EL JOVEN QUE TENÍA MIEDO

wallpaper-2469136.jpg

Este día, hijo mío, renacerás, restablecido como hombre de fe, coraje y dedicado servicio al hombre, para la gloria de Dios. Y cuando te hayas readaptado así con la vida dentro de ti, también te habrás readaptado con el universo; habrás vuelto a nacer del espíritu y de ahí en adelante toda tu vida será de logro victorioso.

EL JOVEN QUE TENÍA MIEDO

No pudiendo encontrar consuelo y coraje en la relación con sus semejantes, este joven había buscado la soledad de las colinas; había crecido con un sentimiento de desamparo e inferioridad. Estas tendencias naturales se habían visto acrecentadas por las numerosas circunstancias difíciles que el muchacho había experimentado al crecer, especialmente la pérdida de su padre cuando el niño contaba doce años de edad. Al encontrarse, Jesús le dijo: « ¡Saludos, amigo mío!, ¿por qué tan triste en un día tan hermoso? Si algo ha pasado para afligirte, tal vez pueda yo ofrecerte alguna ayuda. En todo caso, es para mí un placer ofrecer mis servicios».

sunday_on_his_shouEl joven parecía no querer hablar, entonces Jesús probó otra manera para llegar al alma del muchacho, diciendo: «Comprendo que te acercas a estas colinas para escaparte de la gente; por eso es natural que no quieras conversar conmigo; pero me gustaría saber si conoces bien estas colinas, ¿conoces la dirección de los senderos? ¿Puedes acaso indicarme cómo encontrar mejor mi camino a Fénix?»

Ahora bien, este joven conocía muy bien estas montañas y se interesó mucho por mostrar a Jesús el camino para ir a Fénix, hasta tal punto que dibujó en la tierra todos los senderos, explicándole todo detalle. Pero se sorprendió y se llenó de curiosidad cuando Jesús, después de decir adiós y de hacer como si se estuviera yendo, se volvió repentinamente hacia él diciéndole: «Bien sé que deseas quedarte a solas con tu desconsuelo; pero no sería ni amable ni justo de mi parte, recibir tan generosa ayuda de ti en cuanto al mejor camino para llegar a Fénix y luego sin pensar seguir de largo sin hacer el menor esfuerzo por responder a tu implorante pedido de ayuda y orientación para encontrar la mejor ruta hacia el destino que buscas en tu corazón mientras pasas tu tiempo aquí en las colinas.

Así como conoces tan bien las sendas que conducen a Fénix, por haberlas recorrido muchas veces, conozco yo el camino a la ciudad de tus decepcionadas esperanzas y de tus ambiciones incumplidas. Puesto que me has pedido ayuda, no te desilusionaré». El joven estaba casi sobrecogido; apenas si pudo balbucear: «Pero, no te pedí nada». Y Jesús poniéndole suavemente la mano en el hombro, le dijo: «No, hijo, nada pediste con palabras, pero supiste hablar a mi corazón con tu mirada anhelosa. Hijo mío, para el que ama a sus semejantes es fácil ver una elocuente súplica de ayuda en tu actitud de desaliento y desesperación. Siéntate a mi lado, y te diré de las sendas de servicio y de los caminos de la felicidad que conducen de las penas del yo a las alegrías de las acciones de amor dentro de la hermandad de los hombres y en el servicio del Dios en el cielo».

Ya a esta altura el joven sentía muchos deseos de hablar con Jesús, y cayó a sus pies de rodillas implorando a Jesús que lo ayudara, que le mostrara el camino para escapar de su mundo de pena y derrota personales. Jesús le dijo: «Amigo mío, ¡levántate! ¡Ponte de pie como un hombre! Puede que te rodeen enemigos insignificantes y que muchos obstáculos obstruyan tu marcha, pero las grandes cosas y las cosas reales de este mundo y del universo están de tu parte.

navidad-w-2013.jpgEl sol sale todas las mañanas para saludarte a ti como al hombre más poderoso y próspero de la tierra. Mira, tienes un cuerpo fuerte y músculos poderosos, tu físico es mejor que el del hombre promedio. Por supuesto, prácticamente no sirve para nada mientras te quedes sentado aquí en las montañas, lamentándote de tus infortunios, reales o inventados. Pero podrías hacer grandes cosas con tu cuerpo si te apuraras donde hay grandes cosas por hacer. Tratas de huir de tu ser infeliz; pero eso no puede ocurrir. Tanto tú como tus problemas del vivir son reales; no podrás escapar de ellos mientras estés vivo. Pero, piensa otra vez, verás que tu mente es clara y capaz. Tu cuerpo robusto tiene una mente inteligente que lo dirige. Pon tu mente a trabajar para resolver sus problemas; enseña a tu intelecto a que trabaje para ti; no te dejes más dominar por el temor, como si fueras un animal que no piensa. Tu mente debe ser tu aliado valiente para la solución de los problemas de tu vida en vez de ser tú, como lo has sido, su abyecto esclavo atemorizado, siervo de la depresión y la derrota.

Pero lo más valioso de todo, tu potencial para del logro verdadero, es el espíritu que vive dentro de ti, que estimulará e inspirará tu mente para que se controle a sí misma y active a tu cuerpo, si lo liberas de las cadenas del temor, permitiendo así que tu naturaleza espiritual comience a liberarte de los males de la inacción mediante el poder-presencia de la fe viviente. Verás entonces que esta fe derrotará el miedo a los hombres mediante la presencia apremiante del nuevo y todo dominante amor por tus semejantes que pronto llenará tu alma hasta rebasarla gracias a la conciencia que habrá nacido en tu corazón de que eres un hijo de Dios.

Jesus is waiting for you.

Jesus is waiting for you. (Photo credit: angelofsweetbitter2009)

«Este día, hijo mío, renacerás, restablecido como hombre de fe, coraje y dedicado servicio al hombre, para la gloria de Dios. Y cuando te hayas readaptado así con la vida dentro de ti, también te habrás readaptado con el universo; habrás vuelto a nacer del espíritu y de ahí en adelante toda tu vida será de logro victorioso. Los problemas aumentarán tu vigor; la desilusión te servirá de acicate; las dificultades serán un desafío; los obstáculos, un estímulo. ¡Levántate pues, joven! Dile adiós a la vida de terrores humillantes y de evasiva cobardía. Corre, regresa al deber y vive tu vida en la carne como un hijo de Dios, como un mortal dedicado al servicio ennoblecedor del hombre en la tierra, destinado al excelso y eterno servicio de Dios en la eternidad».

Este joven, Fortunato, se convertiría posteriormente en el líder de los cristianos en Creta y el íntimo colaborador de Tito en su labor de elevación de los creyentes cretenses.

Los viajeros se sentían refrescados y realmente descansados cuando al mediodía de cierto día se dispusieron a zarpar hacia Cartago, al norte de África. Hicieron una escala de dos días en Cirene. Fue aquí donde Jesús y Ganid le prestaron servicios de primeros auxilios a un mancebo llamado Rufo que había resultado lesionado por la rotura de una carreta de bueyes cargada. Lo llevaron a la casa de su madre, y su padre, Simón, jamás podría haber imaginado que el hombre cuya cruz él cargaría en el futuro por orden de un soldado romano era el mismo extranjero que cierta vez le ofreciera amistad a su hijo.

LA VIDA Y LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS 

-Imagenes-Gifs-de-Navidad- (15)

Sigur Ros – Odin’s Raven Magic

pino-navidad-gif-08_zps149cc383

Sarah Brightman Symphony in Vienna 720p HDTV x264 DTS lulz

www-bigxy-com-22

Anuncios

Recordad todo lo que os he enseñado. Mi amor os cubre con su sombra, mi espíritu residirá con vosotros y mi paz permanecerá en vosotros. Adiós.

25977ui

Mediante los frutos espirituales de vuestra vida, impulsad a las almas a creer en la verdad de que el hombre es un hijo de Dios, y de que todos los hombres son hermanos. Recordad todo lo que os he enseñado y la vida que he vivido entre vosotros. Mi amor os cubre con su sombra, mi espíritu residirá con vosotros y mi paz permanecerá en vosotros.

 LA ASCENSIÓN DEL MAESTRO

Eran casi las siete y media de la mañana de este jueves 18 de mayo cuando Jesús llegó a la ladera occidental del Monte Olivete con sus once apóstoles silenciosos y un poco desconcertados. Desde este lugar, situado a unos dos tercios de la subida hasta la cima, podían contemplar Jerusalén y, debajo de ellos, Getsemaní. Jesús se preparó ahora para decir su último adiós a los apóstoles antes de despedirse de Urantia. Mientras estaba allí de pie delante de ellos, y sin que él lo pidiera, se arrodillaron en círculo a su alrededor, y el Maestro dijo:

«Os he pedido que permanezcáis en Jerusalén hasta que seáis dotados de un poder de las alturas. Ahora estoy a punto de despedirme de vosotros; estoy a punto de ascender hacia mi Padre, y pronto, muy pronto, enviaremos al Espíritu de la Verdad a este mundo donde he residido; cuando haya venido, empezaréis la nueva proclamación del evangelio del reino, primero en Jerusalén, y luego hasta los lugares más alejados del mundo. Amad a los hombres con el amor con que yo os he amado, y servid a vuestros semejantes mortales como yo os he servido. Mediante los frutos espirituales de vuestra vida, impulsad a las almas a creer en la verdad de que el hombre es un hijo de Dios, y de que todos los hombres son hermanos. Recordad todo lo que os he enseñado y la vida que he vivido entre vosotros. Mi amor os cubre con su sombra, mi espíritu residirá con vosotros y mi paz permanecerá en vosotros. Adiós.»

Después de hablar así, el Maestro morontial desapareció de su vista. Esta supuesta ascensión de Jesús no se diferenció en nada de sus otras desapariciones de la visión humana durante los cuarenta días de su carrera morontial en Urantia.

El Maestro pasó por Jerusem para dirigirse a Edentia, donde los Altísimos, bajo la vigilancia del Hijo del Paraíso, liberaron a Jesús de Nazaret del estado morontial, y a través de los canales espirituales de ascensión, lo restituyeron al estado de filiación paradisiaca y de soberanía suprema en Salvington.
Eran aproximadamente las siete y cuarenta y cinco de esta mañana cuando el Jesús morontial desapareció del campo de observación de sus once apóstoles, para empezar la ascensión hacia la diestra de su Padre, y recibir allí la confirmación oficial de su completa soberanía sobre el universo de Nebadon.

 PEDRO CONVOCA UNA REUNIÓN

Siguiendo las instrucciones de Pedro, Juan Marcos y otras personas salieron para convocar a los discípulos principales a una reunión en la casa de María Marcos. A las diez y media, ciento veinte de los discípulos más destacados de Jesús que vivían en Jerusalén se habían congregado para escuchar el relato del mensaje de adiós del Maestro y para enterarse de su ascensión. María, la madre de Jesús, se encontraba en este grupo. Había regresado a Jerusalén con Juan Zebedeo cuando los apóstoles volvieron de su reciente estancia en Galilea. Poco después de Pentecostés, María regresó a la casa de Salomé en Betsaida. Santiago, el hermano de Jesús, también estaba presente en esta reunión, la primera conferencia de discípulos que se convocaba después de finalizar la carrera planetaria del Maestro.

Simón Pedro se encargó de hablar en nombre de sus compañeros apóstoles, e hizo un relato emocionante de la última reunión de los once con su Maestro; describió de la manera más conmovedora el adiós final del Maestro y su desaparición para emprender la ascensión. Nunca había tenido lugar en este mundo una reunión como ésta. Esta parte de la reunión duró poco menos de una hora. Pedro explicó entonces que habían decidido elegir a un sucesor de Judas Iscariote, y que se haría un descanso para permitir que los apóstoles decidieran entre los dos hombres que habían sido propuestos para esta función: Matías y Justo.

Los once apóstoles descendieron entonces al piso de abajo, donde acordaron echar a suertes a fin de determinar cuál de estos hombres se convertiría en apóstol para servir en el lugar de Judas. La suerte cayó sobre Matías, que fue proclamado nuevo apóstol. Fue debidamente instalado en su cargo, y luego nombrado tesorero. Pero Matías participó poco en las actividades posteriores de los apóstoles.

Poco después de Pentecostés, los gemelos regresaron a sus casas en Galilea. Simón Celotes se retiró durante algún tiempo antes de salir a predicar el evangelio. Tomás estuvo preocupado durante un período de tiempo más corto, y luego reanudó su enseñanza. Natanael discrepó cada vez más con Pedro respecto a la cuestión de predicar acerca de Jesús, en lugar de proclamar el evangelio original del reino. A mediados del mes siguiente, este desacuerdo se volvió tan agudo que Natanael se retiró y se fue a Filadelfia para visitar a Abner y Lázaro. Después de permanecer allí durante más de un año, se dirigió hacia los países situados más allá de Mesopotamia, predicando el evangelio tal como él lo entendía.

De esta manera sólo quedaron seis apóstoles, de los doce originales, para actuar en el escenario de la proclamación inicial del evangelio en Jerusalén: Pedro, Andrés, Santiago, Juan, Felipe y Mateo.

Poco antes del mediodía, los apóstoles regresaron junto a sus hermanos en la habitación de arriba, y anunciaron que Matías había sido escogido como nuevo apóstol. Luego, Pedro invitó a todos los creyentes a ponerse en oración, a orar a fin de estar preparados para recibir el don del espíritu que el Maestro había prometido enviar.

La Vida y las Enseñanzas de Jesús.

sevillacartel-01-semana-santa-nuriacartel-01-semana-santa-triana-2013cartel-01-portada-el-llamador-2013Malagacartelsemanasanta-1

Jesús apareció delante de ellos, diciendo: “La salvación es el don de Dios para todos los que creen que son sus hijos”

247ki

Que la paz sea con vosotros. Os alegráis de saber que el Hijo del Hombre ha resucitado de entre los muertos porque sabéis así que vosotros y vuestros hermanos sobreviviréis también a la muerte física. Pero esta supervivencia depende de que hayáis nacido previamente del espíritu que busca la verdad y encuentra a Dios.

LAS APARICIONES FINALES Y LA ASCENSIÓN

LA APARICIÓN EN SICAR

El sábado 13 de mayo hacia las cuatro de la tarde, el Maestro se apareció a Nalda y a unos setenta y cinco creyentes samaritanos cerca del pozo de Jacob, en Sicar. Los creyentes tenían la costumbre de reunirse en este lugar, cerca del cual Jesús le había hablado a Nalda sobre el agua de la vida. Este día, justo en el momento en que habían terminado de discutir la noticia de la resurrección, Jesús apareció repentinamente delante de ellos, diciendo:

«Que la paz sea con vosotros. Os alegráis de saber que yo soy la resurrección y la vida, pero esto no os servirá de nada si no nacéis primero del espíritu eterno, llegando a poseer así, por la fe, el don de la vida eterna. Si sois los hijos de mi Padre por la fe, no moriréis nunca, no pereceréis. El evangelio del reino os ha enseñado que todos los hombres son hijos de Dios. Y esta buena nueva relativa al amor del Padre celestial por sus hijos de la tierra debe ser llevada por el mundo entero. Ha llegado la hora en que no adoraréis a Dios ni en Gerizim ni en Jerusalén, sino allí donde estéis, tal como estéis, en espíritu y en verdad. Vuestra fe es la que salva vuestra alma. La salvación es el don de Dios para todos los que creen que son sus hijos. Pero no os engañéis; aunque la salvación es el don gratuito de Dios y se concede a todos los que la aceptan por la fe, a ello le sigue la experiencia de producir los frutos de la vida espiritual tal como ésta se vive en la carne. La aceptación de la doctrina de la paternidad de Dios implica que también aceptáis libremente la verdad asociada de la fraternidad de los hombres. Si el hombre es vuestro hermano, es aún más que vuestro prójimo, a quien el Padre os pide que améis como a vosotros mismos. Como vuestro hermano pertenece a vuestra propia familia, no solamente lo amaréis con un afecto familiar, sino que también lo serviréis como os servís a vosotros mismos. Y amaréis y serviréis así a vuestro hermano porque vosotros, que sois mis hermanos, habéis sido amados y servidos por mí de esa manera. Id pues por todo el mundo contando esta buena nueva a todas las criaturas de todas las razas, tribus y naciones. Mi espíritu os precederá, y yo estaré siempre con vosotros.»

Estos samaritanos se quedaron enormemente asombrados con esta aparición del Maestro, y se apresuraron a ir a las ciudades y pueblos vecinos, donde difundieron la noticia de que habían visto a Jesús y que éste les había hablado. Ésta fue la decimoséptima aparición morontial del Maestro.

 LA APARICIÓN EN FENICIA

La decimoctava aparición morontial del Maestro tuvo lugar en Tiro, el martes 16 de mayo, poco antes de las nueve de la noche. Apareció, una vez más, al término de una reunión de creyentes, cuando estaban a punto de dispersarse, y dijo:

«Que la paz sea con vosotros. Os alegráis de saber que el Hijo del Hombre ha resucitado de entre los muertos porque sabéis así que vosotros y vuestros hermanos sobreviviréis también a la muerte física. Pero esta supervivencia depende de que hayáis nacido previamente del espíritu que busca la verdad y encuentra a Dios. El pan y el agua de la vida sólo se conceden a los que tienen hambre de la verdad y sed de rectitud —de Dios. El hecho de que los muertos resuciten no es el evangelio del reino. Estas grandes verdades y estos hechos universales están todos relacionados con este evangelio, en el sentido de que son una parte del resultado de creer en la buena nueva, y están contenidos en la experiencia posterior de aquellos que, por la fe, se convierten de hecho y en verdad en los hijos perpetuos del Dios eterno.

Mi Padre me envió a este mundo para proclamar a todos los hombres esta salvación de la filiación. Y yo os envío también en todas direcciones para que prediquéis esta salvación de la filiación. La salvación es un don gratuito de Dios, pero aquellos que nacen del espíritu empiezan a manifestar inmediatamente los frutos del espíritu en el servicio amoroso a sus semejantes. Y los frutos del espíritu divino, producidos en la vida de los mortales nacidos del espíritu y que conocen a Dios, son: servicio amoroso, consagración desinteresada, lealtad valiente, equidad sincera, honradez iluminada, esperanza imperecedera, confianza fiel, ministerio misericordioso, bondad inagotable, tolerancia indulgente y paz duradera. Si unos creyentes declarados no producen estos frutos del espíritu divino en sus vidas, están muertos; el Espíritu de la Verdad no está en ellos; son unas ramas inútiles de la vid viviente, y pronto serán cortadas. Mi Padre pide a los hijos de la fe que produzcan muchos frutos del espíritu. Por consiguiente, si no sois fecundos, él cavará alrededor de vuestras raíces y cortará vuestras ramas estériles. A medida que progreséis hacia el cielo en el reino de Dios, deberéis producir cada vez más los frutos del espíritu. Podéis entrar en el reino como un niño, pero el Padre exige que crezcáis, por la gracia, hasta la plena estatura de un adulto espiritual. Cuando salgáis por ahí a contarle a todas las naciones la buena nueva de este evangelio, iré delante de vosotros, y mi Espíritu de la Verdad residirá en vuestro corazón. Mi paz os dejo.»

Entonces, el Maestro desapareció de su vista. Al día siguiente, los creyentes salieron de Tiro para llevar esta historia hasta Sidón e incluso hasta Antioquía y Damasco. Jesús había estado con estos creyentes cuando vivía en la carne, y lo reconocieron rápidamente en cuanto empezó a enseñarlos. Aunque sus amigos no podían reconocer fácilmente su forma morontial cuando ésta se hacía visible, no tardaban en reconocer su personalidad en cuanto les hablaba.

 LA ÚLTIMA APARICIÓN EN JERUSALÉN

El jueves 18 de mayo por la mañana temprano, Jesús hizo su última aparición en la tierra como personalidad morontial. Cuando los once apóstoles estaban a punto de sentarse para desayunar en la habitación superior de la casa de María Marcos, Jesús se les apareció y les dijo:

«Que la paz sea con vosotros. Os he pedido que os quedéis aquí en Jerusalén hasta que yo ascienda hacia el Padre, e incluso hasta que os envíe el Espíritu de la Verdad, que pronto será derramado sobre todo el género humano y que os dotará de un poder de las alturas.» Simón Celotes interrumpió a Jesús para preguntarle: «Entonces, Maestro, ¿restablecerás el reino y veremos la gloria de Dios manifestada en la tierra?» Cuando Jesús escuchó la pregunta de Simón, contestó: «Simón, continúas aferrado a tus viejas ideas sobre el Mesías judío y el reino material. Pero recibirás un poder espiritual cuando el espíritu haya descendido sobre vosotros, y pronto iréis por todo el mundo predicando este evangelio del reino. Al igual que el Padre me ha enviado al mundo, yo os envío a vosotros. Y deseo que os améis y confiéis los unos en los otros. Judas ya no está con vosotros porque su amor se enfrió y porque se negó a confiar en vosotros, sus leales hermanos. ¿No habéis leído en las Escrituras el pasaje que dice: `No es bueno que el hombre esté solo. Nadie vive para sí mismo’? ¿Y también donde dice: `El que quiera tener amigos debe mostrarse amistoso’? ¿Y no os envié a enseñar de dos en dos para que no os sintierais solos y no cayerais en los perjuicios y las desgracias del aislamiento? También sabéis muy bien que, cuando vivía en la carne, nunca me permití estar solo durante mucho tiempo. Desde el principio mismo de nuestra asociación, siempre tuve a dos o tres de vosotros constantemente a mi lado o muy cerca de mí, incluso cuando comulgaba con el Padre. Confiad, pues, y tened confianza los unos en los otros. Esto es tanto más necesario cuanto que en el día de hoy voy a dejaros solos en el mundo. Ha llegado la hora; estoy a punto de ir hacia el Padre.»

Cuando terminó de hablar, les hizo señas para que lo acompañaran y los condujo hasta el Monte de los Olivos, donde se despidió de ellos antes de partir de Urantia. Este recorrido hasta el Olivete fue solemne. Ninguno dijo ni una palabra desde el momento en que salieron de la habitación de arriba hasta que Jesús se detuvo con ellos en el Monte de los Olivos.

 La Vida y las Enseñanzas de Jesús

Cartel-Semana-Santa-de-Córdoba-2013

Semana Santa 2013 Córdoba

Las causas de la caída de Judas

Juan Marcos

No aprendió nunca que, después de todo, las verdaderas recompensas de una noble vida consisten en premios espirituales, que no siempre se distribuyen durante esta corta y única vida en la carne.

LAS CAUSAS DE LA CAÍDA DE JUDAS

En la primera parte de su mensaje de despedida a sus apóstoles, el Maestro aludió a la pérdida de Judas y resaltó el trágico destino de su compañero de trabajo traidor como una advertencia solemne contra los peligros del aislamiento social y fraternal. Quizás sea útil para los creyentes de este siglo y de los siglos futuros, analizar brevemente las causas de la caída de Judas a la luz de las observaciones del Maestro y en vista de las aclaraciones acumuladas de los siglos posteriores.

Cuando recordamos esta tragedia, pensamos que Judas se desvió, principalmente, porque era una personalidad solitaria muy notoria, una personalidad cerrada y alejada de los contactos sociales corrientes. Se negó insistentemente a confiar en sus compañeros apóstoles, o a fraternizar libremente con ellos. Pero el hecho de ser una personalidad de tipo solitario, en sí mismo y por sí mismo, no le hubiera causado tanto daño a Judas si no hubiera sido porque tampoco logró acrecentar su amor ni crecer en gracia espiritual. Y además, para empeorar más las cosas, guardó rencores persistentes y alimentó enemigos psicológicos tales como la venganza y el ansia generalizada de «desquitarse» de alguien por todas sus decepciones.

Esta desdichada combinación de peculiaridades individuales y de tendencias mentales se conjugó para destruir a un hombre bien intencionado que no logró subyugar estos males por medio del amor, la fe y la confianza. El hecho de que Judas no tenía necesidad de ir por mal camino está bien demostrado en los casos de Tomás y de Natanael, los cuales estaban aquejados de este mismo tipo de desconfianza y tenían superdesarrolladas sus tendencias individualistas. Incluso Andrés y Mateo tenían muchas inclinaciones en este sentido; pero todos estos hombres experimentaron por Jesús y sus compañeros apóstoles un amor que iba creciendo con el tiempo, y no disminuyendo. Crecieron en la gracia y en el conocimiento de la verdad. Confiaron cada vez más en sus hermanos y desarrollaron lentamente la capacidad de fiarse de sus compañeros. Judas se negó insistentemente a fiarse de sus hermanos. Cuando la acumulación de sus conflictos emocionales le obligaba a buscar alivio en la expresión personal, buscaba invariablemente el consejo y recibía el consuelo poco sensato de sus parientes no espirituales o de aquellos que conocía por casualidad, que eran indiferentes o realmente hostiles al bienestar y al progreso de las realidades espirituales del reino celestial, del que Judas era uno de los doce embajadores consagrados en la tierra.

Judas encontró la derrota en los combates de su lucha terrenal a causa de los factores siguientes relacionados con sus tendencias personales y sus debilidades de carácter:

1. Era un ser humano de tipo solitario. Era sumamente individualista y escogió convertirse en una clase de persona firmemente «encerrada en sí misma» e insociable.
2. Cuando era niño, le habían hecho la vida demasiado fácil. Se indignaba amargamente cuando le contrariaban. Siempre esperaba ganar; era muy mal perdedor.
3. Nunca adquirió una técnica filosófica para enfrentarse con las decepciones. En lugar de aceptar las desilusiones como un aspecto normal y común de la existencia humana, recurría infaliblemente a la práctica de acusar a alguien en particular, o a sus compañeros como grupo, de todas sus dificultades y decepciones personales.
4. Tendía a guardar rencor; alimentaba constantemente la idea de venganza.
5. No le gustaba enfrentarse francamente a los hechos; era deshonesto en su actitud ante las situaciones de la vida.
6. Detestaba discutir sus problemas personales con sus asociados inmediatos; se negaba a hablar de sus dificultades con sus verdaderos amigos y con aquellos que lo amaban realmente. En todos sus años de asociación con el Maestro, ni una sola vez se presentó ante él con un problema puramente personal.
7. No aprendió nunca que, después de todo, las verdaderas recompensas de una noble vida consisten en premios espirituales, que no siempre se distribuyen durante esta corta y única vida en la carne.

A consecuencia del aislamiento persistente de su personalidad, sus penas se multiplicaron, sus aflicciones crecieron, sus ansiedades aumentaron y su desesperación alcanzó una profundidad casi insoportable.

Aunque este apóstol egocéntrico y ultraindividualista tenía muchos problemas psíquicos, emocionales y espirituales, sus dificultades principales eran las siguientes: Como personalidad, estaba aislado. Mentalmente, era desconfiado y vengativo. Por temperamento, era hosco y rencoroso. Emocionalmente, estaba desprovisto de amor y era incapaz de perdonar. Socialmente, no confiaba en nadie y estaba casi enteramente encerrado en sí mismo. En espíritu, se volvió arrogante y egoístamente ambicioso. En la vida, ignoró a los que le amaban, y en la muerte, no tuvo ningún amigo.

Éstos son, pues, los factores mentales y las influencias nocivas que, tomados en su conjunto, explican por qué un creyente en Jesús bien intencionado y por otra parte anteriormente sincero, incluso después de varios años de asociación íntima con la personalidad transformadora de Jesús, abandonó a sus compañeros, repudió una causa sagrada, renunció a su santa vocación y traicionó a su divino Maestro.

 La Vida y las Enseñanzas de Jesús

IV- La Pasión de Jesús: «Amigo, ¡no te basta con hacer esto! ¿Traicionarás también al Hijo del Hombre con un beso?»

LA TRAICIÓN Y EL ARRESTO DE JESÚS

Mientras esta compañía de soldados y guardias armados, provistos de antorchas y linternas, se acercaba al jardín, Judas se adelantó considerablemente al grupo a fin de estar preparado para identificar rápidamente a Jesús, de manera que los captores pudieran prenderlo fácilmente antes de que sus compañeros acudieran a defenderlo. Había también otra razón por la que Judas escogió adelantarse a los enemigos del Maestro: Pensó que así parecería que había llegado a la escena antes que los soldados, de tal manera que los apóstoles y las otras personas reunidas alrededor de Jesús quizás no lo relacionarían directamente con los guardias armados que le seguían tan de cerca. Judas había pensado incluso en alardear de que se había apresurado para prevenirlos de la llegada de los captores, pero este plan fue desbaratado por el saludo sombrío con que Jesús recibió al traidor. Aunque el Maestro le habló a Judas con amabilidad, lo recibió como a un traidor.

Tan pronto como Pedro, Santiago, Juan y unos treinta de sus compañeros de campamento vieron al grupo armado y sus antorchas girar en la cima de la colina, supieron que aquellos soldados venían a arrestar a Jesús, y todos descendieron precipitadamente hacia el lagar, donde el Maestro estaba sentado en una soledad iluminada por la luna. Mientras la compañía de soldados se acercaba por un lado, los tres apóstoles y sus compañeros se acercaban por el otro. Cuando Judas avanzó a zancadas para acercarse al Maestro, los dos grupos se quedaron inmóviles con el Maestro entre ellos, mientras Judas se preparaba para estampar el beso traidor en la frente de Jesús.

El traidor había esperado que, después de conducir a los guardias hasta Getsemaní, podría simplemente indicar a los soldados quién era Jesús, o a lo más llevar a cabo la promesa de saludarlo con un beso, y luego alejarse rápidamente de la escena. Judas tenía mucho miedo de que todos los apóstoles estuvieran presentes y que concentraran su ataque sobre él como castigo por haberse atrevido a traicionar a su amado instructor. Pero cuando el Maestro lo saludó como a un traidor, se sintió tan confundido que no hizo ningún intento por huir.

Jesús hizo un último esfuerzo por evitarle a Judas que llevara a cabo el gesto efectivo de traicionarlo. Antes de que el traidor pudiera llegar hasta él, se apartó a un lado y se dirigió al soldado principal de la izquierda, el capitán de los romanos, diciendo: «¿A quién buscáis?» El capitán contestó: «A Jesús de Nazaret.» Entonces Jesús se presentó inmediatamente delante del oficial y, con la tranquila majestad del Dios de toda esta creación, dijo: «Soy yo.» Muchos miembros de este grupo armado habían escuchado a Jesús enseñar en el templo, otros se habían enterado de sus obras poderosas, y cuando le escucharon anunciar tan audazmente su identidad, los que se encontraban en las primeras filas retrocedieron repentinamente. Se quedaron aturdidos de sorpresa ante la tranquila y majestuosa declaración de su identidad. Judas no tenía pues ninguna necesidad de continuar con su plan de traición. El Maestro se había revelado audazmente a sus enemigos, y éstos podían haberlo arrestado sin la ayuda de Judas. Pero el traidor tenía que hacer algo para justificar su presencia con este grupo armado, y además quería hacer alarde de que estaba realizando su papel en el pacto de traición acordado con los jefes de los judíos, para hacerse digno de la gran recompensa y de los honores que creía que se acumularían sobre él como compensación por su promesa de entregarles a Jesús.

Mientras los guardias se recuperaban de su primera vacilación al ver a Jesús y escuchar el sonido de su voz excepcional, y mientras los apóstoles y los discípulos se acercaban cada vez más, Judas avanzó hacia Jesús, le dio un beso en la frente, y dijo: «Salve, Maestro e Instructor.» Mientras Judas abrazaba así a su Maestro, Jesús dijo: «Amigo, ¡no te basta con hacer esto! ¿Traicionarás también al Hijo del Hombre con un beso?»

Los apóstoles y los discípulos se quedaron literalmente anonadados por lo que estaban viendo. Durante un momento nadie se movió. Luego Jesús se desembarazó del abrazo traidor de Judas, se acercó a los guardias y soldados y preguntó de nuevo: «¿A quién buscáis?» El capitán dijo otra vez: «A Jesús de Nazaret.» Y Jesús contestó de nuevo: «Os he dicho que soy yo. Así pues, si me buscáis a mí, dejad que estos otros se vayan. Estoy listo para ir con vosotros.»

Jesús estaba preparado para regresar a Jerusalén con los guardias, y el capitán de los soldados estaba enteramente dispuesto a permitir que los tres apóstoles y sus compañeros se fueran en paz. Pero antes de que pudieran partir, mientras Jesús estaba allí esperando las órdenes del capitán, un tal Malco, el guardaespaldas sirio del sumo sacerdote, se acercó a Jesús y se preparó para atarle las manos a la espalda, aunque el capitán romano no había ordenado que Jesús fuera atado así. Cuando Pedro y sus compañeros vieron que su Maestro era sometido a esta indignidad, ya no fueron capaces de contenerse más tiempo. Pedro sacó su espada y se abalanzó con los demás para golpear a Malco. Pero antes de que los soldados pudieran acudir en defensa del servidor del sumo sacerdote, Jesús levantó la mano delante de Pedro con gesto de prohibición y le habló severamente, diciendo: «Pedro, guarda tu espada. Los que sacan la espada, perecerán por la espada. ¿No comprendes que es voluntad del Padre que yo beba esta copa? ¿Y no sabes además que incluso ahora podría ordenar a más de doce legiones de ángeles y a sus asociados que me liberaran de las manos de estos pocos hombres?»

Aunque Jesús puso así fin eficazmente a esta demostración de resistencia física por parte de sus seguidores, lo sucedido bastó para despertar los temores del capitán de los guardias, el cual, con la ayuda de sus soldados, puso sus pesadas manos sobre Jesús y lo ató rápidamente. Mientras le ataban las manos con fuertes cuerdas, Jesús les dijo: «¿Por qué salís contra mí con espadas y palos como para capturar a un ladrón? He estado diariamente con vosotros en el templo, enseñando públicamente a la gente, y no habéis hecho ningún esfuerzo por apresarme.»

Cuando Jesús estuvo atado, el capitán, temiendo que los seguidores del Maestro intentaran rescatarlo, dio órdenes para que fueran capturados; pero los soldados no fueron lo suficientemente rápidos porque, como los seguidores de Jesús habían escuchado las órdenes del capitán de que fueran arrestados, huyeron precipitadamente por la hondonada. Durante todo este tiempo, Juan Marcos había permanecido recluido en el cobertizo cercano. Cuando los guardias emprendieron el regreso hacia Jerusalén con Jesús, Juan Marcos intentó salir a escondidas del cobertizo para unirse a los apóstoles y discípulos que habían huido; pero en el preciso momento en que salía, uno de los últimos soldados que regresaba de perseguir a los discípulos que huían pasó por allí y, al ver a este joven con su manto de lino, empezó a perseguirlo y casi llegó a atraparlo. De hecho, el soldado se acercó lo suficiente a Juan como para agarrar su manto, pero el joven se liberó de la ropa y se escapó desnudo mientras el soldado se quedaba con el manto vacío. Juan Marcos se dirigió a toda prisa hacia el sendero de arriba donde se encontraba David Zebedeo. Cuando le contó a David lo que había sucedido, los dos regresaron precipitadamente a las tiendas de los apóstoles dormidos e informaron a los ocho que el Maestro había sido traicionado y detenido.

Casi en el mismo momento en que los ocho apóstoles eran despertados, los que habían huido por la hondonada arriba empezaron a regresar, y todos se reunieron cerca del lagar para discutir lo que había que hacer. Mientras tanto, Simón Pedro y Juan Zebedeo, que se habían ocultado entre los olivos, ya habían empezado a seguir al grupo de soldados, guardias y sirvientes, que ahora conducían a Jesús de regreso a Jerusalén como si llevaran a un criminal capaz de cualquier cosa. Juan seguía de cerca al grupo, pero Pedro iba detrás a más distancia. Después de escapar de las garras del soldado, Juan Marcos se procuró un manto que había encontrado en la tienda de Simón Pedro y Juan Zebedeo. Sospechaba que los guardias llevarían a Jesús a la casa de Anás, el sumo sacerdote jubilado; así pues, bordeó los huertos de olivos y llegó antes que el grupo al palacio del sumo sacerdote, donde se escondió cerca de la entrada principal.

LA DISCUSIÓN EN EL LAGAR

Santiago Zebedeo se encontró separado de Simón Pedro y de su hermano Juan, de manera que se unió a los otros apóstoles y sus compañeros de campamento en el lagar para deliberar sobre lo que debían hacer en vista del arresto del Maestro.

Andrés había sido liberado de toda responsabilidad como director del grupo de sus compañeros apóstoles; en consecuencia, en esta crisis, que era la más grave de sus vidas, permanecía en silencio. Después de una breve discusión informal, Simón Celotes se subió en el muro de piedra del lagar y, después de hacer una apasionada defensa a favor de la lealtad al Maestro y a la causa del reino, exhortó a sus compañeros apóstoles y a los otros discípulos a que corrieran detrás de la tropa y rescataran a Jesús. La mayoría del grupo habría estado dispuesta a seguir su conducta agresiva si no hubiera sido por la advertencia de Natanael, el cual se levantó en cuanto Simón terminó de hablar y llamó la atención de todos sobre las enseñanzas tantas veces repetidas de Jesús en relación con la no resistencia. Les recordó además que Jesús les había ordenado aquella misma noche que protegieran sus vidas hasta el momento en que salieran al mundo para proclamar la buena nueva del evangelio del reino celestial. Santiago Zebedeo apoyó esta actitud de Natanael, contando ahora cómo Pedro y otros habían sacado la espada para impedir el arresto del Maestro, y cómo Jesús había pedido a Simón Pedro y a sus compañeros armados que envainaran sus hojas. Mateo y Felipe también dieron sus discursos, pero nada concreto surgió de esta discusión hasta que Tomás llamó la atención de todos sobre el hecho de que Jesús había aconsejado a Lázaro que no se expusiera a la muerte; les indicó que no podían hacer nada para salvar a su Maestro puesto que éste se había negado a permitir que sus amigos lo defendieran, y persistía en abstenerse de utilizar sus poderes divinos para burlar a sus enemigos humanos. Tomás los persuadió para que se dispersaran cada uno por su lado, con el acuerdo de que David Zebedeo permanecería en el campamento para mantener un centro de intercambio de información y un cuartel general de mensajeros para el grupo. A las dos y media de aquella mañana, el campamento se quedaba desierto; sólo David permanecía allí con tres o cuatro mensajeros, después de haber enviado a los demás para que obtuvieran información sobre dónde habían llevado a Jesús y qué iban a hacer con él.

Cinco apóstoles —Natanael, Mateo, Felipe y los gemelos— fueron a esconderse en Betfagé y Betania. Tomás, Andrés, Santiago y Simón Celotes se escondieron en la ciudad. Simón Pedro y Juan Zebedeo siguieron adelante hasta la casa de Anás.

Poco después del amanecer, Simón Pedro, con una imagen abatida de profunda desesperación, regresó vagando al campamento de Getsemaní. David lo envió a cargo de un mensajero para que se reuniera con su hermano Andrés, que estaba en la casa de Nicodemo en Jerusalén.

Hasta el final mismo de la crucifixión, Juan Zebedeo permaneció siempre cerca, tal como Jesús se lo había ordenado, y era él quien de hora en hora suministraba a los mensajeros la información que llevaban a David en el campamento del jardín, y que luego se transmitía a los apóstoles escondidos y a la familia de Jesús.

Ciertamente, ¡el pastor es golpeado y las ovejas se dispersan! Aunque todos se dan vagamente cuenta de que Jesús les había avisado de esta precisa situación, están muy severamente conmocionados por la repentina desaparición del Maestro como para poder utilizar su mente de manera normal.

Poco después del amanecer, y justo después de que Pedro hubiera sido enviado a reunirse con su hermano, Judá, el hermano carnal de Jesús, llegó al campamento casi sin aliento y por delante del resto de la familia de Jesús, para enterarse simplemente de que el Maestro ya había sido arrestado, y descendió apresuradamente la carretera de Jericó para llevar esta información a su madre y a sus hermanos y hermanas. David Zebedeo avisó a la familia de Jesús, por medio de Judá, de que se reunieran en la casa de Marta y María en Betania, y esperaran allí las noticias que sus mensajeros les llevarían con regularidad.

Ésta era la situación durante la última mitad de la noche del jueves y las primeras horas de la mañana del viernes en lo que concierne a los apóstoles, los discípulos principales y la familia terrenal de Jesús. Todos estos grupos y personas se mantenían en contacto los unos con los otros gracias al servicio de mensajeros que David Zebedeo continuaba dirigiendo desde su cuartel general en el campamento de Getsemaní.

CAMINO DEL PALACIO DEL SUMO SACERDOTE

Antes de partir del jardín con Jesús, se originó una discusión entre el capitán judío de los guardias del templo y el capitán romano de la compañía de soldados en cuanto al lugar donde debían llevar a Jesús. El capitán de los guardias del templo dio órdenes para que se le llevara ante Caifás, el sumo sacerdote en ejercicio. El capitán de los soldados romanos ordenó que Jesús fuera llevado al palacio de Anás, el antiguo sumo sacerdote y suegro de Caifás. Y lo hizo así porque los romanos tenían la costumbre de tratar directamente con Anás todas las cuestiones relacionadas con la aplicación de las leyes eclesiásticas judías. Y se obedecieron las órdenes del capitán romano; llevaron a Jesús a la casa de Anás para someterlo a un interrogatorio preliminar.

Judas caminaba al lado de los capitanes, escuchando todo lo que se decía, pero sin participar en la discusión, porque ni el capitán judío ni el oficial romano querían siquiera hablar con el traidor —de tal manera lo despreciaban.

Casi en aquel momento, Juan Zebedeo recordó las instrucciones de su Maestro de que permaneciera siempre cerca, y se aproximó apresuradamente a Jesús que caminaba entre los dos capitanes. Al ver que Juan se ponía a su lado, el comandante de los guardias del templo dijo a su asistente: «Coge a este hombre y átalo. Es uno de los seguidores de este tipo.» Pero cuando el capitán romano escuchó esto, volvió la cabeza, vio a Juan, y dio órdenes para que el apóstol se pusiera a su lado y que nadie lo molestara. Luego el capitán romano le dijo al capitán judío: «Este hombre no es ni un traidor ni un cobarde. Lo he visto en el jardín y no sacó la espada para oponer resistencia. Tiene el coraje de adelantarse para estar con su Maestro, y nadie le pondrá la mano encima. La ley romana permite que todo preso pueda tener al menos a un amigo que permanezca con él delante del tribunal, y no se impedirá que este hombre esté al lado de su Maestro, el detenido.» Cuando Judas escuchó esto, se sintió tan avergonzado y humillado que se fue quedando detrás de la comitiva y llegó solo al palacio de Anás.

Esto explica por qué se le permitió a Juan Zebedeo permanecer cerca de Jesús a lo largo de las duras experiencias de aquella noche y del día siguiente. Los judíos temían decirle algo a Juan o molestarlo de alguna manera, porque en cierto modo tenía la condición de un consejero romano designado para actuar como observador en las transacciones del tribunal eclesiástico judío. La posición privilegiada de Juan quedó aún más asegurada cuando, en el momento de entregar a Jesús al capitán de los guardias del templo en la puerta del palacio de Anás, el capitán romano se dirigió a su asistente y le dijo: «Acompaña a este preso y asegúrate de que estos judíos no lo maten sin el consentimiento de Pilatos. Cuida de que no lo asesinen, y asegúrate de que a su amigo, el galileo, le permitan permanecer a su lado para observar todo lo que suceda.» Así es como Juan pudo estar cerca de Jesús hasta el momento de su muerte en la cruz, aunque los otros diez apóstoles estuvieron obligados a permanecer ocultos. Juan actuaba bajo la protección romana, y los judíos no se atrevieron a molestarlo hasta después de la muerte del Maestro.

Durante todo el trayecto hasta el palacio de Anás, Jesús no abrió la boca. Desde el momento de su arresto hasta su aparición delante de Anás, el Hijo del Hombre no dijo ni una palabra.

LA TRAICIÓN Y EL ARRESTO DE JESÚS

IV- La Pasión de Jesús

II – La Pasión de Jesús: La actitud jovial de Jesús iba decayendo. A medida que pasaba el tiempo se volvía cada vez más serio e incluso triste

LAS ÚLTIMAS HORAS ANTES DE LA TRAICIÓN

Los apóstoles se quedaron profundamente anonadados cuando regresaron a su campamento y comprobaron que Judas no estaba allí. Mientras los once emprendían una viva discusión sobre el asunto de su compañero apóstol traidor, David Zebedeo y Juan Marcos llevaron a Jesús a un lado y le revelaron que habían estado observando a Judas durante varios días, y que sabían que tenía la intención de traicionarlo poniéndolo en manos de sus enemigos. Jesús los escuchó pero se limitó a decir:

«Amigos míos, al Hijo del Hombre no puede sucederle nada a menos que lo quiera el Padre que está en los cielos. Que no se inquiete vuestro corazón; todas las cosas concurrirán para la gloria de Dios y la salvación de los hombres.»

La actitud jovial de Jesús iba decayendo. A medida que pasaba el tiempo se volvía cada vez más serio e incluso triste. Los apóstoles, que estaban muy agitados, eran reacios a regresar a sus tiendas aunque se lo pidiera el mismo Maestro. Al volver de su conversación con David y Juan, Jesús dirigió sus últimas palabras a los once, diciendo: «Amigos míos, id a descansar. Preparaos para el trabajo de mañana. Recordad que todos deberíamos someternos a la voluntad del Padre que está en los cielos. Os dejo mi paz.» Después de hablar así, les indicó que regresaran a sus tiendas, pero mientras se iban, llamó a Pedro, Santiago y Juan, diciendo: «Deseo que permanezcáis un rato conmigo.»

Los apóstoles se durmieron únicamente porque estaban literalmente agotados. Habían estado escasos de sueño desde que llegaron a Jerusalén. Antes de ir a sus diferentes tiendas para dormir, Simón Celotes los condujo a todos a su tienda, donde estaban guardadas las espadas y otras armas, y entregó a cada uno su equipo de combate. Todos recibieron estas armas y se las ciñeron allí mismo, excepto Natanael. Al rehusar el arma, Natanael dijo: «Hermanos míos, el Maestro nos ha dicho muchas veces que su reino no es de este mundo, y que sus discípulos no deberían luchar con la espada para establecerlo. Yo creo en esto, y no pienso que el Maestro necesite que utilicemos la espada para defenderlo. Todos hemos visto su enorme poder y sabemos que podría defenderse de sus enemigos si lo deseara. Si no quiere resistirse a sus enemigos, debe ser porque esa conducta representa su intento por realizar la voluntad de su Padre. Rezaré, pero no empuñaré la espada.» Cuando Andrés escuchó el discurso de Natanael, devolvió su espada a Simón Celotes. Así pues, nueve de ellos estaban armados cuando se separaron para irse a dormir.

El resentimiento que tenían porque Judas era un traidor eclipsó por el momento todo lo demás en la mente de los apóstoles. El comentario del Maestro alusivo a Judas, expresado en el transcurso de la última oración, había abierto sus ojos al hecho de que los había abandonado.

Después de que los ocho apóstoles se hubieron retirado finalmente a sus tiendas, y mientras Pedro, Santiago y Juan estaban esperando recibir las órdenes del Maestro, Jesús le dijo a David Zebedeo: «Envíame a tu mensajero más rápido y fiable.» Cuando David trajo ante el Maestro a un tal Jacobo, en otro tiempo corredor al servicio de los mensajes nocturnos entre Jerusalén y Betsaida, Jesús se dirigió a él y le dijo: «Ve a toda prisa hasta Abner en Filadelfia y dile: `El Maestro te envía sus saludos de paz y dice que ha llegado la hora en que será entregado en manos de sus enemigos, que le darán muerte, pero que resucitará de entre los muertos y pronto aparecerá ante ti antes de ir hacia el Padre, y que entonces te dará unas directrices hasta el momento en que el nuevo instructor venga a vivir en vuestro corazón.’» Cuando Jacobo hubo repetido este mensaje a la satisfacción del Maestro, Jesús lo envió a su misión, diciendo: «No temas por lo que alguien pueda hacerte, Jacobo, porque esta noche un mensajero invisible correrá a tu lado.»

Luego Jesús se volvió hacia el jefe de los visitantes griegos que estaban acampados con ellos y le dijo:

«Hermano mío, no te inquietes por lo que está a punto de suceder, puesto que te he avisado de antemano. El Hijo del Hombre será ejecutado a instigación de sus enemigos, los jefes de los sacerdotes y los dirigentes de los judíos, pero resucitaré para estar con vosotros un poco de tiempo antes de ir hacia el Padre. Cuando hayas visto que sucede todo esto, glorifica a Dios y fortalece a tus hermanos.»

En circunstancias normales, los apóstoles hubieran dado personalmente las buenas noches al Maestro, pero esta noche estaban tan preocupados por la conciencia repentina de la deserción de Judas y tan aturdidos por la naturaleza insólita de la oración de despedida del Maestro, que escucharon su saludo de adiós y se alejaron en silencio.

Aquella noche, cuando Andrés se alejaba de su lado, Jesús le dijo lo siguiente:

«Andrés, haz lo que puedas para mantener juntos a tus hermanos hasta que yo regrese con vosotros después de haber bebido esta copa. Fortalece a tus hermanos, puesto que ya te lo he dicho todo. Que la paz sea contigo.»

Ninguno de los apóstoles esperaba que sucediera nada fuera de lo común aquella noche, puesto que ya era muy tarde. Trataron de dormirse para poder levantarse temprano por la mañana y estar preparados para lo peor. Pensaban que los jefes de los sacerdotes intentarían capturar a su Maestro por la mañana temprano, porque nunca se hacía ningún trabajo secular después del mediodía del día de la preparación de la Pascua. Sólo David Zebedeo y Juan Marcos comprendieron que los enemigos de Jesús vendrían con Judas aquella misma noche.

David había acordado permanecer de guardia aquella noche en el sendero más elevado que conducía a la carretera de Betania a Jerusalén, mientras que Juan Marcos debía vigilar la carretera que subía del Cedrón a Getsemaní. Antes de que David se dirigiera a su tarea autoimpuesta de centinela en un puesto avanzado, se despidió de Jesús diciendo: «Maestro, he tenido la gran alegría de servir contigo. Mis hermanos son tus apóstoles, pero yo he disfrutado haciendo las cosas menores tal como debían hacerse, y te echaré de menos con todo mi corazón cuando te hayas ido.» Jesús le dijo entonces a David: «David, hijo mío, los demás han hecho lo que se les ordenaba que hicieran, pero tú has hecho este servicio por tu propia voluntad, y he sido consciente de tu dedicación. Tú también servirás algún día conmigo en el reino eterno.»

Entonces, mientras se preparaba para ir a vigilar en el sendero de arriba, David le dijo a Jesús: «Sabes, Maestro, he enviado a buscar a tu familia, y un mensajero me ha dado la noticia de que esta noche están en Jericó. Mañana por la mañana temprano estarán aquí, pues sería peligroso para ellos subir de noche por este maldito camino.» Bajando la mirada hacia David, Jesús dijo solamente: «Que así sea, David.»

Cuando David se marchó hacia la parte alta del Olivete, Juan Marcos empezó a vigilar cerca de la carretera que descendía a lo largo del arroyo hacia Jerusalén. Juan habría permanecido en su puesto si no hubiera sido por su gran deseo de estar cerca de Jesús y de saber qué estaba sucediendo. Poco después de que David lo dejara, y al observar que Jesús se retiraba con Pedro, Santiago y Juan hacia una hondonada cercana, Juan Marcos se sintió tan dominado por una mezcla de devoción y de curiosidad, que abandonó su puesto de centinela y los siguió, ocultándose entre los arbustos. Desde allí observó y escuchó todo lo que sucedió durante estos últimos momentos en el jardín, poco antes de que Judas y los guardias armados aparecieran para arrestar a Jesús.

Mientras todo esto se desarrollaba en el campamento del Maestro, Judas Iscariote conversaba con el capitán de los guardias del templo, el cual había reunido a sus hombres antes de ponerse en camino, bajo la dirección del traidor, para arrestar a Jesús.

LAS ÚLTIMAS HORAS ANTES DE LA TRAICIÓN

La Pasión de Jesús –II  

Los discursos de Jesús: El discurso sobre la certidumbre

lacertidumbre 

Uno de los grandes sermones que predicó Jesús en el templo durante esa semana de Pascua fue en respuesta a una pregunta de uno de los oyentes, un hombre de Damasco. Este preguntó a Jesús: «Pero, Rabino, ¿cómo sabremos con certidumbre que tú has sido enviado por Dios, y que nosotros podremos en verdad entrar en este reino que tú y tus discípulos declaran venidero?» Y Jesús respondió:

«En cuanto a mi mensaje y a las enseñanzas de mis discípulos, debéis juzgarlos por sus frutos. Si os proclamamos las verdades del espíritu, el espíritu atestiguará en vuestro corazón que nuestro mensaje es genuino. En cuanto al reino y a vuestra certidumbre de que seréis aceptados por el Padre celestial, permitidme preguntaros ¿qué padre entre vosotros, digno de llamarse padre y con un corazón tierno, abandonaría a su hijo en la ansiedad o en el suspenso sobre su posición dentro de la familia o su sitio asegurado en el afecto del corazón de su padre? ¿Acaso vosotros, padres terrestres, disfrutáis torturando a vuestros hijos con incertidumbres sobre el lugar de amor que ocupan en vuestro corazón paterno humano? Tampoco abandona vuestro Padre en el cielo a sus hijos de fe del espíritu en la incertidumbre de no saber cuál es su posición en el reino. Si recibís a Dios como vuestro Padre, de verdad y de veras seréis hijos de Dios. Y si sois hijos, os encontraréis seguros en vuestra posición en todo cuanto se refiera a la filiación eterna y divina. Si creéis mis palabras, creéis de este modo en Aquel que me envió; y creyendo así en el Padre os habéis asegurado vuestro estado en la ciudadanía celestial. Si hacéis la voluntad del Padre en el cielo, no dejaréis jamás de alcanzar la vida eterna de progreso en el reino divino.

«El Espíritu Supremo será testigo con vuestro espíritu de que sois realmente hijos de Dios. Y si sois hijos de Dios, habéis nacido del espíritu de Dios; y el que haya nacido del espíritu, tiene dentro de sí el poder de sobreponerse a toda duda, y ésta es la victoria que se sobrepone a toda incertidumbre, aun vuestra fe.

«Dijo el profeta Isaías hablando de estos tiempos: ‘cuando el espíritu se derrame sobre nosotros desde lo alto, entonces la labor de la rectitud significará paz, reposo, y seguridad para siempre’. Para todos aquellos que crean verdaderamente en este evangelio, yo seré la garantía de su recepción en la misericordia eterna y en la vida perdurable del reino de mi Padre. Así pues vosotros que oís de este mensaje y creéis en este evangelio del reino sois hijos de Dios, y tenéis vida para siempre; y la prueba para todo el mundo de que habéis nacido del espíritu está en que vosotros os amáis sinceramente los unos a los otros».

El gentío de escuchadores permaneció muchas horas con Jesús haciéndole preguntas y escuchando atentamente sus respuestas consoladoras. Aun los apóstoles se sentían fortalecidos por las enseñanzas de Jesús, y pudieron predicar el evangelio del reino con más fuerza y certidumbre. Esta experiencia en Jerusalén fue una gran inspiración para los doce. Fue su primer contacto con multitudes tan enormes, y aprendieron muchas lecciones valiosas que les resultaron de gran ayuda en su trabajo posterior.     


Los discursos de Jesús: Indice