La libertad es orden absoluto; ni la libertad ni el orden son relativos

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Esta confusión se constata en educación, la cual tiene como fin primordial el cultivo de la memorización del conocimiento, pasando por alto toda la estructura psicológica del hombre.

La libertad es orden absoluto; ni la libertad ni el orden son relativos. Uno o bien es libre o no lo es. O bien existe un orden total en uno mismo o hay desorden. El orden es armonía. Al parecer a los seres humanos les gusta vivir en desorden tanto por fuera como en su interior. Esto se ve en la política. Todos los gobiernos son corruptos, unos más y otros menos. Están liderados por gente que en sí es desordenada, ambiciosa, engañosa, aquejada de antagonismos y vanidades personales. Por eso hay guerras económicas, los muy ricos y los muy pobres, y todas las desdichas que se derivan de las tribulaciones de la miseria.

Esta confusión se constata en educación, la cual tiene como fin primordial el cultivo de la memorización del conocimiento, pasando por alto toda la estructura psicológica del hombre. Este desorden se ve expresado cuando un grupo de personas matan a otro grupo y se preparan para la guerra mientras hablan de paz. La ciencia se ha convertido en una herramienta del gobierno. Los negocios y el progreso están destruyendo la tierra, contaminando el aire y el agua de los mares.

Cuando uno mira a su alrededor, ve el caos, la confusión y la tremenda desdicha exteriores. Y por dentro los seres humanos también son infelices, llevan vidas contradictorias, batallando sin fin, en conflicto, buscando seguridad y no encontrándola ni en los credos ni en las posesiones. Hay dolor en la vida y en la muerte. El desorden interior del hombre genera la estructura del desorden externo. Todos estos son hechos evidentes. Aunque hablemos de libertad, al parecer son muy pocos los que la encuentran.

La educación consiste primordialmente en generar orden en nuestra vida diaria y en comprender el significado íntegro de la vida. Comprender el orden y vivir en él requiere la forma más elevada de inteligencia, pero no se nos educa para eso. Nuestro principal objetivo es la adquisición de conocimientos como medio de supervivencia, una supervivencia conflictiva en un mundo caótico.

El orden es algo extraordinario. Posee su propia belleza, su propia vitalidad independiente del entorno. Uno no puede decirse a sí mismo que va a ser ordenado en su forma de ser, en sus acciones y pensamientos. Si lo hace, pronto descubre que eso crea una pauta de conducta que luego se vuelve mecánica. Este hábito mecánico del pensamiento o de la acción, y por consiguiente de la conducta, forma parte de la confusión. El orden es inmensamente flexible, sutil y ágil. No se puede confinar dentro de un marco y luego procurar vivir conforme a esa demarcación. La imitación es una de las causas de que haya confusión y conflicto. No se pueden establecer reglas para el movimiento del orden. De hacerse, entonces esas mismas reglas se convierten en la autoridad que exige obediencia y conformismo. Este es otro factor que también ha contribuido a generar sufrimiento en el hombre.

Luego está la persona que tiene que tener todo lo que le rodea justo en su sitio, sin que nada esté fuera de lugar. Para dicha persona el orden consiste en que todo se mantenga en línea recta y se siente neuróticamente molesto si esa línea se tuerce o se desvía. Semejante persona vive enjaulada en su propia neurosis. En el mundo hay una serie de monjes y ascetas que han disciplinado sus mentes y sus cuerpos para obedecer; a su dios sólo se puede acceder por las puertas de la creencia y la aceptación estrictas. La disciplina es el ejercicio habitual en nombre de la virtud, del Estado, de dios, de la paz o de lo que fuere.

Por consiguiente, ¿qué es el orden? La definición según el diccionario es una cosa y según el razonamiento, inclinación o temperamento personales es otra. Lo que nos interesa es el significado que consta en el diccionario y no lo que uno opine que es. Nos interesa de forma objetiva y no desde ninguna perspectiva personal. El punto de vista personal sobre cualquier cosa distorsiona lo que es. Lo importante es el hecho, no lo que uno piense acerca de lo que es. Cuando se observa todo el movimiento de la vida a partir de una reacción u opinión personal y condicionada, entonces la vida se fragmenta entre el ‘yo’ y el ‘usted’; el ‘usted’ es lo externo y el ‘yo’ es lo interno. Esta fragmentación es la causa principal de la confusión y el conflicto internos y externos. El orden surge en una mente que no está fragmentada o escindida por el pensamiento.

El orden del pensamiento es una cosa y el orden de una mente íntegra es otra. El primero conduce a la maldad y el segundo al florecer de la bondad. El orden del pensamiento que se expresa en la legislación tiene su función; sin embargo, en la conducta y en la relación ese orden se convierte en desorden porque el pensamiento es la actividad de la fragmentación. El pensamiento ha dividido a la gente en religiones sectarias, en naciones, en comunistas y no comunistas, en ‘nosotros’ y ‘ellos’. No hay pensamiento sin palabra, sin imagen y símbolo. Estos son los que han dividido a las personas. El pensamiento ha constituido este mundo monstruoso y tratamos de crear un mundo nuevo mediante el pensamiento sin darnos cuenta de que el propio pensamiento es el que genera las actividades de la confusión, la división y el conflicto.

El orden de una mente íntegra es algo totalmente distinto y aquí reside la dificultad. Cuando usted lee esta afirmación, la convierte en un proceso de pensamiento y de ese modo su lectura es una abstracción. Una vez ha convertido la declaración en una abstracción, usted trata de emparejarla con una abstracción que ya existe en su memoria. Cuando no hay ninguna correspondencia, usted dice que no entiende lo que esa declaración significa y dice que entiende cuando ambas abstracciones concuerdan. Sea consciente, pues, de lo que está pasando en su mente, de la rapidez con la que interviene el pensamiento, de que nunca escucha o lee con una mente desprovista de la carga del pasado. El saber es el pasado. Dicho conocimiento tiene su sentido utilitario, pero cuando se emplea en nuestras relaciones empiezan la confusión, el conflicto y el dolor.

Así que el orden es la acción de lo nuevo, o sea de la inteligencia.

Ahora demos vuelta atrás y examinemos todo esto. Decíamos que el orden absoluto es libertad. Este orden absoluto sólo puede existir cuando en el propio interior ha cesado toda clase de conflicto. Cuando ese orden exista, entonces uno no se planteará la cuestión del desorden en el mundo. Usted sólo se hará esa pregunta cuando usted sea el mundo y el mundo sea usted. Cuando usted no pertenezca al mundo, o sea cuando haya orden absoluto en su interior, su relación con el mundo habrá experimentado un cambio total. Usted estará en el mundo pero no formará parte de él.

Sea, pues, consciente del desorden del mundo y del desorden en sí mismo. Entonces no habrá división entre usted y el mundo, sólo habrá desorden. Cuando la mente es consciente de dicho desorden sin elección, sin movimiento alguno del pensamiento, entonces el orden sobreviene por sí mismo. Lo que se induce no es orden: la invitación proviene del desorden. El orden y el desorden no están relacionados entre sí, no son opuestos. El orden no resulta del conflicto entre los contrarios: o bien hay orden o no lo hay. Cualquier pretensión de llevar una vida ordenada nace del desorden.

Krishnamurti

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¿Qué son vuestras emociones, estados de ánimo, sentimientos? ¿Qué es la totalidad de vuestra mente?

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¿Qué son vuestros pensamientos salvo ondas en un lago?

¿Qué son vuestras emociones, estados de ánimo, sentimientos?

¿Qué es la totalidad de vuestra mente? Simplemente un torbellino. Y debido a ese torbellino no podéis ver vuestra propia naturaleza.

No dejáis de pasaros por alto. Conocéis a todo el mundo y, jamás os conocéis a vosotros.

Estáis enfadados, pero no podéis permanecer así siempre. Incluso el hombre más encolerizado ríe a veces, ha de hacerlo. Estar airado no puede convertirse en un estado permanente. Hasta el hombre más triste sonríe; e incluso el hombre que ríe continuamente a veces llora y sus ojos se llenan de lágrimas.

Las emociones no pueden ser permanentes. Se mueven, y continuamente cambiáis de un estado a otro. En este momento os halláis tristes, en aquel momento estáis felices; en este momento estáis enfadados. Aquel momento sois muy compasivos; este momento sois cariñosos, en otro momento estáis llenos de odio; la mañana fue hermosa, la noche es fea.

Esto continúa.

El punto de vista corriente es que, el corazón es la fuente de emociones como el amor, el odio o la ira. Así como la mente es la fuente de los pensamientos conceptuales, el corazón es la fuente de todo lo que es emocional y sentimental. Ese es el punto de vista corriente.

Hemos vivido con la división tradicional de que la imaginación, las sensaciones, las emociones y los sentimientos, pertenecen al corazón. Pero vuestro corazón es un sistema de bombeo. Todo lo que pensáis, imagináis o sentís está confinado en la mente. La mente tiene setecientos centros y estos son los que lo controlan todo.

Pero cuando Buda dice «el corazón», se refiere al centro mismo de vuestro ser.

Considera que vuestro amor, vuestro odio, todo, surge de la mente. Y pienso que él es absolutamente científico; todos los psicólogos estarían de acuerdo con él. Podéis experimentar con vosotros. Podéis ver de dónde surge vuestra ira… de la mente. De dónde surgen vuestras emociones… de la mente. La mente es un fenómeno grande, abarca el pensamiento conceptual, abarca los patrones emotivos y los sentimientos.

Hay que comprender esto: las emociones están en la cabeza, pero la consciencia no. De hecho, ¡vuestra cabeza esta en la consciencia! La consciencia es vasta, infinita. Las emociones, los deseos, las ambiciones, están en vuestra cabeza; se marchitarán. Pero incluso cuando vuestra cabeza se haya desvanecido completamente y desaparecido en la tierra, la consciencia no desaparecerá. La consciencia no está contenida en vosotros, sino os contiene, es más grande que vosotros.

Es absolutamente cierto: vuestras emociones, sentimientos, pensamientos… toda la parafernalia de la mente, procede del exterior, está manipulada por el exterior. Eso ha quedado más claro científicamente. Pero incluso sin la investigación científica, durante miles de años los místicos han afirmado exactamente lo mismo… Que todas estas cosas con la que está llena la mente no son vosotros. Vosotros estáis más allá de ellas. Se os identifica con ellas, y ese es el único pecado.

La mente es una división que piensa. Y el corazón es otra división de la misma mente que siente.

Sentir y pensar, pensamientos y emociones… pero ser testigo está separado de los dos. Si estáis pensando, el observador observa… un pensamiento pasa, u os sentís enfadados… el testigo sigue observando. Una emoción pasa, del mismo modo que pasan las nubes, que veis. No sois ni lo bueno ni lo malo. No sois ni lo agradable ni lo desagradable. No sois ni el pensamiento ni las emociones. No sois ni la mente ni el corazón.

El amor siempre pone nervioso. Existen motivos para ello. Procede del inconsciente y todas las capacidades de las personas se hallan en el consciente: todas las destrezas y todo el conocimiento se encuentra en el consciente. El amor procede del inconsciente y no sabéis cómo enfrentaros a él ni qué hacer con él, lo cual resulta excesivo. El inconsciente es nueve veces más grande que el consciente, de modo que cualquier cosa que salga de él es abrumadora. Por eso es por lo que la gente le tiene miedo a las emociones, a los sentimientos. Los contienen por miedo a que vayan a crear caos; y lo crean, ¡pero el caos es hermoso!

Existe necesidad de orden y también de caos. Cuando el orden es necesario, usadlo, emplead la mente consciente; cuando se necesite el caos, utilizad el inconsciente y dejad que el caos se manifieste.

Una persona completa, total, es aquella capaz de emplear ambos, que no permite que el consciente ejerza interferencia alguna sobre el inconsciente, ni al revés.

Creemos en la vida en su totalidad, en sus días, en sus noches, en los días soleados y en los nublados. Creemos que todo en la vida se puede disfrutar. Solo necesitáis un poco más de percepción, más consciencia de lo que sucede. No sois vuestra mente, no sois vuestro cuerpo. En alguna parte dentro de -vosotros hay un testigo que puede continuar mirando a la mente, a las emociones, a las reacciones fisiológicas. Ese testigo sois vosotros. Y ese testigo es capaz de disfrutar de todo, una vez que os centráis allí.

Vuestra mente siente desdicha, sufrimiento; siente todo tipo de emociones, vínculos, deseos y anhelos, pero todo es proyección de la mente. Detrás de la mente está vuestro verdadero yo que nunca ha ido a ninguna parte. Siempre está aquí y aquí. Si estáis enfadados, estadlo y no juzguéis si es bueno o malo. Y esta es la diferencia entre las emociones negativas y positivas: Si cobráis consciencia de una emoción específica, y por ello la emoción se desvanece, es negativa. Si al cobrar dicha consciencia entonces os convertís en la emoción, si esta se extiende y, se convierte en vuestro ser, es positiva.

La consciencia trabaja de forma diferente en ambos casos. Si se trata de una emoción venenosa, quedáis aliviados de ella a través de la percepción. Si es buena, feliz, estática, os volvéis uno con ella. La percepción la profundiza.

Por ello para mí este es el criterio:

Si algo se profundiza mediante vuestra percepción, es algo bueno. Si la percepción lo disuelve, es algo malo. Aquello incapaz de permanecer en la consciencia es pecado, y, lo que crece en la consciencia es virtud. La virtud y el pecado no son conceptos sociales, son realizaciones interiores; os digo que incluso las emociones negativas son buenas, si son reales; y si son reales, poco a poco su misma realidad las transforma. Se vuelven más y más positivas, y llega un momento en que todo lo positivo y lo negativo desaparece.

Simplemente permanecéis auténticos: no sabéis lo que es bueno ni lo que es malo, no sabéis lo que es positivo y lo que es negativo. Simplemente sois, auténticos. Esta autenticidad os brindará un vislumbre de lo que es real.

Solo lo real puede conocer a lo real, solo lo verdadero puede conocer la verdad, lo auténtico puede conocer lo auténtico que os rodea.

OSHO

1º -LIBRES DEL MIEDO, LOS CELOS Y LA IRA-

Yo deseo meditar. ¿Podría decirme, por favor, sobre qué debo meditar?

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Comprender todo este problema de la influencia, la influencia del conocimiento, de la experiencia, de los motivos internos y externos —descubrir qué es verdadero y qué es falso, y ver la verdad en lo así llamado falso-, requiere un discernimiento tremendo, una comprensión de las cosas tal como son, ¿no es así? Todo este proceso es, ciertamente, el camino de la meditación. La meditación es esencial en la vida, en nues­tra existencia cotidiana, tal como es esencial la belleza. La comprensión de este proceso total de la existencia: las influencias, los sufrimientos, el esfuerzo cotidiano, la perspectiva autoritaria del vivir, las acciones políticas, etc., todo esto es la vida; y el proceso de comprenderlo todo y liberar la mente, es meditación. Si uno comprende realmente esto, entonces la vida es siempre un pro­ceso meditativo, un proceso de contemplación, pero no con respecto a algo en particular. Estar alerta a este proceso total de la existencia, observarlo, penetrar desapasionadamente en él y liberarnos de él, eso es meditación.

K.: Bien, averigüemos qué es la meditación. Usted y yo va­mos a averiguarlo. No voy a decirle qué es la meditación. Ambos vamos a descubrirlo de un modo nuevo.

La mente que ha aprendido a meditar, o sea, que ha aprendido la técnica de concentrarse, de excluir todo limitándose a un pun­to en particular, una mente así no conoce la meditación. Eso es lo que desea la mayoría de nosotros. Deseamos aprender a concen­trarnos, a estar ocupados con un solo pensamiento excluyendo a todos los demás, y a eso lo llamarnos meditación. Pero eso no es meditación. La meditación es algo por completo diferente, y es lo que vamos a descubrir.

Nuestro primer problema es, entonces, saber por qué la men­te exige estar siempre ocupada. ¿Comprende? Mi mente dice: «Debo estar ocupada con alguna cosa, con una preocupación, con un recuerdo, con una pasión, o con cómo no ser apasionada, con la manera de librarme de algo, o de hallar una técnica que me ayudará a construir un puente… ». Si uno observa, ve que la mente exige una constante ocupación, ¿no es así? Por eso, usted dice: «Mi mente debe estar ocupada con la palabra Om», o repite: «Ram, Ram», o está ocupada con la bebida. La palabra Om, las palabras Ram, Ram o la bebida son la misma cosa, porque la mente desea hallarse ocupada, porque dice que si no se halla ocupada hará algún daño, irá a la deriva arrastrada por la corriente. Si la mente no se halla ocupada, ¿cuál es, entonces, el propósito de la vida? De modo que inventamos un propósito, noble, innoble o trascendental, y nos aferramos a él; y con eso estamos ocupados, Lo mismo da que la mente esté ocupada con Dios o con los negocios, ya que, consciente o inconscientemente, dice todo el tiempo que <<debe estar ocupada>>.

El próximo paso es, entonces, descubrir por qué la mente exi­ge ocupación. Por favor, sigan esto. Ahora estamos meditando. Esto es meditación. La meditación no es un estado que se encuentra al final. La libertad no es para lograrse al final, la libertad está al principio. Si no tengo libertad al principio, no tengo liber­tad al final. Si carezco de amor ahora, careceré de amor dentro de diez años. Así pues, lo que estamos haciendo ahora es tratar de descubrir en qué consiste la meditación. Y el mismo investigar en qué consiste la meditación es meditar.

La mente dice: «Debo estar ocupada con Dios, con la virtud, con mis preocupaciones o con mis intereses comerciales»; está pues, incesantemente activa en su ocupación. La mente sólo puede existir mientras está activa, mientras se halla consciente de sí misma en la acción, no de otro modo. Ella se reconoce como existente cuando está ocupada, cuando está actuando, cuando ob­tiene resultados, cuando se halla en movimiento. El movimiento es ocupación dirigida a un resultado, a una idea o a la negación de esa idea.

Estoy consciente de mí mismo sólo cuando hay movimiento de la acción, externo e interno, este exhalar respuestas, reacciones, recuerdos, y después volver a recogerlos. De modo que mi mente existe –yo existo- sólo cuando estoy pensando, cuando estoy en conflicto con algo, cuando hay sufrimiento, cuando hay ocupación, cuando me esfuerzo, cuando opto entre esto y aquello.

La mente se reconoce, pues, en movimiento cuando es ambiciosa y se deja arrastrar por su ambición; y, al ver que la ambición es torpe, tediosa, dice: «Me ocuparé de Dios». La ocupación de la mente con Dios es lo mismo que la ocupación de la mente con el dinero. Creemos que el hombre cuya mente está ocupada con Dios, es más sagrado que el hombre que piensa en el dinero, pero ambos son, de hecho, iguales; ambos desean re­sultados, ambos necesitan hallarse ocupados con algo. Enton­ces, ¿puede la mente permanecer sin ocupación alguna? Ése es el problema.

¿Puede la mente estar vacía, sin comparar, ya que el «más» es la manera como la mente «sabe» que existe? Esa mente jamás está satisfecha con lo que es; siempre está adquiriendo, compa­rando, condenando, exigiendo más y más. En su exigencia por el «más», en el movimiento del «más», se reconoce como existente, y eso es lo que llamamos autoconciencia, lo consciente superficial y lo inconsciente. Ésta es nuestra vida, es la manera como transcurre nuestra existencia cotidiana.

Quiero saber qué es la meditación; digo, pues, que quiero ocuparme de la meditación. Quiero averiguar qué es la meditación, así que mi mente­ está otra vez ocupada con la meditación.
¿Puede la mente ocupada ser capaz alguna vez de meditar? La meditación es, sin duda la comprensión acerca de los comporta­mientos de la mente. Si no sé cómo funciona, cómo trabaja mi mente, ¿puedo meditar? ¿Cómo puedo descubrir qué es la ver­dad?  Para eso, mi mente debe darse cuenta de lo ocupada que está; entonces, empieza a ver con qué se halla ocupada, y descu­bre que todas las ocupaciones son lo mismo, porque entonces la mente se llena de palabras, de ideas, de un movimiento constan­te, y así jamás hay quietud.

Cuando la mente se ocupa en descubrir qué es el amor, ésa es otra forma de ocupación, ¿no es así? Es como el hombre que se halla ocupado con alguna pasión.

Cuando uno dice que debe descubrir la verdad, ¿encontrará la verdad? ¿O la verdad surge a la existencia sólo cuando la mente no se halla ocupada, cuando está vacía para recibir, no para recoger,  no para acumular. Porque uno puede recibir sólo una vez. Pero, si lo que ha recibido lo convierte en un recuerdo con el que se halla ocupado, jamás recibirá otra vez. Porque el recibir es de instante en instante. Por lo tanto, pertenece a la intemporalidad.

En consecuencia, por pertenecer al tiempo, la mente no puede recibir lo intemporal. Tiene que estar, pues, completamente quieta, vacía, sin el más mínimo movimiento en ninguna dirección. Y eso sólo puede ocurrir con una mente no ocupada, no ocupada con el “más”, con un problema, con una preocupación, con escapes; una mente no condicionada por ninguna creencia, ninguna imagen, ninguna experiencia. Sólo cuando la mente está por completo libre, sólo entonces, existe la posibilidad de una inmensa, profunda quietud; y en esa quietud revela su existencia aquello que es eterno. Eso es meditación.

KRISHNAMURTI

The World Outside My Window – Time Lapse of Earth from the ISS

Realizado por la NASA

Un espectacular vídeo capturado en time-lapse y realizado con cientos de fotografías tomadas por la NASA desde la Estación Espacial. Internacional

¿Puede Cambiar el Hombre? (2ª parte)

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De manera que uno debe abordar esta cuestión sin decir que es o no es posible cambiar. Tenemos que encararla con una mente fresca, ávida por descubrir, y lo suficientemente joven para examinar y explorar. No sólo tenemos que establecer una comunicación verbal clara, sino que también debe haber comunión entre el que habla y ustedes, un sentimiento de afecto y amistad que sólo existe cuando todos estamos tremendamente interesados en algo. Igualmente debe haber ese sentimiento de comunión profunda entre ustedes y el que habla, de manera que todos estemos confrontados al mismo problema con la misma intensidad y al mismo tiempo.

Este es nuestro problema: si la mente, que está tan recargada de recuerdos y tradiciones, puede hacer surgir dentro de sí misma, sin esfuerzo, lucha o conflicto, la llama que queme los residuos del ayer. Habiéndonos formulado esta pregunta -que estoy seguro se hace toda persona seria y reflexiva- ¿por dónde empezamos? ¿Comenzamos con lo exterior, con el cambio en el mundo burocrático, en la estructura social? ¿O comenzaremos con lo interno, esto es, lo psicológico? ¿Vamos a considerar el mundo exterior con todo su conocimiento tecnológico, las maravillas que el hombre ha realizado en el campo científico? ¿Comenzaremos por allí para llevar a cabo una revolución? El hombre ya lo intentó, demasiado. Ha dicho: cuando cambiemos las cosas externas radicalmente, como lo han hecho todas las revoluciones sangrientas de la historia entonces el hombre cambiará y será un ser humano feliz. La revolución comunista y otras revoluciones han dicho: produzcamos orden en lo externo y habrá orden en lo interno. También han dicho que no importa si no hay orden interno; lo que importa es que tengamos orden en el mundo exterior, un orden ideal; una Utopía en nombre de la cual millones han sido asesinados.

Por lo tanto, comencemos con lo interno, con lo psicológico. Esto no significa que dejemos permanecer como está el presente orden social con toda su confusión y desorden. ¿Pero hay acaso división entre lo interno y lo externo? ¿O sólo hay un movimiento en el cual existen lo interno y lo externo simplemente como movimiento, y no como dos cosas separadas? Considero muy importante, si hemos de establecer una comunicación que no sea sólo verbal -el uso del inglés como nuestro idioma común y de palabras que comprendemos todos- que también podamos emplear una clase diferente de comunicación, porque vamos a penetrar muy profunda y seriamente en las cosas. Por lo tanto, debe haber comunicación en lo verbal y más allá de lo verbal. Tiene que haber comunión, lo cual implica que todos estamos profundamente interesados, que atendemos y miramos este problema con afecto y con el empeño de comprenderlo. Es necesario, pues, que además de comunicación verbal, tengamos también una comunión profunda en la cual no haya acuerdo o desacuerdo. El acuerdo y el desacuerdo no deben surgir nunca porque no estamos tratando con ideas, opiniones, conceptos o ideales, sino que estamos interesados en el problema de la transformación humana. En ello las opiniones -la mía o la de ustedes- carecen de todo valor. Si dicen que es imposible que cambien los seres humanos, que han sido así por miles de años, ustedes se han bloqueado a sí mismos de antemano y no podrán continuar inquiriendo o explorando. Y si ustedes meramente dicen que es posible, entonces viven en un mundo de posibilidades, y no de realidades.

De manera que uno debe abordar esta cuestión sin decir que es o no es posible cambiar. Tenemos que encararla con una mente fresca, ávida por descubrir, y lo suficientemente joven para examinar y explorar. No sólo tenemos que establecer una comunicación verbal clara, sino que también debe haber comunión entre el que habla y ustedes, un sentimiento de afecto y amistad que sólo existe cuando todos estamos tremendamente interesados en algo. Cuando el esposo y la esposa están profundamente interesados en sus hijos, descartan todas las opiniones, sus gustos y disgustos particulares, porque están preocupados por los niños. En ese interés hay gran afecto; no es una opinión la que controla la acción. Igualmente debe haber ese sentimiento de comunión profunda entre ustedes y el que habla, de manera que todos estemos confrontados al mismo problema con la misma intensidad y al mismo tiempo. Entonces podemos establecer esta comunión, lo único que hace posible una comprensión profunda.

Así, pues, existe este problema de cómo puede la mente, que está tan profundamente condicionada, cambiar de manera radical. Espero que ustedes mismos se planteen este problema, porque a menos que exista una moralidad que no es la moralidad social, a menos que haya una austeridad que no es la austeridad del sacerdote con su dureza y violencia, a menos que haya un profundo orden interno, esta búsqueda de la verdad, de la realidad, de Dios -o cualquiera sea el nombre que gusten darle- no tiene sentido alguno. Quizás aquellos de ustedes que han venido aquí tratando de encontrar a Dios, o en busca de alguna experiencia misteriosa, queden desilusionados, porque a menos que tengan una mente nueva, fresca, y ojos que puedan ver lo que es verdadero, no podrán comprender lo inconmensurable, lo innominado, lo que es.

Si meramente desean experiencias más amplias y profundas mientras llevan una vida falsa, vacía, entonces tendrán experiencias sin valor alguno. Debemos investigar esto juntos; ustedes encontrarán que esta es una cuestión muy compleja porque hay muchas cosas envueltas en ella. Para comprenderla ha de haber libertad y energía; tenemos que tener ambas cosas: gran energía y libertad para observar. Si están atados a una creencia determinada o a una imaginaria utopía particular, es obvio que no son libres para observar.

Existe esta mente compleja, condicionada como católica o protestante, buscando seguridad, y presa en la ambición y la tradición. Para una mente que se ha vuelto superficial -excepto en el campo tecnológico- el ir a la luna es un logro maravilloso. Pero los que han construido la nave espacial viven sus propias vidas falsas, pequeñas, celosas, llenas de ansiedad y de ambición, y sus mentes están condicionadas. Nos preguntamos si esas mentes pueden estar completamente libres de todo condicionamiento, de manera que les sea posible vivir una vida totalmente distinta. A fin de descubrirlo necesitamos libertad para observar, no como cristiano, hindú, holandés, alemán o ruso, o cualquier otra cosa. Tiene que haber libertad para observar claramente, lo cual implica que la propia observación es acción. Esa misma observación produce una revolución radical. Para ser capaces de tal observación necesitamos gran energía.

Krishnamurti

Avenged Sevenfold – Save Me (subtitulado en español inglés)

Avenged Sevenfold (album)

Avenged Sevenfold (album) (Photo credit: Wikipedia)

Rerbnykk

Me ha gustado mucho lo que he escuchado hasta ahora :DD A una amiga le gustan mucho y por ella los conocí. Aún no estoy muy informada de la banda pero lo que sí sé es que tienen un sonido muy bueno y letras muy profundas, más de lo que muchos piensan. No hay que dejarse llevar por lo literal, hay mucho más detrás de todo.

Ryuutaro Arimura 

Me parece raro no ver comentarios acerca de la letra en sí, por eso pondré algo. Es la primera vez que escucho la banda, es raro en mí escuchar una banda estadounidense. Por ello me sorprendió la calidad de la canción, pero sobre todo, la profundidad de la canción. La representación perfecta de un mundo en el que los sueños son mentiras, pero sólo en sueños se vive, un mundo cruel que asfixia con demencia y enloquece con cordura. La entrega a la muerte de los sueños. Gracias por los subs 😀

¿Puede Cambiar el Hombre?

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Creo que debemos hacernos estas preguntas: ¿Por qué aceptamos el ambiente social y moral cuando sabemos muy bien que es totalmente inmoral? ¿Por qué vivimos de este modo, si sabemos todo eso, no emocional o sentimentalmente, sino mediante la observación del mundo y de nosotros mismos? ¿Por qué es que nuestro sistema educativo no produce verdaderos seres humanos, sino entidades mecánicas entrenadas para aceptar ciertos empleos y finalmente morir? La educación, la ciencia y la religión no han resuelto en absoluto nuestros problemas. ¿Por qué al ver toda esta confusión, en vez de adaptarnos a ella y aceptarla, no hacemos estallar todo el proceso en nosotros mismos?¿Por que seguimos así, sin vivir ni amar, sino llenos de miedo y de terror hasta que morimos? ¿Por qué aceptamos todo esto?

Al observar las condiciones prevalecientes en el mundo, vemos lo que ocurre: revueltas estudiantiles, prejuicios de clase, conflicto entre el negro y el blanco, las guerras, la confusión política y las divisiones causadas por los nacionalismos y las religiones. También nos damos cuenta del conflicto, de la lucha, la ansiedad, la soledad, la desesperación, de la falta de amor, y del miedo. ¿Por qué aceptamos todo esto? ¿Por qué aceptamos el ambiente social y moral cuando sabemos muy bien que es totalmente inmoral? ¿Por qué vivimos de este modo, si sabemos todo eso, no emocional o sentimentalmente, sino mediante la observación del mundo y de nosotros mismos? ¿Por qué es que nuestro sistema educativo no produce verdaderos seres humanos, sino entidades mecánicas entrenadas para aceptar ciertos empleos y finalmente morir? La educación, la ciencia y la religión no han resuelto en absoluto nuestros problemas. ¿Por qué al ver toda esta confusión, en vez de adaptarnos a ella y aceptarla, no hacemos estallar todo el proceso en nosotros mismos?

Creo que debemos hacernos esta pregunta, observando la confusión serenamente, firme la mirada, sin juzgar ni evaluar, y no intelectualmente ni con el fin de encontrar algún dios, alguna realización, o alguna peculiar felicidad que inevitablemente conduce a toda clase de escapes. Como personas adultas que somos, debemos preguntarnos por qué vivimos de esta manera: vivir, luchar y morir. Y cuando formulamos esa pregunta seriamente, con plena intención de comprenderla, entonces las filosofías, las teorías e ideas especulativas no tienen cabida en absoluto. Lo que importa no es lo que debería ser o lo que podría ser, ni qué principio deberíamos seguir, o qué ideales debemos sustentar o a cuál religión o gurú debemos volvernos. Es obvio que todas esas respuestas carecen por completo de sentido cuando ustedes se enfrentan a esta confusión, a la miseria y a los constantes conflictos en que vivimos. Hemos convertido la vida en un campo de batalla, con cada familia, cada grupo y cada nación en contra de la otra. Al ver esto, al verlo no como una idea, sino como algo que realmente observan y deben afrontar, ustedes se preguntarán qué es todo ello. ¿Por que seguimos así, sin vivir ni amar, sino llenos de miedo y de terror hasta que morimos?

¿Qué harán cuando se formulen esa pregunta? No pueden formularla aquellas personas que están cómodamente establecidas en ideales de familia, en una casa confortable, que tienen algún dinero y que son muy respetables y burguesas. Si esas personas hacen preguntas, las interpretan de acuerdo con sus exigencias personales de satisfacción. Pero como éste es un problema muy humano y común que toca la vida de todos nosotros, ricos y pobres, viejos y jóvenes, ¿por qué entonces vivimos esta vida monótona, sin sentido, yendo a la oficina y trabajando en un laboratorio o una fábrica durante cuarenta años, engendrando unos cuantos hijos, educándolos en forma absurda, para luego morir? Creo que debemos hacernos esta pregunta con todo nuestro ser si es que queremos descubrir la respuesta. Entonces podemos pasar a preguntarnos si los seres humanos pueden alguna vez cambiar radical y fundamentalmente, de manera que sean capaces de mirar el mundo en forma nueva, con ojos diferentes, con un corazón diferente, no más llenos de odio, de antagonismo, de prejuicios raciales, sino con una mente que sea muy clara, que tenga tremenda energía.

Al ver todo esto: las guerras, las divisiones absurdas que las religiones han ocasionado, la separación entre el individuo y la comunidad, la familia en oposición al resto del mundo, cada ser humano aferrado a algún ideal peculiar, dividiéndose a sí mismo en “yo”, “tú”, “nosotros” y “ellos”; al ver todo eso objetiva y psicológicamente, nos queda solo una pregunta, un problema fundamental: si la mente humana, que está tan excesivamente condicionada, puede cambiar. No en alguna futura encarnación o al final de la vida, sino cambiar radicalmente ahora, de modo que se convierta en una mente nueva, fresca, joven, inocente, aliviada de su carga, para que así sepamos lo que significa amar y vivir en paz. Creo que éste es el único problema. Cuando sea resuelto, todo otro problema económico o social, todas esas cosas que nos conducen a la guerra terminarán y habrá una estructura social diferente.

De modo que nuestra pregunta es si la mente, el cerebro y el corazón pueden vivir como si fuera por vez primera, incontaminados, frescos, inocentes, sabiendo lo que significa vivir en felicidad y en éxtasis, con profundo amor. Ustedes conocen el peligro que hay en escuchar cuestiones retóricas. Esta no es una cuestión retórica en absoluto; se trata de nuestra vida. No estamos interesados en palabras o ideas. La mayoría de nosotros estamos atrapados en palabras, sin jamás comprender profundamente que la palabra nunca es la cosa, que la descripción nunca es la cosa descrita. Y si podemos durante estas pláticas tratar de comprender este hondo problema de cómo la mente humana -que incluye, ya lo vimos, el cerebro, la mente y el corazón- ha sido condicionada a través de los siglos por la propaganda, el miedo y otras influencias entonces podremos preguntar si esa mente puede sufrir una transformación radical, de modo que el hombre sea capaz de vivir pacíficamente en todo el mundo, con gran amor, con gran éxtasis y con la realización de aquello que es inconmensurable.

Krishnamurti

Avenged Sevenfold – Buried Alive “video oficial”

LIBÉRATE DE TU MENTE

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 La buena nueva es que puedes liberarte de tu mente, que es la única verdadera liberación. Y puedes dar el primer paso ahora mismo.

EMPIEZA POR ESCUCHAR LA VOZ QUE HABLA DENTRO DE TU CABEZA, y hazlo tan frecuentemente como puedas. Presta una atención especial a cualquier patrón de pensamiento repetitivo, a esos viejos discos de gramófono que pueden haber estado dando vueltas en tu cabeza durante años.

Esto es lo que llamo «observar al pensador», que es otra manera de decir: escucha la voz dentro de tu cabeza, mantente allí como presencia que atestigua.

Cuando escuches la voz, hazlo imparcialmente. Es decir, no juzgues. No juzgues ni condenes lo que oyes, porque eso significaría que la misma voz ha vuelto a entrar por la puerta de atrás.

Pronto te darás cuenta de esto: la voz está allí y yo estoy aquí, observándola. Esta comprensión Yo soy, esta sensación de tu propia presencia, no es un pensamiento. Surge de más allá de la mente.

Así, cuando escuchas un pensamiento, no sólo eres consciente del pensamiento, sino también de ti mismo como testigo del pensamiento. Ha hecho su aparición una nueva dimensión de conciencia.

CUANDO ESCUCHAS EL PENSAMIENTO, sientes como si hubiera una presencia consciente —tu yo profundo— por debajo o detrás de él. De este modo el pensamiento pierde su poder sobre ti y se disuelve rápidamente, porque ya no energetizas tu mente mediante la identificación con ella. Es el principio del fin del pensamiento compulsivo e involuntario.

Cuando el pensamiento se aquieta, experimentas una discontinuidad en la corriente mental, una brecha de «no-mente». Al principio las brechas serán cortas, tal vez duren unos segundos, pero gradualmente se irán prolongando. Cuando ocurren estas discontinuidades, sientes cierta quietud y paz dentro de ti. Es el principio del estado natural de sentirte unido al Ser, generalmente nublado por la mente.

Con la práctica, la sensación de quietud y de  paz se va ahondando. De hecho, esa profundidad no tiene fin. También sentirás una sutil emanación de alegría elevándose desde lo más hondo de ti: la alegría de Ser.

En este estado de conexión interna estás mucho más alerta, más despierto que en el estado de identificación mental. Estás plenamente presente. Y también se eleva la frecuencia vibratoria del campo energético que da vida al cuerpo físico.

A medida que profundizas en este reino de la no-mente, como a veces se le denomina en Oriente, vas alcanzando el estado de conciencia pura. En ese estado sientes tu propia presencia con tal intensidad y alegría que, en comparación, todo pensamiento, toda emoción, tu cuerpo físico y todo el mundo externo se vuelven relativamente insignificantes. Sin embargo, no es un estado de egoísmo, sino de desprendimiento y generosidad. Te lleva más allá de lo que pensabas que era «tu identidad». Esa presencia es esencialmente tú, y al mismo tiempo es inconcebiblemente mayor que tú.

EN LUGAR DE «OBSERVAR AL PENSADOR», también puedes crear una apertura en la corriente mental por el simple hecho de dirigir el foco de tu atención al ahora. Basta con que te hagas intensamente consciente del momento presente.

Esto es algo por demás satisfactorio. De este modo retiras la conciencia de tu actividad mental y creas una brecha sin mente en la que estás muy alerta y consciente, pero no piensas. Ésta es la esencia de la meditación.

En TU VIDA COTIDIANA puedes practicar esto tomando cualquier actividad rutinaria, que habitualmente sólo es un medio para un fin, y darle toda tu atención para que se convierta en un fin en sí misma.

Por ejemplo, cada vez que subas o bajes las escaleras en tu casa o en tu puesto de trabajo, presta mucha atención a cada escalón, a cada movimiento, incluso a tu respiración. Mantente totalmente presente.

O cuando te laves las manos, presta atención a todas las percepciones sensoriales asociadas con esa actividad: el sonido y la sensación del agua, el movimiento de tus manos, el aroma del jabón, etc.

O cuando entres en tu coche, después de cerrar la puerta, detente durante unos segundos y observa el flujo de tu respiración. Toma conciencia de una silenciosa pero intensa sensación de presencia.

Hay un criterio que te permite medir el éxito logrado en esta práctica: el grado de paz que sientas en tu interior.

El paso más vital en tu camino hacia la iluminación es éste: aprende a no identificarte con tu mente. Cada vez que creas una apertura en el flujo mental, la luz de tu conciencia se fortalece.

Puede que un día te sorprendas sonriendo a la voz que suena en tu cabeza como sonreirías a las travesuras de un niño. Esto significa que has dejado de tomarte el contenido de tu mente tan en serio, y que tu sentido de identidad ya no depende de él.

Eckhart Tolle

Eckhart Tolle en español – ¿Son los pensamientos el origen del EGO

Al Marqz : Un sincero agradecimiento a todos/as los traductores de estos maravillosos vídeos de Eckhart Tolle, es un gran servicio a toda la humanidad de habla hispana, gracias de corazón.

Marco Antonio Solís – Tres Semanas

Arturo Vipp : Comúnmente yo no escucho este tipo de música, Ahora que eh escuchado esta canción, me dio mucho sentimiento, Cuando termine de escucharla, fui y abrace fuertemente a mi Mamá, y le dije que la amaba y que siempre estaría con ella.

Diana Zaldumbid: me encanta esta y el resto de tus canciones….. soy tu fan numero 1……. tus canciones son únicas que llegan al alma, sigue adelante MAS!!

miguelmartinp63 : Hermosa melodía que ayuda a reflexionar hacia el amor a los padres y también a un ser amado que se nos fue. Muchas felicidades y que la inspiración siga de tu mano , gracias Marco Antonio Solis

Osho: El Secreto de los Secretos

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¿Cómo aflojar esta presión? Es necesario entrar deliberadamente en momentos de meditación.

En el pasado, evidentemente, el mundo era muy diferente. Unas seis semanas de estímulos sensoriales de hace seiscientos años equivalen a la cantidad que hoy nos llega en un solo día. Recibir en un solo día seis semanas de estímulos e información implica una presión para aprender y adaptarse cuarenta veces más grande. El hombre moderno debe tener una capacidad de aprendizaje mayor de la que haya tenido nunca, pues ahora hay más para aprender. El hombre moderno tiene que capacitarse para adaptarse a situaciones nuevas todos los días, debido a lo rápido que cambia el mundo. Es un gran desafío. Un gran desafío, si es aceptado, contribuye en gran medida al desarrollo de la conciencia.

Uno puede decir que el hombre moderno se vuelve completamente neurótico o que la gran presión lo transforma, de acuerdo con el punto de vista que uno asuma. Una cosa es segura: no hay forma de volver atrás. La estimulación sensorial continuará aumentando más y más. Recibiremos más y más información, y la vida seguirá cambiando a ritmos más y más veloces. Y tendremos que poder aprender, adaptarnos a cosas nuevas. En el pasado, el hombre vivía en un mundo prácticamente estático. Todo estaba inmóvil. Cada uno debía dejar el mundo tal como su padre se lo había dejado a uno, sin modificarlo en absoluto. Como nada cambiaba, no era necesario aprender demasiado. Era suficiente con aprender un poco, entonces quedaban espacios en la mente de cada uno, espacios vacíos, que ayudaban a la gente a mantener la cordura. Ahora, ya no hay espacios vacíos, salvo que uno los cree en forma deliberada.

Hoy, la meditación es más necesaria que nunca. La meditación es tan necesaria que es casi una cuestión de vida o muerte. En el pasado, era un lujo: poca gente (un Buda, un Mahavira, un Krishna) se interesaba en ella. Otras personas eran naturalmente calladas, o naturalmente felices, sanas. No necesitaban pensar en la meditación; de alguna manera inconsciente, estaban meditando. La vida se movía tan silenciosa y lentamente que hasta los más estúpidos podían adaptarse a ella. Ahora, el cambio es tan tremendamente rápido, tiene una velocidad tal, que hasta los más inteligentes se sienten incapaces de adaptarse a él. Cada día, la vida es diferente, y tenemos que volver a aprender.

Hay que aprender y volver a aprender una y otra vez. Ahora, no se puede dejar de aprender; el proceso de aprendizaje dura toda la vida.

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Hasta el momento mismo de morir, hay que seguir aprendiendo, pues es la única forma de mantener la cordura, evitando la neurosis. Y la presión es grande: cuarenta veces más grande.

¿Cómo aflojar esta presión? Es necesario entrar deliberadamente en momentos de meditación. Si una persona no medita al menos una hora por día, su neurosis no será accidental, sino generada por ella misma. Durante una hora, quien practique la meditación debe desaparecer del mundo y meterse en su propio ser. Durante una hora, debe estar tan aislado que nada llegue a él: ni un recuerdo, ni un pensamiento, ni una fantasía. Durante una hora, no debe haber contenido alguno en su conciencia.

Esto lo rejuvenecerá y lo refrescará, liberará nuevas fuentes de energía en su interior; y el hombre volverá a estar en el mundo, más juvenil, más fresco, con mayor capacidad de aprendizaje, con más asombro en sus ojos y con más respeto en su interior. Nuevamente niño.

Osho