DESPERTAR: ¡TUS ERRORES SON TU VICTORIA!

Descubrirás tu verdadera familia, tu verdadera fuente de apoyo, incluso si tienes que alejarte de tu familia biológica por un tiempo, o para siempre. Los viejos amigos podrían desaparecer también. Perdónalos, su infelicidad no es asunto tuyo. Y tu felicidad no es responsabilidad de ellos.

Esto requerirá de valor y capacidad de estar presente. De respirar. De sentir tus pies en el suelo. De saber que no tienes otro remedio más que vivir.

***

Cuando el despertar ocurre, lo que desaparece es el interés por mantener una imagen constante llamada ‘yo’. La imagen nunca podrá ser lo que realmente eres, y cada imagen arde en el horno de la presencia:

“El agradable.”
“El espiritual.”
“El iluminado.”
“El perfecto.”
“El indigno.”
“El fracasado.”
“El culpable.”

Todo ilusiones. Todo profunda y rotundamente insatisfactorio.

¡No eres una imagen! Estás despierto. Estás vivo. Eres indefinible. Eres la Vida Misma. Nada más importa, solo esto.

Ya no tienes miedo de decir tu verdad. Expresas tu verdad no para herir u ofender o demostrar que ‘tienes la razón’, sino porque vivir una vida de mentiras y pretensiones estaba aplastando tu espíritu y haciéndote sentir tan infeliz. Y tu infelicidad estaba infectando a quienes te rodeaban.

Las mentiras te hacen sufrir; solo la verdad te llena de vida.

Ahora, deja que tu sí signifique sí, y que tu no signifique no. Y tu “no sé” es sagrado, también.

Tus seres queridos podrían sentirse decepcionados, heridos, tristes, enojados. Es posible que quieran al ‘antiguo tú’ de vuelta. Podrían decir que estás confundido, loco; que eres inadaptado, egoísta, mentiroso. Podrían dejar de hablarte. Podrían dejar de escucharte para siempre.

Todo eso está bien. Ellos están en su propio camino, y tú en el tuyo. Siente tus sentimientos, dale la bienvenida a tus propias penas y alegrías. Deja que tus pensamientos surjan y se disuelvan como nubes en el cielo.

Nunca has estado aquí por la popularidad. Nunca has estado aquí para ser querido, admirado, aceptado. Nadie tiene que caminar contigo.

Los agravios son parte del juego. Estás descubriendo día a día quiénes son tus verdaderos amigos.

Descubrirás tu verdadera familia, tu verdadera fuente de apoyo, incluso si tienes que alejarte de tu familia biológica por un tiempo, o para siempre. Los viejos amigos podrían desaparecer también. Perdónalos, su infelicidad no es asunto tuyo. Y tu felicidad no es responsabilidad de ellos.

Esto requerirá de valor y capacidad de estar presente. De respirar. De sentir tus pies en el suelo. De saber que no tienes otro remedio más que vivir.

Estás liberándote de generaciones y generaciones de culpa y vergüenza.

Nunca podrías ser lo que ellos quieren que seas.

Tus ‘errores’ son tu victoria.

Puedes sentir miedo, el futuro puede parecer incierto ahora, pero nunca te sentiste tan vivo, tan salvaje y libre, tan preñado de potencial.

– Jeff Foster

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HOY, SÉ SALVAJE

Todos los sentimientos son inocentes en su esencia.
Traen consigo lecciones, regalos.
No trates de sanarlos.
Ellos vienen a sanarte a ti.
Si tan solo les permites pasar…
***

Seguramente habrá gente que se vuelva loca o sienta el deseo de morir porque hay demasiada vida dentro de ellos y se sienten incapaces de expresarlo o incluso de entenderlo.

No estás enfermo si impulsos sexuales hacia un hombre, una mujer o una bestia se mueven a través de ti. Déjalos que se muevan. No te van a controlar cuando respires a través de ellos. Deja de juzgarte a ti mismo, y no hay ninguna necesidad de juzgarte a ti mismo por juzgarte a ti mismo.

No estás dañado si llegan a visitarte pensamientos de muerte. Bendícelos y déjalos desfilar, porque siempre pasan y son sólo pensamientos, voces, imágenes vívidas.

No estás loco si sentimientos intensos de alegría o tristeza, terror o rabia surgen a través de ti inesperadamente, y a veces todo al mismo tiempo. Sé el osado espacio para esos sentimientos, no su esclavo.

No estás perturbado si imágenes perturbadoras se desarrollan en la pantalla de cine de la consciencia, porque tú eres la pantalla y no las imágenes.

Genera un espacio dentro de ti mismo para la luz y la oscuridad, para lo raro y lo extravagante, para lo erótico y lo prohibido y para lo excepcional y lo incongruente.  No reprimas nada y no niegues nada y tampoco dejes que nada de eso te controle.

El amor hacia ti mismo es la más profunda clase de alegría que hay; el permiso para ser salvaje, libre, para estar vivo.

Y saber que no hay nada de malo en ti, jamás.

– Jeff Foster

El Control de las Emociones

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Para comenzar, es necesario admitir en uno mismo que este estado emocional es una enfermedad nerviosa. El paciente debe aprender a decir: «estoy enfermo». La tendencia, por supuesto, es culpar a la supuesta causa, situación, persona o incidente que pareciera haber provocado la enfermedad. Pero no hay alivio en justificarse. Nadie nunca se ha recuperado de un acceso de mal humor culpando a la causa imaginada. Es mil veces mejor y verdadero decir: «estoy enfermo».

El hecho es que cuando nos dejamos llevar por la ira u otra emoción negativa, somos incapaces, excepto en muy raros casos, de razonar como lo hacemos habitualmente. Si realmente tuviéramos un desarrollo de nuestro poder mental, como el que da un entrenamiento especial, podría tal vez ser posible contraponer el pensamiento a la emoción, y esperar una victoria del pensamiento. Pero, tal como son las cosas, no sólo nuestro desarrollo mental es inferior a nuestra emocionalidad animal, sino que además la energía de nuestro pensar cotidiano es de menor voltaje que la de nuestra emoción. En orden de intensidad, la energía de nuestro instinto, emoción y pensamiento están en la misma gradiente que la electricidad, el gas y el vapor. Por lo tanto, una gran cantidad de las energías más bajas es necesaria para contraponerse a una cantidad relativamente pequeña de energía de mayor voltaje. El razonamiento en contra de la ira u otra emoción negativa es como enfrentar una cantidad igual de energías de diferente intensidad. El resultado es previsible.

Cuando el razonamiento parece producir algún efecto sobre una emoción negativa, la explicación se encuentra en la mezcla de algún otro sentimiento o en la adición de algún poderoso instinto. Por ejemplo, las cosas nos provocan menos cuando estamos bien físicamente. Nuestro cuerpo está lleno de vitalidad y sostiene al débil razonamiento contra la amenaza de una explosión emocional. Similarmente, cuando tenemos un sentimiento de amor, miedo o cualquier otro, su ayuda puede socorrer a la razón a suprimir o sobrellevar un ataque de ira. La mayoría de las prescripciones comunes contra ella consisten en uno de dos ingredientes. Caen, de hecho, en dos clases: prescripciones de orden físico y prescripciones que consideran otros sentimientos aparte de la emoción negativa misma. Cuando Kipling dice que la cura para disminuir la presión de un arrebato es cavar hasta transpirar suavemente, o Gilbert recomienda un placebo contra la melancolía, están haciendo prescripciones del primer tipo. Y cuando nuestros padres, guardianes y amigos apelan, como dicen, a nuestra «mejor naturaleza» o invocan una imagen de miedo, inconscientemente preparan una prescripción del segundo tipo.

Ambos tipos de prescripción, evidentemente, podemos aplicarlas a nosotros mismos, si tenemos la resolución de hacerlo. Pero hay un placer infantil en ser recetados y recibir atención, y las pataletas son particularmente infantiles en sus demandas de ser regaloneados. Las naturalezas más adultas, sin embargo, pueden prescribirse a ellas mismas, y tomar su propia medicina. Es, de hecho, una señal de ser adulto el que podamos transar con nuestras emociones negativas (al menos cuando son relativamente suaves). Las emociones negativas más serias, como ataques severos de inseguridad o celos, están más allá del poder de la mayoría de los adultos para tratarlas por ellos mismos. Los dos tipos de prescripción sirven normalmente en casos que exceden la auto aplicación; y es igualmente difícil inducir al paciente a aceptarlas de otra persona. Entonces no hay nada que hacer, excepto esperar hasta que la emoción negativa se haya gastado sola, a veces con perjudiciales consecuencias para los involucrados.

Supongamos que un hombre o una mujer estén verdaderamente deseosos de trabajar sobre sus «sentimientos oscuros» de ira, desesperación, miedo, celos, odio o, en resumen, sus emociones negativas. ¿Significa eso algo?

 Para comenzar, es necesario admitir en uno mismo que este estado emocional es una enfermedad nerviosa. El paciente debe aprender a decir: «estoy enfermo». La tendencia, por supuesto, es culpar a la supuesta causa, situación, persona o incidente que pareciera haber provocado la enfermedad. Pero no hay alivio en justificarse. Nadie nunca se ha recuperado de un acceso de mal humor culpando a la causa imaginada. Es mil veces mejor y verdadero decir: «estoy enfermo», que decir o sentir: «esto y lo otro me hizo enfermar». Esta actitud hacia las emociones negativas ya comienza a modificar su furor. Tiene algo de la magia del aceite sobre las olas.

Pero no es suficiente adoptar una actitud, aunque sea la correcta. Algo se debe hacer, dado que Satán siempre encuentra un mal uso para la energía libre que tenemos, y las emociones negativas son sólo despilfarro de energía. El Demonio vive en nuestra energía malgastada.

Trate de no pensar en la supuesta causa de la emoción o en las cosas y circunstancias que estén en su trasfondo. El pensar en un estado de emoción negativa necesariamente se ve distorsionado por el agitado medio que ella produce. Es como mirar un objeto a través de aguas tumultuosas y turbias. Pensar en este estado jamás conduce a la verdad. Trate también de no sentir. Esto se ve imposible a primera vista, parece un consejo para dejar de sentirse desdichado. Pero todos sabemos que es posible convivir o no con un sentimiento. Todos conocemos la tentación de apretar con la lengua un diente que está doliendo, para que duela más. La recomendación de no sentir no es demasiado irrelevante. No sienta más de lo que puede soportar.

Pero el secreto no está contenido en alguno de los alivios anteriores. Es algo totalmente diferente, que puede ser descrito como sigue: cuando se está con un sentimiento amargo o en su proceso de desarrollo, observe y note sólo su estado físico. El cuerpo es a veces muy elocuente, muestra un conjunto especial de síntomas para cada sentimiento. Observe y note, a manera de curiosidad personal y científica, cómo su cuerpo manifiesta los malos sentimientos. Por ejemplo, su boca puede secarse o tener un sabor desagradable. Su piel puede sentir picazón, algunos músculos pueden contraerse, puede tener indigestión, náuseas o sentir el corazón oprimido. Los síntomas se revelan por sí mismos. Si usted simplemente los observa, anota y enumera, como si los estuviera recopilando para una novela o texto de psicología, verá que cuando haya terminado, habrán desaparecido, Habrá ahorrado energía al usarla para observar.

A. R. Orage

CÓMO SE ALIMENTA DEL DRAMA EL CUERPO DEL DOLOR

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Un niño experimenta un sufrimiento casi insoportable cuando se ve obligado a presenciar la violencia emocional de los cuerpos del dolor de sus padres. Sin embargo, ese es el destino de millones de niños del mundo entero, la pesadilla de su diario vivir. También es una de las formas de transmitir el cuerpo del dolor de generación en generación.

Cuando tenemos personas a nuestro alrededor, especialmente el cónyuge o un familiar cercano, el cuerpo del dolor busca provocarlas para poder alimentarse del drama que seguramente sobrevendrá. A los cuerpos del dolor les encantan las relaciones íntimas y las familias porque es a través de ellas que obtienen mayor alimento.

Es difícil resistirse cuando otro cuerpo del dolor está decidido a provocar una reacción en nosotros. Conoce instintivamente nuestros puntos más vulnerables. Si su primer intento no prospera, ensayará una y otra vez. Es emoción pura a la caza de más emociones. El cuerpo del dolor de la otra persona desea despertar el nuestro para que los dos puedan alimentarse mutuamente.

Muchas relaciones pasan por episodios violentos y destructivos montados por el cuerpo del dolor a intervalos periódicos. Un niño experimenta un sufrimiento casi insoportable cuando se ve obligado a presenciar la violencia emocional de los cuerpos del dolor de sus padres. Sin embargo, ese es el destino de millones de niños del mundo entero, la pesadilla de su diario vivir. También es una de las formas de transmitir el cuerpo del dolor de generación en generación. Después de cada episodio, los padres se reconcilian y hay un intervalo de paz relativa, en la medida en que el ego lo permite.

El consumo excesivo de alcohol suele activar el cuerpo del dolor, especialmente en los hombres, pero también en las mujeres. En estado de ebriedad, la persona sufre un cambio completo de personalidad cuando el cuerpo del dolor asume el control. Una persona profundamente inconsciente cuyo cuerpo del dolor se reabastece periódicamente a través de la violencia física suele dirigir esa violencia contra su cónyuge o sus hijos. Cuando recupera la sobriedad, su arrepentimiento es grande y auténtico y promete seriamente no volver a cometer esos actos de violencia. Sin embargo, la persona que habla y promete no es la entidad agresora, de tal manera que es seguro que vuelva a caer en ese comportamiento una y otra vez, a menos que reconozca el cuerpo del dolor que vive en su interior, opte por estar presente y logre dejar de identificarse con ese cuerpo del dolor. En algunos casos es posible hacerlo con la ayuda de asesoría profesional.

La mayoría de los cuerpos del dolor buscan infligir sufrimiento y ser a la vez víctimas de él, pero algunos son principalmente victimarios o víctimas. En cualquiera de los dos casos, se alimentan de la violencia, sea ésta física o emocional. Algunas parejas que creen estar enamoradas en realidad se sienten atraídas porque sus respectivos cuerpos del dolor se complementan. Algunas veces, los papeles de víctima y victimario quedan claramente asignados desde su primer encuentro. Algunos matrimonios, en lugar de hacerse en el cielo se hacen en el infierno.

Quien haya tenido un gato sabe que, incluso mientras duerme, el gato parece saber lo que sucede a su alrededor porque al más mínimo ruido dirige las orejas hacia el lugar de donde vino y abre ligeramente los ojos. Los cuerpos del dolor son iguales. En un determinado nivel continúan despiertos, listos a entrar en acción cuando se les presente el motivo apropiado.

En las relaciones íntimas, los cuerpos del dolor son lo suficientemente sagaces para mantener un bajo perfil mientras se inicia la vida en pareja y ojalá después de firmado el contrato en virtud del cual se crea el compromiso de vivir juntos durante el resto de la vida. No nos casamos con un esposo o una esposa sino también con los dos cuerpos del dolor. Puede ser verdaderamente desconcertante reconocer, al cabo de poco tiempo de vivir juntos o después de la luna de miel, que un buen día nuestra pareja experimenta un cambio radical de personalidad. Usa un tono de voz duro o estridente para acusarnos o culparnos, o nos grita probablemente a causa de un asunto relativamente trivial o se retrae por completo. “¿Qué te pasa?” preguntamos. “Nada”, responde. Pero la energía intensamente hostil que emana de ella parece decir, “Todo anda mal”. Cuando la miramos a los ojos, estos ya no brillan. Es como si un velo espeso hubiera descendido y que ese ser a quien conocemos y amamos y que solía brillar a través de su ego, estuviera completamente oculto. Es como si estuviéramos frente a un perfecto extraño en cuyos ojos vemos odio, hostilidad, amargura o ira. Cuando nos hablan, no es la voz de nuestro cónyuge o nuestra pareja, sino el cuerpo del dolor que habla a través de ellos. Lo que dicen no es más que la versión distorsionada de la realidad que nos ofrece el cuerpo del dolor, una realidad completamente distorsionada por el miedo, la hostilidad, la ira y el deseo de infligir y recibir más dolor.Eckhart Tolle

En esos momentos nos preguntamos si ése es el verdadero rostro de nuestra pareja, el cual no habíamos visto antes, y si cometimos un grave error al elegir a esa persona. Claro está que no es su verdadero rostro, sino el cuerpo del dolor que ha tomado posesión de ella transitoriamente. Sería difícil encontrar una pareja que no cargue con un cuerpo del dolor, pero quizás sería prudente elegir a alguien cuyo cuerpo del dolor no sea tan denso.

ECKHART TOLLE

Los tres miedos: El tercer miedo es el miedo a la muerte

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Pregunta: Al trabajar terapéuticamente con gente, observo que hay tres grandes miedos que siempre surgen: El miedo a volverse loco, el miedo a dejarse llevar en el orgasmo sexual y el miedo a la muerte. ¿Puedes comentar algo al respecto?

El tercer miedo del que hablas es el miedo a la muerte. El primero era el miedo a estar solo. La mayor parte del miedo a la muerte se destruirá ante la primera experiencia de estar solo y sin miedo. Otra gran parte del miedo a la muerte desaparecerá con la experiencia del orgasmo, porque durante el orgasmo la persona desaparece. Su identidad es inexistente. Hay una experiencia pero no hay “nadie” que la experimente.

Los primeros dos pasos facilitarán mucho el tercero. Y con cada paso tienes que ir profundizando en tu meditación. La terapia sin meditación no puede ayudar mucho. Sin meditación la terapia es simplemente superficial, un toque aquí y allá, y pronto el hombre será de nuevo el mismo. Una verdadera transformación no ha ocurrido nunca sin meditación y las situaciones originadas por la terapia son enormemente valiosas en lo que a la meditación se refiere.

Luego primero, utiliza la terapia para hacerle sentirse solo. Segundo, utiliza la meditación para darle el coraje para abandonar todo pensamiento y volcarse totalmente en el orgasmo. Sin preocuparse de lo que ocurra. Estas aquí para apoyarle. Tras estos dos pasos el tercero será muy fácil. Es el más fácil. Parece el mayor miedo del hombre. Pero no es verdad. No conoces la muerte; ¿Cómo puedes entonces tener miedo de ella? Siempre has estado viendo otras personas morir. Nunca te has visto a ti mismo muriendo. Quien sabe, quizás seas la excepción, porque no hay ninguna prueba de que vayas a morir. Los que han muerto han demostrado que eran mortales.

Cuando estaba en la universidad, aprendiendo “lógica” de mi profesor, en cada libro, en cada universidad alrededor del mundo, se enseña el mismo silogismo aristoteliano. El hombre es mortal. Sócrates es un hombre. Luego Sócrates es mortal. Y cuando me enseñaron ese silogismo por primera vez, me puse de pie y dije, “Un momento. Quizás yo sea la excepción. Hasta ahora he sido una excepción. ¿Por qué no también mañana? Sobre Sócrates acepto que el silogismo es cierto porque él está muerto, ¿Pero y yo?, ¿Y tú?, ¿Y toda esta gente que está viviendo? Ellos no han muerto todavía”.

Tu experiencia de la muerte ―de gente muriendo en la miseria, con sufrimiento, con disgusto, con todo tipo de dolores― es lo que origina tu miedo. Porque nadie ha conocido la muerte de un hombre iluminado, con qué belleza muere, con qué éxtasis!. El momento de su muerte es de una luminosidad tremenda, de un silencio… como si su éxtasis irradiase de cada poro de su ser. Aquellos que están cerca de él, aquellos que han tenido la fortuna de estar cerca de él, se sorprenderán de ver que la muerte es mucho más gloriosa que la vida.

Pero este tipo de muerte ocurre solo a aquellos que han vivido totalmente, sin miedo, a aquellos que han vivido con éxtasis, sin preocuparse de que dicen los idiotas sobre la muerte. No la han conocido y continúan hablando acerca de ella.

El miedo a la muerte será el más fácil de los tres. Tienes que resolver los dos primeros, y entonces hacer ver a la persona que la muerte no es el final de la vida. Si meditas profundamente y alcanzas tu centro más profundo, de repente encontrarás una corriente de vida eterna. Tus cuerpos… has tenido muchos. Tu ser ha adoptado muchas formas diferentes, pero tú continúas siendo el mismo. Pero no ha de ser una creencia ―Tiene que ser tu propia experiencia.

Luego recuerda una cosa: tus grupos de terapia no deben ser como la terapia ordinaria ―simplemente alguien haciendo un lavado de cerebro a un hombre y haciéndole sentir que ha aprendido algo, el hombre experimenta algo y dos semanas después es otra vez el mismo. No hay una sola persona en el mundo que haya sido totalmente curada con psicoanálisis. Y hay miles de psicoanalistas haciendo psicoanálisis, y ni una sola persona en el mundo que haya sido curada. No existe un solo caso que hayan podido resolver todavía, por la sencilla razón de que no conocen la meditación. Y sin meditación puedes continuar pintando la superficie, pero la realidad interior permanece igual.

Mis terapeutas han de introducir la meditación como centro de su terapia, y todo lo demás debe girar alrededor de ella. Entonces la terapia será realmente valiosa. Entonces será necesaria no sólo para aquellos que están enfermos, o desequilibrados mentalmente, o para aquellos que sienten miedo, celos, o violentos. Esta es solo la parte negativa de la terapia.

Nuestra terapia servirá para devolver a la persona su individualidad. Le devolverá su niñez, su inocencia. Esto le dará integridad, cristalización, luego nunca tendrá miedo a la muerte. Y una vez que el miedo a la muerte desaparece, los otros miedos son muy pequeños y caerán por si solos, desaparecerán.

Tenemos que enseñar a la gente como vivir totalmente, íntegramente, contra todas las enseñanzas de las religiones. Las religiones enseñan renuncia. Nosotros enseñamos alegría, celebración.

Los tres miedos  – III –

OSHO

OSHO

 Y sin meditación puedes continuar pintando la superficie, pero la realidad interior permanece igual.

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Krishnamurti – Me gustaría saber lo que piensa de la muerte

¿MIEDO A LA MUERTE?

¿Por qué teme usted a la muerte? ¿Será, acaso, porque no sabe cómo vivir? Si supiera cómo vivir con plenitud, ¿tendría miedo de morir? Si amara los árboles, la puesta del sol, la hoja que cae, si amara a los pájaros; si estuviera atento a los hombres y mujeres que lloran, a los pobres, y si de veras sintiera amor en su corazón, ¿temería a la muerte? ¿Le temería? No se deje persuadir por mí; reflexionemos juntos sobre ello. Usted no vive con alegría, no es feliz, no es vitalmente sensible a las cosas; ¿por esa razón pregunta qué va a ocurrir cuando muera? La vida es para usted dolor y, por eso, está mucho más interesado en la muerte. Siente que tal vez habrá más felicidad después de la muerte. Pero ése es un problema tremendo, y yo no sé si usted desea investigarlo. Al fin y al cabo, en el fondo de todo esto está el miedo: miedo de vivir, miedo de morir, miedo de sufrir. Si usted no puede comprender qué es lo que da origen al miedo, y así se libera de ello, entonces no importa mucho si está vivo o muerto.

Yanni – Until The Last Moment – Violin Duet – Samvel Yervinyan –

Las emociones negativas: Una síntesis de algunos de los dichos y escritos de P. D. Ouspensky sobre el tema de las emociones negativas

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Las emociones negativas constituyen un terrible fenómeno. Ocupan un enorme lugar en nuestra vida. Se puede decir de mucha gente que todas sus vidas están reguladas y controladas, y en última instancia son arruinadas por las emociones negativas. Al mismo tiempo, no puede decirse que las emociones negativas representen ningún papel útil en nuestras vidas. 

El término “emociones negativas” comprende a todas las emociones de violencia o depresión: auto-compasión, ira, sospecha, miedo, enfado, aburrimiento, desconfianza, celos, etc. De ordinario se acepta esta expresión de emociones negativas como completamente naturales o incluso necesarias. Muy a menudo recibe el nombre de “sinceridad”. Por supuesto, no tiene nada que ver con la sinceridad; es sólo un síntoma de debilidad en la persona, un signo de mal carácter y una incapacidad para guardar para uno mismo las propias penas.

Tomamos consciencia de ello cuando tratamos de oponernos a esta tendencia, y de esto aprendemos otra lección. Nos damos cuenta de que en relación con las manifestaciones mecánicas no es suficiente observarlas, es necesario resistirlas, porque sin resistirlas no podemos observarlas. Suceden tan rápido, tan habitualmente y tan imperceptiblemente, que no podemos percibirlas a menos que hagamos suficientes esfuerzos para crearlas obstáculos.

Las emociones negativas constituyen un terrible fenómeno. Ocupan un enorme lugar en nuestra vida. Se puede decir de mucha gente que todas sus vidas están reguladas y controladas, y en última instancia son arruinadas por las emociones negativas. Al mismo tiempo, no puede decirse que las emociones negativas representen ningún papel útil en nuestras vidas. No ayudan a nuestra orientación, no nos dan ningún conocimiento, no nos guían de modo sensato. Por el contrario, echan a perder todos nuestros placeres, hacen que la vida nos sea un peso difícil de llevar y muy eficazmente impiden nuestro posible desarrollo, porque no hay nada más mecánico en nuestras vidas que las emociones negativas.

Las emociones negativas escapan siempre a nuestro control. Aquellos que piensan que pueden controlar sus emociones negativas y manifestarlas a voluntad simplemente se engañan a sí mismos. Las emociones negativas están basadas en una identificación*, si la identificación se destruye en un caso particular, las emociones negativas desaparecen. El hecho más extraño y fantástico sobre las emociones negativas es que, de hecho, son reverenciadas por todos. Lo que más le cuesta admitir al hombre mecánico corriente es que las emociones negativas propias y ajenas no tienen ningún valor y no contienen nada noble, ni bello, ni fuerte. En realidad, las emociones negativas no contienen sino debilidad, y a menudo son el principio de la histeria, de la locura o del crimen. Lo único bueno que se puede decir de ellas es que, siendo completamente inútiles y creadas artificialmente por la imaginación y las identificaciones, pueden ser destruidas sin que eso suponga ninguna perdida, y ésta es la única oportunidad de escape que el hombre tiene.

En realidad, tenemos mucho más poder sobre las emociones negativas de lo que pensamos, particularmente cuando nos hemos convencido de lo peligrosas que son y de lo urgente que resulta el luchar contra ellas. Pero encontramos demasiadas excusas contra ellas y nadamos en los mares de la auto-compasión o del egoísmo, encontrando fallos en todo excepto en nosotros mismos.

Antes de decir nada más sobre las emociones negativas es necesario que recapitulemos muy brevemente la idea fundamental sobre la que se basa nuestro estudio del hombre. El hombre, tal como le conocemos, no es un ser completo. La naturaleza le desarrolla solo hasta un cierto punto, y luego le deja para que siga creciendo por sus propios esfuerzos y recursos, o bien para que viva y muera tal como ha nacido. El hombre se atribuye a sí mismo muchos poderes, facultades y propiedades que no posee, y que nunca llegará a poseer a menos que pueda desarrollarse hasta convertirse en un ser completo. El hombre no se da cuenta de que, de hecho, él no es más que una máquina sin movimientos independientes, la cual es puesta en funcionamiento por las circunstancias externas. La más importante de las cualidades que el hombre se atribuye a sí mismo, pero que no posee, es la consciencia. Por consciencia entendemos un tipo particular de apercibimiento en el hombre. La consciencia de sí mismo, de quién es, de lo que siente o piensa, o de dónde se encuentra en ese momento.

Hay que recordar que el hombre no es igualmente consciente todo el tiempo y que, según el modo en el que nosotros estudiamos al hombre, consideramos que él tiene la posibilidad de cuatro estados diferentes de consciencia. Son los siguientes: sueño, estado de vigilia o consciencia relativa, tercer estado de consciencia o auto-consciencia y cuarto estado de consciencia o consciencia objetiva. Pero en la vida ordinaria el hombre no sabe nada de lo que es consciencia objetiva y no hay experimentos posibles en esta dirección.

De hecho, el hombre vive en sólo dos estados: una parte de su vida la pasa dormido y la otra en lo que es llamado estado de vigilia pero que en realidad se diferencia muy poco del sueño. Por consiguiente, cuando hablamos de consciencia nos referimos a un estado de mayor amplitud que nuestro estado ordinario de vigilia. Sobre este estado no tenemos control, pero sí sobre el modo en que pensamos sobre él y podemos construir nuestro pensamiento de modo que la consciencia se produzca. Dando a nuestros pensamientos una dirección que tendrían en un momento de consciencia, podemos inducirla. Llamamos a esta práctica auto recuerdo.

*El “identificarse” o la “identificación” es un curioso estado en el que el hombre pasa la mitad de su vida, estando en estado de sueño la otra mitad. El se identifica con todo: con lo que dice, con lo que siente, con lo que cree, con lo que no cree, con lo que desea, con lo que no desea, con lo que le atrae, con lo que le repele. Todo se convierte en él o, mejor dicho, él se convierte en ello. Se convierte en lo que le gusta y en lo que le disgusta. Esto significa que en estado de identificación el hombre es incapaz de separarse del objeto de su identificación. Es difícil encontrar una mínima cosa con la que el hombre sea incapaz de identificarse. Al mismo tiempo, en estado de identificación es cuando el hombre tiene menos control sobre sus reacciones mecánicas.

La identificación, su significado, causas y resultados, esta extremadamente bien descrita en Writings from the Philokalia, trad. por E. Kadloubovsky y G. E. Palmer, pagina 338, párrafos 34-6, Londres, 1951.

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P.D. Ouspensky
La Consciencia -Una búsqueda de la verdad-

Esencia y Personalidad Gurdieff

LA ETOLOGÍA DEL MIEDO ¿Cómo se puede dominar el miedo o eliminarlo por completo?

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¿Qué es el miedo? ¿Cómo surge? ¿De dónde viene? ¿Cuál es su mensaje? Investígalo; sin ningún juicio; solo así comprenderás.

Si tienes la idea preconcebida de que no deberías tener miedo, de que el miedo es malo y, por lo tanto, no debería existir, no podrás investigar. ¿Cómo vas a confrontar el miedo? ¿Cómo vas a mirar al miedo directamente a los ojos si ya has decidido de antemano que es tu enemigo?

¿Cómo se puede dominar el miedo o eliminarlo por completo? El miedo no se puede eliminar por completo, tampoco puede ser dominado, solo puede ser comprendido. Aquí, la palabra clave es comprensión. Solo la comprensión es fuente de mutación, ninguna otra cosa. Si intentas dominar tu miedo, se quedará reprimido en ti, se ocultará más profundamente en ti. Eso no servirá de nada, complicará más las cosas. Dominarlo quiere decir que, cuando emerge, lo puedes reprimir. Puedes reprimirlo tan profundamente que llegue a desaparecer por completo de tu conciencia.

Entonces nunca serás consciente de él, pero estará en el sótano, y ejercerá cierta atracción. Se las apañará para manipularte, pero lo hará de una forma tan indirecta que no te darás cuenta. Pero entonces el peligro habrá profundizado y ni siquiera podrás comprenderlo.

No hay que dominar el miedo, no hay que eliminarlo. Además, no se puede eliminar, porque en el miedo hay cierta energía y ninguna energía puede ser destruida. ¿Has observado que en el miedo hay una energía inmensa?; lo mismo ocurre con la ira; ambos, el miedo y la ira son diferentes aspectos del mismo fenómeno energético.

La ira es agresiva y el miedo es no agresivo. El miedo es ira en su estado negativo, la ira es miedo en su estado positivo. ¿Has notado lo poderoso que te sientes, la cantidad de energía que tienes cuando estás enfadado? Cuando estás enfadado eres capaz de levantar y arrojar una roca tan grande que en otras circunstancias serías incapaz de mover. Cuando estás enfadado te vuelves tres o cuatro veces más fuerte. Eres capaz de hacer cosas que normalmente no puedes hacer.

Con miedo, puedes correr tan rápido que serías la envidia de cualquier corredor olímpico. El miedo produce energía; el miedo es energía, y la energía no puede ser destruida. De la existencia, no se puede eliminar ni una pizca de energía. Eso es algo que siempre has de tener en cuenta, porque si no, lo que hagas será erróneo. No se puede destruir nada, lo único que se puede hacer es cambiar su forma. No se puede destruir ni una piedrecilla, ni la más ínfima partícula de arena; solo se puede cambiar su forma.

No se puede destruir ni una gota de agua. Se la puede convertir en hielo, se la puede evaporar, pero no desaparecerá. Seguirá estando en alguna parte, no se la puede sacar de la existencia.

Tampoco el miedo se puede destruir. Y se ha intentado muchas veces; la gente ha intentado destruir el miedo, la ira, la sexualidad, la avaricia y cosas por el estilo. El mundo entero ha estado afanándose continuamente en destruir tus energías, ¿cuál ha sido el resultado? Que el hombre se ha convertido en un desastre.

Nada se destruye, todo sigue estando aquí; lo único que se ha conseguido es que las cosas se hayan vuelto más confusas. Intentar destruir algo no tiene sentido, porque nada se puede destruir.

Entonces ¿qué hay que hacer? Hay que entender el miedo.

¿Qué es el miedo? ¿Cómo surge? ¿De dónde viene? ¿Cuál es su mensaje? Investígalo; sin ningún juicio; solo así comprenderás.

Si tienes la idea preconcebida de que no deberías tener miedo, de que el miedo es malo y, por lo tanto, no debería existir, no podrás investigar. ¿Cómo vas a confrontar el miedo? ¿Cómo vas a mirar al miedo directamente a los ojos si ya has decidido de antemano que es tu enemigo? Nadie mira al enemigo directamente a los ojos. Si crees que es algo malo, intentarás pasar de largo, sortearlo, no prestarle atención. Intentarás no cruzarte con él, pero eso no servirá de nada, seguirá estando ahí.

Primero, abandona toda condena, juicio, evaluación. El miedo es una realidad. Hay que afrontarlo, hay que comprenderlo. Solo se le puede transformar por medio de la comprensión. De hecho, por medio de la comprensión se le transforma. No hace falta hacer nada más; la comprensión lo transforma.

¿Qué es el miedo? En primer lugar, el miedo siempre está relacionado con un deseo. Si, por ejemplo, quieres ser famoso, el hombre más famoso del mundo, surge el miedo. ¿Qué pasa si no lo consigues?; entonces surge el miedo. Luego el miedo aparece como producto del deseo. Quieres llegar a ser el hombre más rico del mundo pero ¿y si no lo consigues? Empiezas a temblar, aparece el miedo. Quieres poseer a una mujer, entonces surge el miedo a que mañana no puedas retenerla a tu lado, a que se vaya con otro. Ella está viva, así que puede irse. Si estuviera muerta no podría irse; pero todavía está viva. Solo se puede poseer a un cadáver; en ese caso no hay nada que temer, el cadáver se quedará. Se puede poseer muebles, entonces no hay nada que temer. Pero cuando intentas poseer a un ser humano, aparece el miedo. ¿Quién sabe?, ayer no era tuya, hoy es tuya… ¿Quién sabe si mañana se irá con otro? Entonces aparece el miedo. El miedo nace del deseo de poseer, es un subproducto; cuando se quiere poseer, surge el miedo.

Si no quieres poseer, no hay miedo. Si no albergas el deseo de ser en el futuro esto o aquello, no hay miedo. Si no quieres ir al cielo, no hay miedo; entonces, el sacerdote no puede amedrentarte.

Si no quieres ir a ninguna parte, nadie puede amedrentarte.

Si empiezas a vivir en el momento, el miedo desaparecerá.

El miedo viene a través del deseo. El deseo, básicamente, produce miedo.

Obsérvalo. Siempre que sientas miedo, mira a ver de dónde procede; qué deseo lo está creando; y sé consciente de su inutilidad.

¿Cómo se puede poseer a un hombre o a una mujer? Es una idea extremadamente absurda, estúpida. Solo se pueden poseer las cosas, no las personas.

Una persona es una libertad. Una persona es hermosa por la libertad.

El pájaro es hermoso volando por el cielo, si lo enjaulas ya no es el mismo pájaro, recuérdalo, parece el mismo pájaro pero ya no lo es. ¿Dónde está el cielo? ¿Dónde está el sol? ¿Dónde los vientos? ¿Dónde las nubes?

¿Dónde la libertad de sus alas? Todo ha desaparecido. Ese no es el mismo pájaro.

Amas a una mujer porque es una libertad. Luego la enjaulas: vais al juzgado y os casáis; construyes una hermosa jaula para ella, puede que la jaula sea de oro con diamantes engastados, pero ella ya no es la misma mujer. Entonces surge el miedo, miedo porque puede que no le guste esta jaula y vuelva a anhelar libertad, porque la libertad es un valor supremo, no se puede abandonar.

El hombre está hecho de libertad, la conciencia está hecha de libertad. Así que, tarde o temprano, la mujer empezará a aburrirse, a estar harta. Empezará a buscar a otro. Eso te da miedo. Tu miedo surge de tu deseo de poseer; pero, en primer lugar, ¿por qué quieres poseer? No seas posesivo, y no tendrás miedo. Y, cuando no tienes miedo, gran parte de la energía que requiere, que captura, que encierra el miedo, está a tu disposición; puedes utilizarla creativamente. Se puede convertir en danza, en celebración.

¿Tienes miedo a la muerte? No puedes morir, porque, en primer lugar, no existes. ¿Cómo vas a morir? Busca en el interior de tu ser, en profundidad. ¿Hay alguien ahí que se vaya a morir? Por muy meticulosamente que busques, no encontrarás ningún ego, ningún «yo». Así que no hay posibilidad de morir. Lo único que origina el miedo a la muerte es la idea del ego. Sin ego, no hay muerte. Eres todo silencio, inmortalidad, eternidad; no como tú, sino como un cielo abierto, ilimitado, indefinido; sin ninguna idea del yo o el mí que le contamine.

Entonces no hay miedo.

El miedo viene porque hay otras cosas. Tendrás que observar esas cosas, y el observarlas empezará a cambiarlas.

Así que, por favor, no preguntes cómo dominar o destruir el miedo. No hay que dominarlo, no hay que eliminarlo. No puede ser dominado ni destruido, solo puede ser comprendido. Deja que la comprensión sea tu única ley.

Sé que cualquier idea de seguridad externa es insensata e irrealista, pero ¿no existe alguna seguridad interna que podamos conseguir esforzándonos? No hay ninguna seguridad, ni interna ni externa. La seguridad no existe, por eso la existencia es tan hermosa. Imagínate que una mañana una rosa empezase a pensar en su seguridad; ¿qué ocurriría? Para estar completamente segura, la rosa tendría que ser de plástico; sino, estará insegura. Cualquier ráfaga de viento fuerte puede arrancarle los pétalos. O puede pasar un niño y cortarla.

O puede pasar una cabra y comérsela. Puede ocurrir cualquier cosa; y aunque no pase ningún niño, ninguna cabra, ninguna ráfaga de viento, al atardecer se habrá marchitado. Aunque no ocurra nada extraordinario, se marchitará.

Pero en eso radica la belleza de la rosa, por eso es tan hermosa; porque vive rodeada por la muerte, desafiando a la muerte, desafiando a los vientos. Un desafío tan grande para una florecilla tan pequeña, insignificante, pero está por encima de todas las dificultades y peligros. Puede que tan solo por unos minutos o unas horas, eso no importa, el tiempo es inmaterial, pero tiene su propio día. Ha vivido, ha hablado con los vientos, con el sol y la luna, ha visto las nubes. Y con una gran dicha, ¡con una gran pasión! Luego muere; no se aferra. Una rosa aferrándose sería fea; solo los seres humanos son capaces de tal fealdad. Cuando llega su hora, la flor simplemente muere y desaparece en la tierra de la que procede. No hay seguridad externa ni seguridad interna.

La inseguridad es el material del que está hecha la vida.

Esa es la diferencia entre mi trabajo y el de otros profesores: ellos te proporcionan seguridad, yo te quito la seguridad. Te hago consciente de las beldades de la vida; sus riesgos, sus inseguridades.

Te hago más sensible. Y esa mayor sensibilidad alberga un desafío y una aventura mayores. Entonces uno no se preocupa de si habrá o no habrá un mañana, hoy es más que suficiente. Si somos capaces de amar, si somos capaces de vivir, este día es más que suficiente.

Un simple momento de amor profundo es eternidad. ¿A quién le importa la seguridad? La propia idea surge de la avaricia, la propia idea surge del ego. Ya sea seguridad interna o seguridad externa, no hay ninguna diferencia. Uno tiene que indagar concienzudamente y ver que no hay seguridad, que no es posible en la propia situación de existencia. En ese mismo momento, ocurre una gran revolución en tu ser; eres metamorfoseado.

Jesús llama a ese momento metanoia. Eres convertido… no significa que te conviertes en cristiano, en católico o en protestante.

En ese momento dejas de ser mundano.

Buscar seguridad es ser mundano. Vivir en inseguridad como una rosa es ser espiritual.

La seguridad es del mundo; la inseguridad es de lo divino.

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OSHO    – La etología del miedo 2ª-

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