La libertad es orden absoluto; ni la libertad ni el orden son relativos

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Esta confusión se constata en educación, la cual tiene como fin primordial el cultivo de la memorización del conocimiento, pasando por alto toda la estructura psicológica del hombre.

La libertad es orden absoluto; ni la libertad ni el orden son relativos. Uno o bien es libre o no lo es. O bien existe un orden total en uno mismo o hay desorden. El orden es armonía. Al parecer a los seres humanos les gusta vivir en desorden tanto por fuera como en su interior. Esto se ve en la política. Todos los gobiernos son corruptos, unos más y otros menos. Están liderados por gente que en sí es desordenada, ambiciosa, engañosa, aquejada de antagonismos y vanidades personales. Por eso hay guerras económicas, los muy ricos y los muy pobres, y todas las desdichas que se derivan de las tribulaciones de la miseria.

Esta confusión se constata en educación, la cual tiene como fin primordial el cultivo de la memorización del conocimiento, pasando por alto toda la estructura psicológica del hombre. Este desorden se ve expresado cuando un grupo de personas matan a otro grupo y se preparan para la guerra mientras hablan de paz. La ciencia se ha convertido en una herramienta del gobierno. Los negocios y el progreso están destruyendo la tierra, contaminando el aire y el agua de los mares.

Cuando uno mira a su alrededor, ve el caos, la confusión y la tremenda desdicha exteriores. Y por dentro los seres humanos también son infelices, llevan vidas contradictorias, batallando sin fin, en conflicto, buscando seguridad y no encontrándola ni en los credos ni en las posesiones. Hay dolor en la vida y en la muerte. El desorden interior del hombre genera la estructura del desorden externo. Todos estos son hechos evidentes. Aunque hablemos de libertad, al parecer son muy pocos los que la encuentran.

La educación consiste primordialmente en generar orden en nuestra vida diaria y en comprender el significado íntegro de la vida. Comprender el orden y vivir en él requiere la forma más elevada de inteligencia, pero no se nos educa para eso. Nuestro principal objetivo es la adquisición de conocimientos como medio de supervivencia, una supervivencia conflictiva en un mundo caótico.

El orden es algo extraordinario. Posee su propia belleza, su propia vitalidad independiente del entorno. Uno no puede decirse a sí mismo que va a ser ordenado en su forma de ser, en sus acciones y pensamientos. Si lo hace, pronto descubre que eso crea una pauta de conducta que luego se vuelve mecánica. Este hábito mecánico del pensamiento o de la acción, y por consiguiente de la conducta, forma parte de la confusión. El orden es inmensamente flexible, sutil y ágil. No se puede confinar dentro de un marco y luego procurar vivir conforme a esa demarcación. La imitación es una de las causas de que haya confusión y conflicto. No se pueden establecer reglas para el movimiento del orden. De hacerse, entonces esas mismas reglas se convierten en la autoridad que exige obediencia y conformismo. Este es otro factor que también ha contribuido a generar sufrimiento en el hombre.

Luego está la persona que tiene que tener todo lo que le rodea justo en su sitio, sin que nada esté fuera de lugar. Para dicha persona el orden consiste en que todo se mantenga en línea recta y se siente neuróticamente molesto si esa línea se tuerce o se desvía. Semejante persona vive enjaulada en su propia neurosis. En el mundo hay una serie de monjes y ascetas que han disciplinado sus mentes y sus cuerpos para obedecer; a su dios sólo se puede acceder por las puertas de la creencia y la aceptación estrictas. La disciplina es el ejercicio habitual en nombre de la virtud, del Estado, de dios, de la paz o de lo que fuere.

Por consiguiente, ¿qué es el orden? La definición según el diccionario es una cosa y según el razonamiento, inclinación o temperamento personales es otra. Lo que nos interesa es el significado que consta en el diccionario y no lo que uno opine que es. Nos interesa de forma objetiva y no desde ninguna perspectiva personal. El punto de vista personal sobre cualquier cosa distorsiona lo que es. Lo importante es el hecho, no lo que uno piense acerca de lo que es. Cuando se observa todo el movimiento de la vida a partir de una reacción u opinión personal y condicionada, entonces la vida se fragmenta entre el ‘yo’ y el ‘usted’; el ‘usted’ es lo externo y el ‘yo’ es lo interno. Esta fragmentación es la causa principal de la confusión y el conflicto internos y externos. El orden surge en una mente que no está fragmentada o escindida por el pensamiento.

El orden del pensamiento es una cosa y el orden de una mente íntegra es otra. El primero conduce a la maldad y el segundo al florecer de la bondad. El orden del pensamiento que se expresa en la legislación tiene su función; sin embargo, en la conducta y en la relación ese orden se convierte en desorden porque el pensamiento es la actividad de la fragmentación. El pensamiento ha dividido a la gente en religiones sectarias, en naciones, en comunistas y no comunistas, en ‘nosotros’ y ‘ellos’. No hay pensamiento sin palabra, sin imagen y símbolo. Estos son los que han dividido a las personas. El pensamiento ha constituido este mundo monstruoso y tratamos de crear un mundo nuevo mediante el pensamiento sin darnos cuenta de que el propio pensamiento es el que genera las actividades de la confusión, la división y el conflicto.

El orden de una mente íntegra es algo totalmente distinto y aquí reside la dificultad. Cuando usted lee esta afirmación, la convierte en un proceso de pensamiento y de ese modo su lectura es una abstracción. Una vez ha convertido la declaración en una abstracción, usted trata de emparejarla con una abstracción que ya existe en su memoria. Cuando no hay ninguna correspondencia, usted dice que no entiende lo que esa declaración significa y dice que entiende cuando ambas abstracciones concuerdan. Sea consciente, pues, de lo que está pasando en su mente, de la rapidez con la que interviene el pensamiento, de que nunca escucha o lee con una mente desprovista de la carga del pasado. El saber es el pasado. Dicho conocimiento tiene su sentido utilitario, pero cuando se emplea en nuestras relaciones empiezan la confusión, el conflicto y el dolor.

Así que el orden es la acción de lo nuevo, o sea de la inteligencia.

Ahora demos vuelta atrás y examinemos todo esto. Decíamos que el orden absoluto es libertad. Este orden absoluto sólo puede existir cuando en el propio interior ha cesado toda clase de conflicto. Cuando ese orden exista, entonces uno no se planteará la cuestión del desorden en el mundo. Usted sólo se hará esa pregunta cuando usted sea el mundo y el mundo sea usted. Cuando usted no pertenezca al mundo, o sea cuando haya orden absoluto en su interior, su relación con el mundo habrá experimentado un cambio total. Usted estará en el mundo pero no formará parte de él.

Sea, pues, consciente del desorden del mundo y del desorden en sí mismo. Entonces no habrá división entre usted y el mundo, sólo habrá desorden. Cuando la mente es consciente de dicho desorden sin elección, sin movimiento alguno del pensamiento, entonces el orden sobreviene por sí mismo. Lo que se induce no es orden: la invitación proviene del desorden. El orden y el desorden no están relacionados entre sí, no son opuestos. El orden no resulta del conflicto entre los contrarios: o bien hay orden o no lo hay. Cualquier pretensión de llevar una vida ordenada nace del desorden.

Krishnamurti

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La Luz de la Compasión

Uno puede observar el efecto de diversas formas de presión sobre el cerebro. Un cerebro deteriorado se halla preso en la ilusión y, aunque medite por un millar de años, no encontrará la verdad.

Estamos interesados en la transformación psicológica, interna, de los seres humanos. A menos que nuestra conciencia experimente una radical transformación psicológica, no hay esperanza para el hombre. Ésta es una cuestión seria: hacer juntos un viaje en todo este problema de nuestra existencia diaria y ver si es posible transformar, producir una revolución psicológica radical en la estructura misma de nuestro pensar, de nuestro actuar, de nuestra conducta y de nuestra perspectiva de la vida. Nos interesan nuestras propias vidas, comprender nuestras vidas, nuestras desdichadas, conflictivas e infelices vidas cotidianas, y ver si no es posible generar una profunda y duradera transformación en nosotros mismos.

Juntos, quien les habla y ustedes, vamos a explorar el problema del cerebro, de nuestro cerebro humano que ha sido tan estropeado, deformado, distorsionado por la constante presión de la propaganda, de la cultura, por nuestras ambiciones, nuestros pesares y temores, nuestras ansiedades y también por nuestros placeres. Ha habido una constante presión sobre el cerebro. Eso es un hecho. Y cuando hay presión sobre el cerebro, tiene que haber distorsión, a menos que el cerebro tenga la capacidad de renovarse a sí mismo, de recobrarse después de que la presión ha desaparecido; y esto pueden hacerlo muy pocas personas.

Están el arte de escuchar, el arte de la observación, del ver y el arte del aprender. Tal vez mediante estas artes de escuchar, observar y aprender, no tengamos que sentir en absoluto la presión sobre el cerebro, de modo que éste permanezca prístino, flexible, joven, fresco e inocente. Es sólo una mente inocente la que puede ver la verdad. Las presiones sobre el cerebro ocurren cuando hay ambición, violencia o resistencia, ira, propaganda, tradición; todas éstas son presiones tremendas sobre el cerebro. Por lo tanto, un cerebro que vive bajo estas presiones debe inevitablemente distorsionarse, deformarse, estropearse. Mediante la comprensión de “lo que es” en el arte de escuchar, en el arte de ver, de aprender, captando la plena significación de estas tres artes, las presiones pueden ser comprendidas y el cerebro puede permanecer inalterado.

Uno puede observar el efecto de diversas formas de presión sobre el cerebro. Un cerebro deteriorado se halla preso en la ilusión y, aunque medite por un millar de años, no encontrará la verdad. Es muy importante comprender si a un cerebro que ha sido tan lastimado puede devolvérsele su original cualidad de frescura, de claridad, su capacidad de decisión instantánea no basada en la lógica, en la razón. La razón, la lógica, tienen cierto valor pero son limitadas. Lo que ahora estamos haciendo juntos, si ustedes advierten esta presión, es volvernos plenamente conscientes de ella, pero tenemos que saber por nosotros mismos si nuestro pensar consciente es el resultado de diversas presiones y si, por lo tanto, ese pensar es la consecuencia de un cerebro distorsionado. Entonces surge el problema de si es posible hacerle recuperar al cerebro su indemne condición original y, en consecuencia, su capacidad de funcionar libremente. Decimos que es posible sólo cuando uno comprende o aprende el arte de escuchar, de cómo escuchar cuando hay resistencia a lo que se dice; esa resistencia es el resultado de nuestra presión. Es muy sencillo aprender el arte de escuchar.

Existe un gran milagro en el escuchar cuando no interpretamos lo que estamos oyendo, cuando no lo convertimos en una idea y luego perseguimos esa idea, porque en tal caso estamos completamente fuera de foco. Pero si escuchamos con todo el corazón, con solicitud, con atención, entonces ese mismo escuchar es como un florecer. En ese escuchar hay belleza. La hay, de igual modo, en el observar el mundo tal como es, el mundo exterior con toda su miseria, su pobreza, su degradación, su vulgaridad, su brutalidad y las cosas aterradoras que tienen lugar en el campo científico, en el campo tecnológico, en el mundo de las organizaciones religiosas, de la deshonestidad, de la ambición, del dinero y el poder ‑observar todo esto sin introducir nuestra condena o aceptación personal, o nuestro rechazo, sólo observar sin verbalizarlo, sin desear ver belleza, sólo observar-. Y después, observar igualmente lo que ocurre dentro de nosotros, nuestros pensamientos, nuestras ambiciones, nuestra codicia, nuestra violencia, nuestra vulgaridad, nuestra sexualidad… Sólo observar, y entonces veremos, si observamos de ese modo, que nuestra codicia y todo lo demás florecen y mueren, que hay un final para ello.

También existe un arte de aprender. Para casi todos nosotros, el aprender implica generalmente acumular conocimientos que se almacenan en el cerebro como en una computadora y actuar conforme a esos conocimientos. Aquí estamos proponiendo algo por completo diferente, que es el aprender sin acumulación. El aprender significa tener un discernimiento (insight) directo en el hecho. El discernimiento implica captar la plena significación, por ejemplo, de nuestra codicia, captar toda la naturaleza y estructura de la codicia mediante una percepción directa de la misma, mediante una comprensión total de esa reacción llamada codicia. Cuando hay completo discernimiento, hay necesidad de aprender. Uno está más allá del aprender. Es muy importante comprender estos tres actos: observar, escuchar y aprender, porque si hemos captado la plena significación de los tres, entonces podremos comprender y eliminar sobre la marcha, la presión que soporta el cerebro. Y esa presión existe cuando el cerebro carece de espacio.

Todas las cosas existen en el espacio: los árboles, las nubes, las estrellas, los pájaros y los seres humanos. Éstos deben tener algún espacio para vivir. El mundo se está poblando en exceso y el espacio se está volviendo más bien limitado. Ése es un hecho obvio, y puede ser que la presión de los seres humanos que carecen de espacio suficiente viviendo en una población, en una ciudad, sea uno de los factores de violencia. Y, en lo interno, apenas si tenemos espacio en absoluto. Vale decir, que nuestros cerebros están tan ocupados, nuestras mentes se ocupan tanto de nosotros mismos, de nuestro progreso, de nuestro status, de nuestro poder, de nuestro dinero, de nuestro sexo, de nuestra ansiedad, que esa ocupación misma impide que haya espacio. Todo nuestro mundo interno se halla en un estado de ocupación constante con una cosa u otra. No hay espacio y, porque falta espacio, la presión que ejercen nuestras ocupaciones se vuelve cada vez mayor y, por lo tanto, el cerebro se deteriora cada vez más. Es sólo cuando disponemos de tiempo libre que podemos aprender. Pero cuando el cerebro o la mente están tan ocupados, no tenemos tiempo libre y así jamás aprendemos nada nuevo. Ningún aire fresco puede entrar y, por consiguiente, el deterioro que la presión ocasiona en el cerebro es cada vez mayor. Ese es uno de los problemas de la meditación: descubrir si la conciencia puede liberarse de todas las presiones, lo cual implica una mente libre.

Estamos investigando qué es la meditación, no cómo meditar. Esa es una de las cosas más tontas en que uno pueda pensar: que le digan cómo meditar. Eso significaría que uno quiere un sistema de meditación. Para quien les habla no hay sistema de meditación. En la meditación, la acción de la voluntad tiene que cesar por completo. La voluntad es la esencia del deseo, una forma intensificada del deseo. En toda nuestra vida actuamos por medio de la voluntad: “Yo haré esto”, “yo no debo hacer aquello”, “llegaré a ser algo grande”. La esencia misma de la voluntad la constituyen la ambición, la violencia. ¿Es posible actuar en la vida cotidiana sin ejercer la voluntad, o sea, sin ejercer control alguno?

¿Podemos actuar en la vida, en la vida de todos los días, sin ejercer la voluntad, sin controlar? El controlador es la esencia del deseo, que varía de tiempo en tiempo. Por lo tanto, siempre hay conflicto entre el que controla y lo controlado. Cuando aceptamos la meditación tradicional, tratamos de concentrarnos, de controlar nuestros pensamientos. En la meditación, si uno la sigue hasta su máxima profundidad y altura, la mente tiene que estar por completo libre de todas las acciones de la voluntad. La acción de la voluntad existe cuando uno elige. Cuando elegimos, hay confusión. Sólo cuando nos hallamos confundidos comenzamos a elegir, a optar. Es únicamente cuando hay claridad interna que no optamos. De modo que la opción, la voluntad y el control marchan juntos e impiden la total libertad de la mente. Ese es un punto.

El otro punto es que ustedes piensan que su conciencia particular es diferente de la mía o de la de alguna otra persona. ¿Es así? La conciencia de cada uno de nosotros contiene toda la cultura que ha sido vertida en nuestra mente, la tradición, los libros que hemos leído, la lucha, el conflicto, la desdicha, la confusión, las vanidades, las crueldades, la arrogancia, la angustia, el dolor, el placer… todo eso es nuestra conciencia de hindú, musulmán, budista o lo que fuere. El contenido de eso constituye nuestra conciencia. ¿Es posible, entonces, librarse de ese contenido? Es muy importante que esto se comprenda, no cómo vaciar la conciencia de su contenido sino, en primer lugar, darnos cuenta de ese contenido. El darnos cuenta implica observar el mundo y verlo tal como es, conocer el mundo, los árboles, la naturaleza, la belleza y la fealdad, estar atentos a nuestro prójimo, ver lo que él o ella visten, y también estar atentos a lo que somos internamente. Y si estamos así de atentos, veremos que en esa atención hay una gran cantidad de reacciones, agrado y desagrado, castigo y recompensa, etcétera. ¿Podemos estar atentos sin preferencia alguna, con una atención sin opciones? Sólo estar atentos, sin elegir, sin ningún tipo de prejuicio, darnos cuenta totalmente de nuestra conciencia. Vale decir, ¿puede la conciencia darse cuenta de sí misma? Lo cual también implica: ¿Puede el pensamiento, puede nuestro pensar darse cuenta de sí mismo?

El cerebro es como una computadora. Está siempre registrando, registrando nuestras experiencias, nuestras esperanzas, nuestros deseos, nuestras ambiciones; registra cada impresión, y de esa impresión, de ese registro surge el pensamiento. Ahora, la pregunta es: ¿Podemos darnos cuenta del pensamiento cuando surge, tal como nos damos cuenta de la ira cuando aparece en nosotros? Eso es posible, ¿verdad? Así como podemos advertir el surgimiento de la ira, ¿podemos igualmente percibir el pensamiento cuando éste comienza? Lo cual implica percibir la cosa mientras florece y se desarrolla. ¿Hay, del mismo modo, una percepción de nuestra conciencia, de la totalidad de ella? Esto forma parte de la meditación, es la esencia de la meditación: darse cuenta, sin preferencia alguna, del mundo exterior y del inmenso conflicto que impera dentro de nosotros. Cuando lleguemos a este punto, veremos que el mundo no está separado de uno mismo, el mundo es uno mismo. Al percibirse la conciencia a sí misma, las partes que componen la conciencia desaparecen. Entonces, la conciencia se convierte en algo por completo diferente. Entonces es la conciencia de la totalidad, no de la parte.

Casi todos nosotros estamos acostumbrados a los sistemas, a diversas formas de yoga, a diversas formas de gobierno, de normas burocráticas, todas las cuales se basan en los sistemas. El gurú que tienen les dará un sistema de meditación; o bien tomarán ustedes un libro y de ese libro aprenderán un sistema. El sistema implica la comprensión del todo a través de la parte. Estudiando la parte, esperan ustedes comprender la totalidad de la existencia. Nuestro cerebro, nuestra mente está adiestrada para seguir sistemas, sistemas de yoga o nuestros propios sistemas. Cuando uno sigue un sistema está metido en un surco, y ésa es la forma más cómoda de vivir. Un sistema es como una vía férrea, y los seguidores de un sistema no se dan cuenta de que son como el tren que marcha restringido a los rieles.

De manera que la concentración es una resistencia a todas las otras formas de pensamiento. Ustedes cultivan la resistencia, mientras que lo que nosotros decimos es que la concentración sólo es necesaria en determinado nivel. Aun ala, si podemos aprender a prestar atención, la concentración se vuelve muy fácil. Vamos a averiguar qué significa estar atento, entregar el corazón, la mente, entregar por completo todos nuestros sentidos a algo. Cuando uno atiende así, cuando todos sus sentidos están completamente despiertos y observando, entonces en ese proceso, en esa calidad de atención, no existe un centro. Cuando no existe el centro, no hay limitación para el espacio. La mayoría de nosotros tiene un centro, que es la forma del “yo”, el ego, la personalidad, el carácter, la tendencia, la idiosincrasia, las peculiaridades, etcétera. En cada uno de nosotros hay un centro que es la esencia del yo, que es egoísmo. Dondequiera que haya un centro, el espacio tiene que ser siempre limitado. Por eso decimos que una mente ocupada está formando centro todo el tiempo y, por lo tanto, su ocupación está limitando el espacio. Cuando hay atención total, cuando uno observa, escucha y aprende con todos sus sentidos despiertos, no hay un centro.

Hagan esto en su vida cotidiana, en la relación que establecen con la esposa, con el vecino, con la naturaleza. Relación significa estar en contacto. Uno sólo puede estar relacionado de ese modo con alguien si no tiene una imagen de sí mismo o del otro; entonces hay una relación directa.

De esto surge la compasión, o sea, la pasión por todo. Eso solamente puede ocurrir cuando existe este perfume, esta calidad de amor que no es deseo, que no es placer, que no es la acción del pensamiento. El amor no es algo producido por el pensamiento, por el ambiente, por la sensación. El amor no es emocionalismo ni sentimentalismo. Amor significa amor por las rocas, por los árboles, significa amar a un perro perdido, amar los cielos, la belleza, la puesta de sol, amar al prójimo… amar sin toda la sensación de la sexualidad con que ahora identificamos al amor. El amor no puede existir cuando somos ambiciosos, cuando buscamos poder, posición, dinero. ¿Cómo puede un hombre amar a su esposa cuando toda su mente está concentrada en llegar a ser alguien, en tener poder en el mundo? Él podrá dormir con ella, tener hijos, pero eso no es amor. Es lujuria, con todas sus desdichas. Y sin amor no podemos tener compasión. Cuando hay compasión, hay claridad, que es la luz que emerge de la compasión. Todos los actos son entonces claros, y de esa claridad viene la destreza, destreza en la comunicación, en la acción, destreza en el arte de escuchar, de aprender, de observar.

La meditación es el despertar de esa inteligencia que nace de la compasión, de la claridad y de la destreza que la inteligencia utiliza. Esa inteligencia no es personal, no puede ser cultivada; surge sólo de la compasión y la claridad. Todo esto y mucho más es la meditación, y lo “más” adviene cuando la mente es libre y, por lo tanto, se halla completamente quieta. No puede estar quieta si no hay espacio. De igual manera, el silencio puede llegar, no mediante la práctica o el control, no como el silencio entre dos ruidos o como la paz entre dos guerras; el silencio llega sólo cuando la mente y el cuerpo están en completa armonía y sin fricción alguna. Entonces, en ese silencio hay un movimiento total que es la terminación del tiempo. Eso significa que el tiempo ha llegado a su fin. Hay mucho más en la meditación, y consiste en descubrir aquello que es lo más sagrado. No lo sagrado de los ídolos que hay en los templos, iglesias o mezquitas; esas cosas están hechas por el hombre, las fabrican la mano, la mente, el pensamiento. Existe lo sagrado que no ha sido tocado por el pensamiento.

Ello puede llegar con naturalidad, fácil y gozosamente sólo cuando hemos creado un orden completo en nuestra vida cotidiana. Cuando hay un orden semejante en nuestra vida de todos los días ‑orden significa ausencia de conflicto-, entonces desde ese orden surge esta calidad de amor, compasión y claridad. Y la meditación es todo esto, no un escaparle a la vida, a nuestro vivir. Y bienaventurados son aquellos que conocen la calidad de esta meditación.

Krishnamurti

La sociedad necesita gente estúpida. ¿Por qué? — porque la gente estúpida es manejable

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La persona estúpida necesita de alguien que le ordene, porque no tiene ninguna inteligencia para vivir por cuenta propia. Quiere que alguien la dirija; busca y busca sus propios tiranos.

La inteligencia

La miseria no necesita talentos – cualquiera puede permitírsela. La felicidad necesita talentos, genio, creatividad..

Sólo la gente creativa es feliz

Permite que eso profundice en tu corazón: solamente la gente creativa es feliz. La felicidad es un subproducto de la creatividad. Crea algo, y serás feliz. Crea un jardín, deja que el jardín florezca, y algo florecerá en tu interior. Crea una pintura, y algo comienza a crecer en ti con la pintura en crecimiento. Mientras que la pintura va llegando a su fin, mientras que estás dando los toques finales a la pintura, te darás cuenta que ya no eres la misma persona. Le estás dando los últimos toques a algo que es muy nuevo en ti.

Escribe un poema, canta una canción, baila una danza, y ve: comienzas a volverte feliz.

La existencia sólo te ha dado una oportunidad para ser creativo: la vida es una oportunidad para ser creativo.

Si eres creativo serás feliz.

Cuando quieres escalar la cima más alta de las montañas, es arduo. Y cuando has alcanzado la cima y te acuestas, susurrando con las nubes, mirando el cielo, la alegría que llena tu corazón- esa alegría siempre llega cuando alcanzas alguna cima de creatividad.

Se necesita inteligencia para ser feliz, y a la gente se le enseñan a seguir siendo poco inteligente. La sociedad no desea que la inteligencia florezca.
La sociedad no necesita inteligencia; de hecho tiene mucho miedo de la inteligencia. La sociedad necesita gente estúpida. ¿Por qué? – porque la gente estúpida es manejable. La gente inteligente no es necesariamente obediente; puede obedecer, puede no obedecer. Pero la persona estúpida no puede desobedecer; siempre está lista para recibir órdenes. La persona estúpida necesita de alguien que le ordene, porque no tiene ninguna inteligencia para vivir por cuenta propia. Quiere que alguien la dirija; busca y busca sus propios tiranos.

Los políticos no desean que la inteligencia suceda en el mundo, los sacerdotes no desean que la inteligencia suceda en el mundo, los generales no desean que la inteligencia suceda en el mundo. Nadie lo desea en realidad. La gente desea que todos sigan siendo estúpidos, entonces todos son obedientes, conformistas, nunca van más allá, siguen siendo siempre parte de la multitud, son controlables, manipulables, manejables.

La persona inteligente es rebelde. La inteligencia es rebelión. La persona inteligente decide por cuenta propia si decir no o sí.

La persona inteligente no puede ser tradicional, no puede continuar adorando el pasado; no hay nada que adorar en el pasado. La persona inteligente desea crear un futuro, desea vivir en el presente. Su vivir en el presente es su manera de crear el futuro.

La persona inteligente no se aferra al pasado muerto, no carga con cadáveres.

Cuan hermosos hayan sido, cuan valiosos, él no carga con los cadáveres. Ha acabado con el pasado; se ha ido, y se ha ido para siempre. Pero la persona tonta es tradicional. Está lista para seguir al sacerdote, lista para seguir a cualquier político estúpido, lista para seguir cualquier orden – alguien con autoridad y está lista para caer a sus pies. Sin inteligencia no puede haber felicidad. El hombre puede solamente ser feliz si es inteligente, completamente inteligente.

La meditación es un dispositivo para liberar tu inteligencia. Cuanto más meditativo te vuelvas, llegas a ser más inteligente.

Pero recuerda, por inteligencia no quiero decir intelectualidad. La intelectualidad es parte de la estupidez.

La inteligencia es un fenómeno totalmente diferente, no tiene nada que ver con la cabeza. La inteligencia es algo que viene de tu mismo centro. Mana de ti, y con ella muchas cosas comienzan a crecer en ti. Te vuelves feliz, te vuelves creativo, te vuelves rebelde, te vuelves aventurero, comienza a amar la inseguridad, comienzas a moverte hacia lo desconocido. Comienzas a vivir peligrosamente, porque ésa es la única manera de vivir.

Para la gente estúpida existen autopistas donde se mueven las muchedumbres. Y durante siglos y siglos se han estado moviendo – sin ir a ninguna parte, yendo en círculos. Entonces tienes la comodidad de que estás con mucha gente, no estás solo.

La inteligencia te da el valor para estar solo, y la inteligencia te da la visión para ser creativo. Un gran impulso, una gran hambre se presenta para ser creativo. Y solamente entonces, por consiguiente, puedes ser feliz, puedes ser dichoso.

 Osho  

 

OSHO – Ninguna sociedad quiere que seas sabio

Publicado el 13/01/2013

Ninguna sociedad quiere que seas sabio, porque todo hombre y mujer sabios, no pueden ser serviles, sirvientes, no pueden ser manipulados, no pueden ser obligados a seguir masas, ni a vivir como robots, pues una persona despierta e inteligente prefiere la muerte, antes de prestarse a algún tipo de estupidez, prefiere seguir a su propia conciencia, que seguir a una nación que son solo líneas imaginarias en el mapa, para que algunos pocos tengan el poder y opriman, no será parte de pseudo religiones que solo buscan mantenerlo distraído del verdadero conocimiento y conciencia y por supuesto llenarse los bolsillos con el sufrimiento ajeno. Una persona verdaderamente sabia, es libre y solo obedece a su propia conciencia y corazón, no manda, ni se deja mandar, tampoco no pisa, ni se deja pisar… ¡DESPERTAR!

Visita mi blog http://periodismoalternativoblog.word…

Compartido de Eduardo Menoni http://www.youtube.com/watch?v=oWEsrm…

Paolo Cevallos Hace 3 días

En mi opinión este es uno de los mejores mensajes que se pueden recibir en la vida. OJO con esto Osho no quiere incitar a la rebeldía o a la violencia, el nos incita a conservar nuestra individualidad, a despertar y no ser simples piezas de la maquinaria. Un ser humano sabio y despierto jamas podrá ser sometido y esto simplemente entra en choque con el “Establishment”.

 

                

El nacionalismo: ¿Cómo nos libramos del nacionalismo?

Pregunta: ¿Qué es lo que viene cuando el nacionalismo se va?

Krishnamurti: La inteligencia, evidentemente. Pero temo que eso no sea lo que esta pregunta implica. Lo que ella implica es esto: ¿qué es lo que puede substituir al nacionalismo? Ninguna substitución es acto que traiga inteligencia. Si abandono una religión y me adhiero a otra, o dejo un partido político para ingresar más tarde en alguna otra cosa, esta constante substitución indica un estado en el que no hay inteligencia.

¿Cómo nos libramos del nacionalismo? Sólo comprendiendo plenamente lo que él implica, examinándolo, captando su significación en la acción externa e interna. En lo externo, él causa divisiones entre los hombres, clasificaciones, guerras y destrucción, lo cual es obvio para cualquiera que sea observador. En el fuero íntimo, psicológicamente, esta identificación con lo más grande, con la patria, con una idea, es evidentemente una forma de autoexpansión. Viviendo en una pequeña aldea, o en una gran ciudad, o donde sea, yo no soy nadie; pero si me identifico con lo más grande, con el país, si me llamo a mí mismo hindú, ello halaga mi vanidad, me brinda satisfacción, prestigio, una sensación de bienestar; y esa identificación con lo más grande, que es una necesidad psicológica para los que sienten que la expansión del “yo” es esencial, engendra asimismo conflicto, lucha entre los hombres.

  De suerte que el nacionalismo no sólo causa conflictos externos, sino frustraciones íntimas; y cuando uno comprende el nacionalismo, todo el proceso del nacionalismo, éste se desvanece.

La comprensión del nacionalismo llega mediante la inteligencia. Es decir, observando cuidadosamente, penetrando el proceso integro del nacionalismo, del patriotismo, surge de ese examen la inteligencia; y entonces no se produce la substitución del nacionalismo por alguna otra cosa. En el momento en que reemplazáis el nacionalismo por la religión, la religión se convierte en otro medio, de autoexpansión, en una fuente más de ansiedad psicológica, en un medio de alimentarse uno mismo con una creencia.

Por lo tanto, cualquier forma de substitución, por noble que sea, es una forma de ignorancia. Es como alguien que substituyera el fumar por la goma de mascar o el fruto del betel. En cambio, si uno comprende realmente, y en su totalidad, el problema del fumar, de los hábitos, sensaciones, de las exigencias psicológicas y todo lo demás, el vicio de fumar desaparece.

Sólo podéis comprender cuando hay un desarrollo de la inteligencia, cuando la inteligencia funciona; y la inteligencia no funciona cuando hay substitución. La substitución es simplemente una forma de autosoborno, de incitaros a que no hagáis esto pero sí hagáis aquello.

 El nacionalismo con su veneno, sus miserias y la lucha mundial que acarrea– sólo desaparece cuando hay inteligencia, y la inteligencia no surge por el mero hecho de pasar exámenes y estudiar libros. La inteligencia surge cuando comprendemos los problemas a medida que se presentan. Cuando hay comprensión del problema en sus diferentes niveles ‑no sólo en la parte externa sino de lo que él implica en su aspecto interno, psicológico-, entonces, en ese proceso, la inteligencia se manifiesta.

Cuando hay, pues, inteligencia, no hay substitución; y cuando hay inteligencia desaparece el nacionalismo, el patriotismo, que es una forma de estupidez.

Krishnamurti

La Libertad Primera y Última         El nacionalismo

Más allá de las limitaciones de las creencias

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Para mí, es tan absurdo ser teísta como ser ateo. Si usted supiera qué es la verdad, qué es Dios, jamás sería ni teísta ni ateo, porque en ese estado de percepción alerta la creencia es innecesaria. Sólo el hombre que no percibe abriga esperanzas y suposiciones, recurre a la creencia o a la incredulidad para que lo respalden y lo lleven a actuar de determinada manera.

Ahora bien, si usted aborda esto de una manera por completo diferente, descubrirá por sí mismo, como individuo, algo real que está más allá de todas las limitaciones de las creencias, más allá de la ilusión de las palabras. Por eso, el descubrimiento de la verdad, de Dios, exige gran inteligencia, la cual no es la afirmación de la creencia o del descreimiento, sino el reconocimiento de los obstáculos creados por la falta de inteligencia.

Así, para descubrir a Dios o la verdad -y yo digo que tal cosa existe, la he realizado-, para reconocer eso, comprender eso, la mente debe estar libre de todos los obstáculos que han sido creados a lo largo de los siglos, obstáculos que se basan en la autoprotección y la seguridad.Uno no puede estar libre del anhelo de seguridad limitándose a decir que está libre.

Para traspasar los muros de estos obstáculos necesitamos mucha inteligencia, no mero intelecto. Inteligencia es, para mí, mente y corazón en plena armonía, y entonces descubrirá usted por sí mismo, sin tener que preguntárselo a nadie, qué es la realidad.

Kkrishnamurti