¿Qué es la cordura y qué es la locura?

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Engendrar antagonismo y división, que es el oficio de los políticos que nos representan, implica cultivar y sostener la locura, ya se trate de los dictadores o de los que ejercen el poder en el nombre de la paz o de alguna forma de ideología.

¿Qué es la cordura y qué es la locura? ¿Quién es cuerdo y quién está loco? ¿Son cuerdos los políticos? Los sacerdotes, ¿están locos? Los que se comprometen con ideologías, ¿están cuerdos? Somos controlados, moldeados, apremiados por todos ellos, ¿y estamos cuerdos?

¿Qué es la cordura? Es ser íntegro, no fragmentado en la acción, en toda clase de relaciones; ésa es la esencia misma de la cordura, Cuerdo significa total, sano y santo. La locura es neurosis, psicosis, desequilibrio, esquizofrenia; cualquiera sea el nombre que uno quiera ponerle; implica estar fragmentado, dividido en la acción y en el movimiento de la relación, que constituye la existencia.

Engendrar antagonismo y división, que es el oficio de los políticos que nos representan, implica cultivar y sostener la locura, ya se trate de los dictadores o de los que ejercen el poder en el nombre de la paz o de alguna forma de ideología.

¿Y el sacerdote? No hay más que mirar lo que es el clero. Se interpone entre uno y lo que ellos consideran que es la verdad, el salvador, Dios, el cielo, el infierno. El sacerdote es el intérprete, el representante; es el que tiene las llaves para el cielo; él es quien condicionado al hombre mediante la creencia, el dogma, el ritual él es el verdadero propagandista. Ha condicionado al hombre porque éste de desea comodidad, seguridad y le tiene espanto al mañana.

Lo artistas, los intelectuales, los científicos, tan admirados y lisonjeados, ¿están cuerdos? ¿O viven en dos mundos diferentes: el mundo de las ideas y la imaginación con su expresión compulsiva, totalmente separado de la vida cotidiana de placer y dolor que llevan?

El mundo que nos rodea está fragmentado y así estamos cada uno de nosotros, y la expresión de ello es el conflicto, la confusión y la desdicha; uno es el mundo y el mundo es uno mismo. La cordura  implica vivir una vida de acción sin conflicto. La acción y la idea son contradictorias. El ver es el hacer, y no la ideación primero y luego la acción de acuerdo con la conclusión. Esto engendra conflicto. El propio analizador es lo analizado. Cuando el analizador se separa como algo diferente de lo analizado, genera conflicto, y el conflicto es el área del desequilibrio. El observa­dor es lo observado y en eso radica la cordura, lo total, lo sagrado; y con lo sagrado está el amor.

Krishnamurti

 Puede el cerebro ser totalmente libre

Es muy importante, entonces, no sólo para mí sino para nosotros, descubrir si podemos evitar que nuestras mentes sean el depósito del  pasado; descubrir si la mente de permanecer estable sobre las aguas de la vida, y dejar que los recuerdos pasen flotando sin que ella se aferre a ninguno en particular y, cuando sea necesario use ese recuerdo tal como de hecho lo usamos cuando tenemos que comunicarnos. Esto implica que la mente está dejando todo el tiempo que el ayer pase de largo, sin identificarse jamás con él; de ese modo, la mente es firme, estable en el proceso, en la acción de experimentar continuamente.

Ése es el factor que no origina deterioro, de modo tal que la mente se renueva de manera constante. Una mente que acumula, ya se está deteriorando. Pero la mente que deja que los recuerdos pasen de largo y es firme en la acción de experimentar, una mente así es siempre pura, está siempre viendo las cosas de un modo nuevo. Esa capacidad puede surgir sólo cuando la mente está muy quieta. Esa quietud, esa calma no es inducida, no puede acaecer mediante ninguna disciplina, mediante ninguna acción de la voluntad, sino cuando la mente comprende todo el proceso de acumular conocimientos, recuerdos, experiencias. Entonces se afirma sobre las aguas de la vida, que están siempre en movimiento, activas, vibrantes.

Conocimiento propio

Por eso, como ya dije, es importante entender el proceso, el comportamiento de nuestro propio pensar. No puede adquirir conocimiento propio a través de nadie, de ningún libro, de ninguna religión, psicología o psicoanálisis. Tiene que descubrirlo usted mismo, por que es su vida; y sin ampliar y profundizar en ese conocimiento del yo, haga lo que haga, cambie cualquier circunstancia o influencia externa o interna, siempre estará abonando la tierra de la desesperación, del dolor y del sufrimiento. Y para ir más allá de esas actividades limitadas de la mente, uno debe comprenderlas; y para comprenderlas es necesario darse cuenta de la acción en las relaciones, la relación hacia las cosas, las personas y las ideas. Y en esa relación, que es un espejo, comenzamos a vernos a nosotros mismos, sin ninguna justificación o condena; y desde ese conocimiento más amplio y profundo del comportamiento de la mente, se puede proseguir; entonces la mente puede estar tranquila, recibir aquello que es real.

KRISHNAMURTI

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¿Cesa la violencia por medio de la violencia, el odio por medio del odio?

Pregunta: ¿Cuál debería ser mi actitud hacia la violencia?

Krishnamurti: ¿Cesa la violencia por medio de la violencia, el odio por medio del odio? Si me odiáis y en respuesta yo os odio, si actuáis contra mí de un modo violento y de la misma manera actúo yo contra vos, ¿cuál es el resultado?: más violencia, mayor odio, mayor amargura, ¿no es cierto? ¿Hay fuera de ésta alguna otra consecuencia? El odio engendra odio, la mala voluntad engendra mala voluntad. A menudo en nuestras relaciones individuales o sociales, ese espíritu de represalia crea solamente mayor violencia y antagonismo.

El espíritu de venganza anda desenfrenado en el mundo. ¿Sois capaces de tener alguna otra actitud hacia la violencia? Al ser violentos nos sentimos poderosos. Para emplear una frase comercial: produce dividendos mayores y más rápidos el odio. El individuo ha creado la estructura social existente por su odio recóndito, por el deseo de desquitarse y de obrar violentamente. El mundo que nos rodea está en condición febril de odio y de violencia. A causa de su astucia y su fuerza tendenciosa nos veremos fácilmente arrastrados en esa corriente brutal, a menos que nosotros mismos estemos libres del odio. Si estáis libres de él entonces no surge la cuestión de la actitud que deba asumirse hacia sus múltiples expresiones.

Si fueseis profundamente conscientes del odio mismo y no meramente de sus expresiones arteras, veríais que el odio sólo engendra odio. Si lo tenéis en vuestro interior responderéis al odio de otro, y puesto que el mundo es vos mismos os veréis obligado a reaccionar a sus temores, ignorancia y codicia. Seguramente estáis prontos a odiar, a ejercer venganza, si vuestro pensamiento está confinado al yo.

La codicia y el amor posesivo tienen que incubar mala voluntad, y si el pensamiento no se libera de ellos, tiene que haber constante acción de odio y violencia. Como he indicado, nuestras creencias y esperanzas son el resultado del anhelo, y cuando sobre ellos lanzamos la duda, brotan el resentimiento y la cólera. Al comprender la causa del odio nacen el perdón y la bondad. La comprensión y el amor surgen a través del estado de percepción lúcida.

Pregunta: ¿Cómo podré emanciparme del odio?

Krishnamurti: Preguntas análogas me han sido hechas con respecto a la ignorancia, la ira, los celos. Al responder a esta pregunta, espero responder también a las otras.

Ningún problema puede ser resuelto en su propio plano, en su propio nivel, tiene que ser entendido, y por lo tanto disuelto, desde un plano diferente y más profundo de abstracción. Si aspiramos tan sólo a emanciparnos del odio suprimiéndolo o tratándolo como cosa molesta y embarazosa, no lo disolveremos; volverá a presentarse una y otra vez en formas diferentes, ya que en ese caso lo habríamos enfrentado desde su propio nivel, limitado y mezquino. Pero si empezamos a entender sus causas intimas y sus efectos externos, tomando con ello nuestro pensar-sentir más amplio y profundo, más sagaz y más claro, el odio desaparecerá de un modo natural, porque estaremos interesados en niveles más importantes y profundos de pensamiento sentimiento.

Si sentimos ira y somos capaces de vencerla, o nos dominamos a nosotros mismos en forma tal que ella no vuelva a surgir, nuestra mente sigue siendo tan pequeña e insensible como antes. ¿Qué habremos ganado con nuestro esfuerzo para no experimentar ira, si nuestro pensar sentir continúa todavía lleno de envidia y de miedo, de estrechez y limitaciones? Podemos librarnos del odio y de la ira, pero si nuestra mente-corazón sigue siendo necia y mezquina suscitará otros problemas y otros antagonismos, lo que hará que el conflicto no tenga fin. Si empezamos, en cambio, a mantener nuestra conciencia despierta y alerta, entendiendo por lo tanto las causas y efectos de la ira, ciertamente ampliaremos nuestro pensar-sentir y lo libraremos de la ignorancia y el conflicto. En ese estado de conciencia alerta empezaremos a descubrir las causas del odio y de la ira, que son el miedo y el afán de protección del “yo” en sus diferentes aspectos. A través de esa conciencia alerta, descubrimos nuestra ira, producida quizás, porque nuestras creencias particulares han sido atacadas; y llevando más a fondo el examen llegamos a preguntarnos si las creencias y los credos son realmente necesarios.

Mediante este proceso nos damos más amplia cuenta de todo lo que ello significa; percibimos cómo los dogmas y las ideologías dividen al género humano y dan origen a los antagonismos, a las diversas formas de la crueldad y del absurdo. De modo, pues, que con esta conciencia alerta y expandida, con esta comprensión de lo que la ira significa en el fondo, ella no tarda en desvanecerse; mediante este proceso de autopercepción la mente se vuelve más profunda, más serena, más sabia, y así, las causas del odio y de la ira ya no encuentran cabida. Librando nuestro pensar sentir de la ira y del odio, de la codicia y de la mala voluntad, nace una ternura que es la única cura. A esta dulzura, a esta compasión, no se llega suprimiendo ni substituyendo nada, sino alcanzando el conocimiento propio y el recto pensar.

Problemas del Odio y la Violencia      “Ante un Mundo en Crisis”

Krishnamurti