EL SECRETO DE LA FELICIDAD

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“Algo debe suceder en mi vida para que yo pueda alcanzar la paz (la felicidad, la realización, etcétera). Y resiento que no haya sucedido todavía. Quizás con mi resentimiento logre que suceda finalmente”.

“Algo sucedió en el pasado que no debió suceder y lo resien­to. Si eso no hubiera sucedido, tendría paz ahora”.

“Me está sucediendo algo que no debería sucederme y me está impidiendo tener paz”.

Muchas veces, las creencias inconscientes apuntan a una persona, de manera que la palabra “suceder” se reemplaza por “hacer”.

“Deberías hacer esto o aquello para que yo pueda tener paz. Y resiento que no lo hayas hecho. Quizás con mi resentimien­to logre que lo hagas”.

“Algo que tú (o yo) hicimos, dijimos o dejamos de hacer en el pasado me está impidiendo tener paz”.

“Lo que haces o no haces ahora me está impidiendo tener paz”.

Eckhart Tolle

Eckhart Tolle

Todas las citas anteriores son supuestos que no se han examinado y que confundimos con la realidad. Son historias creadas por el ego para convencernos de que no podemos estar en paz en el presente y tampoco ser nosotros mismos. Estar en paz y ser quienes somos es lo mismo. El ego dice: quizás en un futuro podré tener paz si tal o cual cosa sucede o si obtengo aquello o me convierto en lo de más allá. También dice: no podré estar en paz jamás a causa de algo que sucedió en el pasado. En general, todo el mundo cuenta la misma historia, “por qué no puedo tener paz ahora”. El ego no sabe que nuestra única oportunidad para estar en paz es ahora. O quizás sí lo sabe pero teme que lo averigüemos. Después de todo, la paz representa la aniquilación del ego.

¿Cómo podemos alcanzar la paz ahora? Haciendo la paz con el momento presente. El momento presente es el campo en el cual transcurre el juego de la vida. No puede jugarse en ningún otro lugar. Una vez hecha la paz con el momento presente, podemos ver lo que sucede, lo que podemos hacer o lo que optamos por hacer, o más bien, lo que la vida hace a través de nosotros. Hay cuatro palabras en las cuales se encierra el secreto del arte de vivir, el secreto del éxito y la felicidad: uno con la vida. Ser uno con la vida significa ser Uno con el Ahora. Entonces nos damos cuenta de que no vivimos la vida, sino que ésta nos vive. La vida es la bailarina y nosotros somos la danza.

Al ego le encanta estar resentido con la realidad. ¿Qué es la realidad? Cualquier cosa que es. Buda la denominó tatata, el tal o cual de la vida, es decir, nada más que el tal o cual de este momento. Oponerse a ese tal o cual es una de las principales características del ego. Esa oposición crea la negatividad de la cual se alimenta el ego, la infelicidad que tanto le gusta. De esta manera sufrimos y hacemos sufrir a los demás sin siquiera saberlo, sin darnos cuenta de que estamos creando el infierno en la tierra. Crear sufrimiento sin reconocerlo es la esencia de la vida inconsciente y es estar completamente bajo el control del ego. La incapacidad del ego para reconocerse y ver lo que hace es verdaderamente aterradora e increíble. El ego hace exactamente lo que condena en los demás y ni siquiera se da cuenta. Cuando se lo señala, recurre a la negación, la ira, los argumentos y las justificaciones que distorsionan los hechos. Y todo el mundo lo hace, las personas, las empresas y los gobiernos. Cuando todo lo demás falla, el ego recurre a los gritos y hasta a la violencia física. ¡Que manden al ejército! Es entonces cuando reconocemos la sabiduría de las palabras de Jesús en la cruz: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Para poner fin a la desgracia que se ha cernido sobre la condición humana durante miles de años, debemos comenzar con nosotros mismos y asumir la responsabilidad por nuestro estado interior en todo momento. Eso significa que debe ser ahora mismo. Pregúntese si hay negatividad en su interior en este mismo momento. Entonces preste atención a sus pensamientos y también a sus emociones. Esté alerta a esa infelicidad latente a la cual me referí anteriormente, en cualquiera de sus formas: descontento, nerviosismo, hastío, etcétera. Esté alerta a los pensamientos que aparentemente justifican o explican esa infelicidad pero que en realidad son los causantes de la misma. Tan pronto como tome conciencia de un estado negativo en su interior no piense que ha fallado. Significa que ha tenido éxito. Mientras no hay esa conciencia, prevalece la identificación con los estados interiores, y esa identificación es el ego. Con la conciencia se suspende la identificación con los pensamientos, las emociones y las reacciones. Este estado no debe confundirse con la negación. Al reconocerse los pensamientos, las emociones y las reacciones, se suspende automáticamente esa identificación. Entonces cambia nuestro sentido de lo que somos, nuestra sensación de ser: antes éramos pensamientos, emociones y reacciones; ahora somos conciencia, la Presencia consciente que observa esos estados.

“Un día me liberaré del ego”. ¿Quién habla? El ego. Liberarse del ego realmente no representa un gran esfuerzo. Lo único que se necesita es tomar conciencia de los pensamientos y las emociones en el mismo momento en el que suceden. No se trata realmente de “hacer”, sino de “ver”. En ese sentido, es cierto que no hay nada que podamos hacer para liberarnos del ego. Cuando se produce el cambio de pasar de pensar a observar, entra a operar en nuestras vidas una inteligencia muy superior a la astucia del ego. Las emociones y hasta los pensamientos se despersonalizan a través de la conciencia. Reconocemos su naturaleza impersonal. Dejan de estar cargados del “yo”. Son solamente emociones y pensamientos humanos. Toda la historia personal, la cual no es más que un cuento, un paquete de pensamientos y emociones, pasa a ocupar un lugar secundario y deja de ocupar el primer lugar en la conciencia. Deja de ser la base de nuestro sentido de identidad. Pasamos a ser la luz de la Presencia, la conciencia profunda que antecede a los pensamientos y las emociones.

ECKHART TOLLE

Thalia – Amore Mío (Letra / Lyric Video)

Las lágrimas no son necesariamente de tristeza; a veces son el resultado de una gran felicidad y a veces vienen de una gran paz y a veces surgen del éxtasis y del amor

Las Lágrimas

Nunca tengas miedo de las lágrimas. La llamada civilización te ha hecho sentir mucho miedo de las lágrimas. Ha creado una especie de culpa en ti. Cuando las lágrimas llegan empiezas a sentirte avergonzado. Empiezas a sentir, “¿Qué pensarán los demás? ¡Soy un hombre y estoy llorando! Se ve tan femenino e infantil. No debería ser así”. Tú detienes esas lágrimas… y matas algo que estaba creciendo en tu interior.

Las lágrimas son mucho más hermosas que cualquier cosa que llevas contigo, porque las lágrimas son el producto del desbordamiento de tu ser. Las lágrimas no son necesariamente de tristeza; a veces son el resultado de una gran felicidad y a veces vienen de una gran paz y a veces surgen del éxtasis y del amor. De hecho no tienen nada que ver con la tristeza o la alegría. Cualquier cosa que comprima demasiado tu corazón, cualquier cosa que te posea, cualquier cosa que sea demasiado, que no puedas contener y empiece a desbordarse — trae lágrimas.

Acéptalas con gran alegría, deléitate con ellas, nútrelas, dales la bienvenida, y a través de las lágrimas aprenderás a rezar.

 

A través de las lágrimas aprenderás a ver

Unos ojos llenos de lágrimas son capaces de ver la verdad. Unos ojos llenos de lágrimas son capaces de ver la belleza de la vida y su bendición.

 

Osho, The Diamond Sutra

La religión es magia, y tú puedes ser el mago. Eso es lo que te enseño: a ser el Mago, a conocer el Secreto de la Magia.

La Ley de la Magia

Te hablaré de una de las leyes más profundas de la vida. Puede que nunca hayas pensado en absoluto sobre ella. Has escuchado -toda la ciencia depende de ello- que la causa y el efecto son la base. Creas la causa y el efecto le sigue. La vida es una conexión causal. Pon la semilla en la tierra y brotará. Si la causa está allí, entonces seguirá el árbol. El fuego está allí: pon tu mano en él y se quemará. La causa está allí y el efecto le seguirá. Toma veneno y morirás. Haz los arreglos para la causa y entonces el efecto le seguirá.

Ésta es una de las leyes científicas más básicas, esa causa y efecto es la conexión más íntima de todos los procesos de la vida. La religión conoce una segunda ley aún más profunda que ésta. Pero la segunda ley que es más profunda que ésta parecerá absurda si no la conoces y experimentas con ella.

La religión dice: Produce el efecto y la causa le sigue. Esto es absolutamente absurdo en términos científicos. La ciencia dice: Si la causa está allí, el efecto le sigue. La religión dice que el inverso es también cierto: crea el efecto, y observa… la causa le sigue.

Hay una situación en la cual te sientes feliz. Un amigo ha venido, alguien a quien amas ha llamado. Una situación es la causa… te sientes feliz. La felicidad es el efecto. La llegada del amado es la causa. La religión dice: Sé feliz y el amado llega. Crea el efecto y la causa le seguirá.

Ésta es mi propia experiencia, que la segunda ley es más básica que la primera. La he estado practicando y ha estado sucediendo. Simplemente sé feliz: el amado llega. Simplemente sé feliz: los amigos están allí. Simplemente sé feliz: todas las cosas vienen detrás.

Jesús dice lo mismo en palabras distintas: Buscad antes el Reino de Dios, y todo lo demás sucederá. Pero el Reino de Dios es el final, el efecto. Buscad primero el final… el final significa el efecto, el resultado… y la causa le seguirá. Así es como debería ser.

No se trata sólo de que coloques una semilla en la tierra y el árbol le siga; permite que haya un árbol y habrá millones de semillas. Si la causa es seguida por el efecto, el efecto es seguido de nuevo por la causa. ¡Ésta es la cadena! Entonces se convierte en un círculo… comienza por donde sea, crea la causa o crea el efecto.

Yo te lo digo, es más sencillo crear el efecto porque el efecto depende totalmente de ti; puede que la causa no dependa tanto de ti. Si digo que sólo puedo ser feliz cuando cierto amigo está allí, entonces depende de cierto amigo, de si está o no allí. Si digo que no puedo ser feliz hasta que obtenga esta cierta riqueza, entonces esto depende del mundo entero y las situaciones económicas y todo lo demás. Puede no suceder, y entonces no puedo ser feliz.

La causa está más allá de mí. El efecto está dentro de mí. La causa está en los alrededores, en las situaciones… la causa está fuera. ¡El efecto soy yo! Si puedo crear el efecto, la causa le seguirá.

Elige la felicidad… eso significa que estás eligiendo el efecto… y después observa qué sucede. Elige el éxtasis y observa qué sucede. Elige ser dichoso y observa qué sucede. Tu vida entera cambiará inmediatamente y verás milagros sucediendo a tu alrededor… porque ahora has creado el efecto y las causas tendrán que seguirle.

Esto parecerá mágico; incluso puedes llamarlo “La Ley de la Magia.” La primera es la ley de la ciencia y la segunda es la ley de la magia. La religión es magia, y tú puedes ser el mago. Eso es lo que te enseño: a ser el mago, a conocer el secreto de la magia.

¡Inténtalo! Has estado intentando lo otro toda tu vida… no sólo eso, sino también muchas otras vidas. ¡Ahora escúchame! Prueba esta fórmula mágica, este mantra que te doy. Crea el efecto y ve qué sucede; las causas te rodean inmediatamente, suceden. No esperes las causas; has esperado suficiente tiempo. Elige la felicidad y serás feliz.

¿Cuál es el problema? ¿Por qué no puedes elegir? ¿Por qué no puedes trabajar en esta ley? Porque tu mente, toda la mente, que ha sido entrenada a través de pensamiento científico, dice que si no eres feliz y tratas de ser feliz, esa felicidad será artificial. Si no eres feliz y tratas de ser feliz eso sólo será actuar, eso no será real. Esto es lo que el pensamiento científico dice, que eso no será real, simplemente estarás actuando.

Pero tú no lo sabes: la energía de la vida tiene sus propias formas de funcionar. Si puedes actuar con totalidad, se volverá real. Lo único es que el actor no debe estar allí. Entra totalmente en ello, entonces no hay diferencia. Si estás actuando con el corazón a medias entonces seguirá siendo artificial.

Si te digo que bailes y cantes y seas dichoso, y lo intentas con el corazón a medias, sólo para ver qué sucede, pero te quedas rezagado… y sigues pensando, “Esto sólo es artificial. Estoy intentando pero no está sucediendo, esto no es espontáneo…” Entonces seguirá siendo actuación, un desperdicio de tiempo.

Si lo intentas, entonces inténtalo con todo el corazón. No te quedes rezagado, adéntrate en ello, convierte en la actuación… disuelve al actor en la actuación y después ve qué sucede. Se volverá real y entonces sentirás que es espontáneo. No lo has hecho tú; entonces sabrás que ha sucedido. Pero a menos que seas total, esto no puede suceder. Crea el efecto, estate totalmente en él, ve y observa los resultados.

Puedo convertirte en un rey sin reino; sólo tienes que actuar como rey, y actuar tan totalmente que, ante ti, un rey verdadero parecerá como si sólo estuviese actuando. Y cuando toda la energía se ha desplazado en ello, ¡se convierte en realidad! La energía hace que cualquier cosa sea real. Si esperas a que los reinos vengan, nunca lo harán.

Ni siquiera vinieron para un Napoleón, para un Alejandro Magno, que tenían grandes reinos. Permanecieron en la desdicha porque no se dieron cuenta de la segunda, más básica y primaria ley de la vida. Alejandro Magno trataba de crear un reino más grande, de volverse un rey más grande. Toda su vida fue desperdiciada en crear el reino, y entonces no hubo tiempo de sobra para que fuera rey. Murió antes de que el reino estuviera completo.

Esto le ha sucedido a muchos. El reino nunca podrá estar completo. El mundo es infinito; tu reino está destinado a quedarse parcial. ¿Cómo puedes ser un rey total con un reino parcial? El reino está destinado a ser limitado y con un reino limitado, ¿cómo puedes ser el emperador? Es imposible. Pero puedes ser el emperador. Simplemente crea el efecto.

Swami Ram, uno de los místicos de este siglo, fue a América. Solía llamarse a sí mismo Badshah Ram, Emperador Ram. ¡Y era un mendigo! Alguien le dijo: Simplemente eres un mendigo, pero vas por ahí llamándote el emperador. Así que Ram dijo: No veas mis cosas, mírame a mí. Y tenía razón, porque si ves las cosas entonces todos son un mendigo… incluso un emperador. Puede ser un mendigo más grande, eso es todo. Cuando Ram dijo: ¡Mírame! en ese momento, Ram fue el emperador. Si mirabas, el emperador estaba ahí.

Crea el efecto, vuélvete el emperador, sé un mago… y a partir de este preciso momento, porque no hay necesidad de esperar. Uno tiene que esperar si el reino tiene que venir primero. Si la causa tiene que ser creada primero, entonces uno tiene que esperar y esperar y esperar y posponer. No hay necesidad de esperar para crear el efecto. Puedes ser el emperador en este preciso momento.

Cuando digo !Sé!… simplemente sé el emperador y ve: el reino le sigue…. Lo he sabido a través de mi experiencia. No estoy hablándote sobre una teoría o una doctrina. Sé feliz, y en esa cima de felicidad verás que el mundo entero es feliz contigo.

Hay un viejo refrán: Ríe y el mundo entero se reirá contigo; llora, y llorarás en soledad. Incluso los árboles, las rocas, la arena, las nubes… si puedes crear el efecto y estar extático, todos bailarán contigo; entonces toda la existencia se convierte en una danza, una celebración.

Pero depende de ti, de si puedes crear el efecto. Y te digo, tú puedes crearlo. Es la cosa más fácil de hacer posible. Parece muy difícil porque aún no lo has intentado. ¡Inténtalo!

OSHO

NUESTROS SENTIMIENTOS PUEDEN CAMBIAR EL MUNDO

LA CIENCIA DE LOS MILAGROS:   El gran cdigo Isaas    PPS
Muchos quisiéramos que el mundo fuera de otra manera. En este vídeo, Gregg Braden, científico diseñador de sistemas de computación aeroespaciales y que trabajó como geólogo jefe de Phillips Petroleum y en Cisco Systems, nos da las pautas.

Cada día podemos comprobar como los postulados de la ciencia actual concuerdan con los de las antiguas tradiciones; y como muchos mensajes “canalizados”, provengan de donde provengan, hacen referencias paralelas. Invita a una seria reflexión el hecho de que los genes humanos, influidos por los sentimientos humanos, interactúan con el entorno, ésa es la clave. Volviendo al principio… sí, podemos cambiar el mundo, tenemos ese poder.

Agradecemos los subtítulos en castellano proporcionados por http://www.decidatriunfar.net ; ))

Si amas a una mujer, si ella es tu placer, entonces esa mujer se convierte en tu amo. Si amas a un hombre, si ese es tu placer y te sientes infeliz, si estás desesperada, triste, sin él, entonces has creado una esclavitud para ti, has creado una prisión, no estás más en libertad

¿Cuál es la diferencia entre dicha y placer?

El placer es físico, fisiológico. El placer es lo más superficial en la vida; es excitación. Puede ser sexual, puede ser de otros sentidos, puede convertirse en una obsesión por la comida, pero está arraigada en el cuerpo. El cuerpo es su periferia, su circunferencia; no es su centro. Y vivir en la circunferencia es vivir a merced de toda clase de cosas que vayan sucediendo a tu alrededor.

El hombre que busca placer permanece a merced de los accidentes. Es como las olas en el océano; están a merced de los vientos. Cuando vienen los vientos fuertes, están ahí; cuando desaparecen los vientos, desaparecen. No tienen una existencia independiente; son dependientes, y cualquier cosa que sea dependiente de la otra implica esclavitud. El placer es dependiente del otro. Si amas a una mujer, si ella es tu placer, entonces esa mujer se convierte en tu amo. Si amas a un hombre, si ese es tu placer y te sientes infeliz, si estás desesperado, triste, sin él, entonces has creado una esclavitud para ti, has creado una prisión, no estás más en libertad. Si eres un buscador de dinero y poder, entonces serás dependiente del dinero y del poder.

El hombre que va acumulando dinero, si su placer es tener más y más dinero, se volverá más y más desdichado… porque cuanto más tiene, más desea, y cuanto más tiene, más asustado está de perderlo. Una espada de doble filo: entre más desea… el primer filo de la espada.

Por lo tanto, se vuelve más y más desdichado.

Cuanto más exiges, deseas, más sientes que careces de algo; más hueco, vacío, te ves a ti mismo. Por otra parte, el otro filo de la espada, es que entre más tienes, más asustado estás de que te lo quiten; puede ser robado. El banco puede caer en bancarrota, la situación política en el país puede cambiar, el país puede volverse comunista.

Hay mil y un cosas de las cuales depende tu dinero. Tu dinero no te hace un amo, te hace un esclavo. El placer es periférico; por lo tanto está limitado a depender de las circunstancias externas. Y sólo es excitación. Si la comida es un placer, ¿de qué se está disfrutando realmente? ¡Sólo del gusto! Por un momento, cuando el alimento pasa por tus papilas gustativas en la lengua, tienes una sensación que interpretas como placer. Es tu interpretación. Hoy puede parecer placer y mañana puede no parecer placer. Si te mantienes comiendo el mismo alimento todos los días, tus papilas en la lengua se volverán insensibles. Pronto estarás cansado de ello… así es como la gente llega a cansarse.

Un día estás corriendo tras un hombre o una mujer y al día siguiente estás intentando encontrar una excusa para deshacerte del otro. La misma persona, ¡nada ha cambiado! ¿Qué ha sucedido mientras tanto? Te aburres con el otro porque todo el placer estuvo en conocer lo nuevo. Ahora, el otro ya no es nuevo; estás familiarizado con el territorio del otro. Estás familiarizado con el cuerpo del otro, las curvas del cuerpo, la sensación del cuerpo. Ahora la mente está anhelando algo nuevo. La mente está siempre anhelando algo nuevo. Así es como la mente te mantiene siempre atado en alguna parte del futuro. Te mantiene esperanzado, pero nunca entrega la mercancía… no puede. Sólo puede crear nuevas esperanzas, nuevos deseos. Así como las hojas crecen en los árboles, los deseos y las esperanzas crecen en la mente. Deseaste una casa nueva y ahora la tienes… ¿y dónde está el placer? Sólo en ese momento estaba ahí, cuando alcanzaste tu meta. Una vez que la has alcanzado, tu mente ya no está interesada en ello; ya ha comenzado a tejer nuevas redes de deseo. Ya ha comenzado a pensar en otras casas más grandes. Y así es con respecto a todo.

El placer te mantiene en un estado neurótico, inquieto, siempre en la confusión. Tantos deseos, y cada deseo insaciado, pidiendo atención a gritos. Permaneces como víctima de una multitud de deseos locos, locos porque son irrealizables, y te van arrastrando en direcciones diferentes. Te conviertes en una contradicción. Un deseo te lleva a la izquierda, otro hacia la derecha, y simultáneamente vas alimentando ambos deseos. Y entonces sientes una división, entonces te sientes dividido, entonces te sientes destrozado, entonces sientes como si te hicieras pedazos. Nadie es responsable.

Toda la estupidez del placer del deseo es la que crea esto. Y es un fenómeno complejo. No eres el único que está buscando placer; millones de personas al igual que tú están buscando los mismos placeres. Por lo tanto, hay una gran lucha, competencia, violencia, guerra. Todos se han vuelto enemigos entre sí porque todos están buscando la misma meta, y no pueden alcanzarla; por lo tanto, la lucha tiene que ser total. Tienes que arriesgarlo todo… por nada, porque cuando ganas, no ganas nada, y toda tu vida se desperdicia en esta lucha. Una vida que pudo haber sido una celebración se convierte en una lucha larga, extensa, innecesaria.

Cuando estás tan detrás del placer no puedes amar, porque el hombre que busca placer utiliza al otro como un medio. Y utilizar al otro como un medio es uno de los actos más inmorales posibles, porque cada ser es un fin en sí mismo, no puedes utilizar al otro como un medio. Pero en la búsqueda del placer tienes que utilizar al otro como un medio. Te vuelves astuto porque es tal la lucha… Si no eres astuto serás engañado, y antes que otros te engañen, tú tienes que engañarlos.

Maquiavelo ha aconsejado a los busca-placeres que la mejor forma de defensa es atacar. Nunca esperes a que el otro te ataque; eso puede ser demasiado tarde. Antes que el otro te ataque, ¡tú lo atacas! Es la mejor manera de defensa. Y esto es lo que se está haciendo, conozcas a Maquiavelo o no. Esto es algo muy extraño: la gente sabe sobre Cristo, sobre Buda, sobre Mahoma, sobre Krishna; nadie los sigue. La gente no sabe mucho sobre Chanakya y Maquiavelo, pero la gente los sigue… ¡como si Maquiavelo y Chanakya estuvieran muy cerca de tu corazón!

No necesitas leerlos, ya los estás siguiendo. Tu sociedad entera está basada en los principios de Maquiavelo; de eso se trata todo el juego político. Antes que alguien te arrebate cualquier cosa, arrebátasela al otro. Estate siempre en guardia. Naturalmente, si estás siempre en guardia estarás tenso, ansioso, preocupado. Y la lucha es tal… y es constante. Eres uno, y los enemigos son millones. Por ejemplo, si en India deseas llegar a ser el primer ministro, entonces millones de personas, que también desean ser el primer ministro, son tus enemigos. ¿Y quién no desea llegar a ser el primer ministro? Uno puede decirlo, uno puede no decirlo. Entonces cada uno está contra ti y tú estás contra todos los demás. Esta corta vida de setenta, ochenta años, será desperdiciada en algún esfuerzo completamente vano.

El placer no es y no puede ser la meta en la vida. La segunda palabra a ser entendida es la felicidad.

La felicidad es psicológica, el placer es fisiológico. La felicidad es un poco mejor, un poco más refinada, un poco superior, pero no muy diferente del placer. Puedes decir que el placer es una clase más baja de felicidad y la felicidad es una clase un poco más elevada que el placer… dos lados de la misma moneda.

El placer es un poco primitivo, animal; la felicidad es un poco más culta, un poco más humana… pero es el mismo juego jugado en el mundo de la mente. No estás tan preocupado con las sensaciones fisiológicas; estás más preocupado con las sensaciones psicológicas. Pero básicamente no son diferentes; por lo tanto, Buda no ha hablado de cuatro palabras, sólo ha hablado de dos.

La tercera es la alegría; la alegría es espiritual. Es diferente, totalmente diferente del placer, felicidad. No tiene nada que ver con el otro; es interna. No es dependiente de las circunstancias; es tuya. No es una excitación producida por cosas; es un estado de paz, de silencio, un estado meditativo.

Es espiritual. Pero Buda tampoco ha hablado de alegría, porque hay algo que todavía va más allá de la alegría. Él la llama dicha.

La dicha es total. No es ni fisiológica ni psicológica ni espiritual.

No conoce ninguna división, es indivisible. Es total en un sentido y transcendental en otro sentido. Buda sólo habla de dos palabras. La primera es placer; incluye felicidad. La segunda es dicha; incluye alegría. La dicha significa que has alcanzado el centro más íntimo de tu ser.

Pertenece a la máxima profundidad de tu ser donde incluso el ego deja de existir, donde sólo prevalece el silencio; has desaparecido. En la alegría eres un poco, pero en la dicha no eres. El ego se ha disuelto; es un estado de no-ser. Buda lo llama nirvana. Nirvana significa que has dejado de ser; eres sólo el vacío infinito como el cielo. Y en el momento en que eres ese infinito, te conviertes por completo en las estrellas, y comienza una vida totalmente nueva. Has renacido.

El placer es pasajero, temporal, momentáneo; la dicha es duradera, sin tiempo. El placer comienza y termina; la dicha se mantiene por siempre. El placer viene y va; la dicha nunca viene, nunca va… ya está ahí, en el centro más íntimo de tu ser. El placer tiene que ser arrebatado del otro; te conviertes o en un mendigo o en un ladrón. La dicha te hace un maestro. La dicha no es algo que tú inventas sino algo que descubres. La dicha es tu naturaleza más íntima. Ha estado ahí desde el principio mismo, sólo que no la has mirado, la has dado por hecho. No miras hacia dentro.

Ésta es la única miseria del hombre: que va mirando hacia fuera, buscando e indagando. Y no puedes encontrarla en el exterior porque no está ahí.

OSHO      Dhammapada: The Way of the Buddha,Volumen 8, Capítulo 5

La salud es una manera de vivir totalmente diferente. La manera como vives genera enfermedad, la manera como vives genera miseria

Los animales son felices, los árboles son felices, los pájaros son felices. Toda la existencia es feliz, salvo el hombre

La Manera Como Vives Crea Tu Enfermedad    

         La felicidad está en la naturaleza del hombre. No te debes preocupar en absoluto por la felicidad, ya está aquí, está en tu corazón; sólo tienes que dejar de ser infeliz, debes detener el funcionamiento del mecanismo que crea la infelicidad.

 Pero nadie parece listo para eso. La gente dice: “Quiero la felicidad”. Es como si estuvieras diciendo: “Quiero la salud”, y permanecieras apegado a tu enfermedad sin permitir que se vaya. Si el doctor prescribe la medicina, la tiras; no sigues ninguna prescripción. Nunca sales a una caminata matinal, nunca vas a nadar, nunca sales a correr a la playa, nunca haces ejercicio. Comes de forma obsesiva, destruyes tu salud, y de manera constante preguntas dónde encontrar la salud, sin cambiar los mecanismos que generan la falta de salud.

 La salud no es algo que se pueda conseguir en algún sitio, no es un objeto.

 La salud es una manera de vivir totalmente diferente. La manera como vives genera enfermedad, la manera como vives genera miseria.

 Por ejemplo, la gente viene a mí y me dicen que quieren ser felices, pero no pueden soltar sus celos. Si no puedes soltar tus celos, el amor no podrá crecer – la mala hierba de los celos destruirá la rosa del amor. Y cuando el amor no crece, serás infeliz ya que ¿quién puede estar feliz cuando el amor no crece? A menos que una rosa florezca y despida su fragancia, no puedes ser feliz.

 La gente quiere felicidad, pero solo por quererlo, no la puedes conseguir. El desearlo no basta. Tendrás que entrar en el fenómeno de tu miseria, de cómo la generas, cómo te haces desgraciado en primer lugar, cómo te haces desgraciado a diario; ¿cuáles son tus técnicas?

 Dado que la felicidad es un fenómeno natural, si alguien es feliz no hay técnica en ello, si alguien está contento, no se requiere de ninguna pericia para ello.

 Los animales son felices, los árboles son felices, los pájaros son felices. Toda la existencia es feliz, salvo el hombre. Sólo el hombre es tan listo como para crear infelicidad – nadie más parece tener esa habilidad. Así que cuando estás feliz se trata de algo simple, inocente, no es algo importante. Pero cuando estás infeliz te estás haciendo cosas importantes a ti mismo; estás haciendo algo realmente duro.

 

   OSHO       The Path of Paradox, Vol. 2, #6    

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