Los tres miedos: El tercer miedo es el miedo a la muerte

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Pregunta: Al trabajar terapéuticamente con gente, observo que hay tres grandes miedos que siempre surgen: El miedo a volverse loco, el miedo a dejarse llevar en el orgasmo sexual y el miedo a la muerte. ¿Puedes comentar algo al respecto?

El tercer miedo del que hablas es el miedo a la muerte. El primero era el miedo a estar solo. La mayor parte del miedo a la muerte se destruirá ante la primera experiencia de estar solo y sin miedo. Otra gran parte del miedo a la muerte desaparecerá con la experiencia del orgasmo, porque durante el orgasmo la persona desaparece. Su identidad es inexistente. Hay una experiencia pero no hay “nadie” que la experimente.

Los primeros dos pasos facilitarán mucho el tercero. Y con cada paso tienes que ir profundizando en tu meditación. La terapia sin meditación no puede ayudar mucho. Sin meditación la terapia es simplemente superficial, un toque aquí y allá, y pronto el hombre será de nuevo el mismo. Una verdadera transformación no ha ocurrido nunca sin meditación y las situaciones originadas por la terapia son enormemente valiosas en lo que a la meditación se refiere.

Luego primero, utiliza la terapia para hacerle sentirse solo. Segundo, utiliza la meditación para darle el coraje para abandonar todo pensamiento y volcarse totalmente en el orgasmo. Sin preocuparse de lo que ocurra. Estas aquí para apoyarle. Tras estos dos pasos el tercero será muy fácil. Es el más fácil. Parece el mayor miedo del hombre. Pero no es verdad. No conoces la muerte; ¿Cómo puedes entonces tener miedo de ella? Siempre has estado viendo otras personas morir. Nunca te has visto a ti mismo muriendo. Quien sabe, quizás seas la excepción, porque no hay ninguna prueba de que vayas a morir. Los que han muerto han demostrado que eran mortales.

Cuando estaba en la universidad, aprendiendo “lógica” de mi profesor, en cada libro, en cada universidad alrededor del mundo, se enseña el mismo silogismo aristoteliano. El hombre es mortal. Sócrates es un hombre. Luego Sócrates es mortal. Y cuando me enseñaron ese silogismo por primera vez, me puse de pie y dije, “Un momento. Quizás yo sea la excepción. Hasta ahora he sido una excepción. ¿Por qué no también mañana? Sobre Sócrates acepto que el silogismo es cierto porque él está muerto, ¿Pero y yo?, ¿Y tú?, ¿Y toda esta gente que está viviendo? Ellos no han muerto todavía”.

Tu experiencia de la muerte ―de gente muriendo en la miseria, con sufrimiento, con disgusto, con todo tipo de dolores― es lo que origina tu miedo. Porque nadie ha conocido la muerte de un hombre iluminado, con qué belleza muere, con qué éxtasis!. El momento de su muerte es de una luminosidad tremenda, de un silencio… como si su éxtasis irradiase de cada poro de su ser. Aquellos que están cerca de él, aquellos que han tenido la fortuna de estar cerca de él, se sorprenderán de ver que la muerte es mucho más gloriosa que la vida.

Pero este tipo de muerte ocurre solo a aquellos que han vivido totalmente, sin miedo, a aquellos que han vivido con éxtasis, sin preocuparse de que dicen los idiotas sobre la muerte. No la han conocido y continúan hablando acerca de ella.

El miedo a la muerte será el más fácil de los tres. Tienes que resolver los dos primeros, y entonces hacer ver a la persona que la muerte no es el final de la vida. Si meditas profundamente y alcanzas tu centro más profundo, de repente encontrarás una corriente de vida eterna. Tus cuerpos… has tenido muchos. Tu ser ha adoptado muchas formas diferentes, pero tú continúas siendo el mismo. Pero no ha de ser una creencia ―Tiene que ser tu propia experiencia.

Luego recuerda una cosa: tus grupos de terapia no deben ser como la terapia ordinaria ―simplemente alguien haciendo un lavado de cerebro a un hombre y haciéndole sentir que ha aprendido algo, el hombre experimenta algo y dos semanas después es otra vez el mismo. No hay una sola persona en el mundo que haya sido totalmente curada con psicoanálisis. Y hay miles de psicoanalistas haciendo psicoanálisis, y ni una sola persona en el mundo que haya sido curada. No existe un solo caso que hayan podido resolver todavía, por la sencilla razón de que no conocen la meditación. Y sin meditación puedes continuar pintando la superficie, pero la realidad interior permanece igual.

Mis terapeutas han de introducir la meditación como centro de su terapia, y todo lo demás debe girar alrededor de ella. Entonces la terapia será realmente valiosa. Entonces será necesaria no sólo para aquellos que están enfermos, o desequilibrados mentalmente, o para aquellos que sienten miedo, celos, o violentos. Esta es solo la parte negativa de la terapia.

Nuestra terapia servirá para devolver a la persona su individualidad. Le devolverá su niñez, su inocencia. Esto le dará integridad, cristalización, luego nunca tendrá miedo a la muerte. Y una vez que el miedo a la muerte desaparece, los otros miedos son muy pequeños y caerán por si solos, desaparecerán.

Tenemos que enseñar a la gente como vivir totalmente, íntegramente, contra todas las enseñanzas de las religiones. Las religiones enseñan renuncia. Nosotros enseñamos alegría, celebración.

Los tres miedos  – III –

OSHO

OSHO

 Y sin meditación puedes continuar pintando la superficie, pero la realidad interior permanece igual.

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Krishnamurti – Me gustaría saber lo que piensa de la muerte

¿MIEDO A LA MUERTE?

¿Por qué teme usted a la muerte? ¿Será, acaso, porque no sabe cómo vivir? Si supiera cómo vivir con plenitud, ¿tendría miedo de morir? Si amara los árboles, la puesta del sol, la hoja que cae, si amara a los pájaros; si estuviera atento a los hombres y mujeres que lloran, a los pobres, y si de veras sintiera amor en su corazón, ¿temería a la muerte? ¿Le temería? No se deje persuadir por mí; reflexionemos juntos sobre ello. Usted no vive con alegría, no es feliz, no es vitalmente sensible a las cosas; ¿por esa razón pregunta qué va a ocurrir cuando muera? La vida es para usted dolor y, por eso, está mucho más interesado en la muerte. Siente que tal vez habrá más felicidad después de la muerte. Pero ése es un problema tremendo, y yo no sé si usted desea investigarlo. Al fin y al cabo, en el fondo de todo esto está el miedo: miedo de vivir, miedo de morir, miedo de sufrir. Si usted no puede comprender qué es lo que da origen al miedo, y así se libera de ello, entonces no importa mucho si está vivo o muerto.

Yanni – Until The Last Moment – Violin Duet – Samvel Yervinyan –

Yo deseo meditar. ¿Podría decirme, por favor, sobre qué debo meditar?

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Comprender todo este problema de la influencia, la influencia del conocimiento, de la experiencia, de los motivos internos y externos —descubrir qué es verdadero y qué es falso, y ver la verdad en lo así llamado falso-, requiere un discernimiento tremendo, una comprensión de las cosas tal como son, ¿no es así? Todo este proceso es, ciertamente, el camino de la meditación. La meditación es esencial en la vida, en nues­tra existencia cotidiana, tal como es esencial la belleza. La comprensión de este proceso total de la existencia: las influencias, los sufrimientos, el esfuerzo cotidiano, la perspectiva autoritaria del vivir, las acciones políticas, etc., todo esto es la vida; y el proceso de comprenderlo todo y liberar la mente, es meditación. Si uno comprende realmente esto, entonces la vida es siempre un pro­ceso meditativo, un proceso de contemplación, pero no con respecto a algo en particular. Estar alerta a este proceso total de la existencia, observarlo, penetrar desapasionadamente en él y liberarnos de él, eso es meditación.

K.: Bien, averigüemos qué es la meditación. Usted y yo va­mos a averiguarlo. No voy a decirle qué es la meditación. Ambos vamos a descubrirlo de un modo nuevo.

La mente que ha aprendido a meditar, o sea, que ha aprendido la técnica de concentrarse, de excluir todo limitándose a un pun­to en particular, una mente así no conoce la meditación. Eso es lo que desea la mayoría de nosotros. Deseamos aprender a concen­trarnos, a estar ocupados con un solo pensamiento excluyendo a todos los demás, y a eso lo llamarnos meditación. Pero eso no es meditación. La meditación es algo por completo diferente, y es lo que vamos a descubrir.

Nuestro primer problema es, entonces, saber por qué la men­te exige estar siempre ocupada. ¿Comprende? Mi mente dice: «Debo estar ocupada con alguna cosa, con una preocupación, con un recuerdo, con una pasión, o con cómo no ser apasionada, con la manera de librarme de algo, o de hallar una técnica que me ayudará a construir un puente… ». Si uno observa, ve que la mente exige una constante ocupación, ¿no es así? Por eso, usted dice: «Mi mente debe estar ocupada con la palabra Om», o repite: «Ram, Ram», o está ocupada con la bebida. La palabra Om, las palabras Ram, Ram o la bebida son la misma cosa, porque la mente desea hallarse ocupada, porque dice que si no se halla ocupada hará algún daño, irá a la deriva arrastrada por la corriente. Si la mente no se halla ocupada, ¿cuál es, entonces, el propósito de la vida? De modo que inventamos un propósito, noble, innoble o trascendental, y nos aferramos a él; y con eso estamos ocupados, Lo mismo da que la mente esté ocupada con Dios o con los negocios, ya que, consciente o inconscientemente, dice todo el tiempo que <<debe estar ocupada>>.

El próximo paso es, entonces, descubrir por qué la mente exi­ge ocupación. Por favor, sigan esto. Ahora estamos meditando. Esto es meditación. La meditación no es un estado que se encuentra al final. La libertad no es para lograrse al final, la libertad está al principio. Si no tengo libertad al principio, no tengo liber­tad al final. Si carezco de amor ahora, careceré de amor dentro de diez años. Así pues, lo que estamos haciendo ahora es tratar de descubrir en qué consiste la meditación. Y el mismo investigar en qué consiste la meditación es meditar.

La mente dice: «Debo estar ocupada con Dios, con la virtud, con mis preocupaciones o con mis intereses comerciales»; está pues, incesantemente activa en su ocupación. La mente sólo puede existir mientras está activa, mientras se halla consciente de sí misma en la acción, no de otro modo. Ella se reconoce como existente cuando está ocupada, cuando está actuando, cuando ob­tiene resultados, cuando se halla en movimiento. El movimiento es ocupación dirigida a un resultado, a una idea o a la negación de esa idea.

Estoy consciente de mí mismo sólo cuando hay movimiento de la acción, externo e interno, este exhalar respuestas, reacciones, recuerdos, y después volver a recogerlos. De modo que mi mente existe –yo existo- sólo cuando estoy pensando, cuando estoy en conflicto con algo, cuando hay sufrimiento, cuando hay ocupación, cuando me esfuerzo, cuando opto entre esto y aquello.

La mente se reconoce, pues, en movimiento cuando es ambiciosa y se deja arrastrar por su ambición; y, al ver que la ambición es torpe, tediosa, dice: «Me ocuparé de Dios». La ocupación de la mente con Dios es lo mismo que la ocupación de la mente con el dinero. Creemos que el hombre cuya mente está ocupada con Dios, es más sagrado que el hombre que piensa en el dinero, pero ambos son, de hecho, iguales; ambos desean re­sultados, ambos necesitan hallarse ocupados con algo. Enton­ces, ¿puede la mente permanecer sin ocupación alguna? Ése es el problema.

¿Puede la mente estar vacía, sin comparar, ya que el «más» es la manera como la mente «sabe» que existe? Esa mente jamás está satisfecha con lo que es; siempre está adquiriendo, compa­rando, condenando, exigiendo más y más. En su exigencia por el «más», en el movimiento del «más», se reconoce como existente, y eso es lo que llamamos autoconciencia, lo consciente superficial y lo inconsciente. Ésta es nuestra vida, es la manera como transcurre nuestra existencia cotidiana.

Quiero saber qué es la meditación; digo, pues, que quiero ocuparme de la meditación. Quiero averiguar qué es la meditación, así que mi mente­ está otra vez ocupada con la meditación.
¿Puede la mente ocupada ser capaz alguna vez de meditar? La meditación es, sin duda la comprensión acerca de los comporta­mientos de la mente. Si no sé cómo funciona, cómo trabaja mi mente, ¿puedo meditar? ¿Cómo puedo descubrir qué es la ver­dad?  Para eso, mi mente debe darse cuenta de lo ocupada que está; entonces, empieza a ver con qué se halla ocupada, y descu­bre que todas las ocupaciones son lo mismo, porque entonces la mente se llena de palabras, de ideas, de un movimiento constan­te, y así jamás hay quietud.

Cuando la mente se ocupa en descubrir qué es el amor, ésa es otra forma de ocupación, ¿no es así? Es como el hombre que se halla ocupado con alguna pasión.

Cuando uno dice que debe descubrir la verdad, ¿encontrará la verdad? ¿O la verdad surge a la existencia sólo cuando la mente no se halla ocupada, cuando está vacía para recibir, no para recoger,  no para acumular. Porque uno puede recibir sólo una vez. Pero, si lo que ha recibido lo convierte en un recuerdo con el que se halla ocupado, jamás recibirá otra vez. Porque el recibir es de instante en instante. Por lo tanto, pertenece a la intemporalidad.

En consecuencia, por pertenecer al tiempo, la mente no puede recibir lo intemporal. Tiene que estar, pues, completamente quieta, vacía, sin el más mínimo movimiento en ninguna dirección. Y eso sólo puede ocurrir con una mente no ocupada, no ocupada con el “más”, con un problema, con una preocupación, con escapes; una mente no condicionada por ninguna creencia, ninguna imagen, ninguna experiencia. Sólo cuando la mente está por completo libre, sólo entonces, existe la posibilidad de una inmensa, profunda quietud; y en esa quietud revela su existencia aquello que es eterno. Eso es meditación.

KRISHNAMURTI

The World Outside My Window – Time Lapse of Earth from the ISS

Realizado por la NASA

Un espectacular vídeo capturado en time-lapse y realizado con cientos de fotografías tomadas por la NASA desde la Estación Espacial. Internacional

LIBÉRATE DE TU MENTE

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 La buena nueva es que puedes liberarte de tu mente, que es la única verdadera liberación. Y puedes dar el primer paso ahora mismo.

EMPIEZA POR ESCUCHAR LA VOZ QUE HABLA DENTRO DE TU CABEZA, y hazlo tan frecuentemente como puedas. Presta una atención especial a cualquier patrón de pensamiento repetitivo, a esos viejos discos de gramófono que pueden haber estado dando vueltas en tu cabeza durante años.

Esto es lo que llamo «observar al pensador», que es otra manera de decir: escucha la voz dentro de tu cabeza, mantente allí como presencia que atestigua.

Cuando escuches la voz, hazlo imparcialmente. Es decir, no juzgues. No juzgues ni condenes lo que oyes, porque eso significaría que la misma voz ha vuelto a entrar por la puerta de atrás.

Pronto te darás cuenta de esto: la voz está allí y yo estoy aquí, observándola. Esta comprensión Yo soy, esta sensación de tu propia presencia, no es un pensamiento. Surge de más allá de la mente.

Así, cuando escuchas un pensamiento, no sólo eres consciente del pensamiento, sino también de ti mismo como testigo del pensamiento. Ha hecho su aparición una nueva dimensión de conciencia.

CUANDO ESCUCHAS EL PENSAMIENTO, sientes como si hubiera una presencia consciente —tu yo profundo— por debajo o detrás de él. De este modo el pensamiento pierde su poder sobre ti y se disuelve rápidamente, porque ya no energetizas tu mente mediante la identificación con ella. Es el principio del fin del pensamiento compulsivo e involuntario.

Cuando el pensamiento se aquieta, experimentas una discontinuidad en la corriente mental, una brecha de «no-mente». Al principio las brechas serán cortas, tal vez duren unos segundos, pero gradualmente se irán prolongando. Cuando ocurren estas discontinuidades, sientes cierta quietud y paz dentro de ti. Es el principio del estado natural de sentirte unido al Ser, generalmente nublado por la mente.

Con la práctica, la sensación de quietud y de  paz se va ahondando. De hecho, esa profundidad no tiene fin. También sentirás una sutil emanación de alegría elevándose desde lo más hondo de ti: la alegría de Ser.

En este estado de conexión interna estás mucho más alerta, más despierto que en el estado de identificación mental. Estás plenamente presente. Y también se eleva la frecuencia vibratoria del campo energético que da vida al cuerpo físico.

A medida que profundizas en este reino de la no-mente, como a veces se le denomina en Oriente, vas alcanzando el estado de conciencia pura. En ese estado sientes tu propia presencia con tal intensidad y alegría que, en comparación, todo pensamiento, toda emoción, tu cuerpo físico y todo el mundo externo se vuelven relativamente insignificantes. Sin embargo, no es un estado de egoísmo, sino de desprendimiento y generosidad. Te lleva más allá de lo que pensabas que era «tu identidad». Esa presencia es esencialmente tú, y al mismo tiempo es inconcebiblemente mayor que tú.

EN LUGAR DE «OBSERVAR AL PENSADOR», también puedes crear una apertura en la corriente mental por el simple hecho de dirigir el foco de tu atención al ahora. Basta con que te hagas intensamente consciente del momento presente.

Esto es algo por demás satisfactorio. De este modo retiras la conciencia de tu actividad mental y creas una brecha sin mente en la que estás muy alerta y consciente, pero no piensas. Ésta es la esencia de la meditación.

En TU VIDA COTIDIANA puedes practicar esto tomando cualquier actividad rutinaria, que habitualmente sólo es un medio para un fin, y darle toda tu atención para que se convierta en un fin en sí misma.

Por ejemplo, cada vez que subas o bajes las escaleras en tu casa o en tu puesto de trabajo, presta mucha atención a cada escalón, a cada movimiento, incluso a tu respiración. Mantente totalmente presente.

O cuando te laves las manos, presta atención a todas las percepciones sensoriales asociadas con esa actividad: el sonido y la sensación del agua, el movimiento de tus manos, el aroma del jabón, etc.

O cuando entres en tu coche, después de cerrar la puerta, detente durante unos segundos y observa el flujo de tu respiración. Toma conciencia de una silenciosa pero intensa sensación de presencia.

Hay un criterio que te permite medir el éxito logrado en esta práctica: el grado de paz que sientas en tu interior.

El paso más vital en tu camino hacia la iluminación es éste: aprende a no identificarte con tu mente. Cada vez que creas una apertura en el flujo mental, la luz de tu conciencia se fortalece.

Puede que un día te sorprendas sonriendo a la voz que suena en tu cabeza como sonreirías a las travesuras de un niño. Esto significa que has dejado de tomarte el contenido de tu mente tan en serio, y que tu sentido de identidad ya no depende de él.

Eckhart Tolle

Eckhart Tolle en español – ¿Son los pensamientos el origen del EGO

Al Marqz : Un sincero agradecimiento a todos/as los traductores de estos maravillosos vídeos de Eckhart Tolle, es un gran servicio a toda la humanidad de habla hispana, gracias de corazón.

Marco Antonio Solís – Tres Semanas

Arturo Vipp : Comúnmente yo no escucho este tipo de música, Ahora que eh escuchado esta canción, me dio mucho sentimiento, Cuando termine de escucharla, fui y abrace fuertemente a mi Mamá, y le dije que la amaba y que siempre estaría con ella.

Diana Zaldumbid: me encanta esta y el resto de tus canciones….. soy tu fan numero 1……. tus canciones son únicas que llegan al alma, sigue adelante MAS!!

miguelmartinp63 : Hermosa melodía que ayuda a reflexionar hacia el amor a los padres y también a un ser amado que se nos fue. Muchas felicidades y que la inspiración siga de tu mano , gracias Marco Antonio Solis

Siento que siempre estoy en una montaña-rusa de sentimientos. ¿Cómo bajarse de ella?

konchilis___sEn una Montaña-Rusa Emocional

  Siento que siempre estoy en una montaña-rusa de sentimientos. ¿Cómo bajarse de ella? He intentado sólo observarlos todos, pero tan pronto como uno se ha ido ¡surge algo más!

Vive cada emoción que sientas. Eres tú.

Odioso, feo, indigno… lo que sea, estate realmente en ello. Primero dale oportunidad a las emociones de llegar totalmente al consciente. En este momento, con tu esfuerzo de estar observando, las estás reprimiendo en el inconsciente. Entonces te involucras en tu trabajo cotidiano y las fuerzas a regresar. Ésa no es la manera de deshacerte de ellas.

Déjalas salir; vívelas, súfrelas. Será difícil y tedioso pero inmensamente recompensante. Una vez que las hayas vivido, las hayas sufrido y las hayas aceptado… que esto eres tú, que tú no te has hecho de este manera así que no necesitas condenarte, que ésta es la forma en que te has encontrado… Una vez que las hayas vivido conscientemente, sin ninguna represión, te sorprenderá que están desapareciendo por sí solas. Su fuerza sobre ti se está volviendo menor; su enganche a tu cuello ya no es tan fuere. Y cuando se estén alejando podrá haber un momento en que puedas empezar a observar.

Una vez que todo entra en la mente consciente se dispersa, y cuando solamente la sombra está allí, ése es el momento de darse cuenta. En este momento creará esquizofrenia; para entonces creará iluminación.

Cuando llega el miedo, ¿qué se le va a hacer?

¿Por qué habrías de pedir hacer algo? Cuándo hay miedo… ¡Estate asustado! ¿Por qué crear una dualidad? Cuando lleguen los momentos de miedo sé temeroso, tiembla de miedo y permite que el miedo tome posesión. ¿Por qué esta investigación constante? ¿Qué se le va a hacer? ¿Acaso no puedes permitir que la vida tome posesión de ti?

Cuando el amor toma posesión, ¿qué se le va a hacer? ¡Sé amoroso! No hagas nada; permite que el amor tome posesión de ti. Cuando llegue el miedo, tiembla como una hoja en un fuerte viento y será hermoso. Cuando se haya ido te sentirás tan sereno y en calma, como cuando pasa una fuerte tormenta y todo se queda en calma y callado después de ella. ¿Por qué estar luchando siempre contra algo?

El miedo llega… es natural, absolutamente natural. Pensar en un hombre que no esté asustado es imposible porque estará muerto. Entonces alguien estará tocando la bocina en el camino y un hombre sin miedo seguirá adelante, no se preocupará. Una serpiente estará en el camino y un hombre sin miedo no se preocupará, seguirá adelante. Un hombre sin miedo será absolutamente absurdo y estúpido.

El miedo es parte de tu inteligencia; no hay nada malo en ello.

El miedo simplemente muestra que hay muerte; y los seres humanos estamos aquí sólo por algunos momentos. Ese temblor dice que no vamos a estar aquí permanentemente, no estamos aquí eternamente; unos cuantos días más y te habrás ido.

De hecho debido al miedo el hombre ha estado en una profunda búsqueda de religión; de otra manera no habría tenido caso. Ningún animal es religioso porque ningún animal tiene miedo.

Ningún animal puede ser religioso porque ningún animal puede estar consciente de la muerte. El hombre está consciente de la muerte. A cada momento la muerte está allí y te rodea por todas partes. En cualquier momento te habrás ido; eso te hace temblar. ¿Por qué estar asustado? ¡Tiembla! Pero de nuevo el ego dice: “No, ¿asustado tú? No, esto no es para ti, esto es para cobardes. Tú eres un hombre valiente.”

No es para cobardes. Permite el miedo. Solamente una cosa debe ser entendida: cuando permitas el miedo y tiembles, obsérvalo, gózalo, y en ese observar, lo trascenderás. Verás que el cuerpo está temblando, verás que la mente está temblando pero llegarás a sentir un punto dentro de ti, un centro profundo que permanece sin ser afectado. La tormenta pasa, pero profundo en alguna parte dentro de ti hay un centro que está intacto: el centro del ciclón.

Permite el miedo, no luches contra él. Observa qué está sucediendo. Continúa observando. A medida que tu ojo que observa llegue a ser más penetrante e intenso, el cuerpo estará temblando, la mente estará temblando… profundo dentro de ti habrá consciencia, que simplemente es un testigo, que sólo observa. Permanece intacto, como una flor de loto en el agua. Solamente cuando alcances eso, alcanzarás la ausencia de miedo.

Pero esa ausencia de miedo no es no sentir miedo. Esa ausencia de miedo no es valentía. Esa ausencia de miedo es darte cuenta de que eres dos; una parte de ti morirá y una parte de ti es eterna. Esa parte que va a morir permanecerá siempre asustada. Y la parte que no va a morir, que es inmortal… para ella no tiene sentido estar asustado. Entonces existe una profunda armonía.

Tú puedes utilizar el miedo para la meditación. Utiliza todo lo que tengas para la meditación de modo que vayas más allá.

OSHO

Si te estás sintiendo desgraciado, deja que esto sea una meditación. Siéntate en silencio, cierra las puertas…

everyday_magic_by_phatpuppyart-d3lp3brUna nueva jornada ha empezado en tu vida

Cuando nos sentimos heridos emocionalmente, pueden surgir memorias que la mayoría de nosotros quiere arrojar al sótano del inconsciente. Pensamos que el tiempo se encargará de curarlas, pero ellas continúan volviendo. He aquí un método mucho más efectivo para curarlas…

“Si te estás sintiendo desgraciado, deja que esto sea una meditación. Siéntate en silencio, cierra las puertas. Primero, siente la desgracia con tanta intensidad como sea posible. Siente el dolor. Alguien te ha insultado: Ahora, la mejor manera de esquivar el dolor consiste en ir e insultarle, a fin de poder estar ocupado con esa persona. Eso no es meditación.

Si alguien te ha insultado, agradécele porque te ha dado la oportunidad de sentir una herida profunda. Esa persona ha abierto una herida. La herida puede haber sido creada por muchos, muchos insultos que has padecido en toda tu vida; puede que esa persona no sea la causa de todo el sufrimiento, pero ha disparado un proceso.carta a una

Simplemente cierra tu habitación, siéntate en silencio, sin enojo por la persona, pero con total atención al sentimiento que está surgiendo en ti: el sentimiento de dolor porque has sido rechazado, porque se te ha insultado. Y, entonces te quedarás sorprendido pues no sólo esa persona está ahí: todos los hombres y todas las mujeres y toda la gente que alguna vez te ha insultado empezarán a pasar por tu memoria.

Empezarás no solo a recordarlos, empezarás a revivirlos. Entrarás en una especie de primal. Siente el dolor, siente la pena, no la esquives. Por eso es que, en muchas terapias se le pide al paciente que no tome droga alguna antes de que empiece la terapia, por la razón simple de que las drogas son una forma de escapar de tu miseria interior. No te permiten ver las heridas, las reprimen. No te dejan penetrar en tu sufrimiento y, a menos que penetres en tu sufrimiento, no puedes ser liberado de su aprisionamiento.

Es perfectamente científico dejar todas las drogas antes de entrar en la terapia, si es posible incluso drogas como el café, el té, el cigarrillo, porque son todas formas de escapar. ¿Has observado? Cuando te sientes nervioso inmediatamente empiezas a fumar. Es una forma de evitar el nerviosismo; te entretienes fumando. En realidad es una regresión. El cigarrillo te hace sentir otra vez como un niño – despreocupado, irresponsable- porque el cigarrillo no es más que un seno simbólico. El humo caliente te lleva simplemente otra vez a los días en que te alimentabas del pecho materno y la leche tibia iba penetrando: El pezón se ha convertido en un cigarrillo. El cigarrillo es un pezón simbólico. Por medio de la regresión esquivas las responsabilidades y las penas de ser adulto. Y eso es lo que sucede con muchas, muchas drogas.

El hombre moderno está drogado como nunca antes, porque está viviendo en un gran sufrimiento. Sin las drogas sería imposible vivir con tanto sufrimiento. Esas drogas crean una barrera; te mantienen drogado, no te permiten la sensibilidad suficiente para reconocer tu pena. La primera cosa a hacer es cerrar las puertas y detener toda clase de ocupación: mirar la tele, escuchar la radio, leer un libro.

Detén todas las ocupaciones, porque eso también es una droga sutil. Permanece simplemente en silencio, completamente solo. Ni siquiera ores, porque eso nuevamente es una droga, empiezas a entretenerte, empiezas a hablar con Dios, te escapas de ti mismo. Atisha lo dice: simplemente sé tú mismo. No importa el dolor, no importa el sufrimiento producido. Ante todo experiméntalo en su total intensidad. Será difícil, tendrás que entregar el corazón: Puede que empieces a llorar como un niño, puede que te revuelques por el suelo por la profundidad de la pena, tu cuerpo puede tener contorsiones. Puede que te des cuenta súbitamente de que la pena no sólo está en el corazón, sino en todo el cuerpo, de que duele por todas partes, de que es penoso por todas partes, de que todo tu cuerpo no es otra cosa que dolor. Si lo puedes experimentar- esto es de tremenda importancia- entonces empieza a absorberlo.

No lo deseches. Es una energía tan valiosa, no la deseches. Absórbela, bébetela, acéptala, dale la bienvenida, siéntete agradecido. Y, puedes decirte: “Esta vez no voy a esquivarlo, esta vez no voy a rechazarlo, esta vez no voy a desecharlo. Esta vez me lo beberé y lo recibiré como a un huésped. Esta vez lo voy a digerir”. Puede que te lleve unos pocos días el ser capaz de digerirlo, pero el día que esto suceda habrás dado con una puerta que te llevará realmente muy, muy lejos.

Una nueva jornada ha empezado en tu vida, te estás desplazando hacia una nueva clase de ser, porque inmediatamente, en el momento en que aceptas la pena sin ningún rechazo, su energía y su cualidad cambian. Deja de ser una pena. En realidad uno se queda sorprendido, no lo puede creer, es algo tan increíble. Uno no puede creer que el sufrimiento puede ser transformado en éxtasis, que la pena se puede convertir en gozo. Cuando una cosa cualquiera es total, se transforma en su opuesto.

Éste es un gran secreto que debe recordarse. Cuando algo es total se cambia a su opuesto, porque no hay forma de seguir adelante; se ha llegado al cul-de-sac. Observa un viejo reloj de péndulo. Lo hace una y otra vez: el péndulo va hacia la izquierda, a la extrema izquierda, y luego hay un punto que no puede traspasar; entonces empieza a moverse hacia la derecha. Los opuestos son complementarios. Si puedes sufrir tu sufrimiento en su totalidad, con gran intensidad, te quedarás sorprendido… no serás capaz de creértelo cuando sucede la primera vez, que tu propio sufrimiento absorbido voluntariamente, con aceptación, se convierta en una gran bendición. La misma energía que se convierte en odio, se convierte en placer; la misma energía que se convierte en sufrimiento, se convierte en bendición”.

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Osho: El Secreto de los Secretos

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¿Cómo aflojar esta presión? Es necesario entrar deliberadamente en momentos de meditación.

En el pasado, evidentemente, el mundo era muy diferente. Unas seis semanas de estímulos sensoriales de hace seiscientos años equivalen a la cantidad que hoy nos llega en un solo día. Recibir en un solo día seis semanas de estímulos e información implica una presión para aprender y adaptarse cuarenta veces más grande. El hombre moderno debe tener una capacidad de aprendizaje mayor de la que haya tenido nunca, pues ahora hay más para aprender. El hombre moderno tiene que capacitarse para adaptarse a situaciones nuevas todos los días, debido a lo rápido que cambia el mundo. Es un gran desafío. Un gran desafío, si es aceptado, contribuye en gran medida al desarrollo de la conciencia.

Uno puede decir que el hombre moderno se vuelve completamente neurótico o que la gran presión lo transforma, de acuerdo con el punto de vista que uno asuma. Una cosa es segura: no hay forma de volver atrás. La estimulación sensorial continuará aumentando más y más. Recibiremos más y más información, y la vida seguirá cambiando a ritmos más y más veloces. Y tendremos que poder aprender, adaptarnos a cosas nuevas. En el pasado, el hombre vivía en un mundo prácticamente estático. Todo estaba inmóvil. Cada uno debía dejar el mundo tal como su padre se lo había dejado a uno, sin modificarlo en absoluto. Como nada cambiaba, no era necesario aprender demasiado. Era suficiente con aprender un poco, entonces quedaban espacios en la mente de cada uno, espacios vacíos, que ayudaban a la gente a mantener la cordura. Ahora, ya no hay espacios vacíos, salvo que uno los cree en forma deliberada.

Hoy, la meditación es más necesaria que nunca. La meditación es tan necesaria que es casi una cuestión de vida o muerte. En el pasado, era un lujo: poca gente (un Buda, un Mahavira, un Krishna) se interesaba en ella. Otras personas eran naturalmente calladas, o naturalmente felices, sanas. No necesitaban pensar en la meditación; de alguna manera inconsciente, estaban meditando. La vida se movía tan silenciosa y lentamente que hasta los más estúpidos podían adaptarse a ella. Ahora, el cambio es tan tremendamente rápido, tiene una velocidad tal, que hasta los más inteligentes se sienten incapaces de adaptarse a él. Cada día, la vida es diferente, y tenemos que volver a aprender.

Hay que aprender y volver a aprender una y otra vez. Ahora, no se puede dejar de aprender; el proceso de aprendizaje dura toda la vida.

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Hasta el momento mismo de morir, hay que seguir aprendiendo, pues es la única forma de mantener la cordura, evitando la neurosis. Y la presión es grande: cuarenta veces más grande.

¿Cómo aflojar esta presión? Es necesario entrar deliberadamente en momentos de meditación. Si una persona no medita al menos una hora por día, su neurosis no será accidental, sino generada por ella misma. Durante una hora, quien practique la meditación debe desaparecer del mundo y meterse en su propio ser. Durante una hora, debe estar tan aislado que nada llegue a él: ni un recuerdo, ni un pensamiento, ni una fantasía. Durante una hora, no debe haber contenido alguno en su conciencia.

Esto lo rejuvenecerá y lo refrescará, liberará nuevas fuentes de energía en su interior; y el hombre volverá a estar en el mundo, más juvenil, más fresco, con mayor capacidad de aprendizaje, con más asombro en sus ojos y con más respeto en su interior. Nuevamente niño.

Osho

La Luz de la Compasión

Uno puede observar el efecto de diversas formas de presión sobre el cerebro. Un cerebro deteriorado se halla preso en la ilusión y, aunque medite por un millar de años, no encontrará la verdad.

Estamos interesados en la transformación psicológica, interna, de los seres humanos. A menos que nuestra conciencia experimente una radical transformación psicológica, no hay esperanza para el hombre. Ésta es una cuestión seria: hacer juntos un viaje en todo este problema de nuestra existencia diaria y ver si es posible transformar, producir una revolución psicológica radical en la estructura misma de nuestro pensar, de nuestro actuar, de nuestra conducta y de nuestra perspectiva de la vida. Nos interesan nuestras propias vidas, comprender nuestras vidas, nuestras desdichadas, conflictivas e infelices vidas cotidianas, y ver si no es posible generar una profunda y duradera transformación en nosotros mismos.

Juntos, quien les habla y ustedes, vamos a explorar el problema del cerebro, de nuestro cerebro humano que ha sido tan estropeado, deformado, distorsionado por la constante presión de la propaganda, de la cultura, por nuestras ambiciones, nuestros pesares y temores, nuestras ansiedades y también por nuestros placeres. Ha habido una constante presión sobre el cerebro. Eso es un hecho. Y cuando hay presión sobre el cerebro, tiene que haber distorsión, a menos que el cerebro tenga la capacidad de renovarse a sí mismo, de recobrarse después de que la presión ha desaparecido; y esto pueden hacerlo muy pocas personas.

Están el arte de escuchar, el arte de la observación, del ver y el arte del aprender. Tal vez mediante estas artes de escuchar, observar y aprender, no tengamos que sentir en absoluto la presión sobre el cerebro, de modo que éste permanezca prístino, flexible, joven, fresco e inocente. Es sólo una mente inocente la que puede ver la verdad. Las presiones sobre el cerebro ocurren cuando hay ambición, violencia o resistencia, ira, propaganda, tradición; todas éstas son presiones tremendas sobre el cerebro. Por lo tanto, un cerebro que vive bajo estas presiones debe inevitablemente distorsionarse, deformarse, estropearse. Mediante la comprensión de “lo que es” en el arte de escuchar, en el arte de ver, de aprender, captando la plena significación de estas tres artes, las presiones pueden ser comprendidas y el cerebro puede permanecer inalterado.

Uno puede observar el efecto de diversas formas de presión sobre el cerebro. Un cerebro deteriorado se halla preso en la ilusión y, aunque medite por un millar de años, no encontrará la verdad. Es muy importante comprender si a un cerebro que ha sido tan lastimado puede devolvérsele su original cualidad de frescura, de claridad, su capacidad de decisión instantánea no basada en la lógica, en la razón. La razón, la lógica, tienen cierto valor pero son limitadas. Lo que ahora estamos haciendo juntos, si ustedes advierten esta presión, es volvernos plenamente conscientes de ella, pero tenemos que saber por nosotros mismos si nuestro pensar consciente es el resultado de diversas presiones y si, por lo tanto, ese pensar es la consecuencia de un cerebro distorsionado. Entonces surge el problema de si es posible hacerle recuperar al cerebro su indemne condición original y, en consecuencia, su capacidad de funcionar libremente. Decimos que es posible sólo cuando uno comprende o aprende el arte de escuchar, de cómo escuchar cuando hay resistencia a lo que se dice; esa resistencia es el resultado de nuestra presión. Es muy sencillo aprender el arte de escuchar.

Existe un gran milagro en el escuchar cuando no interpretamos lo que estamos oyendo, cuando no lo convertimos en una idea y luego perseguimos esa idea, porque en tal caso estamos completamente fuera de foco. Pero si escuchamos con todo el corazón, con solicitud, con atención, entonces ese mismo escuchar es como un florecer. En ese escuchar hay belleza. La hay, de igual modo, en el observar el mundo tal como es, el mundo exterior con toda su miseria, su pobreza, su degradación, su vulgaridad, su brutalidad y las cosas aterradoras que tienen lugar en el campo científico, en el campo tecnológico, en el mundo de las organizaciones religiosas, de la deshonestidad, de la ambición, del dinero y el poder ‑observar todo esto sin introducir nuestra condena o aceptación personal, o nuestro rechazo, sólo observar sin verbalizarlo, sin desear ver belleza, sólo observar-. Y después, observar igualmente lo que ocurre dentro de nosotros, nuestros pensamientos, nuestras ambiciones, nuestra codicia, nuestra violencia, nuestra vulgaridad, nuestra sexualidad… Sólo observar, y entonces veremos, si observamos de ese modo, que nuestra codicia y todo lo demás florecen y mueren, que hay un final para ello.

También existe un arte de aprender. Para casi todos nosotros, el aprender implica generalmente acumular conocimientos que se almacenan en el cerebro como en una computadora y actuar conforme a esos conocimientos. Aquí estamos proponiendo algo por completo diferente, que es el aprender sin acumulación. El aprender significa tener un discernimiento (insight) directo en el hecho. El discernimiento implica captar la plena significación, por ejemplo, de nuestra codicia, captar toda la naturaleza y estructura de la codicia mediante una percepción directa de la misma, mediante una comprensión total de esa reacción llamada codicia. Cuando hay completo discernimiento, hay necesidad de aprender. Uno está más allá del aprender. Es muy importante comprender estos tres actos: observar, escuchar y aprender, porque si hemos captado la plena significación de los tres, entonces podremos comprender y eliminar sobre la marcha, la presión que soporta el cerebro. Y esa presión existe cuando el cerebro carece de espacio.

Todas las cosas existen en el espacio: los árboles, las nubes, las estrellas, los pájaros y los seres humanos. Éstos deben tener algún espacio para vivir. El mundo se está poblando en exceso y el espacio se está volviendo más bien limitado. Ése es un hecho obvio, y puede ser que la presión de los seres humanos que carecen de espacio suficiente viviendo en una población, en una ciudad, sea uno de los factores de violencia. Y, en lo interno, apenas si tenemos espacio en absoluto. Vale decir, que nuestros cerebros están tan ocupados, nuestras mentes se ocupan tanto de nosotros mismos, de nuestro progreso, de nuestro status, de nuestro poder, de nuestro dinero, de nuestro sexo, de nuestra ansiedad, que esa ocupación misma impide que haya espacio. Todo nuestro mundo interno se halla en un estado de ocupación constante con una cosa u otra. No hay espacio y, porque falta espacio, la presión que ejercen nuestras ocupaciones se vuelve cada vez mayor y, por lo tanto, el cerebro se deteriora cada vez más. Es sólo cuando disponemos de tiempo libre que podemos aprender. Pero cuando el cerebro o la mente están tan ocupados, no tenemos tiempo libre y así jamás aprendemos nada nuevo. Ningún aire fresco puede entrar y, por consiguiente, el deterioro que la presión ocasiona en el cerebro es cada vez mayor. Ese es uno de los problemas de la meditación: descubrir si la conciencia puede liberarse de todas las presiones, lo cual implica una mente libre.

Estamos investigando qué es la meditación, no cómo meditar. Esa es una de las cosas más tontas en que uno pueda pensar: que le digan cómo meditar. Eso significaría que uno quiere un sistema de meditación. Para quien les habla no hay sistema de meditación. En la meditación, la acción de la voluntad tiene que cesar por completo. La voluntad es la esencia del deseo, una forma intensificada del deseo. En toda nuestra vida actuamos por medio de la voluntad: “Yo haré esto”, “yo no debo hacer aquello”, “llegaré a ser algo grande”. La esencia misma de la voluntad la constituyen la ambición, la violencia. ¿Es posible actuar en la vida cotidiana sin ejercer la voluntad, o sea, sin ejercer control alguno?

¿Podemos actuar en la vida, en la vida de todos los días, sin ejercer la voluntad, sin controlar? El controlador es la esencia del deseo, que varía de tiempo en tiempo. Por lo tanto, siempre hay conflicto entre el que controla y lo controlado. Cuando aceptamos la meditación tradicional, tratamos de concentrarnos, de controlar nuestros pensamientos. En la meditación, si uno la sigue hasta su máxima profundidad y altura, la mente tiene que estar por completo libre de todas las acciones de la voluntad. La acción de la voluntad existe cuando uno elige. Cuando elegimos, hay confusión. Sólo cuando nos hallamos confundidos comenzamos a elegir, a optar. Es únicamente cuando hay claridad interna que no optamos. De modo que la opción, la voluntad y el control marchan juntos e impiden la total libertad de la mente. Ese es un punto.

El otro punto es que ustedes piensan que su conciencia particular es diferente de la mía o de la de alguna otra persona. ¿Es así? La conciencia de cada uno de nosotros contiene toda la cultura que ha sido vertida en nuestra mente, la tradición, los libros que hemos leído, la lucha, el conflicto, la desdicha, la confusión, las vanidades, las crueldades, la arrogancia, la angustia, el dolor, el placer… todo eso es nuestra conciencia de hindú, musulmán, budista o lo que fuere. El contenido de eso constituye nuestra conciencia. ¿Es posible, entonces, librarse de ese contenido? Es muy importante que esto se comprenda, no cómo vaciar la conciencia de su contenido sino, en primer lugar, darnos cuenta de ese contenido. El darnos cuenta implica observar el mundo y verlo tal como es, conocer el mundo, los árboles, la naturaleza, la belleza y la fealdad, estar atentos a nuestro prójimo, ver lo que él o ella visten, y también estar atentos a lo que somos internamente. Y si estamos así de atentos, veremos que en esa atención hay una gran cantidad de reacciones, agrado y desagrado, castigo y recompensa, etcétera. ¿Podemos estar atentos sin preferencia alguna, con una atención sin opciones? Sólo estar atentos, sin elegir, sin ningún tipo de prejuicio, darnos cuenta totalmente de nuestra conciencia. Vale decir, ¿puede la conciencia darse cuenta de sí misma? Lo cual también implica: ¿Puede el pensamiento, puede nuestro pensar darse cuenta de sí mismo?

El cerebro es como una computadora. Está siempre registrando, registrando nuestras experiencias, nuestras esperanzas, nuestros deseos, nuestras ambiciones; registra cada impresión, y de esa impresión, de ese registro surge el pensamiento. Ahora, la pregunta es: ¿Podemos darnos cuenta del pensamiento cuando surge, tal como nos damos cuenta de la ira cuando aparece en nosotros? Eso es posible, ¿verdad? Así como podemos advertir el surgimiento de la ira, ¿podemos igualmente percibir el pensamiento cuando éste comienza? Lo cual implica percibir la cosa mientras florece y se desarrolla. ¿Hay, del mismo modo, una percepción de nuestra conciencia, de la totalidad de ella? Esto forma parte de la meditación, es la esencia de la meditación: darse cuenta, sin preferencia alguna, del mundo exterior y del inmenso conflicto que impera dentro de nosotros. Cuando lleguemos a este punto, veremos que el mundo no está separado de uno mismo, el mundo es uno mismo. Al percibirse la conciencia a sí misma, las partes que componen la conciencia desaparecen. Entonces, la conciencia se convierte en algo por completo diferente. Entonces es la conciencia de la totalidad, no de la parte.

Casi todos nosotros estamos acostumbrados a los sistemas, a diversas formas de yoga, a diversas formas de gobierno, de normas burocráticas, todas las cuales se basan en los sistemas. El gurú que tienen les dará un sistema de meditación; o bien tomarán ustedes un libro y de ese libro aprenderán un sistema. El sistema implica la comprensión del todo a través de la parte. Estudiando la parte, esperan ustedes comprender la totalidad de la existencia. Nuestro cerebro, nuestra mente está adiestrada para seguir sistemas, sistemas de yoga o nuestros propios sistemas. Cuando uno sigue un sistema está metido en un surco, y ésa es la forma más cómoda de vivir. Un sistema es como una vía férrea, y los seguidores de un sistema no se dan cuenta de que son como el tren que marcha restringido a los rieles.

De manera que la concentración es una resistencia a todas las otras formas de pensamiento. Ustedes cultivan la resistencia, mientras que lo que nosotros decimos es que la concentración sólo es necesaria en determinado nivel. Aun ala, si podemos aprender a prestar atención, la concentración se vuelve muy fácil. Vamos a averiguar qué significa estar atento, entregar el corazón, la mente, entregar por completo todos nuestros sentidos a algo. Cuando uno atiende así, cuando todos sus sentidos están completamente despiertos y observando, entonces en ese proceso, en esa calidad de atención, no existe un centro. Cuando no existe el centro, no hay limitación para el espacio. La mayoría de nosotros tiene un centro, que es la forma del “yo”, el ego, la personalidad, el carácter, la tendencia, la idiosincrasia, las peculiaridades, etcétera. En cada uno de nosotros hay un centro que es la esencia del yo, que es egoísmo. Dondequiera que haya un centro, el espacio tiene que ser siempre limitado. Por eso decimos que una mente ocupada está formando centro todo el tiempo y, por lo tanto, su ocupación está limitando el espacio. Cuando hay atención total, cuando uno observa, escucha y aprende con todos sus sentidos despiertos, no hay un centro.

Hagan esto en su vida cotidiana, en la relación que establecen con la esposa, con el vecino, con la naturaleza. Relación significa estar en contacto. Uno sólo puede estar relacionado de ese modo con alguien si no tiene una imagen de sí mismo o del otro; entonces hay una relación directa.

De esto surge la compasión, o sea, la pasión por todo. Eso solamente puede ocurrir cuando existe este perfume, esta calidad de amor que no es deseo, que no es placer, que no es la acción del pensamiento. El amor no es algo producido por el pensamiento, por el ambiente, por la sensación. El amor no es emocionalismo ni sentimentalismo. Amor significa amor por las rocas, por los árboles, significa amar a un perro perdido, amar los cielos, la belleza, la puesta de sol, amar al prójimo… amar sin toda la sensación de la sexualidad con que ahora identificamos al amor. El amor no puede existir cuando somos ambiciosos, cuando buscamos poder, posición, dinero. ¿Cómo puede un hombre amar a su esposa cuando toda su mente está concentrada en llegar a ser alguien, en tener poder en el mundo? Él podrá dormir con ella, tener hijos, pero eso no es amor. Es lujuria, con todas sus desdichas. Y sin amor no podemos tener compasión. Cuando hay compasión, hay claridad, que es la luz que emerge de la compasión. Todos los actos son entonces claros, y de esa claridad viene la destreza, destreza en la comunicación, en la acción, destreza en el arte de escuchar, de aprender, de observar.

La meditación es el despertar de esa inteligencia que nace de la compasión, de la claridad y de la destreza que la inteligencia utiliza. Esa inteligencia no es personal, no puede ser cultivada; surge sólo de la compasión y la claridad. Todo esto y mucho más es la meditación, y lo “más” adviene cuando la mente es libre y, por lo tanto, se halla completamente quieta. No puede estar quieta si no hay espacio. De igual manera, el silencio puede llegar, no mediante la práctica o el control, no como el silencio entre dos ruidos o como la paz entre dos guerras; el silencio llega sólo cuando la mente y el cuerpo están en completa armonía y sin fricción alguna. Entonces, en ese silencio hay un movimiento total que es la terminación del tiempo. Eso significa que el tiempo ha llegado a su fin. Hay mucho más en la meditación, y consiste en descubrir aquello que es lo más sagrado. No lo sagrado de los ídolos que hay en los templos, iglesias o mezquitas; esas cosas están hechas por el hombre, las fabrican la mano, la mente, el pensamiento. Existe lo sagrado que no ha sido tocado por el pensamiento.

Ello puede llegar con naturalidad, fácil y gozosamente sólo cuando hemos creado un orden completo en nuestra vida cotidiana. Cuando hay un orden semejante en nuestra vida de todos los días ‑orden significa ausencia de conflicto-, entonces desde ese orden surge esta calidad de amor, compasión y claridad. Y la meditación es todo esto, no un escaparle a la vida, a nuestro vivir. Y bienaventurados son aquellos que conocen la calidad de esta meditación.

Krishnamurti