La palabra iluminación suscita la idea de un logro sobrehumano, y al ego le gusta que sea así; pero no es más que tu estado natural en el que sientes la unidad con el Ser

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LA LIBERTAD COMIENZA cuando te das cuenta de que no eres la entidad posesora, el pensador. Saberlo te permite examinar la entidad. En el momento en que empiezas a observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior.

SER E ILUMINACIÓN

Más allá de la miríada de formas de vida que están sujetas al nacimiento y a la muerte existe la Vida Una, eterna y omnipresente. Muchas personas utilizan la palabra Dios para describirla, pero yo suelo llamarla Ser. La palabra Ser no explica nada, pero la palabra Dios tampoco. Ser, no obstante, tiene la ventaja de ser un concepto abierto. No reduce el infinito invisible a una entidad finita. Es imposible formarse una imagen mental del Ser, y nadie puede pretender su posesión exclusiva. Es tu esencia misma; puedes acceder a ella inmediatamente como el sentimiento de tu propia presencia.

Por eso sólo hay un pequeño paso entre la palabra Ser y la experiencia del Ser.

EL SER NO SÓLO ES TRASCENDENTE; TAMBIÉN IMPREGNA PROFUNDAMENTE cada forma, y su esencia es invisible e indestructible. Esto significa que ahora mismo puedes acceder al Ser porque es tu identidad más profunda, tu verdadera naturaleza. Pero no trates de aferrarlo con la mente. No trates de entenderlo.

Sólo puedes conocerlo dejando la mente en silencio. Cuando estás presente, cuando tu atención está plena e intensamente en el ahora, puedes sentir el Ser, pero nunca podrás entenderlo mentalmente.

La iluminación es recuperar la conciencia del Ser y residir en ese estado de «sensación-realización».

La palabra iluminación suscita la idea de un logro sobrehumano, y al ego le gusta que sea así; pero no es más que tu estado natural en el que sientes la unidad con el Ser. Es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, con algo que es esencialmente tú, y sin embargo es mucho mayor que tú. Es encontrar tu verdadera naturaleza más allá del nombre y de la forma.

La incapacidad de sentir esta conexión crea la ilusión de que estás separado de ti mismo y del mundo que te rodea. Entonces te percibes, consciente o inconscientemente, como un fragmento aislado. Surge el miedo, y los conflictos internos y externos pasan a ser la norma.

El mayor obstáculo para experimentar la realidad de tu conexión es la identificación con la mente, que hace que el pensamiento se vuelva compulsivo. Ser incapaz de dejar de pensar es una enfermedad terrible, pero no nos damos cuenta de ella porque casi todo el mundo la sufre y se considera algo normal. Este ruido mental incesante te impide encontrar el reino de quietud interior que es inseparable del Ser. También crea un falso yo fabricado por la mente, que lanza una sombra de miedo y sufrimiento.

La identificación con la mente produce una pantalla opaca de conceptos, etiquetas, imágenes, palabras, juicios y definiciones que bloquean toda verdadera relación. Esa pantalla se interpone entre tú y tú mismo, entre tú y tu prójimo, entre tú y la naturaleza, entre tú y Dios; crea la ilusión de separación, la ilusión de que tú y el «otro» estáis totalmente separados. Entonces te olvidas del hecho esencial de que, debajo del nivel de las apariencias físicas y de las formas separadas, eres uno con todo lo que es.

La mente es un instrumento soberbio si se usa correctamente. Sin embargo, si se usa de forma inapropiada, se vuelve muy destructiva. Para decirlo con más precisión, no se trata tanto de que usas la mente equivocadamente: por lo general no la usas en absoluto, sino que ella te usa a ti. Ésa es la enfermedad. Crees que tú eres tu mente. Ese es el engaño. El instrumento se ha apoderado de ti.

Es como si estuvieras poseído sin saberlo, y crees que la entidad posesora eres tú.

LA LIBERTAD COMIENZA cuando te das cuenta de que no eres la entidad posesora, el pensador. Saberlo te permite examinar la entidad. En el momento en que empiezas a observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior.

Entonces empiezas a darte cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia más allá del pensamiento, y de que el pensamiento sólo es una pequeña parte de esa inteligencia. También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes —la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna— surgen de más allá de la mente.

Empiezas a despertar.

Eckhart Tolle

La señora mayor que no tenía enemigos – Eckhart Tolle (Subtítulos

Jorge Lomar – EL PENSADOR

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El rebelde destruirá todas las religiones, todas las naciones, todas las castas políticas, porque están todas podridas, pasadas, obstaculizando el progreso de la evolución humana

¿Cuál es tu noción de la rebelión y del rebelde?

Mi noción de la rebelión y del rebelde es muy simple: un rebelde es un hombre que no vive como un robot condicionado por el pasado. En su forma de vivir, en su estilo de vida no interfiere de ninguna manera la religión, la sociedad, la cultura, ni cualquier otra cosa que pertenezca al ayer

El rebelde vive individualmente…. no como el diente de un engranaje, sino como una unidad orgánica. Su vida no es decidida por nadie más que su propia inteligencia. La fragancia de su vida es la de la libertad. No sólo vive en libertad, permite también que todo el mundo viva en libertad. No permite que nadie interfiera en su vida, ni interfiere en la vida de los demás. Para él la vida es sagrada, y la libertad es el valor supremo de tal forma que está dispuesto a sacrificarlo todo por ella: respetabilidad, estatus, incluso la vida misma.

La libertad para él es lo que para la gente así llamada religiosa en el pasado solía ser Dios. La libertad es su Dios.

El hombre ha vivido a través de los siglos como un borrego, formando parte de la multitud, acatando sus tradiciones, convenciones, siguiendo las antiguas escrituras y las viejas disciplinas. Pero ese tipo de vida era anti-individual; si eres un cristiano no puedes ser un individuo, si eres un hindú no puedes ser un individuo.

Un rebelde es aquel que vive totalmente de acuerdo a su propia luz, y arriesga todo por el valor más alto: la libertad.

El rebelde es la persona contemporánea.

Las masas no son contemporáneas. Los hindúes creen en escrituras que tienen cinco o diez mil años de antigüedad. Sucede lo mismo con las demás religiones; los muertos están dominando a los vivos. El rebelde se rebela en contra de lo muerto, toma su vida en sus propias manos. No le da miedo quedarse solo; al contrario, disfruta de su soledad como uno de sus más preciados tesoros. La multitud te da certidumbre, seguridad, a costa de tu espíritu. Te esclaviza. Te da unas directrices de cómo vivir: qué hacer, qué no hacer.

En todo el mundo, cada religión ha dado algo parecido a los diez mandamientos, y fueron dados por gente que no tenía idea de cómo iba a ser el futuro, de cómo iba a ser la conciencia del hombre en el futuro. Es como si un niño pequeño tuviera que escribir toda la historia de tu vida, sin saber en absoluto qué significa la juventud, sin saber en absoluto qué significa la vejez, sin saber en absoluto lo que es la muerte.

Todas las religiones son primitivas, crudas y han estado moldeando tu vida. Naturalmente, el mundo entero está lleno de desgracia: no se te permite ser tú mismo. Cada cultura quiere que seas sólo una copia, nunca tu rostro original.

El rebelde es aquel que vive siguiendo su propia luz, siguiendo a su propia inteligencia. Crea su camino caminándolo, no sigue a la multitud en la superautopista. Su vida es peligrosa; pero una vida que no es peligrosa no es vida en absoluto. Él acepta el desafío de lo desconocido. No se encuentra con lo desconocido como algo que llegará en el futuro y que ha sido preparado por el pasado. Eso crea toda la angustia de la humanidad; el pasado te está preparando y el futuro nunca va a ser el pasado. Tu ayer nunca va a ser tu mañana.

Pero hasta ahora así es como ha vivido el hombre: tus ayeres te preparan para tus mañanas. La misma preparación se convierte en el obstáculo. No puedes respirar libremente, no puedes amar libremente, no puedes bailar libremente; el pasado te ha mutilado de todas las formas posibles. La carga del pasado es tan pesada que todo el mundo está aplastado bajo ella. El rebelde simplemente se despide del pasado.

Es un proceso constante; por eso, ser un rebelde significa estar constantemente en rebelión, porque cada momento se va a convertir en el pasado; cada día se va a convertir en el pasado. No es que el pasado esté solamente en el cementerio, estás moviéndote a través de él en todo momento. Por eso, el rebelde tiene que aprender un nuevo arte: el arte de morir a cada momento que ha pasado, de modo que pueda vivir libre en el nuevo momento que ha llegado.

Un rebelde es un continuo proceso de rebelión; no es estático. Y ahí es donde puedo hacer una distinción entre el revolucionario y el rebelde.

El revolucionario también está condicionado por el pasado. Podría no estar condicionado por Jesucristo o Gautama el Buda, pero está condicionado por Karl Marx, Mao Zedong, Josef Stalin, Adolf Hitler o Benito Mussolini…, no importa quién le está condicionando. El revolucionario tiene su propia sagrada Biblia, El Capital,- su tierra prometida, la Unión Soviética; su propia Meca, el Kremlin. Igual que cualquier otra persona religiosa, no está viviendo de acuerdo a su propia conciencia. Está viviendo de acuerdo a una conciencia creada por otros. Por eso, el revolucionario no es otra cosa que un reaccionario. Quizá esté en contra de una cultura, pero está inmediatamente listo para la siguiente. Está yendo de una prisión a otra, del cristianismo al comunismo; de una religión a otra, del hinduismo al cristianismo. Cambia de prisión.

El rebelde simplemente abandona el pasado y no permite jamás que el pasado le domine. Es un proceso constante y continuo. Toda la vida del rebelde es un fuego que quema. Hasta el último aliento es nuevo, es joven. Nunca responderá a ninguna situación de acuerdo a su experiencia pasada; responderá a cada situación de acuerdo a su conciencia actual.

Para mí, ser un rebelde es la única manera de ser religioso, y las así llamadas religiones no son religiones en absoluto. Han destruido completamente a la humanidad, esclavizado a los seres humanos, encadenado sus espíritus; por eso, en la superficie parece que eres libre pero en lo profundo, en tu interior, las religiones han creado una cierta conciencia que sigue dominándote. Un rebelde es aquel que renuncia a todo el pasado porque quiere vivir su vida de acuerdo a sus propios anhelos, de acuerdo a su propia naturaleza; no de acuerdo a algún Gautama el Buda, de acuerdo a algún Jesús o Moisés.

El rebelde es la única esperanza para el futuro de la humanidad.

El rebelde destruirá todas las religiones, todas las naciones, todas las razas, porque están todas podridas, pasadas, obstaculizando el progreso de la evolución humana. No están permitiendo que nadie llegue a su pleno florecimiento: no quieren seres humanos sobre la tierra, quieren corderos.

Pero todas las religiones han hecho lo mismo de muchas maneras. Krisna dice en el Gita que siempre que haya sufrimiento, siempre que haya angustia, siempre que haya necesidad: «Volveré una y otra vez.» Han pasado cinco mil años, y no ha sido visto ni una sola vez; no importa: «¡Una y otra vez!» Esas personas, por muy bonitas que fueran sus afirmaciones, no fueron respetuosas con la humanidad.

Un rebelde te respeta, respeta la vida, tiene una profunda reverencia por todo lo que crece, prospera, respira. No se coloca por encima de ti, no es más sagrado que tú, más elevado que tú; es uno entre vosotros. Sólo puede reclamar una cosa para sí: él tiene más valentía que tú. No puede salvarte, sólo tu valentía puede salvarte. No puede dirigirte, sólo tus propias entrañas pueden dirigirte a que realices tu vida.

La rebelión es un estilo de vida. Para mí, es la única religión que es auténtica. Porque si vives de acuerdo a tu luz podrías equivocarte muchas veces y podrías caerte muchas veces; pero en cada caída, en cada equivocación te harás más sabio, más inteligente, más comprensivo, más humano. No hay otra forma de aprender que cometiendo errores. Pero no vuelvas a cometer el mismo error. No existe más Dios que tu propia conciencia. No hace falta ningún papa, ayatolá Jomeini o shankaracharya, para mediar entre tú y Dios.

Todos los sacerdotes están pretendiendo ser los intermediarios entre tú y la fuente última de la vida. No saben nada de la fuente última de la vida. Pero tu fuente de la vida es también la fuente última de la vida, porque no estamos separados. Ningún hombre es una isla; por debajo somos un vasto continente. Quizá en la superficie pareces como una isla, y hay muchas islas, pero en lo profundo del océano nos encontramos. Formas parte de una tierra, de un continente. Lo mismo es verdad acerca de tu conciencia.

Pero uno tiene que liberarse de las iglesias, de los templos, de las mezquitas, de las sinagogas. Uno tiene que ser sólo uno mismo, y aceptar el desafío de la vida, te lleve donde te lleve. Tú eres el único guía. Eres tu propio maestro.

Es una vieja asociación y un malentendido que ser un inconformista es ser un rebelde. El inconformista es un reaccionario; actúa por enfado, rabia, violencia y ego. Su acción no está basada en la consciencia. A pesar de que va en contra de la sociedad, esto no es necesariamente estar en lo cierto. De hecho, la mayoría de las veces moverse de un extremo a otro es ir de una equivocación a otra.

El rebelde es un tremendo equilibrio, y eso no es posible sin consciencia, vigilancia y una compasión inmensa. No es una reacción, es una acción; no va en contra de lo viejo, sino a favor de lo nuevo.

El inconformista sólo está en contra de lo viejo, en contra de lo establecido; pero no tiene una concepción de por qué está en contra, no tiene una visión de futuro. ¿Qué sucederá si tiene éxito? Estará perdido, totalmente avergonzado. Nunca había pensado sobre ello. No ha sentido la vergüenza porque nunca ha triunfado. Su fracaso ha sido un gran refugio para él.

Cuando digo «reacción», quiero decir que tu orientación es básicamente dependiente: no estás actuando desde la libertad y la independencia. Esto tiene unas implicaciones muy profundas. Significa que tu acción sólo es una consecuencia; también significa que tu acción puede ser muy fácilmente controlada.

El inconformista está siempre en manos de la sociedad y los poderes fácticos. Los poderes fácticos sólo tienen que ser un poco más listos y astutos, y entonces pueden utilizar al inconformista con mucha facilidad, sin ninguna dificultad.

Pero los poderes fácticos nunca pueden usar al rebelde porque no está reaccionando contra ellos. Él tiene una visión de futuro, de un nuevo hombre, de una nueva humanidad. Está trabajando para crear ese sueño, para hacerlo realidad. Si está en contra de la sociedad, lo hace porque la sociedad es un obstáculo para su sueño. Su foco no está en los poderes fácticos, su foco está en un futuro desconocido, una posibilidad potencial. Actúa a partir de su libertad, a partir de su visión, a partir de su futuro. Su consciencia decide en qué dirección ir.

Osho

Reconozco la brisa esmeralda cuando golpetea mis contraventanas. Y Osho es como un viento fuerte y dulce, circunvalando el planeta, haciendo vo­lar los bonetes de rabinos y papas, dispersando las mentiras en las mesas de los políticos y los burócratas, provocando una estampida entre los burros en los establos de los po­derosos, levantando las faldas de los remilgados patológicos, haciendo cosqui­llas en los espiritualmente muertos y devolviéndoles a la vida.

CARTAS A UNA JOVEN AMIGA /IX

   Entre 1948 y principios de los años 60, Krishnaji era fácilmente accesible y mucha gente venía a verle. Las relaciones florecían en los paseos, en las entrevistas personales, a través de cartas. Las cartas que siguen las escribió a una joven amiga que llegó a él herida en cuerpo y mente. Escritas entre junio de 1948 y marzo de 1960, revelan una rara compasión y claridad; se despliegan en ella la enseñanza y el poder curativo; desaparecen la separación y la distancia; las palabras fluyen; ni una sola palabra es superflua; la curación y la enseñanza son simultáneas:

Es una temprana madrugada sin nubes; el cielo es muy puro, suave y azul. Todas las nubes parecen haber desaparecido, pero pueden presentarse otra vez durante el día. Después de este frío, del viento y la lluvia, de nuevo estallará la primavera. Esta ha estado prosiguiendo suavemente a pesar de los fuertes vientos, pero ahora cada hoja, cada retoño, se regocijarán. ¡Qué cosa tan bella es la tierra! ¡Qué hermoso es todo lo que brota de ella las rocas, los torrentes, los árboles, la hierba, las flores, las infinitas cosas que produce­! Sólo el hombre genera aflicción, sólo él destruye su propia especie; sólo él explota a su prójimo, tiraniza y mata. Es el más desdichado y sufriente, el más inventivo, y el conquistador del tiempo y del espacio. Pero con todas sus capacidades, a pesar de sus hermosos templos e iglesias, de sus mezquitas y catedrales, vive sumido en su propia oscuridad. Sus dioses son sus propios miedos, y sus amores sus propios odios. ¡Qué mundo maravilloso podríamos hacer de éste, sin nuestras guerras, sin nuestros miedos! Pero de qué sirve la especulación, no sirve de nada.

Lo real es el descontento del hombre, el inevitable descontento. Es una cosa preciosa, una joya de gran valor. Pero uno le tiene miedo, lo disipa, lo utiliza o permite que se lo utilice para producir ciertos resultados. El hombre le teme al descontento, pero éste es una joya preciosa que él no valora. Viva con el descontento, obsérvelo día tras día sin interferir con sus movimientos; entonces es como una llama que quema todas las impurezas, dejando aquello que no tiene morada ni medida. Lea muy atentamente todo esto.

El hombre rico tiene más que suficiente, y el pobre pasa hambre y durante toda su vida no hace otra cosa que buscar comida, esforzarse y trabajar. Uno que nada posee, hace de su vida o permite que la vida haga de sí misma algo precioso, creativo; y otro, que posee todas las cosas de este mundo, disipa la vida y la marchita. Démosle a un hombre un pedazo de tierra y la hará bella y productiva; otro la descuidará y dejará que muera, tal como él mismo está muriendo. Tenemos capacidades infinitas en todos los sentidos para descubrir lo innominado o para producir el infierno en la tierra. Pero por alguna razón, el hombre prefiere engendrar odio y antagonismo. ¡Es tanto más fácil odiar, ser envidioso! y como la sociedad se basa en la exigencia del ‘más’, los seres humanos se deslizan en todas las formas de adquisitividad y así hay una perpetua lucha, que justificamos y consideramos noble.

La riqueza ilimitada está en una vida sin lucha, sin el ejercicio de la voluntad egocéntrica, sin opciones. Pero esa vida es difícil e imposible cuando toda nuestra cultura es el resultado de la lucha y del ejercicio de la voluntad personal. Sin la acción de esta voluntad, para casi todos los que viven hay muerte. Sin alguna clase de ambición, la vida no tiene sentido casi para nadie.

Existe una vida sin el ejercicio de la voluntad egocéntrica, sin las opciones. Esta vida surge cuando la vida de la voluntad egocéntrica llega a su fin. Espero que no le moleste leer todo esto; si no le molesta, entonces léalo y escúchelo con agrado.

El sol está tratando de irrumpir entre las nubes, y probablemente logrará hacerlo durante el día. Un día es primavera y al día siguiente es casi invierno. El tiempo representa los cambiantes estados de ánimo del hombre, hacia arriba y hacia abajo, oscuridad y luz temporaria. ¿Sabe?, es extraño cómo deseamos libertad y lo hacemos todo para esclavizarnos. Perdemos toda nuestra iniciativa. Acudimos a otros para que nos guíen, nos ayuden a ser generosos, pacíficos; acudimos a los gurús, a los maestros, a los salvadores, a los meditadores. Alguno escribe la gran música, otro la toca, la interpreta a su propio modo, y nosotros la escuchamos, gozándola o criticándola. Somos el público que observa a los actores, a los jugadores de fútbol, o que mira la pantalla del cine. Otros escriben los poemas y nosotros los leemos; otros pintan y nosotros nos embobamos con sus pinturas. No tenemos nada, y entonces nos volvemos hacia otros para que nos entretengan, nos inspiren, nos guíen o nos salven. Más y más la civilización moderna nos está destruyendo, nos vacía de toda creatividad. Nosotros mismos estamos internamente vacíos y acudimos a otros para que nos enriquezcan; y de este modo, nuestro semejante saca ventaja de esto para explotarnos, o nosotros nos aprovechamos de él.

Cuando uno se da cuenta de las múltiples implicaciones que envuelve el acudir a otros, esa libertad misma es el principio de la creatividad. Esa libertad es la verdadera revolución, y no la falsa revolución de los arreglos sociales o económicos, la cual es otra forma de esclavitud.

Nuestras mentes fabrican pequeños castillos de seguridad. Queremos estar seguros de todo, seguros de nuestras relaciones, de nuestras realizaciones, de nuestra esperanza y de nuestro futuro. Nos construimos estas prisiones internas, y ¡pobre del que nos perturbe! Es extraño cómo la mente está buscando siempre una zona en la que no haya ningún conflicto ni perturbación alguna. Nuestro vivir es la constante destrucción y reconstrucción, en diferentes formas, de estas zonas de seguridad. De este modo nuestra mente se embota y se desgasta. La libertad consiste en no tener seguridad de ninguna clase.

Es realmente asombroso poseer una mente silenciosa y muy serena, en la que no haya ni una onda de pensamiento. Desde luego, la quietud de una mente muerta no es una mente en calma. La mente suele aquietarse por la acción de la voluntad. Pero, ¿puede alguna vez permanecer profundamente silenciosa en la totalidad de su estructura? Es realmente maravilloso lo que ocurre cuando la mente se encuentra de este modo silenciosa. En ese estado cesa toda conciencia como conocimiento y reconocimiento. La búsqueda instintiva de la mente, la memoria, ha llegado a su fin. Y es muy interesante observar cómo la mente hace todo lo posible para capturar ese estado inexpresable por medio del pensar, de la verbalización, del perfeccionamiento de los símbolos. Pero para que este proceso termine de manera natural y espontánea, es preciso morir para todas las cosas. Uno no desea morir, y así siempre se está desarrollando una lucha, y a esta lucha la llamamos vida. Es curioso cómo casi todos quieren impresionar a otros, con sus logros, con sus capacidades, con sus libros por cualquier medio buscan afirmarse a sí mismos­.

CARTAS A UNA JOVEN AMIGA /IX

KRISHNAMURTI

CARTAS A UNA JOVEN AMIGA /VII

Entre 1948 y principios de los años 60, Krishnaji era fácilmente accesible y mucha gente venía a verle. Las relaciones florecían en los paseos, en las entrevistas personales, a través de cartas. Las cartas que siguen las escribió a una joven amiga que llegó a él herida en cuerpo y mente. Escritas entre junio de 1948 y marzo de 1960, revelan una rara compasión y claridad; se despliegan en ella la enseñanza y el poder curativo; desaparecen la separación y la distancia; las palabras fluyen; ni una sola palabra es superflua; la curación y la enseñanza son simultáneas:

Enfréntese a las cosas con facilidad, pero internamente hágalo en un estado de plenitud y alerta. No deje que se escape un instante sin haber estado totalmente atenta a lo que ocurre dentro y alrededor de usted. Esto es lo que implica ser sensible, no a una cosa o dos, sino ser sensible a todo. Ser sensible a la belleza y resistir la fealdad, es engendrar conflicto. ¿Sabe? cuando uno observa percibe que la mente está siempre juzgando esto es bueno y aquello es malo, esto es blanco y eso es negro­ juzgando a la gente, comparando sopesando, calculando. La mente está perpetuamente inquieta. ¿Puede la mente vigilar, observar sin juzgar, sin calcular? Percibir las cosas sin nombrarlas; sólo vea si la mente puede hacerlo.

Juegue con esto. No lo fuerce, deje que la mente se observe a sí misma. Casi todos los que intentan ser sencillos empiezan con lo externo, descartando, renunciando, etcétera; pero en lo interno siguen siendo complejos. Con la sencillez interna, lo exterior se corresponde con lo interno. Ser sencillo internamente es estar libre del apremio por el ‘más’, es no pensar en términos de tiempo, de progreso, de éxito. Ser sencilla implica para la mente librarse de todos los resultados, vaciarse de todo conflicto. Esta es la verdadera sencillez.

¿Puede la mente dejar de batallar entre lo bello y lo feo, dejar de aferrarse a lo uno y desechar lo otro? Este conflicto la vuelve insensible y exclusiva. Cualquier intento por parte de la mente para encontrar una línea indefinida entre lo bello y lo feo, sigue siendo parte de lo uno o de lo otro. El pensamiento no puede, haga lo que haga, librarse de los opuestos; es el pensamiento mismo el que ha creado lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo. No puede, por tanto, librarse de sus propias actividades. Todo cuanto puede hacer es quedarse quieto, no optar. La opción es conflicto y la mente se halla de vuelta metida en sus propios enredos. Cuando la mente está quieta, se ha liberado de la dualidad.

Hay enorme descontento, y pensamos que una ideología el comunismo u otra­ va a resolverlo todo, que incluso desterrará el descontento, cosa que jamás puede hacer. El comunismo o cualquier otro condicionamiento, como el de la religión organizada, jamás podrán terminar con el descontento; pero tratamos en todas las formas posibles de sofocarlo, de moldearlo, de contentarlo, sin embargo, está siempre ahí. Pensamos que está mal sentirnos descontentos, que no es normalmente correcto, y, sin embargo, no podemos deshacernos del descontento. Este tiene que ser comprendido. Comprender no es condenar. De modo que investíguelo realmente, obsérvelo sin deseo alguno de cambiarlo. Esté alerta al descontento mientras éste opera durante el día, perciba sus modalidades y esté a solas con él.

La libertad llega cuando la mente está sola. Nada más que por el gusto de hacerlo, mantenga la mente quieta, libre de todo pensamiento. Juegue con ello, no lo convierta en un asunto muy grave; esté atenta sin ningún esfuerzo, deje que la mente se aquiete.

La frustración existe en tanto uno esté buscando la realización personal. El placer de realizarse es un deseo constante, y nosotros queremos la continuidad del placer. La terminación de ese placer es frustración, y en ello hay dolor. Entonces la mente busca otra vez la realización en distintas direcciones, y otra vez se encuentra con la frustración. Esta frustración es el movimiento de la conciencia egocéntrica, que es aislamiento, separación, sentimiento doloroso de soledad. La mente quiere escapar de todo esto otra vez hacia alguna forma de realización. La lucha por realizarse engendra el conflicto de la dualidad. Cuando la mente ve la verdad de lo inútil que es la realización personal, cuando ve que en ella hay siempre frustración, sólo entonces puede permanecer en ese estado de soledad del cual no hay modo de escapar. Cuando la mente se halla en este estado de soledad, sin ningún escape, sólo entonces se libera de la frustración. La separación existe a causa del deseo de realizarse; la frustración es separación.

CARTAS A UNA JOVEN AMIGA /VII

KRISHNAMURTI