Si amas a una mujer, si ella es tu placer, entonces esa mujer se convierte en tu amo. Si amas a un hombre, si ese es tu placer y te sientes infeliz, si estás desesperada, triste, sin él, entonces has creado una esclavitud para ti, has creado una prisión, no estás más en libertad

¿Cuál es la diferencia entre dicha y placer?

El placer es físico, fisiológico. El placer es lo más superficial en la vida; es excitación. Puede ser sexual, puede ser de otros sentidos, puede convertirse en una obsesión por la comida, pero está arraigada en el cuerpo. El cuerpo es su periferia, su circunferencia; no es su centro. Y vivir en la circunferencia es vivir a merced de toda clase de cosas que vayan sucediendo a tu alrededor.

El hombre que busca placer permanece a merced de los accidentes. Es como las olas en el océano; están a merced de los vientos. Cuando vienen los vientos fuertes, están ahí; cuando desaparecen los vientos, desaparecen. No tienen una existencia independiente; son dependientes, y cualquier cosa que sea dependiente de la otra implica esclavitud. El placer es dependiente del otro. Si amas a una mujer, si ella es tu placer, entonces esa mujer se convierte en tu amo. Si amas a un hombre, si ese es tu placer y te sientes infeliz, si estás desesperado, triste, sin él, entonces has creado una esclavitud para ti, has creado una prisión, no estás más en libertad. Si eres un buscador de dinero y poder, entonces serás dependiente del dinero y del poder.

El hombre que va acumulando dinero, si su placer es tener más y más dinero, se volverá más y más desdichado… porque cuanto más tiene, más desea, y cuanto más tiene, más asustado está de perderlo. Una espada de doble filo: entre más desea… el primer filo de la espada.

Por lo tanto, se vuelve más y más desdichado.

Cuanto más exiges, deseas, más sientes que careces de algo; más hueco, vacío, te ves a ti mismo. Por otra parte, el otro filo de la espada, es que entre más tienes, más asustado estás de que te lo quiten; puede ser robado. El banco puede caer en bancarrota, la situación política en el país puede cambiar, el país puede volverse comunista.

Hay mil y un cosas de las cuales depende tu dinero. Tu dinero no te hace un amo, te hace un esclavo. El placer es periférico; por lo tanto está limitado a depender de las circunstancias externas. Y sólo es excitación. Si la comida es un placer, ¿de qué se está disfrutando realmente? ¡Sólo del gusto! Por un momento, cuando el alimento pasa por tus papilas gustativas en la lengua, tienes una sensación que interpretas como placer. Es tu interpretación. Hoy puede parecer placer y mañana puede no parecer placer. Si te mantienes comiendo el mismo alimento todos los días, tus papilas en la lengua se volverán insensibles. Pronto estarás cansado de ello… así es como la gente llega a cansarse.

Un día estás corriendo tras un hombre o una mujer y al día siguiente estás intentando encontrar una excusa para deshacerte del otro. La misma persona, ¡nada ha cambiado! ¿Qué ha sucedido mientras tanto? Te aburres con el otro porque todo el placer estuvo en conocer lo nuevo. Ahora, el otro ya no es nuevo; estás familiarizado con el territorio del otro. Estás familiarizado con el cuerpo del otro, las curvas del cuerpo, la sensación del cuerpo. Ahora la mente está anhelando algo nuevo. La mente está siempre anhelando algo nuevo. Así es como la mente te mantiene siempre atado en alguna parte del futuro. Te mantiene esperanzado, pero nunca entrega la mercancía… no puede. Sólo puede crear nuevas esperanzas, nuevos deseos. Así como las hojas crecen en los árboles, los deseos y las esperanzas crecen en la mente. Deseaste una casa nueva y ahora la tienes… ¿y dónde está el placer? Sólo en ese momento estaba ahí, cuando alcanzaste tu meta. Una vez que la has alcanzado, tu mente ya no está interesada en ello; ya ha comenzado a tejer nuevas redes de deseo. Ya ha comenzado a pensar en otras casas más grandes. Y así es con respecto a todo.

El placer te mantiene en un estado neurótico, inquieto, siempre en la confusión. Tantos deseos, y cada deseo insaciado, pidiendo atención a gritos. Permaneces como víctima de una multitud de deseos locos, locos porque son irrealizables, y te van arrastrando en direcciones diferentes. Te conviertes en una contradicción. Un deseo te lleva a la izquierda, otro hacia la derecha, y simultáneamente vas alimentando ambos deseos. Y entonces sientes una división, entonces te sientes dividido, entonces te sientes destrozado, entonces sientes como si te hicieras pedazos. Nadie es responsable.

Toda la estupidez del placer del deseo es la que crea esto. Y es un fenómeno complejo. No eres el único que está buscando placer; millones de personas al igual que tú están buscando los mismos placeres. Por lo tanto, hay una gran lucha, competencia, violencia, guerra. Todos se han vuelto enemigos entre sí porque todos están buscando la misma meta, y no pueden alcanzarla; por lo tanto, la lucha tiene que ser total. Tienes que arriesgarlo todo… por nada, porque cuando ganas, no ganas nada, y toda tu vida se desperdicia en esta lucha. Una vida que pudo haber sido una celebración se convierte en una lucha larga, extensa, innecesaria.

Cuando estás tan detrás del placer no puedes amar, porque el hombre que busca placer utiliza al otro como un medio. Y utilizar al otro como un medio es uno de los actos más inmorales posibles, porque cada ser es un fin en sí mismo, no puedes utilizar al otro como un medio. Pero en la búsqueda del placer tienes que utilizar al otro como un medio. Te vuelves astuto porque es tal la lucha… Si no eres astuto serás engañado, y antes que otros te engañen, tú tienes que engañarlos.

Maquiavelo ha aconsejado a los busca-placeres que la mejor forma de defensa es atacar. Nunca esperes a que el otro te ataque; eso puede ser demasiado tarde. Antes que el otro te ataque, ¡tú lo atacas! Es la mejor manera de defensa. Y esto es lo que se está haciendo, conozcas a Maquiavelo o no. Esto es algo muy extraño: la gente sabe sobre Cristo, sobre Buda, sobre Mahoma, sobre Krishna; nadie los sigue. La gente no sabe mucho sobre Chanakya y Maquiavelo, pero la gente los sigue… ¡como si Maquiavelo y Chanakya estuvieran muy cerca de tu corazón!

No necesitas leerlos, ya los estás siguiendo. Tu sociedad entera está basada en los principios de Maquiavelo; de eso se trata todo el juego político. Antes que alguien te arrebate cualquier cosa, arrebátasela al otro. Estate siempre en guardia. Naturalmente, si estás siempre en guardia estarás tenso, ansioso, preocupado. Y la lucha es tal… y es constante. Eres uno, y los enemigos son millones. Por ejemplo, si en India deseas llegar a ser el primer ministro, entonces millones de personas, que también desean ser el primer ministro, son tus enemigos. ¿Y quién no desea llegar a ser el primer ministro? Uno puede decirlo, uno puede no decirlo. Entonces cada uno está contra ti y tú estás contra todos los demás. Esta corta vida de setenta, ochenta años, será desperdiciada en algún esfuerzo completamente vano.

El placer no es y no puede ser la meta en la vida. La segunda palabra a ser entendida es la felicidad.

La felicidad es psicológica, el placer es fisiológico. La felicidad es un poco mejor, un poco más refinada, un poco superior, pero no muy diferente del placer. Puedes decir que el placer es una clase más baja de felicidad y la felicidad es una clase un poco más elevada que el placer… dos lados de la misma moneda.

El placer es un poco primitivo, animal; la felicidad es un poco más culta, un poco más humana… pero es el mismo juego jugado en el mundo de la mente. No estás tan preocupado con las sensaciones fisiológicas; estás más preocupado con las sensaciones psicológicas. Pero básicamente no son diferentes; por lo tanto, Buda no ha hablado de cuatro palabras, sólo ha hablado de dos.

La tercera es la alegría; la alegría es espiritual. Es diferente, totalmente diferente del placer, felicidad. No tiene nada que ver con el otro; es interna. No es dependiente de las circunstancias; es tuya. No es una excitación producida por cosas; es un estado de paz, de silencio, un estado meditativo.

Es espiritual. Pero Buda tampoco ha hablado de alegría, porque hay algo que todavía va más allá de la alegría. Él la llama dicha.

La dicha es total. No es ni fisiológica ni psicológica ni espiritual.

No conoce ninguna división, es indivisible. Es total en un sentido y transcendental en otro sentido. Buda sólo habla de dos palabras. La primera es placer; incluye felicidad. La segunda es dicha; incluye alegría. La dicha significa que has alcanzado el centro más íntimo de tu ser.

Pertenece a la máxima profundidad de tu ser donde incluso el ego deja de existir, donde sólo prevalece el silencio; has desaparecido. En la alegría eres un poco, pero en la dicha no eres. El ego se ha disuelto; es un estado de no-ser. Buda lo llama nirvana. Nirvana significa que has dejado de ser; eres sólo el vacío infinito como el cielo. Y en el momento en que eres ese infinito, te conviertes por completo en las estrellas, y comienza una vida totalmente nueva. Has renacido.

El placer es pasajero, temporal, momentáneo; la dicha es duradera, sin tiempo. El placer comienza y termina; la dicha se mantiene por siempre. El placer viene y va; la dicha nunca viene, nunca va… ya está ahí, en el centro más íntimo de tu ser. El placer tiene que ser arrebatado del otro; te conviertes o en un mendigo o en un ladrón. La dicha te hace un maestro. La dicha no es algo que tú inventas sino algo que descubres. La dicha es tu naturaleza más íntima. Ha estado ahí desde el principio mismo, sólo que no la has mirado, la has dado por hecho. No miras hacia dentro.

Ésta es la única miseria del hombre: que va mirando hacia fuera, buscando e indagando. Y no puedes encontrarla en el exterior porque no está ahí.

OSHO      Dhammapada: The Way of the Buddha,Volumen 8, Capítulo 5

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¿Por qué ha convertido usted el sexo en un problema?

Interlocutor: Hace muchos años, cuando por primera vez me interesé en la así llamada vida religiosa, tomé la tremenda resolución de cortar totalmente con el sexo. Me ajusté rigurosamente a lo que consideraba un requisito esencial de esa vida y viví con toda la feroz austeridad de un célibe monástico. Ahora veo que es estúpida esa clase de sometimiento puritano en el que están involucradas la represión y la violencia, pero aun así no quiero volver a mi antigua vida. ¿Cómo voy a actuar ahora con relación al sexo?

Krishnamurti: ¿Por qué no sabe usted qué hacer cuando hay deseo? Le diré por qué. Porque esta rígida decisión suya aún sigue actuando. Todas las religiones nos han dicho que debemos negar el sexo, reprimirlo, porque según ellas es un desperdicio de energía y uno debe tener energía para encontrar a Dios. Pero esta clase de austeridad, de dura represión y ajuste a una norma, ejerce una violencia brutal sobre todos nuestros más finos instintos. Este tipo de cruel austeridad es un desperdicio de energía mayor que el de la indulgencia en el sexo.

¿Por qué ha convertido usted el sexo en un problema? En realidad no importa en absoluto si se acuesta o no se acuesta con alguien. Siga con ello o déjelo, pero no lo convierta en un problema. El problema surge de esta constante preocupación. Lo que realmente interesa no es si nos acostamos con alguien o no, sino por qué tenemos todos estos fragmentos en nuestras vidas. En un agitado rincón está el sexo con todas sus preocupaciones; en otro rincón hay una clase diferente de agitación; en otro, un esforzarse tras esto o aquello, y en cada rincón está el continuo parloteo de la mente. ¡Hay tantos modos en que la energía se desperdicia!

Si un rincón de mi vida está en desorden, entonces toda mi vida es desordenada. Si en mi vida hay desorden con relación al sexo, entonces el resto de esa vida se halla en desorden. De modo que no debo preguntar cómo puedo poner en orden un rincón, sino por qué he dividido la vida en tantos fragmentos diferentes, fragmentos que llevan el desorden dentro de sí mismos y que se contradicen el uno al otro. ¿Qué puedo hacer cuando veo tantos fragmentos? ¿Cómo puedo habérmelas con todos ellos? Tengo estos fragmentos porque no soy íntegro internamente.

Si investigo todo esto sin dar origen a otro fragmento más, si penetro hasta el final mismo de cada fragmento, entonces en esa percepción que es el mirar, no hay fragmentación alguna. Cada fragmento es un placer separado; yo debería preguntarme si voy a permanecer toda mi vida en algún pequeño y sórdido rincón de placer. Examine usted la esclavitud que implica cada placer, cada fragmento, y dígase a sí mismo: “Dios mío, soy un esclavo que depende de todos estos pequeños rincones… ¿Es todo lo que hay en mi vida?” Permanezca con ello y vea qué ocurre.

El Amor, el Sexo y la Vida Religiosa

KRISHNAMURTI

¿Cuál es la relación entre el placer y el temor?

La creencia en esa ideología le ha dado a Vd. satisfacción y placer, y cuando se le arrebata, se queda Vd. como encallado, con las manos vacías, y empieza el temor, hasta que encuentra otra forma de creencia, otro placer

Krishnamurti: ¿No la conoce Vd.? ¿Quiere una explicación de eso? Cuando puedo conseguir mi placer, ¿qué pasa? ¿No lo ha observado Vd.? Quiero algo que va a darme enorme placer; ¿qué ocurre cuando me veo frustrado, cuando se me niega? Hay antagonismo, violencia, sentido de frustración, todo lo cual es una forma del temor.

Vamos, pues, a estudiar esta cuestión del placer y el temor. Quiero algo que va a darme mucho placer. Quiero llegar a ser famoso, tener posición, prestigio; luego, eso se me niega; ¿Qué ocurre? O bien cuando se ha negado Vd. el placer de beber, de fumar o del sexo, o lo que sea, ¿ha observado Vd. por qué batallas pasa, qué pena, qué ansiedad, qué antagonismo, odio? Todo ello es una forma del temor, ¿no es así? Me da miedo de no conseguir lo que quiero. ¿No le da a Vd. miedo, habiendo escalado durante muchos años una particular forma de ideología, cuando esa ideología se derrumba, arranca de Vd. por la lógica o por la vida? ¿No le da a Vd. miedo de estar solo? La creencia en esa ideología le ha dado a Vd. satisfacción y placer, y cuando se le arrebata, se queda Vd. como encallado, con las manos vacías, y empieza el temor, hasta que encuentra otra forma de creencia, otro placer. Es muy sencillo, y, por ser tan sencillo, nos negamos a ver su sencillez, queremos que sea muy complejo. Cuando su esposa se desvía de Vd., ¿no se siente celoso, no se irrita, no aborrece Vd. al hombre que la ha atraído? Y ¿qué es todo eso sino temor de perder lo que nos ha dado mucho placer, compañía, cierta seguridad, dominio, y todo lo demás?

Sabido que es dificilísimo mirar las cosas con sencillez, porque tenemos mentes muy complejas; hemos perdido la cualidad de la sencillez. No me refiero a la sencillez en las ropas, en el alimento, en todas esas cosas sin sentido ni madurez, cultivadas por los santos, sino a la sencillez de una mente que puede mirar directamente las cosas, que puede mirar, sin temor alguno, hacia sí misma tal como es en realidad, sin ninguna distorsión, de modo que cuando miente Vd. ve que miente, no lo tapa, no escapa de ello, no encuentra excusas. Cuando siente Vd. miedo, sepa que lo siente, tenga claridad sobre su temor.

 

Jiddu Krishnamurti

Temor, Placer y Dolor

Buscamos el placer y deseamos que toda relación se base en él

La comprensión del placer y el deseo

Buscamos el placer y deseamos que toda relación se base en él

Uno tiene que comprender la relación, porque ésa es la vida. No podemos existir sin relación de alguna clase. Uno no puede apartarse en el aislamiento, construir un muro a su alrededor como hace la mayoría, porque ese acto de vivir en una protegida, segura, aislada condición de resistencia, sólo engendra más confusión, más problemas, más desdicha. Si uno observa la vida, ve que es un movimiento en acción, un movimiento en relación, y ése es todo nuestro problema: cómo vivir en este mundo donde la relación es la base misma de toda existencia; cómo vivir en este mundo de modo tal que la relación no se vuelva monótona, opaca, desagradable y reiterativa.
 
Nuestras mentes se ajustan por completo al patrón del placer, y la vida no es mero placer, obviamente. Pero nosotros deseamos placer. Eso es lo único que de veras buscamos honda y secretamente en lo interno. Procuramos obtener placer de todas las cosas, y el placer, si uno lo observa, no sólo aísla y confunde a la mente, sino que también crea valores que no son genuinos ni reales. Por lo tanto, el placer engendra ilusión. Una mente que busca el placer, como casi todos lo hacemos, no sólo se aísla sino que, invariablemente, tiene que hallarse en un estado de contradicción en todas sus relaciones, ya sea en su relación con las ideas, con las personas o con la propiedad; por fuerza tiene que vivir siempre en conflicto. Ésa es, entonces, una de las cosas que hemos de comprender: que nuestra búsqueda en la vida es, fundamentalmente, la exigencia, el impulso, el anhelo de placer.

 Ahora bien, esto es muy difícil de comprender, ya que uno se pregunta por qué no debería tener placer. Vemos una hermosa puesta del Sol, un bello árbol, un río con su movimiento amplio y curvo, un rostro precioso… y mirar eso nos deleita, nos da un gran placer. ¿Qué hay de malo en ello? Me parece que la confusión y la desdicha empiezan cuando ese rostro, ese río, esa nube, esa montaña se convierten en un recuerdo, y este recuerdo exige, entonces, una mayor continuidad del placer: deseamos que esas cosas se repitan. Todos conocemos esto. He sentido cierto placer, o usted ha experimentado cierto deleite en algo, y queremos que eso se repita. Ya sea un placer sexual, artístico, intelectual o de otra índole, queremos que se repita; y aquí es donde creo que el placer empieza a nublar la mente y crea valores que son falsos, irreales.

 Lo que importa es comprender el placer, no tratar de librarse de él, lo cual es demasiado tonto. Nadie puede librarse del placer. Pero es esencial comprender la naturaleza y estructura del placer, porque si la vida es tan sólo placer y si eso es lo que uno desea, entonces con el placer vienen la desdicha, la confusión, las ilusiones y los valores falsos que creamos; por lo tanto, no hay claridad. Es un hecho simple: tanto psicológica como biológicamente buscamos placer y queremos que toda relación se base en él; por esto, cuando la relación no es placentera hay una contradicción, y entonces comienzan el conflicto, la infelicidad, la confusión y la angustia.

 

Obras Completas, volumen XV

París, 23 de mayo de 1965        Krishnamurti

 

 

¿Qué es el placer? ¿Cuál es la importancia y el significado del placer que cada ser humano busca y persigue a cualquier costo?

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Ven una casa hermosa, bien proporcionada, con bellas ventanas, un tejado que se funde con el cielo, gruesos muros que son parte de la tierra, un jardín encantador y bien cuidado. Miran la casa, hay una sensación; la tocan -puede que no la toquen de hecho, pero la tocan con los ojos-, aspiran el aroma del aire, de la hierba, del césped recién cortado. ¿No pueden terminar con eso ahí?

 

¿Cuál es la importancia y el significado del placer que cada ser humano busca y persigue a cualquier costo? ¿Qué es el placer? Está el placer que se deriva de las posesiones, el placer que proviene de una capacidad o del talento, el placer que experimentamos al dominar a otro, el placer de tener un poder tremendo, ya sea político, religioso o económico, el placer del sexo, el placer del gran sentimiento de libertad que da la posesión del dinero. Hay múltiples formas de placer. En el placer hay disfrute, y más adelante hay éxtasis: uno encuentra deleite en algo y aparece la sensación de éxtasis. El “éxtasis” implica estar más allá de sí mismo; no existe un “yo” que lo disfrute. El “yo”, o sea, el ego, la personalidad, ha desaparecido por completo; sólo existe ese sentimiento de hallarse fuera de uno mismo. Eso es el éxtasis. Pero ese éxtasis no tiene absolutamente nada que ver con el placer.

Uno encuentra deleite en algo, el deleite que surge naturalmente cuando contemplamos algo muy bello. En ese instante, en ese segundo no hay placer ni disfrute, sólo existe el sentido de observación. En esa observación está ausente el «yo». Cuando miramos una montaña con su cumbre nevada, con sus valles, su inmensidad y magnificencia, ello aleja todo pensamiento. Allí está esa grandeza frente a nosotros, y hay deleite. Después viene el pensamiento y registra como recuerdo lo maravillosa y encantadora que fue esa experiencia. Entonces, ese registro, ese recuerdo es cultivado, y ese cultivo se convierte en placer. Cada vez, que el pensamiento interfiere con el sentido de la belleza, con el sentido de la inmensidad de algo – un fragmento de poesía, una cortina de lluvia, un árbol solitario en medio del campo -, se produce un registro. Pero lo importante es ver eso y no registrarlo.

En el momento en que lo registramos, en que registramos la belleza de ello, ese registro mismo pone en acción el pensamiento; después surge el deseo de perseguir esa belleza, deseo que se convierte en la persecución del placer. Vemos a una mujer hermosa, o a un hombre; instantáneamente ello se registra en el cerebro. Entonces, ese registro mismo pone en movimiento el pensar y deseamos estar en compañía de ella o de él… y todo lo que sigue. Él placer es la continuación y el cultivo de la percepción por medio del pensamiento. Uno ha tenido una experiencia sexual la noche anterior, o hace dos semanas; la recuerda y desea que se repita, lo cual constituye la exigencia de placer.

¿Es posible registrar tan sólo las cosas que son absolutamente necesarias? Las cosas necesarias son el conocimiento de cómo manejar un automóvil, cómo hablar un idioma, el conocimiento tecnológico, el conocimiento de la lectura, de la escritura y demás. Pero en nuestras relaciones humanas, las que hay, por ejemplo, entre el hombre y la mujer, cada incidente de esa relación se registra. ¿Qué ocurre? La mujer se irrita, sermonea, o es amigable, bondadosa…, o dice algo desagradable justo antes de que el hombre salga para la oficina; entonces, a causa de esto y mediante el registro, él se forma una imagen de ella y ella se forma una imagen de él; esto es un hecho. En las relaciones humanas, entre el hombre y la mujer, entre vecinos, y así sucesivamente, existe el constante registro y la elaboración de imágenes.

Pero cuando el marido o la esposa dicen algo desagradable para el otro, si éste escucha cuidadosamente, termina con ello, no le da continuidad; entonces encontrará que no hay formación de imágenes en absoluto. Si no hay formación de imágenes entre un hombre y una mujer, la relación es por completo diferente; ya no es más la relación de un pensamiento opuesto a otro pensamiento; a esto último se le llama relación, pero en realidad no lo es; se trata tan sólo de ideas.

El placer sigue al registro de un incidente, debido a la continuación que a éste le da el pensamiento. El pensamiento es la raíz del placer. Si, al ver algo hermoso, uno no tuviera pensamientos, la cosa quedaría en eso. Pero el pensamiento dice: «No, yo debo poseer eso»; desde ahí fluye todo el movimiento del pensar.

¿Cuál es la relación del placer con el júbilo? El júbilo llega a uno sin que lo inviten; ocurre. Uno va caminando por una calle, o está sentado en un autobús, o pasea por el bosque viendo las flores, las colinas, las nubes y el cielo azul, y de pronto surge el sentimiento extraordinario de un júbilo inmenso; después viene el registro, el pensamiento dice: « ¡Qué maravilloso fue eso, debo, tener más!». Así, el júbilo es convertido otra vez en placer por el pensamiento. Esto es ver las cosas como son, no como quisiéramos que fueran; es verlas exactamente, sin distorsión alguna, es ver lo que de hecho ocurre.

¿Qué es el amor? ¿Es placer, o sea, la continuación de un incidente mediante el movimiento del pensar? ¿Es amor el recuerdo? Ha sucedido una cosa; ¿es vivir en el recuerdo de eso, sentir el recuerdo de algo que ha pasado, resucitarlo con el pensamiento y decir: « ¡Qué maravilloso fue cuando estuvimos juntos bajo aquel árbol; eso era amor!»? Todo eso es el recuerdo de una cosa que ya no existe. ¿Es amor eso? ¿Es amor el placer del sexo, en el cual hay ternura, afabilidad y demás? ¿Es amor eso? No es cuestión de que se limiten a decir que sí o que no.

Estamos poniendo en duda todo lo que el hombre ha producido y de lo cual afirma: «Esto es amor». Si el amor es placer, entonces pone el acento en el recuerdo de cosas pasadas y, por lo tanto, da lugar a la importancia del “yo”, del “mí”: mi placer, mi excitación, mis recuerdos. ¿Es amor eso? Y el deseo, ¿es amor? ¿Qué es el deseo? Uno desea un automóvil, desea una casa, desea distinción, posición, poder. Hay infinidad de cosas que uno desea: ser tan atractivo como otro, ser tan inteligente, tan ingenioso, tan elegante como él… ¿Trae claridad el deseo?

La cosa a la que llamamos amor se basa en el deseo: deseo de dormir con una mujer -o la mujer con un hombre-, deseo de poseerla, de dominarla, de controlarla: « ¡Ella es mía, no suya!». ¿Hay amor en el placer que se deriva de esa posesión, de ese dominio? El hombre domina el mundo y ahora la mujer está luchando contra esa dominación.

¿Qué es el deseo? ¿Produce claridad el deseo? ¿Florece en su campo la compasión? Si el deseo no trae claridad y si no es el campo donde florecen la belleza y la inmensidad de la compasión, entonces, ¿qué lugar ocupa el deseo? ¿Cómo surge el deseo? Uno ve una mujer hermosa; la ve. Está la percepción, el ver, luego el contacto, después la sensación; y entonces el pensamiento se hace cargo de la sensación, y eso se convierte en la imagen con su deseo. Uno ve un hermoso jarrón, una bella escultura -del antiguo Egipto o griega-, y la mira, la toca; ve la profundidad de esa obra escultórica que representa una figura sentada con las piernas cruzadas. Ello genera una sensación: « ¡Qué maravilla! », y de esa sensación nace el deseo: «Quisiera tenerla en mi habitación, mirarla, tocarla todos los días» -el orgullo de la posesión, de tener algo tan maravilloso-. Eso es el deseo: visión, contacto, sen­sación; y después el pensamiento utiliza esa sensación para cultivar el deseo de poseer, o de no poseer.

Ahora viene la dificultad; dándose cuenta de esto, las personas religiosas han dicho: «Toma votos de celibato, no mires a una mujer; si la miras, trátala como si fuera tu hermana o tu madre, como prefieras, porque tú estás al servicio de Dios y necesitas de toda tu energía para servirle. Al servicio de Dios tendrás grandes tribulaciones; por lo tanto, debes estar preparado, no malgastes tu energía». Pero la cosa hierve, y nosotros tratamos de comprender ese deseo que bulle constantemente anhelando realizarse, completarse.

El deseo surge del movimiento visión/contacto/sensación/ pensamiento e imagen/deseo. Ahora nosotros decimos: la visión, el contacto, la sensación…, eso es normal, sano, pónganle fin ahí, no permitan que el pensamiento asuma el mando y convierta la sensación en deseo. Comprendan esto y entonces también comprenderán que no debe haber represión del deseo. Ven una casa hermosa, bien proporcionada, con bellas ventanas, un tejado que se funde con el cielo, gruesos muros que son parte de la tierra, un jardín encantador y bien cuidado. Miran la casa, hay una sensación; la tocan -puede que no la toquen de hecho, pero la tocan con los ojos-, aspiran el aroma del aire, de la hierba, del césped recién cortado. ¿No pueden terminar con eso ahí? Terminarlo ahí, decir: «Es una casa hermosa», pero sin que haya registro ni pensamiento alguno que diga: «Anhelo tener esa casa», lo cual es deseo y la continuación del deseo. Esto puede hacerlo muy fácilmente; quiero decir, fácilmente si comprenden la naturaleza del pensamiento y del deseo.

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Krishnamurti

¿Qué entienden ustedes por emociones?

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¿Qué entendemos por emoción? ¿Es una sensación, una reacción, una respuesta de los sentidos? El odio, la devoción, el sentimiento de amor o simpatía por otro, son todas emociones. A algunas, como el amor y la simpatía, las llamamos positivas, mientras que a otras, como el odio, las llamamos negativas y queremos librarnos de ellas. ¿Es el amor lo opuesto del odio? Y ¿es el amor una emoción, una sensación, un sentimiento que prolongamos por medio de la memoria?

Entonces, ¿qué entendemos por amor? Ciertamente, el amor no es memoria. Eso resulta para nosotros muy difícil de entender, porque para casi todos el amor es memoria. Cuando ustedes dicen que aman a su esposa, a su marido, ¿qué quieren decir con eso? ¿Aman lo que les da placer? ¿Aman lo que han identificado consigo mismos y reconocen como propio? Por favor, éstos son hechos; no estoy inventando nada, así que no se muestren horrorizados.

Es la imagen, el símbolo «mi esposa» o «mi marido» lo que amamos, o creemos que amamos, no el individuo vivo. No conozco en modo alguno a mi esposa o a mi marido; jamás puedo conocer a esa persona en tanto el conocerla implique reconocimiento. Porque el reconocimiento se basa en la memoria, en los recuerdos de placer y dolor, de las cosas para las que he vivido, por las que me he angustiado, de las que poseo y a las cuales me apego. ¿Cómo puedo amar cuando hay miedo, dolor, soledad, cuando vivo en la lobreguez de la desesperación? ¿Cómo puede amar un hombre ambicioso? Y todos somos muy ambiciosos, por «honorable» que pueda ser nuestra ambición.

Así pues, a fin de descubrir realmente qué es el amor, debemos morir para el pasado, para todas nuestras emociones para el bien y el mal; debemos hacerlo sin esfuerzo, como lo haríamos con algo venenoso, porque comprendemos lo que implica.

El Libro de la Vida

                                                         Krishnamurti

El pensamiento es el origen del miedo

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Por lo tanto, el pensamiento engendra el miedo. Pienso que he perdido el trabajo, o que podría perderlo, y el pensamiento crea el miedo. De manera que el pensamiento se proyecta siempre en el tiempo, porque es tiempo. Pienso en la enfermedad que tuve y, como no me gusta el dolor, tengo miedo de que el dolor venga de nuevo. Tuve una experiencia dolorosa; el pensar en ella y no desearla generan temor.

El miedo está muy estrechamente relacionado con el placer. A la mayoría nos guía el placer. Para nosotros, como para los animales, el placer es de suma importancia, y el placer es parte del pensamiento. Al pensar en algo que me ha proporcionado placer, lo incremento, ¿no es verdad? ¿Acaso no lo han advertido? Uno ha tenido una experiencia placentera, de un hermoso atardecer o de sexo, y piensa en ello; este pensamiento incrementa el placer, al igual que pensar en lo que le ha causado dolor produce miedo.

De manera que el pensamiento crea placer y miedo, ¿no es así? Por consiguiente, el pensamiento es el responsable de la demanda de placer y de su continuación, y el pensamiento es también el responsable de engendrar, de producir miedo. Esto uno lo ve; es un hecho verídico, puede comprobarse.

Entonces uno se pregunta, “¿Es posible no pensar en el placer o en el dolor? ¿Es posible pensar sólo cuando el pensamiento es necesario y en ningún otro caso?”

Señor, cuando usted desempeña su función en una oficina, cuando está trabajando en un empleo, el pensamiento es necesario, de otra forma no podría hacer nada. Cuando conversa, escribe, habla o va a la oficina, necesita del pensamiento. Ahí debe funcionar con precisión, de manera impersonal, y no debe estar dirigido por inclinaciones o tendencias. Ahí el pensamiento es necesario, pero, ¿lo es en algún otro ámbito de acción?

Por favor, sigan esto. Para nosotros el pensamiento es muy importante porque es el único instrumento que tenemos. El pensamiento es la respuesta de la memoria, la cual ha sido acumulada mediante la experiencia, el conocimiento y la tradición; la memoria es el resultado del tiempo, de la herencia animal, y con este trasfondo reaccionamos. Esa reacción es el pensar. El pensamiento es necesario en ciertos niveles, pero cuando el pensamiento se proyecta como futuro o pasado psicológico, entonces crea tanto el miedo como el placer, y en este proceso la mente se vuelve insensible y, por lo tanto, es inevitable la inercia. Señor, tal como hemos dicho, el miedo es producido por el pensamiento: pensando en perder el trabajo, en que mi esposa podría dejarme por otra persona, en la muerte, en lo que ya ocurrió, etc.

¿Puede el pensamiento dejar de pensar y de buscar protección en el pasado o en el futuro psicológico?

 Krishnamurti

¿Qué estás haciendo con tu vida? © 2001, KFA.