografía, Gurdjieff viaja incansablemente con sus amigos, regresando cada cierto tiempo a Tiflis para reponerse de exóticas enfermedades contraídas en tierras del Kurdistán, Ashkhabadian, o el Tíbet. En medio de guerras, revoluciones y luchas civiles, Gurdjieff contacta con “los más santos entre los santos de casi todas las organizaciones herméticas, de casi todas las sociedades, congregaciones, partidos, uniones, etc., religiosas, filosóficas, ocultas, políticas y místicas que eran inaccesibles para los hombres ordinarios”.
En ese periodo, su autorretrato lo muestra ganándose la vida como astuto empresario de las alfombras orientales, antigüedades y cloisonné chino; negociante de petróleo y arenques en vinagre; reparador de máquinas de escribir y coser; dueño de restoranes que abría y cerraba con la mayor facilidad. Y con habilidad de artista, pintaba gorriones y curaba por hipnosis a drogadictos y alcohólicos. Según rumores no confirmados, también fue agente político.
Creta, Tíbet, India, Jerusalén, Egipto… Es difícil seguir su huella. En este ultimo país encontró a su mejor amigo, el príncipe ruso Yuri Liuboviedsky, con quien compartió un maravilloso descubrimiento: un mapa de “Egipto antes de las arenas”.
El “Tigre de Turkestán” recoge “en un sitio un símbolo; en otro, técnica y en otro, danzas”. Los senderos secretos lo llevaron, entre 1898 y 1899, a algún lugar del norte de Afganistán. Con los ojos vendados, por fin fue guiado por cuatro jinetes hasta el Monasterio Sarmung, donde Gurdjieff comprendió en profundidad el significado de las Danzas Sagradas, el Eneagrama y la armonía de los números, corpus iniciático de su enseñanza futura. Este encuentro con la milenaria sabiduría oculta en las montañas es tomado por muchos como una alegoría, ya que es imposible comprobar su verdad histórica. Gurdjieff jamás dio la ubicación exacta del monasterio.
En su recorrido por los centros iniciáticos, no podía faltar el Tíbet, donde estudió (alrededor de 1900) danzas rituales, medicina y técnicas psíquicas. De allí, a causa de una refriega entre tribus montañesas, vuelve gravemente herido de bala. Sufre, entonces, una profunda experiencia mística que lo lleva a asumir el sentido de responsabilidad: “Lo que a El le es posible e imposible en el dominio del gran mundo, debe serme posible e imposible en el dominio de mi pequeño mundo”; A partir de ese día intensifica su búsqueda de autodominio. Todo el “horror de la situación” de las comarcas donde estuvo, lo hace percibir al hombre en su estado de sueño profundo, sufriendo por sus pasiones y sin ningún objetivo. Y comienza a experimentar el “impulso esera ” ( Relatos de Belcebú ) o amor a sus semejantes. En adelante, la compasión irá de la mano de la sabiduría y buscará el ideal del “buen egoísta”. Después de un breve retorno a Alexandropol, parte hacia el Asia Central y recibe, por tercera vez, el impacto de una bala perdida, en esta ocasión como resultado de una pelea entre cosacos y gourianos.
Aunque se había prometido a sí mismo no usar sus poderes psíquicos, se establece en Tashkent, capital de Turkestán, para transformarse en “Instructor Profesor” de ciencias supranaturales. Quizá lo hizo porque necesitaba tener tranquilidad económica para sintetizar el conocimiento acumulado y enseñarlo. Y también, porque los rusos europeizados eran un rico campo para estudiar de la psicología humana

Gurdjieff se revela

A principios de 1912, llegó un pasajero muy especial a Moscú. En su equipaje traía nada menos que un crisol ideológico que era “al mismo tiempo cosmología, psicología, tipología humana, crítica semántica, epistemología, cosmogónica, fenomenología de la conciencia y filosofía existencial practica”.
Veinte años había tomado a Gurdjieff cristalizar y organizar los fragmentos del conocimiento adquirido y se sentía listo para congregar discípulos. Y lo hizo con su particular estilo. Después de recorrer las conmocionadas calles moscovitas, recibía en las noches a la gente disfrazado de “el príncipe Orzay”, con turbante y bata de seda. En esos días, conoció a la condesa Julia Osipovna Ostrowska, con quien permaneció casado hasta la muerte de ella.
Poco a poco, se va formando un grupo de seguidores importantes, entre los que se destaca P.D. Ouspensky, a quien conoce en 1915. Un año antes, Gurdjieff había supervisado la primera obra literaria acerca de su enseñanza, escrita por un discípulo anónimo: Vislumbres de la verdad.
Hay vientos de guerra y revolución, lo que obliga a Gurdjieff a moverse buscando una plaza segura. A fines de 1917 se traslada a Essentuki, en Cáucaso. La nueva sede del Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre seria una prueba de fuego para sus alumnos. En jornadas inacabables e intensas, practican danzas sagradas, telepatía, mediumnidad, ayunos, caminatas y famosos ejercicios del “stop” y los ” brazos extendidos “. Se producen alejamientos, como el de Ouspensky, quien continua entregando el conocimiento adquirido pero en forma independiente, aunque sin perder del todo el contacto con Gurdjieff.
En plena revolución, la ciudad pasaba de mano en mano y nadie tenia la vida asegurada. Como un prestidigitador, inventa una expedición en busca de dólmenes; consigue los permisos correspondientes y parte con sus alumnos en un viaje complicado y no exento de peligros, que culmina en Tiflis, capital de Georgia, todavía en manos del ejercito zarista.
Allí establece por tercera vez un Instituto, en 1919; lo siguen Mme. Ostrowska, los Stjoernval y los De Hartmann y se agregan Alexandre y Jeanne de Salzmann. Pero en condiciones políticas de Georgia nuevamente lo obligan a emigrar, esta vez a Constantinopla. Ouspensky, que esta allí, le confía su propio grupo de alumnos y lo apoya por un tiempo, pero vuelve a separarse, y Gurdjieff decide aceptar una invitación de Jacques – Dalcroze para instalarse en Hellerau, cerca de Dresden.
La idea de avecindarse en Alemania no prospera por litigios legales, tampoco el ofrecimiento de sus seguidores en Londres, por lo que Gurdjieff pone sus ojos en Francia. A pesar de todos estos cambios, el “Trabajo” ( término con el que se denomina a la práctica concreta de las enseñanzas gurdjieffianas ) se mantiene y el grupo continúa, ya que precisamente, el Cuarto Camino, vía evolutiva dentro de la cual se inscribe este trabajo, se desarrolla entre las tormentas de la vida cotidiana.

Los filósofos del bosque

Al comienzo, Gurdjieff arrendó una casa que compartía con sus alumnos en el distrito de Auteuil, en la cual los días transcurrían entre diálogos acerca del trabajo y la practica de las danzas. En octubre de 1922, el grupo se cambió a Fontainebleau, al sur de París, a una hermosa mansión de la aristocracia francesa.
Como siempre, Gurdjieff apeló a todos los recursos para financiar el subido alquiler, alimentar a todos y enfrentar la titánica misión de levantar una nueva sede. Rodeado de bosques y magníficos jardines, este era el lugar ideal para el trabajo. Inmediatamente comienzan las tareas para adaptar la casa. Desde el amanecer hasta la noche, los seguidores preparan las salas para los ejercicios físicos y danzas sagradas, construyen el teatro, los establos y la casa de estudios.
Los “filósofos del bosque”, como se les denominaba en la época, suscitaban no pocos comentarios. Especialmente conflictiva fue la muerte, de tuberculosis, de la escritora Katherine Mansfield, ocurrida en Fontainebleau en 1923. Los periodistas condenan el Instituto haciéndose eco de la opinión de muchos detractores. A pesar de eso, es visitado por lo más representativo de la “inteligencia” europea. De nuevo Gurdjieff emplea la técnica del sobreesfuerzo para “despertar” la conciencia dormida y mecánica de sus discípulos. Las jornadas son agotadoras: danzas, ejercicios gimnásticos, difíciles practicas de concentración, meditaciones… El 13 de diciembre de 1923 se realiza la primera representación publica de las danzas sagradas, en el teatro de los Campos Elíseos, impresionando al sofisticado publico parisino.
Aquí, una etapa de agitadas y sucesivas giras se inicia con representaciones de las danzas en Nueva York y Chicago. El éxito es estruendoso y se empieza a hablar de Gurdjieff en los periódicos de todo el mundo.

Llega Belcebú

En el verano de 1924 Gurdjieff sufre, camino a París, un accidente de automóvil casi fatal. Los médicos no dan esperanzas de vida, pero el agonizante se recupera milagrosamente, creando a su alrededor una atmósfera todavía mítica.
El accidente sume a Gurdjieff en una crisis y resuelve dar rumbo distinto a su labor. Aleja a los “parásitos” con el pretexto de que se cerraría el Instituto y empieza a escribir – con la ayuda de Olga de Hartmann – su obra Relatos de Belcebú a su nieto. Desde luego, no usó el lenguaje establecido. Muy por lo contrario. Su atrevida sintaxis, disgregaciones, dislocaciones secuenciales y complicado estilo, lo hacen una obra espiritual de ficción complicada y polémica. Quizá porque, como todo lo gurdjieffano, la verdad sólo puede alcanzarse experimentando por sí mismo.
Los siguientes años no son fáciles. En 1926, muere su mujer, Julia Ostrowska, de un cáncer prolongado. Las deudas de Fontainebleau son cuantiosas y la salud del maestro está muy debilitada. Se suma su desaparición por el poco nivel de desarrollo de sus discípulos.
Inicia la producción de su libro – que más tarde se llevaría al cine – Encuentros con hombres notables, al mismo tiempo que facilita el alejamiento de los De Hartmann y otros seguidores, y continúa con sus viajes a Norteamérica. Finalmente, en 1933, pierde en definitiva la mansión que los albergo durante mas de una década.

Despedida ad-hoc

De regreso a París, Gurdjieff se aboca a continuar su obra literaria y a emprender varios viajes, muchas veces conflictivos. Nuevos y antiguos seguidores se agrupan en torno de él en su departamento.
Gurdjieff comienza a cosechar en terreno complicado, ya que debe conjugar – pensando en el futuro – la interacción de discípulos de origen, nacionalidad y desarrollo muy disímiles.
Sus habilidades comerciales le permiten sobrellevar la segunda guerra mundial sin mayores sobresaltos. Los pupilos se agrupan para compartir y aprender en un departamento atestado de gente, en el que la actividad comenzaba a mediodía, con la lectura de los escritos aún inéditos del maestro. Le seguía la comida ceremonial de media tarde. Entonces, los invitados se retiraban para regresar a la noche, continuando los diálogos y lecturas. Después de una cena tardía, se iban a las dos y media de la madrugada.
En 1949, realiza su última visita a los Estados Unidos para supervisar la edición de sus libros. Ese mismo año, su salud empeora y, tras realizar la coreografía de su ultimo “movimiento” (el N° 39), se desploma y es conducido al Hospital Americano de Neuilly. Rodeado de discípulos, antes de caer en inconsciencia, les lega su ultima ironía: “¡Os dejo metidos en un lío!”.
Falleció en la mañana del 29 de octubre y fue sepultado en Fontainebleau, Avon, junto a su madre y su esposa. Después del solemne entierro, Jeanne de Salzmann dijo a sus discípulos: “Cuando un maestro como el señor Gurdjieff desaparece, no puede ser reemplazado”.

La tradición gurdjieffiana

El sistema de Gurdjieff es un cuerpo coherente de ideas y métodos interrelacionados en el que el principal tema es el estudio de las condiciones del ser, tomado desde el punto de vista de la posibilidad de la unidad interna y la evolución consciente.
No es fácil, en pocas palabras, abordar una tradición tan compleja y rigurosa. Sólo podemos limitarnos a recordar algunos de los principales “temas gurdjieffianos”, con la esperanza de abrir una modesta brecha que permite entrar un rayo de luz en las conciencias dormidas. Esta no es más que una invitación a indagar más a fondo en la tradición

La Visión del Hombre

Para Gurdjieff, el hombre es un ser plural: ” No hay tal yo – decía -, o más bien hay cientos, miles de pequeños ‘ yoes ‘ en cada uno de nosotros. Estamos divididos interiormente, pero no podemos reconocer la pluralidad de nuestro ser, sino a través de la observación y el estudio. En cierto momento es un ‘ yo ‘ el que actúa, al momento siguiente es otro ‘ yo ‘. No funcionamos armoniosamente debido a que nuestros ‘ yoes ‘ son contradictorios.
Al nacer, el niño es “esencia”, un ser con esperanza. Pero a medida que crece, pierde su “particularidad” a causa de las experiencias reales. Se va formando la personalidad, nuestra máscara o revestimiento social, que ahoga a la esencia. Aunque indispensable, la personalidad es, en la mayoría de los casos, una serie de prejuicios, posturas, sueños, modos de manipulación y neurosis, “alineados respecto de la esencia de manera arbitraria”. Invadida por la legión de ‘ yoes ‘, no permite al hombre la posibilidad de desarrollar su verdadero ser.

Observación y Recuerdo

La “atención”, la “observación de sí ” y el “recuerdo de sí mismo”, permiten al hombre liberarse de las identificaciones e imaginaciones que lo mantienen sumido en un “estado de sueño hipnótico”. “Sólo un hombre en el más alto estado de ser es un hombre completo. Todos los otros son meras fracciones de hombre. La ayuda exterior necesaria vendrá de maestros o del sistema que estoy siguiendo. Los puntos de partida de esta observación de sí son:
1) Que no somos uno.
2) Que no tenemos control sobre nosotros mismos. No controlamos nuestro propio mecanismo.
3) No nos recordamos a nosotros mismos. Si digo: ‘Yo estoy leyendo un libro’ y no me doy cuenta de que ‘yo’ estoy leyendo, eso es una cosa, pero cuando estoy consciente que ‘yo’ estoy leyendo, eso es recuerdo de sí”.

Los Centros de la Máquina Humana

El hombre es una compleja máquina que ” ingiere impresiones y excreta conductas ” y se alimenta de comida, aire e impresiones sensibles para impulsar cinco “cerebros” o “centros” que actúan en forma independiente: intelectual, emocional, motor, instintivo y sexual. Cada uno cumple sus funciones sin considerar a los otros, por lo cual la maquina humana inconsciente es ineficiente y esta atrapada en la “mecanicidad”.
Los tres centros básicos ( intelectual, emocional e instintivo – motor ) determinan la tipología gurdjieffiana del ser humano sin desarrollo de conciencia, según cual de ellos es dominante en cada persona: “Hombre número uno”, motor; “Hombre número dos”, emocional; “Hombre numero tres”, intelectual. Aunque creemos que tenemos una sola “mente”, en realidad cada uno de los centros tiene una propia. Y esta categorización se complejiza aún más debido a que, a su vez, cada uno de los centros tiene sus propias divisiones.
La debida “atención”, lograda con esfuerzo y voluntad, nos permite darnos cuenta en que centro estamos funcionando y emprender el camino del desarrollo armónico y simultaneo de cuerpo, emoción e intelecto. La “detención interior” de pensamientos es uno de los ejercicios para el “recuerdo de sí” que lleva a la comprensión de este proceso.

Estados de Conciencia

Para explicar qué es un ser más elevado, Gurdjieff habló de diferentes etapas que puede vivir un ser humano:
“Hay varios estados de conciencia:
1) El sueño, en el cual nuestra maquina sigue funcionando a presión muy baja.
2) El estado despierto, en el cual estamos en este momento.
Estos dos estados son los únicos que conoce el hombre corriente.
3) Lo que se llama conciencia de sí. Es el momento en que un hombre se da cuenta tanto de sí mismo, como de su máquina. Lo tenemos por destellos, pero solamente por destellos. Hay momentos en los que se da cuenta usted no sólo de lo que está haciendo sino también de usted mismo haciéndolo. Usted puede ver tanto el ‘yo’ como el aquí de ‘yo estoy aquí’, tanto el enojo como el ‘yo’ que está enojado. Llame a esto recuerdo de sí, si gusta.
Ahora, cuando usted se da cuenta completa y constantemente del ‘yo’ y de lo que esta haciendo, y de cuál ‘yo’ se trata, usted se vuelve consciente de sí mismo. La conciencia de sí es el tercer estado. Este es un punto cumbre, ya que sólo a partir de este tercer estado el hombre es capaz de desarrollar su esencia y llegar a ser un hombre N° 4, equilibrado y cabal. Entonces tendrá la posibilidad de construir su alma y sus otros cuerpos ( hombres del N° 5 al 7 ), para cumplir con los destinos superiores de la evolución cósmica, a través del acceso a un estado llamado “Conciencia Objetiva”.

El Eneagrama

Uno de los símbolos que Gurdjieff rescató de las enseñanzas orientales milenarias fue el Eneagrama o figura de nueve lados. En este modelo dinámico, se sintetiza, a niveles macro y microcósmicos, sus Leyes de Tres y de Siete. En las Danzas Sagradas, manifestó en movimientos la evolución de este símbolo universal.

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El legado de los ” idiotas “

Siempre rodeado de gente, Gurdjieff tenía con sus discípulos una relación intensa, y muchas veces, dramática. Con una mirada, el maestro desnudaba psicológicamente a sus alumnos y los sorprendía en toda su verdad. Ouspensky recuerda que “acercársele era siempre una prueba”.
Exigente, pero a la vez generoso y protector, Gurdjieff obligaba a quienes lo seguían a adaptarse a una disciplina que a ratos parecía incoherente. Pero para ellos, este poderosos maestro espiritual constituía la única esperanza de desarrollo y liberación. Él era el contacto viviente con las fuentes ancestrales de la sabiduría y su notable inteligencia los guiaba por caminos prácticos donde nada puede ser entendido si no se experimenta por sí mismo.
Es justo rendir un homenaje a todos esos “idiotas” ( en el lenguaje gurdjieffiano, no significa “estúpido”, sino simplemente “lo propio” ) que no sólo siguieron a Gurdjieff por los intrincados caminos de una vida insegura y aventurera. Gracias a sus esfuerzos por registrar en forma escrita la enseñanza, mucho de la tradición oral del maestro a podido llegar hasta nosotros. P.D.Ouspensky, es el más conocido porque divulgó el sistema, por medio de escritos y grupos propios, en Inglaterra y Norteamérica. Uno de los mitos de la tradición Gurdjieffiana es precisamente la relación – bastante conflictiva – entre Ouspensky y su maestro.
En su legendaria obra “En busca de lo Milagroso: Fragmentos de una Enseñanza Desconocida”, consiguió capturar en forma magistral el sistema de ideas interconectadas que quizá fueron explicadas sólo para sus propios oídos.
Thomas y Olga de Hartmann. El compositor Thomas de Hartmann trabajo arduamente con Gurdjieff para registrar las pautas musicales de los “Movimientos”. Su esposa Olga jugó, al lado del editor Alfred Orage, un rol notable en la publicación de las obras de Gurdjieff.
Jeanne de Salzmann. Coreógrafa y bailarina, gracias a ella se preservaron las Danzas Sagradas. Después de la muerte de Gurdjieff, siguiendo sus instrucciones, impulso en varios países la creación de las Fundaciones y Sociedades Gurdjieff.

El cuarto camino

Existen cuatro caminos para el trabajo sobre sí:
· El Camino del Faquir, el Primero, pone énfasis en el trabajo del cuerpo.
· El Camino del Monje, el Segundo, en las emociones.
· El Camino del Yogui, el Tercero, en el intelecto.
· Y el Cuarto Camino, que es el de Gurdjieff, trabaja simultáneamente sobre los tres centros.

Cada uno de estos cuatro caminos tiene sus propias dificultades, pero la peculiaridad del Cuarto es que el ser humano debe trabajar desde las circunstancias variables de la vida. El discípulo no tiene aquí posibilidades de esconderse en una montaña a meditar. Debe lidiar con las cambiantes condiciones externas, manteniendo el sentido y el sentimiento de trabajo y practicando la no identificación en medio de los sucesos y desdichas cotidianos.


Autor:  Silvia Alvarez Verdugo

El Cuarto Camino de Gurdjieff – El Trabajo Práctico Sobre Uno Mismo

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ADVERTENCIA

El Cuarto Camino no es para todos, ni siquiera para muchos sino para unos pocos.
Las ideas que se exponen más adelante son perturbadoras y, a menos que usted ya esté descontento con la vida tal como se presenta, por favor no siga leyendo.
Gracias.

A principios de este siglo, George Ivanovitch Gurdjieff trajo al occidente un “nuevo” método que llamó el “Cuarto Camino” para completar la transformación personal interior, como la única tarea que merece la pena de tomarse en serio dentro de esta existencia.

Lo que nosotros, actualmente llamamos el “Trabajo”, el “Cuarto Camino”, el camino de la “Evolución Personal” la “Evolución Voluntaria”, el camino del “Despertar”, etc., tiene sus orígenes muy arraigados en el mundo antiguo. Fue la primera religión conocida por el hombre, y sin embargo, en esa época, no se consideró como una religión.

Cuando se examina la historia de la humanidad en este planeta, la apariencia misma de la palabra “religión”, forma una línea de demarcación, entre una época de una comunicación sin adornos con las fuerzas superiores, es decir, de hacer el Trabajo, y la ritualizada pseudo-espiritual histeria y represión, que tiene sus raíces en las aplastantes necesidades económicas de la civilización humana.

Hace más o menos ochenta mil años, el primer ser humano de todos, cuyo nombre se ha perdido en la antigüedad, asumía una funcional relación de trabajo con el Absoluto, y también con otras fuerzas superiores.

Aquellos seres, los cuales hacían estos descubrimientos por casualidad, y que cumplían un papel importante, es decir un servicio para el Trabajo, lo hacían directamente a través de la relación de servicio que tenían con el jefe de su tribu local.

Era probable que se llamaran chamanes o curanderos, y todavía existe hoy en día una tradición muy fuerte ligada a éstos, no obligatoriamente con un linaje relacionado con el Trabajo. Ahora bien, hace más o menos ocho mil años, otro ser humano, cuyo nombre, también ha sido borrado de la historia, decidió formalizar y codificar el conjunto de la tradición oral, y así de acuerdo con esta orden, todo el conocimiento existente y relacionado con el tema de la Evolución-Personal-Voluntaria, forjando así el Unificado Código del Trabajo, o sea, el UCT. Por supuesto esta es una traducción muy basta, y más o menos así estaban las cosas para cuando aparecieron las culturas de Sumeria y Babilonia.

Antes de esta época, no había escuelas en sí, las habilidades fueron pasadas oralmente de generación a generación, de padre a hijo. Por supuesto, alguien que fuera un candidato para el Trabajo, tenía que ser sometido a un cierto grado de disciplina. Pero, lo importante era que, puesto que las disciplinas mentales y emocionales ya formaban una parte importante de la vida cotidiana tribal, cualquier disciplina fuera de lo normal solía tener que ver sólo con temas físicos, siguiendo las pautas del típico faquir de la India, por ejemplo. Y esto ha causado el gran cambio en la presentación. La total ausencia de tales disciplinas, tanto mentales como emocionales, del mundo moderno. Esto requiere que sean re-introducidas artificialmente a cualquiera que aspire a ser un candidato para esta clase de Trabajo. Así, todo lo que pertenecía a la formación de candidatos para el Trabajo tenía que ser cada vez más formalizado, y por esto, se crearon “escuelas”.

En términos prácticos, esto significa que en la sociedad moderna, partimos de bajo cero. El tercer estado de la consciencia, es decir, el estado de la íntima recordación de sí mismo, de la presencia de nuestra presencia en el presente, es el punto de partida normal para la evolución voluntaria y el trabajo práctico sobre uno mismo. Si la civilización estuviera a la altura de su nombre, podríamos empezar desde este estado.

Una de las innovaciones durante el Imperio Babilonio, por supuesto debido a los varios cambios culturales y sus efectos en los seres de esa época, fue la introducción de ejercicios mentales-psicológicos en grandes y complicadas dosis. Siendo la idea, la introducción de una artificial sobrecarga mental, y así mantener tan ocupado el cerebro de la cabeza, para que los procesos ordinarios de pensamiento asociativo y lineal fueran imposibles.

Muchos de los maestros sumerios acabaron siendo esclavizados por los babilonios, sirios, caldeos y otras tribus agresivas de la zona. También acabaron en colonias sumerias e incluso en el norte hasta incluso Gran Bretaña e Irlanda. Estas enseñanzas también encontraron una manera de entrar en Egipto.

Más tarde, estos profundos conocimientos, que poseían tanto los sumerios como los babilonios, formaban el cuerpo principal del Sufismo clásico. Se suele identificar el Sufismo con el Islam, y se cree que tiene allí sus orígenes, pero el Sufismo, en realidad, precede al Islam en miles de años. El Sufismo es una forma del Cuarto Camino muy elegante, que no ha sido reconocido fuera de su forma islámica, pero para hacer esta separación ahora mismo, el Islam, como cualquier otra organización o ente religioso organizado, sólo existe para el beneficio de la existencia continua de la organización misma. Fue en el siglo VI, cuando fue introducida en el Kurdistán, un sitio al que antiguamente llamaron la Provincia de Saramoung, una de las ideas principales, la que forma la base de todo el trabajo sobre uno mismo, el ejercicio iniciador (Trabajo Practico sobre Uno Mismo) de todas las escuelas modernas.

Durante muchas épocas, el Trabajo ha demostrado que no es algo ni estable ni repetitivo; ha cambiado constantemente, y se ha mostrado en varias formas, aunque la naturaleza, los principios fundamentales, nunca han cambiado. Tristemente, siempre habrá neófitos, que caen en la trampa de lo convencional, y consagrarán toda su vida de trabajo a las formas muertas del pasado.

Gurdjieff es un maestro que ha tenido el máximo de publicidad en occidente durante los últimos cincuenta años. Lo que tenemos que tener en cuenta, es que antes de Gurdjieff, existían maestros competentes, y que después de su muerte, siguen existiendo, tanto escuelas como maestros. El reto siempre ha sido identificarlos.

Eugene Jeffrey (E.J.) Gold

En la actualidad, la mejor materia PRÁCTICA del cuarto camino, a modo de herramienta del Trabajo es ofrecida por el maestro E.J. Gold. En la primavera de 1983, E.J. Gold viajó a Nueva York e inició un ciclo impresionante de conferencias tanto en reuniones públicas como privadas. En ellas, no se limitó a reiterar temas e ideas que lleva enunciando durante más de veinte años. Barrió la superestructura de su teoría y reformuló los fundamentos para un curso práctico del trabajo transformacional. Uno de los escritos iniciales de Gold, el libro “La Máquina Biológica Humana como Aparato de Transformación”, es una introducción a un vasto cuerpo de escritos, todos relacionados con hacer que nosotros lleguemos a un entendimiento de nuestro trabajo real en este mundo. El interés de Gold es trabajar exclusivamente por la evolución del yo esencial, nunca en la modificación de la “máquina biológica humana” para su mayor comodidad o seguridad, el trabajo va “Más Allá de la Superación Personal”.

Sabemos que dentro del cuerpo biológico humano existe, pasiva y silenciosamente, un ser más profundo que tiene el potencial para la continuación. Desde esta idea, Gold nos lleva hacia el campo de los místicos y guías de todas las tradiciones desarrollando el concepto de que la continuación del ser más profundo depende de lograr su transformación mediante el uso especial del cuerpo-máquina durante una vida humana. Sólo esta específica transformación, conseguida a través de esfuerzos exactos, puede brindarnos la auténtica liberación de la compulsiva atracción por la vida orgánica. La tarea de establecerlo lógica e intelectualmente corresponde a los escritores contemporáneos de fenomenología y psicología.

El verdadero interés del Sr. Gold radica en otra parte; en el “cómo” más que en el “por qué”. El uso de la máquina biológica humana como un arma contra sí misma, al activar sus funciones superiores transformativas, es una ciencia exacta, y lo que se requiere es un manual, un juego de herramientas para llevar a cabo esta tarea. De ninguna manera es una tarea imposible, ni la estrategia particularmente compleja. La base de este método es muy sencilla. E.J. Gold no es gurú de escritorio. Cada una de sus enseñanzas sobre este camino es el resultado de su trabajo empírico consigo mismo y con sus colaboradores. Como pocos contemporáneos, el Sr. Gold no sólo dirigió impecablemente su búsqueda interior por muchos años, sino que también se tomó el trabajo de cartografiar el territorio, anotar los mapas, describir la travesía y hacer una fidedigna guía de los senderos y peligros que podemos encontrar en el camino de la transformación interior.

Por otro lado, es un camino formidable a seguir, precisamente por su eficacia. Sugiere incursiones estilo comando sobre el condicionamiento hipnótico y las restricciones de la vida ordinaria, que el cuerpo, por supuesto, resistirá con toda su astucia y obstinada voluntad. Lo que el discípulo necesita más que justificaciones filosóficas, son “recursos del campo de batalla” -o sea, alternativas comprobadas en batalla para la supervivencia detrás de las líneas enemigas

La enseñanzas de esta escuela, trabajan con el libro llamado Trabajo Práctico Sobre Uno Mismo, escrito por E.J. Gold. Es un libro que contiene 24 ejercicios para ser llevados a cabo en la vida cotidiana. Estos ejercicios se hacen en una cierta secuencia, edificándose uno sobre otro para producir datos para el despertar de la máquina y para el trabajo interior del Yo Esencial.

El Trabajo Práctico Sobre Uno Mismo constituye un método claro, conciso y comprensible para obtener resultados reales y duraderos, cualesquiera que sean las condiciones de vida en que nos encontremos en este momento. Es una exposición moderna de unas ideas que han existido fuera de la corriente principal del conocimiento durante milenios, en vehículos tales como la transmisión oral del chamanismo y los tratados herméticos de los alquimistas medievales. Claro está que tiene raíces en lo esotérico y en la psicología transformacional; pero incluso lo más esotérico, si no se funde en lo práctico, se queda en la filosofía o en la simple creencia.

El Trabajo Práctico Sobre Uno Mismo hace un puente entre lo esotérico y lo práctico con la convicción de que la comprensión de las cosas llega a través de la experiencia personal. Contiene una serie de veinticuatro ejercicios prácticos que hacen que el Trabajo se constituya en una forma de vida para nosotros, formando una base para acercarnos al estado de despertar y a la transformación.

Quizás hayas escuchado las expresiones: “trabajar sobre uno mismo” y llevar a cabo “el trabajo personal”. ¿Qué es lo que significan? La pregunta clave es: ¿Cómo hacer que estas expresiones cobren vida para nosotros mismos, y que en la práctica nos pongamos manos a la obra?

Trabajo Práctico Sobre Uno Mismo, un libro escrito por E.J. Gold. Contiene 24 capítulos con ejercicios para ser llevados a cabo en la vida cotidiana. Estos ejercicios se hacen en cierta secuencia, edificándose uno encima de otro para producir datos “en tiempo real” para el despertar de la máquina y para la transformación del Yo Esencial.

Hay veintitrés capítulos más que forman un conjunto llamado “El Gran 24”. El objetivo es de formar un grupo de viajeros con la atención, concentración y presencia necesarias para dedicarse a llevar a cabo estos ejercicios durante la vida cotidiana uno tras otro.

Sería fructífero asumir que cuando el Sr.Gold escribe, las palabras no están escritas accidentalmente. Cuando él escribe un libro tal como El Trabajo Práctico Sobre Uno Mismo (TPSUM), el 100% del texto es importante. Así que, mirando el título, es de suponer que cada palabra significa exactamente lo que él tiene intención de decir, y que la palabra “Sobre” no fue colocada sólo para hacer que “Práctico” y “Uno” no se chocasen. Tenemos que suponer que este título significa exactamente lo que leemos en él.

Si has leído en algún sitio que pasamos la mayor parte de nuestra vida en un estado sonámbulo, te puedes hacer la pregunta: “Pero yo en particular, ¿estoy dormido?, sé vestirme por la mañana, me gano la vida adecuadamente, me alimento bien. ¿En qué consiste este “sueño”? ¿Puedo percibirlo?”. Este libro nos permite emprender el primer paso en el camino; darnos cuenta de nuestro propio sueño y saborear el estado de despertar…

Lo importante es la recolección de tus propias pruebas relacionadas contigo mismo; aunque hayas percibido el sueño en otro, no te servirá de nada, eso sería cumplir el “Trabajo sobre los Demás”. Si percibes cuándo estás dormido, también podrás percibir cuándo no lo estás.

Eugene Jeffrey (E.J.) Gold

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E.J.Gold es un auténtico viajero en la tradición heroica, manteniendo siempre cerca de su corazón los propósitos más elevados y la más pura ética a través de sus exploraciones. La historia de su vida es una verdadera odisea a través de la sociedad contemporánea, un viaje atrevido para desentrañar secretos interiores, que aprendió comunicar hábilmente a otros.

El Señor Gold tuvo lo que sólo se podía llamar una niñez `culturalmente privilegiada` en el sentido de que el apartamento de sus padres en Nueva York era lugar de encuentro de la intelectualidad neoyorquina de la época, que se reunía con su padre Horace L. Gold, fundador y editor de la revista Galaxy de ciencia-ficción. De niño, conoció a escritores, artistas y científicos visionarios. Con una afición prematura por la escritura y todas las artes, en la adolescencia, empezó a publicar historias de ciencia-ficción, a escribir guiones cinematográficos y a trabajar con su padre en la revista Galaxy.

Pintor y escultor dotado, Gold se trasladó a Los Ángeles a finales de los años 50, allí estudió arte y cine, y en los años 60 se reveló como escultor de prestigio en el grupo `Los Nueve de California`. En Hollywood, escribió guiones de películas y programas de televisión, y actuó por derecho propio como cómico y actor dramático. Con un interés vivo por la música clásica y el jazz, produjo y dirigió profesionalmente discos para diversos artistas importantes durante los movidos años 60, y actuó con muchas bandas en clubes de jazz de Nueva York y Los Ángeles.

Versátil y dotado como era, E.J. Gold no se conformó con establecerse como artista exitoso en un rincón seguro. Trabajaba para dominar cada arte y campo de comunicación sobre el que pudiera poner sus manos, usando siempre una faceta para complementar sus conocimientos en otra -culminando en su impresionante éxito en la profundización del tema de la transformación personal. A partir de finales de los años 50, ha trabajado con personas en grupos para investigar y comprobar toda la gama de aproximaciones a la transformación.

Habiendo empezado antes de que la vida espiritual se convirtiera en un gran negocio, E.J. Gold sigue, veinticinco años después, trabajando activamente en este campo. Ahora es conocido internacionalmente como creador de procesos contemporáneos en la psicología de transformación -un maestro de maestros- y como proponente magistral de antiguos métodos comprobados de `viajar por el laberinto` y de evolución voluntaria. También, como escritor de escritores, es un viejo socio del SFWA (Escritores de Ciencia-Ficción de América), maestro de la sátira y autor de más de veinte libros, que tratan temas que van desde el parto natural y la muerte consciente hasta el chamanismo y las técnicas de visión mística.

Según sus colegas, admiradores, y los críticos de sus libros, su última serie de escritos, empezando por La Máquina Biológica Humana como Aparato de Transformación, es su contribución más relevante hasta la fecha a la literatura del misticismo, de la consciencia, y de la meditación. Su especialidad literaria es el uso práctico de clásicos hace tiempo atrofiados, obras maestras de ideas presentadas con la máxima fuerza y claridad, ideas que no han salido de la abstracción intelectual, sino que han sido comprobadas, vividas y comunicadas desde el corazón.

Con la publicación de Los Siete Cuerpos del Hombre y Las Visiones en la Piedra, el Señor Gold ha dado un paso que ha hecho que muchos de sus alumnos se queden sin respiración, al lanzar en formato público -no como materiales de distribución restringida para grupos de estudio- lo más sensacional y profundo de sus descubrimientos, obtenidos a lo largo de veinticinco años de investigaciones relacionadas con el despertar interior y la transformación. Más cercano que nunca a la perla-sin-precio, la comprensión por el corazón de los conocimientos nunca-perdidos del propósito de la vida, E.J. Gold invita a los lectores exigentes de todas partes a degustar del banquete de sus nuevos libros y a llevarse lo que puedan utilizar para su propia nutrición.

La máquina dormida no produce –ni puede producir- la transformación. Un cambio en el Ser se obtiene sólo a través de esfuerzos intensos, y de la lucha contra nuestra tendencia a caer en un estado de identificación con el sueño de la máquina.

Debemos darnos cuenta de que no podremos convencernos sólo con datos mentales y razonamientos de que la máquina biológica está realmente dormida, de que el Ser está identificado con el sueño de la máquina, y que el sentido y objetivo de la vida humana en la tierra –o sea, la máquina biológica humana funcionando como un aparato de transformación para la posible evolución del Ser- de ninguna manera puede seguir adelante en una máquina dormida.

En cualquier caso, nadie sería capaz de ver la realidad de la situación a partir de argumentos meramente intelectuales, provenientes del exterior.

En resumen, debemos proporcionarnos un choque intencionado, una experiencia personal tangible, en la cual veamos por nosotros mismos que todo esto no es simplemente alguna clase de filosofía interesante preparada para nuestra diversión.

De algún modo, debemos ver, sentir y percibir por nosotros mismos, que la máquina está realmente dormida; puede que, incluso, la veamos como realmente muerta en el sentido más siniestro de la palabra.

Hasta que hayamos visto claramente por nosotros mismos que la máquina está dormida y, por lo tanto, que no es consciente de ningún modo, y más aún, que no podemos hacernos conscientes simplemente decidiendo despertar a la máquina, no sentiremos realmente la necesidad de trabajar.

Una vez que hayamos sentido y percibido el sueño de la máquina, aunque sólo sea momentáneamente, sabremos instintivamente que debemos elegir: o bien quedarnos dormidos durante el resto de nuestras vidas, o bien empezar a hacer esfuerzos para despertar a la máquina.

Para nosotros, son posibles cuatro formas definidas de consciencia:gold13

El Sueño Horizontal

El Sueño Ambulante

El Estado de Despertar

La Transformación del Ser

Sin la ayuda de escuela alguna, ya podemos producir en nosotros el Sueño Horizontal y el Sueño Ambulante.

Ahora la pregunta es, ¿Cuántos buscadores están realmente preparados para dejar de buscar, para dedicarse, para mirar la situación como es realmente, y empezar a trabajar en el nivel básico del sí mismo primate mecánico, habituado y condicionado?

La tradición de Gurdjieff: Una verdadera escuela del Cuarto Camino

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Gurdjieff explicó que el Cuarto Camino no requiere que una persona abandone sus condiciones normales de vida; de hecho, estas condiciones son ideales para la observación de sí mismo

El Cuarto Camino

George Gurdjieff y Peter Ouspensky introdujeron las ideas poderosas del Cuarto Camino a quienes buscan la verdad sobre la existencia del hombre sobre la tierra. Dijo Gurdjieff: “¿No te das cuenta de tu situación?”. Estás en una prisión. Lo único que puedes desear, si eres un hombre sensato, es escapar. Pero, ¿cómo hacerlo? Nadie puede escapar de una prisión sin la ayuda de quienes han escapado antes. Una organización es necesaria”.

Gurdjieff explicó que el Cuarto Camino no requiere que una persona abandone sus condiciones normales de vida; de hecho, estas condiciones son ideales para la observación de sí mismo. Gurdjieff señaló que el Cuarto Camino debe ser encontrado, a diferencia de los otros tres caminos de iluminación (el camino del faquir, el camino del monje y el camino del yogui). Cuando encuentras una escuela del Cuarto Camino dirigida por una persona que ha roto las cadenas del sueño y que ha alcanzado un nivel de consciencia más elevado, se te enseña a alcanzar el potencial completo de tus posibilidades de evolución humana. Se te enseña a liberarte del poder de tu máquina estímulo respuesta que te mantiene dormido. Se te enseña a recordarte a ti mismo. Se te enseña a despertar.

Peter Ouspensky señaló, “Debes darte cuenta, permanentemente, de tu impotencia y de tu profundo sueño”. Muchos grupos se han formado para estudiar las ideas sobre el sistema del Cuarto Camino que Gurdjieff y Ouspensky introdujeron en el Occidente. Pero sin un guía consciente que le enseñe a uno, es sólo un ciego guiando a los ciegos.

Gurdjieff y Ouspensky: Sobre la decisión de trabajar

English: Peter D. Ouspensky (March 4, 1878–Oct...

English: Peter D. Ouspensky (March 4, 1878–October 2, 1947) a Russian philosopher,invoked euclidean and noneuclidean geometry in his discussions of psychology and higher dimensions of existence. (Photo credit: Wikipedia)

El conocimiento, por sí mismo, no aumentará nuestro nivel de consciencia. Como explicó Gurdjieff, “El requisito principal que se le pide a una persona es la comprensión”. Podemos cambiar nuestro nivel de consciencia a través de los esfuerzos cotidianos organizados en una verdadera escuela del Cuarto Camino. No es una casualidad que el Cuarto Camino sea llamado también el camino del Trabajo. Peter Ouspensky decía a sus estudiantes, “Debes decidirte: Quieres trabajar o no”, porque ”Ningún trabajo puede ser hecho en el sueño”.

Verificando las palabras de Gurdjieff

Gurdjieff indicó claramente, “Te pido que no creas en nada que no puedas verificar por ti mismo.” La verificación es la base para el trabajo sobre uno mismo en una escuela del Cuarto Camino.

Creer en la experiencia de otra persona no aumentará nuestra comprensión ni cambiará nuestro nivel de ser. Este Trabajo se vuelve práctico a través de la observación de sí mismo y por los esfuerzos constantes para recordarse a sí mismo. A medida que vemos como son mecánicas son nuestras manifestaciones, y cuánto estamos dormidos a ellas, comenzamos a verificar la frase de Gurdjieff: “El hombre es una máquina. Por sí mismo el hombre es incapaz de producir un solo pensamiento o una sola acción. Todo lo que dice, hace, piensa o siente, todo ocurre.

La verificación es un proceso largo y lento pero gratificante, en el cual vemos lo que somos y vislumbramos lo que podemos llegar a ser.

La tradición de Gurdjieff: Una verdadera escuela del Cuarto Camino

Gurdjieff y Ouspensky nos recuerdan que son raras las escuelas verdaderas del Cuarto Camino . Ellas requieren de una cierta estructura organizada en tres líneas: trabajo sobre uno mismo, trabajo con otros estudiantes y trabajo para la escuela. Ellas también requieren un maestro consciente, alguien que ha escapado de las leyes de la mecanicidad y ha despertado.

Sin una organización y guía de ese tipo, los esfuerzos para producir una consciencia más elevada sólo pueden producir resultados limitados.

La enseñanza de Gurdjieff

Andrés Leyte hace 1 año

Pensaba que este tipo de cosas eran una payasada, pero poco a poco te vas dando cuenta que somos esclavos y que no tomamos decisiones, sólo reaccionamos y pensamos que esa es una decisión libre, tenemos libre albedrío vaya mentira, hasta conocer la verdadera libertad por un instante es como nos damos cuenta que somos esclavos.

trukutru88 hace 1 año

Solo lo que puedo decir que no todos tienen oídos para escuchar esto, y mucho menos aplicarlo solo algunos son los elegidos, estarás en ellos?

Verónica Roberts hace 8 meses

lindísimo aporte al alma de cualquier interesado en ahondar el espíritu de su ser! ! ! !

tierrapagana1 hace 7 meses

Muy bueno!! Gurdjieff es lo mejor que hay para despertar.

Carlosferful hace 6 meses

Por favor cual es el tema musical que suena de fondo, parece una banda sonora, pueden decirme el nombre del tema, gracias.

Miguel Ángel Tapia hace 4 meses

Muy bueno el vídeo……La hora y la nueva Era de DESPERTAR LLEGO.